Roma. El viaje en soledad. El viaje como guía. El viaje guiado. Segunda Parte.

He sido “guía” en Salamanca, en León, en Londres, en Brighton, en Venecia, en Bruselas o en Roma… y nunca he estado cerca de hacerlo bien. Me gusta organizar los viajes pues me ayuda a soñar con ellos y por tanto la experiencia vale casi lo mismo (a veces más, a veces dolorosamente menos) y me gusta pensar que le enseño a la gente que me acompaña lugares de infinita belleza. También es cierto que según yo creo toda belleza es infinita, pues la belleza está en nuestra capacidad de placer frente a la realidad, y creo que esa capacidad no tiene lindes teniendo en cuenta que uno puede enfermar como Goethe en y por la ciudad de sus sueños o como un enamorado es capaz vibrar frente al cuerpo de su amado. Hacer de guía en Roma es para mí un suplicio pues quiero aún descubrir tanto de esta ciudad que llevo a mi gente corriendo a todas partes (bueno, esta tendencia es general en mi vida); y lo es tambíén por el desbordante deseo de transmitir esta locura de abundancia, este parto multitudinario de belleza, esta matriuska que todas las edades han convertido, capa a capa, en la capital artística del caos humano.

No es posible escapar del turismo en Roma. En ningún momento del año. Esto hace que las elecciones sean todavía más complicadas. Pero, ¿cómo evitar el Vaticano?, ¿cómo ignorar la Capilla Sixtina? ¿Se puede visitar la ciudad y no pagar visita a la Fontana? ¿Qué es más paleto… caer en la misma tentación que la multitud o perderse el lugar más maravilloso del mundo por no ser tópico hasta la extenuación? La televisión, Internet, las fotos y los vídeos de vecinos y amigos nos han traído ya mil veces estos rincones ante nuestros ojos, sí, pero… ¿cómo puede decirse que es la misma experiencia verlos a través de la mirada de otros o vivirlos in situ?

No diré cuáles pero aún he conseguido ver lugares turísticos en Roma sin un alma con cámara de fotos. Y menos aún revelaré el secreto de cómo hacerlo… el viajero debe buscar sus propias formas de escapar de la muchedumbre, además de ignorándola.

Enseñar Roma, por supuesto, no sólo es un tormento, sino también un inmenso placer. Será porque dicen que todo tormento lo lleva aparejado. Será porque Roma en sí es esa explosión de belleza que sólo un espíritu muerto o congelado sería incapaz de disfrutar. Ver el asombro y la fascinación de los demás, que comparten ahora tu amor por la ciudad es una experiencia que une y llena. Desde lo alto del Castelo Sant’Angelo o mirando al cielo de oro de Santa María la Mayor; desde los pasadizos de los museos hasta los subterráneos de los mitreos la ciudad se multiplica para otros que comparten ahora su esencia contigo. Por supuesto esa, “comparten”, es la palabra mágica, pero de la forma que la ciudad se ofrece, múltiple, inacabable, es imposible no hacerla de todos al mismo tiempo: habría que ser demoníacamente egoísta para no mostrarla, para no exhibirla, para no contarla a cada momento, desvelando y enseñando al que no la sabe, al que la ignora todavía… aunque sólo sea con la interesada esperanza de que alguien que seguro que la conoce más que tú pueda seguírtela mostrando en una cadena sin fin que vaya pasando de unos a otros: amor por amor, admiración por admiración, descubrimiento por descubrimiento.

El impacto que una imagen, un entorno, un olor, pueden causar parece ser independiente de apreciarlas solo o en compañía. Pero no es así. No es lo mismo ver el Redentor michelangelesco solo que poder mostrarlo, casi como si fuera algo tuyo, a quien puede también amarlo como tú. Transmitir ese camino hasta el interior de la iglesia, brillante de estrellas en su oscuridad ambiente, enfrentar al neófito con la belleza de la obra y verlo disfrutar, sentir que comprende tu admiración y tu placer y lo vive también. De hecho podría ser un buen elemento para diferenciar entre vivir y sobrevivir: dar a los demás belleza, admiración, alegría. Entregarles el mapa del tesoro. Acompañarles hasta él. Guiarles, aunque sea torpetemente por el camino más largo. Y Roma siempre tiene material con el que poder regalar a hordas hambrientas de conocimiento o armonía, o Historia, o Literatura, o cualquier otra cosa grande o pequeña y digna de contemplarse de la que haya sido capaz el ser humano.

