ALOCUCIÓN

Ninguna vía de reintegración puede tener preocupaciones de orden político; los revolucionarios no intentan escapar a su propio condicionamiento; al contrario consideran que el peso de la sociedad no es bastante grande que hay que aumentarlo.

Nos sometemos a lo que suscitamos en la medida que nos identificamos con ello.

Postularse en la indiferencia es mucho más emancipador que proponer una indignación teledirigida y mendaz.

“Dejad de ser monos o descendientes de monos y abrazad vuestra serpiente interior. Nada es eterno si estáis muertos.”

La condición humana, la del Último Hombre, es la condición de los imbéciles.

Basta con cerrar los ojos.

El fotógrafo llegó antes.

El fotógrafo llego antes, y al poco lo hizo el escritor. El estudio era estrecho, bien equipado y estaba situado en el centro de la ciudad, casa antigua reformada con una asepsia incapaz de borrar los vestigios de encanto pasado como la chimenea no tapada o el enrejado de los balcones de lo que había sido el salón.
Al poco sonó el timbre. Era la maquilladora con sus ojos grandes, de un verde complejo, futurista, gatuno y oliváceo al tiempo. El último fue el modelo, con gesto de haberse perdido, algo azorado pero puntual.
El escritor miró al modelo: la envidia.
La cosa empezó de forma ágil. El fotógrafo recordó a la maquilladora lo que habían hablado sobre los efectos que se debían conseguir y ella empezó a trabajar con destreza de pintora, como un Anguissola que pintase un retrato del monarca sobre un rostro en lugar de sobre una tela.
La maquilladora miro al modelo: la concentración.
El fotógrafo miro a la maquilladora: el escrutinio.
El escritor miro a la maquilladora: la envidia.
El modelo cerro los ojos.
Una vez listo el estilismo se empezaron a hacer pruebas de luz. Fotómetro por aquí, focos por allá. Alturas, ángulos, fondos, sombras, perspectivas… un muestrario de luminosidades capaces de multiplicar la realidad.
Se colocó la cámara y empezó a enfocar. El fotógrafo miro al modelo a través del aparato: la búsqueda.
El modelo miro a la cámara: el camaleón.
La maquilladora miro al fotógrafo: la curiosidad.
El escritor miró al fotógrafo: la envidia.
Después de unos cuantos disparos procedieron al primer cambio. El modelo quedó medio desnudo, vaqueros y tirantes sin camisa. La cámara lo miró: el chispazo.
Tuvo que cambiar mucho los materiales para darle el aire que un estilo de ropa mucho mas antiguo exigía, mezcla de cine mudo y dandi muy masculino. Afortunadamente siempre llevaba un maletín grande con sombras y maquillajes muy distintos capaz de dar matices muy variados. La maquilladora miró al modelo: la satisfacción. El modelo miró al espejo: la sorpresa.
Las últimas fotos resultaron muy especiales, una mezcla de osadía y siglo viejo. El fotógrafo miró al modelo: la felicidad.
Se despidieron amigablemente. La envidia me hizo escribir este cuento.

El control del déficit público

14-enero-2012 · Imprimir este artículo

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Tras mucho tiempo donde se exhibía la defensa del gasto público para reactivar la economía, hemos llegado a una situación en la que se impone el control del gasto público. Ahora estamos ante una realidad donde se observa el efecto distorsionador y peligroso de los déficits sostenidos.

La relación de apasionados defensores del gasto publico sería muy extensa. Si Dorothy Pickles afirmaba que “nada triunfa tanto como el éxito”, también se podría decir que nada atrae más apoyos y simpatías que realizar el gasto público. Al gasto público no le han faltado nunca verdaderos entusiastas. Y no era sólo patrimonio de una posición política. Sería una reducción injusta relacionar el afán por el gasto sólo con una posición política o ideológica.

El problema del gasto público recuerda algo que contaba Anatole France con sentido del humor, lo que le ocurrió a la bella Analise de los Goncourt, que fue a inscribir su matrimonio en el registro civil y el funcionario que la atendía le preguntó el nombre del novio. La bella Analise respondió con ingenuidad, «¡Ah!, ¿pero eso no lo pone la municipalidad?»

