Ligar

“La seducción no está en unas piernas largas ni en unas tetas grandes. La seducción está en la cabeza” o, al menos, eso pensamos algunos optimistas. Los festivales brindan grandes ocasiones para el cortejo, desde el momento en que tenemos que recurrir al vecino de al lado ¡porque aún no sabemos montar la maldita tienda de campaña! Aún más difícil que montarlas es encontrarlas, al amanecer, de vuelta de los conciertos. Antes de ocupar un saco, mira que esté vacío.

UN SEDUCTOR CONTROLA SU DESTINO

“Hay un abismo entre atracción y seducción”, advierte el autor del libro Psicología y Seducción, Alberto Hidalgo. Si alguien te desea y no has hecho nada para conseguirlo, no seduces, atraes; en cambio, si te muestras atractivo y ofreces algo conscientemente, estás seduciendo. Mario Luna, que ha publicado Sex-Code: manual práctico para los maestros de la seducción, define seducción como “crear las condiciones necesarias para que dos personas tengan la oportunidad de conocerse a un nivel profundo e íntimo”.

Se aprende a seducir, inconscientemente, imitando modelos, los de nuestro entorno, pero también, los de la gran pantalla, aunque los Cary Grant cada vez son más escasos. Lo primero es estar predispuestos. Dos personas predispuestas a ligar tienen muchas posibilidades de reconocerse. Se detectan el deseo mutuamente. Frente a las tesis más románticas, pensadores como Francesco Alberoni dicen que la base del “ligoteo” es una sensación de nulidad e insatisfacción personal. Lo que nadie va a negarnos es que es muy divertido.

NO DEJES QUE MUERA VIRGEN. NEIL STRAUSS ¿UN MODELO A SEGUIR?

Poco después de la publicación en nuestro país de su libro El Método (Planeta, 2006), El Mundo nos ofreció el retrato de Neil Strauss, el retrato de un don Juan, pero además del feo que todos llevamos dentro.

Strauss, escritor, crítico musical en The New York Times y la revista Rolling Stone, fue esa clase de joven que todos los días se pelea con el espejo. “Tenía nariz con caballete, gafas, pelo que clarea, era flaco y bajito”, según su propia descripción. Su oración (mitad profana, mitad sagrada) era “por favor Dios mío, no dejes que muera virgen”.

Habiendo desechado la idea de cambiar su físico mediante el bisturí, ingresó en una comunidad llamada Pick Up Artists (artistas del ligue), una especie de escuela del ligue, de las que proliferan en Estados Unidos. Estas academias “venden un magisterio de frases hechas, técnicas, afectadísimas interpretaciones, repertorio de moderno playboy, y cobran un dineral a una clientela de lo más heterogénea” (Javier Caballero e Isaac Hernández). ¿Son una forma válida de reeducación emocional o un catálogo de machistadas útiles para jugar con los sentimientos de los demás? Los psicólogos están divididos. Los nuevos celestinos utilizan armas mucho más sofisticadas que los filtros de amor. Dan consejos sobre la vestimenta y el aroma, la retórica, el lenguaje corporal…

Strauss dio con un sacerdote de la seducción como maestro particular que le enseño todo lo necesario para poner punto final a noches solitarias, “llenas de onanismo”. Todo ello, a cambio de una cantidad muy poco discreta de dinero. Así es como nuestro hombre llegó a desdoblarse y a convertirse en Style, “el mayor ligón sobre la faz de la tierra”. Este álter ego era también producto de largas horas observando a Marlon Brando, James Dean; un cambio de look pero, sobre todo, la adquisición de nuevas costumbres y habilidades.

Cuando el patito feo se convirtió en cisne, conquistó entre otras a la playmate Dalene Kurtis. Después de un periodo orgiástico y desordenado, Strauss encontró a la mujer de su vida. Entonces no hubo ninguna técnica, ningún recurso retorcido… al menos eso reza en El Método, “Ars Amandi del nuevo milenio”.

CONSEJOS INSPIRADOS

Las revistas del kiosco nos atiborran de consejos para ligar, bajo titulares ñoños como “consigue a la [email protected] de tus sueños”. Su ineficacia está testada y entre sus redactores encontramos pocos “pick up artists”. Gracias a dios, en los blogs se encuentran otras lecciones más heterodoxas y frescas. Veamos, por ejemplo, las de un tipo que se hace llamar “paranoia con patatas” y que tiene por máxima: “todo lo que cae en la red es pescado”:

Cuida tu lenguaje

Si algo debe hacer el friki medio es hablar bien. Piensa: eres feo como una patada en la boca, pues por lo menos habla bien, escribe bien, sé agradable con el lenguaje. De lo contrario el resto de los consejos no valen ni una mierda.
Tu lenguaje tiene que ser tu bandera. No pedante, pero sí correcto. No gafapasta, pero evita por favor las constantes referencias a superhéroes (aunque siempre es mejor hablar de Batman que de Tolstoi). No grosero, pero sí rotundo…

Arréglateme un poco, chacho

No. Una camiseta de Fénix o de Elektra no son lo que una mujer quiere ver recubriendo tu cuerpo. Los pantalones cortos son para ir a correr (pff, el deporte es el néctar de los necios) y las chanclas son para ir a la playa. Las gorras no se llevan puestas en sitios cerrados… no… las que llevan el logo de Punisher tampoco.

Cómprate unos vaqueros… pero que no sean negros y que no sean iguales a unos que ya tienes porque así no necesitas pensar tanto. Y algunas camisetas normalitas, sin Homer ni un dibujo de Goku lanzando un kamehameha (…) Por último, aunque estás muy lejos de este punto… deja de ponerte calzoncillos con tu nombre bordado.

Saca partido a tus taras

Ahora ella ya sabe que existes. Si has seguido estos consejos a estas alturas ya deberías haber dejado de ser “ese tipo de allí”.

Es el momento de que se crea (ilusa ella) que no eres tan malo como parecías.
Si usas gafas, escóndete detrás de ellas.
Si estás en una discoteca, aléjate de los focos (el acné brilla en esos sitios).
Si estás en una cafetería, sentaos en una cómoda esquina, alejada de la luz.
Si no se ve no existe. Como los ninjas: oculto a plena luz.*

Hemos aprendido a seducir, inconscientemente, imitando modelos

Dos personas predispuestas a ligar tienen muchas posibilidades de reconocerse. Se detectan el deseo mutuamente

Seducir es vivir

Internet

31-julio-2010 · Imprimir este artículo

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La televisión moldeaba a la opinión pública con el barro extraído en la charca del poder. Internet agitó los espacios. Unos locos se asomaban a los bordes de la autopista. Los dominios de la tele de nuestros abuelos y los medios de casta. Familias, corporaciones no acostumbradas al baile del mercado libre. Lo suyo era el oligopolio, coto cerrado, fiesta en la finca.

Internet ha venido para revolucionar el patio. En los estertores del viejo régimen, la autopista ha saltado por los aires. Internet es mucho más potente que la imprenta, la radio o la televisión, porque permite una comunicación de tipo transversal y una mejor explotación de la memoria colectiva (Pierre Lévy)

El rechazo a la forma/Estado y al capital corporativo en tanto que capturas del espacio común y la singularidad conforman la verdad libertaria de Internet y el motivo de la preocupación aristocrática. El viejo régimen de los paquidermos de la prensa, complemento necesario del abuso del poder, se hunde en un erial de ausencia ética. Como dice Julian Assange, fundador de WikiLeaks, los periodistas son parte del problema.

