Érase que se era.

La protagonista de este cuento, es más puta que princesa, y más maldita que poetisa. Quizá porque odio los cuentos de hadas y me espantan los finales felices sin ningún fin. Y no soporto a la realeza.

No proviene de alta cuna, y lo más cerca que ha estado del cielo ha sido en la terraza de su pequeño cuarto piso, donde cada verano toma el sol desnuda. Bebe como un pirata estresado, fuma todo lo que cae en sus manos, y pasa sus vacaciones en las camas más bajas. Se viste de purpurina y brillos, y baila cada noche bajo los neones del infierno. Ardiendo en el fuego eterno, quemando, siempre quemándose (burn, baby, burn!!). No fue bautizada, y su nombre se adapta a cada labio que la llama. A veces es Ella, otras es Luna, casi siempre, nadie. Una golfa en la noche, una diosa pagana. Cambiando de hombre como quien cambia de ropa. Mil mujeres en una. Desgastada en los callejones del vicio, revolcada entre estiércol y sueños, forjada en las calles, como las peores drogas. La perra que acaba mordiendo la mano que le da de comer. La reina que encuentra el guisante, y se hace un canuto con él. Con una cicatriz en el vientre que un mal nacido la dejó como pago por unos minutos de espectáculo. El recuerdo tangible y dolorosamente real de la que no puede escapar de lo que es.

-Baila, niña, bailame.

Y la niña baila siguiendo sus reglas. Nunca mires a los ojos que te miran. No te detengas en los rostros. Ciega ante los detalles. Imagina que estás sola. Sola como la luna.

La stripper sin corazón que jugando ante la hoguera se untó las entrañas de gasolina. Maldito el día en que todo dejó de parecerle una mierda. Hundida en lo típico, en el tópico. Bendito el día en que encontró una flor entre tantas toneladas de basura.

-No quiero salvarte, ni que me salves. Sólo quédate un ratito conmigo.

Y se salvaron sin quererlo, y se quedaron toda la vida. Todas las vidas. Ella, bailando, y él, en silencio, velando su baile. Desdibujados y ajados por la vida. Igual que tinta en un folio sobre el que se derrama un vaso de agua. O un mar. En la tierra de las mil culpas, entre las líneas de un libro en ciernes. La historia que real y metafóricamente me salvó la vida.

-Niña, sal de las brasas del infierno, que se está mejor en la hoguera de mis ojos.

Anochece en Madrid, con la eterna pereza de un bostezo que no acaba de terminar. Con su disfraz de santo se pinta el cielo de rosa mientras la luna se pinta la cara. Se pone su máscara. Y yo sigo escribiéndoles, mientras se besan en silencio en cualquier rincón del mundo.

Silencio, por favor, se abre el telón.

Joël Thomas: ‘No somos los herederos de griegos y romanos’

Joël Thomas, profesor de literatura latina en la Universidad de Perpiñán es un hermeneuta: un viajero que va hilando sentidos. Como James Hillman, Gilbert Durand, Henry Corbin o Mircea Eliade, estudia los imaginarios, esas gafas de miles de formas que nos ponemos los seres humanos para dar sentido a nuestra vida. Mientras Roma creyó en sus mitos primigenios, dice el profesor, pervivió. Joël Thomas ha participado en Eranos, un círculo en el que se reunieron, desde 1933 a 1989, a orillas del Lago Maggiore (Suiza) y a la estela del pensamiento de C. G. Jung, los grandes científicos del siglo XX. Se trató, dice, de una experiencia sin precedentes en las ciencias humanas. Los asistentes convivían y compartían ideas, buscaban tender puentes entre las ciencias, las religiones y los dualismos. Querían sustituir la oposición de los contrarios, que había llevado a Occidente a la catástrofe, por la relación que los unía. La Guerra de las Galaxias se empezó a fraguar allí: en la intuición de que los mitos, los símbolos y las grandes creaciones de la imaginación conforman nuestra realidad. Eranos anunció la era de la imagen.

¿Qué es el imaginario?

Lo primero que hay que decir es que no debemos confundirlo con la imaginación ni con un concepto bastante vago coincidente grosso modo con el pensamiento. Los teóricos del imaginario tienen una definición bastante más estricta del concepto. Yo la traduciría así: nuestro imaginario es el conjunto de los dinamismos organizadores de las diferentes instancias de nuestra psique. Esto quiere decir que la actitud lógica, racional, forma parte de nuestro imaginario; ella es uno de sus componentes. Corbin distinguía imaginal y fantasía. Lo imaginal entroncaría con el inconsciente colectivo de Jung: se trata de las construcciones simbólicas con las que las personas construyen los sentidos. La fantasía, para él, es lo que pertenece propiamente a nuestra historia individual, a nuestros recuerdos: lo que no compartimos, lo que tiene una coloración propia. Pero es seguro que imaginal y fantasía están íntimamente entrelazados. Es por eso que nuestros recuerdos nos ponen en relación a la vez con lo más íntimo de nosotros mismos y con el cosmos entero: ellos se ensanchan hacia una dimensión cósmica. Como vemos, la distinción es interesante. Jung dice más o menos la misma cosa bajo una forma distinta.

La definición no estaría completa si no subrayáramos la parte que hace al imaginario reconocerse con las formas simbólicas: más allá de las formas, las imágenes se organizan en redes que hacen sentido por su interconexión. Así, no comprenderíamos un episodio aislado de la mitología sin un conocimiento global de los relatos míticos, porque se sostienen entre ellos. Al mismo tiempo, una vez este reconocimiento ha hecho efecto, se percibe que cada episodio es como un resumen de la totalidad de la estructura: el microcosmos es la imagen del macrocosmos. Para hacérselo comprender a mis estudiantes, tomo a menudo la imagen del collar del dios hindú Indra: es tan perfecto que en cada una de sus perlas se refleja el collar entero.

¿Qué relación hay entre el imaginario y el arquetipo de Jung?