Los excesos y descontrol del gasto nos han traído a una situación en la que es imposible mantenerlo. Como decía David Hume, “La causa más simple y mas obvia que puede asignarse a un fenómeno es probablemente la verdadera”. Resulta llamativo que muchos que han exhibido su pasión de gasto público con proyectos faraónicos e innecesarios, ante la realidad adversa, crítica y peligrosa que vivimos no tienen el coraje de decir “sí yo también impulsé tanto despropósito”. Los errores en la política nunca parecen tener paternidad conocida.

Los que antes eran firmes defensores del gasto público guardan un discreto silencio. Lo que demuestra que es más práctico y realista juzgar las posiciones políticas por sus hechos. Y la cuestión de la proclividad al gasto público es una nota reveladora de las verdaderas pasiones políticas que se mueven. Platón y Aristóteles ya advertían de los peligros de los demagogos. El gasto y su defensa es un factor distorsionador de las posiciones políticas, ya que permite encubrir bajo su manto la realidad efectiva de la posición política. [Seguir leyendo...]

La deriva en los espacios abandonados/sombra.1

No podías desfallecer. Las cosas se estaban poniendo chungas. Los demás ganaban terreno. Tenías que dar el paso. No sólo sería un golpe de efecto. Era necesario, vital. Decidiste consultarlo. Una pasta pero merecía la pena. Llegarías desde atrás, les rebasarías dejándoles clavados. Mirándote el culo. Como ese ciclista en el Tourmalet. Buena táctica la del psicólogo. Te había felicitado. Por fin habías asumido que eso te hacía sufrir. No podías permitirlo. Nunca más te sentirías ninguneado. Se iban a enterar, sí.

Te costó un poco ir verbalizándolo. Seleccionar a los afines. Es un paso muy importante en tu vida, necesitas el apoyo de los tuyos. Huye de las críticas, eso te dijo el psicólogo. Así lo hiciste. ¡Dios! Qué cambio en el espejo. El rictus de los elegidos. Como esa luz que ilumina el rostro del héroe en las películas. Los más avezados del curro lo notaron. Alguna taquillera te preguntó pero no dijiste nada. Hasta la gerente te miró con incertidumbre. Bien. El terreno estaba abonado. Pronto, todos querrían saber tu secreto. Lo dicho, ibas a ser el puto rey.

Lo demás fue fácil. El psicólogo te envió a un amigo suyo. Un profesional. En los foros hablaban maravillas de él. El crédito de quince mil euros te lo metían con la hipoteca. Los bancos son los benefactores del estado del bienestar.

Pediste todas las vacaciones juntas. Nadie se opuso. Más horas y más dinero para los demás. Aunque ibas a necesitar más tiempo. El psicólogo te dio una carta para el de cabecera. O eso o una depresión. Coló. Ibas a estar jodido unos dos meses. Tres días en la clínica. Dormir boca abajo. Una semana y pico sin sentarte. Cinco semanas sin poder moverte. No fuese a ser que se desplazase. Tenías que hacerlo bien. De esta te nombraban jefe de equipo, seguro. Ya te veías manejando información. Reunido con la gerente. Y treinta napos más todos los meses. Hacer tú los cuadrantes. Que te la chupasen para conseguir días, ¡Dios!, eso: dios, así te veías.

Estabas nervioso. Deseabas volver al curro. Horas y horas delante del espejo. Ensayando todas las posturas. Había quedado de puta madre. Bueno, tenían que mirarte la cicatriz. Y quizá, te parecía, uno había quedado más bajo. Algo natural, según el médico. Depende de la musculatura. Pero con el uniforme quedada de lujo. Acojonados se iban a quedar.

El día del alta, fuiste directo a saludar a las chicas de recepción. Te apoyaste en el mostrador enseñando tu culo a todo el mundo. Pero nadie se fijó. Todo en ti se hundió menos las prótesis de silicona. Y así varios días. Nadie te miraba el culo. Como siempre, el psicólogo te dio la solución: decírselo a todo el mundo. Un lujo de tío… caro, pero un gurú.

El tema funcionó. Al principio, algunos se cachondearon, pero las opiniones femeninas prevalecieron y tuvieron que claudicar. Les habías ganado. Fue tema de conversación durante una semana. La hostia. Por muchos móviles, ordenadores y subwoofers con que contraatacaron, no te hacían sombra. Te habías postulado como el líder y, poco a poco, ibas teniendo una camarilla a tu lado.