El periodismo ciudadano es el hijo maduro del noble periodismo que había quedado sepultado bajo una montaña de formularios F-4.

Montanelli, hoy, sería un bloguero.

Foto | Tomás Fano

Sergio L. Palacios: “Cada vez se le da menor importancia al estudio de las disciplinas científicas”

Es posible que la divulgación científica debiera ser considerada como una de las más importantes labores en el mundo de la comunicación. Es ésta el medio para hacer llegar los avances de la ciencia a la sociedad que pretende ser “la del conocimiento”, y que es la de una civilización, la Occidental, que lleva impreso el sello de la razón moderna y cuyo desarrollo en la actualidad reposa sobre el pilar de uno de sus más magníficos productos: el método científico.

Si bien es cierto que en España, en el mundo de la divulgación hay mucho por hacer, también es verdad que es un mundo vivo y con futuro. A continuación nos habla en formato de entrevista. Sergio L. Palacios, divulgador y autor de uno de los blogs divulgativos españoles de más éxito.

¿Puedes presentarte al lector?

Vale, ésta es fácil. Me llamo Sergio L. Palacios y nací en Avilés (Asturias) hace cuarenta y cuatro años. Soy licenciado en Física Fundamental por la universidad de Cantabria y doctor en Física por la universidad de Oviedo, donde llevo veinte años. Mis trabajos de investigación han versado sobre la óptica no lineal en fibras. Desde hace tres años me dedico a la divulgación científica, y lo hago a través del cine de ciencia ficción. Participo en todas las actividades y conferencias que puedo con el fin de llevar la física a todo el mundo.

¿Podrías explicar cómo se hace divulgación a través de la ciencia ficción?

Te puedo explicar cómo lo hago yo, que no soy el único. Desde el año 2004 imparto una asignatura en mi universidad denominada Física en la Ciencia Ficción (mantengo también un blog con el mismo nombre). En clase vemos primero una película completa de ciencia ficción y a continuación se establece un debate en el que discutimos, especulamos y aplicamos las leyes de la física a las escenas que hemos visto. Todos participan, unos más y otros menos, cada uno con sus ideas preconcebidas (unas veces correctas y otras incorrectas, y aquí es donde intervengo yo como profesor). No hay examen, cada alumno trabaja lo que quiere, sobre lo que quiere y cuando quiere en su propio blog. Finalmente, escriben un relato de ciencia ficción original, donde plasman de forma creativa lo que han podido aprender en la asignatura. Pueden matricularse estudiantes de todas (y cuando digo todas, quiero decir todas) las carreras universitarias. La ciencia debe llegar a todo el mundo.

Bueno, divulgar a través de la ciencia ficción resulta muy fácil, por un lado y muy difícil, por otro. Fácil porque la ciencia ficción es un tema que atrae enormemente a mucha gente, especialmente a los más jóvenes. Difícil porque abarca una enorme variedad de temas científicos. Prácticamente todas las ramas científicas y, en concreto, de la física (que es a la que yo me dedico y de la que sé un poquito) aparecen en el mundo de la ciencia ficción. Por lo tanto, tienes que estar dispuesto a aprender y a saber de todo. Eso, en la actualidad, es realmente difícil. Tendemos a una especialización absoluta y saber de más de una cosa resulta prácticamente imposible. A pesar de ello, lo sigo intentando. De hecho, como fruto del blog publiqué en el año 2008 un libro titulado “La guerra de dos mundos: el cine de ciencia ficción contra las leyes de la física”.

Tu blog, además, ocupa un buen puesto en los rankings de blogs de ciencia españoles. Precisamente, blogs y webs de divulgación científica, creados muchas veces por “amateurs” están apareciendo como hongos en los últimos tiempos. ¿Qué opinión te merece este fenómeno?

A mí me encanta que suceda un fenómeno como éste. De hecho, ya dije en una respuesta anterior que la forma de calificar a mis estudiantes es a través del trabajo que realizan en su propio blog relacionado con la materia estudiada. De esta forma, no sólo aprenden ellos, sino también los que los pueden llegar a leer, con quienes se establece un vínculo de retroalimentación en que las dos partes se benefician. Efectivamente, cada vez hay más gente (tanto profesional como aficionada) que se dedica a divulgar su conocimiento y a compartirlo con los demás. Existen blogs y webs muy, muy buenos, de una enorme calidad y con mucha variedad de temas científicos. Nunca son suficientes y hay que predicar con el ejemplo, porque pienso que muchas veces la gente se anima al ver a otros hacerlo. Cada uno tiene su propio estilo y originalidad y todos son necesarios. La unión hace la fuerza.

Los televidentes pueden ver un programa divulgativo porque no hacen otra cosa mejor y tal vez es atractivo, o un chaval puede leer un libro como el tuyo porque se lo han regalado o se lo han mandado en el colegio, aunque en ninguno de los dos casos se sintieran inicialmente muy interesados por el tema. Pero sin embargo, los contenidos que consumimos en internet los buscamos activamente, y por tanto sólo leemos, generalmente, lo que ya nos interesa. Si bien la Web parece muy útil para difundir conocimiento entre aquellos que lo buscan, ¿te parece un buen medio para despertar la inquietud por la Ciencia?

Aunque la pregunta es un poco larga, yo te daré una respuesta muy corta. A mí me parece que Internet es un medio tan bueno como otro cualquiera para despertar la inquietud por la Ciencia. Que ya estés interesado inicialmente por ella y estés buscando lo que ya de por sí te interesa no significa que no pueda seguir “picándote el gusanillo”.

Se ha dicho reiteradas veces que el interés de la población española por la ciencia no es muy alto. Por otro lado, los medios tradicionales ofrecen pocos contenidos científicos, y cuando los ofrecen, no acaparan las mayores audiencias. ¿Tenemos un problema? ¿España necesita su propio Carl Sagan o David Attenborough?

Sí, por supuesto que tenemos un problema. Y es un problema de educación, de cultura científica. Históricamente, España nunca ha sido un país de cultura científica (salvo muy honrosas y célebres excepciones) y en los centros de enseñanza cada vez se le da menor importancia al estudio de las disciplinas científicas. Esto es un problema especialmente grave en los últimos años ya que se viene detectando un interés cada vez menor por parte de la gente joven en estudiar carreras de perfil marcadamente científico (física, matemáticas, química). En las universidades quedan plazas vacantes de posgrado y doctorado por falta de candidatos. Sí, quizá necesitemos una gran figura mediática como Sagan. Al fin y al cabo es lo que pasa en otras disciplinas, como puede ser el deporte, donde las grandes figuras internacionales generan un enorme número de seguidores y despiertan vocaciones entre los más jóvenes.

En ocasiones se atribuye parte de la responsabilidad de este problema a una supuesta incapacidad de la comunidad investigadora para comunicar a la sociedad los conocimientos que genera. Tú que eres investigador a la vez que divulgador de la ciencia, ¿cómo ves este asunto? ¿Es realmente determinante?

