Angela Labordeta: “Sin hablar con nadie”.

Acabo de leer la novela de Ángela Labordeta (Teruel, 1967) ’sin hablar con nadie’ (Zaragoza, Xórdica, 2008) entera. Entre ayer y hoy. Es un texto que engancha y que deseas leer de cabo a rabo sin dilación.

He leído todo lo que ha ido publicando Ángela Labordeta y algo de lo que no publicaba cuando era más joven. Siempre me interesó su escritura aunque a veces no coincidiera con ella en mi apreciación. Con sinceridad, le he dado, siempre que me la ha pedido, mi opinión sobre sus relatos.

Ahora pienso que a veces pude haberle animado más sin tanto afán crítico por mi parte: hay [email protected] para quienes lo más importante es sentirse [email protected] en sus búsquedas (independientemente de los fallos que puedan tener en los resultados) y mi forma de plantearme los comentarios no siempre ha tenido en cuenta esa subjetividad que, sin querer (les aseguro que sin querer: la intención no era ésa), queda herida por tales o cuales palabras sobre el detalle.

Cuando publicó ‘Bombones de licor’ Ángela me pareció ya una gran escritora hecha y derecha, capaz de afrontar asuntos difíciles con pulso narrativo y aportaciones de buena literatura. Por eso le llamé por teléfono nada más leer esa novela para darle mi enhorabuena.

Me hacía ilusión podérsela dar sin reservas y que me la escuchara tal cual por primera vez. Porque siempre es una satisfacción poder elogiar el trabajo de alguien a quien respetas y admiras.

Ahora publica esta otra novela ‘Sin hablar con nadie’ y estoy seguro de que voy a encotrarme un texto de literatura española contemporánea, lleno de vida y pasión. Pero si por cualquier cosa no me acabara de convencer algún detalle de su última novela, por lo menos tendré la tranquilidad de saber que mi opinión, ahora que Ángela Labordeta es ya una escritora hecha y derecha y una mujer adulta y cabal, las pequeñas pegas que puedan ocurrírseme ya no le afectarán.

Ángela Labordeta ya vuela con sus propias alas hace muchos años, y no es fácil hacerlo cuando se lleva su apellido. Y, sobre todo, sus [email protected] son mucho más [email protected] e importantes que [email protected] [email protected] más o menos cercanos. Ángela, estoy seguro de ello, ya escribe, creo que se puede decir así, ya escribe para la Humanidad.

Eso es un privilegio de [email protected] [email protected] de verdad.

La literatura de Ángela labordeta ha ido ganando densidad a medida que sus propios personajes se han hecho más y más profundos psicológicamente.

Ya en ‘bombones de licor’ (Madrid, Espasa, 2000), al enfrentarse al mundo familiar del gran poeta aragonés Miguel Labordeta (tío suyo), asumió uno de esos retos de los que si sales con bien sales [email protected] en escritor/a.
Ángela salió con bien entonces. Se hizo una completa escritora.

Vinieron después los relatos de ‘El novio de mi madre’ (Zaragoza, Xordica, 2002), en los que con mano estricta describió situaciones y ambientes con un estilo que no dudaría en calificar de ‘puntillista’, si con ese término puedo hacer comprender que utilizaba una técnica semejante a la que utilizaban los pintores afines a esa ‘denominación’.

Ahora los personajes (sobre todo los femenino) de Ángela Labordeta se van desnudando íntimamente conforme avanza la lectura (pero ya desde las primeras líneas sabemos que Matilde va a ofrecernos toda su verdad desnuda. Esa certeza nos une firmemente a un texto en el que no sobra ni falta nada y en el que los hilos de la trama, conforme advertimos sus conexiones y conflictos internos, dan aún más sentido a cada palabra.