Hasta que llegaste a mí y no te hice ni puto caso. No te pregunté cuánto te había costado. Ni los sacrificios que hiciste en aras de la sociedad. Ten cuidado con el jefe, a lo mejor quiere rebotar sobre él, te dije en broma, intentando, sí, quitarme a otro engendro de encima. 

Sabía que me había creado otro enemigo pero me daba igual. Nunca lo entendísteis.

Te hicieron jefe de equipo, fuiste feliz en el reflejo.

Han pasado diez años y me dicen que tienes problemas. El paro, el banco que se ha quedado con todo. Los sucesivos implantes de silicona podrida te han jodido, y bien. No pregunto más. Quizá ahora sí necesitas un psicólogo. De los de verdad. Lo siento, tío. Sólo eres una sombra en estas calles abandonadas.

Y EN EL FIN DEL MUNDO TODOS

Veo una foto por internet en el que varios indios amazónicos, muchos de ellos con espectaculares tocados de plumas, indicando con orgullo que son reyes y jefes de tribu, aparecen con cara de sorpresa. En el centro de la imagen, uno, más anciano que los otros, cabizbajo, tapa su cara con una mano y en un gesto de congoja, llora. Es un jefe indio Kayapó y llora porque la presidenta de Brasil ha dado luz verde a la construcción de una planta hidroeléctrica en mitad de la selva amazónica, justo donde viven esos indios, y que anegará el equivalente en kilómetros cuadrados de la comunidad de Madrid. Más allá del dato o incluso del sentimiento de pena que nos puede generar (o no) una cosa es evidente: A esa gente le ha llegado su particular Fin del Mundo. No hace falta que lo diga Nostradamus, Los Mayas, el Horóscopo de Maria Teresa Campos o que un meteorito aparezca en los radares de la Nasa en rumbo de colisión con nuestro planeta antes verde y azul. Es su Fin. Y además por agua, como manda la tradición judeo cristiana. No se podía esperar otra cosa de un país dónde un enorme Cristo preside una de las ciudades más violentas y desarraigadas del planeta: Río de Janeiro. Por si a alguien le queda alguna duda, y si sobrevivimos al 2012, el Papa Ratzinger dará un concierto de los suyos por allí en el formato JMJ. Por supuesto, no hará nada –no lo ha hecho aún- por ayudar a esa pobre gente que será expulsada de sus casas y de su selva y de la que morirá contagiada por los virus de los que allí vayan en masa a trabajar en la fábrica o de aquellos que mueran hartitos de agua sin saber porqué, porque ni siquiera han visto nunca a un ser humano blanco. Pero eso sí, Brasil va bien. Es un de los países que más crecerá en el futuro y hasta está ayudando a la crisis de deuda europea… con el armario –en este caso la presa- llena de cadáveres…
Y mientras que estas cosas pasan hay gente que se pregunta si el Fin del Mundo es este año que acabamos de comenzar. El Fin del Mundo ha ocurrido ya, pero no nos hemos dado cuenta. Lo que pasa es que estamos distraiditos, como si fuéramos niños que no nos quisiéramos sentar a comer y nuestros papis nos pusieran la tele para ver si entretenidos con los dibujos animados dejamos de darles el coñazo y terminamos la sopa. Y esto que acabo de decirles no es un ejemplo baladí, es una metáfora mucho más real de lo que parece. Cuando la prioridad de todo el planeta, repito, de todo el planeta, es llegar a fin de mes, pueden pasar, están pasando, las pesadillas más infames. Y esperamos, con los ojos muy abiertos, que alguien mueva la varita mágica y saque no sé que mierdas de que infame chistera que nos devuelvan la fe en el ser humano o al menos algo de dinero a nuestra cuentas corrientes. E incluso votamos por esas opciones políticas, para, al poco tiempo, descubrir que no existe ni varita ni chistera ni conejo y que el truco nos lo conocemos de principio a fin. Es imposible que alguien nos devuelva el orgullo de ser humanos, el sentido común de una raza que se dice superior o que simplemente pare la inercia en la que nos hemos metido todos, de España a Brasil, porque hemos sido nosotros mismos los que hemos renunciado a esos valores mientras escuchábamos a otros decirnos que eran ellos los únicos válidos para dárnoslos. Ahora es tarde y esos cabrones nos han fastidiado pero bien. Y este es nuestro Fin del Mundo. Bienvenidos a él, porque hemos luchado mucho para alcanzarlo y no hemos parado hasta conseguirlo.
Quizás alguien piense que se puede hacer algo. A lo mejor si. Unas cuantas tribus de las que van a sucumbir al agua han dicho que se van a levantar en pie de guerra. Supongo que será más bonito morir cuando tu lo elijas defendiendo lo justo y lo tuyo que cuando otros te lo impongan en aras a hacer un mundo “más feliz” a las agencias de calificación. Ese si que será un gran Fin del Mundo.
Enrique Freire

