El Hombre del Planeta X (1951)

31-agosto-2010 · Imprimir este artículo

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Película de ciencia ficción americana dirigida por Edgar G. Ulmer, experto en producciones de bajo presupuesto, fue el mismo director que dirigió a Bela Lugosi y a Boris Karloff en El gato negro de 1934.

Contó con un presupuesto de de apenas 38.000$ y se rodó en el tiempo récord de seis días. Para el rodaje se aprovecharon los decorados de la película Juana de Arco de Victor Fleming. La producción y guión fue de Jack Pollexfen y Aubrey Wisberg. Los principales protagonistas: Robert Clarke y Margerat Field. La banda sonora es de Charles Koff. La fotografía es de John L.Russell. La cinta fue distribuida por la United Artists y estrenada el 9 de marzo de 1951 en San Francisco, con una duración de 70 minutos.

Todo empieza en un apartado pueblo escocés (de ahí sacan un buen uso de los decorados de la película de Victor Fleming). El profesor Elliot (siempre es un profesor, nunca el lechero o el carnicero el que descubre los misterios de la ciencia), enseña al periodista John Lawrence su descubrimiento de un nuevo planeta que parece que se dirige hacia la tierra. Poco después la hija del profesor Enid Elliot que ha salido a pasear por ahí vuelve corriendo diciendo que ha visto una cosa rara (un aparato volador) posado en la llanura. Allí van corriendo todos incluido el ambicioso ayudante del profesor (en estas películas siempre hay ayudantes de los científicos) el doctor Mears. Al llegar a la llanura se encuentran una extraña nave cruce entre la lata de refrescos y un cohete con una gran ventana dentro del cual se distingue a un ser vestido con un casco transparente y con traje de astronauta.

El pobre ser parece que lleva una careta porque durante toda la película tiene la misma cara de pasmado (tipo ZP). El traje que lleva no tiene desperdicio y la verdad se nota el presupuesto de los 38.000$. El ser después de darle un susto de muerte a la chica de la película, es decir, a Enid Elliot la hija del profesor, se pone en contacto con los humanos. El primer contacto no va bien ya que el ser se saca de la manga una pistola de rayos que tiene la capacidad de anular la voluntad de cualquier que sea disparada con ella y obedecer cualquier orden que se le dé. El ser dispara con ella al profesor Elliot y como ahora obedece a cualquiera que le de ordenes, Enid su hija aprovecha la ocasión para ordenarle a su padre a que salga de ahí echando leches.

Al día siguiente intentan de nuevo ponerse en contacto con el ser y esta vez tienen más suerte ya de el periodista John Lawrence le echa una mano al ser con el regulador de su respirador que se ha quedado atascado (el pobre no puede respirar nuestra atmósfera sino que se trae la suya propia de casa). El ser se comunica mediante sonidos y no mediante un lenguaje (estilo Encuentros en la Tercera Fase).

El visitante es un explorador que procede de un planeta que se congela y que gracias a su avanzada tecnología han podido cambiar la órbita de su planeta para que pase muy cerca de la Tierra para que su raza pueda establecerse aquí, con nosotros, como si esto fuera un jodido camping. El ser es pacifico y tiene buenas intenciones, pero no cuenta con la mala leche que tienen algunos humanos.

Finalmente lo llevan al observatorio donde el profesor Elliot descubre que se puede comunicar con el ser mediante las matemáticas pero el doctor Mears aprovecha la ocasión para secuestrarlo, ya que el ser tiene una debilidad que es que necesita respirar con un tanque de aire de atmósfera X, y llevarlo a un sótano donde lo tiene prisionero, utilizando al tortura para sacarle al ser todos sus secretos (científicos, todo sea por la ciencia y el sadomasoquismo personal), pero claro el tío no le gusta estar encerrado y pronto demuestra de lo que es capaz. Huye a su nave llevándose con él a Enid.

Ahora es cuando aparece la policía (nunca están cuando los necesitas) ya que además de Enid han desaparecido otros vecinos de la aldea. Resulta que hasta el doctor Mears esta atrapado por el ser, que aprovecha su pistola láser para controlar a los vecinos que están atareados levantando barricadas alrededor de la nave preparándose para la invasión. El cohete tiene dentro un transmisor que es el que debe guiar al resto de sus compañeros a la hora de la invasión por lo que los humanos deben destruirlo como sea... y para ello se llama al ejercito.

Vía | Cookies

Un símbolo ultrajado

31-agosto-2010 · Imprimir este artículo

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Estudiantes de la Universidad Complutense de Madrid han denunciado el “penoso” estado de la escultura ‘Los portadores de la antorcha’, todo un símbolo de Ciudad Universitaria, que lleva meses totalmente manchada de pintadas y grafitis.

Y no sólo los jóvenes que acuden a las instalaciones deportivas este verano son los que ven esta situación, sino cualquiera que accede o llega a la estación de Metro de Ciudad Universitaria, ya que la famosa estatua está situada a escasos metros del suburbano y muy cerca de la plaza de Ramón y Cajal, que alberga las facultades de Medicina y Farmacia de la Complutense.

‘Los portadores de la antorcha’ fue esculpida en 1953 por Anna Vaugh Hyatt Huntington, gran amante de la cultura española y esposa del Archer Milton Huntigton, fundador de la Hispanic Society of America.

Representa alegóricamente la transmisión de la cultura y la civilización occidentales: un atleta moribundo entrega una antorcha (símbolo de verdad y conocimiento) a un joven montado en un brioso caballo.

BAM / BCN

31-agosto-2010 · Imprimir este artículo

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Del 23 al 25 de septiembre del 2010 (Barcelona) y coincidiendo, un año más, con las fiestas de la Mercé, llega el BAM.

