Para que la democracia sea democracia

Los últimos acontecimientos mundiales, la crisis en la que nos vemos sumidos y las medidas económicas que se adoptan por parte de todas las naciones, y que responden casi siempre a la misma receta, nos permiten ver con claridad lo que está pasando.

Vivimos en una democracia ficticia. Los gobernantes de todos los países del mundo están atados de pies y manos. Pero aunque los responsabilicemos, no tienen capacidad de acción, ni elección alguna, pues se deben al poder de las corporaciones y organizaciones, como el FMI. Un poder concentrado en muy poquitas manos que controla el 70% de las principales transacciones comerciales ejercidas a nivel mundial.

Para que la democracia sea real, el poder económico debe democratizarse y distribuirse de manera más justa, evitando la creación de monopolios y oligopolios que puedan influir de manera directa en las decisiones adoptadas por los distintos gobiernos  del planeta. Hay que impulsar políticas de “economía social”, que permitan cambiar la realidad actual por un escenario mucho más equitativo y justo; desarrollando un modelo de capitalismo incluyente y democrático que contribuya a reducir la pobreza. Las bases de esta democratización debe pasar por un mayor reconocimiento político de las PYMES y los trabajadores, por un lado, y por el otro, en devolverle a la sociedad la capacidad de enmendar los errores de los políticos (y las presiones de los lobbies) sin tener que depender del proceso electoral de turno. Internet es la herramienta idónea para realizar esta transformación. La red debería ser considerada como un medio esencial (universal y libre) – por eso regulado – donde la participación ciudadana se pueda hacer efectiva de manera inmediata, adquiriendo de este modo la misma capacidad de decisión que la que puede tener el gobierno.

Hay que avanzar ya, “mañana siempre es tarde”, hacia una nueva forma de gestión digital que aumente la participación democrática de los ciudadanos, realizando de este modo una transformación profunda del Sistema, en la que el poder no continúe siendo vertical y jerarquizado, sino producto de la participación y el debate. La toma de decisiones debe ser competencia de los ciudadanos. La fase lineal de transmisión y de la red social como mero escenario o reducto para la “protesta”, más o menos organizada, debe dar paso a la red política de ciudadanos que asumen (y pueden asumir) un papel reservado hasta hora a una clase política que ha naufragado al ceder nuestra delegación de poder a los lobbies. Ya no representan a la gente.

Este cambio hacia una organización social más justa y democrática, es posible, pero para llevarlo a cabo la sociedad civil debe tomar conciencia y asumir su responsabilidad. Los que ostentan el poder no van a venir a dárnoslo, solo van a continuar tratando de mantenerlo y para ello nada mejor de controlar la red y sus posibilidades (ACTA) o mantenernos dormidos y aletargados con un iPad. Para que el mundo cambie tenemos que trabajar y tirar todos del carro, exigir nuestros derechos, ejercer nuestras responsabilidades y despertar del letargo en el que hemos estado sumidos tanto tiempo. Para avanzar en los procesos democráticos y sanear el sistema, debemos participar todos, implicarnos todos y hacernos escuchar. Nosotros somos la mayoría y un gobierno abierto que rinda cuentas de manera transparente, es posible, si todos asumimos nuestra parte de responsabilidad.

Acabarás teniendo alas

“En la nueva modernidad que ya nos invade, y nos arrastra con sus acelerados oleajes, el Microrrelato es el género literario emergente y paradigmático: por lo que tiene de urgente, de inmediato; por lo que representa de provisionalidad, de pluralismo, de relatividad, de búsqueda incesante; por lo que supone de mestizaje de géneros: es tanto relato, como ensayo, como biografía, como crónica de vida, como poesía, donde lo que sugiere va siempre más allá de lo que dice… El Microrrelato, bonsái de la literatura, devuelve a la palabra la dimensión del Símbolo, como el fuego de los dioses rescatado por el Prometeo de la nueva modernidad… Quizás los míos no sean para tanto. Pero ahí os los dejo… Y a mí con ellos”.

Esta es la Sinopsis de Acabarás teniendo alas, el libro de Microrrelatos que acaba de publicar la Editorial Club Universitario (ECU); escrito por el Doctor Fernando Jiménez Hernández-Pinzón: autor nacido en Sevilla, sobrino nieto y co-heredero del Premio Nóbel Juan Ramón Jiménez, es Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad Complutense de Madrid, Doctor en Filosofía por la Universidad del Paraguay, Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid, Licenciado en Psicología por la Universidad de Sevilla, Licenciado en Teología, Diplomado Superior en Psicología Clínica y en Grafopsicología. Actualmente realiza su actividad profesional en Córdoba como Psicólogo Clínico y Psicoterapeuta. En su larga y fecunda trayectoria profesional, ha sido miembro del Centro de Estudio y Aplicación del Psicoanálisis de Madrid, integrado en la F.E.A.P. Federación Española de Asociaciones de Psicoterapia, y de la Sección de Psicoanálisis de la American Psychological Association.

Vivimos la vida como de refilón, corriendo por aquí y por allá, y sin detenernos en la escucha y en la mirada atenta, sin vivir el encuentro con el momento presente que se nos ofrece en toda su deleitable, voluptuosa plenitud. En poemas como El Presente, el escritor Fernando Jiménez Hernández-Pinzón impregna la realidad con su fantasía; ebrio de luna y poesía, de ensueño y de placer.

El Presente. Al presente siempre llego tarde, me confesaba acongojado. Tanto tiempo esperando ese momento, el encuentro anhelado, tantas veces soñado, imaginado, fantaseado, anticipado en sus infinitas variaciones: los abrazos, los besos, las miradas, la risa, el llanto, las palabras ensayadas. Tanto tiempo esperando que se hiciera presente… Y ya es pasado.


