Ligar

“La seducción no está en unas piernas largas ni en unas tetas grandes. La seducción está en la cabeza” o, al menos, eso pensamos algunos optimistas. Los festivales brindan grandes ocasiones para el cortejo, desde el momento en que tenemos que recurrir al vecino de al lado ¡porque aún no sabemos montar la maldita tienda de campaña! Aún más difícil que montarlas es encontrarlas, al amanecer, de vuelta de los conciertos. Antes de ocupar un saco, mira que esté vacío.

UN SEDUCTOR CONTROLA SU DESTINO

“Hay un abismo entre atracción y seducción”, advierte el autor del libro Psicología y seducción, Alberto Hidalgo. Si alguien te desea y no has hecho nada para conseguirlo, no seduces, atraes; en cambio, si te muestras atractivo y ofreces algo conscientemente, estás seduciendo. Mario Luna, que ha publicado Sex-Code: manual práctico para los maestros de la seducción, define seducción como “crear las condiciones necesarias para que dos personas tengan la oportunidad de conocerse a un nivel profundo e íntimo”.

Se aprende a seducir, inconscientemente, imitando modelos, los de nuestro entorno, pero también, los de la gran pantalla, aunque los Cary Grant cada vez son más escasos. Lo primero es estar predispuestos. Dos personas predispuestas a ligar tienen muchas posibilidades de reconocerse. Se detectan el deseo mutuamente. Frente a las tesis más románticas, pensadores como Francesco Alberoni dicen que la base del “ligoteo” es una sensación de nulidad e insatisfacción personal. Lo que nadie va a negarnos es que es muy divertido.

NO DEJES QUE MUERA VIRGEN. NEIL STRAUSS ¿UN MODELO A SEGUIR?

Poco después de la publicación en nuestro país de su libro El Método (Planeta, 2006), El Mundo nos ofreció el retrato de Neil Strauss, el retrato de un don Juan, pero además del feo que todos llevamos dentro.

Strauss, escritor, crítico musical en The New York Times y la revista Rolling Stone, fue esa clase de joven que todos los días se pelea con el espejo. “Tenía nariz con caballete, gafas, pelo que clarea, era flaco y bajito”, según su propia descripción. Su oración (mitad profana, mitad sagrada) era “por favor Dios mío, no dejes que muera virgen”.

Habiendo desechado la idea de cambiar su físico mediante el bisturí, ingresó en una comunidad llamada Pick Up Artists (artistas del ligue), una especie de escuela del ligue, de las que proliferan en Estados Unidos. Estas academias “venden un magisterio de frases hechas, técnicas, afectadísimas interpretaciones, repertorio de moderno playboy, y cobran un dineral a una clientela de lo más heterogénea” (Javier Caballero e Isaac Hernández). ¿Son una forma válida de reeducación emocional o un catálogo de machistadas útiles para jugar con los sentimientos de los demás? Los psicólogos están divididos. Los nuevos celestinos utilizan armas mucho más sofisticadas que los filtros de amor. Dan consejos sobre la vestimenta y el aroma, la retórica, el lenguaje corporal…

Strauss dio con un sacerdote de la seducción como maestro particular que le enseño todo lo necesario para poner punto final a noches solitarias, “llenas de onanismo”. Todo ello, a cambio de una cantidad muy poco discreta de dinero. Así es como nuestro hombre llegó a desdoblarse y a convertirse en Style, “el mayor ligón sobre la faz de la tierra”. Este álter ego era también producto de largas horas observando a Marlon Brando, James Dean; un cambio de look pero, sobre todo, la adquisición de nuevas costumbres y habilidades.

Cuando el patito feo se convirtió en cisne, conquistó entre otras a la playmate Dalene Kurtis. Después de un periodo orgiástico y desordenado, Strauss encontró a la mujer de su vida. Entonces no hubo ninguna técnica, ningún recurso retorcido… al menos eso reza en El Método, “Ars Amandi del nuevo milenio”.

CONSEJOS INSPIRADOS

Las revistas del kiosco nos atiborran de consejos para ligar, bajo titulares ñoños como “consigue a la [email protected] de tus sueños”. Su ineficacia está testada y entre sus redactores encontramos pocos “pick up artists”. Gracias a dios, en los blogs se encuentran otras lecciones más heterodoxas y frescas. Veamos, por ejemplo, las de un tipo que se hace llamar “paranoia con patatas” y que tiene por máxima: “todo lo que cae en la red es pescado”:

Cuida tu lenguaje

Si algo debe hacer el friki medio es hablar bien. Piensa: eres feo como una patada en la boca, pues por lo menos habla bien, escribe bien, sé agradable con el lenguaje. De lo contrario el resto de los consejos no valen ni una mierda.
Tu lenguaje tiene que ser tu bandera. No pedante, pero sí correcto. No gafapasta, pero evita por favor las constantes referencias a superhéroes (aunque siempre es mejor hablar de Batman que de Tolstoi). No grosero, pero sí rotundo…

Arréglateme un poco, chacho

No. Una camiseta de Fénix o de Elektra no son lo que una mujer quiere ver recubriendo tu cuerpo. Los pantalones cortos son para ir a correr (pff, el deporte es el néctar de los necios) y las chanclas son para ir a la playa. Las gorras no se llevan puestas en sitios cerrados… no… las que llevan el logo de Punisher tampoco.

Cómprate unos vaqueros… pero que no sean negros y que no sean iguales a unos que ya tienes porque así no necesitas pensar tanto. Y algunas camisetas normalitas, sin Homer ni un dibujo de Goku lanzando un kamehameha (…) Por último, aunque estás muy lejos de este punto… deja de ponerte calzoncillos con tu nombre bordado.

Saca partido a tus taras

Ahora ella ya sabe que existes. Si has seguido estos consejos a estas alturas ya deberías haber dejado de ser “ese tipo de allí”.

Es el momento de que se crea (ilusa ella) que no eres tan malo como parecías.
Si usas gafas, escóndete detrás de ellas.
Si estás en una discoteca, aléjate de los focos (el acné brilla en esos sitios).
Si estás en una cafetería, sentaos en una cómoda esquina, alejada de la luz.
Si no se ve no existe. Como los ninjas: oculto a plena luz.*

Hemos aprendido a seducir, inconscientemente, imitando modelos

Dos personas predispuestas a ligar tienen muchas posibilidades de reconocerse. Se detectan el deseo mutuamente

Seducir es vivir

Victor Algora: “Soy críptico de toda la vida”

Algora es un contador de historias. Nos las cuenta creando un universo sonoro muy personal. Su carisma es raro, al igual que sus sueños. La crítica lo quiere. Dicen que es la “nueva ola del pop español”. Insisten en que solo tiene 23 años, joven ¿no? Sus discos: “Planes de verano” y “Nubes blancas y sueños raros”. Otros vienen en camino.

¿Qué planes tenía Víctor Algora antes de “Planes de verano”? ¿Quería ser cura, soldado o poeta?

Poeta más que nada. Sobre todo quería contar cosas y lo que primero quise fue ser actor. Hice mis pinitos en el teatro, hasta que me di cuenta de que prefería estar “detrás” y estudié un poco de cine, pero no me gustaba el trabajo en grupo; es lo peor para alguien que, como yo, es muy introvertido en ciertos aspectos.

¿Introvertido?

Yo me comunico con la gente desde dentro de mí mismo, trabajo desde el interior. Soy críptico de toda la vida, aunque lo voy intentando superar.

Creciste en Guadalajara, que según tu canción “Mr. High Heels”, no es muy diferente de Manhattan. Encuentra las 10 diferencias…

No tengo ni idea. Nunca he estado en Manhattan. La canción habla de una señora de Guadalajara que trabaja en un supermercado y mezcla el kitsch del barrio español con el sueño americano, con el cosmopolitismo.

En 2007 suena el “disparo de salida”, las “trompetas apocalípticas”… Es el año de tu primer álbum ¿Te cambia la vida?

