Avril La Mocosa

7-febrero-2010 · Imprimir este artículo

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Hace unos días colgué en mi blog la lista de lo mejor de la música que ha llegado hasta mis oídos en estos cinco últimos y maravillosos años. Se puede consultar desde aquí. En esa lista lo que más puede llamar la atención es que, rodeada de músicos o bandas de altísimo nivel como Joe Satriani, Porcupine Tree, Hiromi Uehara, Spyro Gyra, Michel Camilo, Karmakanic o Indukti entre otros, aparece Avril Lavigne en primer lugar en el apartado de mejor artista o grupo.

¿Por qué? Esta pregunta se puede formular de una manera mucho más significativa ¿Por qué esta mocosa fashionita de dudoso estilo es la que me ha parecido lo mejor de estos últimos cinco años? Pues básicamente porque sí. Pero hay más razones, de tanto o más peso.

Ahí va la segunda: Es muy guapa. Toma ahí. Sí, lo es. Más, por ejemplo, que Joe Satriani, que no está mal, pero no es mi tipo. Y más que Hiromi Uehara, que tampoco está mal, y sí es mi tipo.

Pero… un momento. Esto no puede ser. Existe un estudio muy importante realizado por un instituto de estudios importantes y/o importantísimos que dice que el atractivo de un/a artista no tiene nada que ver con su éxito comercial. También hay un estudio muy importante realizado por el mismo instituto que dice que los hombres casados no se masturban (lo dijo Pepe Rubianes).

Hasta aquí dos razones de gran peso específico, sin duda alguna. Pero hay más.

La música, amigos (tst, cuidao, que cuando dice eso de “amigos” es que se pone serio), como todas las artes, es algo mágico. Seguro que alguna vez os habéis encontrado pensando algo así: “Esta canción me gusta y no sé por qué”. Y es que, a veces, la música se salta el prejuicio de la razón y va directa al alma (palabras de Rubén Blades en un programa de Radio 3 hace pocos días). Y no lo podemos evitar. Los gustos musicales no se escogen. Si te gusta algo, te gusta y ya está. Y si va en contra de tus principios te aguantas. Pero claro, si en una conversación sobre jazz o rock progresivo entre entendidos el tema deriva y se te ocurre soltar que te gusta Avril Lavigne, te arriesgas a que, como mínimo, te miren raro, eso si con un poco de suerte no pierdes toda tu credibilidad.

Como buen escuchador de música que me considero, por principios, no debería gustarme, pero me gusta Avril Lavigne, amigos. ¿Qué le voy a hacer?

¿He dicho por principios? Yo soy aquél que, con una melena hasta media espalda, se ponía un chaleco hippy y una camiseta de Madonna y se iba orgulloso a una discoteca heavy. Y me miraban raro, claro está. Pero no lo hacía para dar la nota, llevaba esa camiseta porque me gustaba Madonna, y también el heavy metal. Eso son principios. Y es que, a veces, la música se salta el prejuicio de la razón y va directa al alma. Ése es el único principio que hay sobre gustos musicales. Si alguien no lo puede entender que se lea y relea esa bella frase y que se deje llevar, ayuda a sentirse libre.

Aún hay más razones para que La Mocosa Gritona esté la primera en esa lista. Hace poco viví una etapa de mi vida que, supuestamente, debía haber sido muy difícil. Pero sucedió justo al revés, resultó ser muy intensa y feliz, y durante toda esa temporada Avril estuvo ahí con su música mañana, tarde y noche, saltándose de manera descarada y continuada el prejuicio de mi razón y llegándome directamente al alma. La escuché tanto que lo lógico hubiese sido aborrecerla por completo. De nuevo sucedió justo al revés, se había aferrado a mí como un birquiqui.

La Mocosa Colmilloslargos ha sido quien me ha hecho recorrer más quilómetros expresamente para ver un concierto. Y aun tuviendo la desfachatez de suspender una actuación a la que iba a ir pocas horas antes de empezar por un supuesta “indisposición” y ser descubierta, la muy perra, al día siguiente en Milán, visitando las tiendas más exclusivas, la muy zorra, aun así, sigue estando como fondo de escritorio en mi ordenador.

Y probablemente cuando vuelva por aquí no podré evitar volver a verla. Es posible que algún día me canse de ella. Posible no, casi seguro, pero sus canciones, como las de muchos otros, ya forman parte de mi historia.

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