Por otro lado se diría que es la ciudad perfecta para ser guía: es imposible dar un paso sin encontrar algo que ver, un museo, una iglesia centenaria, un mirador, una cúpula, un resto romano. No es posible encontrarse sin nada que decir o que mostrar.

Y mientra el otro o los otros ven aquello por primera vez tienes el tiempo justo para rememorar tu descubrimiento, tu momento a solas con el rincón elegido. Para sentir, en los huesos, en las venas, por qué los has traído hasta aquí. No es posible pasar por este lugar y seguir siendo el mismo. Pero el cambio es a mejor, claro, y por eso quieres que los demás también lo experimenten, enfrentarlos al mundo en su máxima expresión y llevarles de la mano… siempre con la esperanza, ya lo he dicho antes, de que ellos también te lleven a ti después, no importa donde, porque lo importante es el viaje y el descubrimiento.

La muerte civil

25-junio-2009 · Imprimir este artículo

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Fueron el comunismo estalinista y el nazismo los que, tal vez, implantaron con mayor éxito lo que se denominó la “muerte civil”. ¿En qué consistía tal práctica? En lugar de programar la eliminación física de todo disidente, por aquello de respetar las formas, y tal vez para evitar que a estos regímenes la sangre les alcanzara hasta las orejas, estos estados se decantaron por sumir en el silencio cualquier forma de participación y presencia en la sociedad de un individuo. Tenemos los casos en nuestra historia reciente de Milan Kundera y Ágnes Heller.

En la práctica, al disidente se le negaban los medios de comunicación del estado para difundir sus actividades, ya fueran artísticas, literarias o de otro signo; si por ventura el individuo se ganaba la vida como profesor se le expulsaba de su puesto, y se le negaba la posibilidad de practicar la enseñanza en cualquier foro, si era escritor se le impedía publicar, incluso si era posible fuera del país, se le cerraban los salones del arte si se dedicaba a al arte…

Sin embargo, esta forma de actuar no la emplearon con exclusividad estados totalitarios, sino que también se dio en gobiernos supuestamente democráticos. El ejemplo más aberrante lo constatamos en las listas negras o caza de brujas de la década de los años 50 del pasado siglo en EE.UU.

Tal vez ustedes, mis amados lectores, en un arranque de ingenuidad piensen que la “muerte civil” forma parte del pasado, al menos en países democráticos… pero no es así. En la actualidad la existencia de cenáculos, léase también camarillas, que controlan y disponen de medios de comunicación, organización de eventos, discográficas, premios literarios, publicaciones bendecidas por los auspicios de tal o cual universidad, ejercen esta misma violencia intelectual con cierta impunidad amparados en el “criterio” que se les supone. En los ángulos de la cultura, por donde intenta moverse un servidor a pesar de bozales y correas, puedo afimar con categoridad a mis amados lectores que existe “la muerte civil” a todas luces. La relevancia de una obra de arte, o de un libro, se apunta por una mixtura de valores objetivos y subjetivos. Aquel que pretenda valorar una actividad humana, cualquiera, desde la creencia en una pura e inmaculada objetividad o es un iluso, o un aprendiz de “matarife”. Dando por sentadas tales estructuras, no existe justificación para el silencio que ciertas camarillas imponen en sus fueros a propuestas culturales, autores, o actividades de signo artístico, que objetivamente poseen, al menos, la misma o equivalente importancia que otras a las que se bendice y difunde. Al principio, un observador puede suponer que la diferencia en el volumen del eco de la propuesta estriba en la fortaleza del que ofrece el soporte. Es decir, no es lo mismo una novela publicada por una gran editorial, con su sistema de publicitación, que una editada en una pequeña editorial; no es lo mismo una exposición organizada por una galería en ciernes, que por una sala de prestigio, o con más posibilidades económicas. Aunque este hecho posee su influencia y conviene asumirlo, relativamente, proponiendo formulas imaginativas, en algunas circunstancias los “extraños fenómenos” de linchamiento o de silencio superan esos límites.

Todavía recuerdo cómo al comienzo de mi labor editorial, hace más de quince años, un prestigioso crítico, al que le han llovido blasones y glorias, locales claro está, denominó a una propuesta editorial marginal pero digna de “efímera” para justificar que su negativa siquiera a reseñarla. La tal propuesta efímera, ya había publicado por entonces a Fernando Arrabal, Gabino Alejandro Carriedo, Antonio Fernández Molina, una antología de poetas futuristas rusos (inéditos entonces en España), Blaga Dimitrova (una institución de la poesía búlgara), Fernando Mendes Viana (laureado poeta brasileño), etc, etc.

