Michael Moore (o el héroe progre)

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Me pregunto por qué este hamburguesero, resistente y testosterónico no tiene parangón en España. Pedro J. fue durante el tardofelipismo un Michael Moore con tonsura y tirantes. Sin él las libertades podrían haberse visto seriamente en peligro. Aunque bien visto, es Caldera quien tiene un aire a Michael Moore.

Iñaki Gabilondo pretendió ser el Michael Moore del tardoaznarismo, pero le faltó independencia mediática, fontanería y quizá testosterona.

Generacionalmente, MM, IG y PJ son lo mismo (audaces progres). Hay en ellos una componente narcisista y un idealismo de tres estrellas.

El verdadero periodista es un guerrillero, lleve gorra de béisbol o tirantes (eso da igual). El tribuno es un conspiranoico al que las pesadillas se le acaban haciendo realidad.

El poder es una patología que nace de la neurosis, se ejerce desde la esquizofrenia y se conserva con la paranoia. La peor broma que puede gastar el destino a un hombre es convertirlo en gobernante. Para ejercer el mando, primero hay que inventarse una personalidad, luego creérsela y convencer a los demás de que es la mejor para representarlos… Cuando por fín se llega al poder, resulta que hay que llegar a obedecer a los que mandan de verdad.

El secreto de esa vaca sagrada de la progresía que es Michael Moore es precisamente que ejerce de contrapoder. Es un libertarian transgénico Todos desconfiamos del poder y sospechamos que existe un gobierno mundial (y hasta municipal) oculto. La conspiranoia se ha convertido en una plaga y una enfermedad de época. Nadie confía hoy en sus gobernantes. Por eso Michael encarna el espíritu de nuestra época y su miedo hacia el poder. Él puede decir lo que otros disimulan, y por eso le aplaudimos sus documentales contra el Imperio como conejos con pilas Duracell, desde nuestra cómoda actitud de resistentes con palomitas.

MM tiene los cojones feos y sucios de un elefante. Su análisis de lo que pasa en el corazón del Imperio demuestra que allí todavía es posible la disidencia aunque el poder quiera axfisiarla. Tal vez por eso Michael se defina como un verdadero patriota, que aquí suena como a batasuno de las JONS, pero en América puede ser todavía sinónimo de demócrata bíblico.

Vuelvo a preguntar: ¿Se imaginan un Michael Moore en España? Es imposible por una cuestión de talante. Aquí las Biblias han sido propiedad del párroco demasiado tiempo. Aquí no cuaja el libertarismo. Dice el genio David de Ugarte en su libro sobre el 11M, que lo que aquí cuaja es el cuadrillismo. En nuestra españeta hemos pasado del escuadrismo al cuadrillismo sin enterarnos.

Nuestras ideas se generan en esferas ridículas y biográficas. Mientras el bareto sea la logia de los españoles no habrá demasiado que hacer. Somos un pueblo de caña y montadito. Somos aborígenes de las autopistas.

Santiago Calatrava, doctor Honoris Causa

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UCJC.

La Universidad Camilo José Cela otorgó, el pasado viernes 23, al arquitecto e ingeniero español Santiago Calatrava la distinción de Doctor Honoris Causa. La Junta Directiva de la Universidad, presidida por su Rector, Rafael Cortés Elvira, ha concedido a Calatrava el máximo grado honorífico que otorga la universidad para premiar a “uno de los arquitectos españoles más importantes e influyentes en el mundo del último cuarto de siglo”. El Rector de la UCJC destacó el carácter “pionero” de la Escuela Superior de Arquitectura y Tecnología de su universidad, ya que es la única en nuestro país que cuenta con un campus de prácticas en el que los alumnos pueden “tocar con sus manos y sienten las texturas de los materiales que un día formarán las obras arquitectónicas que llevarán su firma”, declaró Cortés durante la lectura de su discurso. Rafael Cortés Elvira también destacó el compromiso de su universidad con la excelencia y los avances tecnológicos, “un espacio de conocimiento, creación intelectual, investigación y docencia. Y una Casa de reflexión y de dialogo”.

Durante el acto de investidura, Santiago Calatrava destacó el valor “de las universidades nuevas y jóvenes”. “La prueba de la vitalidad de la universidad son ustedes”, afirmo el arquitecto e ingeniero, en referencia a la Universidad Camilo José Cela. Calatrava, que no leyó su discurso e improvisó su intervención sobre las imágenes de su obra, habló sobre el movimiento continuo en el que vivimos y la noción del tiempo como concepto.