Hacer un disco y entrar en el mundo discográfico te hace madurar mucho a nivel artístico y personal. Te das cuenta de que no era lo que en un principio pensabas y tienes que adaptarlo a tu modo de vida. Antes me exigía hacer ciertas cosas, ahora me da igual no vender nada, simplemente quiero evolucionar.

Las trece canciones del citado “Planes de verano” son, ante todo, trece letras, cuidadas como pocas. Líricas, llenas de imágenes sorprendentes (hombres cebolla, cucarachas, amores de supermercado, hombres para-rayo). ¿Fantasía surgida de lo cotidiano?

Yo veo imágenes en todos los sitios y transformo la realidad. Lo cotidiano no me gusta, de hecho la vida no es nada cotidiana, en cada rincón hay cosas sorprendentes. Mis canciones reflejan mi desprecio por lo mundano.

La electrónica ¿Qué te da? ¿Qué da a tus letras?

La electrónica está ahí de una forma casual. Hacía electrónica cuando estaba haciendo el disco y ha quedado ahí grabada, pero podría haber hecho lo mismo con batería, bajo, guitarra y piano. En “Planes de verano” hay una mezcla de instrumentos digitales y otros más orgánicos, las canciones que estoy haciendo ahora mismo son “menos electrónicas”.

¿Sabes que suenas muy nostálgico? Especialmente en canciones como “Septiembre” o “Techno triste”. ¿Prefieres considerarte un melancólico o un melancoalcohólico?

(Risas) Yo creo que la primera más. Soy melancólico, que no significa triste. En “Septiembre” quería expresar lo que para mí significa el verano, una época en la que recuerdas el pasado, desierta a nivel de personal. “Techno triste” evoca el vacío o la soledad que uno puede sentir cuando está rodeado de gente, una noche de after o en una discoteca: tú bailando drogado hasta los topes, rodeado de gente y… con una soledad tremenda.

Uno de los temas que más ha gustado es “Paraaguas”. El estribillo dice “eres mi paraguas, paras aguas” ¿Qué debo pensar si alguien me dice que soy su paraguas?

Te debes sentir afortunada, porque el paraguas es esa persona que tú no has elegido, pero que siempre va a estar ahí. Nunca podrás quitártela de encima (en el buen sentido), va a estar protegiéndote. Eso para mí es una madre, esta es una canción que le escribí a ella, aunque cada uno tiene su paraguas. La canción dice: “eres el agua” y además “paras el agua”. La persona que te protege también te hace pasarlo mal.

Sé de buena tinta que en el grupo de “ruidistas” con el que iniciaste tu carrera no te dejaban ser el vocalista por cantar bien…

Había varios grupos por ahí… Creo que te refieres a “Mari carmen arranca”. Con ellos hacía lo que estaba de moda, la música del “Ocho y medio” de la primera época, de los primeros años de universidad. No, no me dejaban cantar, pero tampoco porque lo hiciera bien. Era porque se llevaba hacer el tonto, hacerlo todo mal. Era más importante la imagen y la portada que la canción. Ya ves, empecé a hacer música por eso y al final me puse serio.

Tu voz es cálida, como un susurro, bien afeitada ¿Algora nunca quiere gritar?

La gente que habla muy alto me irrita bastante. También tengo que decir que mi voz no da para más, es mi tono… En los conciertos canto de otra manera, pero a la hora de hacer un disco quizás me guste más ese tono “afeitado”. Es una gran metáfora, me ha gustado, te la voy a robar.

¿Qué te gusta y qué no te gusta de la música actual?

Soy un devorador de música. No creo eso que dicen algunos de que la buena música se acabó en los 80, ahora mismo hay gente muy buena aunque no siempre tenga la oportunidad de mostrar su trabajo. Prefiero hablar en general.

Una pregunta más personal. “Techno triste” dice algo así como que “la madrugada es el único lugar”. De madrugada, los gatos se vuelven pardos y se buscan por los tejados: ¿Estabilidad o promiscuidad?

A mí me gusta más la promiscuidad. Yo tengo mi pareja, pero eso no significa que no sea promiscuo, se puede serlo de muchas maneras en la vida. Ser promiscuo es experimentar, no ponerse límites a nivel sexual ni en otras cosas. La estabilidad es una idea aburrida tal como la conocemos, y antinatural.

Antes de tu primer disco ya dabas conciertos con Fangoria, Glamour to Kill; cantabas en el Foc & sound y “en plan travesti”. También actuaste en la última y caótica edición de La Noche en Blanco. ¿Qué tienen los directos que te ponen tanto?

Tuve la suerte de dar mi primer concierto con Fangoria, en un festival. Soy afortunado por haber podido evolucionar escenarios bastante grandes. En los directos, he pasado de una época donde era todo electrónica a ser una guitarra y una voz, los acústicos me gustan mucho, porque mi música es sobre todo para escuchar, aunque algunas canciones también te hagan bailar. Mis directos de ahora son bastante desnudos.

Tienes una belleza ingenua, me recuerdas a un cuadro naif. Sin embargo, en la portada de “Planes de verano” sales posando como un chico malo, todo un “leather-man” ¿Jekyll y Mr hide?

¿Naif? No sabría yo qué decirte… Un naif un poco duro, hay mucha violencia por debajo, así es como yo lo veo. La portada de “Planes de verano” no me gusta (cuando lean esto me van a matar, pero no me gusta). No es una mala portada, pero no es lo que yo soy ni lo que hay dentro del disco.

Cambias de imagen para tu nuevo álbum “Nubes blancas, sueños raros” (ahora hablaremos de él)

(Risas) Soy un poco más lo que yo quería. Las dos portadas las ha hecho mi novio, en esta última le he dirigido yo, en la primera no me dejó.

“Nubes blancas…” incluye remezclas de tus anteriores canciones y nuevas versiones. Colaboraciones con Maybe Road, Gastmans, Nacho Canut, Hidrogennesse y más. Toda una aventura…

Toda una aventura, porque ¡Hasta que ha salido el disco…! Ha tenido miles de fechas de salida. Nada más terminar mi primer trabajo, me puse con este proyecto. En realidad, yo no he tenido que hacer nada, porque son todo remezclas de otros artistas. Elegirlos a ellos y poco más. Me importaba que los cantantes y grupos que participasen hiciesen de mis canciones algo suyo, que les dieran su toque, que se notara que eran ellos… Y lo han conseguido. Ha quedado un disco bastante curioso.

Esos “sueños raros” ¿Son confesables?

Esta pregunta no me gusta (Risas). Los sueños raros son… No sé que decirte de los sueños raros. Son los de duermevela, los de las siestas del verano. Lo importante es tenerlos. Los míos, mis sueños, se transforman cada dos segundos.

¿La guapura y los tacones te han ayudado a llegar donde estás o vas a decirme orgulloso que todo son méritos artísticos?

¿La guapura mía? Hombre, una imagen siempre es muy importante, aunque esto no signifique ser super-fashion, llevar cresta, ni nada de eso. Yo no soy nada del otro mundo, creo que en mí prevalece lo artístico.

¿Fue Wittgenstein un liberal?

En Teorema, la revista de Filosofía analítica, ha publicado en su penúltimo número, volumen XXVII/2, un artículo de Vicente Sanfélix titulado “¿Fue Wittgenstein un liberal?”, en el que discute un tema, la filosofía política que se desprende de las creencias del filósofo vienés, que ha cobrado una relevancia especial en los últimos tiempos.

Wittgenstein no escribió nada que pudiese ser catalogado ni de lejos como “filosofía política”. Sí expresó repetidamente ciertas simpatías y opiniones políticas, como su admiración por el bolchevismo. Últimamente, sin embargo, se está intentando decantar a partir de sus escritos filosóficos ciertos principios de carácter social que podrían marcar un terreno político, principios independientes de la tendencia política del ciudadano Wittgenstein, quizás contradictorios los principios y las querencias.

