La deriva en los espacios abandonados, I

todo en la vida es un borrador, cabos sueltos, todo cabos sueltos… siempre existe una canción, son retazos, una imagen, un reflejo en una mirada, un sonido que nos transporta a otra época, que a veces define nuestros sentimientos y se convierte en parte de nosotros, como un algo que soslaya nuestro vacío, y pensamos que calma nuestro desasosiego, como apósito que se nutre de nuestra desesperación, la saca de nosotros y, al compartirla, nos libera de ella… pero, a veces, no la escuchamos, no vemos ese reflejo, nada nos saca de nuestro sufrimiento, nada es sincrónico, el muro de sombras proyectadas nos arroja al abismo, esa espiral donde desaparezco…

… fue uno de los primeros dibujos que recuerdo, periódicamente regresa a mí esa imagen arquetípica de soledad, todavía me persigue, pues ahora sé que al dibujar aquello empecé a huir de mí, y al desconocer por dónde, lo hice hacia mí, encerrándome, empequeñeciendo mi mundo, comprimiéndolo hasta que hoy, intuyo, sólo soy un kit al que le faltan piezas, perdidas en ese camino de introspección, de comprensión, que descubrí al iniciar la huida, pues fuera nadie me enseñó cómo afrontar esos momentos, de hecho, pensaba que los desconocían, y en mi desesperación cerraba los ojos y aquello me calmaba, unos instantes en los que me soñaba abriendo nuevas derrotas, pues si en nadie encontraba consuelo era porque era un territorio sin hollar, pero en la oscuridad el suelo seguía temblando, o era el bombeo de mi corazón, aún no lo sé, me ha vuelto a suceder al cruzar un puente esta tarde, todo se movía y al intentar aferrarme a la barandilla me he visto, otra vez, reflejado en una mirada que huye, que todo se lleva consigo, y he vuelto a cerrar los ojos al sentir que me había dado alcance, que cada vez que me paro todo lo que he dejado atrás me empuja y arrastra hacia el agua, ese momento en el que sólo ves un reflejo en la demolición, un algo que se engarza a esa realidad que desaparece durante unos instantes, reflejo que es sincrónico, cuando todo se derrumba y que, al abrir los ojos, te lleva a otra época que sigue siendo la misma aunque todo en ti continúe siendo nuevo, pues sigues sin encontrar nada a lo que asirte dentro, y todo oscila como ese lápiz staedtler al dibujar algo tan impronunciable como su nombre, pero que, sobre el papel, era como una güija que no encontraba letra y todo lo emborronaba, como el gráfico de un sismo, un ruido monitorizado, una psicofonía en un idioma desconocido, el nombre de un dios lejano, la deriva en un laberinto por el que empezaba a adentrarme, el rastro de mi huida, la que me lleva a una casa en la que ya todo son sombras, frente a un espejo, un reflejo de mí que intento aprehender sin conseguirlo, preguntándome por qué algo inmaterial hace tanto daño, por qué siempre me regresa al mismo punto, allí donde empecé a dejar las huellas, las de la huida, las que intento limpiar echando un poco de vaho en el cristal, y a través de él ver cientos de caminos truncados, los cabos sueltos de mi paso que yerra, los que surgen a la par que mi imagen se difumina entre la niebla, mis ojos que se pierden entre ella, que me llevan hacia esa mirada que un día intenté dibujar, perdida en la mar, sin ver camino de luz hacia un sol lejano, ese que parecía una calavera con aura de rayos que, al crecer sobre el papel su luz de grafito, todo lo emborronó, y al romper el dibujo en mí quedó esa niebla frenética que me difuminó, acabó tachándome, como me tacho en el espejo, ese que tantas veces rompí por no saber cómo escribirlo, cómo dibujar aquello que está en movimiento al derrumbarse, pues sólo soy una grieta que se agranda y gana la nada entre la niebla al disociarme, no hay nada que indique la salida en este laberinto de reflejos por el que huyo dando vueltas, presumo, esperando en mí otra noche desconocida, aunque sea siempre la misma noche en la que no me conozco, perdido en los reflejos, sin creer ya en la emoción del camino, sin haber creído nunca en los neones que distraen la mente de la búsqueda de la salida, quizá allí por donde entré en algún momento, sigo buscando, antes del fin abrupto del camino, ese precipicio por donde se arroja Occidente, en donde caemos girando como peonzas sobre nuestro eje solipsista, pues soy parte de la generación al final, la última si no hace algo, busco la salida tirando del hilo roto, fragmentos de una huida, reflejos que son agujeros de gusano, trozos del capullo de seda en donde olvidé los colores, construirme unas alas, cabos sueltos que son indicios, que me llevan a esa época en donde nada fui, y sin embargo me pesa, pues odio el silencio del encierro, allí donde no me dejé crecer, la deriva entre los fluidos, los espacios que abandoné de mí mismo, los que recupero ahora, poco a poco, intentando desactivar en mí algo, puede que el odio, no lo sé, el que me llevó a romper ese dibujo, por no saber hablarle a la soledad que siempre se ha venido conmigo, el único hilo común en este derrotero, pues al desactivar algo lo deconstruyes, lo construyes a la inversa, sabes, si lo logras antes de que todo en ti explote, cómo está hecho, cuáles son los caminos a desandar para llegar al principio, pues intuyes que principio y fin están unidos en el vacío, por ello ahora intento vivir ese camino antes de que todo estalle en mí, me desprogramo, lo intento, intento parar el tiempo en ese segundo que engaña, que te hace huir por los túneles, sacándote, momentáneamente, de tu miseria, pero sólo es otro laberinto de espejos en donde te difuminas, sí, parar el tiempo en el reflejo al romper el espejo, que sea él quien se lleve tu imagen antes de que se reflejen tus trozos cayendo, aunque caigan en ese momento, quizá se lleve tu imagen entera y él será los trozos y podrás salir del reflejo, quizá el de la explosión, allí se juntarán los cabos sueltos, cuando todos sean uno, algo,