Jung insiste más bien en la noción de inconsciente colectivo. Ella es más clara que la palabra arquetipo, a menudo mal comprendida, y cargada (sin razón, según mi opinión) de una dimensión mística que muchas veces ha alimentado las críticas contra Jung. Para Jung, el yo personal tiende a organizarse (lo que él denomina trabajo de individuación) desde los núcleos dispersos de nuestra conciencia (los heterónimos de Fernando Pessoa); la persona accede entonces a un espacio en el que la coherencia está asegurada por la relación simbólica entre los diferentes constituyentes. Y es entonces cuando se opera una suerte de ensanchamiento cósmico de este “Yo” a un “Ello” cósmico más general, compartido por un conjunto más amplio de individuos, y recobrando la noción de inconsciente colectivo. Pero para comprender el proceso, no es necesario hacer intervenir a lo divino (lo sagrado sí, sin duda, y también las formas simbólicas). Jung ha insistido siempre en el hecho de que su proceso era fenomenológico: sostenido y verificado por ejemplos concretos, por los hechos y por la experiencia. Así pues, podemos tomar esta noción de arquetipo, que es además más platónica que junguiana. Para Platón, no hay duda del contexto espiritual: las Ideas son de origen divino. El imaginario junguiano no salva, a mi juicio, este límite. O más exactamente, y muy hábilmente, él nos describe un mundo de símbolos que da sentido a nuestro mundo material. El mundo visto por Jung es más un vasto pensamiento que una vasta materia; el proceso junguiano no excluye la espiritualidad; pero ella no se reduce a una espiritualidad precisa; Jung se acuerda del koan zen: “Si usted encuentra al Buda, mátelo”. Lo que se puede decir es que, efectivamente, para Jung una terapia inculta (que no haya recurrido a un ensanchamiento cultural o mitológico) es inconcebible. Pero en este contexto, la ciencia es por sí sola la mejor terapia, ya que el conocimiento del fondo arquetípico humano a la que ella conduce es en sí normalista: lo vemos, nada de irracional ahí dentro.

¿Cuál es el origen de las teorías del imaginario?

Indudablemente, el padre fundador de las teorías del imaginario es C. G. Jung. Freud había abierto la vía, pero él siempre subordinó la Nachtseite, la “parte nocturna” de la psique a su dimensión diurna. Vale con ver el rol que da al sueño. Para Freud, el sueño es un momento de desahogo que permite a la psique reencontrar su equilibrio mermado por la actividad diurna, mientras que para Jung, el sueño, la actividad nocturna, tiene una vía propia, tan importante como la actividad diurna. Dionysos es igual que Apolo. Con Jung, el mundo del sueño y de la noche se reencuentra con su vía real. Después de Jung, Caillois, Bachelard, y tras ellos G. Durand, van a fortificar las riberas de esta gran corriente. Hacia los años 70, la corriente se va a encontrar con otro flujo regenerador: las teorías de la complejidad y la escuela de Palo Alto. De esta convergencia nacieron las teorías del imaginario, tal y como las conocemos hoy, y en particular tal y como un excelente conocedor y difusor de ideas, E. Morin, nos las presenta, en torno a la noción de complejidad.

¿Qué búsqueda intelectual le dirigió hacia el imaginario?

El sentimiento de que las investigaciones de la crítica literaria llegarían a un impasse si se cerraban en el solipsismo, y si no se regeneraban ensanchándose y teniendo en cuenta las corrientes de la antropología. Con esta idea, en los años 70, la escuela de Grenoble, dirigida por G. Durand, hacía llegar una corriente de aire fresco a los estudios universitarios. Mi apuesta personal ha sido la de aplicar estas metodologías al mundo de la Antigüedad Clásica. Ellas permitirían una relectura apasionante, que nos mostraría en particular que los mitos habrían sido escritos, más allá de la sociedad greco-romana, para conservar un valor de la verdad. Eneas, Ulises, Teseo, Jasón, Heracles, tenían algo que decirnos, más allá del paso del tiempo. Su tentativa por organizar su espacio era un paradigma que nos daba el sentido de nuestro propio laberinto interior. Las teorías del imaginario nos permiten entrar en esta relectura que nos abre a nuestra propia psicología profunda; hemos quedado impresionados por la riqueza del relato mítico, y por su dimensión polisémica, que aclara y renueva no sólo nuestro conocimiento de la Antigüedad sino también el de nuestro propio mundo; una vez más, antiguos y modernos no aprehenden el sentido sino en feed-back, en reflexividad, en diálogo recíproco. Del mismo modo, las disciplinas tradicionales no estarían aisladas, sino que se reagruparían en una totalidad antropológica, reunidas la literatura, la historia, la historia del arte, la filología, y también la filosofía y el psicoanálisis. En un momento en el que muchos predicen el fin de los estudios clásicos, me pareció que sería de estas relecturas del imaginario de donde vendría la renovación, y es en este sentido en el que he construido toda mi carrera y mi producción universitarias.

¿Qué es Eranos?

Eranos es, hasta donde yo conozco, una experiencia sin precedentes en la historia de las ciencias humanas. Instigados por C. G. Jung, más de cien investigadores y universitarios de alto nivel, de disciplinas muy diferentes y procedentes del mundo entero, se han reunido, cada año, desde 1933 hasta 1989, en esa especie de cónclave que fue la década de la Tagung de Eranos. La duración era excepcionalmente larga para un coloquio; pero es justamente eso, y el aspecto de cónclave (ya que prácticamente no se salía de Moscia durante los diez días) lo que cimentó las relaciones entre los participantes. Cada año, un tema nuevo reunía a los conferenciantes; citaremos por ejemplo “El hombre y el tiempo”, “El hombre y la energía”, “El hombre y las mutaciones”, “El hombre y la paz”. En el paraje encantador de Moscia, sobre el Lago Mayor, Eranos ha visto pasar, entre otros, a Corbin, Daniélou, Eliade, Jung, Kérényi, Massignon, Otto, Portmann, Rahner, Scholem, Schrödinger, Tillich, Zimmer, Durand, Servier, Brun, Hillman… El mérito más grande de Eranos es sin duda el de haber sabido provocar y animar el diálogo y el encuentro entre representantes de diferentes ciencias y disciplinas del espíritu. En una época en la que las “monoculturas” especializadas parcializan el saber, la originalidad y el riesgo pasaban por esta capacidad de crear diálogo, confrontación y circulación de ideas. Eranos fue un lugar privilegiado donde se tomó conciencia de las verdaderas dimensiones de la cultura y del mestizaje profundo entre disciplinas.

Usted habla de la actualidad de la Antigüedad. ¿Qué tiene ella que enseñarnos?

Nosotros no somos los herederos de griegos y romanos. Pero ellos no nos son extranjeros. Para mí, son más bien hermanos que nos han precedido en la aventura humana, cuya experiencia, testimonio y saber pueden ayudarnos. La actitud más perversa sería hacer de ellos modelos: nuestros propios modelos están por inventar. Todos los procesos sobre “nuestros ancestros los romanos, los griegos, o los galos” son en primer lugar tentativas de tomar del pasado una justificación para la verdad de las sociedades presentes. La sociedad musoliniana caricaturiza el modelo romano, es uno de los ejemplos más ridículos, si no nauseabundo. La actualidad de la Antigüedad es su capacidad de hablarnos, de dejarnos ver experiencias que no hay que reproducir, pero cuya comprensión puede ayudarnos a nosotros mismos a avanzar. Así, la exégesis mitológica, la lectura de los mitos puede decirnos muchas cosas sobre nuestra psicología profunda.

