Bienvenido Mr. Píxel

Ha llovido desde mi primer cortometraje. El primero que hacia con un equipo y con cierta organización. Creo que fue en el 97. Antes, con la handycam, algún intento divertido y una de mis obras favoritas, mi querida “Maffilia”. Nadie usaba el digital en ese momento. Incluso, ese primer corto, largo largísimo, al que titulé “Tres”, lo grabé aún en las enormes cintas de U-matic. Calidad bastante aceptable, con el magnetoscopio, colgando en bandolera, por supuesto separado de la cámara. No es lo que suelen llamar un Camcorder, no. El operador cargaba a menudo con ese enorme trasto a la espalda o lo dejaba en alguna mesa o silla cercana. En definitiva, otros tiempos, no tan lejanos, pero sí bastante diferentes, al menos para quien gusta de hacer cortos o simplemente contar historias en imágenes.

¿Por qué esta introducción casi nostálgica de lo que sucedía hace sólo un decenio? Pues precisamente porque ese breve flash-back sirve para centrar el tema y situarlo en la más radiante actualidad. Si ser cortometrajista hace unos años era casi un oficio de culto, hoy todo ha sido sustituido por la frescura y la accesibilidad masiva de los nuevos medios. ¿Quién no ha hecho alguna vez un mini corto con sus amigos o familiares? No me estoy refiriendo a grandes producciones, sino a grabar momentos tontos de una reunión, a la representación más o menos espontánea de un chiste, a la narración de alguna anécdota de un viaje o celebración. Las cámaras digitales se han extendido y abaratado más allá de lo imaginable y esta dinámica no parece detenerse por el momento.

¿Cuáles son los cambios que se han producido entonces desde los 90 hasta ahora? Por un lado, evidentemente el tecnológico. Pero lo que me interesa en este artículo no es eso, sino el modo en que esta enorme revolución ha afectado a otros aspectos del audiovisual más cotidiano. Si a las nuevas cámaras se añade la irrupción de Internet como modo de exhibición, se van aclarando ciertas dudas. Un gran número de páginas de la red encabezadas por YouTube se han convertido en escaparates privilegiados para millones de cortometrajes en todo el mundo. Los navegantes comentan tal video o tal otro que han descubierto y de modo viral se extiende su fama recibiendo cientos de miles de entradas. Son videos hechos la mayoría de las veces con medios mínimos. Cámara doméstica y poco más. En esta nueva situación creada y favorecida por la tecnología, la calidad de producción y el perfeccionismo en la imagen han sido desterrados. No niego que se sigan haciendo miles de cortos que cuidan al máximo su estética, sin embargo, en muchos foros eso ya no es el ingrediente único y necesario para conseguir triunfar. Aquí es donde mi referencia a la situación vivida en el cortometrajismo de los años 90 adquiere su importancia. En los festivales de toda España y el resto del mundo se valoraba como requisito imprescindible una cuidadísima calidad de imagen, dejando de lado demasiadas veces que la historia narrada tuviese interés o demostrase un innegable talento en su autor. Curiosamente, la técnica primaba sobre el propio relato y sin embargo, el desarrollo tecnológico ha sido el que ha hecho variar esta situación.

Afortunadamente, se ha creado un espacio complementario, abriendo nuevas posibilidades a la gente con ganas de contar, de entretener, de transmitir. Si la refinada fotografía y producción de los cortos en 35mm sigue existiendo y abundando en festivales, sin por ello ser garantía de un cierto interés, gracias a las nuevas posibilidades de exhibición, las obras que no disponen de tantos medios han encontrado su ventana al público y de un modo masivo.

Es momento de mencionar otra incorporación al más que nunca, vivo medio audiovisual. Los teléfonos móviles se han convertido en la cámara que la gran mayoría de la población lleva siempre encima. Una especie de arma siempre cargada para cualquier cosa que suceda alrededor, pero también para cualquier uso narrativo que la gente quiera darle. Los que siempre estamos dándole vueltas a ideas en forma de imagen hemos comprobado que un móvil con una calidad aceptable (y los hay con mucha, mucha definición…), es un muy útil compañero para capturar o “cazar” imágenes que sirven para contar historias de todo tipo, desde lo más abstracto hasta el clasicismo del diálogo y de tramas estructuradas.