nada


Gala Drag Alcorcón. Viajando a otros mundos.

Ayer tuve la ocasión de asistir a la I Edición de la Gala Drag de Alcorcón. Y he de decir que me alegré sobremanera de aprovecharla porque la ocasión la pintan calva y no hay mejor manera de vestir una calva que con una gran peluca drag que poder arrancarse dramáticamente en el momento adecuado.
Entre [email protected] participantes estaban Divax, triunfadora con unas plataformas como para tocar la luna; Vetada Bandolera, que obtuvo accésit con un magnifico traje de novia al que le siguieron dos rápidos cambios; La Marquesa de Sade, con un modelo que hubiera hecho rabiar de envidia a la Madrastra de Blancanieves y una sorpresa años veinte, que también obtuvieron accésit; Inés-Perada, con un elegante numero sobre los musicales y cambios sorprendentes en el escenario; entre otros como Botox o Violet Carson.

La gala estuvo presentada por La Terremoto de Alcorcón, ya que, por mucho que ahora resida en Mallorca, no hay símbolo más pop ni mas drag de este municipio. Su humor, equilibrio perfecto entre las formas gruesas y el ingenio rápido, amenizó con gran inteligencia el evento.

Entre las actuaciones, el también alcorconero David Non Guilty; las drags “Bandoleras” con un número de Princesas Disney que parecía la réplica moderna de las casadas de “La corte de Faraón”, una fantástica mezcla del humor chirigotero y el glamour de las Palmas; y los bailes de “Ponte Guapa”, gimnasio-escuela de baile de nombre jamás tan apropiado para ocasión como esta, con un dinamismo de nivel.