Acabarás teniendo alas
Fernando Jiménez Hernández-Pinzón
Editorial Club Universitario (ECU), 2010

Miguel Brieva: “Otro mundo es posible y urgentemente necesario”

Miguel Brieva (1974) es uno de los perfiles más creativos de la nueva generación de dibujantes. Sus ilustraciones contienen una crítica radical del sistema de valores imperante y sus paradojas. Miguel cultiva una suerte de humor antagonista que produce un extraño vacío: ¿carcajada en busca de un nuevo mundo? Brieva es autor de la revista Dinero y Propuestas para no hacer. Co-editor y co-autor de La Vida La Muerte, El Niño Carajaula y Om2: Informe sobre el estado actual del objeto maravilloso. Colaborador en El Jueves, La Vanguardia, El País, Rolling Stone, Ajoblanco, Mondo Bruto, NSLM, Recto, Tos y Generación XXI.

¿Cuáles son las mayores influencias en tu manera de ver la realidad?

Principalmente las de cualquier persona: la familia, los amigos, las lecturas, las experiencias vividas, etc. A este respecto debo agradecer doblemente a mis padres por ser un verdadero ejemplo para mí y por llevarme a un colegio en el que se primaba la incitación a la curiosidad y a la libre expresión por encima de los encorsetamientos más convencionales de la pedagogía en general. Cada vez tiendo a creer más firmemente que en la formación de la persona, de su universo moral, intelectual y afectivo, el elemento fundamental es un mimetismo casi literal de lo que observamos en nuestros mayores. De esta manera, si, por ejemplo, un niño crece en un entorno en el que no se recurre al empleo de la mentira, ésta se hace igualmente infrecuente e inaceptable en su desarrollo como adulto, mientras que en un ambiente inverso, en el que ciertas represiones hacen de la mentira una estrategia común y necesaria, el uso de ésta queda ya “autorizado” para el resto de la vida. De ahí se desprende la aseveración, por otra parte de Perogrullo, de que la educación es nuestra única esperanza factible para enderezar el estúpido y errático deambular de nuestra especie sobre la faz de la tierra.

Algunas Escuelas Filosóficas te han marcado considerablemente: Deleuze, Derrida, Foucault…

Tampoco es muy cierto esto. Si bien he sido influido, de manera inevitable, por el relativismo teórico de la filosofía posmoderna, esto ha sido más involuntario que buscado, ya que a estas alturas es algo que impregna innumerables parcelas de la vida, desde los medios de comunicación, la publicidad, la política o eso que se llama arte. Yo más bien diría lo contrario: que aquellas maneras de explicar la realidad que de siempre me han despertado la curiosidad y la empatía más inmediata han sido justamente las que rebaten ese relativismo corrosivo, las que contemplan la necesaria consideración de la verdad, las que apelan a un nuevo esfuerzo de la razón por reformularse y reclaman, una vez más, la urgencia de la utopía. En este sentido, dos autores para mí enormemente reveladores, y además de aquí mismo, son Agustín García Calvo y Rafael Sánchez Ferlosio. Ambos construyen un discurso, cada uno a su manera, enormemente lúcido y crítico, librepensador, sin rehuir de ninguna manera las contradicciones propias del pensamiento moderno, pero sin renegar tampoco de los logros sustanciales desvelados por el empleo de la razón, y sin permitir, como a menudo han hecho otros intelectuales mucho más celebrados, el desvanecimiento autocomplaciente de su compromiso político y moral.

¿Qué dibujantes te han influido?
Robert Crumb, Daniel Clowes, Beto Hernández, Glen Baxter, Gary Larson, Therry Gillian y El Roto.

En tu obra representas nuestra sociedad como en una suerte de antipublicidad, frente al modelo de vida occidental, que nos han impuesto los imagólogos, a imagen y semejanza de los anuncios…

Es una prolongación hiperbólica y desalmada de la publicidad que ya nos circunda. Mediante la exageración de la ironía parece que quedan más fácilmente expuestas las barbaridades y contradicciones sobre las que se erige nuestro modelo de vida y la condición humana en si misma. No obstante, cada día que pasa la absurda realidad va comiendo terreno y el marco para la sátira se queda más y más reducido. Tal vez dentro de diez o veinte años las viñetas de la revista Dinero no sean más que hiperrealismo. Pensemos si no en ese Gran Hermano que ha comenzado en Alemania, en el que ya no hay límite de duración, es decir, que es algo así como una cárcel monitorizada, o en las declaraciones de Bush acerca de la necesaria tala de los bosques estadounidenses como medida idónea para prevenir incendios. Francamente, esto es intrusismo profesional; en un mundo así, ¿qué espacio queda para los humoristas?

En algunos de tus dibujos se observa un cierto escándalo que se muta en un guiño cómico ante la realidad. ¿Te consideras un moralista? ¿No hay algo reaccionario en la crítica al avance de “el mejor de los mundos posibles”?

Es curioso cómo el término moralista se asocia desde siempre a alguien que pretende imponer su visión particular, prejuiciosa e intolerante del mundo. De esto es culpable, en grandísima medida, la degeneración moral y violenta prepotencia de los que desde siempre han ostentado los Valores Morales, es decir, la Iglesia Católica en nuestro caso, o cualquier otra forma de dogmatismo religioso en otras culturas. Esto nos permite entender reacciones tan virulentas contra esa supuesta moralidad como la de la obra de Nietzsche, y todo el legado individualista y relativista que ésta ha dejado a lo largo del siglo XX. Sin embargo, siendo siempre muy conscientes de la debilidad y arbitrariedad intrínseca de nuestra propia constitución moral, no podemos olvidarnos sin más de nociones tan fundamentales como el Bien o la Verdad. Sin la consideración, aunque sea permanentemente cuestionada, de estas dos instancias o absolutos, jamás podremos aspirar a la justicia, la belleza o la igualdad. Y en esas estamos.