La respuesta más obvia es que Wittgenstein no fue un liberal porque fue un conservador. Sui generis, pero conservador. Romántico anti-ilustrado, místico anti-optimista, aristócrata anti-burgués, intelectual anti-científico, occidental anti-occidental, Wittgenstein era más bien un conservador no convencional, alejado de los valores establecidos y las reconfortantes tradiciones en las que se apoyan los conservadores “respetables”. Wittgenstein se inclinó hacia el leninismo, como Heidegger por el nazismo, por una cuestión ético-estética. Allá donde Heidegger contemplaba embelesado las manos de Hitler, Wittgenstein admiraba los rasgos mongoles de Lenin. Este apunte puede parecer una frivolidad pero en este caso se ignora la relación expresiva que para los dos filósofos germánicos tenían tanto la ética como la estética.

Wittgenstein, como Heidegger, son dos objetores a la tradición occidental en cuanto que ésta encarna la “civilización”, es decir, el desenraizamento del ser humano de su sustrato cultural, su alejamiento de las fuerzas telúricas de la tierra y la vida por la inflación de la dimensión racionalista. Cada uno a su modo, Heidegger y Wittgenstein admiraban del nazismo y el bolchevismo su dimensión religiosa. Discrepaban sobre si el héroe trágico estaba mejor encarnado por Hitler o Lenin pero ambos estaban de acuerdo en que el “materialismo filisteo” de la civilización occidental, sobre todo en su dimensión liberal, constituían el paradigma del nihilismo autofagocitador.

En cualquier caso, ya fuera vía nacionalsocialista o a través de la revolución bolchevique, de lo que se trataría es superar la decadencia de la civilización occidental e instaurar el “paraíso” de una nueva cultura espiritual.

Entonces, ¿de dónde se extraen las lecturas en clave liberal de Wittgenstein? El punto de arranque para su adscripción a la familia liberal -una familia amplia, paradójica y a ratos no muy bien avenida- viene de su ética, estrictamente individual, y expresión de la idiosincrasia que sólo puede explicarse en primera persona. Ajeno a cualquier tipo de teorización, este individualismo irreductible constituye el núcleo básico del particular liberalismo a-la-wittgenstein.

Ahora bien, aunque se pueda considerar que el ámbito apropiado político ha de permitir la realización personal, este metaliberalismo es compatible con diversas opciones materialmente antiliberales. Un liberalismo formal podría contener un antiliberalismo de facto. Pero, además, la orientación anti-ilustrada de Wittgenstein, su dimensión romántica e irracionalista, lo hace un adversario de cualquier tipo de liberalismo. Éste, en la perspectiva de Berlin, se basa en la consideración de que los problemas políticos han de enfrentarse racionalmente. Sin embargo, para Wittgenstein lo ético, es decir lo individual, es algo que se experimenta vivencialmente, de forma inmediata y sentimental.
Este aristócrata perdido en el siglo XX, en la lucha entre los sistemas liberales, fascistas y socialistas que tanto despreciaba, ¿qué puede aportar desde el punto de vista político al sistema político liberal en su lucha constante contra el autoritarismo conservador y socialista?

Más allá de sus simpatías por el espejismo moral de los sistemas autoritarios o sus reflejos misóginos, la filosofía wittgensteniana tiene que ver con la expresión de una valoración más que como el ámbito para la argumentación racional. Y en cuanto que dicha expresión es una cuestión rabiosamente personal y sólo enunciable en primera persona, cualquier intento de colectivismo queda subordinado a lo individual y la política a la ética. Lo que supone uno de los rasgos más característicos del liberalismo en contraposición al carácter colectivista que tienen en común los sistemas de extrema derecha y de extrema izquierda.

El presupuesto individualista de la filosofía política no esbozada en Wittgenstein proyecta una suerte de metaliberalismo, con el que Wittgenstein defendería implícitamente la condición primigenia de la libertad individual para expresar las propias preferencias dentro del ámbito de lo político.
Obviamente este carácter metaliberal de la política sería compatible con un antiliberalismo de primer grado de carácter conservador, marxista o nacionalista, citando algunas opciones que expone Sanfélix, el cual piensa que hay dos opciones: o bien el metaliberalismo de Wittgenstein sería inconsistente o, siguiendo a Isaiah Berlin, sencillamente no sería un liberalismo en absoluto. El carácter romántico de la ética wittgensteniana, es decir, su negación de la importancia de la acción política basada en consideraciones racionales lo habría llevado a escindir al sujeto siguiendo una dualidad empírica y trascendental, asumiendo además que la idea de libertad positiva, propia del sujeto trascendental, pasa de considerarse un ideal estrictamente individual y pasa a concebirse como un ideal colectivo.

Pero ni inconsistente ni antiliberal. El esbozo, no expresamente construido, de la política en clave wittgensteniana no permite asociarle ninguna de las derivadas de su metaliberalismo que le harían ser inconsistente. Y en cuanto a que sea antiliberal, Wittgenstein no puede de ningún modo ser considerado un colectivista en ningún sentido, porque si con algo sería intransigente sería en el intento de extrapolar coercitivamente las preferencias de unos individuos a otros.

En definitiva, los reflejos aristocráticos de la formación de Wittgenstein lo empujaba, lo mismo que en sus preferencias musicales, hacia un “conservadurismo no respetable” de carácter moral pero no político, un conservadurismo resignado y estoico propio del que consideraba que después de Mahler todo era ruido. Sólo quedaba el escapismo místico, pero de nuevo, repitámoslo, como opción personal no extrapolable, mucho menos por la fuerza, al resto de las personas.

Basquiat en la Botín

Casi una veintena de obras de Jean-Michel Basquiat que nunca han sido mostradas al público podrán ser contempladas en la sala de exposiciones de la Fundación Marcelino Botín, en Santander, junto a otros trabajos ya conocidos de este artista de la calle, discípulo de Andy Warhol.

“Jean-Michel Basquiat: Ahuyentando fantasmas” es el título que la Fundación Marcelino Botín y la Fundación Memmo, de Roma, han dado a una muestra que “sólo pasa una vez en la vida”, según ha asegurado hoy en su presentación su comisario, Olivier Berggruen.

Obras de colecciones privadas de Alemania, Bélgica, Francia, Roma, Austria, Suiza y Estados Unidos; de la colección familiar del gran amigo de Basquiat, el artista italiano Francesco Clemente; y fotografías nunca antes expuestas como la que muestra a Basquiat y Andy Warhol simulando ser boxeadores, son algunos de los trabajos del pintor neoyorquino que pueden verse en Santander.

La muestra incluye dos cuadros que Basquiat (1960-1988) pintó con Clemente y con Warhol y cinco fotografías realizadas por el artista, que se encuentran entre las inéditas.
El público podrá también contemplar una de las tres pinturas que el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) tiene de este artista, quien se ha convertido en un “mito” y una “leyenda” del arte Pop de los años 80, no sólo por su obra con influencias de Warhol, Pollok y Dubuffet, sino por su vida, marcada por la rebeldía, el dinero, la fama y las drogas, que finalmente le llevaron a la muerte por una sobredosis a los 27 años.

Su reconocimiento, sobre todo por el mercado, han hecho de Basquiat uno de los artistas más caros de los últimos 50 años, aunque el comisario de la exposición no cree que sea “por casualidad”, sino porque “es uno de los mejores pintores de la segunda mitad del siglo XX”.
Frente a su interés en el mercado, Basquiat no fue uno de los artistas más reconocidos por las instituciones culturales y, por ello, su obra se encuentra sobre todo en colecciones privadas y no en museos.

Por ello, Berggruen ha recordado la “suerte” que tiene España y el MACBA con las tres obras de Basquiat con las que cuenta y lo “difícil” que ha sido para las fundaciones Marcelino Botín y Memmo hacerse con los 43 oleos, las cinco fotografías y los dos objetos (un casco y un caballete) que integran la exposición de Santander.