Pocos festivales pueden presumir de haber visto pasar por sus escenarios a los artistas internacionales más grandes y al tiempo haber servido de trampolín para grupos nacionales.

Se trata de un festival con una personalidad única, y es esta personalidad lo que le ha permitido llegar a la mayoría de edad en una excelente buena forma, siempre con la volundad de sumar y ofrecer a Barcelona una propuesta modélica para otras capitales internacionales.

Con (o para) las fiestas de la Mercé llega este festival con carácter que convierte la Antigua Fábrica de Damm en una fiesta de la música por el que este año pasarán grupos como Belle & Sebastian, el clásico grupo indie pop que lidera Stuart Murdoch que regresa al BAM trece años más tarde. Junto a ellos y por primera vez en Barcelona Ok Go, la banda americana de power pop conocida, sobre todo, por sus ocurrentes videoclips, vienen a presentar su último disco Of The Blue Color Of The Sky (2010). Y para abrir la noche, Els Amics de les Arts, considerado como uno de los grupos catalanes del año.

Frente a la madurez de estos grupos, la garra, la fuerza y la juventud de Me and the Bees, Toundra o Mujeres y Els Surfing Sirles. La frescura y candidez de Me and the Bees, combinando a la perfección con el sonido entre post-rock y rock-metal de Toundra, que presentan su segundo disco (II) (2010). Y yendo hacia el rock Mujeres y Els Surfing Sirles, dos grupos barceloneses que se han unido para crear un espectáculo conjunto titulado: “Eix transversal”.

Apostando por lo experimental Hyperpotamus, música a capela en solitario a través de cuatro micrófonos, una pedalera de loops y litros de agua. Desde Nueva York, Anti-pop Consortium uno de los más inventivos grupos surgidos del hip hop underground. Y siguiendo esta línea de lo experimental Safanòria xoca Brain Damage, espectáculo coproducido con el Mercat de Música Viva de Vic.

A este segundo avance de programación hemos de sumar los anteriormente presentados donde destacamos, en el escenario BAM/Mtv a la inglesa Goldfrapp y a los barceloneses San Leon y en los escenarios del centro de la ciudad a El Guincho, Hindi Zahra, Maika Makovski, Nacho Umbert & La Compañía, Nueva Vulcano y Tulsa.

Danko Jones – “Below the belt” (2010)

31-agosto-2010 · Imprimir este artículo

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Danko Jones es negro y hace rock. Uno de los poquísimos.

Danko Jones es chino y toca soul, aunque parezca mentira.

Danko Jones es un punkarra hispano.

De lo que no estoy muy seguro es de si también es blanco, pero de vez en cuando rapea.

Ahora en serio. Definir su raza no lo voy a intentar porque mirando sus fotos cada uno puede sacar sus propias conclusiones, y la verdad es que tampoco importa mucho. ¿O sí? ¿La sangre condiciona los gustos musicales igual que el entorno? Ahí queda eso.

Danko Jones (¿qué dices que dan?) es un canadiense cuya música es de lo más fresco que se puede escuchar hoy día. Sin grandes pretensiones consigue una mezcla de estilos basada en el rock, con una marcha, un ritmo, una alegría, una energía y una desenvoltura como nadie. Música para levantar el ánimo, para ir de marcha, para conducir, para hacer las tareas de la casa (¿quién no ha usado la escoba como guitarra alguna vez?) o cualquier actividad que permita una atención parcial.

Entre sus discos se pueden encontrar diferencias, que básicamente radican en el porcentaje que lleve la mezcla de cada estilo. En alguno predomina el soul, en otros el rock, y “Below the belt” suena más heavy. Pero cuando pones uno de sus discos no tienes la sensación de escuchar una mezcla, parece un estilo por sí mismo, el sonido es muy compacto y uniforme. Podría ser porque sólo hay tres instrumentos, y bajo y batería generalmente tocan lo mismo.

Recomiendo Danko Jones a los fiesteros, pero también a los que están acostumbrados a escuchar música técnica, porque de vez en cuando va bien darse un respiro y darle una alegría al cuerpo y al espíritu. Danko Jones es terapéutico.

España, crisis de un modelo

La España de los últimos 200 años es la historia de sucesivas oportunidades perdidas que hubieran hecho posible otro país. Empezando por la Constitución de 1812 y llegando a casi cuatro décadas de dictadura franquista.

Existen entre la derecha democrática española quienes quisieran exhibir sin pudor su condición de franquistas y necesitan blanquear aquel período histórico. Se agarran ahora al argumento de que las dos últimas décadas de la dictadura, a partir del Plan de Estabilización de 1959, sentaron las bases del desarrollo español. La dictadura de Franco fue entonces un mal necesario que logró el despegue económico y creó una amplia clase media, imprescindibles cimientos ambos de una democracia sólida.

Está por demostrar que el desarrollo y una democracia estable sólo hubiera sido posible con el paso intermedio de una dictadura. Pero sobre todo olvidan o quieren olvidar los defensores de la figura de Franco como precursor necesario de la democracia esas otras dos décadas de la dictadura, las de las fracasada autarquía económica y el aislamiento internacional (1939-1959).

España se quedó descolgada justo cuando a partir de 1945 disfrutó Occidente de un período de prosperidad sin precedentes, los tiempos en que Francia vivió sus “Treinta Gloriosos” años o Alemania disfrutó de su “Milagro Económico”. Aquellos veinte años son los que separaron a España del resto de Europa en la segunda mitad del siglo XX. Pensábamos que por fin se recortaba la distancia cuando llegó la Crisis.