Al mismo tiempo este literato y periodista blasonado publicaba en su diario hasta las muescas de la mesa que escribía su santísima esposa, una escritora de prestigio y altura. La consorte, para no ser menos que su esforzado esposo en su apoyo a editores y autores noveles, en cierta ocasión espetó: “Con una llamada de teléfono puede hacer que alguien no vuelva a publicar en toda su vida”. Por supuesto, las iras de la pareja infernal se originaban cuando uno se negaba a realizar el rito de paso que exigían, el cual, básicamente, consistía en el que se atribuyó a los templarios, (para los que no lo conozcan referiré que, según el tribunal que condenó a la orden, el neófito besaba el trasero al Gran Maestre); como decía, si alguien se resistía a tal comunión se le negaban las puertas a los salones literarios dominados por los citados, lo que, para algunos escritores suponía, por añadidura, la clausura de sus comedores.

Este caso personal no es un incidente aislado.  A veces, la antipatía surge por la negación a participar en el citado rito, otras por simples controversias estéticas o literarias, incluso políticas… Desde luego un periodista o escritor tiene la libertad de hablar, escribir o difundir lo que considere, pero si su función se ampara en un medio de información ese ministerio de censor y de revancha, a mi entender, carece de justificación. Lo mismo diría si el hipotético personaje gestiona dinero público y promueve publicaciones, o exposiciones, o conciertos… Si me propusiera un catálogo pormenorizado de situaciones como las referidas crean, mis amados lectores, que podría entretenerles durante años con un artículo semanal. No podemos achacar ciertos silencios y omisiones a la falta de interés de los medios, ni al despiste, tampoco a la idiotez imperante . Existen individuos concretos, sentados en lugares específicos, que promueven “la muerte civil” y es preciso combatirlos a sangre y fuego.

Las tomateras siguen dando tomates

Las más de las veces, cotinúan existiendo raros especímenes en la misma superficie, casi no hay ni que buscar.

Esto no es otra cosa que la Voz de la Gente. No corras la voz.

Suena Siglo XXI de RN3.

Mil velas

Los lobos velaron la noche en Heredia y al amanecer se entregaron a la horrible satisfacción de una venganza. Hacía siglos que dejaron de ser héroes para ser hombres, hace años que dejaron de ser hombres para ser monstruos.

Y los monstruos oscurecen el sol para perdernos en el camino, para cegarnos de tanta pena negra, de tanta impontencia y odio. Esta mañana las cortinas del cielo se corrieron y, de nuevo, tantas cosas quedaron sólo alumbradas por mil velillas de grasa.

Pero nunca su noche de bilis podrá ser tan cerrada, nunca podrá ser tan oscura. Queda luz para perseguirlos y acecharlos, queda luz para encontralos y arrinconarlos, queda luz porque esta luz prende del amor, de la entrega y del hambre de libertad y esto, es más de lo que jamás soñarán con tener ellos.

Eduardo Puelles García                                                                          Requiescat in pace

La condesa sangrienta

18-junio-2009 · Imprimir este artículo

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Los placeres de la tortura (Pizarnik, el zorro y Caruso)

En este caso nos situamos ante un libro, casi un libro objeto, que se paladea tanto en la lectura como en la contemplación. Si bien la autoría del texto le corresponde a Alejandra Pizarnik, la responsabilidad del libro como tal para ser justos debe compartirse entre la autora y Santigo Caruso, el sorprendente y onírico Santiago Caruso.

Alejandra Pizarnik (1936-1972) fue para muchos una de las más importantes voces femeninas de la poesía argentina del siglo XX. Para otros, entre los que me cuento, supone algo más, tal vez uno de los mejores poetas (en sentido neutro) del extinto siglo, sin necesidad de recurrir a la invocación de su lugar de nacimiento ni de su género. Abrumada por hondas depresiones y períodos de melancolía extrema la poeta se suicidó en el año 1972. La desafortunada conclusión que Alejandra Pizarnik eligió para su vida la ha elevado en los últimos años a los altares como poeta maldita. Si tal calificativo se ajusta a su persona, no es por el trágico desenlace de su existencia, sino porque su voz no resonó como ella se hubiera merecido mientras permaneció con vida. Los datos que los libros nos procuran nos hablan de la importancia de su etapa en París, de su amistad con Julio Cortázar, Octavio Paz… Pero no siempre se refieren a los dos autores españoles que más atención le prestaron, con los que estableció una fructífera y sincera correspondencia, y que, sin duda, le alentaron. Me estoy refiriendo a los poetas y pintores Antonio Beneyto y Antonio Fernández Molina. Por lo demás, la obra poética de Alejandra Pizarnik, también creadora de interesantes dibujos que fue desperdigando, por fortuna se encuentra hoy en cualquier librería.