Santiago Calatrava estuvo apadrinado por el también arquitecto Javier Pioz, quien realizó un recorrido por la extensa obra del nuevo Doctor Honoris Causa de la UCJC, refiriéndose a los múltiples proyectos del arquitecto valenciano que ya forman parte de ciudades de todo el mundo.

Con el nombramiento de la Universidad Camilo José Cela, Santiago Calatrava ha sido investido Doctor Honoris Causa en 18 ocasiones: Doctor Honoris Causa, Polytechnic University of Valencia (1993); Doctor Honoris Causa, University of Seville (1994); Doctor Honoris Causa of Letters in Environmental Studies, Heriot-Watt University, Edinburgh (1994); Doctor Honoris Causa of Science, University College, Salford (1995); Doctor Honoris Causa of Science, University of Strathclyde, Glasgow (1996); Doctor of Science Honoris Causa, University of Technology, Delft (1997); Doctor Honoris Causa of Engineering, Milwaukee School of Engineering, Milwaukee, Wisconsin (1997); Doctor Honoris Causa of Civil Engineering, Università degli Studi di Cassino (1999); Doctor Honoris Causa of Technology, University of Lund (1999); Doctor Honoris Causa of Architecture, Universita degli Studi di Ferrara (2000); Doctor Scientiarium Honoris Causa, Technion Israel Institute of Technology, Haifa (2004); Doctor Honoris Causa of Arts, Southern Methodist University of Dallas, Texas (2005); Doctor Honoris Causa of Engineering, Facultad Politécnica de la Universidad Aristóteles de Tesalónica en Grecia (2005); Doctor Honoris Causa, Rensselaer Polytechnic Institute of Nueva York (2006); Doctor of Humane Letters, Honoris Causa, Universidad de Columbia, New York (2007); Doctor Philosophiae Honoris Causa, Tel Aviv University (2008); Doctor of Letters Honoris Causa, Oxford University (2009).

Además, el arquitecto e ingeniero tiene en su haber un amplio palmarés de reconocimientos y galardones, entre los que se incluyen la Medalla de Oro del Instituto de Ingenieros Estructurales de Londres; el Premio al Diseño Urbano de la Ciudad de Toronto; la Nominación como Líder Global del Mañana del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza; Cruz de Sant Jordi, Barcelona; la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes del Ministerio de Cultura, Granada; Miembro de Les Arts et Lettres, París; el Premio Algur H. Meadows por la Excelencia en el Arte (Meadows School of the Arts), Dallas; la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes, Valencia; la Nominación al “Mejor de 2001” de la Revista Time por la ampliación del Museo del Arte de Milwaukee; Sir Misha Black Medal, del Royal College of Art de Londres; la Medalla Leonardo da Vinci, de la Société pour la Formation des Ingénieurs, Florencia; el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, Oviedo; Grande Médaille d’Or d’Architecture de la Academia de Arquitectura de París; el Premio Nacional de Diseño de Iluminación por la iluminación interior del Museo de Arte de Milwaukee, The Illuminating Engineering Society of North America; European Steel Design Award por la Cubierta de la Universidad de Zurich, Lucerna (Suiza); Silver Beam Award por el Instituto Sueco de Construcciones en Acero, Gothenburg (Suecia); Golden Plate Award, Academy of Achievement, Chicago; la Medalla de Oro 2005 del Instituto Americano de Arquitectos, Washington; la Medalla de Oro del Instituto Español Reina Sofía, Nueva York; el Premio MIPIM al mejor edificio residencial del mundo por la Turning Torso; el Premio Eugene McDermott Award in the Arts, Consejo para las Artes del Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT); Dos Premios European Awards for Steel structures 2005 por los tres puentes en Hoofdvaart – Haarlemmermeer, en los Países Bajos y por la Cubierta del Estado Olímpico de Atenas (OAKA), respectivamente; la Alta Distinción de la Generalitat Valenciana; el Premio a la Profesionalidad en el Sector Inmobiliario otorgado por el Jurado de los Premios Surban’05 (Sevilla); el Premio de Ingeniería Civil 2005, Ministerio de Fomento; el Premio Nacional de Arquitectura 2005, Ministerio de la Vivienda; el Premio fib al Mejor Edificio Residencial 2006, por Turning Torso; el Premio a la Excelencia de la Red Europea de Sociedades de Hormigón a la Estación de Lieja; la Condecoración de la Orden de Jaume I El Conqueridor, de la Generalitat Valenciana; el Golden Belgian Building, por el diseño de la Estación de Lieja y el galardón European Steel Design Award por los tres puentes sobre el nuevo eje viario de la ciudad de Reggio Emilia

Teatro

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No es teatro. No es poesía. Es la suma de ambos. Un escritor de escritores y lectores sensibles. Una biografía como un ready made. Ya sin lugar a dudas, el nombre de Bernard-Marie Koltès es uno de los más importantes en la literatura del siglo XX. Los poetas jóvenes lo adoran; los escenarios fracasan una y otra vez: las carcomas del drama apolillan el lirismo; el actor se convierte en un teratoma del texto.