Las explicaciones sobre las causas de la Crisis en España varían en dar peso a la coyuntura internacional, la actuación de determinado gobierno o al desenfreno hipotecario de la atolondrada clase trabajadora en función de a quien se quiera culpar y exonerar. Pero sólo la perspectiva del tiempo nos permitirá ver que a lo que asistimos es a una crisis profunda del modelo productivo español que fue incapaz de dar el salto a una economía globalizada y postindustrial.

España se incorporó a la entonces llamada Comunidad Económica Europa el 1 de enero de 1986 como un país mediterráneo que disfrutaba de las ventajas comparativas de una mano de obra barata y abundantes horas de sol. Las fábricas españolas convertían al país en el quinto productor de automóviles mundial y el país era el segundo receptor de turistas en todo el mundo.

Tres años más tarde del ingreso en la CEE cayó el Muro de Berlín. El mismo año en que Tim Berners-Lee redactó una propuesta en el laboratorio de partículas CERN para un sistema de hipertexto en Internet. En agosto de 1991 puso en marcha el primer servidor de páginas web. Antes del fin de aquel año se disolvió la Unión Soviética.

Abierto casi todo el planeta ahora al capitalismo y con las comunicaciones cada vez más accesibles, España, como cualquier otro país desarrollado, hubo de enfrentarse a una economía globalizada donde cualquier cosa factible de ser extraída de la tierra, cultivada, fabricada o ensamblada lo será siempre de forma más barata en otra parte del planeta. En una economía postindustrial los países avanzados no sólo generan valor en el sector servicios (servicios financieros, software, publicidad, etc.), sino mediante la incorporación de tecnologías y conocimiento en todos los sectores productivos.

La agricultura española encontró competencia en países con una mano de obra aún más barata. Si antes fueron los camiones cargados de tomates españoles los que eran volcados en las carreteras francesas ahora resultaron ser españoles los que volcaban camiones con tomates marroquíes.

Con los productos agrícolas transformados en una “commodity” sólo una minoría afrontó la competencia de los países subdesarrollados haciendo la agricultura más intensiva en conocimiento y capital. Hubo quienes implantaron un modelo de agricultura más respetuoso con el medio ambiente o la salud del consumidor, buscaron el valor añadido de la denominación de origen o buscaron acortar la distancia con el cliente final mediante la comercialización directa en Internet. Pero la reacción generalizada fue sostener un sector no competitivo mediante subvenciones y enfrentar la competencia de países con salarios de miseria implantando en España también salarios de miseria y condiciones infames de explotación. Hoy España exporta temporeros locales a la vendimia francesa e importa temporeros extranjeros con la excusa de que nadie quiere trabajar en el campo.

El sector industrial español dejó de disfrutar la ventaja de la mano de obra barata tan pronto los antiguos países comunistas quedaron conectados a la economía europea. El cierre de factorías para su reubicación en la Europa del Este o en otros países extracomunitarios fue sólo retrasado temporalmente mediante las subvenciones públicas. En el caso de la factoría de repuestos Delphi de Puerto Real (Cádiz), sumaron 62 millones de euros desde 1986 hasta el anuncio de su cierre en 2007.

Sectores puntuales como la industria aeronáutica o naval sobrevivieron gracias a su naturaleza de empresas públicas y al mercado cautivo de las fuerzas armadas. Los contratos militares han mantenido con vida a empresas de capital público como Santana Motor, cuyos productos no resisten el más mínimo control de calidad y que pierde decenas de millones de euros al año.

España, al contrario del resto de países de Europa Occidental, carece de grandes empresas tecnológicas como Alcatel, Thales, BAe Systems, Siemens, Nokia, Philips, Ericsson, etc. Hablar de grandes empresas globales es hacerlo a la antigua Telefónica y Repsol YPF, de la que hay que recordar su condición de antiguas empresas estatales con una posición dominante en el mercado.

Por último, en la España globalizada y postindustrial hablar del sector servicios es hablar del turismo de “soy y playa” que se benefició durante los años noventa de la escasa competencia mediterránea por culpa de las guerras yugoslavas, los atentados contra turistas en Egipto y la guerra civil argelina. Cuando se hizo evidente que el modelo de “sol y playa”, en realidad “discoteca, cerveza, vomitona y playa” combinado con un modelo urbanístico depredador del litoral, dejaba ganancias magras no se trató de aumentar la calidad del servicio al cliente, mejorar los estándares arquitectónicos y reducir el impacto medioambiental Se buscó desesperadamente el “turismo de calidad” mediante la construcción de campos de golf, allí incluso donde los agricultores luchaban por la escasez de agua.

La salida al mercado laboral de la generación del “baby boom”, el turismo y la llegada de mano de obra inmigrante generó la burbuja inmobiliaria que convirtió a la construcción en la locomotora de la economía. Un sector conectado inevitablemente a las redes clientelares de poder de las administraciones públicas locales y que se convirtió en el símbolo del modelo de negocios español: El “pelotazo”, un concepto que dudosamente tenga equivalente en el resto de idiomas de Europa Occidental. A España en cambio se le puede aplicar un concepto repetido por la prensa económica durante la crisis asiática de 1997: “Crony capitalism”, traducido aquí como “capitalismo de amiguetes”.

Justificado como parte de la idiosincrasia latina y mediterránea, España es un país donde importan los contactos familiares y las afinidades políticas en tupidas redes clientelares que son consentidas y disculpadas porque permean todas las clases sociales. Los grandes pelotazos de alcaldes, concejales y sus parientes son disculpados cuando firman jornadas de trabajo imaginarias para cobrar prestaciones por desempleo y tramitan subvenciones para proyectos con los presupuestos inflados que benefician desde el profesor de cursos de informática al vendedor de suministros para la construcción. Son ellos los que luego jalean a los políticos que esposados salen del furgón de la Guardia Civil y entran en el juzgado.

