Entrevista a Nouvelle Vague [New Wave Deconstruída]

“Es cierto que hay músicos que se enfadan si les preguntan por sus influencias. Me parece una estupidez absoluta. Para ser músico hay que escuchar mucha música, y me encanta hablar de mis músicos favoritos”. De esta manera tan contundente, el cantante Chris Isaak deja sin argumentos a todos aquellos que reniegan de las influencias. Nadie ha inventado el fuego y los maestros lo saben mejor que nadie. Roy Orbison o Nat King Cole aparecen en el imaginario de Isaak. Si el bello poeta se atreve a descubrirnos sus padres artísticos, por qué no debería hacerlo todo el mundo.

Una manera de honraros es a través del arte de la versión. Arte, sí, por la dificultad que conlleva y por alguno de los resultados que se han llevado a cabo. Son muchos los artistas que se han lanzado en los últimos tiempos a versionar a sus maestros, como Beck regrabando el debut de The Velvet Underground o “The Songs of Leonard Cohen”, así como Cat Power y su doble experimento en “The Covers Record” y “Jukebox”. Un paso más allá es lo que realizan desde el otro lado de los Pirineos el colectivo Nouvelle Vague. Hace casi una década nos sorprendieron con su “Love Will Tear Us Apart”. Atreverse con uno de los himnos británicos por antonomasia es una empresa arriesgada, pero tocarla en clave bossa podía haber sido un suicidio en toda regla. Nada más lejos de lo habitual. Esta cover les situó en el mapa, y las posteriores “Guns of Brixton”, “Just Can’t Get Enough” o “The Killing Moon” les pusieron en la cresta de la ola. Sex Pistols, Gary Numan, Soft Cell, Blondie,… una mezcla tan interesante y bien amueblada como la mente criminal de Olivier Libaux, una de las dos cabezas pensantes del proyecto Nouvelle Vague, como así pudimos comprobar durante el transcurso de esta entrevista.

Lo primero es presentarse, ¿de dónde viene Nouvelle Vague?

El nombre de la banda viene de la traducción al francés de New Wave. La primera premisa fue hacer versiones en clave bossa nova de temas de la New Wave. Aunque la traducción del portugués bossa nova no es completamente nouvelle vague, los periodistas musicales franceses de los años cincuenta lo traducían así. New Wave y bossa nova unidos por el término nouvelle vague. No tiene ninguna relación con el movimiento cinematográfico, pese a que circulan muchos vídeos de fragmentos de películas de Godard con nuestras canciones.

Cuando llega la hora de hacer una versión, ¿cómo te enfrentas a ella? ¿Qué cambias y qué mantienes de la canción original?

Olvidamos toda la producción original. Básicamente dejamos el cuerpo de la canción, la melodía y las letras, sólo eso. Toda la producción, los sonidos de la época, los desechamos. Cuando cogemos la melodía y las letras, lo que hacemos es cambiar el ritmo para que encaje con la voz que va a cantarla. Así es como construimos la canción.

¿Qué piensan los creadores de las versiones?

Afortunadamente a la mayor parte de ellos les gustan.

¿Ha habido algún artista que ha estado realmente interesado en vuestras versiones?

Uno de los primeros fue Martin Gore (Depeche Mode), y gracias a eso hemos podido colaborar en el tercer disco. Creo recordar que la primera reacción de la que nos enteramos fue la de Mick Jones (The Clash). En la gira del primer disco tocamos en un festival en Estocolmo y Mick Jones estaba allí. Nos descubrió y supuso toda una sorpresa. Lo mismo que para nosotros su reacción. Después de eso ha habido varios artistas que se han enterado gracias a lo que Martin ha dicho sobre nosotros. Hemos tenido muy buenas reacciones, incluso de gente de la que no hemos hecho ninguna versión, como Morrissey. A Morrissey le encantaban nuestros temas, los bailaba por los clubs de Londres y eso que habíamos hecho nada suyo.

Una de las cosas que más me llamó la atención cuando conocí a Nouvelle Vague es saber que las vocalistas interpretaban la versión sin haber escuchado la original.

Cada vez es más difícil. Las vocalistas que trabajan con nosotros se han empezado a interesar en la New Wave, así que es mucho más difícil encontrar una canción que no hayan escuchado. Pero siempre hay recursos. Coges un grupo que no sea muy famoso, como por ejemplo Magazine, y eliges una canción de su primer disco que no haya sido single y ya está. Para este álbum queríamos hacer ‘Blister in the Sun’, una canción muy famosa de Violent Femmes, así que decidimos volver a trabajar con Eloisia, la intérprete brasileña que cantó ‘Love Will Tear Us Apart’. Esta chica es puramente brasileña; como mucho conoce el nombre de Depeche Mode, puede que dos o tres de las canciones… ¿De qué va la letra de “Love Will Tear Us Apart”? Calla y canta, sólo cántala.

¿Qué hay más allá de la New Wave? ¿Qué piensas de las nuevas bandas? ¿Qué escuchas actualmente?

Escucho muchas cosas. Muy pop, muy clásicas en sus formas. Por ejemplo, Fleet Foxes. Además, soy muy fan de Sufjan Stevens.

Sufjan está completamente hiperactivo.

Sí, escuché ayer uno de la última etapa que es instrumental. Una pena, porque su voz es genial. Mis bandas favoritas son bandas famosas, dentro de los círculos independientes. También soy un gran fan de Queens of the Stone Age. Es la gran banda actual, hacen rock como en los viejos tiempos.

nouvellesvagues.com
myspace.com/nouvellevague

Desesperada Esperanza: Jean Eustache

Desconocido incluso para los franceses, Jean Eustache (1938-1981) es un raro ejemplo de poeta maldito en las filas de trabajadores de la industria cinematográfica, actores de un mercado que raramente ostenta las características del arte. Con su pelo largo lacio y sus sempiternas gafas oscuras, con sus facciones judaizadas y las cicatrices del alcohol y el tiempo, Eustache parece más bien un escritor (él se considera tal, aunque preferentemente cultiva la gramática de las imágenes). Definido por uno de sus colaboradores como el “dandi proletario”, podemos completar su retrato aludiendo a unos orígenes muy modestos y humildes, en conminación con un esfuerzo precoz por diferenciarse, culturizarse y refinarse (dice uno de sus personajes que no tener dinero no es pretexto para comer mal ni para no cultivarse). A diferencia de muchos de los autores de la Nouvelle Vague, Eustache llega a París sin nada en los bolsillos y, pese a eso, hace el cine que le da la gana; por poner un ejemplo, lejos de acogerse a una duración estándar, prefiere a veces el mediometraje o compromete a los distribuidores con una película de más de cuatro horas.