Es muy determinante. Cuando se hace llegar la ciencia a la gente, ésta la recibe de buen grado porque a la gente le gusta entender las cosas, pero también le gusta que se las expliquen bien. Y esto no es tan fácil. Hay que tener en cuenta que vivimos en un mundo en el que muchísimas de los objetos que nos rodean están enormemente basados en la ciencia y la tecnología (teléfonos móviles, hornos microondas, placas de inducción, ordenadores, reproductores de mp4, escáneres, televisores de plasma, LED, reproductores de Blu-ray, etc.). Los buenos divulgadores no tienen por qué ser grandes investigadores y viceversa. Sí que hay personas con las dos capacidades, pero no suele ser habitual. De todas formas, tal y como yo lo veo, la culpa de que los científicos no se interesen demasiado por la divulgación no es exclusivamente suya. Yo, que trabajo como profesor universitario, solamente puedo hacer méritos como investigador si consigo publicar mis resultados en revistas con buen factor de impacto. Las revistas de divulgación no están entre ellas y, por lo tanto, pierden interés para la comunidad investigadora, que prefiere dedicarse exclusivamente a cosas “productivas” y con resultados inmediatos. La divulgación no está bien considerada, al menos, no tanto como la investigación. Ojalá algún día se equiparen porque ese día, más de uno se decidirá a descender de su torre de marfil y compartir su sabiduría con el resto de los mortales.

¿Y cómo ves la actitud entre las nuevas generaciones; entre el alumnado de la universidad? ¿Parecen deseosos y dispuestos a difundir sus conocimientos? ¿Has encontrado un número razonable de potenciales futuros divulgadores?

La verdad es que no. Desgraciadamente, la gente joven sigue normalmente el camino marcado por la tendencia general. Aunque alguna excepción sí que me la he encontrado. Tengo unos poquitos ex-alumnos míos que han seguido con la labor divulgadora a través de sus propios blogs, incluso después de haber cursado mi asignatura. Me siento muy orgulloso de ellos y de haber contribuido personalmente a inculcarles el amor por la divulgación.

No parece el mejor panorama. Hablando de tu asignatura, antes la describiste con todas esas actividades, debates y ausencia de examen, lo que le da cierto perfil a Plan Bolonia, ¿Crees que el método pedagógico que incorpora éste funcionará, o puede haber una pérdida en la calidad de formación de los universitarios, como algunos temen?

Yo siempre he sido un “innovador” en la docencia que he impartido en los últimos veinte años. He intentado cosas nuevas, unas veces con más éxito y otras con menos, pero siempre me ha gustado probar técnicas diferentes. También es cierto que me han generado incomprensiones, aunque éstas nunca me han echado para atrás. Lo que ahora se pregona a bombo y platillo como Plan Bolonia y se cantan sus excelencias ya lo probé yo hace años y me costó no pocos disgustos por intentar “adelantarme” a mi tiempo (al menos así lo consideraron algunos personajes poco deseables). Sí es cierto que mi asignatura “Física en la Ciencia Ficción” la imparto con una filosofía nada tradicional ni muy ortodoxa. Busco más bien capacidades en mis estudiantes, competencias, que sepan hacer cosas más que sean capaces de memorizar leyes y ecuaciones, con largos y aburridos desarrollos matemáticos. La técnica consiste en dejar hacer a cada estudiante lo que él quiera durante el período de docencia de la asignatura. Él se distribuye su tiempo y trata los temas que más le interesan, investiga sobre ellos y publica en un blog sus conclusiones. Estas conclusiones quedan expuestas a todo el mundo en Internet, tanto a la vista de sus compañeros como yo mismo y el resto de la comunidad que allí quiera entrar. De esta manera, se establece una retroalimentación y se comparten ideas, opiniones, se fomenta un espíritu colaborativo, dialogante que es muy propio del trabajo científico. En definitiva, el estudiante se hace autónomo en su proceso de aprendizaje, se inicia en el trabajo investigador, aprende a manejar y a filtrar la información, a expresarse y a comunicar su trabajo a la sociedad.

Respecto a lo que dices del Plan Bolonia, que si su metodología funcionará o no funcionará, tengo que decirte que soy muy pesimista al respecto. Yo estoy convencido que el Plan Bolonia, tal y como se ha implantado en España, está adulterado. Se ha hecho deprisa y corriendo, cortando y pegando, intentando mantener las estructuras de poder caducas que ya estaban establecidas y, sobre todo, sin querer invertir el dinero que requiere un cambio tan profundo en la universidad española. Estoy seguro que lo único que se busca con el Plan Bolonia es que todo el mundo que entre en la universidad salga con su título de grado debajo del brazo. El número de aprobados aumentará considerablemente porque te obligan a establecer y a cumplir de antemano unos ciertos criterios de eficiencia (tasas de aprobados, dicho en plata) bajo amenaza de cerrar la puerta de la facultad. Precisamente hoy mismo hablaba con un ex-alumno mío y al preguntarle qué le parecía el Plan Bolonia, me contestó literalmente: “es un coladero”. Se ha perdido una oportunidad preciosa para haber confeccionado unos planes de estudios modernos, con calidad e innovadores. Lástima, porque dentro de unos años estaremos cambiando otra vez. Estoy seguro.

Finalmente, te diré que asignaturas de libre elección como “Física en la Ciencia Ficción”, efectivamente, desaparecen definitivamente, no tienen cabida en el Plan Bolonia. Una asignatura calificada de excelente por los estudiantes que la han cursado desaparece aniquilada por un proceso que se supone implantado para buscar la excelencia en la universidad. Mayor contradicción imposible.

Es una verdadera lástima. Confío en que seguirás divulgando a través de tu blog. ¿Publicarás algún nuevo libro? “La Guerra de dos Mundos” ya tuvo una buena acogida en su momento.

Por supuesto que seguiré divulgando en mi blog. Además, me he unido recientemente al proyecto de Amazings, que creo que puede tener mucho futuro en el terreno de la divulgación científica española. En cuanto al nuevo libro, lo tengo encima de la mesa desde hace un par de meses, ya terminado pero no me acabo de decidir a publicarlo por cuestiones de convicciones personales. Veremos si con la llegada del otoño me animo definitivamente y lo envío a la editorial, a pesar de todo. Es un libro algo más serio que el primero, con temas un poco más avanzados, como agujeros negros, agujeros de gusano, máquinas del tiempo, efectos túnel cuánticos y personas que atraviesan paredes, viajes a velocidades superiores a la de la luz, universos paralelos y muchas otras maravillas. Tampoco faltarán los superhéroes. La verdad es que “La guerra de dos mundos” tuvo una acogida estupenda cuando se publicó, hace ya dos años, pero ahora parece que la cosa se ha enfriado un poquito. Me gustaría que se hiciera realidad una segunda edición. Me daría muchos ánimos.

Mencionas a Amazings. Es un proyecto que, a pesar de su corta vida, ya tiene un gran número de seguidores. ¿Podrías comentar algo acerca de él?