Por otra parte, eso de que el nuestro es el mejor mundo de los posibles es una falacia burda aunque eficazmente implantada por la ideología neoliberal que oculta, bajo la apariencia de una cierta madurez histórica y humana, los anhelos y deseos más estúpidos, por no decir perversos, que albergamos dentro. Creo que es responsabilidad de cualquier persona sensata que aspire a la libertad el comenzar a desmantelar, pieza a pieza, el complicado mecano que argumenta este disparate.

¿Cómo te sientes después de publicar en los grandes medios nacionales, partiendo de la autoedición de Dinero? ¿Te corromperá el Sistema?

El corromperse es una opción siempre posible. Es algo que hemos podido observar profusamente en la generación pretendidamente progresista que tomó el poder tras la Transición. El Sistema Capitalista, por otra parte, ha demostrado ser extraordinariamente adaptativo y absorbente, y requiere por tanto un esfuerzo y un permanente autocuestionamiento el adentrarse en sus cauces sin perder el Norte. ¿De qué otra manera se pueden difundir ampliamente ideas diferentes a las imperantes sin verse contaminado por el mercado? Debemos de buscarlas. Yo siempre me he inclinado, en mi caso, por la autoedición y la distribución alternativa de ese material, y creo que ese es un camino de los posibles. Pero creo igualmente necesario aprovechar los espacios de más difusión, aunque ello confiera una cierta dosis de contradicción a nuestro mensaje, en tanto que no se pierda la integridad política o estética de lo que hagamos. Otras iniciativas, como la del recién nacido periódico quincenal DIAGONAL, son fundamentales para tratar de eludir esas permanentes incoherencias entre medio y mensaje.

Vives en comuna, procuras no consumir, careces de móvil, de automóvil y viajas en segunda…

Una vez entendido el modo intrincado y algo perverso de cómo funciona nuestro mundo globalizado, en el que nuestros más nimios actos de consumo tienen una repercusión casi inimaginable en las condiciones de vida de miles de millones de personas, creo que es fundamental, si queremos exigirnos un comportamiento coherente y humano para con los demás, el comenzar a renunciar. Es preciso, en tanto tratamos de reconstruir otras propuestas políticas, actuar en el plano más primario aunque por el momento más influyente: el consumo. Es una exigencia moral: debemos comenzar a renunciar a unos modos de vida que no pueden ser universales, en primer lugar porque sólo se sustentan en la desigualdad entre consumidores y productores, y en segundo lugar porque son ecológicamente insostenibles. La gente sale a la calle en contra de la guerra de Irak, pero no está dispuesta, por ejemplo, a renunciar al coche, al uso permanente de hidrocarburos. Y ahí estamos todos, sintiéndonos excelentes personas mientras tecleamos alegremente en nuestros móviles fabricados por millones de chinos en estado de semiesclavitud.

Es algo inevitable: tarde o temprano habrá que renunciar, porque, al margen de su cuestionable utilidad, estos juguetitos con los que se alimenta incesantemente el consumo tienen un precio ecológico y humano excesivamente elevado. Otra cosa sería que verdaderamente deseemos la autodestrucción, que es algo que a estas alturas ya no se puede descartar del todo. Como decía una tía abuela mía: “Si hemos de ir al infierno, ¡vayamos en coche!”.

La política es una de tus fuentes de inspiración ¿Cómo ves la militancia? ¿Qué te parece el derrotero sangriento de las utopías rojas y negras del siglo XX?

Si algo ha quedado esclarecido tras las experiencias políticas del siglo XX es que lo fundamental no reside tanto en el credo ideológico que estructure una sociedad, sino en la integridad moral de cada uno de sus individuos, en la plena madurez de su conciencia individual, en el pensamiento libre y crítico de cada uno de los integrantes del colectivo. Planteamientos a priori contrapuestos como son el fascismo y el comunismo han desembocado en formas de dominio y represión no tan dispares entre sí. No obstante, no debemos ignorar que, aunque su desenlace ha sido en numerosos aspectos similar, existen diferencias teóricas de raíz entre ambos pensamientos. Mientras que el comunismo o el socialismo parten de una noción de igualdad entre todos los individuos, que creo que casi todos compartimos; el fascismo en cambio asume una visión jerárquica de la sociedad, estatificada en elites dirigentes, trabajadores cualificados y masa obrera, que por otra parte no hace otra cosa sino justificar ideológicamente y dar nombre a lo que ya lleva existiendo casi desde el principio de los tiempos. En la actualidad, nuestro mundo continúa rigiéndose con arreglo a esta premisa, que no es más, en definitiva, que una reformulación teórica y complejizada de “la ley del más fuerte”. O lo que es lo mismo, que estamos infinitamente más cerca del fascismo que de ese ideal universal de igualdad que ha defendido siempre la izquierda. Resumiendo; debemos de seguir luchando en contra de este nuevo fascismo de mercado con democracia de pantomima y, aprendiendo de los errores cometidos por los que tan erradamente pretendieron cambiar la historia, buscar nuevas vías para hacer esto bien. Me niego a vivir en un mundo en el que no quede otra cosa más que asumir la maldad y la estupidez como nuestros inevitables compañeros de camino. Eso me parece desgarrador, patético y hasta feo.

La vieja izquierda prejuzgo la espiritualidad como una lacra y una farsa social… Muchos de tus dibujos son sarcasmos frente a la Nueva Era y, sin embargo, en otros apelas a algo que sea más que el consumismo masivo, farsa democrática y estupidez colectiva. ¿Crees que se han producido cambios al respecto de la conciencia espiritual?