Locución de Federico García Lorca

 

Locución de Federico García Lorca al Pueblo de Fuente de Vaqueros (Granada). Septiembre 1931.”Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino …a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.

Limpieza de bajos/ La deriva en los espacios abandonados

Pre-ambulo entre sombras‭

El humo de la hierba se lleva las palabras.‭ Escucho. ‬Bebo.‭ Hoy me ha tocado el ciego autista, me temo. Algo me ha desestabilizado. Puede que tanta gente. O la colega que al abrazarme me mete mano. Supongo que para animarme. No sé qué transmito. Me da igual. Otro día desahuciado de mí. No soy capaz de hablar. Llevo toda la noche repasando grietas, algo se derrumba en mi cabeza.‭ Esa que no registra nada,‭ pues ‬sólo busca cerveza que todo lo arrase.‭ ‬Sin embargo,‭ ‬escucho…‭ ‬y sigo buscando en mí saliva con que escupir algún cadáver de entre los escombros.

Pese a todo miro a los ojos y percibo el miedo.‭ ‬Es algo atávico que reverdece entre restos de máscaras.‭ ‬Miradas de nostalgia se dirigen al retrete.‭ ‬Se van acabando las rayas continuas de la carretera,‭ ‬cada vez son más y más largos los espacios del vacío que decoraban…‭ ‬Es más,‭ ‬ya no existe carretera alguna. ‭ ‬Somos como zombis maqueados,‭ ‬recién salidos de la morgue.‭ ‬Oigo que la guerra siempre la han contado los cobardes.‭ ‬Y pienso en qué parte de mí es la más cobarde.‭ ‬Que se siente a escribir de una puta vez.‭ ‬Necesito acabar con esto, sobrevivirme:

No hacer nada es tan funesto como hacer mal‭; ‬pero es más cobarde.‭ ‬El más imperdonable de los pecados mortales es la inercia.‭

‬Eliphas Levi.

Estoy de pie entre el humo.‭ ‬Quizá sólo soy un cadáver que ha quedado de pie tras el derrumbe. Sin escupir.‭ ‬Satisfecho por haber donado otro día a la inacción. En ese momento ‬empiezo a hablar.‭ ‬No sé quién es el interlocutor.‭ ‬Pero a la vez que lo hago sigo escuchando,‭ ‬escuchándome.‭ ‬No conozco a quien habla.‭ ‬No me reconozco.‭ ‬Lo hace de otros tiempos.‭ ‬Tiempos que no recuerdo.‭ ‬Todo está distorsionado.‭ ‬Eso,‭ ‬lo tengo claro…‭ ‬Entonces,‭ ¿‬de qué estoy hablando‭?

Algunas veces he conseguido salir de mí.‭ ‬Quizá esa es la función de los enteógenos.‭ ‬Hacernos trascender,‭ ‬conectarnos con la divinidad que yace aborregada en nosotros.‭ ‬Esa que todo lo ve,‭ ‬todo lo escucha…‭ ‬y se descojona.

Y me veo rajando de un tiempo que no fue,‭ ‬de una novela que no escribí.‭ ‬De las sombras de unas imágenes que se deslíen en la niebla.‭ ‬Del vacío…‭ ‬el que existe en esos instantes alrededor del que habla, ‬pues yo ya no estoy con él:‭ ‬ese títere que se auto justifica,‭ ‬que es parte integrante de todo esto que vivimos,‭ ‬pues todo lo ha hecho por omisión,‭ ‬primero de sí mismo,‭ ‬como el hombre vacío,‭ ‬sin atributos,‭ ‬que anticipó Musil.