El certamen fue mucho más que entretenido. Una primera edición donde tuvieron su porción la inteligencia la vistosidad, el ingenio, la música, el baile, las plataformas (por supuesto), las pelucas (¡faltaría más!); los cambios de ropa con vestuarios de infarto; y el mejor de los espectáculos… Y todo ello me hizo pensar sobre el trabajo que se realiza para llevar toda esta fantasía a la gente. Toda la labor que se esconde tras unos números que no son valorados en su justa medida por todos los públicos. Me hice una pregunta que se ha lanzado muchas veces al aire, ¿qué es realmente una drag?

No soy ningún experto en el tema, pero diría que una drag es un producto para el espectáculo. En ese espectáculo hay elementos imprescindibles y otros que también se esperan pero que quizá no forman parte de la definición por sí mismos. ¿Es el transformismo o el travestismo uno de ellos? Más diría lo primero que lo segundo. Una gran transformación es precisa, pero no tiene por qué ser en mujer, los seres extraordinarios que vemos moverse por el escenario tienen un género confuso, ¿importa acaso su género? Yo creo que no. Están por encima del género. El Arte siempre lo está. Sin embargo sí es necesaria la música con la que una drag se mueve. Una música en la que cabe mezclar modernidad con “clásicos” del cabaret o del pop, incluso heavy o rock, aunque estos ya son últimos avances en el mundo drag. Una música que puede ir acompañada de frases en off de películas o espectáculos bien reconocibles para el público o que inciden en la actuación de forma significativa. Esas irrupciones deben tener una importante carga de humor, bien sea ácido, bien sea blanco. Pero humor. Porque este es otro de los elementos comunes de una actuación drag que se precie. Y el humor, que duda cabe, exige inteligencia. Otro elemento que define a la drag es el aspecto “espectacular”, basado tanto en maquillajes de fantasía como en pelucas imposibles y trajes que van de lo femenino extremo o lo imposible –capas inmensas, faldas como carpas de circo, corsés de materiales insospechados-; y mención singular de ese aspecto hay que hacer de las plataformas. Cuanto más altas mejor, y no sólo por la habilidad que exigen para moverse llevando semejantes alturas, sino porque la altura aporta vistosidad al conjunto, medidas sorprendentes, y una vez más, espectaculares. Porque de eso se trata, de dar espectáculo: vistosidad, color, humor, música y una combinación explosiva de todas ellas.

Basta ver un camerino para saber las horas de trabajo que lleva un solo número de [email protected] [email protected] Trajes, maquillajes, pelucas, CDs, maletas y muchas ganas de brillar con todas las lentejuelas, brillos y purpurinas posibles y no posibles. Hace falta mucho talento, y no sólo mucho valor –para enfrentarse a las críticas y a la incomprensión de mucho público- para hacer todo esto. Hace falta la inteligencia con la que coordinarlo todo, la cultura musical y visual (las canciones vienen a ser de las divas del pop nacional e internacional, o mezclas de house y techno, pero no siempre; y a eso hay que sumar las entradas de películas o programas televisivos que ponen la nota de humor), el conocimiento de la costura para montar esos trajes que no pueden encontrarse en ninguna tienda (o bien el dinero para pagar a quien los diseñe y los ejecute), el equilibrio para no matarse sobre esas plataformas, la energía para llenar un escenario, la ciencia del maquillaje, y muchas ganas para coger todos los bártulos e ir donde se puede tener un espacio para brillar y asombrar.

En un momento en el que se habla del ingenio y del trabajo para salir de la crisis no puedo dejar de alabar todo el despliegue de medios e imaginación para construir las fantasías con las que podemos escapar de nuestra vida cotidiana hacia mundos desconocidos, que existen solo en las mentes de [email protected] privilegiados seres, hasta que quieren compartirlos con nosotros.

