Limpieza de bajos, novela/cuarta imagen, último fotograma

30-noviembre-2009 · Imprimir este artículo

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puedes buscar una respuesta, aun cuando hayas olvidado formular la pregunta, o no la recuerdes, pero puedes buscarla, de hecho la buscas entre las cabezas gachas de la incomunicación, las que rumian una serie de acontecimientos concatenados que hasta aquí les ha traído, entre las cabezas abiertas, grapadas por las manos de los que perdieron un pueblo, un barrio, un referente, un sentido al pasado del que huyeron, atraídos por la promesa de trabajo, de modernidad, una vida digna, dinero, la credencial del que puede acceder a ser algo, alguien en esta ciudad de espejos confrontados, de laberintos solitarios, ese paraíso de reflejos virtuales, de prisas, quítate del medio, que dejes paso, ahí te quedas, ya no eres apto para la gran ciudad, te han quemado sin darte cuenta, y van cayendo por los aledaños como lo que son: ceniza de un fuego fatuo, humo sin tierra, sin raíces, sin amigos presentes que desvíen los pensamientos que oscilan hacia la cercana morgue, la respuesta que busca la cabeza gacha del que se sabe engañado, del que mantiene el engaño pues ya no le queda más, sólo la mentira en el dolor, lo único real, siempre esperando a que cambien las cosas, a que te lleven, te traigan, muriendo en cada atasco desgañitando las prisas en tu garganta, reyes de los atajos, los que te han llevado hasta urgencias, los mismos que harán en tu corazón, tus intestinos, tu sexo, los atajos de tu cabeza, los de los neones, los créditos, los atajos que te han servido en bandeja para que te engañes, para que tus nietos conozcan la nieve en un centro comercial, los sueños con etiqueta magnética, la consulta colapsada de salud mental, las mutaciones de las alergias, el paraíso virtual de disney, los atajos a una educación que no pudiste darles, la delegación de tu vida a un reflejo, el que ya no vislumbras, no existe en tu interior, allí donde buscas una respuesta y sólo escuchas el murmullo de lo que se pudre, pues la muerte bulle entre los bancos de Urgencias, entre los asientos de los trenes, metros, autobuses, coches que buscan con ansiedad el atajo, la velocidad en una pregunta que, sin empezar a ser formulada, hace tiempo ya que espera  respuesta, y te reporta a un vacío, sin raíces, donde sólo ves el paso que diste y el que te va a aplastar, perdida tu vida en los atajos de las prisas, sin camino, sin nada que te puedas llevar, que se pare a consolarte, algo que te recuerde, algo más que una lápida de plástico en un nicho vertical pegada con silicona, en la Almudena, la ciudad donde los muertos tienen prisa, donde se escuchan las preguntas que no tienen una respuesta, la que ahora buscan, la misma que empezaba a buscar yo a la puerta de Urgencias, sin saber que la respuesta era yo, y otro yo era otra respuesta, y así todas las cabezas gachas, las que nunca tuvieron tiempo para formularse una pregunta, la misma pregunta para todos, la que tiene demasiadas respuestas, tantas como caminos truncados por atajos, los caminos que no se han vivido, perdidos en las apariencias de la gran ciudad, demasiadas respuestas sin pregunta, demasiadas vidas truncadas sin ver el camino, como mi polla tiesa ante un altar, o mi polla exangüe ante un mostrador de hospital, sintiendo la sangre seca que tira, apartando la mirada de las transparencias de las enfermeras, sintiendo nada, nada en medio, tan sólo la locura, la velocidad, los miedos, la inútil espera del cambio, la exterminación de los sueños, en medio de nada, sin lugar en tu cabeza donde escapar, sin una fe, sin ningún apoyo, mirando hacia el cielo como hilo roto de comunicación divina, ahora sí, ahora lo sabes, nada tiene sentido, las circunstancias son miles pero es una, sólo una, la que define un momento en el que no sabes decir que no, que no encuentras el fundamento de tanta soledad, que no quieres más lágrimas, ni más guerras extraterrestres, ni dioses ni altares, que la quieres con las bragas remendadas y pasadas y sucias y no con sucedáneos de tanga que siempre van a llevar tu pensamiento hacia la francesa, lo tienes que decir, pero ya su boca está lacerando ese hilo roto donde no existe ni dios ni razón, y buscas una respuesta entre sus gemidos amplificados, ahora lo sabes, lo ves en sus ojos que sí atraviesan la pared, mira a la francesa, lo está haciendo por ella, tú eres un peón que se sacrifica, una parte del decorado de la guerra de los hongos, sus gemidos sí atraviesan la pared, no tu polla que muere entre sus dientes, quiere que grites, que reces, que implores perdón, pero callas y escudriñas el vacío de donde nace la niebla en tu cabeza, donde habita el ogro que come, es como una muerte cierta, aprendes a no esperar nada, pierdes la noción de los detalles, la visión de las cosas pequeñas, caprichos, objetivos que hacen que tu vida avance, la vida, sí, no la cama, mi cabeza, mis puños cerrados dándose de hostias contra la pared: mata el grito, asómate al precipicio de la locura, que algún santo le meta un cirio negro por el culo, que abra la boca, su cabeza debe tener línea directa con el cielo, debe ser la continuación del hilo roto, ahora sí, de mi polla, pues la abre, se abre, y respiro, pero ahora siento la fricción de su coño, la presión de su cuerpo que me aplasta la polla contra la tripa, cerrando el círculo, la solución a la aporía alquímica, intentando conjugar instinto y vida interior, follándome a mí mismo, buscando el camino del primer alimento, el que está a punto de manar entre su tanga áspero, y grita, se corre, me lacera el pecho, y de mí nace el sonido de un tambor tribal que surge de la caverna, de las profundidades de la tierra, y tiemblo y ella redobla y abro la boca, me corro y escucho el sonido de una cuerda de guitarra que se rompe, pienso que de una puta vez se ha jodido el hilo de la comunicación y la agarro de los pelos y tiro con saña y vuelvo a sentir sus dientes que comen y quiero que lo haga, que reboze su hocico en mí y se sacie… pero todo se difumina, y siento el peso de la derrota, la humedad de mi esperma entre los muslos, su peso, abro los ojos, el peso de su sonrisa, su boca desteñida, su boca que se abre, que modula una frase:


- Soy un ángel


y vuelca sobre mí sus palabras como quien vomita sangre, la sangre que fluye de su boca y le resbala entre las tetas, sangre con los brillos de la lefa que se cuelga de sus pezones


- Soy un ángel


pero yo no siento nada, ni tan siquiera cuando mi polla, morcillona, cabecea y un hilo de sangre aterriza entre mis ojos


- un ángel


se incorpora, busca una toalla, me separa, me levanta de la cama… y veo cómo un ángel teñido de rojo intenta evitar con sus alas de toalla que mi sangre traspase las sábanas y manche el colchón…


- Soy un ángel… – y tengo hongos, añado


… y allí nace la niebla, poco a poco surge de los borrones de sangre, entra por tus ojos, y sientes en tu cabeza un vacío, y te sabes ya en ese territorio donde nada es tangible, ni la espera, ni la ilusión… ya nada, ni tan siquiera una respuesta que no sé darle a la enfermera en Urgencias, pues tener una dirección implica tener un camino, encontrarle un sentido a las cosas, por lo menos a algunas, algo a lo que agarrarte cuando todo zozobra, un fundamento, una raíz a la que asirte, una puta respuesta:


- Tengo demasiadas direcciones en mi cabeza…


- Sin dirección, entonces…


- Sea así…


- ¿Motivo?


Puedes contar la verdad, pero siempre será un puto eufemismo, nunca podrás saber qué líneas rotas derivan en ese momento en el que todo rompe, ese que ya es tu verdad, que tiñe el lavabo de sangre y empapa toallas a las que te aferras, haciendo de ellas banderas de un sol que agoniza, es un segundo, un puto segundo en el que tu mano busca algo a lo que asirse y encuentra sólo aire, y sientes la tentación de decorar ese vacío, por ser objetivo, por reconocer la evidencia, hacerla tuya, poder aferrarte a una línea que ya no existe, esa puta línea que me devuelva alguna ilusión, esa línea de luz que desde la habitación de la francesita me pregunta si estoy bien, la única verdad, el único motivo por el que escribo esto, por ver alguna luz entre las Sombras que me legó un ángel caído sobre mis cojones, porque todo ha de tener un motivo para entenderlo, racionalizarlo, poder matarlo, poder darle un sentido a lo que queda, un sentido sin dirección, pues no existe si arriba es igual que abajo, porque abajo pierdo y de arriba me perdí, dando vueltas, cabezazos en la derrota, sin rumbo, a la deriva, ya sin nada, sin una respuesta a ninguna pregunta sobre el mostrador de Urgencias:


- Se me ha rasgado el frenillo como resultado de una actividad sexual normal


(con un ángel con hongos)

I´m mad about the doctor…

30-noviembre-2009 · Imprimir este artículo

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Brillante estirpe la de los científicos locos. Gracias a ellos, al pensar en la ciencia, es decir, el laboratorio, los tubos de ensayo y las retortas espumeantes, los arcos voltaicos y los chispazos eléctricos, los fragmentos de cadáveres…, no podemos reprimir un cierto escalofrío. Como si, en el estilo de Prometeo, estuviésemos robando nuevamente el fuego a los dioses… Desde la leyenda del Dr. Fausto, la idea de un hombre jugando a ser Dios ha ofendido y seducido al mismo tiempo a centenares de lectores y espectadores. Ya antes de que Goethe rescribiera la vieja fábula, permitiendo al alquimista ser salvado, Fausto era uno de los personajes predilectos de los titiriteros ambulantes de la vieja Europa central. ¿No van, al fin y al cabo, ciencia y locura siempre de la mano?, me pregunto. “Los sueños de la razón producen monstruos”. La divisa goyesca, una vez más, resulta certera. Más que el Oráculo de Delfos. Alcanzar lo prohibido: ¡qué gusto, qué placer! Ser invisible, minúsculo o gigante, mutante; lo anormal se lleva este siglo. Es tendencia y Hollywood lo sabe. Suficiente, pues. Y si resulta que el Dr. Moreau puede sacar al animal que hay dentro de cada uno de nosotros en un sentido incluso fisiológico, albricias, al menos podremos sacudirnos de algún modo esta corteza social que nos oprime. A veces, más de lo recomendado (debí de confundirme de talla). Bien, liberémonos: monstruos y alboroto. Confesemos de una vez nuestro amor por Boris Karloff. Aquel que dio vida a la criatura en tres ocasiones, interpretó suficientes papeles de científico loco él sólo como para merecer un doctorado en química orgánica. O, al menos, como escribe Brad Steiger, en “química del miedo”. No importa que buscara siempre en vano la fórmula de la eterna juventud, investigara la crionización (una década antes de que la leyenda sobre Walt Disney se instalara placenteramente en el imaginario social del planeta) o trasplantase cerebros con los peores resultados. Él era un métteur-en-peur, no lo olvidemos. Gracias a todos. Y volved lo antes posible. Dr. Jekyll, acompañado s’il vous plait por vuestro delicado camarada criminal Mr. Hyde (Freud hubiera preferido llamarlo Mr. Id, sin duda); barón von Frankenstein, a quien jamás podré imaginar con otros rasgos que no sean los de Peter Cushing; Dr. Praetorius, de una elegancia tan fascinante que merecería ser traído de vuelta del otro lado. A él le gustaría, sin duda.

Genet en el Rabal

29-noviembre-2009 · Imprimir este artículo

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“Lo vil se transmutará en noble y lo noble en vil”.

La prosa de Juan Goytisolo es una de las más límpidas y expresivas de nuestras letras. Tiene el dondel adjetivo exacto y la mirada incisiva de un exiliado. De no ser por las circunstancias políticas y sociales de la España de su época, que obligaban al realismo literario y a las formas convencionales, el autor se hubiera abandonado quizá al voluptuoso manierismo estilístico de su modelo y patrón, Jean Genet.