Se nos asegura en la solapa que el texto en prosa más largo que se conoce hasta el momento de Alejandra Pizarnik es el presente: La condesa sangrienta. En unas escenas breves, a veces con una presentación y estructura tan oníricas como los dibujos que acompañan al texto, la poeta narra de forma sucinta la biografía de la condesa Bárhory que, según los datos que nos aporta ella misma, asesinó a 650 muchachas. Desde luego en este recorrido nos se nos ahorran las diversas formas de tortura que, en verdad, ocupan la mayor parte del libro. La excusa para estas descripciones la encuentra la poeta en la noticia de la recopilación de documentos y relaciones que ha reunido Valentine Penrose, un poeta surrealista que desde aquí también recomendamos.

Desde el punto de vista histórico la existencia de la condesa Báthory se encuentra documentada, al igual que su antojo de bañarse en sangre de jóvenes muchachas con el propósito frugal de retrasar su envejecimiento o, incluso, si esto era posible, de alcanzar la inmortalidad. En los libros sobre vampiros suele citarse el nombre de la condesa junto al de Vlad Tepes, el héroe nacional rumano, que sirvió de inspiración a Bram Stoker para el conde transilvano Drácula. No es preciso añadir que para los rumanos este hecho supone un equivalente a lo que pensaríamos en España si El Cid sirviera de inspiración a un autor para el personaje de un muerto viviente.

Las delicias que describe la elegante y poética prosa de Alejandra Pizarnik, junto a las descripciones de las ocurrencias de la condesa, pueden estremecer a cualquier lector, o bien solazarle si comparte aficiones con la protagonista del relato.

Tan importante como el texto, el trabajo de ilustrador de Santiago Caruso. El artista argentino denota en sus obras la influencia surrealista, que con tanto esmero acompañan al estilo de Pizarnik, acusada de surrealista en casi todos los manuales, prerrafaelita y, también, de la imaginería gótica al estilo del director de cine Roger Corman. Nos arrebatan a tal extremo las imágenes, que nuestros ojos pueden sufrir un serio trastorno al no decidirse entre la palabra o el dibujo. Por otra parte se agradece que Santiago Caruso no desarrolle ese tipo de ilustración, que pronto se convertirá en academia, y que siendo irreprochable hace que todos los libros parezcan el mismo.

Los editores han elegido con acierto para la portada una ilustración que, inspirada por el estilo paranoico-crítico de Salvador Dalí, juega a la doble interpretación.

En resumen, una pequeña, o tal vez no tan pequeña, joya.

La condesa sangrienta. Alejandra Pizarnik,
Libros del Zorro Rojo, Barcelona-Madrid, 2009.
Ilustraciones de Santiago Caruso.

¿Qué hace mi generación?

17-junio-2009 · Imprimir este artículo

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No puedo negar que me gustaría escribir sobre el disco de Iggy Pop que tan enganchado me tiene; o relatar mi último viaje a tierras acaso exóticas para el lector. Pero no lo voy a hacer. No sólo en esta nuestra/vuestra casa se pueden encontrar otras plumas que lo hacen mejor, tanto escribir de música como de viajes, sino que me parece sentir que me toca a mi hacer el papel de poli malo y hablar de las cosas desagradables. En fin, nobleza obliga.

Siendo importantes, las incontables razones que la vergonzante clase política me da para decir a quien me quiera oir que la democracia “No es eso, no es eso” no son el detonante principal de mis continuas pataletas. Que el presidente Rodríguez y su gobierno títere llevan mintiendo desde días antes de llegar al poder lo sabe cualquiera que siga mínimamente los asuntos de la corte y no sea un cínico redomado, por tanto no nos pilla de sorpresa su enésima mentira; como tampoco es una sorpresa que el Delfin Rajoy Brey crea que su ilegitimidad de origen puede ser ocultada por la indecencia de su oponente. Sólo son gotas en un vaso colmado.