Koltès nace en Metz en 1948. Esto quiere decir que en el 68 tiene veinte años redondos. Forma parte de esa hornada que quema coches e inventa barricadas urbanas. No toma parte en los acontecimientos del mayo francés, pero congenia con esa generación que, pese a la pujanza económica, lleva su inconformismo como una piedra en el zapato.

Pronto, el autor siente la tentación de escapar, al menos esporádicamente, de Europa. Europa henchida y pagada de sí misma. Sudamérica y África le causan gran impresión. Su sentimiento de paria, su conciencia de inadaptación, le hacen sentir pez en el agua en los vertederos del primer mundo.

Todas sus biografías señalan su tardío descubrimiento del teatro; más tarde, vocación: “Sólo tengo ganas, un día, de contar bien, con las palabras más simples, la cosa más importante que conozca y que pueda contarse, un deseo, una emoción, un lugar, luz, sonidos, cualquier cosa que sea un fragmento de nuestro mundo y que pertenezca a todos”.

En los concursos de belleza pudo vadearse tan bien como en el teatro de la palabra. Su pelo encaracolado y su expresión dura le daban el aspecto de un personaje de Pasolini. El marinero de las camas mojadas de Genet.

Colihue ha reunido algunos de sus textos consagrados y otros de juventud (1979-1974), como La herencia, que François Koltès, hermano del autor, dio a conocer después de su muerte. Aunque prematuras, estas obras ya apuntan la predilección por el monólogo. Textos que tienen que ver con el stream of consciousness y que, sin embargo, presumen una forma muy elaborada. Desinterés por la individualización del habla: todos y cada uno de los personajes hablan el idioma poético.

Imprescindibles son En la soledad de los campos de algodón, donde el imposible de “entrar en el otro” se disfraza de intercambio comercial, y su Roberto Zucco. Vía un asesino en serie, Koltès escribe su testamento. Un alegato contra la sociedad bienpensante, fría e inhumana.

TEATRO
Bernard-Marie Koltès.
Colihue, 2008.

Bajoimperio


El universo cultural del llamado Bajo Imperio y sus texturas espirituales de encuentro y síntesis nos indican una época tan apasionante como constituyente para nuestra civilización. Tal tiempo, el de los paganos Hipatia o Proclo o los cristianos Sinesio de Cirene o San Gregorio de Nisa -todos ellos helenistas y filósofos-, no se deja acartonar en esquemas simples ni en proyecciones de corrección política y demás tópicos contemporáneos. Atender a Hipatia, en tanto mártir del helenismo tardío, es atender a esa complejidad y a las líneas de tensión existentes en el tiempo que transcurre entre las últimas décadas del siglo III y la caída del Imperio Romano de Occidente. Acaso una primera sorpresa sea que la línea de tensión entre helenismo y antihelenismo, la misma que emerge en los diversos ataques que padeció la Biblioteca de Alejandría o en el martirio de Hipatia, no sólo acontece en la tensión entre cristianos y paganos sino que es interna al propio campo cristiano. Y es que ya desde el siglo III el primer filósofo cristiano, Clemente de Alejandría, quedó confrontado con la posición antihelénica de Taciano. El hecho de que Taciano fuera declarado hereje no impidió que esta sensibilidad, antifilosófica y antihelénica, se mantuviera en el campo cristiano en autores como Tertuliano, también declarado hereje, para finalmente volver a emerger en tanto pulsión populista y anti-sapiencial -al día de hoy diríamos integrista- que terminaría imponiéndose en la derrota teológica de los teólogos alejandrinos y en las llamadas controversias origenistas. Y eso por mucho que el pensamiento teológico cristiano-católico hubiera sido ya elaborado en los mimbres del pensamiento griego a partir de unos textos evangélicos vertidos originalmente en la lengua griega y sus categorías expresivas. En este sentido, no deja de ser curiosa la victoria del helenismo cristiano a la hora de desarrollar la propia teología cristiana para encontrar tardíamente importantes límites a tal victoria desde lo que sería un talante, de hecho fideista, que desconfiaba de la especulación filosófica y de la realización espiritual de sus decires. Quizá en este antihelenismo encontremos la expresión de viejas sensibilidades que venían a liberarse, especialmente, a través de la crítica al esclavismo que promovía la naciente comunitas cristiana… O sencillamente sean expresión de las evidentes dificultades que las religiones abrahámicas tienen a la hora de organizar la diversidad constitutiva de las expresiones del espíritu y la cultura. Este problema propio del cristianismo, a la hora de organizar la diversidad religiosa y espiritual, fue advertido por muchos. De ahí que ante su ascensión hubo quien, seducido por su verdad, se esforzara en hermanarlo con la filosofía –Clemente de Alejandría, Orígenes, Gregorio de Nisa- o quien, sencillamente, lo denunciara y le marcara distancias –Hipatia, Damascio, Porfirio, Proclo-. En realidad, todos ellos, intentaban preservar un determinado legado en periodos de cambio e incertidumbre. La complejidad descrita atravesará la historia entera de Occidente.