Podríamos pensar que el mismo país donde la generación que vivió la Transición se encontró todo un país por reinventar y se convirtió en una élite que forma un tapón las siguientes generaciones estuvieran tentadas de romper las reglas de juego. Podría esperarse que una nueva generación, “la mejor formada de la historia de España”, se lanzara a la aventura de emprender, crear conocimiento y crear riqueza abriendo nuevos espacios y nuevos caminos. Pero conocer la universidad española permite comprender su incapacidad para haber formado a los profesionales necesarios y capaces de pilotar el salto de España al mundo global y a la sociedad postindustrial.

La universidad en España es un lugar donde resulta anatema hablar de la conexión con el mercado laboral, so pena de ser acusado de querer poner la educación superior al servicio del “capitalismo neoliberal” y de las “empresa privada”. Como si no existieran alternativas como el autoempleo o la unión de trabajadores en cooperativas. Curiosamente la resistencia a mejorar la empleabilidad de los estudiantes es defendida e inculcada en el alumnado muchas veces por profesores que gozan de la condición de funcionario. Otros aspectos de la universidad española, como su profundo antiintelectualismo y su endogamia, son tan de sobra conocidos que no merecen la pena detenerse en ellas.

En un país donde cuenta más de quién se es hijo y a quién se conoce escasean los ejemplos de éxito económico y social por debajo de la barrera de los treinta años si olvidamos artistas y deportistas que nunca pasaron por la universidad. Linus Torvalds hubiera sido en España un becario asqueado de su programa de doctorado. Pero quizás para ello primero tendría España que dar al mundo un Linus Torvalds, que nació en un país con unos estándares educativos a años luz de España y cuna del gigante global Nokia..

La incorporación de conocimiento e información en todos los sectores productivos tiende a polarizar los mercados laborales en las sociedades postindustriales. Por un lado se requieren de ingenieros, desarrolladores, diseñadores, consultores y ejecutivos. Por otro, la automatización e informatización del puesto de trabajo tiende a reducir aún más la cualificación de los trabajos peores pagados, como auxiliar administrativos o telefonista de call-centers.

Careciendo España de un sector dinámico, competitivo y globalizado en su economía el destino de los licenciados universitarios en España es un trabajo mcdonalizado mientras esperan que surja “algo de lo mío”. La precariedad y el “mileurismo” ha llegado hasta para carreras como arquitectura e ingeniería de telecomunicaciones. El resultado es una generación que no vivirá mejor que sus padres, trabajadores y obreros de la España de la dictadura y del subdesarrollo.

EL VERANO DEL MEMBRILLO

Se acerca el final del verano. No es que lo huela en el ambiente o que me lo hallan dicho mis viejos huesos. Mis huesos nunca me han dicho nada. Simplemente lo siento, se siente en el aire, el verano se va por el sumidero sin haberme rozado siquiera. Después, quizá, en un ultimo intento, el veranillo del membrillo, que ni es verano ni es otoño, un punto muerto, un fenómeno fuera de sitio, como una ultima esperanza antes del frío, del invierno, del vacío, de la nada. Soy como la estatua de este jardín, el trasto vetusto sobre la silla de mimbre ajada por los años y la intemperie, viendo, sin apenas ver ya, pasar las estaciones y la vida..

Cada día es un mal calco del anterior. Solo cambia, brevemente ,el decorado. Bien unas hojas secas, unos copos de nieve, unas flores. Pero siempre ha sido lo mismo, los sonidos calmados de la casa, la nariz húmeda del perro, el olor a compota de pera. La rutina y los años, que pasan, que se persiguen en silencio hasta que un día decides mirarte al espejo y te encuentras con la sombra de lo que fuiste, una sombra vieja y negra que dejó todo lo que pudiera tener de magia entre las faldas de un verano. Después de cumplir los ochenta es un regalo del cielo cada recuerdo que la memoria te deja conservar. Yo los reviso, los pocos que quedan, los miro y remiro no vaya a ser que se me escapen, como quien observa una preciada colección. Allá en la vitrina que es mi cabeza, ni reluciente ni bella, allí donde apenas queda nada, brillan de manera intermitente un sueño de juventud y un nombre de mujer.¿El sueño? Se quedó por el camino, lo hice trizas bajo mis pies.

Hay dos tipos de personas, los que se atreven a soñar y los que no. Yo no era un valiente, y mas que alegrarme, tener un sueño rondándome me perturbó. Miedo al fracaso, miedo al dolor, miedo al miedo. Digan lo que digan los poetas, el miedo es el sentimiento mas poderoso que existe. El miedo espanta cualquier otro sentimiento, lo aniquila dejando en su lugar un solar vacío, arrasando o igual que lo hace una bomba, un veneno. Es una alimaña impía que lo devora todo a su paso hasta que un día te ves con las manos vacías. Mi miedo y yo borramos de un plumazo todo aquello que anhelaba. Y me resigné, y me conformé, ignorando que esos sueños tarde o temprano retornan, aparecen un día cualquiera al doblar una esquina, como una puta barata y te muerden el culo y el alma mientras empuñan en tu cara la bandera del fracaso.

Julia, ese era su nombre, como el mes de verano, con  olor a manzanas y a Ducados. En mis eternas noches de insomnio, en las efímeras horas de sueño me despierto temblando con su nombre en los labios. Julia, morena de mi alma, que me quiso mas que nadie. Julia en el camino, abrazada a mi sueño, abandonada junto a el. Rezo todos los días para que el olvido sea piadoso y elimine de raíz el recuerdo de sus lagrimas, que me duelen hoy como si salieran de mis ojos. Yo no quise hacerle daño, nunca he querido hacerle daño a nadie, pero con los años he aprendido que suelen ser las personas mas dañinas las que utilizan estas palabras.