Aunque estudiosos y críticos nombran a menudo a Eustache adalid de una generación Post-Nouvelle Vague, se trata más bien de un islote alrededor de este movimiento, que termina por institucionalizarse, granjeándose el apoyo del gobierno. Aunque Eustache frecuenta la redacción de Cahiers du cinéma, participando de los acalorados debates de la cinefilia, no conquista ningún vínculo generacional: su condición es la del solitario y sus películas se las arranca al solipsismo creador (en un ámbito, el cine, que rige el trabajo colectivo) y existencial. La vida y la obra de Eustache, inseparables e inmiscuidas, ilustran, como dice Deleuze, que “la historia del cine es un prolongado martirologio”. Mendicidad de descartes de otros rodajes (restos de película virgen) o huelgas de hambre… todo a costa de diferenciarse y desmarcarse de la barbarie que viene siendo el cine de consumo:

Si me confiaran la crítica de un diario o de una revista –dice Eustache-, me vería obligado a poner ‘desastre’ desde hace ya bastante tiempo, y al cabo de 24 horas me echarían a la calle. El hecho de hablar de cine hoy como hablábamos de cine cuando había creaciones me parece que es dar muestras de una irresponsabilidad muy peligrosa, que me perturba y que no soluciona nada: en mí produce un efecto muy sucio (…) Yo comparo el cine actual con lo que pudo ser un país cuando estaba ocupado por fuerzas extranjeras. Y la única posición posible de un creador hoy en día me parece la de la resistencia, la no colaboración con la industria, el público, la exhibición, la crítica con la que todos, sabiéndolo o no, colaboran.

Los mediometrajes que Eustache rueda en la década de los sesenta, los primeros de su carrera, Les Mauvaises Fréquentations y Le Père Noël a les yeux bleus (este último financiado en parte por Jean-Luc Godard), nos presentan, respectivamente, unos “provincianos” en la capital y un aspirante a dandi en provincias; destaca la mirada límpida de un mundo burgués envidiado y rechazado al unísono, el temple de retratista y la suciedad embellecedora del blanco y negro y el sonido (casi documentales). Es difícil resistir a la tentación de felicitar la Navidad con ese joven (Jean-Pierre Léaud, conocido por Truffaut y Godard) que se traviste de Papa Noel para fotografiarse con los viandantes (abrazando las cinturas de las chicas) con el objetivo conseguir el dinero que le proporcione una trenca a la moda; huelga decir que en nada varía su estatus la adquisición de la prenda: el paria del neocapitalismo, paria se queda. De esta época proceden las declaraciones: “Cuando se piensa en comer, no se piensa en el marxismo, se piensa en comer. Cuando se está completamente solo, cuando no se tiene ni para fumar o dónde dormir, no se piensa, no se tienen posturas ideológicas”.

Siendo ya reconocido profesional, Eustache no renuncia a las virtudes del cine amateur (de amante) y doméstico: filma una fiesta tradicional de Pessac, su pueblo; la matanza del cerdo; y a su abuela, Odette Robert, disertando sobre seis generaciones, indirectamente a la vez, sobre la historia de Francia. Su cámara no conoce el despotismo y aborda a los “actores naturales” con una naturalidad rayana al don de la invisibilidad.

La mamá y la puta (1973) es para muchos su obra magna. Con unos líos de faldas traducidos en un texto denso, literario y fascinante, arrebatado a lo biográfico (“Ver uno de mis films es lo mismo que verme”) Eustache nos desengaña de la posibilidad de que una revolución de los cuerpos/sexual vaya a saciar el vacío existencial y a reemplazar una revolución política/cultural. La lucidez abrasiva y el humor negro le valen a Eustache la fama de reaccionario, pero también la publicidad y el premio en Cannes que posibilitan un proyecto largamente ansiado: Mes petites amoureuses (1974). Con esta película, que había escrito y reescrito durante años, se reconstruía casi arqueológicamente la infancia. El aislamiento del joven Daniel es la causa de una práctica, el voyeurismo, que no sólo estigmatizaría las relaciones de Eustache con las mujeres, sino que determinaría una vocación: el cine. El director volvería a incurrir en el motivo de la mirada (pasividad escópica y voluptuosidad) en una película, Une sale histoire (1977), en la que se nos narra en primera persona la experiencia adquirida a través de un agujero en el baño de mujeres de un café.

Es curioso y extrañamente paradójico, que este proyecto tan amado (Mes petites amoureuses), fuera un estrepitoso fracaso económico y se convirtiera en la tumba de Eustache, que consuma en 1981 sus pulsiones autodestructivas suicidándose. De ahí el oxímoron con el que encabezaba este humilde recordatorio, que tiene otra causa, además, en el contraste entre una deslumbrante cinefilia y el desprecio más absoluto por el cine de hoy, su vulgarización y su homogeneización. Eustache era poeta en un arte maldito, lo cual equivale a predicar en el desierto. Decía Sarte que “el poeta es el hombre que se compromete a perder”.

Se recuerda el perfume que se odia

Podría decirse que había acumulado pequeños éxitos: publicaciones, premios, algún que otro estreno… el último ayer. Hoy estaba arrodillada frente a un retrete. Muchas veces antes había tomado esa postura para vomitar en el baño de algún bar: había chicos a los que no les importaba besarle luego, pese al aliento a vómito. Aquella postura, similar a la de la oración, solía preceder aquellos sueños que se confunden bruscamente con la resaca y de los que se despierta con una cicatriz en la ceja. Estaba limpiando el retrete, intoxicada por el olor a ambientador e hipnotizada por el fuliginoso azul del producto de limpieza, pensando en lo que hasta entonces le había deparado la vida, negando que la historia fuera un vector, cagándose en el marxismo dialéctico. Todo aquello era un engorro. Cada sábado y cada domingo comenzaba su día en el restaurante limpiando los retretes. Nadie le obligaba, era amiga de la encargada y de todos los inmigrantes que se dejaban el culo por seis euros la hora, ellos se ofrecían a turnarla, pero prefería vaciar las papelera de los restos de la noche anterior, de las compresas y expósitos donde todavía correteaban las ladillas, rebañar las excrecencias de váter, que atender a la primera clientela, compuesta de self-made-man burgueses, que tomaban el café y leían el periódico en la terraza aunque estuviera granizando; los detestaba, los detestaba más cuanto mayor era su educación, su sonrisa y su propina. Era fácil sonreír desde el otro lado de la barra: se recuerda el perfume del que se odia. Apenas tenía faltas de ortografía cuando se trataba de textos académicos (su especialidad eran las esdrújulas) y, sin embargo, siempre se equivocaba copiando el menú del día. Se incorporó del retrete y se sacó de la nariz el terrible olor de naftalina, se sacudió la ropa con orgullo de clase. En ese momento le invadía el sentimiento de que ese trabajo, sucio hasta la ignominia, era el principio de la perfección moral. Sólo las tareas manuales matan el ego: lo sabía por los monjes y los jardines zen, por su padre (que había trabajado desde los catorce para cobrar la pensión mínima) y por Bukowski. Pero lo cierto es que tenía el ego lleno de tiritas, como la barba de un vejestorio.