Además, el comisario ha explicado que el artista neoyorquino realizó toda su obra en ocho años de su vida, que también estuvo marcada por un accidente que tuvo de niño, cuando fue atropellado por un vehículo, y que le mantuvo varios meses en un hospital.
El hospital y el libro “Anatomía de Gray” que le regaló su madre fueron los culpables de su fascinación por la fragmentación del cuerpo humano y el alma, que refleja en su obra, y por las palabras, que utilizó también en sus pinturas como “una fórmula mágica”, ha explicado Berggruen.
El grafiti, que veía y dibujaba diariamente en su barrio de Brooklyn, también incluyó en Basquiat, aunque Berggruen ha aclarado que tuvo una gran formación artística, ya que pertenecía a una familia acomodada, de padre haitiano y madre puertorriqueña, y estudió en los mejores colegios de Nueva York.

Por eso, el comisario de la exposición ha añadido que Jean-Michel Basquiat también tiene en su obra influencias de Picasso, Leonardo Da Vinci, Pollok, Twombly o De Kooning.

“No era un artista de la calle, era muy sofisticado”, ha asegurado Olivier Berggruen.
“Jean-Michel Basquiat. Ahuyentando fantasmas” podrá ser contemplada desde mañana y hasta el 14 de septiembre en la sala de exposiciones de la Fundación Marcelino Botín, todos los días en horario de mañana y tarde.

La alacridad en El Niño Gusano

18-Julio-2008 · Imprimir este artículo

Por Ximo Brotons

Si pudiera elegir
saldría de la bolsa del canguro,
si tuviera que elegir
me quitaría la piel para estar desnudo.
Yo no sé contar lo que pasa en la realidad.
Si pudiera elegir
sería el hombre más lento del mundo,
ya tengo listo un traje para mi corazón:
pondré mi mente al sol.
El Niño Gusano, Pon tu mente al sol

Para empezar a hablar del grupo pop español El Niño Gusano (1995-1999), mencionaremos los versos de Borges en Ewigkeit:

“Torne en mi boca el verso castellano
a decir lo que siempre está diciendo
desde el latín de Séneca. El horrendo
dictamen de que todo es del gusano”

Lo dijeron también Sófocles y Kafka: somos los animales más extraños, asombrosos insectos, criaturas fantásticas, monstruos reducidos a la ignorancia de un mundo que apenas nos ofrece amparo y protección, abrumados por la inapelable verdad de que además todo está destinado a pudrirse y desaparecer. Y ahí surge la pregunta capital, que tomo de Cioran: “¿Hasta dónde se ha llegado en la percepción de la irrealidad?” (La tentación de existir).

Las canciones del grupo pop zaragozano El Niño Gusano, liderado por Sergio Algora y cuya trayectoria incluye cuatro elepés (Circo luso, Efecto lupa, El escarabajo más grande de Europa y Fantástico entre los pinos), plantean todas los retos escondidos en esta pregunta capital. Pues la mezcla de pop minimalista y de letras surrealistas de El Niño Gusano no hace sino incidir en esta irrealidad, que una buena mañana encontramos acurrucada en nuestro regazo, al despertar. Sus canciones son como fragmentos de esa irrealidad, de la extrañeza de su percepción, de la tristeza que la rodea y de la alacridad que sentimos al vivirla tal como es. De ahí la teatralidad y risibilidad de las canciones de El Niño Gusano, la proliferación de personajes (“Pumuky”, “Hombre bombilla”, “Capitán mosca”, “Mme. Dos Rombos”, “Mr. Camping”) y atisbos surrealistas de las tramas conceptuales de las letras, los absurdos desgarros de lucidez, la incansable voluntad de narrar lo inenarrable mediante cualquier subterfugio, la “perfección inacabada” (Saint-John Perse) de sus frases musicales, las continuas y repentinas metamorfosis de las canciones, la “risa exterminadora” (Rosset) que al final de las mismas estalla como una liberación. Pues tal como respondió Cioran a la pregunta capital, “liberarse es alegrarse de esa irrealidad y buscarla en todo momento”. De esa alegría surgen las canciones de El Niño Gusano, teñidas de una melancolía ineliminable que redobla si cabe la vivacidad de las mismas y las destina finalmente a ese raro sentimiento que llamamos alacridad. Veámoslo más detenidamente.

El dictamen suena una y otra vez con su soniquete lúgubre: “todo es del gusano”. Una mañana nos despertamos cumpliendo lo dictado, convertidos en infectas criaturas. La extrañeza golpea en nuestra cabeza dejándonos sin voz y sin futuro, pero al mismo tiempo esa cabeza sorprendida se llena de un color humano, el color de la irrealidad (“Sabes que soy mudo y hablo con la mente (…)/el sol en mi cabeza es de muchos colores”, Menta, “Circo luso”). Mudos y absortos, en nosotros nace la imaginación, cuyo vuelo nos alza hasta lo que parecía entonces imposible en la presunta realidad (“Mi cabeza es la silla de montar del cielo azul”, Bizcochino, “Circo luso”). Irreales, poco a poco vamos saliendo de la cama que nos ha cambiado, de la noche y de los sueños que operaron la transformación. Una soledad y una tristeza enormes, irrazonables, nos invaden y nos asedian; una pena sin nombre nos quita el nombre de ayer y nos lanza a la intemperie del día.

Ya no hay nadie en mi cabeza rascacielos,
y por mi nombre ningún hombre ya responde.
Todos mis sueños son hermosas pesadillas
y en el planeta ni siquiera se oyen voces.
Lourdes, “El escarabajo más grande de Europa”

Traspasados por este rayo de irrealidad, dejamos inmediatamente de existir (“Ahora que mi vida se ha convertido en cuento”, Pelícano, “Efecto lupa”). ¿Cómo empezar a andar, cómo empezar a vivir esta nueva vida, cómo soportar este nuevo cuerpo monstruoso? Convertidos a la irrealidad, no nos queda otra forma de existir que intentar narrar esa irrealidad realmente inenarrable: no hay aquí un juego de palabras, sino el puro juego de esta misma vida, un juego de palabras y de personajes a cuyo través podemos hacer frente a esta nueva inasible realidad. “Máscara es todo lo que no es la muerte”, señala Cioran, y a ella se aferran los personajes estrafalarios de las canciones de El Niño Gusano, surrealistas y mágicos, como la mejor tradición del cuento popular europeo que va desde Perrault hasta Lewis Carroll, Gianni Rodari y Roald Dahl. En el viaje al fondo sin fondo de nosotros mismos, nos hemos hecho realmente humanos, es decir, personajes de un cuento relatado por un idiota (Shakespeare). Por eso percibimos con asombro y pena la nada que nos constituye, la vacuidad de nuestros sueños, la frustración de nuestros deseos, la insignificancia de nuestros ínfimos cuerpos.

Y si somos tan pequeños
podemos pilotar las miniaturas que nos dan para jugar.
Se quedó encogido el mundo,
ya no sirve ni para pasear.
Mira el péndulo, “El escarabjo más grande de Europa”

Arrastramos nuestras moles torpes por las calles de una ciudad repetitiva e insensata, tan muda, tan sola y tan fría como nosotros mismos. Se esfumaron también en ella las ilusiones y las promesas (“Ya no hay nada que celebrar”, Ciempiés, “Circo luso”), el futuro y el porvenir. Lo primero que vemos en la ciudad es el reflejo de nuestra insignificancia, la perdurable vanidad de nuestro ego, definitivamente absorbido por el maremoto de irrealidad que aniquila sus cimientos, su hogar.