Philippe Garrel

28-octubre-2009 · Imprimir este artículo

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MÁS EXCITANTE QUE EL FÓSFORO, MÁS CAUTIVANTE QUE EL AMOR

Philippe Garrel (1948, París) empezó en el cine con solo catorce años y, desde entonces, no ha dejado de hacerlo. Ni la precariedad económica ni la escasa aceptación de sus films lo han desanimado. Con los dieciséis cumplidos, realizó su primer largometraje, Les Enfants desacordes. Pocos fueron sensibles a la calidad de sus primeras producciones, pero entre sus acólitos estuvo Godard. El líder de la Nouvelle Vague aseguró que Philippe “hacía cine como respiraba”. En efecto, su filmografía parece el eco de una necesidad vital. Cuando hoy se le pregunta qué es el cine, responde que se trata de “un modo de sobrevivir si crees que eres diferente”; afirma que las películas le han ayudado a mantenerse vivo y que algunas de ellas se han llevado toda la tristeza. Con estas declaraciones, admite la carga biográfica de su obra: muchos de sus trabajos son crónicas de vida, y varias de sus protagonistas son presencias “fantasmáticas” de las mujeres que amó en el pasado.

¿Realidad o ficción?

La inspiración autobiográfica en la obra de Garrel tiene sus límites. Enumerarlos nos lleva a una reflexión sobre la propia naturaleza de la representación: todo arte transforma la vida, todo cine es ficticio. “Las virtudes del arte –dice el “auteur”- son la aproximación, la invención. Por ejemplo, yo no puedo permitirme hacer una reconstrucción”. Garrel renuncia a hacer pornografía sobre esa “generación de niños perdidos” que, como él, tenía veinte años en Mayo del 68; una generación que, pese haber crecido en la pujanza económica de posguerra, no podía mitigar su dolor existencial en las dulces promesas del progreso. Amor libre, drogas, electroshock, suicidio…. “Estas cosas son, a mis ojos, –confiesa Garrel- consecuencia del estado de aislamiento en el que la sociedad industrial mantiene a los artistas”. La del 68 fue la última tentativa de revolución en un mundo gordo, civilizado y doméstico. Garrel reincide una y otra vez en este aspecto a través de historias aparentemente sencillas de “chico conoce a chica”.

Entre la abstracción y la figuración.

Todas las películas que Garrel ha filmado a partir de los 90 (J’entend plus la guitare, El nacimiento del amor, El corazón fantasma, El viento de la noche, Los amantes habituales…) se caracterizan por ser “más narrativas”. En una primera etapa, el cineasta estaba mayormente preocupado por el formalismo y la poesía. Su vertiente más vanguardista (en los 60 y 70) dio lugar a films abstractos y deliberadamente psicodélicos. Su giro hacia una “narratividad débil” puede fecharse en 1979. En este año realiza L’enfant secret, aclamada por el crítico Serge Daney como “una experiencia que lucha para traducirse en relato”. Garrel se propone convertirse en un “buen figurativo”: “No me da miedo –declara- haber necesitado veinte años para llegar a la narración. Es difícil explicar una historia. Reconstruir cuando no se sabe explicar, no aporta lo suficiente”.La expresión “narratividad débil” (Jacques Aumont), hace notar que el “modo de contar” de Garrel sigue resistiéndose a los imperativos del relato realista y, sobre todo, a los del cine de gran consumo. Sus películas atienden estrictamente a la lógica de los sueños. Por eso, todavía hoy, Garrel es un “espíritu solitario”.

En guerra con la sociedad del espectáculo.