Ilustración: Aarón Lobato

Revisar el Sistema

Sinceramente creo que toca una revisión profunda del sistema, toca escuchar a la ciudadanía que se ha cansado de una ley electoral injusta gracias a la cual los partido minoritarios se quedan fuera del escenario político (o son minimizados) dejando a amplios sectores de la sociedad española desproporcionadamente representados, dando igual que sean de una u otra tendencia, no se trata de la tendencia si no de la justicia, por eso la spanishrevolution, ha surgido como un movimiento trasversal que pide  un análisis exhaustivo de un modelo político que cada vez se aleja más de una sociedad civil  capacitada, compuesta por ciudadanos que no quieren que se le impongan leyes si no que se les consulte y tenga en cuenta en la toma de decisiones.

Puede que tal y como ha dicho Sarkozy, la spanishrevolution vista desde Egipto no tenga mucho sentido, pero… la sociedad siempre debe progresar y mejorar. Así como pasar de la dictadura a la democracia representativa fue un avance significativo gracias al cual muchos ciudadanos se sintieron liberados. Ahora, tal vez, haya llegado la hora de pasar de la democracia representativa a la participativa. El cambio no deberían asustarnos. Las corrientes suelen ser imparables y al igual que pasa con el agua estancada, cuando un movimiento se reprime por la fuerza, cuando la energía de la gente no puede circular libremente la sociedad se pudre y el sistema se corrompe. Tal vez ha llegado la hora de mirar hacia delante dando paso a un sistema donde todos podamos participar.

¿Quienés son los terroristas?

El telespectador estará perplejo: entre una boda real de boato, el recurrente aumento del desempleo nacional y el enésimo partido de fútbol del siglo disputado este año; imágenes con profusión de cuerpos yertos e hinchados, en localidades de exóticos nombres como Misurata, Taez, Dara o Manama, saturan todos los informativos diarios. Acaso, el televidente menos advertido, piense que debe haber comenzado la temporada de cosecha de cadáveres entre los musulmanes.

La feria de los horrores no cesa desde hace semanas: un lunático homúnculo yihadista, que actúa por libre, hace estallar una bomba en Marrakech; un dictador del eje del mal ordena a su milicia -la Shabiha-, que masacre a su propio pueblo en Damasco; la OTAN asesina en Trípoli a niños menores de cuatro años, cuyo gran delito parece consistir en ser nietos de un “extravagante amigo” de Occidente; un Premio Nobel de la Paz coordina la ejecución extrajudicial, en Abbottabad, del padre de la primera red de franquicias del terror fundamentalista; y los seguidores de este último, iracundos, claman venganza contra aquel y a cambio siembran el terror en Kandahar.

Además, todos los aliados quieren aparecer en escena como garantes del buen hacer en este flagrante regreso del Talión. Rusia continúa la sangría chechena en su particular y confusa ofensiva abierta contra el “terrorismo internacional”. La UE, siempre más pacata en sus actividades, se limita a cerrar fronteras mientras deja morir en el Mediterráneo a decenas de inmigrantes, provenientes de Libia, abandonados a la deriva.

Y el caso es que, hace algún tiempo, subieron al proscenio de este monstruoso escenario los ciudadanos de algunos países del Magreb y Oriente Medio, con radicales soflamas que desconcertaron al mundo entero. Aquella gente, que llegó a poder contarse por millones, exigía el fin del terror despótico y la instauración de democracias en sus países. Chocantes reclamaciones desde pueblos donde se presumía que, el que no se prosternaba ante los caprichos del tirano prooccidental de turno, debía ser un faccioso islamista.

Comenzó esta reacción en la dictadura socialista de un pequeño Estado, poblado por algo más de 10 millones de personas. ¿La radical Cuba de los Castro? No, el respetable Túnez de Ben Alí. Poniéndonos en antecedentes, podía leerse lo siguiente hace un año –el 25 de mayo de 2010-, en los dos últimos párrafos de una noticia publicada por el diario El País: “Las organizaciones internacionales de derechos humanos consideran que de todos los países de la orilla sur del Mediterráneo que han suscrito acuerdos con la UE -Libia no ha firmado ninguno-, Túnez es el más represivo”.

En sus cárceles, calcula Human Rights Watch, hay unos 800 presos de conciencia, la mayoría islamistas no violentos, mientras que en Cuba, con cuyo régimen la UE no mantiene ningún tipo de acuerdo, son menos de 60”.

El 17 de diciembre de 2010 en Sidi Buzid, una pequeña población del paraíso tunecino de la libertad y la democracia, un vendedor ambulante de 26 años llamado Mohamed Bouazizi fue extorsionado y agredido por la policía. Despojado de su negocio y su futuro, Bouazizi decidió inmolarse, quemándose a lo bonzo, en protesta por su situación desesperada.
Las revueltas populares que siguieron a su muerte, desencadenarían la Revolución de los Jazmines que, a la postre, terminaría con el derrocamiento del sátrapa Ben Ali el 14 de enero de este mismo año. Los acontecimientos inmediatos a nivel internacional son el paradigma perfecto de la profecía autorrealizada que definiera Merton. Y es que, si la teoría del efecto dominó comunista que preveía la doctrina Truman jamás se dio como tal, ese mismo efecto dominó se ha visto cumplido más de medio siglo después con las sucesivas oleadas de protestas orquestadas por diferentes ciudadanías musulmanas.

Tras Ben Ali, los resistentes egipcios consiguieron hacer caer a Hosni Mubarak gracias a una gran perseverancia y a las sucesivas manifestaciones, sobre todo en la plaza Tahrir. Estas dos muestras palmarias de la capacidad del poder popular para acabar con la tiranía, dieron alas a las poblaciones musulmanas que, desde Marruecos hasta Irán, presenciaron un albor de voluntad democrática. Pero una primavera de democratización en este territorio debía de ser una pesadilla para dictadores, terroristas, presidentes occidentales y fabricantes de armas.

Quizá por eso Libia se ha anquilosado en una guerra civil con la intervención de la OTAN, en tanto que el otrora panafricanista Gadafi amenaza a Europa con la invasión de “millones de negros” y culpa de la situación bélica a las drogas o a Al Qaeda, según el día. Acaso por idéntica razón, el presidente Bashar Al Assad, salvaguardia de la criminal utopía panarabista y socialista de la dictadura del Partido Baaz, acribilla a la población siria indiscriminadamente.