Me callo.‭ ‬Me toco los atributos, no vaya a ser que… uff, puta maría.‭ ‬Creo que alguien lo toma como una grosería.‭ ‬Me hablan pero ya ni escucho ni respondo.‭ ‬Me busco entre la niebla de polvo.‭ ‬Oscilo entre cascotes,‭ ‬no bailo.‭ ‬Tengo que hablar conmigo.‭ ‬Si me encuentro.‭ Si queda algo dentro de mi cabeza.‭ ‬Llevo demasiado tiempo evitándome.‭

Las palabras dichas,‭ ‬las que oí de mí,‭ ‬se están ulcerando en la masa de polvo y humo.‭ ‬Las pierdo.‭ ‬He de huir de la masa para recuperarlas.‭ ‬Las masas siempre están equivocadas.‭ ‬Lo decía el viejo indecente,‭ ‬tú,‭ ‬yo,‭ ‬todo aquel que sea capaz de situarse fuera de la visión general…‭ ‬coger un poco de perspectiva.‭ ‬Las masas están equivocadas pues,‭ ‬aun ciegas,‭ ‬siempre son dirigidas.‭ ‬Y sí,‭ ‬son cobardes. Aunque nunca escriben la historia. No lo sé. Una frase es una frase.‭ ‬Quizá lo único que tengo claro es que prefiero ser una anomalía.‭ ‬Sólo las anomalías distraen la monotonía.‭ La cambia. ‬Pienso que es muy difícil ser masa,‭ fingir que no se tiene una opinión, ‬ulcerarse y pudrirse hasta desaparecer. ‬

Al escribir siempre he sondeado en lo invisible,‭ ‬por ver‭ ‬ si encontraba algo,‭ ‬lo clarificaba,‭ ‬lo hacía palpable…‭ quizá ya estoy ciego. ‬Ese era mi propósito:‭ ‬aprender.‭ ‬No estoy aquí para nada más. Pero, ¿por qué pretendo racionalizar lo invisible?

Me fui lejos evitando esa pregunta,‭ ‬aunque sabía su respuesta.‭ ‬No resolví nada.‭ ‬Quizá,‭ ‬acabo de comprender,‭ ‬eso me compete sólo a mí…‭ ‬en cuanto me reúna…‭ ‬pues estoy perdido entre el humo de la hierba.

Todo imágenes difuminadas entre la niebla.‭ ‬Sombras.‭

Me las encuentro paseando en la noche.‭ ‬Las calles medievales son buenas para desdoblarse en un traspiés.‭ ‬O juntarse en el rebote.‭ ‬En ellas encuentro espacio para conversar con las sombras,‭ ‬las mías:

-‭ ‬Se puede vivir la vida como un hoax.‭ ‬Repítelo.‭ ‬Se puede vivir la vida como un bulo.‭ ‬Replicar un vacío infinitamente.‭ ‬Ocultar en la repetición la única verdad,‭ ‬la de uno mismo…‭ ‬su miseria.‭ ‬Hacer de una cadena,‭ ‬de sus vacíos replicados,‭ ‬la única verdad.‭ ‬Repítelo: eso es Occidente.‭ ‬Hacer del muro una simulación de avance replicando el muro donde encierras la única verdad: el vacío.‭ ‬Se puede vivir la vida haciendo de la ilusión,‭ ‬en su repetición,‭ ‬la apariencia de la verdad…‭ ‬pues todo nace de un engaño.‭ ‬Sin ti nada es verdad en la cadena.‭ ‬Repítelo.‭ ‬Se puede vivir la vida como un engaño.‭ ‬Replicar la nada.‭ ‬Decorarla hasta el fin.‭ ‬El fin de nada.‭ ‬Pues nada es verdad en la cadena…‭ ‬sin mí.

-‭ ‬Sin réplica.‭ ‬Pues ya está hecho. Soy hijo de occidente.

Esa es la respuesta del orgullo.‭ ‬El que me ha silenciado durante tanto tiempo.‭ ‬Creerme que todo lo que está pasando lo había visto en esa novela que hace diez años no escribí.‭ ‬Paso por paso.‭ ‬Y que no merece la pena escribir sobre algo que ya sé que iba a pasar.‭ ‬Lo repito:‭ ‬orgullo.‭ ‬El mismo que ha hecho que deje de sorprenderme y deje de vivir al dejar de aprehender la realidad.‭ ‬De la que me he exiliado.