Nada más entrar él sale para nada,
al irse a dormir se desnuda para nada,
si te ve pasar te dirá gracias de nada,
en su ropa y en su piel nunca pasa nada,
es un buen chaval que a nadie dice nada (…)
Y aunque nos creamos especiales
todos preguntamos los nombres de las calles
¿Dónde viviré hoy?
Román, “Fantástico entre los pinos”

Según Cioran “el ejercicio del aliento es incompatible con la lucidez”. Asfixiados, transtornados, pero al mismo tiempo tozudamente vivos, monstruosamente vivos, formamos parte de una especie de mundo equivalente al que fatigan los personajes de las obras de teatro de Beckett: un “infierno milagroso”. El aire y el tiempo se reducen a cada gesto y cada gesto reduce cada vez más el espacio que habitamos: “Hundí el tenedor en tu pelo por casualidad/cada segundo nos visita una calamidad”, Y lo que digo cinco veces es verdad, “Efecto lupa”. Si ya no podemos esperar, ni permanecer, si la desesperación se ha convertido en nuestra forma de respirar, de andar, de mirar, de ser, ¿qué podemos querer, si también hemos descubierto lo irrealizable de nuestros ensueños más radicales? El Niño Gusano insiste en el viejo motivo: “Se hizo el silencio, se hizo el silencio/a cada boca, yo/concedí un deseo/todos se cumplieron,/todos menos el mío”, El rey ha muerto, “Efecto lupa”. Y a la ausencia de satisfacción se añade para acabarlo de rematar la locura de la imposibilidad de crear y de jugar en este mundo inhóspito: “No puedes decir nada nuevo,/no puedes descubrir sin repetirte”, Capitán mosca, “Circo luso”.

Pero, sin embargo, de esa cabeza solitaria que habita en el rascacielos de nuestro cuerpo puede sobrevenir una nueva transformación. Nacidos, descontando el nacimiento físico, dos veces, como Dionisos, dios extraño, lo que empezó reduciéndonos por asifixia se torna en lo que nos abre a horizontes más clarividentes, lo que empezó sumiéndonos en una tristeza infrahumana se cambia indescriptiblemente en una alegría sobrehumana. Pues, en primer lugar, descubrimos que esa cabeza imaginaria, sola y sin nombre, es al mismo tiempo el último refugio de nuestra irreductible intimidad y la puerta a una realidad más libre (“Mi cabeza es insustituible”, La clínica de la radio y la televisión, “El escarabajo más grande de Europa”). Descubrimos que esa irrealidad que nos angustiaba de una manera indecible va cobrando realidad, la verdadera, en nuestro cuerpo, que no obstante la tristeza no deja de asediar, constreñir y anular. Cuanto más lejos se ha ido en la percepción de la irrealidad, tanto más abiertas se han descubierto las posibilidades de nuestro cuerpo, de nuestra acción libre, para romper con lo que algunos han etiquetado engañosamente como realidad, la cual a fin de cuentas descubrimos como la verdadera fuente de opresión. De ahí que nos alegremos por lo que en principio nos asustó, asumiendo con todas las consecuencias la ambivalencia del nuevo desafío.

Ya no como en el plato del perro,
por las noches vuelvo a tener sueño,
en mi casa tengo un podio,
soy el primero cuando quiero.
Y el rayo cae y hace mal,
cae porque sí y es subnormal,
es como tú.
Un rayo cae, “El escarabajo más grande de Europa”

Esta canción señala con acuidad el motivo de esta segunda metamorfosis: se llama amor fati. En la asunción de la fatalidad, lo real vuelve a ser posible: tal es el hondo sentido de la percepción de la irrealidad humana, sobre todo en términos de lenguaje. De ahí el surrealismo de las letras de El Niño Gusano, pues el surrealismo manifiesta el verdadero carácter de la palabra humana, su plena extranjería, allí donde la palabra está y es “asombrada e inquieta, entregándose a los afectos de lo inmensurable” (Grupo Surrealista de Madrid). Sin embargo, a pesar de este verdadero renacimiento cuasi dionisíaco la marca de la primera metamorfosis continúa grabada en nuestra piel.

Lo dejé, ya no estoy en la basura,
ahora estoy como bañado en oro,
mis desechos perfuman jardines,
mis insultos pueden divertirles,
una pastilla y a la cama,
mientras soñáis yo dormiré.
Yo soy uno de los 4 Fantásticos,
tengo experiencia en perder el tiempo (…)
Y mis ojos están vírgenes,
yo los abro y sigo ciego.
Continuará, “Fantástico entre los pinos”

Tal huella de la fatalidad sigue y seguirá impresa en nuestros renacidos ojos. “Estamos todos en el fondo de un infierno, cada instante del cual es un milagro”, señalaba Cioran. De ahí que la vivacidad del sentimiento de liberación que procura la percepción de la irrealidad se vea acompañada de cierta melancolía. Señal de la primera y radical mutación, reverso de los momentos de plenitud y de liberación, la melancolía nos liga asimismo al mundo primordial, curiosa e inquietantemente instantáneo: “una pereza anterior al mundo me ata a este instante… Y cuando, para sacudirla, alerto a mis instintos, caigo en otra pereza, en esa pereza trágica que se llama melancolía”, escribe Cioran. Incluso se puede hablar del poder humanizador de la melancolía, pues no en vano lo que los antiguos diagnosticaban como enfermedad de la accedía no es más que la entraña misma de nuestra condición. El escritor Robert Walser lo explica inmejorablemente: “¡Qué bribona puede ser la cruda realidad algunas veces! Roba cosas con las que después no sabe qué hacer. Hay, según parece, momentos en que se divierte difundiendo melancolía. Y ésta, por otra parte, me resulta muy querida, sí, muy, pero que muy estimable. La melancolía forma” (Jakob Von Gunten). Ese poso melancólico de lo incurable permanece y permanecerá siempre al lado de cualquier explosión de alacridad, como dotando a ésta de raíz y de sustancia.

De un sombrero de copas salí,
a ese hogar yo quiero ir,
no ves que allí no necesito mapas.
Y la mujer policía me acompañará a mi domicilio ideal,
y mi ángel guarda será mi truco definitivo
para pasar un año entero sin parar de reír
¡Qué bien sabe no existir!
Ángel guarda, “El escarabajo más grande de Europa”

Pero aquello que consigue transmutar la pena radical de lo insignificante en ese sabor agradabilísimo de la inexistencia sin recurir a nada más que a sí mismo es el amor. Cuando se individualiza, el amor fati se proyecta en ternura, se abre como al delirio de la hospitalidad (“Cada caricia es un gran hotel”, Ahora feliz-feliz, “El escarabajo más grande de Europa”), donde la realidad presunta es puesta en cuestión de una manera innegociable. El deseo puede confundirse con el asco, la tristeza con la alegría, pero en el centro se yerguen inexpugnables, invulnerables, nuestro frágiles cuerpos vivos (“Conde Duque, hay un cielo caliente en cada cuerpo,/un cielo sonriente con sombrero”, Conde Duque, “Efecto lupa”). De ahí procede el tan célebre como malentendido exabrupto de Unamuno, “¡Que inventen ellos!”, del que El Niño Gusano hace la siguiente interpretación.

¿Qué va usted a inventar?
Una máquina no me servirá (…)
Quiero un cuerpo nuevo
con manos y pies y lleno de besos,
un cuerpo dulce y amable
que sepa siempre quién es su dueño (…)
No pesa más de un gramo
todo lo que amo.
Sobrinito, “Circo luso”

Aun así, seguimos estando marcados, agobiados en medio de un mundo que nos intimida y nos supera. “Lo más verdadero de todo es mirar a un mundo pánico en el cual, de un instante a otro, todo cambia de expresión, y así continuamente, de instante en instante, de lo alegre a lo aterrador, de estar lleno de vida a estar muerto de cansancio, etc. etc.”, escribe Peter Handke (Fantasías de la repetición). Y es que si la alegría del cuerpo (y del amor) resulta realmente vivaz y tonificante es porque, a diferencia de la dudosa respetabilidad que nos reconciliaría con la presunta realidad sin tacha, no requiere de muchos requisitos (dinero, posición social, etc.): la alegría es porque sí, como las rosas y la fatalidad y “el rayo que cae”: la alegría sobreviene.