Bueno, Amazings es un proyecto surgido de las mentes calenturientas de tres amigos como son Miguel Artime (el responsable de Maikelnai’s blog), Javier Peláez (ídem de La aldea irreductible) y Antonio Martínez (ídem de Fogonazos). La idea de Amazings es aglutinar y concentrar contenido de tipo científico y para ello se ha rodeado de una serie de casi 60 colaboradores (de momento) que aportan material específico de distintas disciplinas: física, matemáticas, biología, química, etc. Como bien dices, es un proyecto que aún tiene muy corta vida (aún no ha cumplido un mes) y ya cuenta con un gran número de seguidores. La verdad es que cuando estos tres señores me propusieron formar parte de Amazings no lo dudé por un solo momento y creo que va a dar mucho que hablar en los próximos años. Creo que no existe nada parecido a Amazings en toda la blogosfera de habla hispana, pues no se pude comparar con otras iniciativas como son Menéame, Bitácoras o la misma Hispaciencia ya que éstas son agregadadores de noticias, mientras que Amazings crea sus propios contenidos originales. Los que participamos en el proyecto creamos contenidos para Amazings. Tengo muy buenas sensaciones con Amazings.

Eres investigador, profesor universitario y divulgador. ¿Podrías explicar, a grandes rasgos, en qué consisten tus investigaciones?

Contarlo en pocas palabras es misión imposible. Yo creo que se puede resumir muy brevemente en que he trabajado en la búsqueda de distintas maneras en las que se puede propagar la luz de un láser dentro de una guía o una fibra óptica. Mi trabajo consistía en resolver ecuaciones de propagación similares a la ecuación de Schrödinger de la mecánica cuántica, pero algo más complicadas desde el punto de vista matemático porque se trata de ecuaciones no lineales. Las soluciones que yo buscaba en concreto eran de tipo solitón, es decir, describían pulsos de luz que se pueden propagar por la fibra sin sufrir atenuación y dispersión. Por lo tanto, la señal se puede codificar digitalmente y puede viajar a lo largo de miles de kilómetros sin distorsión. Esto es una gran ventaja a la hora de ahorrar en repetidores y amplificadores de señal digital.

Pues bien, hasta aquí la entrevista. Muchas gracias por tu tiempo.

Ha sido un placer. Muchas gracias a ti, Gerardo, por darme la oportunidad de contar algunas de mis aventuras y desventuras. Hasta siempre.

El blog de Sergio / Física en la Ciencia Ficción

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28-julio-2010 · Imprimir este artículo

Por

Y así la Historia, la grande Historia, resultaba / turbio negocio de la alta complicidad o medianía

José Ángel Valente

¿Has visto su foto en El País?

Flavio Carboni, principal acusado de asesinar al banquero de Dios. Flavio es primo de Silvio y un gladiador del Vaticano. Lo fue y lo sigue siendo. “No hay más Dios que el Vesuvio”. Fondeado en Sorrento, sin más lujo que un placebo de limones prepararon la última cena. Pero esa verdad ha naufragado como barcos impulsados por sirenas. De todos los magníficos corresponsales de la prensa española en Roma hay uno que conoce la verdad de la existencia de Dios.

Jean de Broglie, El Príncipe. Royal Flush.

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Y así la Historia, la grande Historia, resultaba / turbio negocio de la alta complicidad o medianía

José Ángel Valente

¿Has visto su foto en El País?

Flavio Carboni, principal acusado de asesinar al banquero de Dios. Flavio es primo de Silvio y un gladiador del Vaticano. Lo fue y lo sigue siendo. “No hay más Dios que el Vesuvio”. Fondeado en Sorrento, sin más lujo que un placebo de limones prepararon la última cena. Pero esa verdad ha naufragado como barcos impulsados por sirenas. De todos los magníficos corresponsales de la prensa española en Roma hay uno que conoce la verdad de la existencia de Dios.

Jean de Broglie, El Príncipe. Royal Flush.

¿Qué es la biodiversidad?

En los últimos tiempos hay una palabra que se ha popularizado notablemente, como consecuencia de la creciente preocupación social por los temas medioambientales: “biodiversidad”. La oímos y leemos constantemente en los medios de comunicación, y nosotros mismos la usamos en nuestras conversaciones. Sin embargo, ¿cuánta gente hay que sepa qué significa? Mi percepción es que, en general, se entiende la biodiversidad como el número de especies existente. Realmente, esto no es así. Se trata de algo más complejo, que va mucho más allá, expresándose a todos los niveles de la vida, desde el más fundamental al más global. Para ser exactos, se suele hablar de los tres siguientes: el genético, el específico y el ecosistémico.

La diversidad genética

El primero y más elemental es el de la diversidad observable para una molécula de gran importancia en la vida: el ADN, que contiene la información necesaria para la creación y regulación de un organismo vivo. Hace referencia a la diversidad de genes dentro de cada población. En una especie podemos hallar diferentes variedades de un gen determinado, llamadas alelos. Esto tiene como consecuencia que entre los distintos individuos de una misma especie haya variaciones para un mismo carácter. Por ejemplo, los guisantes con los que trabajó Mendel en el que debió ser el primer experimento de la genética daban semillas que podían ser rugosas o lisas, verdes o amarillentas. El color de las flores variaba entre el blanco y el púrpura, e igualmente en muchas otras características de la planta se observaban diferencias entre los individuos. También los seres humanos presentamos variabilidad genética, lo que produce que haya diferentes colores de ojos, pelo y piel, por ejemplo. En definitiva, la diversidad genética garantiza que no todos los especímenes de una población sean clones, y por tanto su importancia radica en que proporciona capacidad de adaptación y de evolución a esa especie. Si en una población fueran iguales todos los individuos, estos podrían estar excelentemente adaptados a su ambiente, pero quizás sus adaptaciones fueran inútiles ante nuevas condiciones, impuestas por un cambio climático, la entrada de un competidor en el ecosistema o, tal vez, la salinización del suelo. En cambio, una población con diversidad genética será más resistente a alteraciones como estas, pues en ella podría haber algunos individuos con las características adecuadas para afrontar la nueva situación con más éxito.

La diversidad específica

El segundo nivel hace referencia a la diversidad de especies dentro de un ecosistema. Una gran diversidad específica es importante para la estabilidad de los ecosistemas. Las relaciones dentro de un ecosistema se pueden representar como una compleja red en la que cada especie se sitúa en un nodo, es decir, un punto que se halla conectado con otros puntos a través de los hilos, que representan las relaciones. Cuantas más especies haya, más nodos habrá, más densa y enmarañada será la red, y más capacidad de resistir perturbaciones tendrá. Algunas especies ocupan un lugar clave del ecosistema, y su desaparición puede tener consecuencias muy graves, pero la desaparición de otras puede no ser tan drástica; quizás incluso las substituyan otras especies del ecosistema. En cualquier caso, la red siempre se vería más o menos debilitada. De ahí la importancia de la diversidad específica.

La diversidad ecosistémica

El tercer nivel hace referencia a la diversidad de ecosistemas dentro de un territorio. Posiblemente sea la más difícil de medir, pues existe frecuentemente cierto grado de arbitrariedad a la hora de distinguir un ecosistema de otro. Los ecosistemas están interconectados entre sí, intercambiando constantemente materia, energía e información, y no siempre es fácil decir donde acaba uno y empieza otro. En cualquier caso, la diversidad de estos también es importante. No todas las especies pueden vivir en todos los ecosistemas, motivo por el cual esta diversidad está directamente relacionada con la diversidad específica. Y obviamente, puesto que las especies son un elemento esencial del ecosistema, sin diversidad de especies tampoco puede haber diversidad de ecosistemas.