¿Cómo le gustaría que fuera el futuro de las ciencias humanas?

Un futuro de pluralidad y de tolerancia, pero también de audacia para implicarse en vías todavía no exploradas. Durante mucho tiempo, las ciencias humanas han estado a la cola de las ciencias exactas, de las que han copiado los protocolos de manera bastante servil. Eso no ha conducido a otra cosa que a su descrédito. Desde la emergencia de las teorías de la complejidad, las ciencias humanas tienden a reencontrar su lugar. No es cuestión de decir que ellas son más o menos importantes que las ciencias exactas; no se trata de competición. Pero es seguro que las ciencias humanas y las ciencias exactas son indisociables las unas de las otras. Existe una misma razón y una misma intuición en las obras de todos los campos epistemológicos.

Casi todos los investigadores del imaginario dicen que la vida tiene sentido. ¿Qué sentido? ¿Unitas multiplex?

Hemos dicho que los investigadores del imaginario habían insistido en la existencia de las formas simbólicas. Desde ahí, la vida hace sentido; la superestructura de las imágenes y de los sistemas de representación integra la materia en un conjunto que la trasciende. La fuerza habita la forma, que no es más que su cristalización. Esto fue sin duda el gran descubrimiento “científico” del paleolítico, a través de un doble sentimiento: primero, la intuición de que el mundo, los objetos, estaban atravesados por fuerzas cósmicas (el descubrimiento de lo sagrado); después la certeza de que el hombre no era simplemente espectador en ese teatro cósmico, de que él podía ser actor, y optimizar las formas, a través de las técnicas. El pulido paciente de un silex formaba un bifaz a la vez bello y eficaz: la técnica humana permitía acceder a una forma de perfección. Así, el hombre colaboraba en el plan cósmico, se creaba un compromiso entre la humanidad y el cosmos. La Antigüedad Clásica ha vivido de la prolongación de estos paradigmas. La noción de mimesis, o imitación de la naturaleza, es su reflejo. El mejor artista será el que consiga reproducir casi a la perfección las formas de la naturaleza.

Otra cosa: existe, como hemos dicho, un modelo, una fuerza que habita las formas. Pero las formas por sí mismas son infinitas, tienen un tornasol que reproduce la verdad misma de las formas múltiples de la vida. No sabríamos oponer unitarios a pluralistas: la vida es a la vez una y múltiple (unitas multiplex, efectivamente), y es en esta unicidad y multiplicidad donde reside su sentido. Era lo que explicaba el omphalos de Delfos: una piedra levantada, un axis mundi único, así pues, pero recubierto de una red, un agrénon que simboliza el tejido múltiple de las formas del ser vivo. Vemos mejor por qué Jung, después de Platón, habló de los arquetipos; pero ni uno ni otro olvidaron la parte de la diversidad.

¿Tiene la Historia un sentido?

Para Eliade, la historia sólo toma sentido cuando se la empareja con el mito, y en particular con los relatos de fundación. Si no, los sucesos son aleatorios y no hacen sentido. Roma es un buen ejemplo: sus grandes hombres siempre han sido percibidos como continuadores de la obra de Rómulo, el autor del primer surco (Augusto estaba muy apegado a su título de “segundo Rómulo”). Ellos siguen ligándose a este origen mítico (incluso si, en Roma, el mito de fundación es histórico, a diferencia de la India, donde es metafísico). Y Virgilio lleva más lejos las raíces, al presentarnos la Roma naciente como Troia melior, una nueva Troya, pero mejor. El sentido de la historia romana se remonta de ese modo hasta los orígenes troyanos. La vitalidad de la sociedad romana se funda sobre esta relación en feed-back entre un mito que se encarna en la historia, y una historia que saca su sentido de la relación con el mito original. Mientras Roma se acordó de esto, pervivió.

Usted dice que los teóricos del imaginario (Eliade, Hillman, etc.) son un poco rebeldes. ¿Por qué?

Porque, justamente, han sido valientes para no quedarse en el molde de la ciencia oficial y conformista. Sus experiencias les habían conducido a la idea de que muchos de los descubrimientos se habían hecho por casualidad (dejando que una parte de intuición y de desorden condujeran el proceso), y no por una exploración sistemática (los Curie tenían un laboratorio miserable, y las más grandes máquinas universitarias no son siempre las más fecundas). Ellos tuvieron el coraje de poner sus ideas en práctica, y de convertirse un poco en francotiradores de las ciencias humanas. A G. Durand, gran resistente de la Segunda Guerra Mundial, le gusta decir que él ha mantenido esa práctica de la resistencia en su recorrido universitario; y es verdad. Es también por eso por lo que han sabido crear en torno a ellos una verdadera red no de discípulos (no les gusta la palabra), pero sí de émulos y de epígonos: porque ellos no se han inscrito en la grande rat race universitaria, la carrera por los puestos, las prebendas y las distinciones. Ellos han caminado contracorriente, y eso los ha llevado más lejos que a los otros, como pioneros y descubridores. Eso ha sido al mismo tiempo su honor y un honor que han comunicado a las ciencias humanas, que les deben mucho.

¿Son estos teóricos (Eliade, Hillman, Durand, Corbin, usted mismo) personas religiosas? ¿En qué sentido?

Jung escribe: “Nadie que no ha recobrado su actitud religiosa puede curarse”. Esto quiere decir que él, en cierto modo, pone la experiencia religiosa en el centro de la terapia analítica. No hace falta otra cosa que remitirnos a Kierkegaard, que escribía ya, de manera aún más radical: “Todo hombre que no piensa poéticamente o religiosamente es un necio”. Pero hay que entender a qué se refiere Jung cuando habla de actitud religiosa. Es la religio, en el sentido etimológico: la capacidad de religar entre ellos los acontecimientos y las reflexiones; es, de hecho, la capacidad de vivir el mundo como simbólico (y ahí el symbolon es el signo concreto (un palo de arcilla roto) que marca la ligazón entre huéspedes, en el mundo antiguo). Para Jung, y para los teóricos del imaginario, no se trataría de tener de referencia a una religión en particular, sino de poseer una actitud religiosa, que se identifica con el sentido de lo sagrado, la capacidad de no limitar nuestra Weltanschaaung a una actitud materialista.

¿A qué se refiere cuando habla de realidad compleja?