Espero que así sea. Yo he crecido en una familia de científicos y ello me ha dado un gran apego a la razón, la cual creo que, junto con el arte, es la herramienta más preciada que ha aportado al mundo la cultura occidental. No obstante, creo que es fundamental diferenciar entre la razón, la que hacía a Sócrates dudar permanentemente, hasta de sí mismo, y la que vulgarmente ha venido a usurpar ese nombre, que no es otro que la razón instrumental, la que se emplea, por ejemplo, para calcular la trayectoria de un misil. Hay una razón abstracta que cuestiona, y luego está esta otra razón, más técnica, podríamos decir, que es la que se emplea para resolver cuestiones concretas y que es la que la gente asocia con La Razón. Esta confusión de base a menudo produce un rechazo incluso en nuestra propia cultura, y lleva a muchos a refugiarse, a menudo de manera bastante incoherente y superficial, en esoterismos puramente formales y demás trivializaciones de la espiritualidad de otras culturas. Yo más bien creo que, respetando y aprendiendo de la verdadera esencia de esas otras cosmovisiones, lo que los occidentales debemos hacer es precisamente redescubrir la verdadera dimensión de la razón, que, aunque parezca algo casi sacrílego e irracional, abarca en sí misma una connotación espiritual.

¿Consideras que habitamos una decadencia, qué nos encontramos al final de un modo de vida? ¿Cómo crees que puede acabar este mundo? ¿Otro mundo es posible?

Ciertamente hay motivos para pensar que, si bien el mundo no va a desaparecer, las condiciones de vida en él van a verse visiblemente trastocadas hacia peor, tal vez con unas dimensiones catastróficas y hasta apocalípticas. La ambición ciega de las elites dominantes, tolerada por la mansedumbre bobalicona y consumista de los ciudadanos del primer mundo, y regida en última instancia por la inercia abstracta y gélida del capital, parecen conducirnos irrevocablemente al peor de los escenarios imaginables. Por supuesto, otro mundo es posible y urgentemente necesario. Es de vital importancia, de hecho, el construir estos mundos alternativos, aunque sea tan sólo sobre el papel o sobre una pantalla de cine. El arte tiene un papel esencial en este enriquecimiento del imaginario colectivo. Como decíamos al principio, las personas tendemos inevitablemente a actuar conforme al juego que vemos en los demás. Es preciso, pues, crear nuevas reglas del juego, y el arte es quizá el mecanismo más elocuente que tenemos para ello.

Con todo, el pesimismo me lleva a pensar que únicamente se dará una reacción política real a todo este desenfreno hiperproductivo cuando el cambio climático sea ya una realidad demoledora y anualmente perezcan millones de personas en desastres naturales, incluso en los países ricos.

Los adelantos científicos aparecen relativizados en tu obra. ¿Eres tecnófobo? ¿Cuál es tu sentimiento hacia la ecología?

Los adelantos científicos son estupendos, siempre que sean motivados por las verdaderas necesidades de los seres humanos, estén al alcance de todos y no interfieran en el equilibrio de nuestro ecosistema. Como dice García Calvo, hay inventos primordiales, como el tren o el teléfono, que facilitan enormemente la vida sin causar grandes estragos medioambientales, y luego están los inventos secundarios, derivados de estos primeros, como pueden ser el coche y el teléfono móvil, cuya expansión no ha sido tanto motivada para cubrir necesidades humanas hasta ese momento insatisfechas como para, simple y llanamente, generar nuevos mercados y aumentar la producción. Y sin embargo, gracias al extraordinario calzador de la publicidad, han colado entre una población cada vez más desprovista de los valores más elementales.

Si las cosas se pensasen, se pudieran planificar al margen de la estulta dictadura del mercado, todos los humanos podríamos mantener un nivel de vida más que digno, incluso con avances científicos, sin necesidad de destruir nuestro alrededor ni de esclavizar a la mitad de nuestros congéneres.

Imaginen si todo el potencial científico y humano que se ha empleado en estos últimos años en insertar un televisor con vídeo-conferencia en el móvil se hubiese encaminado, en su lugar, hacia la mejora de las fuentes energéticas o la curación de numerosas enfermedades. Su influencia hubiera sido fabulosa. Pero no; estamos estúpidamente maniatados por esta aséptica monstruosidad que hemos creado, que nos regala con más y más baratijas al tiempo que nos allana el camino hacia la autoaniquilación.

La democracia parece haberse convertido en la gran excusa para un nuevo Orden Mundial que expande el mercado a golpe de lo que haga falta, al tiempo que el sistema garantiza unas libertades sin las cuales no sería posible la crítica… ¿Qué salvarías de este Sistema?

No lo sé, francamente… ¿El tupé de Acebes? Salvaría el sentido común de mucha gente que, aun a pesar de tanto adoctrinamiento tontorrón y mezquino, todavía se mantiene firme señalando, como una obstinada brújula, hacia aquello que podríamos y deberíamos ser.

También ridiculizas el individualismo de hacer cada uno lo que le da la gana, que tiene sus orígenes en la contracultura, pero que ha sido integrado por el consumo…

Cuando todo el mundo, creyéndose que hace lo que le da la gana, hace exactamente lo mismo que todos lo demás, tenemos indicios para sospechar que, o bien hemos llegado a una sociedad perfecta y sorprendentemente bien sincronizada, o bien se ha inducido muy hábilmente a la gente a pensar que es libre mientras que obedece de manera estricta. Esta reflexión podemos ilustrarla con tan sólo asomarnos a una autopista a una hora punta y comprobar cómo miles de personas, pertrechadas en el interior de sus cubículos móviles idénticos, haciendo todos lo mismo en sus micro cárceles, viendo morir ahí dentro las horas de sus breve existencia, y que aún logran creerse la ilusión de que son libres y deciden por sí mismos. La maquinaria de la propaganda ha descubierto la fuerza de apelar una y otra vez a la región más hueca y disminuida de la persona: su individualismo.

¿Eres antiprohibicionista o crees que las drogas sirven para “controlar a la juventud”?