Igualmente sigue la represión en Yemen, aunque el presidente Ali Abdullah Saleh haya prometido no ampliar su mandato; y en el Reino de Baréin, donde la oligarquía sunita discrimina a la mayoría chií. Y aunque no todas las rebeliones populares han tenido consecuencias negativas –en Arabia Saudí, Kuwait, Jordania, Omán, Argelia o Marruecos se están llevando a cabo tímidas reformas-, parece que la estela democratizadora se apaga, al tiempo que la retórica y la acción belicistas continúan imparables.

Es difícil predecir cuáles serán las consecuencias de este nuevo despertar del Magreb y Oriente Próximo, pero todos los indicios apuntan a que, poco a poco, estos mayoritarios actores pacíficos serán acallados a causa del ruido de las acciones fanáticas de iluminados solitarios, insurgentes, dictadores y coaliciones democráticas. Si esto sucediere, y el indolente espectador se preguntara en algún momento quiénes son los terroristas en toda esta historia, habrá que explicarle, como haría José Hierro, que en nuestro mundo “las cosas muchas veces no son ni blancas ni negras, sino jueves”.

La literatura y los Borgia (II)

Y como (los Borgia y la Literatura) envenenan, y además generan adicción, enfermo y preso del “mono” hasta las trancas acabé haciendo lo que más temía: escribir ficción sobre ellos.

Pero expliquemos los últimos acontecimientos y lo sucedido con la Literatura (oh, la tentación) antes de hablar del pecado en sí. Cayó en mis manos una joya borgiana tan única como valiosa; tan inusual como precisa. Una especie de pequeño folleto turístico patrocinado por la Diputación de Navarra en 1968, como parte del programa de la Dirección de Turismo, Publicaciones y Cultura Popular, concretamente el número veintiséis de una serie que empezaba con San Francisco Javier para ahondar en temas como San Fermín y sus fiestas, Gayarre o los castillos navarros, me hacía conocer a D. Francisco Javier Ortiz Felipe, nacido en el singular año de 1939. Era él quien firmaba el texto del escaso libro de inusitadas dimensiones.

En él podían leerse, entre otras perlas:

“Pasión del hombre y de las cosas. La portada y la lápida elevan al cielo el sordo murmullo del dolor, el misterio nunca resuelto de la historia y la vida humana, el brazo truncado y la terrible paradoja del protagonista del más brillante escenario de Europa asaltado de noche por una muerte arrebatada y aplastado aún más por miles de días de infinita ignominia”.

“Pero el Destino vela; en cada ocasión ha dejado un cabo suelto, un hilo pequeño, débil y casi inasible que misteriosamente enlaza con el siguiente hasta el día de marzo en que por vez primera pisa César nuestro suelo -el día aniversario de su elección como Obispo de Pamplona, ésta es la señal cifrada- y salta el resorte de la trampa, uniendo al héroe y al reino en el único abrazo que no puede romperse: el de la muerte”.

Dejando de lado la excelente documentación, el magnífico trabajo del autor, que exige del lector un mínimo conocimiento y una implicación en el texto para disfrutar en la totalidad del mismo, ¿no estamos ante Literatura en estado puro? ¿No son estas frases, ejercicio de virtuosismo poético y filosófico? Ah, sólo un Borgia podía inspirar tanto. Este licenciado en Derecho que, de vivir hoy, tendrá setenta y dos años, transmitía una pasión que le delataba. No se trataba de un trabajo bien hecho para el que se han buscado lecturas y puntos de vista diferentes, que generen realidad con una imagen tridimensional que solo nace del conocimiento auténtico. No era solo el resultado profesional de un trabajo minucioso, sin importar la extensión del mismo (punto a tener en cuenta en mis Borgianos). Se trataba de utilizar las palabras para embrujo de lectores, transmitir la fuerza del personaje sin escatimar en recursos literarios, en vocablos o en giros. Los juristas también somos literatos cuando el numen es un pariente de Alejandro VI. Toda su estirpe acaba subyugando por una fuerza que toma diversas formas desde Alfonso de Borja (nacido en 1378) hasta San Francisco de Borja (fallecido en 1572). Casi doscientos años de pasión y espiritualidad, de acción y fuerza, saga de hombres (y mujeres en la medida en que se lo permitió la época) excepcionales por la entrega sin descanso a aquello en lo que creían, por su manejo sabio y frío del poder, por la capacidad para generar leyenda.

Pero he aquí que, además, esta familia copa todas las formas de Literatura, posibles e inspira a todo tipo de artistas, plásticos, gráficos y literarios: he descubierto una serie de comics (4 volúmenes completan la saga aunque el cuarto todavía no ha llegado) escritos por Jodorowsky e ilustrados por Manara, una de esas extrañas parejas cuya cópula extraordinaria da frutos terribles. Aquí la historia es bastante libre, las licencias son continuas, pero, ¿acaso importa? ¿Quién espera de un cómic un ensayo histórico? Quizá solo un idiota. Sin embargo la crueldad, las vísceras, el sexo, el semen y la lucha por el poder responden a la época de una forma a la vez contemporánea y atemporal. Se siguen algunas leyendas que ya casi tienen fuerza de verdad: la cantarella, los anillos con veneno, la Lucrecia amante de su padre (aunque aquí los disfrazan y enmascaran para que no se reconozcan y su pecado quede atenuado), la supuesta homosexualidad de Giuliano de la Rovere (Julio II), la sanguinaria y cruel fidelidad de Michelotto… Pero también hay historias nuevas, pura invención de los autores que se dejan llevar por una orgía de Renacimiento peculiar aunque muy bien documentado.

Jodorowsky, no obstante, hace un enlace hacia lo filosófico que me sirve de cadena para hablar de otro autor (no menos polémico hoy en día traer su nombre, pero obviaré cualquier otra mención que no sea estrictamente literaria o borgiana): José María Pemán. Este poeta de enorme fama en su día también dedicó algunos minutos a la figura de César Borgia en su Meditación Española lo cual no deja de ser curioso porque César era nacido italiano y su personalidad tenía mucho más que ver con el Renacimiento de aquel país que con el del nuestro. Pero César es solo una excusa para que Pemán hable de la “medicina del tiempo” que todo lo cura. Apenas atendiendo a las luchas del reino de Navarra en las que perdió la vida el Príncipe maquiavélico (no en el sentido de malvado) por antonomasia, como a mi gusto Fernando el Católico fue el Rey maquiavélico perfecto, digo, tomando esas luchas navarras como arranque habla el poeta de cómo el tiempo y la Historia pasan para dejar empequeñecidos enfrentamientos y luchas sangrientas que bien podrían haberse evitado si se hubieran analizado con la frialdad del futuro. Sin embargo, aunque el artículo no parezca demasiado enfocado a los Borgia en alguna de sus frases se descubren quizá pistas sobre ese monumento a César Borgia que se ejecutó en el siglo XX, y la conexión -tenue, rocambolesca, capricho del destino- con la casa de Alba. Otro fleco misterioso por el que inspirarse y escribir quizá algún día.