La complejidad se comprende a través de la etimología de la palabra latina complexus, que significa “tejido”. El descubrimiento de la complejidad es la toma de conciencia de que la importancia no está en las cosas, sino en la relación entre ellas. Todo está en la relación. Ella está en el centro mismo de la noción de emergencia. La emergencia permite escapar de la aporía de la dualidad. En el mundo, las diferentes instancias (masculino y femenino; claro y oscuro; orden y desorden) no se oponen; o más bien, no se oponen sino para trascender esta oposición inicial necesaria para la diferenciación. Después de oponerse, ellas se organizan: la organización crea una nueva instancia, que es más que la suma de las instancias de las que procede. La complejidad es eso. Remarcamos que es el principio de un “tercero incluido”, en estricta oposición con el “tercero excluido” de Aristóteles: al o… o (es blanco o negro, verdadero o falso) le sucede el y… y (es blanco y negro, verdadero y falso). Desde la invención del psicoanálisis y de la física cuántica (concomitantes), aprendemos que uno y uno no suman dos, sino tres, y también que una cosa y su contraria pueden ser verdaderas al mismo tiempo. Las teorías de la complejidad están de ese modo directamente ligadas, en las ciencias humanas, a una promoción de la psicología profunda, tendente a reexaminar los dominios hasta aquí dejados a la sombra y el olvido: el sueño, las formas de expresión no racionales, demasiado tiempo consideradas como primitivas y arcaicas. En el plan de las ciencias exactas, la integración de la complejidad es el descubrimiento de una infra-física, la de la partícula, donde las leyes de la física clásica no nos sirven, y donde el principio de incertidumbre de Heisenberg (no podemos conocer a la vez la velocidad y la masa de una partícula) nos proyecta hacia un universo de lo aleatorio, de la neguentropía (y ya no de la entropía), de la sincronicidad. Es justamente en Eranos donde fue debatido el diálogo que tuvieron Jung y el físico Pauli (autor de la noción de sincronicidad, el tiempo no causal, absoluto, y de sus implicaciones en las ciencias humanas y exactas).

¿Cuál es el imaginario emergente en este momento de la historia?

Sería afortunado si lo supiera. Podemos plantear el problema como Gilbert Durand: en cada época, se observan los mitos decadentes (los de las generaciones precedentes), los mitos dominantes (el Zeitgeist, la moda), y los mitos nacientes, que serán los mitos dominantes del mañana. Quien tiene la intuición de localizarlos, puede entrever lo que ocurrirá en el futuro. Pero no es fácil, porque acontecimientos impredecibles pueden imponerse y destruir las tendencias. A posteriori, reparamos en los periodos, las tendencias míticas. Por ejemplo, a un periodo prometeico (animado por la fe en un progreso indefinido) le ha sucedido un periodo bajo el signo de Hermes (el periodo de Mac Luhan, con su fe en el mundo de la imagen; y también el desarrollo de todos los modos de comunicación: en primer lugar los transportes, luego Internet, la tela invisible que nos relaciona); pero incluso Hermes no ha podido impedir la crisis actual; es ahí donde los teóricos del imaginario dudan: para M. Maffesoli, asistiremos al regreso de Dionysos, a la vez con las esperanzas de una comunicación festiva y con los vértigos de la violencia que nunca está lejos de Dionysos.

¿Corbin era, además de un especialista en el sufismo, sufí?

No creo que Corbin fuera sufí, en el sentido de que hubiera sido iniciado en el sufismo (aunque no sé nada de ello). Él procedía de un medio protestante que, por lo que yo sé, lo marcó profundamente. Pienso más bien que Corbin fue seducido por el sufismo en tanto que recorrido espiritual de muy alto nivel; en esa altitud, todas las sabidurías, todas las místicas convergen hacia la tolerancia, un amor hacia la humanidad que las acerca (sin superponerse: los sincretismos, históricamente, han tenido siempre fracasos). Para mí, Corbin (como Durand, como Eliade) era un hombre que buscaba la verdad, y la encontraba en el mensaje del sufismo. Él ha conducido siempre su camino conciliando su empatía personal con un rigor heredado de su formación universitaria. El corazón y la razón: es ahí donde su testamento espiritual (su obra) es fuerte.

¿Qué buscan los teóricos del imaginario, el conocimiento o la sabiduría?

Sin hacer, como dicen los franceses, una respuesta de normando (los normandos son conocidos por la ambigüedad de sus respuestas: “puede que sí, puede que no”), yo diría que ambos. En este punto, las teorías del imaginario se reconcilian con una tradición de la Antigüedad, que perdura hasta el Renacimiento, y que no distingue verdaderamente ciencia de sabiduría. La palabra latina sapientia tiene ambos sentidos. Porque el conocimiento tiende a la sabiduría: al saber. El sapiens, el sabio y el erudito a la vez (Pitágoras es un buen ejemplo), se opone, para los estoicos, al ignorante, que es ciego, que no sabe; y entre los dos, la sabiduría antigua coloca (bella noción) al proficiens, el que no está todavía en la luz, pero que se ha puesto en camino, porque sabe que hay un camino, incluso si él no conoce la solución. Es cierto que el drama de la hipertecnología que viven nuestras sociedades es quizá el de haber disociado ciencia y sabiduría, de haberlas colocado en sectores muy diferentes, sin verdadero diálogo: de ahí todos los “comités de ética” que lo hacen todo rápidamente, pero un poco tarde…

¿Tiene usted esperanza en el futuro de las ciencias humanas? ¿Y en el de la humanidad?

En primer lugar, espero haberte convencido de que el futuro de la humanidad pasa por el futuro de las ciencias humanas: es el único modo de escapar de una barbarie moderna y devastadora. Es cierto que, si examinamos el problema sobre las bases de lo previsible, las perspectivas no aseguran nada: agotamiento de los recursos naturales, crecimiento de los fanatismos, pauperización de poblaciones cada vez más numerosas, degradación del medio ambiente… Hay motivos para inquietarse. Pero la humanidad nunca ha avanzado sobre las bases de algo totalmente previsible. Es por esto que, a mi juicio, la renovación vendrá de un acontecimiento imprevisible, de una suerte de mutación en nuestra historia y nuestras mentalidades. Este “completamente Otro” es sin duda la única manera de escapar de la entropía que nos amenaza. Pero, ¿cómo se manifestará? Es imposible decirlo. Se dice que no hay que agotar los recursos de la humanidad, ni los de Gaia, nuestra tierra. No podemos sospechar lo que ocurrirá, y la aventura humana es tan prodigiosa, en un periodo tan corto la aceleración de la historia del homo sapiens es tan excepcional, que el futuro nos reserva seguro sorpresas. Estamos entre el encantamiento y la decepción. Sófocles lo decía ya en sus tragedias. Quizá está ahí el problema: nuestras tecnologías han explotado, pero nuestro sentido de la ética y de la moral se ha estancado…

Monago promete construir su gobierno sobre pilares de IU

Rajoy le ha dado el OK a Monago para gobernar sobre los doce pilares (o mandamientos) de IU. Los puedes leer en este post: El PP de Extremadura se acerca al 15-M más ‘social’.