¿Y quién era Genet? Ante todo, un autor que buscó en la “indecencia” una forma de santidad. Genet se sentía muy a gusto en los recovecos de sordidez típicamente española –de ahí, el título del libro Por las calles del Raval barcelonés, el antiguo Barrio Chino, mendigó, se travistió y se prostituyó. Pero es mucho más que un “héroe de nuestra picaresca”. Cocteau y Sartre, entre otros, sucumben enseguida a la ritualidad barroca de sus letras. No es que se produzca una metamorfosis. Genet nunca sale de su escafandra de niño huérfano y rebelde. Nunca la abandona para entrar en el “mundillo intelectual”. Anima a los jovencitos que se educan en correctivos semejantes a aquel en el que se crió, a que no se resignen, a que abandonen toda muestra de sumisión, a que se nieguen rotundamente a ser domesticados. Con el dinero que gana por sus primeros estrenos teatrales, Genet apadrina efebos de nombre árabe y subvenciona primero la independencia de Argelia y luego la causa palestina.

Además de Diario de un ladrón, novela de marcado cariz autobiográfico, sus piezas teatrales de mayor calado son Las criadas, donde se desata un juego de apariencias sobre el fondo de la lucha de clases y El balcón, que conmina los altos poderes de la sociedad en el marco de un prostíbulo. Goytisolo, que es su amigo y que se cartea con él –en el libro figura parte de su correspondencia- sigue sus pasos hasta el final con algunos lapsos. Este libro da testimonio de una hermosa amistad (“conocer íntimamente a Genet –dice Goytisolo es una aventura de la que nadie puede salir indemne”) y, sobre todo, de una admiración incondicional. Al sumergirse en sus páginas, uno resuelve que en algunos casos la vida adquiere la categoría de obra artística. El cuerpo de Genet yace. Eso sí, con vistas al mar.

GENET EN EL RABAL
Juan Goytisolo
Galaxia Gutemberg, 2009

Menos trabas a la investigación con cannabis

29-noviembre-2009 · Imprimir este artículo

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La Sociedad Española de Investigación sobre Cannabinoides (SEIC) pide que se diferencie entre el consumo terapéutico y el recreativo o voluntario del cannabis a la hora de debatir sobre su autorización con fines sanitarios o en la elaboración de medicamentos basados en estas sustancias.

Si se consiguiera diferenciar entre estos aspectos del debate, las autoridades sanitarias podrían ser más “susceptibles” a aprobar medicamentos con compuestos derivados del cannabis que cumplieran con los oportunos controles.

Así se manifestó el presidente de SEIC, Javier Fernández, en Santander, en la X Reunión de esta asociación, con la participación de alrededor de 110 investigadores del tema de toda España.

Este encuentro ha sido organizado por el Grupo de I+D+i ‘Receptores de neurotransmisores’ de la Universidad de Cantabria, que acaba de iniciar estudios previos para comprobar si los medicamentos derivados del cannabis podrían aplicarse como tratamiento para la depresión.

El presidente de SEIC, Javier Fernández, explicó que el objetivo de esta asociación, que agrupa a unos 200 profesionales de universidades y centros sanitarios, es “nutrir” de información sobre las aplicaciones médicas derivadas de estas sustancias.

Fernández precisó que la función de esta asociación no es reclamar la legalización del cannabis, y abogó por “romper” el binomio entre el uso recreativo y el terapéutico al referirse al tema.

Según explicó, “nadie duda” ni se “escandaliza” por el uso de la morfina, derivado de la heroína, en las Unidades de Dolor, ya que se entiende que esta droga tiene un “uso dual” que podría “trasladarse” al cannabis.

Si se consiguiera diferenciar entre estos aspectos del debate, opinó, las autoridades sanitarias podrían ser más “susceptibles” a aprobar medicamentos con compuestos derivados del cannabis que cumplieran con los oportunos controles.

INVESTIGACIÓN “NEONATA”

El presidente de esta sociedad admitió que se trata de un campo de investigación que es “neonato”, pero matizó que ya existen “posibilidades reales” que no siempre son conocidas por los médicos.

Esta asociación espera que en el próximo mes de marzo se autorice el medicamento denominado Sativex, para uso “compasivo” y que se administra colocándolo bajo la lengua.

Además, señaló que este tipo de medicamentos no provocan los vómitos y náuseas que ocasionan los tratamientos antitumorales habituales en los fármacos contra el cáncer.

Y existen males de tipo neurodegenerativo sobre los que aún no hay tratamientos médicos y para los que podrían usarse sustancias derivadas del cannabis.