Cámaras digitales accesibles a casi todo el mundo, móviles con varios megapixels y ópticas sorprendentes, Internet y bares o locales de todo tipo como fácil medio de exhibición. En este caldo de cultivo faltaban sólo festivales que se encargasen de canalizar, mostrar y también premiar (importante modo de reconocimiento) esas obras con tanta ilusión creadas por autores y autoras sin edad ni condición social. Ejemplos como el Diba, con su sección DibaXpress, han proliferado y constituyen un enorme acierto. Se trata de hacer una película (aún la llamaremos así durante decenios por mucho que el soporte en nada se parezca) en un tiempo muy limitado, 72 horas en este caso, a partir de una palabra clave que se publica al inicio de esos intensos 3 días. Este tipo de festival temático, no siempre tan exigente en sus fechas límite, está ya implantado por todo el mundo. Destaca por la impresionante calidad de su jurado y la originalidad de su funcionamiento y premios el norteamericano Filmaka, que cada mes propone un concepto diferente y los cortos seleccionados pasan a final de año a una última fase en que hay que realizar una segunda obra que será la definitivamente premiada.

Proliferan los festivales para cortometrajes que sepan narrar una historia en poco tiempo. Se piden piezas de menos de 5 minutos a veces, menos de tres e incluso menos de 1. Siguen existiendo obras de cuidada factura, pero la gente que no tiene acceso a grandes medios puede demostrar su imaginación sin que se le exija una perfecta definición de imagen.

Tal vez en el máximo de la espontaneidad pero sin cerrar puertas a la preocupación estética, surge la propuesta del MOVIL FILM FEST, que comenzó su andadura ya el año pasado. En 2008 ha sufrido variaciones que lo hacen aún más atractivo para quien como yo esté intentando recuperar frescura, aplicación inmediata de la imaginación, libertad creativa y nuevas posibilidades de un lenguaje abierto a lo espontáneo al mismo tiempo que al corto clásico. Esta edición además de premios muy atractivos y originales abre secciones como el MADE4 MOBILE y propone la creación cada mes de cortos siguiendo no temas sino en este caso formatos narrativos.

Son estos los escaparates de los que hablaba al principio, que han abierto una brecha en estructuras demasiado encorsetadas para los cortometrajistas. Parece paradójico, pero en obras realizadas en tiempo limitado, con duración máxima exigida, siguiendo a veces una palabra clave y otras un condicionamiento tecnológico como el móvil, es donde más libre me he sentido en los últimos dos años en cuanto a posibilidades creativas. Los nuevos medios y sus ventanas al mundo acercan al autor a la creación más fiel a sus ideas, sin el paso por los condicionamientos de producción.

Por todo esto proclamo convencido “Bienvenido Mr. Píxel”, porque aún con imágenes sin una definición excesiva y que en pantalla grande muestran sin rubor su origen digital, se está consiguiendo que las buenas historias y los estilos más libres tengan cabida y un público cada vez más entusiasta. Internet, los soportes digitales y los teléfonos móviles tienen parte de culpa. Pero algo tendrán que ver también las aportaciones de Lars Von Trier, Vinterberg y todo el movimiento Dogma, por no hablar de la nouvelle vague francesa, el free cinema ingles, el movimiento fluxus, las películas de Paul Morrisey, con Warhol y hasta las vanguardias de los años 20

Comentarios

2 comentarios en el artículo “Bienvenido Mr. Píxel”

  1. pili en 14-Mayo-2008 10:30 pm

    que cierto, que fresco, que sencillo y democrático. El lado bueno de todas las técnicas denostadas por los tecnócratas de las anteriores y disfrutadas por las mentes abiertas, humildes y geniales.

  2. Kajuna en 20-Mayo-2008 1:48 pm

    … y a quien no le guste, que haga como hacen siempre: que acuse a la piratería de sus propias carencias como “contador de imágenes”. Mientrastanto estaremos intentando construir “cosas”, sea en 8, en 35, en mp4 o en hd y cuando lo consigamos se darán cuenta de que se han quedado atrás.

    Da gusto leer algo tan… tan píxel.

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