¿Mediante qué mecanismos Garrel se desmarca de la narratividad comercial? En primer lugar, hay que señalar que la gran influencia que recibe de la pintura y del cine primitivo desemboca en una sintaxis primaria de la imagen: algunos de sus planos parecen autónomos, como pinturas; por otra parte, sus guiones constan de pocos acontecimientos y de pocas decisiones dramáticas; como Godard, evita el suspense y la sorpresa; por contraposición al relato clásico, que articulaba un punto de vista sobre el mundo, Garrel incide en la ausencia de sentido.
Su resistencia a la narrativa condena al cine-espectáculo, poniendo en práctica las tesis anticapitalistas de su coetáneo Guy Debord. Se pregunta: “¿Pueden los artistas hacer un paréntesis, como si la crisis no existiese, y hablarnos de todo lo que quieran, absolutamente de todo, con tal de que no aparezca la crisis de la cual emergen los problemas íntimos, filosóficos y políticos? ¿Cómo puede un cineasta venderse y ser de esos que divierten a los otros, haciendo como si todo fuese bien durante una hora y media?”.

Castración química. (Una quema de libros como otra cualquiera)

28-octubre-2009 · Imprimir este artículo

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¿Qué será después de la castración química? ¿Los tatuajes cerebrales? ¿O los cochecitos de niño bilingües? Hay gente que no cree en la reinserción, mis padres los primeros; ellos nunca creyeron en la reinserción, pero de ahí a… El holocausto de la testosterona ya está aquí.

Es triste la castración. ¿Conocen el caso del último castrato? Sus padres lo caparon cuando la práctica operística de desollar en pro de la consecución de voces angelicales (soprano, mezzo-soprano o contralto) mitad humanas, mitad gatunas, ya había quedado atrás. Y lo más tétrico: el chico resultó no poseer el talento necesario para hacer una carrera musical. ¡Y qué alaridos daba cantando el Ave María de Schubert! Parecía entonarlo, pardiez, en el mismo momento de la mutilación. Sin arias. Ni Fausto ni Mefistófeles. Y, para colmo, tan poco penetración. No está bien. No está bien… A veces, práctica social (con el rabo entre las piernas); otras, religiosa (¿qué es el celibato sino una castración simbólica?), pero existen más y mejores propuestas. El ilustre don Pío Baroja sugería con humorismo que el Estado en España debería prohibir al escritor tener hijos. Estoy de acuerdo. Pero lo haría extensivo a otras disciplinas artísticas. No debieran tener hijos, se me ocurre, aquellos cineastas anderground que aprendieron a hacer cine con una lata de sardinas. Ni tampoco las presentadoras de televisión operadas. Incluyo a aquellos actores demasiado irresistibles como para tener descendencia: no se puede dejar, impunemente, una de tus secuelas por el mundo, un virus con tu apellido. No, señor. No cuando uno forma parte del mito. ¡Pobres eunucos! ¡Si ni siquiera quise castrar al gato, so pena de que golfeara con todas las mininas del barrio! Se lo intente explicar con buenas palabras. ¡Cuidado con el Cristo que es de plata! Y él dale que dale. Y no encontró Simone de Beauvoir que le maullase más alto que otra. Por favor, no capen a sus animalitos de compañía, ellos no lo harían, o sí, probablemente. Lo comprobaremos cuando los bonobos dominen el planeta.

Pero la modernidad tiene medios más virulentos y sutiles para todo. Hoy la castración es química. No hace sangre. Prodigioso ¿no? Es como en Vigilar y Castigar. Ese cuento de Foucault da más miedo que Barba azul, pero en todos los velorios hay bebida gratis. Pues eso. Foucault decía que las cárceles cada vez se parecían más a los hoteles, y que no era casualidad, y que los hoteles, por su parte, cada vez se asimilaban más a un minibar gigante. Y el clímax: la violencia estatal tiene mejor camuflaje que una aguja en un pajar (da tres vueltas y la encontrarás).

Ahora la castración es química, ¿indolora? Made in California. Lo bueno es que te dejan escoger: “susto o muerte”. Y aunque yo no tengo testosterona, también me duele el “punto G”. Sólo me consuela, que existan antecedentes en el derecho medieval y que lo apruebe la misma comunidad médica que una vez por semana nos pone polvos de prozac en el cromo dorsal. Un titular anuncia que Cataluña, a partir de septiembre, aplica la castración química voluntaria a los violadores. Puede que Quimicefa nos libre del mal universal y de los saltimbanquis, pero yo, de momento, no me lo creo. Mientras tanto, una revista de renombre anuncia que una de las consecuencias de este tratamiento es la “feminización”. Es una buena noticia para Marie Claire. ¡Cuántas suscripciones! Disminución del vello, mayor finura de la piel, crecimiento de las mamas… Lo más parecido a Jeckyl y Mister Hyde.

