Amados de la Generación XXII (y .net)

8-Diciembre-2008 · Imprimir este artículo

Por generacion.net

Reproducimos la carta de nuestro querido Fernando Arrabal, cuya colaboración ha desaparecido en silencio silencioso de las páginas del diario El Mundo.

La decisión de eliminar la sección periodística más creativa e interesante de la cultura española es coherente con el trincherismo y agotamiento cultural del momento. Por esa sección conocimos a Houellebecq, la patafísisca, la novísima física, la micropoesía, el ajedrez divino y casi todas las albricias culturales de los últimos años en nuestra cultura.

Desde el diario El Mundo se justificó la decisión por la crisis económica y las hipotecas basura, pero el hecho, contado por el protagonista, es que Arrabal se negó a firmar (como ha hecho siempre con cualquier manifiesto), el de la lengua común…

La paradoja es que la voz de Arrabal es una de las más grandes manifestaciones de la lengua común.

Amados de la Generación XXII (y net)

Ahora que ¡abricias! ya soy un no-ser en el mundo de El Mundo aprecio el precio de su “súplica”. Le cuento, como pide, mi versión pensando y sopesando la indeterminación, la “incompletitud » e incluso la confusión inevitable e inextricable hélas!

En el mensual venezolano “Exceso” escribía, hasta hace un año, las páginas 6 y 7 (BHL dos interiores) hasta que los mandos mandaron al carajo a su director B.A. Fihman (hoy redactor del parisiense “Medias” de “Reporters sans frontiers”). Ipso facto recibí una simpática llamada (así como BHL) de una desconocida factótum y neo-excesiva: mi colaboración había cesado por motivos únicamente presupuestarios, como era de suponer. Pero, obviamente, se me llamaría a la menor oportunidad o nocturnidad para “gozar de mi magistral pluma”. Llamando a la compasión, pensé en el verdadero maestro: Schopenhauer.

Escribía terceras en ABC cuando en julio de 1967 las autoridades me incomunicaron en la cárcel de Carabanchel. Un tercero se comunicó con mi mujer para anunciarnos que ABC había prescindido de mi terciar por demasiado caro, dijo sin perder cara. Pero, obviamente, aún más duro, me llamarían cuando se presentara la ocasión. Ocasión que se presentó veinte años después.

Desde hace quince años, y desde los cerros de Úbeda, viviendo en las alturas a mi aire, publicaba los domingos en El Mundo (hoy del mutis).

Usted conoció mi reciente negativa a firmar el “Manifiesto por la lengua común”. Negación que provocó las consecuentes o inconscientes reacciones e incluso coacciones.

No me enteré que “mi” media página del domingo 21 había sido eliminada hasta llegada la noche y en coche. Y leyendo los mails de espontáneos o coetáneos. En vista de ello le envié al responsable de la sección, “este mensaje de un periodista, entre otros, al que no sé responder”; y al día siguiente: “siguen cayendo messages, sages et non sages, sobre el interruptus; perplejo aunque añejo”.

El lunes, por fin, recibí una llamada del responsable de la sección (si cabe más cordial aún que la desconocida de “Exceso”). Me anunció la supresión (sin presión alguna) de mi “colaboración” a causa de los primos de las hipotecas y las “sub-prime”. Pero, obviamente, se me llamaría a la menor oportunidad para contar (¿y cantar?) con “mi voz excepcional”.

Obviamente, a mi juicio, mi fulminante desmundanación de sopetón y por sorpresa (por un recadero de mi ex-supongo-amigo director) es debida única, exclusiva y positivamente a mi negativa a firmar el “Manifiesto por la lengua común”.

Sin comparar lo incomparable. Ante estas cosas de ocaso (y sin que venga a cuento en este caso) suelo pensar en mi padre. El día 17 de julio de 1936 fue encerrado, solo, por sus solícitos compañeros en el cuarto de banderas de un cuartel de Melilla; para que se lo pensara, pues arriesgaba ser condenado a muerte por rebelión militar si no se adhería al “alzamiento”. Una hora después el teniente Fernando Arrabal llamó a sus ex-compañeros ¡ya! para decirles que no necesitaba reflexionar más. Gracias a ello hoy…

Me toca, como a menudo, ser testigo, ejemplo o símbolo de lo más trascendente de lo que ahí sucede. Yo que sólo soy un desterrado y un despistado. Si se me saca de mis idolatradas cifras, mi pista me lleva al desconcierto ¡y sin orden! No quiero ser un chivo expiatorio, sólo quiero (a mis 76) expirar vivo, cuando Pan quiera.

ARRABAL

Comentarios

1 comentario en el artículo “Amados de la Generación XXII (y .net)”

  1. Marcos en 10-Diciembre-2008 12:09 pm

    Está claro que la libertad de expresión no existe, y está condicionada a la sumisión a los cuatro magnates de la prensa.

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