Las drogas, como todo en la vida, únicamente han de saber usarse; conocer sus bondades y sus perjuicios, y emplearlas cada uno como crea conveniente, sin frivolidades ni tabúes. Hablar de las drogas así, en genérico, nos lleva a un reduccionismo que limita enormemente todo discurso al respecto. En todo caso, sí diría que toda experiencia que nos extrañe de nosotros mismos y nos presente nuevos estados de conciencia es siempre enriquecedora y hasta muy recomendable.

A veces has comentado tu decisión de hacer cine o documentales. ¿El lenguaje del cómic es ya antiguo?

Resulta curioso cómo, precisamente por su estado moribundo frente al auge de lo audiovisual, el cómic es un campo al resguardo de las presiones del mercado, un remanso de libertad creativa, un género en decadencia que, dejado de lado por el espectador, florece sin cortapisas. Parecen encontrarse allí con más facilidad obras excepcionales que en el elevado campo de las artes plásticas, prácticamente muerto a estas alturas, o en el del cine y la televisión. Su marginalidad es su fuerza.
Lo audiovisual, no obstante, presenta tal potencial estético y comunicador, y está además tan interiorizado por todos nosotros, que resultaría triste renunciar a ello. Creo que lo más recomendable siempre al adentrarse en un campo creativo desconocido es dejarse llevar por la intuición y el sentido lúdico, y dejar las pretensiones para más tarde. Yo de momento no he pasado de ahí.


¿Cómo alteras tu conciencia?

Escuchando la guitarra de Django Reinhardt mientras sostengo en equilibrio sobre la nariz una réplica a escala 1:1 de La galaxia de Andrómeda. Lo suelo hacer los jueves, de 18:20 a 19:05, y algunos días festivos

ALAS INVISIBLES

 

Todas las personas pueden, en determinados momentos de sus vidas, transformarse en ángeles. Esto sucede siempre cuando el amor expande sus corazones y se vuelven cálidas y receptivas a quien lo necesita. Un estado capaz de escuchar y sentir el ser del otro con compasión y aceptación extrema. El genuino deseo de ayudar con gratuidad y devoción.

Adoptar, curar, cuidar, proveer, facilitar, alimentar, salvar, enseñar… escuchar, acompañar, mostrar al otro que es importante, único, estimulándolo a sentirse poseedor de su fuerza y luz.
Los que aceptan este llamado, pasan a sentir la guía de lo sagrado, pues permiten que el amor, a través de ellas, actúe. Por voluntad propia se vuelven instrumentos, puentes, y sienten así un estado de alegría genuina, una paz interior incomún. Y sirviendo, conocen la libertad.
Cuando extienden su mirada compasiva más allá del propio portón, hacia los que se aproximan, hacia el planeta entero, sus miedos y sus problemas se diluyen. Y el coraje brota de cada gesto constructivo, solidario.

Son tantas las alas invisibles que evolucionan, crecen, cuando los brazos se abren, abrazan, acogen, mecen, protegen, siembran el bien en otras vidas.
Algunos decidieron adoptar un hijo, un animal, un jardín, una causa.
Algunos fueron a algún hospital a contar historias a los niños internados, otros dejaron sus consultorios para llevar la cura a lugares donde los médicos y los recursos no llegan, a lugares olvidados en el mapa.

Otros meten los pies en el barro trabajando por horas limpiando casas de vecinos anegadas por las inundaciones.
Otros reconstituyen muñecas y juguetes. Algunos se sientan en la plaza y escriben cartas para aquel que no aprendió a leer. Hay quien cede lugar en la fila o carga los paquetes pesados de la señora que pasa… o entra a un asilo para visitar a un anciano olvidado. Hay quien por don, toma con serenidad y oraciones, las manos de quien está por dejar esta vida.

Así, por amor, por el proprio amor, una cadena de gestos de delicadeza se entrelaza en una tela que sustenta un nuevo mundo. ¿Qué lleva a las personas de todos los rincones del mundo a largar su confort, su lugar seguro, y alistarse para ayudar a erguir un país destrozado por terremotos y violencia? ¿Qué conduce a otros a juntarse en multitud para limpiar plazas, baños, alcantarillas en las calles de la ciudad, a replantar florestas enteras, a salvar las ballenas, osos panda, a los delfines, elefantes, a encerrar el tiempo de su vida en un laboratorio intentando descubrir el ungüento adecuado para aplacar algún dolor, para dar esperanzas?
Gente que se olvida de su propia seguridad y se arriesga para salvar una posible vida bajo tierra, piedras y escombros.

Son tantas las historias… muy pocas aparecen publicadas. Son actos nobles y bellos que esparcen ternura y luz, que sustentan la posible armonía del planeta, desde los lugares más diversos.

Seres anónimos, hombres y mujeres, cultivan el don angelical de la donación voluntaria. Ellos se multiplican, pues sus acciones nos tocan profundamente, nos convocan a hacer también, a ejercitar nuestras alas invisibles para facilitar la actuación milagrosa del amor.
Sí, el amor transforma hombres y mujeres en ángeles, lleno el pecho de coraje, aportando acciones e intenciones que pueden transformar el caos, reconstruir, reconciliar, hacer nuevos senderos y nuevos sentidos, generando un campo de generosidad hasta en los terrenos más inhóspitos.
Una gran mayoría lo ignora, porque está dominada por la prisa y la ilusión de garantizar lo suyo, su propia salvación.

No hay garantía para nada, vivimos la impermanencia. Nadie está libre del dolor, de la pérdida, pero cuando la cadena de intenciones y movimientos fraternales se junta, surge la sabiduría que nos rige y que permanece aún en las más duras pruebas. Como un milagro, ángeles hombres y mujeres actúan y hacen posible lo imposible. La cadena de amor, aquella que unió las células para que un día naciéramos, afianza la vida en la generosidad, en un mensaje más fuerte que aquel que se funda en el egoísmo y en la ganancia desenfrenada.