CANNABIS Y DEPRESIÓN

En el caso de la Universidad de Cantabria, el responsable del grupo investigador ‘Receptores de neurotransmisores’, Ángel Pazos, detalló que se estudia la relación entre el sistema cannábico cerebral y las enfermedades depresivas, al comprobarse los efectos de medicamentos de pacientes de depresión en su sistema cerebral cannábico.

Por tanto, ante estas “evidencias” se pretende analizar este fenómeno para extraer consecuencias que podrían derivar en la aplicación de derivados del cannabis al tratamiento de estas dolencias. Pazos precisó que es una investigación que se encuentra todavía en una fase muy inicial, en la de “proyecto de investigación básica”.

La capital

29-noviembre-2009 · Imprimir este artículo

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José Saramago fabuló en su novela La balsa de piedra con una falla abierta de forma espontánea a lo largo de los Pirineos que desgaja a toda la Península Ibérica del resto de Europa, transformándola en una nueva ínsula que navega a la deriva.

Sin embargo, las aspiraciones de iberismo del maestro luso no encuentran mucha contrapartida al otro lado de la frontera y los españoles apenas sabemos algo de nuestros vecinos, aquellos mismos con los que nos repartimos el mundo en un día de resaca colombina.

Solo así puede explicarse que autores de la talla de Camoens, Pessoa o Eça de Queirós no parezcan tener especial relevancia en nuestro país cuando son autores de reconocimiento mundial.

Curiosamente, de este último, Eça de Queirós, comenzaron a tener conocimiento los españolitos de a pie a través de México cuando, en el año 2002, se estrenó en España la notable película de Carlos Carrera El crimen del padre Amaro, adaptada de la novela homónima del propio Queirós.

Pero D. Eça, prócer de la siempre interesante casta de los diplomáticos-escritores (o viceversa), escribió mucho más y, como buen hijo del siglo XIX, lo hizo desde una perspectiva casi naturalista sin por ello dejar de probar fortuna con diferentes géneros y estilos. Así nacieron la monumental Los Maia, El mandarín o La capital, publicada de forma póstuma y aparecida por primera vez en España en 2008.

El proceso de creación de La capital lo comenzó Queirós en 1877 para abandonar la obra sin terminar definitivamente en 1884, arrojándola al ostracismo del cajón. Las razones parecen encontrarse en que lo autobiográfico y crítico de las páginas que conforman la novela torturaban tanto al autor que llegó a referirse a los personajes de la misma, en una epístola, escribiendo de ellos: “les tengo tanto odio, que si tuviesen alguna sangre en las venas, me la bebería”.

La historia narra las peripecias capitalinas de Artur Corvelo, un joven aprendiz de boticario, poeta y dramaturgo en ciernes, romántico de provincias que se lanza, tras recibir la inesperada herencia de un pariente lejano, hacia su Lisboa soñada en busca del reconocimiento social para terminar desplumado y humillado, indistintamente, por prostitutas, gacetilleros, artistas, burgueses o conspiradores políticos.
Cuando Corvelo huye del oropel metropolitano para cultivar su jardín particular; cuando las últimas páginas, las más descuidadas de esta novela inacabada, van escapándosenos, el lector parece abrigar el deseo clandestino de seguir reencontrándose una y otra vez con el pulcro, con el prolijo, con el inmortal realismo decimonónico.

LA CAPITAL
Eça de Queirós
Acantilado, 2008

Terenci Moix y la “literatura gay” hoy

28-noviembre-2009 · Imprimir este artículo

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No ignoro que el título de este artículo será considerado ofensivo por no pocos: para unos molestará el hecho de hablar de temática homosexual por rechazo hacia su misma existencia; a otros les parecerá aburrido y tópico el ahondar en algo que ya empieza a dejar de estar de moda por saturación; y a los de en medio, les parecerá un horror que hable de “Literatura gay” o, lo que es peor, que relacione a Terenci con este concepto.

De los primeros y los segundos (y para ellos) nada diré. Con respecto a los terceros no entraré en la discusión bizantina de si existen las literaturas de género (femenina, gay…) o no, o si la homosexual es aquella escrita por o para homosexuales, en la que aparecen protagonistas o personajes homosexuales o que tratan de temas de interés para el colectivo. Daré por sentado que, sea o no literatura de género, englobo con esta expresión todo lo que acabo de mencionar, y por eso mismo tiene sentido citar a Terenci, que la Gloria de Osiris esté, que era un Escritor con Mayúscula más allá de su orientación sexual o de la temática de sus libros, todos maravillosos.