Foto | Esperanza Aguirre

La Antorcha (de) Karl Kraus

Conocí y leí a Karl Kraus en el libro Dichos y contradichos (publicado por la editorial Minúscula en 2003). Entre los curiosos aforismos que hallé tras el evocador título referiré los siguientes:

Que la palabra más antigua sea extraña en la proximidad, que renazca y haga dudar de si está viva. Entonces vivirá. Se oirán los latidos del corazón de la lengua.

Hay dos tipos de escritores. Aquellos que lo son y aquellos que no lo son. En los primeros, el contenido y la forma van juntos como el alma y el cuerpo; en los segundos, hacen juego como el cuerpo y el vestido.

Una vasta cultura es una farmacia bien surtida: pero no existe ninguna garantía de que no venda cianuro para curar un resfriado.

Este libro que, al contrario que otros ejemplos del género, no es parco respecto a la cantidad ni a la calidad de aforismos despertó en mí la curiosidad por su autor. La necesidad de saber más de Karl Krauss me llevó hasta su monumental obra teatral Los últimos días de la humanidad. La imposibilidad de llevar a la escena un volumen grueso en temas, intenciones y páginas resulta evidente. Tanto al menos como en el Fausto completo de Goethe.

Supe que Karl Kraus se movió por la sociedad de Viena anterior a la I Guerra Mundial y que murió en 1936, en plena era nazi de Alemania. Su vida corrió paralela a la segunda escuela de Viena, a los cambios artísticos de esa Austria anterior a la invasión alemana y, por tanto, en uno de los momentos más ricos e interesantes de la cultura Europea.

Pero lo que más me sorprendió de su vida fue que en 1899 fundó la revista “Die Fackel”, es decir, “La antorcha”. La vida de esta revista se alargó hasta la muerte de su fundador y, aunque comenzó como un encuentro colectivo, Kart Kraus terminó por escribir en solitario bastantes números de la revistadse esfuerzo titánico para retratar, disentir y enmarcar una época, al tiempo que lo hacía el propio autor, mostraba un esfuerzo y una determinación que me abrumó.

Gran parte de ese esfuerzo sin parangón en la historia, y que, salvando las distancias, me recordó vagamente a Ramón Gómez de la Serna y su revista “Prometeo”, nos lo trae el libro de la excelente editorial Acantilado: Selección de artículos de “Die Fackel”.

Desde mi punto de vista este volumen no puede faltar en la biblioteca de cualquier lector con unas mínimas inclinaciones por el gusto de la lectura y de la cultura en general. Y es absolutamente imprescindible para los interesados en la historia, en el periodismo y en la evolución de la sociedad del extinto siglo XX.

Los artículos, en el índice, van acompañados con la fecha de edición, lo que nos facilita situarlos en un marco histórico. Algunos son divertidísimos como “El descubrimiento del Polo norte”, a menudo el autor reflexiona sobre la lengua alemana como en “Heine y las consecuencias” y se nos ofrece los preludios de lo que a Europa y al mundo se le venía encima con la II guerra Mundial.

Ahora nos queda esperar que algún editor se atreve a publicar los novecientos números de la revista de Krauss con su respectiva traducción. Téngase antes en cuenta que la presente selección supera las 500 páginas.

Son muchas las reflexiones incluidas en esta selección que poseen vigencia en la actualidad. Entre ellas recupero la siguiente del artículo “El progreso”:

…el progreso es uno de los inventos más ingeniosos que haya ideado nunca por el mero hecho de que sólo se necesita fe para hacerlo funcionar, de tal manera que el juego lo ganan indefectiblemente aquellos representantes del progreso que solicitan un crédito ilimitado

Karl Kraus
“La Antorcha”
Selección de artículos de “Die Fackel”
Al cuidado de Adan Kovacsics
Acantilado, Barcelona, 2011-06-12

NO NECESITO SABER TU NOMBRE EN EL TEATRO LARA:“TODA HISTORIA VERDADERA TERMINA CON LA MUERTE”

Texto y dirección: Mar Díez
Intérpretes: Vicente Navarro, Julio Rojas, Alberto Alonso
Compañía: Tennessee Producciones

Estoy en una terraza del centro de Madrid con tres de los integrantes de Tennessee Producciones, una compañía a la sombra del Maestro William Layton. Después de la sala Azarte y Lagrada, No necesito saber tu nombre, obra esencialista, meditada y necesaria llega al teatro Lara (días 1, 2 y 3 de julio). Mar, la dramaturga y directora, es uno de esos rostros conocidos para la afición del teatro. Julio y Vicente hablan en primera persona de sus personajes cautivándome con su voz… ya lo hicieron durante la función. Sólo falta Alberto, vigía y censor de una historia de amor surgida en lo más lóbrego de la institución carcelaria. La conversación es tan cálida y blanda que pedimos una segunda ronda. 

Se puede escribir poesía en un campo de concentración… y se puede amar en prisión.

M: En el submundo, los sentimientos más positivos, en este caso el amor, pueden ser mucho más grandes y auténticos.

V: Se ama más profundamente en una prisión: valoras lo que no tienes y ves cristalino lo que sí tienes.

Aunque sobre el texto planea la sombra de Jaime Gil de Biedma, no dejo de pensar en Jean Genet.

M: Es inevitable. Aunque a la hora de escribir no lo haya tenido presente, en esta obra hay algo de sus rituales y ceremonias. Como dramaturgo uno está habitado por otros grandes.

V: También hay algo de su oscuridad.

J: En cuanto a Gil de Biedma, es un poeta que Mar ha querido homenajear, un personaje que se mueve entre los otros tres personajes físicos de la obra. El amor sobre el que él escribe es muy similar al que tiene lugar en nuestra historia.

Hablemos ahora de los personajes de Julio Rojas y Vicente Navarro. Pronto se olvida que son dos asesinos…

M: ¿Te das cuenta de lo sencilla que es la manipulación?

… Frente a las críticas que dicen que su historia es una historia de amor fou, yo creo que su romance surge de una necesidad… casi “material”.

V: La chispa surge en un momento en el que Julio está solo y yo estoy solo (diez años de una soledad con la que ya he aprendido a convivir). La gran pregunta que le hago es si cree que estando fuera de prisión la situación sería la misma… no obstante, hablar de un amor fuerte, es hablar de amor fou.

J: Cuando hicimos las lecturas de mesa hablábamos de la pulsión erótica y de muerte (Eros y Tánatos). Yo creo que más que un amor romántico (aunque Mar, Alberto, Vicente y yo somos muy románticos y eso nos ha puesto juntos) es un amor trágico.

M: Toda historia verdadera termina con la muerte.

El carcelero (Alberto Alonso) lee poesía y quiere a su perro. Por lo demás, desconoce la empatía, abomina  la piedad, sin variación ni tránsito. ¿El mal con letras mayúsculas?