Así, cada vez que permitimos que el amor circule y se amplíe en la conciencia, por los gestos de delicadeza generando más delicadeza, somos reconducidos a nuestro origen, a la plenitud, porque somos inundados por lo esencial: podemos dar sin temer perder.

Existen jóvenes que se agrupan para moverse en sentido contrario, banalizan el amor y adoptan modales groseros y torpes de vivir y de encarar al otro. Están nublados por la conciencia pequeña delante de la grandiosidad y preciosidad de la vida. En su inmadurez, se cierran para recibir y dar amor, volviéndose mensajeros –muchas veces inocentes- del caos. Muchos niños pasan su infancia frente a la TV, tirando a matar para ganar el juego, poco y mal cuidados por este mundo turbulento y competitivo, donde ser es tener más poder, fama.

Pero entre ellos siempre surgirán seres con alas. Cualquier momento es el momento justo y el lugar preciso en que individuos simples pueden verse envueltos en una luz arrebatadora, volverse guardianes unos de otros, adquiriendo alas invisibles, potentes. Habitantes del planeta que vuelan y trascienden su condición humana común y despiertan a la conciencia de quien está alrededor, cavan horizontes y construyen puentes de cura en la tierra que sangra.

Cecilia Borelli

Operación Triunfo

28-mayo-2010 · Imprimir este artículo

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Las gordas vuelan, los feos resplandecen y las porteras lloran. Españeta es una cebolla rosa con el culo amarronado. O. T. es la cosa más hortera que los españoles hemos hecho en siglos, y por eso se exporta a mansalva como si de unas muñecas cagonas, cantarinas y lloronas valencianas se tratara. Hay que remontarse al tardofranquismo, a Manolo Escobar o a Karina, para encontrar algo así. La culpa es de la caridad. La culpa es del mal gusto.

Con la excusa de la competencia, el buen rollo y el sentimiento a flor de piel se montaron un show orwelliano en medio de una tele letal. Esos chicos fueron los monos amaestrados del aznarismo. Por eso nos identificamos con ellos, porque somos un pueblo de desgraciados y sometidos. La jaulita de la tele, la fabriquilla de sueños, nos hace enormemente felices y consumistas. De la tele al curro, y del curro a la tele. Y de ahí al tanatorio.

En Españeta importa más la vida del prójimo que la propia. Esa coña de la honra, ese fantasma de la fama, son cosas de un pueblo de natural tonsura y desgracia secular que es envenenado por la TV a diario.

Los españoles entramos en la Era de Acuario de la mano de la ortopedia: cualquier pecho es sustituible, cualquier abutarda es fina paloma, cualquier telonero es artista con ayuda de los efectos. Esta es la patria de Perales y José Luis Cobos.

O. T. es el triunfo sonoro y rotundo de la mesocracia tocha de la raza, de la democracia medieval y del hijo del vecino. O. T. somos todos y por eso nos gusta hasta potar, a los muy fijodalgos, pueblo de musiquetas y tambores del Almanzor con azafatas en pelotas.

La clave del triunfo de aquella Operación Trepanadora hay que hallarla en siglos de caridad nacional. Sólo desde un alma deformada por el mal gusto podemos creernos algo de lo que ha salido de allí.

Eurovisión, ese museo de cera que quieren rehabilitar, es una escuela de limítrofes que hay que suprimir. Los etarras matan por poder ir un día a Eurovisión con la ikurriña en el taparrabos, que es el sueño de todo pueblo feo al que no hacen caso. Por esa Eurovisión pasea la peste y la baba de Europa envenenando a los niños turcos, que son los únicos que todavía confían en ella. El sentimentalismo es peor que la cicuta.

Drum Parade

Se extienden por todo el orbe, sin límites, para ocio y beneficio, de todas las personas: compartir la cultura, ampliar los horizontes del alma y del conocimiento. ¡La música es universal y no tiene fronteras! Ah, y no te costará ni un céntimo de euro, cuestión muy importante en estos tiempos de dura crisis que atenaza nuestros bolsillos maltrechos (¿Sí, gratiiiiiiis!). Así que solo hace falta salir a la calle y disfrutar de ella, bailar, bailar, bailar y bailar.

Drum Parade recupera el componente utópico y de resistencia, de independencia y vitalidad rechazando el modelo imperante de los eventos económico/culturales al uso, dependientes de las compañías y la hostelería. Las redes espontáneas creadas entre nosotros se transforman en meros intercambios mercantiles, en aforo. Y cuestan lo que la entrada a un festival de moda. El sobrevalorado y desangelado tándem de los promotores de fiestas y los hosteleros nos convierten en simples consumidores apropiándose de la magia ancestral de las reuniones humanas al ritmo y disfrute de la música, de la interacción y relación entre las personas.

Drum Parade reivindica el derecho a la ciudad, el uso del espacio público para la cultura musical y da la posibilidad de elegir nuestro ocio más allá del intercambio lucrativo y de la cultura privatizada. Drum Parade es una propuesta para desarrollar lazos sociales, para el contacto humano y la coincidencia de expectativas comunes, dentro de unos parámetros sociales y culturales con poco espacio en nuestra ciudad.

Cúando: 26 de junio
Dónde: Desde Cibéles hasta
Web: myspace/drumparademadrid

Gran Vía

“No es la Quinta Avenida de Nueva York, ni los Campos Elíseos de París, ni el Convent Garden londinense, ni la Vía Vittorio Venneto de Roma, es la famosa Gran Vía de Madrid y cumple 100 años, sí, un siglo de pasiones y gloria” Carlos Fernández, su fotografo desde pequeñito, “este mes de mayo, le he hecho mi propio homenaje, me he ido unos cuantos días para fotografiarla, para desnudarla, para abrazarla, para pisarla, para pintarla como Antonio López. Hemingway decía que París era un Fiesta”.

26 años, desgastando sus aceras, pasó por allí Cristina, ahora … en Barcelona. En la espiral cromática fue el otro día cuando, Paula, nos llevó a dar un paseo por “tres tramos”. Y Claudio con su cámara.