Y tras todo este plantel de autores y formas traigo mi Borgianos. Epitafios y nanorrelatos (publicado en Internet de forma gratuita y acceso libre) con la intención de “vengar” su memoria intentando desmitificar y limpiar su nombre. Seguramente es un error, pues son todas las calumnias e historias inventadas, la Literatura malintencionada, la que los ha hecho “eternos”, concediéndoles la inmortalidad como si de una nueva constelación de estrellas se tratase, siempre en el cielo para ilustrar sobre la Realpolitik, la fuerza de la palabra y la erótica del poder. Pero yo creo que merecen su memoria no por aquello en lo que los han convertido las malas lenguas, sino por sus propias características, por sus existencias excepcionales. Creo que toda la Italia de la época estaba plagada de talento, de vida nueva, de sabiduría, astucia y arte en la arquitectura, la escultura, la pintura o la literatura tanto como en la propia forma de vivir. No estaba vulgarizada, desde luego, por la inconsistencia de la edad actual, puro punto superfluo que se convierte en agujero negro como la rana de la fábula de Esopo intentando, vanidosamente, ser tan grande como el buey. Cierto que el analfabetismo era la norma y que el pueblo vivía en condiciones sucias y miserables. Pero aquellos que tenían acceso al poder, al dinero, a los placeres, al conocimiento, sabían utilizarlo de forma total, agotar el cáliz que les era ofrecido hasta la última gota, rebañando con la lengua el metal de la copa.

Desde luego no perdían el tiempo con naderías, con programas televisivos sin trascendencia alguna. Por eso no sólo he hablado de los Borgia, ni creo que fueran los más criminales de su tiempo (eran otras normas morales). Creo que han sido y son el símbolo de una época, convirtiéndose en imagen de lo peor y lo mejor de su mundo. Por eso en mi pequeño libro de sesenta y seis nanorrelatos hablo de Savonarola, Miguel Ángel, Carlos VIII de Francia, y de otros personajes de menor poder y fama. Intento recoger una época con rápidos trazos, como si fueran gotas de agua corrosiva que, por un momento, rasgasen el firmamento al caer, y por esa abertura antinatural pudiésemos ver fugazmente el pasado.

Pretencioso, sin duda. Nadie dijo que yo fuera menos pretencioso que la citada rana del cuento.

La experiencia, aunque está llegando a un público minoritario, está resultando de una riqueza, de un placer enorme: algunos de los lectores empiezan a buscar fuentes que les hablen de estos personajes que habían empezado a caer en el olvido o, lo que es peor, en la vulgarización de películas españolas incapaces de recoger con un mínimo de calidad ni siquiera la leyenda negra. Y el hecho de que quienes me leen, se sientan picados por el veneno de esta familia y su época, el veneno real, que es quedar prendados de ellos y no el arsénico mezclado con orina, es como una semilla, la semilla de unos frutos que sigue produciendo un árbol que va camino de su séptimo centenario.

Para los interesados el libro puede descargarse gratuitamente en formado pdf en la siguiente página web.

La literatura y los Borgia (I)

Claudio Naranjo: ‘Todos los dioses son maneras de hablar’

Claudio Naranjo es un terapeuta global. Un viejo conocedor del alma humana y un profundo observador de la sociedad y de sus enfermedades. Un buscador infatigable que no ha dejado de experimentar desde la vida y la universidad.

Autor de múltiples libros y cursos como Una educación para cambiar el mundo o La mente Patriarcal, Claudio nos ayuda a definir el malestar social desde la psicología humanista, poniendo el acento en los aspectos educativos que pueden transformar la realidad.

Escuchando a Claudio no puedo evitar tararear un trabalenguas: Si el mundo está enloquecido, ¿quién lo desenloquecerá? El desenloquecedor que lo desenloquezca, buen desenloquecedor será.

Esta entrevista es la primera de tres entregas sobre la visión de Claudio Naranjo. Las dos siguientes se refieren a espiritualidad y psicología y aparecerán en generacion.net.

Claudio: ¿Quién gobierna este mundo?

Algunos multimillonarios que se conocen muy bien entre ellos y no actúan de manera individual. Pensamos que son una especie de mafia buena frente a la mala mafia, pero no son tan buenos, puesto que pueden suponer una economía criminal. Son dos caras de la misma moneda…

¿No te has vuelto algo conspiranoico?

Sí, en el sentido de que supongo que hay algo oculto (risas)

Tu crítica en tu última obra a la democracia presente o formal no considera que al menos este régimen liberal supone una cierta atenuación de poderes…

Es una exageración llamar democracia a lo que padecemos, puesto que no es el pueblo quien gobierna. Hay que recuperar ese concepto. La democracia sería el gobierno por el pueblo y para el pueblo, cosa que no se da.

Antes había poderes visibles como la Iglesia, el ejército, el Estado. Ahora parece que sólo hay oprimidos sin opresores. Yo no creo que podamos llamar democracia a un mundo donde aparentemente sólo vemos oprimidos.

La ecuación sociedad igual la explotación, viene de lejos…

Desde siempre, en lo que llamamos Civilización. Pero creo que en los momentos de origen la Civilización tuvo otros horizontes y principios inspiradores. Se siente que había una gran luz, que se hubiera ido corrompiendo el poder poco a poco. Creo que la Civilización es como la edad de hierro, caída desde la Edad de Oro. La de bronce sería la de los héroes, los dioses andaban muy cerca de los hombres, pero ahora… es otra cosa.

Qué te parece si en lugar de decir que estamos bajo un dominio del patriarcado y proponer la alternativa del matriarcado, fuéramos hacia un poder andrógino que tuviera integrados al hombre y la mujer…

Yo creo que con la verdadera democracia ya estaríamos en una síntesis parcial; si lo que llamamos femenino (compasión, cuidado, sentido de la comunidad) se mezcla con el poder, pues sale esa mezcla. Esta idea aparece simbolizada en que haya poder ejecutivo y parlamentario separados, lo que supondría que hay un equilibrio y separación de poderes. El problema es que esto no es real cuando el parlamento obedece a los capitalistas y además los poderes no están separados.

Se ha hablado mucho del declive de la sociedad patriarcal, que nunca llega.

Estamos desde hace décadas en un mundo patriarcal agónico, pero que se defiende: las dictaduras militares en Chile son un ejemplo de estertor reaccionario. Si te fijas, ahora, el neoliberalismo vociferante ya no se manifiesta de esa manera. Ahora los neoliberales ya no se atreven con la llegada de la crisis y disimulan sus ideas. No es la economía lo que está en crisis, sino la ideología neoliberal y sus promesas incumplidas. La reacción primera se dirigió contra la contracultura, que entendía que el mundo estaba podrido y que había que ir por otro camino. El sistema se sintió muy amenazado con aquel movimiento de los sesenta.