Otro motivo de importancia de este nivel de diversidad es que los ecosistemas proporcionan lo que se llaman “servicios ecosistémicos”. Los bosques producen aire limpio, madera, generan suelo y evitan la erosión, entre otras cosas. Los prados pueden proporcionar pastos para nuestro ganado, los ríos agua para el riego, pescado y un buen lugar para refrescarse, y una albufera puede comportarse como una depuradora impulsada por energía solar que evita que lleguen al mar aguas contaminadas de fertilizantes agrícolas. La diversidad ecosistémica proporciona diversidad de servicios. Hay que tener cuidado con esto: una fragmentación excesiva de los ecosistemas quizás pueda suponer gran variedad de estos en poco espacio, pero también serán más frágiles.

Como vemos, los tres niveles de biodiversidad están estrechamente conectados. Las especies necesitan diversidad genética en el seno de sus poblaciones para adaptarse, evolucionar y perdurar; los ecosistemas requieren diversidad específica para resistir las perturbaciones, y a su vez, la diversidad de los ecosistemas lleva a la diversidad de especies.

La medida de la biodiversidad

El concepto de biodiversidad va más allá del número de. También hace referencia a la estructura. Para cuantificar la biodiversidad, los científicos utilizan índices: cifras que por sí solas no significan nada, pero que sirven para comparar y observar cambios. Quizás los índices más famosos sean los usados en bolsa, que nos permiten saber si tal día ha habido ganancias o pérdidas, y con qué diferencia lo ha hecho la de Nueva York respecto de la de Madrid o la de Berlín. Existen múltiples formas de elaborar estos índices; algunos tienen en cuenta el número de clases de elementos y el de la frecuencia con que hallamos cada elemento. Es decir, es diferente la biodiversidad en un huerto en el que la mitad de lo que hemos plantado son tomateras y los dos cuartos restantes meloneras y sandías (tres tipos de elementos, uno constituyendo la mitad del total y cada uno de los otros una cuarta parte), que en otro huerto en el que hemos sembrado un tercio de cada hortaliza (las mismas tres clases de elementos, pero esta vez en proporciones iguales). Obviamente este ejemplo simplifica mucho y no tiene en cuenta las malas hierbas, los caracoles, lombrices, babosas, pájaros, hongos, arañas, insectos y demás seres vivos que aparecerán asociados al cultivo, pero creo que es bastante ilustrativo. A pesar de esto, en ocasiones podemos hallar estudios en los que se ha utilizado como índice el número de especies. En sentido estricto, en la ciencia de la Ecología, esto no es la diversidad, sino la riqueza, lo cual no quiere decir que sea incorrecto usar esos índices, si cumplen su función en ese estudio concreto. Otras veces, como ocurre en el informe de la Estrategia española para la conservación y el uso sostenible de la diversidad biológica, elaborado con motivo del Convenio sobre la Diversidad Biológica se hace referencia al número de especies que hay un área determinada.

El hecho de considerar la diversidad como algo más que el número de clases de elementos (sean especies, genes o ecosistemas) tiene una implicación muy importante: la pérdida de biodiversidad no se produce sólo con la extinción de especies o desaparición de ecosistemas: también las alteraciones en las estructuras de los paisajes donde están los ecosistemas, de las comunidades compuestas por especies, de la distribución de esas especies, etcétera, pueden suponer una pérdida de biodiversidad, con las probables consecuencias negativas asociadas.

Es posible que…

…tras leer este artículo, explicar a la abuela estos conceptos sea una tarea que a muchos se antoje más difícil de lo que pensaban, pero en mi opinión, toda esta complejidad contribuye a hacer de la biodiversidad uno de los más apasionantes objetos de estudio de la Biología.

España, los chinos y su deshumanizada proximidad

La selección ganaba el mundial a pocas horas de la manifestación iniciática del soberanismo catalán. Tantas emociones contrapuestas en el interior tenían que salir de alguna manera, y salieron por ventanas y balcones. Barcelona vive desde entonces una guerra de banderas donde las senyeres y las rojas se dan réplica de calle en calle por primera vez en democracia. La senyera tenía hasta ahora el monopolio ante cualquier alegría o agravio; la bandera española sólo ahora, y por motivos deportivos, ha salido… ¿del armario? Pues no. El arsenal está en un país de oriente, aunque muy próximo.

Si uno quería adquirir una senyera en cierta mediana ciudad catalana no tenía más que ir a alguna de las mercerías de la Rambla y allí estaba, expuesta en el escaparate como si fuera un certificado de calidad. Si uno quería adquirir una bandera española en la misma mercería imagino que también podría hacerlo, aunque tendría la misma sensación que pidiendo un preservativo en una farmacia regentada por un numerario del Opus en los ochenta. Cosa del habitus. Ahora no. Las rojigualdas ondean en los modestos esparates de los comercios chinos normalizando su existencia hasta hacerla comprable, una condición a la que ha ayudado mucho su constitucionalidad –ya no se ven banderas preconstitucionales-, pero también su desvergonzada presencia a la vuelta de cada esquina.

Y esto es así porque el chino es un comerciante puro, deshumanizado, en el sentido que sus acciones están solamente movidas por lo que los posibles compradores pueden demandar en un momento dado, sin otro cálculo que el económico. Es un comercio de proximidad, pero tan descontextualizado como una gran superficie; Un Corte Inglés en cada calle para economías desforestadas como la mía, sin rastro de brotes verdes. La dialéctica de la proximidad siempre resalta su valor humano frente a la despersonalización de lo global, pero cuando la identidad no se ajusta a la “horma” social, sólo en el anonimato del distanciamiento encontramos los mínimos resquicios de libertad para buscarnos o perdernos. Cuando el calor de la costumbre de la tribu amenaza con abrasarnos se agradece el glacial contacto de la ley del Tribunal, su frialdá.

Vía | Tangencial

El Musical Verbatim

Hoy como siempre, el teatro es un reflejo nítido de los intereses y valores de la sociedad. Actualmente, puede considerarse un género prolífico, variopinto y de un enorme dinamismo. Además, el teatro mantiene su hegemonía sobre las restantes ofertas de ocio; a excepción, claro está, del cine, la televisión, la Wii, los iPods, las novelas de vampiros adolescentes e Internet. No hay más que recorrer las grandes avenidas de la capital, para dar fe de la considerable recuperación de espacios teatrales que se ha llevado a cabo en los últimos años. En los rótulos vuelven a brillar los consagrados nombres de antaño: Lope de Vega, autor de un millar de comedias; Calderón-Häagen-Dazs, creador de más de un centenar de sabores, o Movistar, en honor a la consagrada compañía artística.

Atrás quedaron las zarzuelas y los barquillos, las tonadillas y los churros con chocolate. Afortunadamente, hace tiempo que hemos aprendido a desechar lo autóctono y a dejarnos llevar por la marea de tendencias que nos llega desde Europa y Estados Unidos; porque todos sabemos que lo que viene de fuera, si no es mejor, al menos es más exótico. Actualmente —a Dios gracias— existe una industria que se asegura de que un mismo formato se reproduzca por todo el mundo con una escrupulosa exactitud. Y así, esperamos ansiosos a que lleguen, uno tras otro, los espectáculos que triunfan en las grandes ciudades; porque si de algo tenemos garantía, es de que ya no hay que salir de España para ver lo que más se ve en el extranjero, tal y como se ve en el extranjero.