Una vez dicho todo esto, y a tenor de la exposición y coloquios que están teniendo lugar en el Centro Cultural Blanquerna, en la calle Alcalá 44, Madrid, y que continuarán hasta el 5 de enero, he vuelto a recordar a mi querido escritor. En realidad, teniendo en cuenta que ocupa una de mis estanterías, no dejo de tenerlo presente. ¿Cómo podría haber imaginado él cuando redactaba aquella escena de El día que murió Marilyn, en el que un personaje homosexual le contaba con desparpajo sicalíptico a un familiar el encuentro sexual frustrado con un extranjero, auténtica audacia del enfant terrible que fue, la profusión de novelas, cuentos y ensayos escritos por y para homosexuales que caen sobre nosotros en la actualidad? Hablando de literatura de temática homosexual escrita por hombres (con respecto a la femenina o la escrita por mujeres debo confesar una imperdonable falta de conocimiento más allá de Djuna Barnes, Virginia Wolf, Marguerite Yourcenar, Mary Renault y el espléndido recopilatorio de blogs organizado hace unos años por Nuria Rita Sebastián), está claro que se pueden mencionar autores de habla hispana de larga experiencia como Mendicutti o Luis Antonio de Villena, seguidos por una generación que ya ha demostrado ser más que una promesa: Pedro Víllora, Jorge Marchant… Pero es, sobre todo, sorprendente, la cantidad de títulos que llegan a nuestras manos hoy, obra de hombres jóvenes que auguran un buen futuro para esta literatura, y en definitiva para la literatura en general: Raúl Portero (premio, por cierto, Terenci Moix); Javier Quevedo… E incluso se echa de menos, no obstante, y pesar de la gran cosecha, el regreso a las librerías de Óscar Hernández, uno de los más vendidos ganadores del premio Odisea, y Valentín Castrege, autor de la valiente Fondos marinos, autores ambos que hicieron una aparición también digna de mencionar. La lista es mucho más larga y espero que nadie se sienta ofendido por no haber traído su nombre a estas palabras, pues escribo desde mi pequeña pero apasionada experiencia lectora.

Me habría gustado conocer la opinión de Terenci respecto a todos estos autores nuevos, con respecto a esta libertad creativa y de publicación que ha agrandado sus límites tanto con respecto a otras épocas no tan lejanas. Él, amante barroco de las palabras, autor de laberintos emocionales y dueño de un conocimiento tan inmenso como su sentido del humor, era un escritor muy exigente con su obra, el significado y el alcance de la misma. Se arriesgó hasta donde ni la crítica (que él llamaría pacata en su momento) ni el público esperaban que nadie lo hiciera, en el fondo y en la forma, y nos fascinó y nos ató para siempre a su mundo de fantasía erótica y siempre imbricadamente emocional.

Me pregunto también a menudo qué saben estos jóvenes escritores de un maestro como Moix, qué han leído de él y en qué medida su obra les sirve de guía y tutelaje; desde qué perspectiva le contemplan y hasta qué punto habrán calado sus lecciones sobre la palabra de esta generación tan abundante.
El futuro nos mostrará quiénes, de entre todos ellos, conseguirán consagrarse y seguir aportando al mundo literario con su trabajo y su talento, pero es evidente que gracias a la labor de editoriales como Egales, Odisea, Desatada, se abren caminos para autores que, hasta hace treinta años tenían que estar callados o circular en secreto. ¿Será esta apertura beneficiosa o supondrá una red con calado demasiado grande? El público y el mercado tienen mucho que decir. Por desgracia nos falta ya la opinión de uno de los grandes, el inmortal Terenci.