Las palabras de ‘Sin hablar con nadie’ sumerjen en un mundo literario en el que a mis oídos resuenan los ecos de la mejor Carmen Laforet, Mercé Rodoreda y Carme Riera, pero seguramente son ecos en mis oídos porque son tres de mis escritoras españolas contemporáneas favoritas y las fuentes originarias de Ángela Labordeta pueden estar en lecturas muy distintas a las de esas autoras, como Sylvia Plath, otra de mis escritoras más queridas. Lo que no pueden estar es muy lejos de las fuentes más claras y frescas de la literatura contemporánea.

Recalco lo de contemporánea porque me importa mucho últimamente advertir en la escritura actual verdadera contemporaneidad en el uso de recursos lingüísticos, semánticos, retóricos, etc. Y esta novela de Ángela Labordeta, sin aparentar experimentalismos (que a mí me divierte utilizar en mis textos y reconocer en los de [email protected] [email protected]), hace sin duda un ejercicio contemporáneo de escritura.

Es curioso ese fondo ‘rural’ de Ángela Labordeta, un fondo que no es sólo un telón de fondo ni un postizo arbitrario. Es realmente un escenario vital.

Es curioso porque ahonda en una línea en la que se internó José Antonio Labordeta (en narraciones suyas, pero también en el pálpito de sus muchas de sus mejores canciones) después de que Miguel Labordeta iniciara un trabajo literario en el que el nuevo paisaje era un paisaje y un paisanaje absolutamente urbanos.

Ángela vuelve al origen rural de muchos de los conflictos actuales de nuestra sociedad y además no vuelve ‘de visita’ (como hacia un pasado añorado, etc.), sino como territorio humano en el que tienen lugar los conflictos vitales de personajes absolutamente de hoy día.

Personajes femeninos, especialmente (Matilde, Clara, Elvira, Manoli) pero también los personajes masculinos (Juan, Esteban, Ismael, los padres de Matilde y de Clara), que no me parecen (como ha escrito alguien, creo que equivocadamente) meros fantasmas o sombras sin personalidad.

Los ojos por los que son mirados son los ojos de las mujeres que sufren su contacto, pero esos ojos son lo suficientemente consticientes como para entregarnos mucho conocimiento y verdad.

Otro elemento que me parece relevante en esta novela (y en ‘Bombones de Licor’ y en ‘El novio de mi madre’) es la preocupación intensa de Ángela por los conflictos profundos de su personajes.

Hay una corriente actual en la literarura española más o menos joven que busca una especie de nihilismo y ‘cualunquismo’ en el que parece qeu nada tiene más importancia que nada y en la que la mirada sobre la realidad pretende una especie de ‘hieratismo’ moral, por no hablar de rasgos absolutamente desagradables en la mirada que [email protected] [email protected] lanzan sobre la vida.

Los personajes de Ángela sí buscan la dignidad, sí se cuestionan la vida propia y de sus semejantes desde una perspectiva ‘comprometida’(en el sentido de no-cínica). Este es un rasgo de la literarura de Ángela Labordeta que me importa mucho resaltar, lo que la hace plenamente contemporánea en un sentido en el que algunos ‘teóricos’ no quisieran que [email protected] [email protected] lo fuesen .

¿Cuál es el mundo, por ejemplo, de la mayoría de [email protected] [email protected] de la antología ‘Mutantes’? ¿Cuál es el mundo de Ángela Labordeta?

¿Realmente son más contemporá[email protected] quienes escriben ‘de vuelta’ de la vida (cuando aún no han ido) que quienes como Ángela o -entre los aragoneses también- Félix Romeo se plantean un universo ético esencial?

Otra cosa son los recursos léxicos y narrativos. Ahí sí que me gustaría ver a Ángela Labordeta más desenfadadamente contemporánea. Porque en el tratamiento de la trama ya lo es.

En la expresión ‘inmediata’ es donde preveo un mayor desarrollo de su literatura en el futuro próximo. Pero también puedo estar equivocado empeñándome en que Ángela aporte ‘también’ juegos léxicos a una narrativa en la que puede que ella ahonde sin esa ‘necesidad’.

Les dejo aquí.

Lean ‘Sin hablar con nadie’.Merece la pena. ¡Vaya que sí!

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