Mi camino es solitario.‭ ‬Lo emprendí hace ya demasiados años.‭ ‬No sé escribir una historia apta para la masa.‭ ‬Soy parte de óxido y vacío de un eslabón de la cadena que no quiero que se replique.‭ ‬Por eso me lo repito.‭ ‬Nací en la última fricción,‭ ‬la canción de mi vida es un chirrido.‭ ‬Y busco algo de mí que no esté oxidado.‭ ‬He de seguir avanzando.

En estas calles frías,‭ ‬la niebla pronto será hielo en el que,‭ ‬quizá,‭ ‬algo de mí se refleje.‭ ‬Modulo palabras de niebla de alcohol.‭ ‬Llevo toda la vida buscando la puerta que me saque de la dimensión de esta realidad impuesta que se hunde a cada paso en mi cabeza.‭ ‬He abierto ya muchas.‭ ‬Las he olvidado como el tiempo se olvida a sí mismo al comprimirse en la resaca.‭ ‭ ‬Pero sólo conozco la niebla.‭ ‬Soy como el gozne que chirría al unir unos mundos que desconozco…‭ ‬pues no está en ninguno.‭ ‬Sí,‭ ‬la banda sonora de mi vida es el chirrido.‭ 

Son las cinco de la mañana.‭ ‬Hace unos días también eran las cinco de la mañana en Cuzco.‭ ‬Allí amanece.‭ ‬Los pájaros caen en picado en vuelo rasante sobre los tejados.‭ ‬Algunos me piden que me aparte.‭ ‬Estoy en la terraza de una casa desde donde se observa la plaza de armas.‭ ‬Cada tres minutos estalla un cohete.‭ ‬Retumba por todos los valles.‭ ‬Es eco que se expande y cuando regresa a morir estalla otro.‭ ‬El nacimiento y la muerte de los ecos se entrecruzan.‭ ‬Con el saludo al sol que despierta a los valles,‭ ‬se escucha el himno de la alegría.‭ ‬Lo canta un coro de niños en el patio de un colegio.‭ ‬La niebla cede ante la luz.‭ ‬Quizá sea esa la magia que busco.‭ ‬Hoy es el‭ ‬11-11-11.‭ ‬Es la Ciudad del Sol.‭ ‬Cusco.‭ ‬También la de Campanella.‭ ‬Pues es faro que irradia luces de diversos colores:‭ ‬su bandera es el arco iris.

Pero aquí,‭ ‬en estas calles,‭ ‬la niebla se perpetúa con el frío.

Estuve buscando.‭ ‬Necesitaba preguntar algo pero no lo hice.‭ ‬Al menos no me lo pregunté a mí mismo antes.‭ ‬Pero no buscaba respuestas.‭

Un puto año de silencio.‭ ‬Es así.‭

No supe que,‭ ‬pese a todo,‭ ‬y sin preguntar,‭ ‬se me había dado la respuesta…‭ ‬hasta esta noche.

Ahora sé que oigo pero no entiendo.‭ ‬Veo pero no retengo.‭ ‬No sé interpretar nada.‭ ‬Estoy desconectado del lenguaje de la Naturaleza.‭ ‬Así se nos achaca a los occidentales.‭ ‬Y tienen razón.‭ ‬Mucha razón.‭ ‬Y me duele escribir esto desde el lenguaje del raciocinio.‭ ‬Pues si no deseas desde el interior nada sucede.‭ ‬Estoy educado para interpretar,‭ ‬diseccionar y descomponer.‭ ‬Observar para destruir,‭ ‬no para crear.‭ ‬Apóstata de boquilla del dios científico que clona el vacío e impone máscaras.‭ Eremita en la cueva de nuestras magníficas neuronas, si alguna queda.‭ ‬Programado para pensar que en ellas está el dios que hemos matado.‭ ‬Que podemos replicarlo en el laboratorio.‭ ‬Pues nosotros somos los dioses, nos creemos.‭ ‬La sombra de los dioses, más bien.‭ ‬Y destruimos al destruirnos.‭ ‭ ‬Nos hemos equivocado desde el primer eslabón al vaciarnos.‭ ‬Desde que nos pudo el orgullo al creernos superiores,