Hoy, por fin, los grandes teatros de nuestra capital se llenan de luces, música, cantantes y bailarines; de artificios grandes y argumentos pobres, pensados no ya por dramaturgos del tres al cuarto sino, nada más y nada menos, que por asesores creativos —¡algunos hasta españoles!—. En una época en que el ocio está al alcance de todos y sin salir de casa, los musicales han logrado algo impensable: que las butacas de los teatros se llenen y que el teatro se convierta, también en España, en una industria que mueve millones. Y es que, ¿cómo no sucumbir ante piezas ilustres como 40, A, Forever King of Pop, Hoy no me puedo levantar o —¡Mamma mía!El diario de Ana Frank? ¿Quién no se enterneció con las canciones y los pasos de ballet de la pequeña Ana en su buhardilla holandesa? ¿Quién pudo contener las lágrimas mientras la niña revoloteaba, como solía hacerlo, por el campo de concentración de Bergen-Belsen?

La audacia de concebir el género musical con pretensiones sociales e historicistas responde a un fenómeno que no se da en medios como el cine o la televisión: el hecho de que el teatro parece tener la necesidad de justificarse a sí mismo. A menudo, se recurre a temas socio-políticos únicamente para dar validez a lo que se cuenta o tiene lugar en el escenario.

En el Reino Unido —país mucho más avanzado que España en materia de espectáculos circenses, comúnmente conocidos como “reality shows”—, hace algunos años se puso de moda el “verbatim theatre”, modalidad extrema del llamado “teatro documento”. El “verbatim theatre” pretende reproducir, palabra por palabra, las actas judiciales de crímenes racistas o las declaraciones de grandes mandatarios que son interrogados sobre cuestiones de Estado en juicios privados. El pretexto para este teatro político es crear conciencia social y conseguir que la gente de a pie tenga acceso a información que no es de dominio público. La realidad es que este tipo de teatro presenta como verdaderos una serie de hechos que han pasado por numerosas manipulaciones. Pero, claro, ¡es que un actor joven y guapo pronuncia el discurso con mucha más gracia que Tony Blair! Y, además, con una pose aquí, un foco allá y música de fondo, la cosa se vuelve bastante más entretenida. Especialmente si un hábil dramaturgo ha sido capaz de reducir treinta y dos horas de interrogatorio a sólo dos, mostrando un increíble dominio del “corta y pega”.

En vista del éxito de los musicales en España y de lo entretenidos que están los ingleses con su “teatro verbatim”, optemos por adaptarnos a los vientos que corren: ¿qué importa que la historia se manipule y se trivialice en el teatro? ¿No está el público familiarizado con los géneros de terror y ciencia-ficción en otras disciplinas? Sin duda, el futuro del teatro está en el “musical verbatim”, género dramático-político-social-musical, del que quizás El diario de Ana Frank se considere precursor algún día.

En el futuro en España, el teatro seguirá reflejando los intereses y valores de la sociedad: será un género mercantil, abigarrado y de consumo rápido. El público acudirá al teatro María Fontaneda a sentarse durante un par de horas y zamparse cualquier guiso que le agrade la vista y el oído. Porque paladear, lo que se dice paladear, el público ya paladea más bien poco. Y de digerir mejor no hablamos.

La vanidad del escritor

Recuerdo con un cariño casi infinito aquel poema que me hicieron leer a los quince años Un soneto me manda hacer Violante, pues algo así me he sentido yo cuando me pedían salirme de mi tradicional mundo de lo alto de la torre de marfil de Literatura y viajes (muchas veces interiores y sin necesidad de sustancia psicotrópica, alcohol o hierba alguna) y escribir un artículo para estas páginas virtuales de Generación.net donde vengo colaborando con una periodicidad algo desquiciada y a golpe de volver a mis obsesiones y manías.

Por unos cuantos momentos estuve muy tentado de hablar de la razón de estado, Maquiavelo, César Borgia y la situación política española donde, no se sabe muy bien por qué nadie cree a quien avisa de lo que se avecina con responsabilidad y acierto (lleva ya tres años haciéndolo el señor Rajoy con una prosa excelente y unos discursos de altura); pero se sigue a pie juntillas lo que nos afirma alguien que nos ha engañado/mentido o se ha equivocado repetidamente (¿tengo que decir su nombre?) por exclusivos intereses personales y nunca por razón de Estado. Dudo mucho que el sujeto en cuestión sepa muy bien lo que significa eso más allá del uso del aparato propagandístico. Y es que la política es algo que me bulle dentro desde mis años más tiernos, en caso de que los hubiera. Pero decidí parar la máquina a tiempo. Tengo mucho que opinar, pero creo que como nota sirve el presente párrafo. Ya saben los lectores por donde voy y probablemente no añada mucho a lo que pueden decir desde cualquier otro medio más antiguo, y con mejor pluma y, por supuesto, con muchos más contactos y conocimiento de causa los muchos periodistas que cubren la realidad política de nuestra nación (o mejor debería prescindir de este sustantivo dado lo polémico de su contenido en los últimos tres años). Como mucho podría decir que no, que la política no me asquea, que no he perdido la fe en TODOS los políticos, que no creo que todos sean iguales y que estoy cansado de cierta moda oficial que pulula por los medios de comunicación. Quizá tenga que ver con aquello del cuarto poder y el síndrome de derrocar al gobernante por aquello de dejarles claro los límites de su actuación, aunque ahora se pega con igual saña a quien gobierna y a quien no, por si acaso alguna vez llega al sillón de mando. En cualquier caso sí hay quien me parece que sabe esperar, que hace lo que debe hacer y que no se casa con nadie a pesar de los beneficios que puede traer (y los trae al menos a corto plazo) las uniones con ciertos grupos de prensa o de poder social. Será que sólo soy un ingenuo a pesar de haber transitado por los pasillos de la Facultad de Derecho durante seis años y estar en posesión de uno de esos papelitos firmados que me acreditan como licenciado del arte/asco de las leyes.

Lo cierto es que me pidieron un artículo, ensayo o cuento que pudiera tener escrito para darle salida y me puse a pensar, a pesar de los consejos del gran Wilde sobre los desastrosos efectos que esta manía de darle al magín, tiene sobre la salud. Lo único que tengo en el cajón, listo para publicarse son decenas de poemas (de aquellos que riman y miden sílabas) y un puñado de relatos que he parido durante los últimos trece años de mi vida. Tenía la ocasión perfecta para ver colgado alguno de todos ellos en la “Red”. Sin embargo la tela de araña y su pegajosa condición de medio de publicación rápida no me tentaron ni siquiera treinta segundos. Y es que la vanidad de quien escribe no tiene límites. La mía no los tiene. Soy presa del sueño anacrónico, decimonónico y macilentamente glamouroso de ver en papel mis obras. No sólo creo que mis palabras tienen el valor suficiente para que merezca la pena sacrificar los árboles, sino que espero verlas repetidas en decenas, cientos de librerías, traducidas a diez idiomas, entonadas con devoción por estudiantes que realizarán tesis sobre los significados ocultos de mi prosa o los símbolos repetidos de mi poesía, las influencias recibidas y la relación entre mi vida y mi obra. ¡Ja! Ni que yo fuera Lorca. Sufro la fiebre del pretencioso novel, la atrevida ignorancia del neófito, la soberbia del imprudente. En mis delirios de grandeza algún gran fotógrafo consigue maquillar esta delgadez extrema o sacarle el máximo partido de poeta maldito para la contraportada de mis numerosos libros; y un ilustrador inspirado en los pre-rafaelitas diseña la cubierta de mi libro, encuadernado con amor y corregido con parsimonia de escriba por un lector de altura. Por no hablar de las colas infinitas que provocaré en la Feria del Libro para envidia de mis compañeros de bolígrafo y asombro de las cámaras que toman nota del evento. Si no fuera tan triste me reiría de mí mismo. Finalmente me río, porque es lo único que puedo hacer. No es que dude de la calidad de prescindibles que tienen mis ideas y mis palabras, sé bien que son prescindibles, es que sé que las probabilidades de que se vean impresas y vendidas en la Casa del Libro son tan escasas como la de que el pueblo español obligue a un mal gobernante a unas elecciones anticipadas. Pero a pesar de todo, decido no ceder ese pedazo de vanidad.