M: Es un personaje muy duro y siniestro (más banal que sádico), pero sí con inflexión: una inflexión perversa, que se halla precisamente en los puntos que le humanizan: ama el arte, ama la literatura de Gil de Biedma.

J: El carcelero utiliza sus poesías con el fin de hacer daño, el arte como arma arrojadiza.

V: Aunque no está en el escenario, el carcelero fue trabajado como un personaje en todos los niveles.   

M: Una voz en off pregrabada nos lo hubiera hecho todo más fácil (tal vez, la voz de un actor famoso), pero no hubiese tenido tanta fuerza.

J: Nosotros concebimos el teatro desde la escucha de la que hablaba William Layton, eso no es posible con una voz en off. Un actor cada día tiene un matiz distinto.

La dramaturgia postmoderna se hibrida constantemente con la narrativa, la poesía… Vosotros volvéis a la estructura férrea del conflicto. Así en cada escena. ¿Influye el hecho de que Mar Diez, además de dramaturga y directora, sea actriz de William Layton?

V: Una característica de la compañía es que amamos mucho a los personajes y a los actores.

M: Como actriz con largo recorrido, habiendo trabajado con Plaza, Narros, Wilson, llevo el conflicto metido en la sangre. El teatro es conflicto, de la misma manera que la vida es conflicto. Mis textos, independientemente de su estética, siempre plantean la necesidad de resolver algo a vida o muerte.

J: El hecho de que Mar sea actriz influye también en la manera en la que nos dirige: está en el escenario viendo lo que ocurre entre sus actores. Antes que nuestra directora ha sido nuestra profesora, y sabe cuándo damos en la diana: cuándo el conflicto es real. Lo sabe observar porque lo ha experimentado.

V: No quiero usar la palabra verdad…

M: Pero sí autenticidad.

Demostráis la máxima de que se puede hacer teatro con dos actores, un tablero y una pasión. ¿Producción? ¿Elección estética? ¿O ambas cosas?

V: Esta es una obra de personajes. Yo ya no entiendo el teatro de otra manera.

M: La decisión parte de la escritura: no he hecho de la necesidad virtud. Es esencialista. Con el desnudo la historia de amor gana en potencia. Sin embargo, entiendo que la luz es el último personaje, el convidado de piedra.

Considero que el único elemento “barroco” del espectáculo es la música.

M: La música ha sido muy discutida, porque entra como un hachazo, en este caso sí se trata de una decisión estética. Es una abstracción que me ayuda y les ayuda, aportando un extrañamiento a la función.

J: Los cuatro temas crean una atmósfera muy particular, están situados en momentos concretos, en los que los personajes son capaces de volar por encima del lugar en el que se encuentran. Salen de nosotros.

Escribir sobre la homosexualidad hoy, con un afán social, garantiza el apoyo de determinados colectivos e instituciones. ¿Os sentís beneficiarios de cierta discriminación positiva?  

J: La obra tampoco es un alegato homosexual ni se vende así.

M: Trasciende el género. De hecho, los dos han sido heterosexuales hasta el momento en el que la acción comienza.

J: Aunque estamos en el Festival Visible por algo, muchas veces los colectivos gays no se identifican excesivamente: se nos ha dicho que la obra es poco morbosa, demasiado intelectual.

M: En general,  sólo homosexuales de una cierta edad han tenido una respuesta muy emocional.

V: Cierto es que la Fundación Triángulo o el COGAN nos han prestado su apoyo (moral), pero sus brazos son los que son y sus recursos limitados.

Vuestro modesto éxito (en el teatro sólo existen éxitos modestos) me ha devuelto la confianza en el boca a boca como estrategia de marketing.

M: Para mí era un mito. En tanto tiempo como llevo en el teatro, no lo había vivido nunca por el tipo de producciones en las que he trabajado. Es una satisfacción increíble que la obra haya funcionado sin ninguna ayuda. ¡Hay que hacer teatro como sea!

El PP de Extremadura se acerca al 15-M más ‘social’

Los llamados “mandamientos” que IU-Extremadura ha puesto sobre la mesa de los dos grandes partidos han sido bien acogidos por el que será nuevo presidente de Extremadura, que ya ha adelantado que trabajará para hacerlos realidad. Incluso está dispuesto a defender el impuesto de Patrimonio, que Rajoy ha prometido suprimir, ya que según explica Monago:

No es lo mismo la persona que deja una casa que el que deja 50

También se ha comprometido a mantener el impuesto de sucesiones, que prometieron eliminar, porque “en Extremadura la mayoría no llega a mileurista y afecta a muy poca gente”.

Podemos hablarlo

Como podemos hablar de subir el impuesto de grandes fincas porque “no es lo mismo quien la tiene a renta viviendo fuera de Extremadura que el que la explota, hay que hacer justicia redistributiva. Me parece lógico gravar más a los que especulan”.

Los “mandamientos” de Izquierda Unida

- Cambio de la ley electoral. Eliminación del tope del 5%.

- Plan de Ordenación del Territorio enfocado a la sostenibilidad ambiental. Ni refinería ni térmicas. Cierre de centrales nucleares.

- Recuperación del Impuesto de Patrimonio, modulación del Impuesto de Sucesiones y revisión de la contribución rústica a las grandes fincas.

- Reducción drástica de altos cargos y cargos medios.

- Revisión del sistema de financiación autonómica.

- Plan de empleo juvenil y de empleo femenino.

- Plan de apoyo para las pymes y autónomos.

- Ley de Renta Básica que proteja a los extremeños de la exclusión social.

- Congelación de los conciertos educativos con la red concertada.

- Pluralidad y transparencia en la gestión de fundaciones y empresas públicas.

- Mantenimiento de las prestaciones sociales, rechazo de privatizaciones y externalizaciones. Desarrollo de la Ley de Dependencia.

- Cierre de la oficina del expresidente.

Llama la atención que IU no haya incorporado a sus “mandamientos” un compromiso en la defensa del Software Libre y los Estándares Abiertos del que el PSOE de Extremadura no tiene nada que demostrar, pues es un ejemplo a seguir, pero el PP extremeño es una incógnita.

Aunque nos dicen que Monago en este aspecto no defraudará pues no quiere parecerse a Camps y está a punto de hacer como Gasol y salir al balcón a saludar a los acampados. Cualquier día sale Esteban González Pons y anuncia que suprimirán la Ley Sinde, que se lo han pensado mejor…

Los milagros de romper el bipartidismo y el poder del tercer partido bisagra que en el Congreso de los Diputados, en escaños que no en votos, es el de Artur Mas, Duran Lleida y Felip Puig.