Hoy me han enervado un par de noticias que muestran  las raíces del fracaso español como proto-democracia y que revelan nuestra incapacidad como sociedad para proveernos de los contrapoderes imprescindibles:

Por una parte, el «Estado de las Autonomías»

El Presidente de la Junta de Andalucía pide las competencias sobre los Chiringuitos de Playa

ERC pide la supresión de tres Ministerios… por estar cedidas las competencias.

Por otra la «generación más preparada de la historia de España», apunto de ser superada por la siguiente:

En conclusión sólo el 20% del 91,2% de los alumnos catalanes de 12 años domina todas las competencias evaluadas que se consideran mínimas para su edad.
Competencias Mínimas

O acaso, lo que en verdad obligue, sean un par de cosas vistas por ahí:

Y aquí mi generación va a quedar retratada como la más pasiva de la historia de España, que a sus 30 años deja que le cercenen totalmente su futuro sin apenas mover un dedo. Tienen que ser los viejos de los astilleros, el sesentón Roberto Centeno, el otro Niño Becerra, toda la gente que tiene ya su vida hecha los que levantan la voz. Es muy triste la situación.
Alberto Noguera

Suena King of the Dogs de Iggy Pop.

Sala off limits: ensayos para alteración de la realidad


Quienes conozcan la agitada e intensa vida cultural del madrileño barrio de Lavapiés estarán, con seguridad, completamente al tanto de la intensa y extensa actividad de Offlimits (www.offlimits.es)

Una actividad que acoge diversos proyectos centrados en las artes visuales y en la apertura de espacios alternativos de encuentro entre jóvenes creadores. Desde 1998, Offlimits lleva conjurando la creatividad de nuestro panorama cultural en ese sugestivo horizonte de lo experimental, atendiendo tanto al arte de vanguardia como a la creación de espacios de encuentro e intercambio humano.

Off Limits es un proyecto de Lurdes Fernández e Ignasi Vendrell: Arte contemporáneo, social, político, con consecuencias, pero también creatividad, arte electrónico, música o urbanismo. Un espacio expositivo, de debate y encuentro que, a través de producciones propias o selección de proyectos investiga y ensaya formas de alteración de la realidad contemporánea…

¿De dónde viene la apuesta de Off Limits por el encuentro entre jóvenes creadores?

Off Limits apuesta por la creación, no exclusivamente por los jóvenes valores. Creemos que compartir experiencias es vital para expandir sus límites. Las “tribus”, los encuentros que se desarrollan en el espacio, entre personas interesadas en áreas tan dispares como artes visuales, escénicas, creatividad, o estados de conciencia, por poner solo algunos ejemplos, tienen ese fundamento: servir de lugar de encuentro, reflexión y puesta en común de ideas o proyectos.

¿Por qué Lavapiés y por qué el arte audiovisual?

Lavapiés es un barrio multicultural, diverso. Nos gusta porque aglutina a gente de todas las edades, trabajadores, artistas y porque en general su población es inconformista y capaz de articular respuestas colectivas ante problemas y agresiones.¿Arte audiovisual? No exclusivamente, ya habéis visto todas las áreas que tocamos.

¿Qué destacarías de entre vuestros futuros proyectos?

Este año Off Limits cumple tres años! Toda una mayoría de edad. Queremos internacionalizar nuestros proyectos para establecer redes con proyectos similares en el extranjero. Aprovechar la energía generada por las “tribus”, para que interaccionen entre ellas: ¿os imagináis lo que puede surgir de la mezcla entre postporno y artes escénicas, o entre robótica y estados de conciencia?. También queremos transformar nuestra red de visitantes en una comunidad online. En cuanto a proyectos concretos, por fin vamos a poder mostrar, tras dos años de trabajo, el libro y la exposición de Virginia Villaplana sobre memoria histórica, un proyecto imprescindible!.

Razones para un libro


Hay muchas razones por las que leer De las naciones a las redes. En primer lugar porque es un libro divertido, con una parte muy curiosa y algún hallazgo histórico interesante (como que el esperanto se creó como alternativa al hebreo moderno que hoy se habla en Israel y que nacía por aquel entonces).

En segundo lugar porque representa algo así como el testamento del ciberpunk español y no en vano es una obra colectiva. El ciberpunk español fue no sólo uno de los primeros movimientos vinculados a la Sociedad Red en el mundo, sino que seguramente es el que haya dejado un legado teórico más profundo, interesante y actual. Si te gustó y te aportó El poder de las redes, no puedes dejar de leer De las naciones a las redes.