Si se hubiese aplicado la sumarísima sentencia de Pío Baroja, la ficción supera a la realidad y Kenny G suena en los tanatorios, si la castración hubiera llegado al pen club, sin duda que uno de los primeros caídos hubiera sido el señor Henry Miller. June y la adorable Anaïs Nin se hubieran quitado el luto de los ojos, cambiando de color, como algunos juguetes, al sumergirse en su propio llanto. “Coños como maletas”, “matrices del revés”, “erecciones motivadas por el desnudo de las estatuas”. Muchos ojos, aparte de los de la cara. El ser humano es un colador y nadie podrá evitarlo.

Miller, ese salido sabio, tenía mucha razón cuando afirmaba “que nuestros héroes o se han matado o están matándose”. Nada indultará a la testosterona. No señor. Si no nos capan, arrancarán las páginas de los libros.

“Este mundo ha muerto, pero no ha recibido sepultura.”
Henry Miller

Jardín

27-octubre-2009 · Imprimir este artículo

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En aquel jardín hay un pozo en el que los rostros de los hombres todavía reflejan toda su pureza. Los espacios son el pensamiento y Dios no existe. Javier Esteban estuvo allí cuando fue Camarlengo del Papa. Vio salir de la cabeza del pontífice un pollito y sentir un vértigo que se hace éxtasis. Habitan almas transparentes y toda la razón es miel.  Un panal de la Academia del Cimento para los discípulos de Galileo y un sorbo de zumo de oliva para el más preclaro de los iniciados. Marchando.