“Chulapos por las calles, mantones de manila colgados de los balcones, música en vivo, apertura de museos, gente y gente por todos lados. Incluso enmoquetaron la Gran Vía para este evento, cosa que se podrían haber ahorrado por el gasto inutil e innecesario. Pero la publicitadora era Telefonica , y con la Iglesia hemos topado. Aqui, un bombinero que tenía morriña de esta ciudad, paseó el palmito por la Gran Vía, recojió documentación del evento y acto seguido dudando entre un chocolate con churros en uno de sus sitios favoritos o una cerveza fresca, dió buena cuenta de unas cañas y unas tapillas, refrescando el gañote en un Madrid donde ya empezaba a apretar el sol”

Por lo menos, esta vez, El Bombín Cuadrado estuvo allí.

Cortar por lo sano

“Estando contigo se me endureció el carácter; a ti, la polla.”

Sara Toro

-        Hola, soy Juan Carlos ¿Qué tal? ¿Cómo te llamas?

Él la saludó en la parada del autobús, rompiendo todos los protocolos, con una fórmula que ya andaba en desuso incluso en las discotecas (al fin y al cabo cuando tan solo se busca ‘mambo’, la ‘intimidad’ es un trasto incómodo). Este es el comienzo de esta historia (porque toda historia tiene introducción, nudo y desenlace). Casi todo el resto del affaire la verdad es que es una sucesión frases cortas con verbos de acción (hacer, conducir, lamer, etc…), normalmente en presente para así dar una mayor sensación de velocidad.

Junto al único adjetivo que hay en todo el desarrollo de la historia se lee la descripción del traje de novia de Eva (blanco roto, quizá – con esfuerzo – marfil; corpiño, sin velo) y, frase seguida, se sugiere una boda americana en el muelle de un lago de algún estado de Nueva Inglaterra.

Continúan las frases cortas que sin acabar desembocan en ‘dos puntos’: como recreando el efecto de una cascada: emulando los artículos que Haro Tecglen siempre pensó que su hijo hubiera escrito si la heroína no le hubiera abierto las venas: sucesiones de ideas con cierto aire lógico (y la lógica es hoy lo que en su día fue la teología) de causalidad.

Y de repente, dos hijos, jornadas de doce horas, pelo (mucho pelo) en la ducha. Y de repente, Eva llega a casa antes: tiene el cuerpo roto y aprovecha la excursión de los pequeños para pasar un rato sola y darse quizá – depende de cómo tenga el día, depende de lo que pongan en la tele – una ducha con las perlas que Enrique y Marga les trajeron de La Toja.

Pero Juan Carlos está comiéndole el coño a una chavalita que a duras penas llega a los dieciocho años sobre la colcha de patchwork de su madre (de la madre de ella, la de Juan Carlos murió cuando él tenía pocos años). Ya no hay frases cortas, rápidas, sucesivas. Ahora la historia está escrita en castellano: en frases eternas que si acaban lo hacen en cola de pescado.

Eva está, y créanme que una evaluación psicológica lo corroboraría, en estado de shock. Juan Carlos con la cara perdida de jugos vaginales y los ojos de cachorro inocente, trata de racionalizar la escena: que como los dos saben, aunque no lo digan, la relación lleva tiempo estancada y que él, inocente bienintencionado, trataba de encontrar alguna forma de revitalizar su matrimonio (con disfraces, swinging, tríos, etc…) y, a más largo plazo, salvarlo.

Y para sorpresa de todos (de Juan Carlos, de la púber e incluso de él que esto escribe con, reconózcanlo, un estilo impecable), Eva responde, con aquella sonrisa de niña mala que llevaba demasiados años en el desván, que le parece una idea buenísima y, sin mediar más palabra, ocupa el lugar que antes de su llegada ocupaba Juan Carlos, lamiendo el sexo de la chica con pasmosa devoción cristiana (bueno, quizá ‘cristiana’ no es el mejor adjetivo en este contexto, pero se hacen una idea, ¿no?).

Varios minutos después, Eva tiene el pene de su marido en la boca: lo está volviendo loco. En ese momento justo, con la boca a rebosar, arquea levemente los labios y muerde hasta juntar los dientes.

Mientras un hilo de sangre asoma por la comisura de los labios, se sienta en el suelo pensando que lo que algunos llamarán “violencia de género” o “ablación cerebral” o incluso “regresión a la media” es simplemente un acto de “justicia dietética”.

Una rebelión en el Parlamento Europeo

Esta noticia no la encontrarás en El Mundo o Público. Menos en el Telediario (autonómico o estatal). No la escucharás en la vieja radio. Pero si te interesa la política debes saber que el 1 de junio en el Parlamento Europeo hay una importante votación para el futuro de los “derechos de autor” y la neutralidad  (o no) de la propia red.

Ese día, una diputada a las órdenes de Sarkozy (o lo que es mismo defensora de ACTA y colega del PP español) defenderá un informe muy favorable a las tesis de las diversas SGAE´s europeas.

¿Cómo afectará el resultado de la votación a los eurodiputados que siguen sin firmar contra ACTA ? ¿Cuajará la rebelión de Cohn Bendit?

Paradójicamente en el “lejano” Parlamento Europeo una “inmensa minoría”, a pesar del significativo bloqueo informativo de los viejos medios, ha puesto a enceder el fuego de una olla en la que se cuece un pacto entre los desencantados de la política y los ciudadanos. Es la hora de enfrentar la batalla contra las corporaciones y los lobbies (representados por no pocos eurodiputados). Entre el 1 de junio y el 8 de julio (día límite para que los eurodiputados pongan su firma en la declaración contra ACTA) van a pasar cosas muy importantes. Muy pocos te lo están contando.