Ya estoy deseando que llegue el próximo viernes 17 para ver La Gala Drag Queen de las Palmas de Gran Canaria. Será a las 21:00 horas y el mundo volverá a hacerse más variado, grande e ingenioso. Como durante la tarde-noche de ayer. No puedo esperar a seguir viajando…

15M(155)+15O(1510) 1665 = EN EL UMBRAL

11-febrero-2012 · Imprimir este artículo

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A una sociedad burocrática de consumo dirigido como la nuestra, donde las distinciones entre lo público y lo privado son tenues y en la cual la desnacionalización, junto con una estatificación creciente y la aculturación, son la regla, no le podía corresponder otra cosa que un disenso manufacturado. Disenso forjado en el espejismo de un pensamiento débil, fragmentario, que propone una horizontalidad de principio articulada en torno a una gramática del consenso elaborada en los laboratorios de las agencias de seguridad. Utilizando a plena luz del día todos los recursos del marketing que, combinados con la ignorancia generada por nuestro sistema educativo y la omnipresencia de los Mass Media, da como resultado algo similar al Control Mental. La Campaña de Manos Blancas y las, supuestamente espontáneas, manifestaciones del 13 de marzo del 2004 forman parte de este itinerario experimental. Siempre habrá suficientes ovejas entre las buenas gentes de la mega urbe para jugar a las hormigas: rojas, negras, verdes, de todos los colores, revolcándose en revoluciones ficticias y “causas justas”.
La ausencia de líderes considerada como virtud, la propuesta demente de un pensar global y actuar local, tan caro a los designios de las clases dirigentes claramente empecinadas en forjar unidades de poder cada vez más vastas de corte neo imperial y planetario, así como la propuesta como dogma de la no-violencia, componen un cuadro distópico y tergiversado de la oposición potencial a un sistema que utiliza todos los recursos a su disposición para proponer un totalitarismo cada día más visible e implacable. Eso sí, presentado como única respuesta humanista posible a las problemáticas más variadas. Sin olvidar la declamación deleznable y divisiva sobre los ideologemas de las políticas de genero, vector nutricio del imperialismo más irredento y de una nueva forma, muy peligrosa, de totalitarismo. Y a todo esto se tiene la desvergüenza, o el acierto propagandístico, de llamarlo: cerebro colectivo.
La repercusión, nada casual, en los medios de comunicación de masas y la apelación intermediadora de las redes sociales, articuladas en torno a lo audiovisual y lo electrónico, dejan pocas dudas del carácter teledirigido del movimiento 15M/spanish revolution. Entre nosotros: ¡menudo nombrecito!
Propuestas teóricas inanes, políticamente correctas, infantiles y utópicas, alejadas de las problemáticas reales de la vida colectiva e individual, revestidas de una estética supuestamente alternativa, no menos espeluznante de la que sufre la sociedad circundante, solo preludian la impotencia práctica y la consecuente manipulación del proceso tras los bastidores. Canalizando hacia marchas agotadoras y absurdas, mediante eslóganes simplistas, una disensión válida y real. Inteligente remedio a una posible insurrección generalizada que pudiera actuar fuera de lo previsible y domesticable. Tenemos una izquierda, peón de brega esencial de la estrategia antes citada, que sigue siendo el reservorio sociológico predominante en esta dinámica “quincemayista”, cuya connivencia con los hegemones financieros foráneos y autóctonos ha quedado más que patente con los ocho años de zapaterismo. Una izquierda que, tras perder las elecciones, convoca multitudes para solidarizarse con personajes tan poco ejemplares y banales como el juez Garzón.
Sin olvidar un presunto mundo alternativo, compuesto por gentes que no ven más allá de sus narices y de lo que les proponen los fabricantes de opinión más variados, solidario con montajes fascistoides como los que tienen lugar en el Norte de África y Oriente Medio. El panorama por ello no puede ser calificado más que de tragicómico.
Sin contar con la devastación de la vida cotidiana en las grandes urbes, entre las que se encuentra Madrid: supuesto epicentro planetario, como impunemente nos propone un librito alucinante, de un proceso emancipador de corte global. Lo mínimo que puede exigirse a quienes participan en esto es mirar alrededor suyo y proponer alguna reforma tangible y exitosa que ponga coto al entrópico horizonte de esta concreta ciudad. Pero para ello sería preciso pensar y actuar de modo local, con inteligencia y contundencia, más allá del sectarismo de la extrema izquierda y de la lobotomización asumida como obligada y natural por los entornos alternativos vinculados a la Nueva Era. Un nuevo budismo que amenaza Europa, diseñado concienzudamente en California.
Tanto las momias como las organizaciones no gubernamentales, engendros en la mayoría de los casos al servicio de designios y diseños transnacionales de carácter mundialista de corte neo colonial, buscan que todo cambie para que nada cambie. Mientras los tártaros afilan en secreto sus espadas; benditos sean el fuego y el hierro de su cada vez más cercana llegada
Como decía Thomas Jefferson, y con esto termino a modo de aviso para navegantes, no puede esperarse que los hombres sean trasladados del despotismo a la libertad en un lecho de plumas.