El famoso libro El despertar de la Contracultura, de Theodor Rostaz, da un papel importante a la LSD.

Yo creo que la LSD contribuyó al despertar de la Contracultura, pues estos fármacos desprograman, te vuelven al origen. Por eso se han perseguido estas sustancias bajo excusas médicas como la adicción o el daño. Aunque no haya que menospreciar estos peligros, creo que ese punto de vista oficial es como un disfraz, puesto que algunas drogas llevan a la gente a no depender tanto del Sistema. Nos hacen descreídos.

¿Qué consejo darías a una persona que busca conocerse?

Respetar su sentido de búsqueda, ser más verdadero, tratar de hacer el menor daño posible: meditar, intentar desarrollar una actitud empática, sentir a los otros, no enfrascarse en la propia vida. Proponerse el amor como una obligación no funciona, pero proponerse tener un corazón mas grande sí.

Cuando hablas de un mundo distinto, ¿por dónde crees que puede venir el cambio?

En cada uno para todos. Hay un estado normal del sufrimiento y un estado mejorable de conciencia. Hablo de cosas espirituales. La vida toma un sentido mayor si uno está encaminado, es como si hubiéramos venido a este mundo a fructificar, a acercarnos al centro de la vida, a una vida más profunda… La mutación consistiría en volver a recuperar esa dimensión en la que el mundo se curaría, pero recuperar esa posibilidad sin el autoritarismo de las iglesias. La gente busca otras fuentes. Yo tengo mucha fe en la entrega a la espontaneidad, en que la naturaleza lo sabe, el animal interno sabe más que nosotros. Yo uso el movimiento espontáneo: movimiento autentico, no moverse hasta que suceden las cosas. El movimiento es el pretexto, es una sintonía con una fuente que va más allá de las motivaciones de la mente ordinaria. Yo creo en el fenómeno de la inspiración, como cuando los poetas dicen que es la musa la que baja. La mayor parte de lo que sé del eneagrama (las descripciones de las personalidades) no me llegó de Ichazo; me llegó a través de la escritura automática: Dejándome llevar, el lápiz en el papel se movía solo, como si me hubiera querido enseñar a no tener prejuicios. Después me sucedió algo caminando en el desierto, como si se me estuviera enseñando a obedecer hacia dentro, a ser mandado por una parte de mi mente, entonces, en un momento dado, me vinieron una serie de conocimientos.

La meditación es un elemento, en el sentido de no hacer nada, estar en el silencio, en la paz, esa es una dimensión: pero dejarse fluir me parece un buen complemento, que no se ponga la meditación demasiado seca…

¿Crees que otra religión es posible?

Sí, con espíritu… pero sin religión rígida. Todos los dioses son maneras de hablar.

Los griegos sabían que Homero hablaba con humor sobre los dioses. No existe esa sensación en los textos sagrados monoteístas. En Homero se manifiesta amor por los dioses, pero nada de sentirlos como seres superiores que nos van a juzgar o a castigar. Es como si Homero supiera que hay una forma divertida de hablar de religión. Por ahí…

Volvamos a tierra. Imagínate que Obama se volviera loco y te dijera: Claudio, vamos a nombrarte ministro de Educación de los Estados Unidos. ¿Qué cambiarías en la escuela?

Le daría menos espacio a la propia enseñanza para introducir humanidades no verbales, apoyaría la educación vivencial y colaborativa tipo scoutismo, que consiste en hacer cosas juntos: Educación para las relaciones humanas desde la convivencia. Una educación para la democracia tiene que pasar por que la gente restablezca relaciones humanas desde la confianza, con sentido de grupo sin que nadie quiera destacar a costa de los demás. Debemos recuperar la ilusión por el grupo, por saber que a veces se puede y debe llegar más lejos con el grupo. La belleza que establece una relación auténtica, el sentido de hermandad, todas esas cosas…y, sobre todo, acabaría con el énfasis en las notas escolares, que perjudican los procesos y maduran a la gente a la fuerza, a través del sustituto intelectual propiamente dicho.

Conozco una escuela en Ecuador, donde a los padres se les dice que acepten una premisa: a sus hijos no se les va a enseñar nada… Los niños aprenden pero no porque se les enseñe. Se practican una serie de juegos y problemas matemáticos muy avanzados, se los sigue cuidadosamente.

El problema es que los educadores están también bastante enfermos, en este sentido, la educación es la vanguardia de la enfermedad social que avanza…

Claro, los educadores transmiten a menudo los males del mundo. Sin embargo hay gente que piensa de otra manera para otro mundo.

En tu última conferencia en Madrid te apoyaste en Rosseau y su idea del salvaje feliz. ¿De verdad crees, como psiquiatra que eres, que el hombre es bueno por naturaleza y que la sociedad le hace malo… o el niño viene ya con sus problemas?

Hay niños con un carácter más agresivo que otros, sin embargo, el temperamento es como una cristalización del comportamiento. El niño posesivo crece hasta convertirse en un temperamento cínico y niega la verdad o la bondad, tomando el rol de malo.

Lo que no quita para reconocer que tenía razón Rosseau al decir que tenemos un potencial amoroso y de autoconocimiento. Pues lo cierto es que hay un mal sistémico en la sociedad. Basta entender el hecho de que algunos primitivos fueran más nobles que nosotros… aunque hay y hay primitivos. He conocido muchas tribus, una de ellas recibía a un misionero que les bajaba cosas desde un helicóptero, hasta que bajo él y se lo comieron…

¡Y quién sabe… si no hicieron bien! (Risas)

Es posible que él creyera que con los regalos les había convencido. O quizá tenían hambre. Así que yo preferí no acercarme.

Bueno, visto lo visto, el hombre no parece bueno del todo.

Freud decía que las civilizaciones son un mal necesario para mantenernos en control, porque somos un poco malos. Y este orden nos permite mantener la condición humana que al final es una condición neurótica, necesaria, inevitable, una tragedia de la vida… Freud decía que necesitamos ser controlados.

Siempre he visto al Freud social como alguien represor. Y a Maquiavelo y a Hobbes. Pero esa idea pesimista del poder forma parte de la más pura tradición occidental liberal.