Fernando Arrabal en la Universidad Complutense

El lunes 17 de mayo la Universidad Complutense de Madrid auspició un homenaje a Fernando Arrabal organizado por  el Instituto del Teatro de Madrid. Los actos tuvieron lugar en el Paraninfo de la Facultad de Filología. Por fortuna, a pesar de mi situación de esclavo condenado a galeras, tuve la oportunidad de asistir al encuentro. La revista Leer, por su parte,  tuvo el acierto de anunciar en portada, en el número de mayo, este encuentro.

Estuvieron  presentes en el homenaje la traductora Shirin Hosseinzadeh Rahvar, la directora del proyecto bufo Rebeca Medina, María José Benedí de la fundación Kafka & co, Julio Arrabal, pintor y hermano del dramaturgo, Pedro Villora, dramaturgo y vicedirector de la Real Escuela Superior de Arte dramático, Jesús Campos, presidente de la Asociación de Autores de Teatro, Laila Escartín Hamarinen, novelista hispano finlandesa, el poeta Carlos del Moral, Irene Arrabal, directora de I-Italia, Luce Moreau Arrabal, maître de conférences de Paris IV-Sorbonne, José Manuel Corredoira Viñuela, dramaturgo, Marta García, directora del sector cultural, Paola Bellomi, profesora de la Universidad de Verona, etc.

El rector Carlos Berzosa en su intervención de apertura de los actos recordó sus años como estudiante. Esos momentos en los que, a pesar de estudiar económicas, los alumnos se interesaban también por el arte, la literatura, el teatro, por esos otros mundos que hoy se empeñan en arrasar los Atilas del mercado, en nombre del dios de la economía, esa economía, como también subrayo el propio Berzosa, entendida de un modo muy particular, que él no comparte. Y de Atila también se habló horas más tarde en la casa del escritor y físico Campillo, en una interesante conversación entre Fernando Arrabal, Luce Moreau y la esposa de Campillo.

Durante el encuentro entre Javier Esteban y Fernando Arrabal, el autor se identificó con un “chivo expiatorio”, si bien en sentido positivo. Nos habló de las excepciones y excepcionales circunstancias en las que se ha visto envuelto: un día antes del levantamiento militar del 18 de julio de 1936 su padre ya estaba arrestado en Melilla por permanecer fiel a la república, el franquismo prohibió toda su obra (lo que al parecer da muchos problemas a los estudiosos extranjeros, pues les abruma tal dato, en comparación con otros a los que se les prohibió un poema, unas líneas o una novela), el único en mandar una Carta a Franco en vida del dictador fue Arrabal, todos los demás grandes autores de izquierdas y opositores al régimen no habían llegado a tanto, después habló de la “extraña reacción” de ciertos sectores “progresistas” cuando en una entrevista en televisión, antes de recibir el premio Nadal por su magnífica novela La torre herida por el rayo, habló de una aparición mariana que tuvo a los diecisiete años, en la actualidad en diferentes partes del mundo los jóvenes le encuentran y le besan y abrazan, le piden leer poemas que cuelga en la red…   También Arrabal mencionó un detalle en el que todavía no se ha incidido lo suficiente, a mi juicio. Siguiendo su teoría del Chivo expiatorio, de su vida excepcional (en el sentido de excepción y de interesante) puso de manifiesto que ha sido el únivo escritor y artista que pasó por el movimiento surrealista, al tiempo que festejó  con los beatniks,  que fundó un movimiento propio, junto a Topor y Jodorowsy, como el Pánico, nombrado Trascendente Sátrapa por el Colegio de Patafísica de París, enmarcado en el movimiento del teatro al que absurdamente se llamó del absurdo, si bien tenía más en común con el teatro de la crueldad de Antonin Artaud, que se interesó por el marginal movimiento postista de la España de postguerra y que conoció y convivió intelectualmente con Tristan Tzara (fundador del dadaísmo), André Breton (fundador del surrealismo), Dalí, Andy Warhol, Picasso, Buñuel, John Lennon y Yoko Ono, Jim Morrison, Marcel Duchamp, Mandelbrot, Samuel Beckett, Allen Ginsberg, Ionesco, Cioran, Erns Jünger, Jorge Luis Borges, Camilo José Cela, Louise Bourgeois… En su libro Genios y figuras el lector interesado encontrará retratos de algunos de los personajes citados.

El acto se cerró con una inteligente y sabiamente medida puesta en escena de la pieza dramática Guernica. Dirigidos por Hermes Damián, los dramaturgos Ignacio Amestoy y Paloma Pedrero se mostraron como actores magistrales con una diligente (lo que es muy de agradecer hoy en día) medida del “tiempo teatral”, tanto en los tonos como en el ritmo de la obra.

En su intervención de la mañana el director Juan Carlos Pérez de la Fuente, que ya montó El cementerio de automóviles y Carta de amor, manifestó su intención de poner en pie El Arquitecto y el Emperador de Asiria. ¡Ojalá! Si es así, seguiremos informando.

Al día siguiente, mientras paseábamos por la Gran Vía, un taxista le  gritó : ¡Eres el número uno!

El tiempo con Arrabal transcurre a un ritmo diferente. Mis encuentros con él me alejan de tanta mediocridad cotidiana y me insuflan vitalidad: como si me insuflaran doscientos litros de sangre limpia y fresca. ¡Qué grisura el mundo de los comentaristas profesionales, de los intelectuales de corto alcance, por no hablar del entorno de medianías que a mi alrededor suele alegargarme! Desde la pérdida de Antonio Fernández Molina, su magisterio me renueva como un pez al que devuelven al agua. Por fortuna los “emilios” y la presencia en Zaragoza de algunos amigos como el poeta Mariano Esquillor, no me ciegan por completo en las aguas de lo mezquino, que siempre es mediocre. ¡Qué será de mí si me veo solo en el mundo!

También hubo tiempo para recordar a Martín Marcos, el poeta y amigo que se fue, tan pronto…

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