PD: También se echa en falta una Isis reparadora, que, recogiendo los trozos desperdigados del marido muerto (el Orisis-faraón-Terenci) lo vuelva a la vida, publicando la totalidad de su obra y especialmente aquellos títulos hoy imposibles de encontrar como El sadismo de nuestra infancia, Amami, Alfredo!, Nuestro virgen de los mártires…

Vampyr, de Carl Th. Dreyer

28-noviembre-2009 · Imprimir este artículo

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Versus acaba de editar en nuestro país, en una cuidada edición especial, uno de los títulos fundamentales de ese paraje liminal entre el cine mudo y el sonoro: Vampyr (1932), del cineasta danés Carl Th. Dreyer. Más que un film de vampiros, a pesar de adaptar fragmentos de In a glass darkly de Le Fanu, maestro victoriano del horror, la obra de Dreyer se erige como una joya del cine experimental lanzada a explorar los dominios del sueño, en el sentido mismo de Bachelard, es decir, vinculando éste a la ensoñación del ánima. ¡Qué hermosa ilustración de la tesis del filósofo representa la secuencia en la que Allan Gray, desdoblado, se sueña, contemplándose a sí mismo en su entierro! Sirviéndose de la restauración del film realizada por el Comune di Bologna (bajo la dirección de Martin Koerber) en 1989, se ha elaborado un transfer digital en alta definición impecable que, por primera vez, permite apreciar los juegos visuales, las distintas estéticas y texturas del film con total perfección. Una joya para los ojos. Un segundo DVD incluye diversos materiales extra como la emisión dedicada al cineasta danés por la mítica serie Cineastes de notre temps, realizada por Eric Rohmer en 1965, el documental de Jörgen Ross, uno de los primeros estudiosos dreyerianos, con apariciones estelares de Henri Langlois, Jean-Luc Godard o François Truffaut, y secuencias eliminadas del montaje definitivo de la película, metraje nunca visto, recuperado en el proceso de restauración, diferentes tomas con distinta banda de sonido, etc. Además, un libro editado con un impecable gusto en el diseño de arte, conformado por textos de David Bordwell (extraído de su monografía sobre el cineasta), Ib Monty, Gonzalo de Lucas y Jesús Palacios, en mi opinión, de diversa calidad e interés.

«El alma —de la obra— se manifiesta en el estilo que es, en el artista, la expresión de su manera de concebir su tema. El estilo es necesario para fijar la inspiración en una forma artística. El artista funde los múltiples detalles en un todo mediante el estilo, hace que los demás vean su tema con sus propios ojos a través del estilo. (…) A través del estilo —el director—insufla a la obra ese alma que la convierte en arte».

Café Eterno

28-noviembre-2009 · Imprimir este artículo

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Me cuesta creer que el alma de los Dioses habite en una legumbre. Se lo han escuchado mil veces a Baudelaire en el club de los suicidas. Igual que la eterna y dichosa pregunta a los que llegan, ¿Cree usted que habría que modificar algo del Manifiesto Simbolista?

Allí, en el Café Eterno, donde atiende un barman que había conocido a Don Juan Belmote, los espíritus más refinados vagan  melancólicos como en una interminable peli de Garci.

Hay algo de neblina rancia, de sabia vida muerta, de serena espera, en aquel club que puedes visitar siempre que quieras.

Haidar

28-noviembre-2009 · Imprimir este artículo

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Hay un poemario por un Sahara Libre que brota del corazón de la blogosfera española. Un apoyo decidido y absolutamente mayoritario.

Se llama Aminetu Haidar y tiene más coraje y voluntad que estrellas hay en las noches del desierto. Es frágil y fuerte. Menuda y enorme. Su cuerpo se consume, día a día, envuelto en su melhfa. Su voz, débil tras diez días en huelga de hambre, resuena en tu cerebro. Su sonrisa triste te sobrecoge y te acompaña. Sus ojos te hablan de dignidad. Ves en ellos la fuerza de todo un pueblo para seguir en la lucha. (Pepe Soro).

Haidar en el corazón.

Mae Kurtz

27-noviembre-2009 · Imprimir este artículo

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“LA REALIDAD VA POR SU LADO Y YO POR EL MÍO”

Conocí a Mae Kurtz hace apenas algunas semanas. Su voz, evocadora como pocas, tiene la capacidad de crear y abolir estados de ánimo. Se acompaña de buenos músicos. En su conciencia, la linterna mágica y el Rey del Rock…

Para un neófito de la crítica musical es difícil adentrarse en el mundo de los géneros; algunos como el “rock” abarcan demasiadas cosas distintas. ¿Cómo podemos clasificar la música de Mae Kurtz?