Desde este punto de vista, es como si fuéramos niños malos y por tanto nos castigaran y necesitáramos que el Estado ejerza una violencia legítima para mantener los signos no violentos…

Más Información: Fundación Claudio Naranjo

Elogio del subrayado

El subrayado es una práctica muy familiar y común a casi todo tipo de lecturas, técnicas o recreativas, hasta el punto de no suscitar ya ninguna extrañeza y de pasar ampliamente desapercibido en la experiencia habitual del trato con los textos. Esta familiaridad, sin embargo, no impediría ni haría inútil una consideración más detenida, e incluso tal vez habría que reconocer que encubre algunos aspectos inquietantes, vagamente siniestros, de semejante escritura que, si de entrada se oculta, y oculta su ilegibilidad y su juego, es para que en esa desaparición, sobre su murmullo descoagulado, pueda venir a comparecer todo aquello que en la escritura tiene voluntad de transparencia, y para convocar hacia su mismo eclipse precisamente todo lo que en ella es plasticidad, gesto, carne, desgarradura, intersticio sin representación.

El subrayado se lee y se escribe, es a la vez lectura y escritura. Por un lado, el subrayado se traza durante una lectura, cuya respiración pauta y pausa; es por tanto una escritura que se inmiscuye en la lectura, que tiene lugar en su mismo tiempo y en su mismo espacio, una lectura inscrita. Por este motivo, y a partir de su cualidad innegable de signo gráfico, es una lectura que tiene la cualidad peculiar de hacerse visible y de darse a leer. Ya sea en un libro prestado o comprado de segunda mano o vuelto a leer después de un tiempo (todos estos casos, cada uno distinto, y que requerirían de hermenéuticas específicas), puede ocurrir que de entre la madeja de estratos geológicos, encontremos la trama de una lectura particularmente inteligente o reveladora, y que quizá nos ilustra un sentido imprevisto del texto, y entonces, en este libro sigamos precisamente con mayor interés los subrayados de la otra persona desconocida, los perfiles y costuras
insinuados de su mirada, antes que aquellos del texto de acogida. De este modo, se podría considerar que el subrayado reúne e indistingue ambas instancias o ambos procesos semióticos, los de emisión y recepción, y subvierte una ingenua concepción jakobsoniana que deslinda y opone desproblematizadamente los lugares, las personas y los actos de uno y otro, en un gesto completamente catastrófico para la posibilidad de establecimiento del sentido.

El subrayado es objeto de una cierta interdicción. Muchas personas tienen a mal que otros subrayen sus libros y, de manera especial, las instituciones culturales adoptan prevenciones y reglamentan castigos para evitarlo. En cierto modo, se hace con toda razón, pues con ello se trata de que un libro persista como un libro, para lo cual es completamente necesario que aloje una sola voz. En efecto, los libros deben ser protegidos de la violencia que sobre ellos ejerce el subrayado, del que en todo caso emergieron, precisamente para que permanezcan como libros, es decir, para que persistan cerrados sobre sí mismos, en la estrecha red que quisiera separarlos de todas las voces y todos los textos que merodean, y evitar su desparramamiento, diseminación, naugrafio gramatúrgico. Se promueve así una relación alienada con los libros, que sólo pueden ser objeto de un consumo pasivo y estetizado, a la vez que se intenta salvaguardar su significado único, estrictamente precedente e insubrayable, frente al juego y multiplicidad que inevitablemente introduce el subrayado, que siempre inscribe conexiones, redes, remitencias, hace aflorar sentidos inéditos, trastoca y desfigura desde el interior los ritmos y geometrías del huésped.

El subrayado tiene una relación privilegiada con la literatura. Ya los formalistas rusos anotaron que la historia de la literatura literaria es una historia de los sucesivos subrayados, de lo que se subraya y, muy especialmente, de lo que se deja de subrayar de una época o una generación a la siguiente. Cada texto nuevo es siempre el resultado de subrayados anteriores, una amalgama de subrayados que confluyen y cristalizan provisoriamente en su marco, y que de inmediato se desagregan para volver a pulular en otros. Por ello es que el contraste con el subrayado puede permitir iluminar en su carácter propio y elusivo la materialidad que trabaja la literatura, señalándole posibilidades creativas y desestabilizadoras para orientar sus búsquedas en la encrucijada actual.

Todo en la operación del subrayado consiste al parecer, según una lógica plenamente suplementaria o farmacológica, en la deconstrucción de una cierta jerarquía entre escrituras. Con respecto a un cierto lenguaje anterior, primero, del autor, el subrayado resulta a la vez lectura y práctica desterritorializadora, que transgrede todas las fuerzas reactivas y líneas molares desestabilizadoras. El subrayado es una escritura que carece de sistema, de gramática o código, y de toda semántica fuera de una de tipo tentativo o indicial; es más bien un trazado de intensidades, de notaciones musicales, de estremecimientos que recorren y estallan en superficie. Por su propia naturaleza, además, tiene una consistencia exclusivamente dialógica, en sentido fuerte, que excluye cualquier origen o referencia que su propio movimiento ensimismado entre textos. Es por tanto una operación de cierta envergadura sobre el sentido, sobre las fuerzas que constituyen en raíz al sentido, y que la obra tiene que borrar para constituirse como tal. No hacer obras sino subrayados, o volver a mostrar en las obras la parte de subrayado que contienen, o intentar exponer al lenguaje a su proximidad con el subrayado, entre otras, serían búsquedas que tendrían que ver con el intento desesperado al que parece abocada la literatura: «que lo indescifrable aparezca, siquiera como indescifrable».

Imagen | JavierPsilocybin

¿Indignarnos?

Estos viejos lo experimentaron todo: la Europa de los últimos sesenta años fue el banco de pruebas para experimentos con y sin gaseosa, desde el Estado del Bienestar hasta el paradójico aggiornamento de una Iglesia supuestamente eterna. Son los santos padres del 68, o del 56 o del 77, porque en todos estos concilios de la posmodernidad oficiaron como obispos in partibus infidelium. Los hubo que empezaron en la más estricta escolástica marxista (Garaudy) y acabaron dogmatizando de ulemas en las mezquitas de la gauche caviar. Otros, pasaron del Che a De Gaulle sin dejar de estar nunca de moda (Régis Debray). En definitiva, la vida les ha dado tantas vueltas y les ha equivocado tan a menudo que más vale no
hacerles mucho caso.

Estas rebeldías sirven para agitar las estancadas aguas del inmenso tedio socialdemócrata y dan un poco de vidilla a una izquierda que ya ha asumido el capitalismo y bombardea Libia, tortura talibanes y masacra afganos con el mismo desparpajo e impavidez que cualquier discípulo de Reagan. En eso, en lo de la mano dura con los desharrapados del Tercer Mundo, los muñequitos de Harvard y Georgetown han demostrado que no tienen nada que envidiar al hijo de Bush y a sus acólitos de las Azores. Al paso que evolucionan nuestros gobernantes, pronto seremos capaces de remedar la sabia estructura política de la joven democracia saudí.