Limpieza de bajos: Tercera imagen

había intentado coger un autobús que me llevase a Plaza Castilla, necesitaba un cambio de perspectivas, ver algo de vida bullir por las calles, pero el billete que me habían dejado en el curro era de otra compañía, el conductor me miró furioso, rebusqué en los bolsillos, no llevaba un duro, no lo tenía, sólo podía pasear para distraer el insomnio, en la siguiente parada me echó del autobús, sentí las miradas de la gente, las miradas a sus relojes, me sentí culpable por no entender el sonido del metrónomo de cuerda floja donde se balanceaban, que castraba sus vidas entre autobuses, trenes, metros, renunciando a una vida que ya no existía, a mirar algo por el mero placer de mirarlo, sentir cómo escribe la noche sobre la hojas de un árbol, cómo bulle la mar cuando se traga al sol, despejar un breve instante su mirada del ombligo, dejar de rumiar que ésta es la mejor vida que puedo llevar, en una ciudad donde no existe el sol, donde todo el mundo intenta escapar hacia la sierra, pero arrastran tras de sí el asfalto que destruye los caminos, las urbanizaciones donde se cuecen los divorcios, los grandes centros comerciales que iluminan la montaña, donde se refugian los fines de semana, para respirar el aire puro acondicionado, para poder consumir mucho en un breve lapso de tiempo, esa única vía de escape que hace que el lunes, cuando de nuevo están inmersos en los atascos, sentados en los coches, trenes, autobuses, se miren a sí mismos y sigan creyéndose que son la vanguardia, que ese último modelo de móvil que han adquirido con otro crédito más les justifica ante sus compañeros de trabajo, justifica la farmacopea de ansiolíticos y antidrepresivos que portan en su hígado, el decorado en el que viven, sin tiempo para poder profundizar en nada, ni para mirar, ni para pensar que si apartan la mirada cuando los demás caen, joder, les duele la cabeza, se miran en silencio, nadie o casi nadie habla, todo es un mundo de apariencias, donde se construye la realidad virtual del futuro, ajena al instinto que castra la velocidad, a esos pequeños detalles que rompen su monotonía de dioses de sí mismos, adocenados por un mercado de subcontratas, empresas de trabajo temporal, donde marca el tiempo el de siempre, su vida es la plena disponibilidad, para la empresa donde saben que no se han de jubilar, aún así bailan el agua del jefe, poco a poco van perdiendo los principios, integrándose en un mundo de confusiones, perdidos, donde se intercambian los roles de género, donde las mujeres adquieren poder y copian el modelo machista, donde los hombres se transforman en currogais e imitan lo que creen que es el comportamiento de las mujeres, y los trabajos se convierten en un constante chorrear de dimes y diretes, de destrucciones programadas de la personalidad diferente, la que no se ajusta a sus estereotipos trastocados, no entra al juego de hacer del curro un gran hermano de donde beben sus artimañas, aburridos, mortalmente aburridos en su parcela de realidad, vacíos, haciendo de la delación el fin de sus vidas, intentando sobrevivir a lo que ya es imparable, raza de judas que tiene un miedo mortal a las mujeres, al hombre, y se quedan en las apariencias, y de las apariencias hacen un sistema por el que matan, a fuer de sacrificar sus vidas personales, sus raíces, su tiempo, sus ilusiones, en interminables atascos que igualan la potencia de los coches, en fastuosas mansiones donde no viven, en autobuses donde no ven la vida, ni los detalles, los que busco, por intentar escapar de esta vida en la que no me integro, de una cama en la que no encuentro nada, sabiendo que es el único camino que me queda aquí, luchando contra mí mismo, contra los que intentaban hacer de mi pareja un chivo expiatorio de sus deficiencias, solo, creyendo que una mujer podía llegar a lo más alto de esta sociedad sin venderse, ayudándola en el silencio de sus lágrimas, dándolo todo por una puta idea, solo, a la deriva, enamorado del reflejo de un rayo de luna en una charca putrefacta, buscando algo por el mero placer de mirarlo, olvidando mis necesidades, envolviéndome en el mismo juego de apariencias del que huía, atrapado por el insomnio, castrándome física y mentalmente, callado, paseando por una zona de Tres Cantos que desconocía, la Primera Fase, un par de calles que tenían algo más de humano que el resto, un par de bares, un mercado, un rastrillo de verduras y bragas los martes, algo era, para mí significaba tanto como un abrazo cálido, un beso, un duerme mi niño, que hacía meses que no escuchaba, y no entendía la razón del cambio, si seguía recibiendo el adoctrinamiento de más de tres horas diarias de su casa, lloros, lloros dementes, pidiendo dinero, amenazando con muertes y castigos divinos, la tela de araña que teje la locura, que teje la ropa interior femenina que ya inundaba los mercadillos, los tangas que empezaban a imponerse en la nueva mujer, la que reconocía su cuerpo, su poder estético, que poco a poco se iba abriendo camino entre sus nalgas, adaptándose a una moda que descubría nuevos mundos, apta para todos los culos, de todas edades, auténtica liberación, con todo lo que ello conlleva, también para mi mirada, cuando el único contraste era ese, el tanga, el que llevaba la francesita, la mirada de la patrona cuando se agachó a coger la ma-le-ta, el poderío de una mirada en el silencio, la mía, la de mi compañera que acababa de llegar y se había unido al acto de observación, y se mostraba cariñosa, maquinando, como siempre, y la francesita que ganaba terreno, el terreno que la mujer española llevaba sopesando un tiempo, sin arriesgarse, recabando opiniones en todos los ámbitos, esperando que la mayoría se decidiese silenciosamente por su utilización, sopesando los pros y los contras de un cambio de imagen, de una mayor higiene, de unas ciertas molestias en aras de la imagen, en los corrillos, en las tiendas, se imponía, evitaba la molestia de esas costuras marcadas en el pantalón ajustado, pero se metía y escocía, la estética ganaba, y eso es lo que prima en esta sociedad, pero hay que ver cómo cuaja, si en los medios se lleva, si las demás lo llevan, y la francesita sabedora del dilema, luciendo el tanga sobre su piel morena y tatuada, ganando la primera partida…

- “Tengo hongos.”

lo soltó así, de sopetón, ella era de esas mujeres que se creen finas, pero lo único que destilan es mala hostia y quemazón, y no le gustaba la francesa, quizá porque estaba buena y viva, o por su ascendencia mora, no lo sé, pero ofendía su carácter de rubia racista, metódica y planificadora, y le dijo las cosas claras, tan claras que sigo sin entender el lenguaje entre mujeres

-”tengo hongos” – repitió…

la otra se quedó acojonada, más tarde me confesó que su primera impresión de las mujeres españolas era algo que no había visto ni en Marruecos, cuando volvía de tarde en tarde a visitar a familiares lejanos, y no me extraña, conociendo su juego sensual de miradas, de silencios y transparencias, que el primer contacto con la gallega y mi compañera le produjese un auténtico temor, a mí, si un extraño me espeta que tiene almorranas, seguramente le pegue una patada en el culo y tan amigos, pero no, ella tenía hongos, a mí me lo argumentaba para no follar, para seguir con su estética de una rosalía triste y estrecha, y allí estaba, encogiendo los hombros, buscando con la mirada una salida, mirada que coincidió con la mía, estupefacta, donde encontró como respuesta un a mí no me mires que no tengo ni puta idea de qué va esto, que si lo que queréis es repartir los dos baños, que si ella es racista que lo diga llanamante: oye, tú utiliza ese servicio y yo éste, pero no:

-”Tengo hongos”

mujeres así hacen las guerras donde nosotros morimos, y allí se estaba planteando una guerra, otra guerra más por prejuicios y desconocimientos, y necesitaba una tregua, la tregua que da el paseo solitario entre el insomnio donde se desconoce uno mismo, lo que tiene a su lado, las putas prisas de una muerte inútil ante un cristal que refleja asfalto egotista, la mirada agresiva del conductor del autobús, la puta espera del oscilar del metrónomo en un vacío, el mío, y las mentiras con que se iba construyendo la derrota, la deriva que iba de mi cabeza vacía a mis bajos llenos

Genial Ágora.

26-octubre-2009 · Imprimir este artículo

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La sala enmudeció al acabar la proyección. El aire se cortaba con un cuchillo. La película de Amenábar no dejó indiferente a nadie… ¿Cómo es posible? La sospecha de que las cosas no son como nos las habían contado durante casi dos mil años, revuelve las conciencias. Quizá desde Juliano el Apóstata, con excepción de Nietzsche, no se había reivindicado con esta pasión el viejo mundo grecolatino. Esta vieja reivindicación es la lucha por la libertad de conciencia, por el reconocimiento a las creencias de los demás y por la aventura del conocimiento a la que llamamos Ciencia. Nada más y nada menos que la esencia de Occidente.
La Iglesia, es curioso, ha pedido perdón por casi todo, pero nunca por la masacre de la cultura grecolatina y pagana. Hoy sabemos que el mundo retrocedió mil años con la caída del Imperio y la llegada del monoteísmo militante de los radicales cristianos, tan parecidos a nuestros fanáticos islámicos de hoy.
La película Ágora es muy probablemente el relato más importante nunca hecho por nuestro cine. No hablo de cinematografía, sino de historia de las ideas, de historia de los imaginarios. Amenábar ha dado en el clavo. Su relato toma partido, pero no es maniqueo. Con algún que otro desajuste histórico, refleja muy bien la tragedia de un mundo que se hundía a los pies de la turbamulta que, en el nombre de su dios, impuso la barbarie hasta el Renacimiento.
Amenábar distingue entre historia y fe, turbamulta y respetable creencia personal; y aunque no acaba de explicar “el irresistible contagio” cristiano sino como lucha de clases, sabe dar la vuelta a la historia oficial. O al menos nos enseña a dudar, a pensar, a disentir. No es poco.
Por otra parte, hay en la película miradas y preguntas al cielo que resultan sorprendentes. Bravo.

Jóvenes emprendedores

24-octubre-2009 · Imprimir este artículo

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Bancaja ha presentado su nueva cátedra Jóvenes Emprendedores en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, a la que destinará 25.000 euros al año a través de su fundación. Esta iniciativa tiene por objetivo fomentar el espíritu emprendedor entre los estudiantes, para lo que ofrecerá asesoramiento y apoyo a aquellos universitarios que deseen poner en marcha nuevos negocios.

La cátedra Bancaja Jóvenes Emprendedores persigue además fomentar la investigación y ofrecer una formación completa en los ámbitos de la economía y el derecho, aseguran desde la caja.

BECAS DE MOVILIDAD

Asimismo Bancaja invertirá 50.000 euros anuales en becas de movilidad internacional para estudiantes de esta universidad, a través del nuevo programa de Becas Internacionales Bancaja. Estas ayudas cuentan con una dotación de 1.800 euros por alumno y están dirigidas a beneficiarios de Munde, un programa de intercambio fuera del ámbito Erasmus. Gracias a este proyecto, alumnos de la Rey Juan carlos podrán cursar sus estudios durante un semestre en universidades de EE.UU, Suiza, Brasil, México y Chile.

Esta iniciativa tiene por objetivo fomentar el espíritu emprendedor entre los estudiantes, para lo que ofrecerá asesoramiento y apoyo a aquellos universitarios que deseen poner en marcha nuevos negocios. La cátedra Bancaja Jóvenes Emprendedores persigue además fomentar la investigación y ofrecer una formación completa en los ámbitos de la economía y el derecho, aseguran desde la caja.
Asimismo Bancaja invertirá 50.000 euros anuales en becas de movilidad internacional para estudiantes de esta universidad, a través del nuevo programa de Becas Internacionales Bancaja.

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