Me salva únicamente, el valor de seguir persiguiendo un sueño. De tener fe en aquello en lo que se cree, por lo que se ha trabajado durante años en silencio, con cariño y dedicación, poniendo lo mejor de mí mismo. No importa que tenga ya los treinta y tres años, cifra simbólica del Cristianismo; continúo guardando una ilusión adolescente por aquello que doy a luz en estado de comunión con no se sabe qué extraño numen que me impulsa y me empuja al papel o al ordenador. ¿Cabe ser una joven promesa a los cuarenta? Rezo porque así sea. Mientras eso sea posible me quedan muchos días para levantarme y seguir manteniendo mi fantasía megalómana de que mis palabras alcancen la luz sobre las delicadas y cortantes páginas más o menos amarillentas del libro físico. Y el e-book para Bill Gates. ¿Quién quiere entrar en el siglo XXI cuando aspira a tener la prosa descriptiva de Zola; la capacidad narrativa de Clarín; la habilidad con la lengua de la Pardo Bazán; el encanto de Carmela Saint Martin; la producción de Galdós; el duende de Lorca; la magia de Rimbaud; la musicalidad de Verlaine; el misterio de Pessoa; la leyenda de Yeats; el símbolo de Huysmans; la genialidad de Wilde; el dardo de León Felipe; la profundidad humana de Camus; la hondura femenina de Beauvoir; la sombría historia de Virginia Woolf; el feminismo con sabor a humo de Barnes; el don para el relato de Capote; el valor transgresor de Genet; la perfección técnica de Valle-Inclán; la evocación de Bécquer; la mordacidad de Quevedo; la melancolía de Rosalía de Castro; el realismo de Balzac; la pasión de Pietro Bembo; el perfeccionismo del orden de Poe; o la inventiva del mito moderno de Stoker, Mary Shelley o Robert Louis Stevenson y así hasta un magnífico quasi-infinito que sabe a paraíso?

Creo que, este striptease del escritor, podría valer como artículo para el mes de julio. ¿Qué piensan ustedes?

Houellebecq: “Me gustan las ideas pascalianas”

Nota de la Redacción: Llegaban a España partículas (polémicas) y elementales. Houellebecq ya se había “masturbado” en el campo de batalla. Javier Esteban, director-fundador de esta revista, se encontró con él en Paris. Mordía con rabia los cigarros.

…Esa niña era una maravilla, estaba íntimamente convencido; pero no era grave… ya me había masturbado*

Recientemente ha aparecido en España la novela Las partículas elementales (editorial Anagrama) que tan fuerte polémica protagonizara en Francia, donde ha vendido 300.000 ejemplares.

En su segunda novela, el poeta Houellebecq (autor de la también novela *Ampliación del campo de batalla y de los libros de poemas Renaissance y Poursuite du bonheur) destruye el mito sesentayochista y apunta mundos posibles de la mano de la ciencia y de la revolución metafísica, más allá de Huxley.

Al fondo de un café parisino me espera amablemente. Lo encuentro un poco triste, lúcido e inocente, mientras muerde con rabia los cigarros. Tengo la sensación de que los muerde con los labios, como si careciera de dientes.

Michel, ¿Por qué “Las partículas elemetales” ha resultado tan polémica?

M. H.: Se puede decir que el libro hace una revisión, sin demasiados tapujos, de un periodo reciente, sobre una realidad que puede cambiar de estado de distintas formas, incluso llegando a disgustar a algunos a causa de una constante presión que desarrolla en la obra el género científico. Y eso, teniendo presente la idea de que las soluciones posibles a este estado de cosas humano no son necesariamente políticas… Frente al cambio de la organización social, el cambio de la naturaleza del hombre parecía un tema tabú que el libro cuestiona introduciendo una duda. Mi obra apunta soluciones que pueden modificar la naturaleza del hombre, lo que no es necesariamente terrible. Simplemente, trato una cuestión que efectivamente aún no está resuelta y que efectivamente merece una polémica.

¿Habías previsto esta reacción?

M. H.: No en un primer momento. De todas formas, para poder escribir algo más o menos largo es necesario abstraerse de todo lo que la gente piensa en torno a uno. Aunque eso nos puede llevar también a olvidar nuestra línea de pensamiento más habitual. Esa reacción sí que me llegó a sorprender porque nunca pensé que llegase a crear tanta polémica.

Aceptas la definición de provocador?

M. H.: No, no creo en absoluto ser un provocador. Un provocador es alguien que dice cosas que realmente no piensa: lo que busca es chocar, ahondar en los aspectos chocantes. Yo al contrario, trato de observar las cosas con buena fe. Un provocador repara en ideas totalmente aceptadas para luego contrariarlas. Yo, en cambio, digo lo contrario si lo que pienso es lo contrario; y digo y afirmo la misma cosa si así me parece. Así guardo una independencia entre lo uno y lo otro.

En tu novela se aprecia una concepción antropológica pesimista, un poco deudora de Machiavelli, que lleva a defender la necesidad de un poder autoritario…

M. H.: Sí, pero esa no es una concepción especialmente pesimista.

¿Crees que es realista?

M. H.: Sí, eso me parece evidente. Y si decir eso es ser provocador, entonces lo soy, pero me parece más bien caer en la evidencia.

Has defendido públicamente que el bien y el mal existen, que son referentes fundamentales para el hombre, que para algunos es “bueno por naturaleza…” ¿Crees en la moral? ¿Qué tipo de moral puede ser aceptada hoy?

M. H.: El hombre es un montón de cosas. En resumidas cuentas, es un conjunto de reglas y de deseos. Todo eso forma parte de la evolución del hombre, en fin. No hay un hombre sin reglas sociales ya que nace en medio de una sociedad. Creo que Rousseau exageraba un poco, aunque él tampoco creía en el hombre como un ser salvaje. Él más bien oponía el paisanaje a una clase noble, donde desde luego el paisano no era un salvaje, sino que era una persona formada ya por muchos siglos de Cristianismo. Rousseau encontraba demasiada sofisticación en las relaciones dentro de la nobleza.

De todas formas, esas fórmulas chocantes basadas sobre la idea de “que el hombre nace bueno” son bastante exageradas. Es bien sabido, además, que los ejemplos de hombres más próximos a la naturaleza que han sido encontrados, se hallaban bien lejos de la animalidad. Eran seres formados por varios siglos de reglas morales, de cultura.