No voy a mentir, a cierta edad, las mentiras, como muchas otras cosas, dejan de merecer la pena. Ya no vamos a engañar a nadie. Los olvidé casi al instante, durante muchos años, a mi sueño y a ella (¿acaso ambos no son una misma cosa?). Lo olvidé y avancé como siempre he hecho, Sin volver la vista atrás, con la cabeza alta y el orgullo intacto. He tenido una vida fácil, cómoda . He sido feliz a ratos, pero ahora que ambos han vuelto me doy cuenta de que mi felicidad quizá no fue mas que un estado de calma, carente de sensaciones. Siempre he sido correcto, he seguido el camino que me trazaron y acabaré en la misma senda en la que empecé. Dicen que la soledad es la compañera mas fiel, y no es una frase hecha, ni mala literatura, es algo tan real y palpable que asusta. Una vez que se sienta a tu lado acudirá cada día, cada hora, puntual a la cita. Ahora ya de poco vale, pero puedo decir que he perdido el miedo. A todo. Quizá porque la vida se compone de perdidas y a estas alturas ya no me queda nada a lo que pueda llamar mío.

Cuando no se tiene nada que perder, solo entonces, se esfuma el miedo para siempre. Se escurre por el mismo agujero por el que se va el verano, pero entonces es tarde. Ya no me quejo de nada, los años van apagándote la voz y por mucho que grites solo te escucha quien desea hacerlo. Y ya no lo deseo ni yo. Recurro, eso si, al triste consuelo del viejo, al “si pudiera volver atrás”,a las excusas del que sabe que ya no puede. Se va el verano, y de igual manera, se nos va la vida sin que nos demos cuenta. Si parpadeas, ya te has perdido la mitad. Agarrate a ella, que se va en un instante y no es retornable. Agarrate, como lo hago yo ahora a mis noventa y muchos años.

Información objetiva, subjetiva, libre o partidista?

Últimamente tengo la sensación de estar atrapada en un mundo lleno de engaños, estafas y manipulaciones, en el que todo lo que se dice se cuenta con la intención de provocar una reacción interesada en los que reciben la información. Aunque comprendo que mi apreciación puede ser un tanto exagerada o paranoica, no puedo evitar ver en cada una de las noticias de la prensa escrita y televisiva una especie de mano negra que  consigue mediante la exposición sesgada de los hechos deformar nuestra percepción de lo que sucede en el mundo.

Supongo que habrá quien pueda decir que la objetivdad absoluta en la información es algo así como una misión imposible ya que los que la editan, filman o desarrollan no pueden, aunque lo intenten, escapar de su propia perspectiva del mundo, razón por la que su impronta siempre queda reflejada. Pero aquí no hablamos del individuo ni de como sus pensamientos o creencias influyen en su capacidad de análisis, ni en el desarrollo de sus relatos. Hablamos de algo mucho más serio, de como la capacidad de análisis personal, sea acertada, o no, termina por plegarse al sistema (al que manda o a quien paga) convirtiendo de esta manera a los medios de información en grupos publicitarios de cada una de las realidades alternativas de los intereses partidistas o económicos.

Hace años en un curso de radiocomunicación me aconsejaron lo siguiente: “recuerda que si vas a una entrevista en la COPE es una emisora afín al PP , pero si vas a la SER es afín al PSOE”. En realidad me estaban diciendo, si quieres trabajar en alguno de esos medios no se te ocurra mostrarte demasiado progresista, o demasiado conservadora según convenga. Y yo me pregunto: ¿Con esta introcucciön que importancia podía tener luego tratar de aplicar todo el conocimiento recibido en el curso para dar la información de manera limpia y veraz si ya sé de antemano sé que si no me pliego no trabajo?

Ya han pasado muchos años de aquello pero yo aún sigo viendo la mano que mece la cuna detrás de cada una de las noticias ofecidas en los distintos medios. Para muestra un botón: Hace unos día en el telediario de TVE  hablaron de la reforma laboral y su aprobación,centrando todo el bloque informativo en la obligatoriedad que a partir de ahora tendrán los parados de realizar cursos de formación que les facilitarán la recolocación.

Sin ninguna duda éste es el aspecto más benévolo de la reforma, pero cómo es posible que no se dijera nada de lo que a partir de ahora se considerarán despidos objetivos y carentes de indemnización, o que no se les cuente a los telespectadores que el Estado, a través del FOGASA, dará a las empresas dinero para pagar parte de las indemnizaciones a los empresarios que despidan en fraude de ley, es decir, de manera improcedente. ¿Por qué no cuentan que los grandes grupos empresariales sólo tendrán que decir que creen que durante los próximos meses van a tener pérdidas sin tener que demostrarlas para poder poner de patitas en la calle a parte de su plantilla con una mano delante y la otra detrás? ¿Es posible dudar tras la difusión de la noticia que se trataba de dar una imagen poco polémica para no alebrestrar a la gente y evitar así su participación el la próxima convocatoria de huelga?

Pensemos los que pensemos sobre la reforma resulta al menos curiso comprobar, o bien la falta de objetividad del medio o su poca capacidad de análisis a la hora de exponer los puntos relevantes y polémicos de la información.

Lo peor del asunto es que esto no es un caso aislado. Solo hay que recordar todo lo sucedido con Wikileaks y las palabras de su fundador Julian Assange que asegura ha publicado más documentos clasificados que toda la prensa mundial afirmando que no es algo que diga para demostrar lo exitosos que son en su organización sino , más bien, para denunciar el alarmante estado del resto de medios de comunicación.