Es un honor no tener honor,
es mejor sentirse siempre peor.
En un vaso algo brilla como el sol,
el amor da siempre mal olor.
En tu nariz se pudre el corazón,
el nadador se ha fumado el sol.
Hay dos sexos en el mismo bañador.
Yukón, “Fantástico entre los pinos”

Lejos de los oropeles de la llamada “realidad”, nuestros múltiples “yoes” cambian y se metamorfosean, crecen y menguan, sufren y ríen. Poco a poco vamos llegando al centro de nosotros mismos, al pozo caótico del que procedemos. La percepción de la irrealidad se zambulle en el variado presente y permanece, tal como quería Nietzsche, “a la altura del azar” (“Tejí con hilo verde/una alfombra de hojas donde tumbarme,/también fabriqué un dado/con la palabra “hoy” en cada lado”, Pon tu mente al sol, “Efecto lupa”). Por eso la alacridad es siempre trágica, porque es mortal. “Sólo damos el paso decisivo hacia nosotros mismos”, afirma Cioran hablando de los personajes de Beckett, “cuando nos quedamos sin origen y ofrecemos tan poca materia para una biografía como Dios…”. El Niño Gusano suscribe esta broma.

De este hombre nunca habrá
fotos en las enciclopedias
y soplará y soplará y su casa tirará.
Todos sus trofeos son polvo en las estanterías,
y aunque te diga su nombre no sabrás quién es,
todo en él funciona a vapor (…)
En un cuaderno está escrito todo el daño que hizo,
se lo aprendió y aun así suspendió.
Tolkas, “El escarabajo más grande de Europa”

Y así sucesivamente. El Niño Gusano se disolvió en el verano de 1999. A lo largo de sus cuatro trabajos discográficos recorrieron el minoritario circuito independiente del pop español de los años noventa. Pero no lograron alcanzar un éxito que persiguieron: tuvieron un público muy fiel, pero reducido. ¿Fueron demasiado irreales? Sergio Algora, que tiene publicados algunos poemas, fundó en solitario el grupo Muy Poca Gente, y parte del resto de la banda se unió en otro llamado Tachenko. Luego Algora ha estado con uno de los miembros de Australian Blonde formando La Costa Brava. Quizás el mismo cansancio físico (pues, con todo, nuestro primer nacimiento fue físico y, aunque lingüísticos, naturaleza, y natura naturata como diría Spinoza, nunca dejamos de ser), al que aludían en su canción Soy ruso, señor (“El escarabajo más grande de Europa”), pudo con una de las propuestas más originales y más coherentes del rock hispánico de la última década del siglo XX. Castaneda, en Las enseñanzas de Don Juan, sostiene que son cuatro los peligros que debemos ir superando en la vida: el miedo, la claridad, el poder y la vejez, vale decir la muerte, ésta última finalmente invencible. Así vuelve la cantinela de que todo es del gusano.

En cualquier caso, yo me quedo con la alacridad que resuena en todas y cada una de sus formidables composiciones, tan seductoras como la titulada Casanova, en la que la jovialidad transforma al animal más extraño en amador.

Y si te cansa mi casa
tienes el hospicio de San Francisco de Asís (…)
Hace tiempo que me disfracé
y a menudo cambio de traje,
soy como un pavo real
ante animales innobles y despreciables comensales. (…)
Doy menos sombra que un solar
y mi cuerpo es mi equipaje (…)
Estoy tan cerca de la buena gente,
tengo tiempo para soñar.

Casanova, “El escarabajo más grande de Europa”

Abdalá

Abdalá bin Abdelaziz al Saud, rey de Arabia Saudita, se ha pasado por Madrid, donde acogido por SM. Juan Carlos I, rey de España, y compartiendo estrado con Tony Blair, Baltasar Garzón, Jesse Jackson y otros conferenciantes de seis cifras, ha venido a recordarnos que “la perdida de valores” y la “confusión de conceptos” de la sociedad actual provienen a su juicio del “vacío espiritual que padecen las gentes”

El acto, en el que ninguno de los ponentes hizo referencia alguna a los derechos de la mujer, terminó con todos los presentes ovacionando en pie al monarca Saudita.

Lo explicito del horror (I)

15-Julio-2008 · Imprimir este artículo

Por Sr. Menard

El cine hoy es explicito. Si esto es mostrar todo lo que se pueda mostrar, mostrar el fenómeno cinematográfico como es. Esto no deja de ser una decisión estética, es preferir la lo directo a lo elíptico, a lo sugerido. Esta, además, es sin duda un destello actual de la estética snuff del porno-horror. Lo interesante es que la recepción, la tolerancia del espectador, no es la misma con respecto al placer como lo es al dolor.

Las películas de horror / terror siempre han prometido esta sádica condición, la de mostrar el dolor en su ser mostrable (ojos inyectados en lágrimas mudas, sobras de puñales bajando reiteradas veces sobre cortinas de baños desgarradas, etc) La diferencia es que en la actualidad no hay obstáculos para mostrar esas acciones como realizadas fuera de toda ficcionalización, como reales.

Lo audiovisual y lo explicito son complementarios, lo explícito requiere un marco, una puesta en escena para que la acción pueda volverse enteramente explícita. Mientras mas detalles, en tiempo real se muestren, mas explícita se hacen.

El hecho de registrar las acciones con una cámara se convierte, aquí como en el snuff y el cine gore, en la condición de posibilidad para que los actos crueles se vean como crueles. El poder oculto de la cámara apela a la imaginación para sugerir la imagen.

Quien indagó los límites de la crueldad dentro de los marcos del cine clásico fue si duda Hitchcock. A él le debemos las primeras transgresiones a los límites mismo de la crueldad como un rasgo inherente a su obra. La crueldad en este contexto, en el del cine clásico, consistía en manipular al espectador por medio de lo no dicho, de lo insinuado o por el recorte de información audiovisual. Los directores clásicos especulaban deliberadamente con la expectativa del espectador de ver algo que nunca la va a ser mostrado . Esa era la maestría de la puesta en escena, es la capacidad de que cada cosa mostrada tenga un plus de significado que anticipe lo que se supone que vendrá.

En los films de terror, quizás por que el terror es la pasión humana mas fuerte que puede manifestarse en la recepción de un espectáculo, el espectador no podía esperar que le mostraran algo mas que solo indicios.
En el cine moderno, en cambio, por haberse barrido con la noción de género, la crueldad por excelencia es la de hacer sentir al espectador, durante la proyección, que el tiempo no ha desaparecido. Este hacérselo sentir implica que no se olvide de si mismo, si olvidarse de uno mismo, es lo que se busca con el entretenimiento, la crueldad del cine moderno es la de negarle al espectador el derecho de entrenarse.

Sólo el cine contemporáneo, cuando se propone la reescritura de géneros, se encuentra con un espectador óptimo para el cultivo de lo explícito, y dentro de las variedades de lo explícito, para el cultivo de la crueldad en el género de terror. Dado que las representaciones de acciones crueles , en una película , el espectador no puede medirla con la vara de la realidad extra-cinematográfica, será entonces el grado de entretenimiento audiovisual el que le permita decidir cuánto mas sufrimiento ajeno es capaz de soportar.

Pop in Arganda

Este último fin de semana estuve entre bambalinas en el acontecimiento musical del verano en España -Manolo Escobar al margen -, el Rock in Rio de Arganda del Rey.

No soy yo ave de festival, de hecho este ha sido el primero, así que no tengo un patrón con el que hacer las odiosas pero imprescindibles comparaciones. Sin embargo sí les diré que es la mayor engañifa a la que he asistido en mucho tiempo -sistema democrático y garantista de este país al margen -. El acontecimiento es una máquina perfecta de sacar dinero a los ingenuos asistentes, o a los pusilánimes papás que no pueden traumatizar a los hijos diciendo que si quieren tener una crisis de ansiedad escuchando a Tokio Hotel que ya les compran el CD - SGAE ;) - y el ipod pero que se quedan en casa.