Vía | Nación Red
Foto | Esperanza Aguirre

Yo #soy15m

Como parte del #15m me declaro una persona pacífica y condeno radicalmente todo tipo de violencia: la de los violentos infiltrados en nuestras manifestaciones, y la del Estado, que ha causado más dolor y heridos. Además, condeno la manipulación mediática que enfatiza la información sesgada, parcial o errónea con el propósito de demonizar a los ciudadanos.

Si me manifiesto en la calle es porque:

  • Mi participación como ciudadano se ha reducido a votar a listas cerradas cada cuatro años para ver cómo los representantes de los ciudadanos no respetan lo prometido en su programa.
  • Se hacen leyes a favor de grupos de interés en vez de hacerlas a favor del conjunto de la sociedad.
  • Se invierten recursos públicos para ayudar a minorías poderosas, y no a quienes están pasando situaciones desesperadas ocasionadas por la especulación financiera.
  • Los grandes partidos están más preocupados por mantener su poder que por ofrecer soluciones para superar esta crisis histórica.
  • Está a punto de firmarse un “Pacto del Euro” que consiste fundamentalmente en medidas para reducir la inversión pública en servicios esenciales.
  • Desde diferentes órganos del estado se ha insultado a los ciudadanos, e incluso se ha justificado el recurso a la violencia contra manifestantes pacíficos.

Como parte del #15m, acepto y respeto la diversidad ideológica del movimiento. Cuando participo en una manifestación no reclamo un régimen o una ideología en concreto, ni un modelo social no democrático, ni la eliminación de los partidos o los parlamentos. Lo que reclamo es una democracia mejor y más humana que, entre otras medidas, necesita urgentemente:

  • Cambios en la Ley Electoral para permitir una mejor y más directa representación de los ciudadanos en los parlamentos y una mayor participación ciudadana en las decisiones importantes.
  • Aprobación de una Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública para obligar a la publicación en formatos adecuados y reutilizables de todos los gastos, decisiones y reuniones con grupos de presión por parte de funcionarios y cargos públicos.
  • Tolerancia cero a la corrupción de candidatos y cargos públicos, y controles ciudadanos para la exigencia de responsabilidad política.
  • Separación clara, real y efectiva de los poderes del estado.
  • Control fiscal efectivo de grandes fortunas y operaciones financieras; eliminación de privilegios fiscales a cargos electos.
  • Políticas encaminadas a solucionar de forma efectiva los problemas hipotecarios y de vivienda.
  • Servicios públicos de calidad, fundamentalmente salud, justicia y educación.
  • Eliminación de las leyes que permiten el control administrativo de Internet. La red ha demostrado ser esencial para la libertad de expresión y para responder al peligro de manipulación mediática.

Por todas estas razones volveré a salir pacíficamente a la calle el 19 de junio, #19j.

Si estás de acuerdo, aprópiate del texto y divúlgalo (enlace al documento original)

Alphonse Allais

Charles Alphonse Allais nació en 1854 en Normandía y murió en 1905  en París. Si bien no es lo suficientemente, a mi entender, conocido y reconocido  en nuestro país, los que admiran la literatura de “humor”  del país vecino saben de sus andanzas y, en especial, lo señalan con admiración los patafísicos y seguidores de la escritura “heterodoxa”.

Señalo entre comillas la palabra humor porque reducir la escritura de Allais a este subgénero equivale a no  hacerle justicia. Este adjetivo resulta tan reduccionista como algunas consideraciones sobre Ramón Gómez de la Serna que le atribuyen la introducción del humorismo como único valor  literario. En España bajo tal denominación se ha abarcado a autores como Edgar Neville, Jardiel Poncela, Tomás Borrás, Wencesalao Fernández Flórez, Miguel Mihura… la generación y artifíces de revista “La Codorniz”, desde Tono hasta Mingote. Pero no me interesa el sentido de “arte menor” con el que a veces se ha utilizado la calificación de “humorismo”, al contrario, todos ellos poseen una talla que los manuales más académicos han intentado disminuir bajo la losa del humor. Todavía queda por recuperar algunas de las novelas y creaciones de la llamada “otra generación del 27″ o seguidores de Ramón Gómez de la Serna. Sirvan estas líneas para clamar por el restablecimiento de esta literatura, en nada semejante a los “graciosillos de hoy”, que debería auparse a la altura de las mejores novelas de postguerra, o anteriores al conflicto bélico. Yo, inspector de alcantarillas de Ernesto Giménez Caballero es otro ejemplo de la literatura a la que me refiero.

Denomino como heterodoxo a Allais porque  fue un claro antecedente de la patafísica. Al leerle se encuentran el línera conductor que unió a otros creadores de su generación como Alfred Jarry, el músico y escritor Erik  Satie o Apollinaire… También la obra de Allais posee  el carácter desmitificador y burlón de las primeras vanguardias, en especial, del dadaísmo, puesto que, entre sus propósitos, se encuentra la burla de las “buenas costumbres y las actitudes postizas” de su época.

Llamó Allais a su ismo “fumismo” y visto con perspectiva lo contemplamos como un antecedente del dadaísmo, con una alta carga de humor con el propósito de incidir en la desmitificación de la literatura más ampulosa y aburguesada de su tiempo.

En España sus libros se han traducido a salto de pequeñas editoriales. Tal vez su obra principal Las aventuras del Capitán Camp. Sus aventuras, sus ideas, sus brebajes (aparecido por primera vez en 1911) se encuentra al alcance del lector en castellano. Allais toma a uno de sus amigos de correrías, el tal Capitán  C., del que sólo se conversan algunos poemas publicados en la revista “Chat Noir”, al que dota de una personalidad curiosa y de unas opiniones divertidas en ocasiones, cuando  no inquietantes. La estructura de la novela nos conduce por soliloquios del Capitán, o conversaciones con el propio autor del libro, sobre las más variadas observaciones, descubrimientos (como la mina de carne) y detalles ingeniosos. En cada capítulo los protagonistas toman exóticos cocteles convenientemente descritos en las notas a pie de página. De ahí que, en el título del libro, de ahí los “brebajes” relacionados en el título.

Estas aventuras nos recuerdan  a las ciertas peroratas de Don Quijote  durante la novela de Cervantes, pero, sobre todo, el personaje se encuentra muy próximo al Doctor Faustroll de Alfred Jarry, e, incluso, al barón Münchhausen.

De Allais se ha destacado su obra como cuentista. En la actualidad también se puede encontrar en castellano alguna pequeña antología con una selección de sus escritos en este género. Allais redactó números artículos periodísticos y dos piezas teatrales.

El propio Marcel Duchamp fue quien introdujo a Alphonse Allais, o mejor, dicho la obra de Allais, en los ambientes intelectuales de EE.UU. próximos al surrealismo y a la obra del propio Duchamp.