En cuanto a la moral, bueno, la base moral imperativa reposa sobre una negociación entre dos diferencias. La negociación entre el placer y el no placer, la diferencia entre uno mismo y los demás. A grandes trazos, lo que se trata es de tomar en cuenta a los demás. Pero finalmente todo depende de si place o no.

Los actos más inmorales están vinculados a la crueldad y prescinden de la justicia, ya que es ahí donde las posiciones entre el uno y el otro no encuentran ningún tipo de apoyo.

También ha dicho que la bondad es la vara de medir al hombre, desechando dinero, fortuna, posición o inteligencia ¿Pero en qué consiste la bondad?

M. H.: Creo que la bondad es el factor fundamental.

Pareces un hombre religioso…

M. H.: No. Por lo demás, la religión europea y la de Medio Oriente se apoyan sobre la idea de un dios creador y se plantean así el origen del mundo. Yo me considero más bien un hombre de ciencia, por lo que la creación del mundo me parece fácilmente explicable sin dios. De todas formas, es algo en lo que pienso cada vez menos. En general, no creo que las ideas monoteístas que explican el origen del mundo a través de la existencia de dios sobrevivan con el tiempo cuando las ideas evolucionen algo más, pero son difícilmente sustituibles por la ciencia, difícil de entender… Lo que ocurre es que la Ciencia se hace a veces incomprensible y eso lleva a una diferencia en el entendimiento, de impacto.

¿Crees, tal y como insinúas en tus obras, que estamos viviendo el final de una Civilización?

M. H.: Sí. Estamos quizá viviendo un final en el estado actual, porque la gente no llega a encontrar mayores alicientes de vida, ni busca reproducirse y no se puede continuar sobre esa base. Nadie cree… pero tampoco es tan grave; la investigación encontrará otro tipo de organización social. Mi libro no es un libro de profecías, es más bien un libro de realidades y no es el único, hay muchos otros. Me imagino que la mayoría terminará de leer mi libro (me mira de reojo) bajo un estado de duda bastante fuerte. Con esto digo que no existe en él un mensaje tan claro como para clasificarme de mesiánico.

Tu pones en tela de juicio al individuo como valencia absoluta, como átomo social… pero, ¿Qué puede sustituir al individuo?

M. H.: El individuo forma parte de una elección, de una abstracción. Hoy en día los individuos nacen en familias, realizando un cuadro social en el que ellos pueden elegir privilegiadamente el aspecto individual de sus existencias. Eso es una abstracción, aunque nadie puede considerarse un individuo como tal. Eso no es más que una visión de las cosas, una abstracción, una limitación. Podríamos decir que está muy relacionado con la existencia del cuerpo, el cual también tiene algo de estrictamente individual.

En tu obra consideras que las religiones tradicionales no sobrevivirán a los cambios de la sociedad, al tiempo que tampoco crees en la supervivencia de la filosofía posmoderna. Criticando el pasado estás considerado, sin embargo, como un nuevo reaccionario…

M. H.: Todo lo que nos llega como aparentemente nuevo no es tan nuevo. Siempre se han dado las regresiones. Y los cambios no significan exactamente progreso. Creer lo contrario no es más que una desviación relacionada al progreso. Y por supuesto, todo lo que va en contra de esta idea se le llama reaccionario, cuando uno también tiene el derecho a no estar de acuerdo con lo recién acaecido.
Antes (del 68) sí existió, sí se creía en un verdadero progreso y el hombre era más optimista. Hoy en día ese optimismo se ha perdido.

Para Ud. el deseo del hombre nunca calma la sed, no tiene límite, y por ello se ha mostrado muy crítico con el hedonismo. ¿Acaso podemos ser felices en esta sociedad?

M. H.: Todas las personas somos algo hedonistas. Lo grave es cuando existe la voluntad de tener una fuerte estima sobre sí mismo, tener un narcisismo demasiado alto. En nuestra sociedad la presencia del envejecimiento junto con la muerte es un hecho y es aquí donde actúa el hedonismo. Por otra parte, es verdad que en mi obra tengo personajes más bien infelices, pero es porque representan el cuadro social más típico. Es lo que más golpea al sentido común, ya que globalmente tenemos la impresión de que el estado del mundo nos conduce más bien a la desgracia.

Tienes un concepto no estilístico de la novela, un poco como ensayo donde cabe todo: ciencia, ideología, poesía, panfletismo… al tiempo, no te casas con ningún grupo o generación literaria…

M. H.: Bueno, lo mío constituye parte de un grupo literario, pero muy vagamente. Somos gente que está tan persuadida de que el mundo es nuevo y de que hay un gran retraso en la literatura con respecto al mundo, que las cuestiones de estilo se ven un tanto anexas. Hay muchas cosas nuevas que contar. Bueno, no es verdaderamente un grupo literario, pero yo me siento más próximo a quienes describen realidades sociales nuevas que a las personas que están demasiado centradas en el desarrollo de una escritura.

¿Cuáles son tus autores favoritos? ¿Quién te inspira?

M. H.: Me gustan las ideas pascalianas. Pero en realidad no me he inspirado en ningún libro para escribir esta obra. Hay tantos buenos autores…

Tu libro critica el mundo nacido del 68, también el psicoanálisis, las libertades…

M. H.: Sobre el mito del 68 y la libertad individual… bueno, mi crítica no es un ataque al mito. Es un balance. Creo que habrá sesentayochistas a los que les gustará el libro porque se reconocerán en algunos pasajes del mismo (sonríe). He oído que le ha gustado a Kol-Benditt. El psicoanálisis es una teoría que ya no tiene muchos adeptos. Es una fuente de ridículos que nos puede llevar a crear narraciones bastante locas. A gente ya no cree tanto en ello. Es algo en vía de extinción. De todas formas, existen otras capas del cerebro humano en las que son aplicadas otro tipo de teorías.

¿Qué papel van a jugar en la transformación de la sociedad los nuevos descubrimientos científico-técnicos?

M. H.: La Nueva Física tiene muchas aplicaciones técnicas y el que sea asimilada en general por la gente costará mucho tiempo. Pero esta teoría va a ayudar a cambiar cosas en el mundo. Aunque no es fácil decir cuándo ni cómo. Por ejemplo, respecto a Galileo y Newton, su idea de ciencia golpeó durante mucho tiempo con lo que la gente pensaba científicamente. Hace falta tiempo para que algo sea universalmente comprendido. En la ciencia tecnológica la utilización de Internet ha sido más un progreso, la información genética también observa muchas ventajas para la ciencia.

¿Qué opinas de la clonación?

M. H.: Ah, es una buena idea. No le encuentro objeción. No veo que haya que horrorizarse por ello. Es más bien maravilloso, es otra manera de fabricar un ser humano. Luego, la personalidad se construye en torno a una historia individual. Así que si los dos seres son idénticos en un principio, luego habrá diversificación de caracteres. Habrá una individualidad creada por las experiencias y los pensamientos personales.

Ud. ha sido comunista, luego se ha definido como social-demócrata pero ha hablado bien de Stalin ¿Tiene Ud. ideología o partido?

M. H.: No, no he sido militante ni estoy afiliado a ningún partido. Fue más bien mi cultura de base, mi ambiente familiar. Por otra parte, Stalin tuvo cosas buenas…

¿Michel Houellebecq está loco?

M. H.: No particularmente…

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