La fórmula, a primera vista, parece infalible: se escoge un secanal bien grande cerca de una gran ciudad, lo cual no es media hora, son 40 kms en los que se incluye salir de la gran ciudad y acceder a un lugar al que se dirigen miles de coches a la vez - del que luego hay que salir -; se obliga a aparcar a 500m - como mínimo - cobrando 20 euritos por dejar el coche en un descampado al solano; se invita a la gente a entrar -80 € por día- en una explanada vallada, decorada por/para consumidores de M de la que ya no se puede salir; se les impide entrar líquidos o comida de cualquier tipo echándo la culpa a Bush y su guerra contra el terrorismo; y se cobran 2 € por medio litro de agua y 4 € por algo antes conocido como pan y una salchicha.

Supongo que sólo con esto varios miles estarían deseando asistir pero para convertirlos en cientos de miles hay que conseguir que se autoengañen y acudan confiados, no sólo en que van a vivir una experiencia única en su especie -para qué calentarse mucho la cabeza -, sino que ¡van a ayudar a los más desfavorecidos!, para lo cual tampoco hay que pensar mucho: un poco de paz por aquí y allá, un poco de desarrollo sostenible, cambio climático, en fin lo típico, y un slogan con gancho .

Para la promoción basta enseñar la pasta para que Matías Prats te incluya cinco minutos en su publireportaje de las tres y la siempre liberal Aguirre te ceda esos aviones tan chulos de nuestra nueva ONG, aunque G , que echan chorros de colores.

Sí, dicen que el concierto de Neil Young no estuvo mal, de hecho A3 Noticias dijo que fue un concierto épico (o legendario, o dantesco, ¿qué más da ?); y sí, el Canto del Loco no defraudó a nadie: canciones de amor, de rock (primero de amor, vale?); un que le den por culo a los alemanes y besos para las mamás, las titas, las primas y las abuelas.

Ahora bien, si el Rock in Rio se lleva la palma es porque ha metido en el mismo llano sin sombra a mamás y papás con los niños de otros, a jóvenes pueblerinos que por fin se pueden permitir entrar en el sistema y a flipaos puestos hasta el culo en éxtasis electrónico.

No malinterpreten este elogio a la organización, te estoy criticando a tí, si has ido, me estoy criticando a mi, que he ido.

Suena I faught the law de los Clash.

La Iglesia de los Universos Paralelos

El Universo es gratis. Como explica nuestro Profeta, Kaku, la cantidad de energía necesaria para crear un universo burbuja es cero. La materia tiene energía positiva, pero la gravedad tiene energía negativa. Esto significa que los universos burbuja pueden crearse en cualquier momento. De la Nada.

Si nuestro Profeta es Kaku, a nuestro Dios lo llamamos Membrana. Creemos que nuestro universo es una Membrana. Vivimos en la piel de esta membrana la cual está expandiéndose constantemente debido a la Energía Oscura. Nuestra religión es monopoliteísta porque aunque adoramos exclusivamente a un Dios, no descartamos la existencia de otros Dioses (Membranas).

Nuestra Iglesia promete la inmortalidad. La conciencia es una fluctuación cuántica inexplicable por las leyes físicas. Con la muerte finaliza nuestra existencia material pero sobrevive la mente. Hay disputas teológicas sobre si la conciencia una vez liberada de la cárcel corporal todavía se encuentra aprisionada en nuestro Universo o puede navegar libremente por los Universos Paralelos pero no afectan a lo principal: la inmortalidad de la conciencia.

También procuramos una ética vinculada a la conciencia. Cuanto más cerca estemos de las leyes fundamentales de Membrana más cerca estaremos del Bien. Pero si no, caeremos en un estado de confusión cuántica, de desorden aleatorio máximo que nos llevará a la desestructuración de la conciencia. Si la muerte corporal nos sorprende en tan calamitoso estado el peligro reside en caer en la Materia Oscura, que conforma el 90% del Universo. Lo que utilizando la terminología cristiana quiere decir que el Infierno está lleno a rebosar.

Conocida vulgarmente como Teoría M (por Membrana, Madre, Misterio o Milagro), nuestra Iglesia se encuentra cerca de poder clonar el manzano del Edén, es decir derivar matemáticamente todas las leyes de la Física y la Química. Sin embargo, y como es inevitable, ha surgido una peligrosa herejía en Harvard, la llamada Teoría F (Father, “padre” en inglés) que propugna dos tiempos mientras que nuestra religión sólo cree en uno. Sin embargo, estamos de acuerdo en que hay diez dimensiones espaciales. Quizás algún día nos reunifiquemos, pero yo no lo creo.

Por supuesto, tenemos un Libro Sagrado. Lo escribió Kaku en 1996 y ha vuelto a reeditarse: “Hiperespacio: una odisea científica a través de universos paralelos, distorsiones en el tiempo y la décima dimensión”.

Agujero negro

La extraña y nunca lo suficientemente ponderada historia de Joseph Merrick

26-Junio-2008 · Imprimir este artículo

Por Raúl Herrero

Según su partida de nacimiento Joseph Carey Merrick nació el 5 de agosto de 1862 en la ciudad inglesa de Leicester. Fue el mayor de los hijos de Barnabas y Sarah. Aunque al principio se desarrolló con normalidad, a los veintiún meses la madre percibió algo extraño en la criatura: un abultamiento rosáceo le crecía en el labio inferior. Este apéndice aumentaba de tamaño de día en día. Pero, además, a Merrick le crecía una protuberancia en el cráneo, su piel se tornaba áspera y fláccida y su brazo derecho aumentaba de tamaño, al igual que ambos pies. Por otra parte, la prominencia de la boca, mientras crecía, le retraía el labio superior con mayor virulencia. A estas desgracias se sumó una caída que le afectó en la cadera, lo que le proporcionó una cojera permanente y le dificultó cualquier desplazamiento que requiriera una mínima soltura.

Cuando tenía diez años su madre murió de neumonía. Posteriormente, él mismo afirmaría que fue ésta la mayor “desventura” de su vida. Tal vez en ese momento tomara el retrato de su madre del que no se separó jamás.

El 3 de diciembre de 1874 su padre se casó en segundas nupcias con Emma Word Antill. Ante la precariedad económica de la familia su madrastra insistía al joven Joseph en que buscara trabajo. Durante un tiempo encontró empleo en una tabacalera, hasta que el incremento de la deformidad de la mano derecha le impidió desarrollar la tarea de enrollar los puros. De nuevo, a instancias de su madrastra, que le amenizaba las comidas con palabras de aliento como: “no te ganas ni la comida que te pongo en el plato”, Merrick encontró trabajo como vendedor ambulante de calcetines.

Sin embargo, a medida que la enfermedad degenerativa progresaba, se le incrementó el tamaño del brazo derecho y de los pies, así como del cráneo, además de la extraña cojera, todo ello oculto bajo una extraña indumentaria que, en lugar de hacerle pasar desapercibido, lo convertía en blanco de todas las miradas. Cuando lograba que alguien le abriera la puerta su dicción, terriblemente perjudicada por el aumento del tumor de su labio, le impedía hacerse entender. Así que Merrick, o bien entregaba en casa el dinero que le habían ofrecido para el almuerzo como si procediera de sus ventas del día, o, simplemente, evitaba las horas de la comida para no escuchar los constantes reproches de su madrastra. Finalmente, el gremio de vendedores le retiró la licencia porque aseguraban que “ofrecía una mala imagen”.

Desalentado, Merrick huyó de casa al menos tres veces. Al final su padre y su madrastra decidieron que se ocuparan de él unos tíos que no tenían hijos. Aunque al principio la situación fue agradable, con el tiempo la falta de posibilidades económicas de sus familiares le llevó a Merrick a internarse voluntariamente en un centro de acogida.

Precisamente, en ese lugar decidieron operarle el enorme quiste, con aspecto de trompa, que le dificultaba incluso la ingestión de alimentos. Sin embargo, la vida en el centro de acogida resultaba durísima, con largas jornadas de trabajo, pues los internos debían ganarse el sustento y la yacija donde dormían, con independencia de sus limitaciones físicas. En varias ocasiones, Merrick solicitó abandonar la institución y salió en busca de trabajo. Como no logró lo que se proponía, debido a sus problemas físicos, se puso en contacto epistolar con una famosa figura que se ocupaba de toda clase de exhibiciones en ferias y locales de Londres.