Stéphane Hessel, un europeo de los de antes, trata de movilizar a la juventud en una rebelión pacífica frente a la tecnocracia, los medios de comunicación y esos armatostes ingentes e inútiles que son los partidos políticos. Su libro, Indignaos, bate récords, en parte por su corto tamaño, en parte porque sintoniza con un naufragio moral de la conciencia ilustrada, que todavía no ha sabido replantear una salida humanista al advenimiento del Mundo Feliz de Huxley, propiciado, además, por los poderes que se declaran herederos de Jefferson, de Voltaire y de Locke, es decir, de los padres ideológicos de la era moderna.

La indignación no puede ya con el escepticismo de unas nuevas generaciones que conocen los fracasos de las terribles utopías del siglo XX y que también intuyen que fuera de este sistema mecanizado, informatizado e hiperdirigido no parece haber sino un horizonte de miseria y de caos. Una sociedad mundial tan extremadamente compleja, con redes casi infinitas de interdependencia, parece destinada a funcionar por sí sola, sin apenas intervención humana. En estas condiciones, la
voluntad política es apenas un recurso retórico. Una de las preguntas que todos nos hacemos es: ¿Quién manda aquí? ¿Hay alguien de verdad al timón? Casi es mejor no intentar responder a este interrogante.

Rebeliones silenciosas, no hacer caso de los medios de comunicación, protestar frente al recorte de los derechos sociales… Todo eso parece sensato, pero sabemos de antemano que no puede llevar a nada. Las fuerzas dominantes (uno ya no se atreve a decir dirigentes) no podrían, aunque quisieran, cambiar la lógica de hierro de un sistema económico y político que funciona solo.

Pero este leviatán resopla, mantiene en mal funcionamiento un mundo superpoblado que difícilmente podría sobrevivir de otra forma. Los Saltos Adelante, las Revoluciones Rojas, Blancas o Verdes han demostrado que más vale no hacer caso del voluntarismo ni de los iluminados. Los números son tan antipáticos como implacables.

Tenemos ya el juicio suficiente como para admitir que no podemos sino tapar algunas de las goteras de este edificio en peligro de ruina. Quizá no nos quede más remedio que reformarnos a nosotros mismos, que volver la vista hacia el interior, hacia lo privado y escapar de un sistema por la única rendija que nos queda: la emboscadura, la renuncia a la Historia y a la Política y a las otras ilusiones de la Ilustración (la Ciencia, la Tecnocracia, el Trabajo) para escapar a las esferas donde
las infinitas burocracias y oligarquías dominantes no alcancen. Y estos paraísos artificiales, estos jardines cerrados, existen. No es tan difícil… La humanidad lo lleva practicando con éxito perpetuo frente a todos los tiranos y todos los imperios: desde los epicúreos hasta los hippies.

La extraña muerte del marxismo

La actual izquierda europea constituye el objeto de estudio de este incisivo y riguroso trabajo. Esta izquierda posmarxista tiene menos en común con el marxismo, como doctrina socioeconómica, que con determinados desarrollos del modo político norteamericano. El paso en este país del “estado limitado” al “estado gerencial”, hoy ya en la fase del “estado terapéutico”, dan cuenta de esta cuestión. La actual izquierda europea, con sus poses multiculturalistas, su hincapié en los estilos de vida y las cuestiones culturales, es producto de un proceso de americanización. Uno de los apartados más interesantes de este estudio de las ideas políticas es el dedicado al neomarxismo. Se hace hincapié en la herencia de Gramsci, con su teoría de la hegemonía de clase y con sus posiciones idealistas manifiestas en la tesis de la clase dominante como moduladora de la conciencia popular. Combinada con los ideologemas de la Escuela de Frankfurt describe con claridad la genealogía del actual izquierdismo europeo.

Características de esta izquierda son: su aversión a la crítica de los crímenes comunistas, su antifascismo retórico obsesivo y su deseo de implementar medidas de ingeniería social para reeducar a la ciudadanía en las “verdades” del multiculturalismo al que se presenta como panacea. Determinismo sociológico escasamente científico y modificación de la conducta,
políticamente impuesta, basada en concepciones freudianas anacrónicas, son sus “valores”
definitorios.

El objetivo confesado es borrar las conciencias nacionales (acusadas de “racistas”, “sexistas”, etc.) a la búsqueda de una comunidad igualitaria despojada de memoria histórica verosímil y de elementos étnicos. La obsesión con la transformación de la conciencia y el carácter inquisitorial de sus prácticas convierten a estos ideólogos, implantados como pedantocracia en Europa y consecuentemente en España, en un grave peligro para la convivencia civilizada y las libertades básicas.

Habermas, Adorno, Marcuse y sus más modestos epígonos, entre los que se cuenta el autor del incendiario y tosco panfleto: Indignaos son claros defensores de una nueva forma de totalitarismo. José Antonio Zarzalejos ha expuesto con lucidez su opinión sobre esta aportación, cuya mediocridad intelectual y oportunismo son sin duda garantía de su éxito: Si este librito es la lectura obligada y canónica en tiempos de crisis, vamos dados, porque es de una notable indigencia intelectual. Sólo el gregarismo falsamente cultural y la megafonía nihilista de un cierto progresismo son capaces de convertir una digresión vulgar en un alegato a la altura del desafío de la crisis. En realidad lo que busca con la edición española es lanzar a la calle, tras las elecciones en las que el PSOE será muy posiblemente derrotado por abrumadora mayoría, a todo tipo de fascistas rojos o alternativos. Ojo al dato.

Volviendo a lo que nos interesa, Antonio Golmar señala: Se trata de la creación de una nueva religión política, algo cercano a lo que Tocqueville denominó despotismo suave, representado en Francia por lo que Jean Sévillia denomina terrorismo intelectual. Así, tal y como comenzaron a hacer los progresistas en EEUU, el comunismo se valora como experiencia humanitaria y la izquierda se presenta como poseedora de una “pureza de intenciones”. Al mismo tiempo, la tolerancia es redefinida como “glorificación de lo extranjero y de lo antioccidental”, y se fomenta un laicismo que asimila buena parte de los elementos religiosos que reemplaza.

Asimismo, todas las continuidades históricas son vistas como imperfecciones que demuestran que la nación (la que sea) no ha ido lo bastante lejos en su ruptura con el pasado autoritario. Gottfried recalca al final de su trabajo: “A no ser que una élite creciente o dominante lidere una campaña contra la agenda multicultural que es el compromiso sagrado de la izquierda posmarxista y de sus colegas norteamericanos, es difícil visualizar un remedio a este proceso”.

Título: La extraña muerte del marxismo
La Izquierda europea en el nuevo milenio

Autor: Paul Gottfried
Trad.: Diana Lerner
Editorial: Ciudadela Libros
Colección: Pensamiento
Precio: 22,00 €
Páginas: 208

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