¿Cómo es  posible que un equipo de cinco personas haya llegado a mostrarle al público más información  reprimida, que el resto de la prensa mundial junta?

Brighton. Un regreso al escenario de la metamorfosis.

              Viajar a un lugar en el que has pasado de una fase a otra de tu vida pero donde, precisamente por eso, has cometido un número de errores inusualmente desproporcionado no es, desde luego, algo baladí. Uno vuelve como si, de alguna forma, pudiese enmendar algo de ese pasado errático; como si fuera posible, con la visita, deshacer alguno de los entuertos o decisiones equivocadas que tomó. O, cuando menos, como si fuera posible analizar lo sucedido con otros ojos, con un velo que desdibuje las aristas de lo que se hizo mal; desdramatizar lo que, de cerca, podía parecer especialmente desagradable o nocivo. Como si, en fin, uno pudiera perdonarse o al menos absolverse de las tonterías que la juventud y la prisa, la vanidad o la falta de conocimientos le aconsejaron hacer.

                Aunque los años posteriores me han transformado mucho más, Brighton fue el segundo eslabón de una cadena de tres piezas (Londres-Brighton-Buxted/Uckfield) que supuso un antes y un después en el devenir de mi existencia. Quizá porque mi crisis de adolescencia o primera juventud  la viví tarde, cuando ya se me había pasado el arroz de las becas Erasmus y los interraíles. Es un tema que he desgranado en mi única novela publicada hasta la fecha (Epitafio del Ángel), que también aborda la influencia que ejerce el entorno sobre el sujeto. En este caso una atmósfera muy juvenil, que lo hace actuar como si contara con una década menos a sus espaldas.

                Brighton es una ciudad de tamaño razonable. Curiosamente una ciudad sin catedral. Hasta el año 2000 en Reino Unido no se podía tener la categoría de ciudad (city) si no se contaba con una catedral (luego dicen que los católicos confundimos la política y la ley con la religión…). En el mencionado año se revisaron algunos casos y Brighton, en virtud de su unión con Hove por el crecimiento de ambas localidades hasta encontrarse a orillas de la playa, fue nombrada oficialmente ciudad. Todo ello, sin duda, consecuencia de su localización junto al mar, lo que ha promovido la construcción de viviendas de las vecinas poblaciones hasta su indisoluble unión. Este crecimiento no ha tenido mucho freno desde que Jorge IV (antes incluso de convertirse en rey) la eligiera como ciudad fetiche y se construyera el capricho oriental, mezcla de fachada india e interiores chinescos, que constituye el Brighton Pavilion, palacete que causa una exquisita sensación ver, con el telón oscuro de la noche, iluminado tras su jardín de árboles y arbustos. Hasta tal punto ha crecido la city que se la conoce como “London by the sea”, una especie de Benidorm madrileño pero a tan sólo una hora de la capital inglesa y sin la proliferación hotelera de la ciudad española.  De nada sirvió que la reina Victoria apenas lo usara como residencia, entre otras cosas porque su familia resultaba muy abultada para un edificio concebido más como refugio de fin de semana principesco que como palacio de verano para la corte. Aunque la playa sea de piedra y el mar esté frío, la costa ha atraído multitud de ingleses, franceses y españoles a este lugar que aún conserva rincones deliciosos como el barrio de los pescadores (The Lanes, si no recuerdo mal), el propio Pavilion y sus caballerizas (hoy Museo de Brighton), o la iglesia de San Pedro, en mitad de una verde explanada de césped.

                Es verdad que a veces el lugar puede parecer moderno de más, un poco de plástico, si se quiere, pero todavía cuenta con un cierto sabor que puede paladearse antes de que se pierda definitivamente como la estructura del viejo Pier, el West Pier, esqueleto de hierros oxidados tragado por el mar día a día. Pero volveré a este sitio para terminar el artículo, por lo que no me extenderé aquí.

                Brighton cuenta también con un museo de Hove (que nunca visité), una iglesia de St. Paul que siempre me sugirió escenarios para El señor de los anillos por su oscura torre, o un reloj victoriano en mitad de una plaza en la que el siglo XIX no querido dejar ninguna otra huella aparente, e incluso un museo del juguete que tampoco llegué a pisar durante los cinco  o seis meses que viví aquí. Pero me conocía bien sus arterias principales, algunos de sus restaurantes, pubs y discotecas, algo que puedo decir de muy pocas ciudades en el mundo (no más de tres), por no mencionar que viví en un callejón cochambroso en una casa de tres niveles bohemia y encantadora, por lo que llegué a transitar hasta los pasadizos y calles subafluentes de las afluentes. Aquí era y sin duda debe seguir siendo posible salir de marcha hasta más tarde de las tres de la madrugada (incluso cuando estaba absolutamente prohibido), comer fish and chips (aunque yo me sigo resistiendo a este tópico), y escuchar batallones de gaviotas pelearse por los restos de un bocadillo frente al tiovivo que todavía gira sobre la playa, o comprar en tiendas góticas en el mismo bloque de edificios en el que se vende  ”todo a un pound“.

               Lugar contemporáneo, y a veces plástico como escribía antes, pero muy cosmopolita. En esta ciudad de mente abierta aún es posible entrar en contacto con la British People, algo poco menos que impensable en Londres donde, salvo la reina de vez en cuando, ya no debe vivir ni un solo inglés (o quizá aquellos que no lo parecen al no responder al tipo, al tópico), sino hordas de españoles, batallones de europeos del este, marejadas de indios y algunas decenas de australianos perdidos.  Por otro lado los ingleses que pueden encontrarse en esta ciudad extraña son gente de mentalidad más abierta, más europea de algún modo. La city funciona como un imán para este tipo de británicos más aperturistas… aunque sigan en el fondo pensando que cuando las tormentas impiden cruzar el Canal de la Mancha es el continente el que se queda incomunicado (o al menos lo pensaban antes de la construcción de túnel subterráneo que los une a Francia, el famoso Eurotunnel).