somos una puta escoria cagada en mitad de un centro comercial, lugares comunes refugio de soledades decoradas, barras fluorescentes donde se lucen culos de silicona, culos que ahora se derriten, caras de payaso triste con maquillaje perpetuo vencidas por la gravedad, máscaras hinchadas, descompuestas, por el suelo, envoltorios que provocaron el cáncer en el vacío, es plaga en el suelo, el odio en sus ojos de cuentas perdidas, sombras, que buscan fuego para bailar con las llamas y desaparecer…

por ello, a veces es necesario prender el fuego, arder y desaparecer, tan sólo por ver si queda algo en el rescoldo de nosotros mismos y la suerte que trae el viento se lleva una chispa al infinito, algo, que nos regrese a nosotros mismos…

pero es más fácil estar tirado en la cama que aprender a hablar de nuevo, dejar pasar la vida con los fuegos fatuos de la propaganda del fin de todo, del fin de las máscaras, de todo si sólo somos eso, distraer el tiempo infectado, no hacer nada, arder en silencio y ser contagiado por el odio, sentir la pulsión de inmolar tu palabra para que todo reviente de una vez, eso es lo fácil, quemar los gritos como se quema un pedo, sentir la putrefacción y buscar tierra donde olvidarte, así llevo más de un año, buscando la palabra que es humo en mi garganta, sin intentar aprender a hablar de nuevo…


no todo es blanco o negro, yo sigo teniendo las mismas ansias que cuando tenía once años y escribí: ansias, ansias de colores, pero el tiempo me ha demostrado que lo mío es el gris azulado de la luna entre la niebla… aún así busco la luz primigenia para que se descomponga en mis ojos…

para beber del magma hay que bajar a los infiernos, lo hice con la Cámara de Niebla y el vacío casi me arrastra… los que nunca lo han hecho calientan agua y disuelven un sopicaldo, el estilo se aprende, cada cual a lo suyo, sabemos qué partes de nosotros estamos dispuestos a quemar, los hay que son unos virtuosos de la estética, interpretan y adaptan piezas ajenas de lujo, me quito la chota ante ellos, pero yo no puedo ser así, sigo buscando en mis entrañas el eco del grito de la primera hostia que me cayó, cuando todavía era alguien, sabía algo, estaba lleno…

quizá estoy equivocado, pues ya sólo tenemos estómago para los colorantes, y la palabra vacía yace muerta… si eso es así, no queda nada auténtico en esta sociedad… nadie…

Estáis llenos de nada,‭ ‬me dijo un Inca

hoy, el fuego ya está prendido, cada vez hay más exégetas ardiendo, muchos puntos de vista, eso es bueno si aprendemos, reporteros desde la plasticidad de la llama, gonzos a lo bonzo... bienvenidos, ahora puedo irme con el humo, pues como escritor soy antes y después de las llamas, como persona ardo en el lugar común del fuego, es mi hogar en occidente, y en eso ya sólo aspiro a las cenizas, pues seguimos en nuestra propia combustión interna, la luz del fuego no sirve, sólo ilumina ombligos untados con silicona putrefacta, y como observador me interesa el inicio y el final, la chispa y los rescoldos, lo demás es humo con el que me voy a otro inicio pues soy chispa y en mí llevo el fuego en el que ardo… simplemente, la exploxión no es uniforme… algunos hemos estallado antes…. ahora, manchamos con nuestras cenizas un espacio en blanco…

y sí, me equivoqué, nunca debí callarme, los gritos se ulceran, no soy poeta, no soy revólver, sólo tengo una cuchara de repetición oxidada y mucha montaña por delante para abrir un paso, voy solo, no me gustan las multitudes, algo me dice que cuando todos se unan, lo harán en lugares comunes delante de un pelotón de fusilamiento, en ese lugar común llamado matadero, o centro comercial, ya me es indiferente…

ya no me interesa el suicidio de los que no quieren mirarse en el espejo ni tan siquiera en el de las llamas, no somos niños castigados con escoria, el año que viene carbón, al siguiente una muñeca de vudú zombi, quizá una maquinita que rece los rosarios por ti, no, vienen a por nosotros, no quiero ser bueno si ser bueno significa sólo consumir, que me toque la lotería para comprarme un iphone-reloaded hasta el infinito, no, somos una sociedad de viejos vacíos absurdos y pederastas en botes herméticos viciados a punto de estallar, queremos poseer todo, primero lo que hemos vendido de nosotros, figurar sin ser, fantasmas abocados al baile de las llamas, es lo que buscan, saben que los borregos no reconocen la mierda al tragarla al tragarse, suicidaos, pues, si no sois capaces de cambiar el punto de vista, es trabajo de cada uno, ahora ya sabemos que los reyes hacen magia con el incienso y la mirra para decorar cadáveres, el oro se lo quedan, cada uno de nosotros es el circo el gladiador la bestia que se come a sí misma la hogaza el grito la miseria la sangre la decadencia el hambre la muerte el suicidio el fin que construimos con el día a día de sumisión al prostituir nuestra esencia… lo que ya no nos queda…