La verdad es que es difícil clasificarse uno mismo, porque una cosa es lo que sientes y cómo lo expresas y cómo el otro recibe el mensaje. Yo me defino como rock melancólico y, sí, algo oscuro quizá, pero no me siento cómoda con las etiquetas. ¿Por qué clasificar? A veces suena poco creíble, pero diría que mis canciones parten del rock clásico y del jazz antiguo, aunque parece que el resultado es otro cuando se filtra por mi persona.

Me parece que hay cierto desgarro, cierta pena negra en tus canciones. Algunos poetas lo han afirmado antes… ¿Es la melancolía la mejor semilla para la creación?
En mi caso sí. Es curioso porque cuando más alegre estoy, menos necesidad tengo de buscar mi espacio creativo. Supongo que variará según las personas y el tipo de música que realicen, pero para mí la música es una necesidad vital que aflora en momentos tristes. Soy de tradición romántica. (Risas)

Todo empieza cuando descubres que tu portátil es la manera idónea de llevar a la práctica un proyecto musical que por el momento era solo una quimera, que necesitaba de más ingredientes que la guitarra y la voz, por sugestivos que éstos fueran. La manera de hacer música se está transformando a la velocidad del rayo ¿Hay que ser optimista?
Bueno, ni optimista ni pesimista. La realidad va por su lado y yo por el mío. Sí que facilita, pero no siempre para mejor, simplemente es diferente. A mí me ha satisfecho el poder controlar todo el proceso, escribir las líneas de cada instrumento sin depender de nadie. Me ha dado libertad, pero en algunos casos, facilitar el hacer música es como el facilitar viajar a todo el mundo. También existe la posibilidad de saturación.

Instrumentos como el violín y el cello han estado desterrados largo tiempo en ciertos géneros musicales. Se llevan muy bien con tu voz… Y aportan un tono… Seguro que tú puedes definirlo mejor.
Bueno, el cello es uno de mis instrumentos preferidos. Su sonido me transporta, se relaciona muy bien con mis sentimientos… Es grave, melódico y melancólico, así que no veo por qué no. Antes había que romper con lo clásico, crear algo nuevo, ruidoso, enchufado. Pero llegados a cierto punto, la música clásica y sus instrumentos pueden, en muchas ocasiones, expresar tanto mejor ciertos estados de ánimo.

Los 80. Una década, lo que se dice, prolífica en el ámbito de la música. Joy Division vuelve a sonar en los bares –si es que alguna vez dejó de hacerlo-. He podido notar que tienes muchas querencias por la música de esta época. ¿Cuáles son tus referentes? O simplemente… La música que escuchabas antes de arrojarte a la piscina.
Sí, eso he oído decir, que suena a post punk. Pero en realidad, la música que escuchaba antes, digamos la que me ha influido, es justamente de otra década… Mi ídolo fue Elvis durante muchos años y lo combinaba con Janis Joplin, con Billie Holliday, con Edith Piaf, con The Doors, con David Bowie, con Otis Redding…nada que ver, vaya.

Sobre el escenario Mae parece un enfant terrible nerviosa, atormentada… Su imagen es puramente andrógina y cinematográfica. Los músicos que la acompañan también tienen aura. ¿Consideras que es indispensable para un grupo crearse una imagen icónica? O aún más… ¿Diseñar una puesta en escena?

Bueno, supongo que no está de más tener una imagen icónica. En todo caso, sí que pido a los músicos que vayan de negro, por una cuestión más estética que icónica, la verdad. Y en lo referente a una puesta de escena, no estoy segura, soy más de las que piensan que se tiene o no se tiene. En todo caso, sí que se debe mejorar siempre, pero simplemente para el público.

Tu último concierto… Pese a los problemas prácticos de la sala, el directo me emocionó. Hay artistas que dicen que el proceso de creación se basa fundamentalmente en la composición y la grabación. ¿Qué aporta a este proceso el directo?

Es complicado. El directo no tiene casi relación con el proceso anterior. Yo hago música sola, en soledad y en mi mundo. El directo significa compartir tu música; primero con los músicos y que la expresen tal como tú la sientes, y después con el público a quien, en realidad, no he tenido en cuenta a la hora de crear… Así que… el directo en mi caso es aprender a compartir. Pero me está gustando.

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