                En Brighton se dan, en conjunto amalgamado y bien avenido,  el sillón con forma de labios de Dalí, un viejo autómata que predice el futuro, fachadas de colores, una numerosa comunidad gay, un parque de atracciones construido sobre el mar, un acuario y varias paradas de tren, por no hablar de un número absurdo de cafés (que cierran siempre antes de las siete) y un centro comercial en todo el centro que creo haber pisado tan sólo una vez, a lo sumo dos.  Constituye una perfecta escapada de fin de semana para los habitantes de los alrededores (incluyendo al propio Londres).

                Para mí sin embargo era un viaje de reencuentro con mi pasado, y también con las dos únicas personas que conocí allí y con las que aún mantengo un contacto fluido. Pero, insisto, sobre todo, un viaje de reencuentro. Evidentemente nada puede rehacerse ni borrarse del libro del tiempo. Y esto es algo que debería haber aprendido ya. Pero la experiencia fue interesante, menos intensa por lo que lo esperaba y más por lo imprevisto, que fue enfrentarme al mar por la noche. Los recuerdos reaparecieron, y las callejuelas volvieron a tomar su sitio en mi memoria, refrescando el mapa en mi cabeza, las distancias, las formas, incluso algunos colores y el olor de la albahaca de los sándwiches de la tienda frente a la que pasaba cada día. Me vi aquí y allá y regresaron a mi mente cosas que había olvidado, incluso personas cuyo nombre no consigo unir a los rostros. Pero no removían mi espíritu. Eran agua pasada y no empujaban el molino. Como hombre orgulloso, sentía el incómodo aguijón de tener que reconocer que me había equivocado, y además tanto, que había protagonizado tantas tonterías y actitudes melindrosas, hipócritas o irresponsables. Pero, en realidad, no tenían ya importancia o no tenían solución, que casi viene a ser lo mismo desde el punto de vista pragmático. El daño hecho se ha había diluido, seguramente, en la vida de las personas que lo sufrieron, o al menos así lo deseaba, y yo ya sólo podía pedir disculpas fuera de tiempo a gentes que probablemente ni siquiera recordaran las situaciones de las que les hablaría por las que pediría perdón. No sabía reírme de mí mismo entonces y me pregunto si sabría hacerlo ahora. No hubo nada que no haya podido ser tragado por el olvido. Ahora lo sé.

                Pero toda esa reflexión sobre las estupideces de la adolescencia tardía se la tragó el mar nocturno con sus olas bajas y su brisa fresca, con su inmensidad intuida en el negro matizado de su superficie caprichosa. Siempre me ha dado terror el mar, una ansiedad incontrolada que baja desde dentro por el estómago.  No sé si lo identifico con la muerte, como el poema de Jorge Manrique o sencillamente su inmensidad y sobre todo su profundidad sin luz me devuelven mi tamaño real, mi pequeñez de ser humano en mitad de un inmenso e inconcebible universo. En el Museo de Brighton que antes cité pude ver una fotografía en blanco y negro (creo que de principios del siglo XX) con una inmensa ola a punto de romper contra la orilla, y aunque yo nunca contemplé tan mal tiempo en esta costa, este pedazo de mar me ha dado siempre todavía más miedo que el Mediterráneo, por más que sean la misma agua con diferentes temperaturas.

                Caminé una vez más (en esta ocasión con zapatos y camisa y corbata) por la pétrea playa de la ciudad, observando a los pequeños grupos de jóvenes que hablaban sentados o tumbados directamente sobre los redondeados guijarros. Cuanto más me acercaba a la orilla menos gente había y la luz de las farolas del paseo marítimo se quedaba debilitada, como absorbida o anulada por el frío negro que salía de las aguas.  Me acerqué lo suficiente como para poder distinguir el esqueleto del viejo Pier, el West Pier. Los Pier son unas estructuras que sólo he visto en Reino Unido: son como embarcaderos o muelles, pero nadie atraca en ellos ya que en realidad contienen tiendas, máquinas tragaperras, teatros, e incluso parques de atracciones. Se trata de brazos de tierra de ocio que se adentran en el mar. El West Pier fue arruinado por un incendio (aunque ya estaba abandonado). Y no faltaron malas lenguas que sugirieron que había sido un acto provocado para impedir su restauración y por lo tanto la competencia que habría supuesto para el superviviente Brighton Pier.

                Lo que queda es apenas unos hierros que se introducen en el mar (o salen de él, ya no está muy claro), como una gran araña sombría. En este escenario planteé uno de los momentos decisivos de mi novela y por aquí caminé solo únicamente dos veces ya que no encontré valor para hacerlo más. La sugestión es inmensa.

           Esta vez tampoco me acerqué demasiado.  Sólo lo suficiente para separarlo del oscuro cielo, para saber que, aunque cada vez más destruido, menos presente, aún sigue ahí, dando piso en el que posarse a los cientos de gaviotas que lo sobrevuelan y lo habitan de alguna forma; e inspirando a fotógrafos y pintores que venden sus obras (a veces convertidas en calendarios o postales) en los mercadillos.