la revolución se hace con el tanto por ciento en que nos valoremos, el 99% es el rebaño mirando el prado de las rebajas a través del cristal, segregando saliva que no alimenta, la revolución empieza por uno mismo… las revoluciones programas por la mercadotecnia siempre han generado ismos y genocidios para seguir en lo mismo… bajo el yugo del uno por ciento…

creo que en occidente una vez tuvimos magia, nada que ver con lo que se compra en los mercados capitalistas, todavía la llevamos dentro, quizá un simple rescoldo en algunos ojos, no en los míos… es lo único que busco en mí… 

nos hemos empeñado en matar lo que de nosotros una vez nos hizo grandes y originales… y ese algo, como miembro amputado, duele, y los psicólogos del sistema sólo nos han enseñado a odiar y pisar a los demás para no seguir sufriendo en silencio por no ser tú mismo, pues nunca han enseñado al ser humano a desarrollar sus capacidades, a Ser lo que somos en potencia… no es socialmente correcto para quienes están por encima del bien y del mal… sí, ese 1%… sería la Anarquía… ya ves, qué miedo…

siempre es difícil ir a contracorriente, primero de una parte de ti… esa que te impele a mandarlo todo a tomar por el culo… o irte o callarte o suicidarte… es lo que buscan… para autentificar la copia han de hacer desaparecer el original, aquello que les recuerde que, quizá, nos hemos equivocado al vendernos a lo fácil… a lo que hace todo el mundo… el sendero de los borregos… si intentas disentir, los que tienen miedo al campo abierto vienen a por tí antes que los perros del amo… el uno por ciento no engaña a nadie, siguen su plan abiertamente paso por paso… los borregos saben que van a ir al matadero, les jode que alguien intente  buscar un hueco en el redil para escapar…


no han pasado los tiempos en los que he estado herido, lamiendo mis heridas en la trinchera… pero el encierro en uno mismo genera que los gritos que abortas se ulceren y las alambradas crezcan hasta que piensas en desistir, te sientes viejo, rodeado de ovejas ladrando y cadenas que te vas poniendo… corres el riesgo de entrar en su juego y empezar a odiar… no quieres, pero poco a poco empiezas a odiarte y, sin paradojas, nace el orgullo… es fácil seguir en el rebaño y creerte único y exclusivo… de hecho, todo el rebaño es así…

necesito coger distancia y la única distancia que conozco es la que tengo dentro… la que va desde mis entrañas a mi boca al vomitar sombras…

estoy lleno de nada, sí, tiene toda la puta razón‭ ‬el gachó feo, ese principio puede ser el fin de todo esto… solo soy el eco de un grito que no recuerdo, me duele la chota con tanto retumbe, soy como el sueño congelado de una bacteria inerte, o un gusano que se ahoga en el capullo habiendo olvidado cómo construir sus alas… sí, un capullo…

por ello no me quedan más cojones que levantarme si quiero avanzar, regresar a escribir sobre las brumas,‭ ‬como siempre… hacer en mí lo que tanto critico de occidente, por ver si queda algo de pólvora dentro, y en el fuego estallo y me najo y surge de mí otro eco que me enseñe a tejer unas alas para coger perspectiva…

continúo, pues, con esta Limpieza de Bajos…‭ ‬regreso a mí una vez más,

Volver aunque sea‭

para no tener que volver.‭

Sofía S.‭ ‬Giraldez

 

sabiendo que ya todo son sombras en los cruces de los caminos:

tenemos que irnos

leo a MJ Romero:

Escribir siempre supone un retorno.
Y muy raramente un retorno hacia el futuro.
Cuando no hubo lugar de retorno, Rimbaud se calló.
Se negó a escribir su retorno hacia el futuro.
¿En qué punto sucede la bifurcación, el doble?
MJ Romero. Teoréticas