Madrid Nocturno. Madrid Literario.

            Un día que empieza con una obra de arte en las portadas de varios periódicos de tirada nacional se convierte ya en una jornada excepcional. Lamentablemente siempre es del mismo (parece que sólo Leonardo hubiera sido un hombre del Renacimiento, que hubiera existido ni Leon Battista Alberti, a veces ni siquiera Miguel Ángel). En cualquier caso la mañana empezaba con una imagen de Arte donde suele haber muerte, hambre, catástrofes, guerra, vulgaridad o política de escasa altura. Era un comienzo soberbio.
            Y luego el frío, ese frío intenso, ese aire fino que, traspasando el cuerpo (parece que lo hiciera) me devuelve a la conciencia del pequeño trozo de masa corpórea que realmente soy, barro, polvo mojado por el líquido inconstante y caprichoso de la sangre, diapositiva repetida que emula el movimiento. Un viento que “barría” la noche de Madrid y me permitía encontrarme con la ciudad en la belleza de la noche, desde el fantástico Quevedo sobre su pedestal de musas, mirando a la calle Fuencarral y dando la espalda a Bravo Murillo, con las vistas generosas de las anchas calles y la fuente parada; hasta el Antiguo Hospicio, recientemente reformado, con su barroca fachada digna de la mayor de las imaginaciones.
            Tengo, desde hace años, la idea de empezar una serie de artículos sobre las bellísimas esculturas que adornan esta ciudad, pero luego la pereza o la vorágine de una vida que quiero que dé para varias, me puede, y dejo un proyecto tan grande siempre para un mañana que espero que no se eternice. Pero cuánta historia contenida en estas obras de los olvidados artistas como por ejemplo el soberbio Agustín Querol o el emotivo Ángel García Díaz… La tarea de este tipo de genios ha sido eclipsada por la omnipresencia de la pintura, pero su contribución a las ciudades es mucho mayor de la que pensamos habitualmente.
            El destino de mi paseo no era otro que la presentación de dos libros: La sexagenaria y el joven de Nora Iuga e Interior de Constantin Fântâneru, presentados por Gustavo Dessal, Alberto Estévez y Miguel Ángel Alonso en un entorno con exquisito gusto como es la Librería Tipos Infames, Libros y Vinos, situada en la castiza calle de S. Joaquín. Empezaré por hablar precisamente por el entorno que proporcionaba el lugar: paredes blancas, cristal, estanterías, libros, mesas blancas, sillas blancas: todo un entorno de luz y claridad que contrastaba con el rojo oscuro, con el negro rojizo de los vinos y sus botellas. Un magnífico lugar para adquirir un libro, pedir una copa de buen néctar y empezar a leerlo allí mismo, sin esperar a llegar a casa, con la impaciencia del niño que siempre se es cuando se inicia una lectura, cuando se está a punto de descubrir un nuevo mundo, el que constituye el otro, el escritor. En el sótano también una sala de paredes blancas, impolutas, con una exposición de cuadros contemporáneos pero figurativos. Óleos con la suavidad del pastel en los contornos y algunas narraciones contenidas en ellos: personajes que ven con sorpresa cómo una mano los pinta y les pone un fondo, hombres que parecen salidos de un cuadro de Sorolla por su vestimenta y la luz, pero que van hablando por el móvil, una familia “en torno” a unos papeles sobre la mesa… La Literatura estaba en el ambiente.