                Antes de despedirme nuevamente del lugar avancé por el vecino Brighton Pier, por sus ruidosos salones de juego, por sus tiendas de souvernirs y dulces, por su parque de atracciones con casa del terror y mini montaña rusa. Desde sus barandillas miré la ciudad iluminada y parecía triste. En el fondo, a pesar de su algarabía, siempre me ha parecido un lugar melancólico. Eché la vista abajo y me di cuenta de la gran profundidad que debía tener el agua. Casi de forma automática el vacío regresó a mi estómago como una fuerza centrífuga e inmaterial.  No recuerdo los sonidos. Probablemente no oía nada. Me estaba despidiendo.  Creo que ha llegado el momento de una novela diferente… en un escenario completamente distinto.  La metamorfosis ya tuvo lugar. Es hora de que el insecto abandone el capullo. Es la hora de una historia nueva.

El valor de ser aquel hombre

Mi tío, cuando va a hacerme un regalo, tiene la costumbre de acercarse al Corte Inglés y comprar el libro más gordo que haya en la mesa rotulada con el palabro “best-seller”. Esta navidad, cayó ‘La mano de Fátima’ y ya lo teníamos amontonado en casa. Así que hoy he ido a la tienda y, tras buscar un rato entre los estantes, me he regalado la ‘Poesía Completa’ de Borges.

De joven fui un lector casi obsesivo de Borges, pero del Borges cuentista, prosista, no del Borges poeta. De éste último había leído, mucho más tarde, un poema de ‘La cifra’ titulado ‘El desierto’ que descubrí en El sindicato del mono degollado, un blog sui géneris de poesía.

Antes de entrar en el desierto

los soldados bebieron largamente el agua de la cisterna.

Hierocles derramó en la tierra

el agua de su cántaro y dijo:

Si hemos de entrar en el desierto,

ya estoy en el desierto.

Si la sed va a abrasarme,

que ya me abrase.

Ésta es una parábola.

Antes de hundirme en el infierno

los lictores del dios me permitieron que mirara una rosa.

Esa rosa es ahora mi tormento

en el oscuro reino.

A un hombre lo dejó una mujer.

Resolvieron mentir un último encuentro.

El hombre dijo:

Si debo entrar en la soledad

ya estoy solo.

Si la sed va a abrasarme,

que ya me abrase.

Ésta es otra parábola.

Nadie en la tierra

tiene el valor de ser aquel hombre.

Creo que voy a empezar a degustar el libro por ‘El hacedor’, por lo que he leído es una especie de punto de inflexión en el cual la poesía oral y “popularista” de Borges da paso a una más angustiosa, como de un otoño que agoniza a las puertas del oscuro invierno.

De todas formas, lo más interesante que he encontrado hasta ahora es una frase del prólogo que me parece una de esas pequeñas joyas de crítica literaria que se encuentrar dispersas en el bosque de las bibliotecas.

Como todo joven poeta, yo creí alguna vez que el verso libre es más fácil que el verso regular; ahora sé que es más arduo y que requiere la íntima convicción de ciertas páginas de Carl Sandburg o de su padre, Whitman

Aquí Borges acierta de lleno. El verso libre es un riesgo y un valor como pocas cosas en este mundo. El verso libre exige, por tanto, de ti mismo en esas palabras que normalmente la apuesta es descabellada. Por eso, quizá, la poesía contemporánea, la poesía libre, libérrima, se encuentra sumida en tan honda crisis; porque para escribir poesía hay que tener la convicción de Whitman y, claro, nadie en la tierra tiene el valor de ser aquel hombre.

Semana “tributo” a Miguel Hernández

23-agosto-2010 · Imprimir este artículo

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La Actividades Culturales de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) rendirán tributo esta semana al poeta Miguel Hernández con varias e interesantes propuestas, como un recital poético, la tribuna de los Martes Literarios, una performance y una obra de teatro.

Este lunes, las lecturas dramatizadas incluidas en el ciclo Noches de Teatro, se harán sobre textos del gran poeta español, que serán interpretados por la actriz Mary Paz Pondal. El acto tendrá lugar en el jardín de la Biblioteca Menéndez Pelayo a las 22.00 horas. El poeta alicantino será, además, el protagonista del tributo que el poeta Juan Carlos Mestre, el cantautor Paco Ibáñez y el académico José Carlos Rovira le rendirán en los ‘Martes Literarios’, a las 19.00 horas en el Paraninfo de La Magdalena.

Posteriormente, tendrá lugar un recital poético y musical en el que se intercalarán obras musicales de compositores como Manuel de Falla, Eduardo Sainz de la Maza y Julián Bautista, interpretadas a la guitarra por Bernardo García Huidobro, con poemas de Miguel Hernández recitados por Isabel García Huidobro, a las 22.00 horas en el Patio de Caballerizas, dentro del ciclo En Primera Fila.

El miércoles a las 21.00 horas, comenzará en el mismo lugar una performance titulada ’32′ y enmarcada en la semana de conmemoración del centenario del nacimiento de Miguel Hernández. La artista santanderina Raquel Martín será la encargada de acercar la figura de este poeta, con un trabajo que tiene como punto de referencia la figura de su esposa, Josefina Manresa.

El ciclo Escénicas en el CASYC, también estará dedicado a la figura de Miguel Hernández. La compañía Baraka Teatro representará la obra Miguel Hernández, labrador del viento con la dirección de María Caudevilla, a las 22.00 horas en el teatro CASYC, como un viaje poético a través de la vida y obra del llamado ‘poeta del pueblo’.

Paco Ibáñez ha dedicado casi toda su trayectoria artística a realizar versiones musicadas de poemas de autores españoles e iberoamericanos, tanto clásicos como contemporáneos. Comprometido activista antifranquista, en sus discos ha puesto música a textos de Rafael Alberti, Luis de Góngora, Blas de Otero, Gabriel Celaya, Francisco de Quevedo y Miguel Hernández.

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