Allais murió antes de la segunda guerra mundial  y durante el transcurso de la misma una bomba hizo saltar por los aires sus restos. ¿Fue ésta la última broma de Allais?

UN ENEMIGO DEL PUEBLO: ¿UN AMIGO DE LOS CLÁSICOS?

Ser fiel al significado último de los clásicos de implica a veces traicionar su literalidad. Lo leí en un prólogo de Juan Mayorga que, además de ser uno de los raros dramaturgos españoles que se estrenan en el extranjero y, más difícil todavía, en España (“nadie es profeta en su propia tierra”), se toma muchas veces la molestia de pensar el drama; y no lo hace sólo como filósofo o matemático (cosas que es), sino también desde la praxis: la adaptación, la traducción y la traslación de los textos.

Además de Divinas palabras, Platonov, Woyzeck, etc., en 2007, Mayorga  adaptó el clásico de Ibsen Un enemigo del pueblo para el Centro Dramático Nacional. El próximo jueves 16 de junio la obra vuelve a los escenarios por una iniciativa del Centro Cultural Moncloa, bajo la dirección de Pablo S. Garnacho y versionado según mi parecer y criterio (bajo la guía del respeto, pero también desde el desprecio a la esterilidad del purismo).

¿Por qué adaptar/versionar los textos? El hecho de que Un enemigo del pueblo, escrita en 1882, se siga representando recurrentemente en la actualidad, quiere decir que, como es connatural a los clásicos, es universal. Sin embargo, conviene aclarar que lo universal es estrictamente su significado profundo, la “fábula política”, ni mucho menos todas sus categorías y estrategias dramáticas. Algunas de ellas, como las frondosísimas patillas de Ibsen, son fruto de las modas, de las costumbres literarias decimonónicas y no hacen sino distanciar al espectador de hoy del verdadero meollo: la pugna en la polis entre la conciencia del individuo y los decretos sociales.

Distancian al espectador los arcaísmos lingüísticos, pero no sólo ellos. Pongamos por ejemplo a la mujer del protagonista (Catalina) que, siendo uno de los personajes secundarios, atrae la atención en una primera lectura por las servidumbres de su género; tan plano como este carácter es el de su hija, Petra, que se da el aire de las primerísimas sufragistas. Anacronismos socioculturales que nos obligan a decidir si lo que queremos es hacer arqueología o, por el contrario, sacrificar algunos elementos situacionales para contar algo parecido a lo que suponemos que Ibsen quiso hacer en su momento. Y anacronismos formales en las entradas y salidas, en las cartas que, constantemente, varían los derroteros de la acción. No se trata de ser moderno por serlo, no se trata de sustituir las cartas por faxes o correos electrónicos, sino de ser fiel al texto… traicionándolo si es necesario. El teatro es humano y, en el patio de butacas, por suerte o desgracia, no podemos disponer de una de esas maravillosas ediciones críticas que definen, explican y contextualizan. Como dramaturga que escribe sus propios textos, no concibo mejor sueño que el de que alguien de un siglo venidero los maquille para disimular lo viejo y hacerlos brillar de nuevo: Un lifting literario.

Hasta aquí la adaptación. La versión es un paso más allá. Sumar, restar, anclar, contrastar… El director y yo elegimos cambiar el final. Quizá Fernando Fernán Gómez no pudo hacerlo cuando llevó la obra a escena al comienzo de la década de los 70 (la dictadura daba sus últimos coletazos) pero hoy está claro a dónde lleva el ejercicio radical de la libertad de conciencia. Tampoco pudimos resistir a añadir una serie de citas filosóficas que nutren y replantean el conflicto de la obra: Maquiavelo, Spinoza, Arendt… nos invitan a repensar conceptos como el sufragio universal o el bien común.

Mayorga definía el teatro (Ni una palabra más) como “el gran archivo. El depósito que ha encontrado la experiencia humana para refugiarse y transmitirse. Un arca de Noé de la experiencia humana”. Es responsabilidad de dramaturgos y directores no dejar que el legado se arrancie, sea pasto de gusanos y, finalmente, ropavejería. Hay que quitar el polvo, abrir las ventanas para que un público nuevo entre al teatro y, sobre todo… será mejor no confundir lo erudito con lo reaccionario.

Representaciones del enemigo del pueblo: a las 20:00 jueves 16 y viernes 17 en el Centro Cultural Moncloa y lunes 20 y miércoles 22 en el Centro Cultural Julio Cortázar.

Entrada gratuita.

Reservas: 915886978

15 M: Miremos a Sol… aunque sea con las gafas oscuras

Democracia Real… ¿no es una antítesis?

¿Puede existir una democracia REAL-MENTE participativa? ¿Merece la masa informe ser llamada «demos» (pueblo)?

El escepticismo, cáncer de la inteligencia de nuestros días, me aparta de Sol y de las deliberaciones de sus asambleas; por otra parte, no hay otro lugar donde estar… allí donde se invocan los viejos eslóganes del 68 (“si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir”) y donde a veces huele, sí, a porro y pis, como pretenden los pálidos pensadores de Intereconomía, pero también a una poderosa miscelánea de fragancias ideológicas en una sola: el almizcle es el descontento.

Estoy en Sol, estoy con Sol. Aunque pienso si no es un error emular las jerarquías que inventa el poder: comisiones (de cultura, de la mujer, del animal) y portavoces. Pese a ser hooligan de Shakespeare y periodista, los hechos me invitan a poner en duda la palabra: en cuanto se intenta racionalizar y significar los puntos principales del movimiento (¿en un manifiesto?) surgen las diferencias y los egos (en total 6000 millones de egos). Sólo somos uno en la acción. Veo a un chico recogiendo papeles, cartones y plásticos en un contenedor. “Lo va a quemar”, pienso. Pero no. Está recogiendo la basura para que esto no parezca un botellón. Sin poder evitar el rubor, me pregunto para mis adentros… “¿no sería mejor incendiarlo, seguir luego con los coches, volcarlos, construir barricadas urbanas como en los suburbios de la Francia del 2005?” Los políticos me han enseñado a desconfiar de la acción pacífica.

No hay otro lugar aparte de Sol. El movimiento sobrevivirá a la acampada (que empieza a apestar a marginalidad y sueño acumulado). El movimiento ha de sobrevivir porque es la única alternativa ante la falta de alternativas. Somos muchos militantes obligados a militar en la nada. Somos y estamos en manos de la derecha (y quién sabe lo que nos espera de los fascismos y los nacionalismos –ismos nutridos por las crisis-) hasta que la izquierda se repiense, se reorganice y nos merezca.

Por el momento, el movimiento y sus islas, sólo somos un grano más en la purulenta faz del sistema. Pero esta mancha está obligada a convertirse en un tumor.

Miremos a Sol… aunque sea con las gafas oscuras.

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