            Durante la presentación sabias palabras de sutiles lectores con amplios y profesionales conocimientos sobre el alma/psique humana y un editor (tres editores) a quien deseaba conocer cara a cara desde hacía tiempo. La Editorial que organizaba el evento era El Nadir, una de esas a las que me gusta volver de forma fiel por su apuesta por libros diferentes, por terminar de hacer mortal la pirueta de una profesión “destinada a desaparecer” como decían ayer mismo los presentadores. El editor, al que llamaré B., con unos ojos que miraban hacia un horizonte muy lejano hablaba de “reparar olvidos” sobre cierta Literatura centroeuropea como la rumana, buena Literatura, pero considerada “marginal” frente a la reputada obra húngara. Ah, cuántos “viajes” no habré hecho yo de la mano de estas publicaciones, incluido el que realicé a las cruzadas protagonizadas por niños, hacia una Jerusalén nunca tan real aunque fuera imaginada… y a una Transilvania rural y costumbrista.
            Cuando uno de los presentadores, con su voz y su entonación de radio dice, leyendo un fragmento de la obra: “Siempre me ha gustado hacer el amor con los ojos y las palabras” siento que me ensancho por dentro. ¡Tengo que leer a esa autora! Un poco después extrae otra perla del libro: “Es estupendo poder decir todo lo que se te pasa por la cabeza al lado de otro. Es como estar solo sin estarlo”. No es una obviedad, es una valiente confesión, una honesta y valiente confesión que también tiene que ver con el viaje interior que se hace en los viajes. Viajo de las palabras a las imágenes que me rodean, las cabezas de los asistentes al acto, las risas compartidas. Hay un ambiente literario… aunque la magia se rompe cuando se termina la última de las tres voces que presentan para dar la palabra al público. Nadie pregunta. Nadie comenta. Los críticos han dejado un nivel tan alto de análisis que da miedo decir nada, resultar obvio, decir una necedad…
            El silencio se hace dueño, por un instante de la situación… y maduran las palabras, encuentran su engarce en el momento para que luego pueda mascarlas, contemplarlas mientras el frío viento de la noche sigue limpiando las calles en las que apenas me cruzo con veinte o treinta personas en un paseo de veinte minutos por el centro de la ciudad, un centro urbano que siempre me ha enamorado y que lo sigue haciendo cada vez que miro uno de esas terrazas acristaladas de la Glorieta de Quevedo, con su hierro forjado, reflejando desde las alturas la noche –hoy algo más silenciosa que de costumbre- de este Madrid invernal. Paseo como en una especie de nube, hacia mi cálida casa, observando la belleza de la arquitectura de ciertos rincones, balcones, ménsulas, atlantes, pequeñas torres y fachadas, mientras resuenan los ecos de esa presentación en la que una treintena de personas llenaban la sala (y la totalidad de las sillas, hasta obligar a algunos al suelo o a la posición erguida, como quien se levanta en la misa para los momentos sagrados, o como quien contempla un lienzo centenario de belleza atemporal). Estoy ebrio de Literatura, ya que no he probado el vino, y me tambaleo mentalmente de camino a casa, de una reflexión a otra, sabiendo que la soledad y el silencio de este paseo terminarán en breve.
            Cerraré con otra sentencia extraída de La sexagenaria y el joven: “Más allá de las glándulas todo es Literatura”.