La exposición de su desgracia era la única salida digna, por más indigna que resulte, que la sociedad le ofrecía. Al parecer a pesar de lo escabroso del asunto Merrick logró en esa época una pequeña fortuna y fue, precisamente, en un local enfrente del Hospital de Londres donde el doctor Treves vio a Merrick por vez primera. El médico consiguió que Merrick asistiera a un par de sesiones clínicas para exhibirse, en este caso, en el ámbito académico.

En esos días los espectáculos de “novedades”, que incluían deformaciones y toda clase de truculencias, fueron prohibidos por las autoridades y Merrick fue cedido a un empresario que pensaba realizar una gira por toda Europa con su nueva adquisición. Sin embargo, a los pocos meses de iniciada la “torneé” el gerente comprobó que las autoridades de Europa ponían los mismos problemas que las de Gran Bretaña a ese tipo de espectáculos. Por tanto, una noche robó a Merrick todos sus ahorros y lo abandonó a su suerte en algún lugar de Bruselas.
Joseph Merrick sin dinero, sin propiedades, con un aspecto que llamaba la atención, cuando no alarmaba, a todo ser viviente con el que se tropezaba, y con dificultades para hacerse entender por las deformidades que le atenazaban los labios, se encontraba sin amigos, solo frente al mundo. Al parecer logró vender algún objeto de valor que llevaba consigo para comprarse un pasaje de barco. Pero cierto capitán se negó a que subiera a bordo por el revuelo que podía causar entre los pasajeros. Parte del trayecto lo realizó en tren, oculto tras las cortinas de la ventanilla, lo que no siempre le hacía pasar inadvertido. Tras mil peripecias, hambriento y agotado llegó a la estación de tren de Londres, donde una muchedumbre le rodeó para comprobar qué era ese extraño ser. La policía ante el alboroto se acercó hasta Merrick quien agotado, desvanecido en un rincón de la estación, extendió una tarjeta a los policías. En el cartón arrugado los policías leyeron las señas del Hospital de Londres y del doctor Treves.

El enfermo Merrick fue traslado hasta el Hospital. Treves, saltándose las normas, lo instaló en una habitación para infecciosos. Allí recibió atenciones médicas y cuidados, se le protegió de las adversidades y, por fin, encontró algo parecido a un hogar. Tras unos artículos publicados en el Times por el director del hospital, donde se mencionaba su caso, llegaron donativos para Merrick tan generosos que le aseguraron el sustento de por vida. Unas habitaciones del sótano fueron reformadas y acomodadas al gusto de Merrick. Incluso los príncipes de Gales le visitaron, transformándolo en una auténtica leyenda y hasta en una moda en los círculos de la nobleza y la alta burguesía de la época. Por su parte, Treves descubrió que tras ese aspecto, que no podía expresar alegría o dolor por la crudeza de las malformaciones, se ocultaba un alma sensible, dotada de una gran inteligencia, con una curiosidad inmensa por el mundo, por la vida.
Gracias a una condesa que le ofreció su casa de campo Merrick pudo incluso disfrutar de unos días de asueto en plena naturaleza. Su felicidad y entusiasmo se revelan, mezclados con cierta inocencia, en las misivas que enviaba a su amigo el doctor Treves. Así mismo, Joseph Merrick adoraba la lectura, hasta el punto que lo que más agradecía de sus visitas era que le proporcionaran un buen libro que sumar a su biblioteca. El teatro también le impactó cuando al fin, gracias a la ayuda que le proporcionó una dama y los mismos monarcas, pudo asistir a una representación navideña.

Su enfermedad degeneró: su corazón sufría alteraciones, la cabeza le resultaba cada vez más pesada y su aspecto recordaba a un hombre de sesenta años, si bien tenía unos 27. Una mañana Joseph Merrik apareció muerto en su cama, sin aparentes señales de violencia. Según el doctor Treves el enorme peso de la cabeza termino por asfixiarle mientras dormía.
Esta historia hoy palpita con la misma intensidad que cuando los príncipes de Gales visitaron a Joseph Merrick en su habitación. Desde entonces se han realizado varias obras de teatro, musicales, una película (David Lynch, 1980), se le han dedicado infinidad libros, incluso se ha creado una asociación en homenaje a su memoria.

Se acaba de publicar en castellano La verdadera historia del hombre elefante (Turner, Madrid, 2008) de Michael Howell y Peter Ford. En sus interesantes páginas puede el lector encontrar algunos de los datos que hemos referido y muchos más. Pero me han sorprendido especialmente las referencias del prólogo en relación con la obsesión que muchos han sentido por la persona y la historia de Joseph Merrick. Por ejemplo, el caso de John Hincley, el joven que atentó contra el presidente Reagan en 1981, al que le encontraron poemas con frases como ésta: “Tal vez el hombre elefante entendería mi dilema”. El poeta norteamericano Kenneth Sherman publicó en 1983 Palabras para el Hombre Elefante. El compositor aficionado Michael Cavalli se gastó todos los ahorros de su vida en poner en escena su Poema Sinfónico, basado en el Hombre Elefante.
Por otra parte, en España Manuel Moros publicó el libro Seres Extraordinarios (Edaf, Madrid, 2003) donde dedicaba varias páginas a la historia y la descripción médica de Joseph Merrick. Al azar investigo y me encuentro con la compañía de Teatro Diplo que ha puesto en escena la versión de El Hombre Elefante de Bernard Pomerance en Puerto Rico. De Chile me llegan noticias de una performance titulada El Hombre Elefante (auto de fe).

Ni siquiera quien esto escribe ha podido deshacerse del influjo de Merrick y también ha publicado recientemente su visión teatral de El Hombre Elefante.

Hace unos días María Pilar Martínez Barca presentó, junto con un servidor, ese ya citado volumen titulado La verdadera historia del Hombre Elefante. Tras la proyección del film de David Lynch, María Pilar nos encandiló a todos con sus palabras, vertidas con sabiduría en relación con las dificultades que, a diario, todavía encuentran algunas personas: tanto en las barreras arquitectónicas, como en el trato con los semejantes. María Pilar nos trajo la noticia de un enfermo actual al que se le ha bautizado como “el hombre elefante chino”. Al parecer, tras varias operaciones, poco puede hacerse por él. Alguien le ha ofrecido que se exhiba en público, como si el ser humano ante ciertos estímulos repitiera sus errores.
Al final de la presentación se nos acercó un joven, el actor Jorge Andolz. Ha tenido el privilegio de experimentar en sus carnes al propio Merrick, puesto que lo ha interpretado en un montaje dirigido y adaptado por Jaume Belló. Él mismo, con cierto dibujo de satisfacción que desbordaba sus labios, afirmó: “2BTHEATRE es una compañía especializada en espectáculos de teatro en inglés para adolescentes. Se realizó una versión resumida de la historia, de unos cincuenta minutos de duración. Los actores éramos JORGE ANDOLZ (Joseph Merrick y su propietario del circo), DAVID GUARDIA (dr. Treves) y MERITXELL AIXALÀ (la señora Treves y la Reina). Como técnico de luz sonido y escenografía, ORIOL GRANELL. Hemos representado por casi toda España y el sur de Francia, y con bastante buena acogida (está mal que lo diga yo, pero el caso es que ha sido así).”

Después de los parabienes y la emoción, Jaume añadió: “En un colegio tuvimos que suspender la representación. Había una alumna que tenía una enfermedad similar a la de Merrick y los profesores temían que los alumnos se burlaran de ella”.

Por motivos como éste no he empleado en el título de este artículo el apelativo de “hombre elefante”, sino que, en su lugar, he preferido utilizar el verdadero nombre de este ser humano ejemplar: Joseph Merrick. Siempre puede aprenderse, aunque sea tarde.

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