Hay que decir que no es un libro ni sobre ni contra el nacionalismo. Es un libro que se pregunta qué viene después y si lo que suceda a la época de los grandes imaginarios nacionales debe algo o no a los que en su momento se resistieron a aceptarlo.

Finalmente es un libro que se queda a las puertas de algo especialmente grande e interesante: el neovenecianismo y los neovenecianistas. Un mundo entero por explorar e investigar en todas sus dimensiones, desde la diplomacia corporativa a la filé

La filé no es ni más ni menos que la fusión de comunidades virtuales y metabolismo económico, planteando un nuevo horizonte a la democracia económica que tiene que ver no sólo con las relaciones laborales y profesionales, sino con la identidad y la forma de organización social en una sociedad del conocimiento. Tanto un tema como otro merecen sus propios trabajos y libros. Más en un momento donde el sistema de organización empresarial, el sistema mismo de incentivos y la lógica identitaria que une uno con otro han hecho aguas y puesto a la sociedad entera en mitad de una tremenda crisis económica y pronto social que es antes que nada una crisis de alternativas.

De las naciones a las redes es pues la linde que cierra el pensamiento sobre una etapa histórica y abre el de otra nueva. La reflexión sobre la Sociedad Red de los 90 y esta década fue optimista y tuvo en el mito de la enredadera su propio mito de la razón al estilo de los ilustrados a caballo de los siglos XVIII y XIX.

Sin embargo, como ellos, hemos visto y vivido cosas que por si justificarían el paso de un libertarismo naif, como el del primer liberalismo decimonónico, a una suerte de nuevo romanticismo. Y si el principal legado de aquella transición fue la reordenación del mundo en naciones que sirvieron de base a la transformación de la economía agraria a la industrial, el de hoy tiene que dar alternativas. Alternativas no sólo al mundo que heredamos de entonces, sino sobre todo a las otras alternativas que no han nacido fundadas en valores de libertad y cohesión. Alternativas que son, a día de hoy, más poderosas que el neovenecianismo, económicamente más potentes que la filé e históricamente tan legítimas como el neovenecianismo: las grandes redes vinculadas al crimen que se hacen con estados e instituciones en descomposición, de México a Guinea Bissau pasando por Brasil, las enredaderas yihadistas que resisten vigorosas de Sudán a Pakistan, los nuevos piratas que vuelven a poblar los mares de Somalia a Malacca…

Si el ciclo épico de la nación se basó en la elaboración del mito de un destino colectivo desde la lírica del territorio, la gran tarea de nuestra generación será construir las herramientas e instituciones que permitan a las personas construir su identidad y cabalgar su propio destino en un mundo de fronteras difusas y verdades en conflicto.

Si De las naciones a las redes es recordado en el futuro lo será por haber sido el primer intento consciente de empezar ese viaje.

(Este libro puede descargarse por Internet en www.deugarte.com o comprarse en formato tradicional. Está editado por El Cobre. Una iniciativa de Planta 29)

Transindentidad


No cabe la menor duda: Yo me identifico, tú te identificas, él se identifica, nosotros nos identificamos, vosotros os identificáis, ellos se identifican… ¿Quién no se identifica?

La cuestión es no confundirse con el pecho del que uno mama, el nombre que nos pusieron, la camiseta que vestimos, la lengua que hablamos, la patria que habitamos, el amor que gozamos, la tumba donde reposamos o la religión que nos trasciende…

Participamos de esto y en aquello, sin ser ni lo uno ni lo otro.

Las identidades son acumulables, intercambiables, extensibles. ¿Por qué fosilizarse en una de ellas, negando las demás posibilidades?

Las redes de hoy suceden a las viejas naciones, la espiritualidad, a las religiones, la poliidentidad a las limitaciones.

En medio de las guerras de religión, el místico Ibn Arabí sorprendió a propios y extraños con una verdad que le costaría la vida: “Mi corazón se ha hecho capaz de revestir todas las formas: es pradera para las gacelas y convento para el cristiano, templo para los ídolos paganos y peregrino hacia la Kaaba, las tablas de la Torah y el libro del Corán. Mi religión es la del amor, donde quiera se encamine la caravana del amor, allí irá mi corazón…”

¿Otra forma de identidad?

El cumpleaños del pato Donald

12-junio-2009 · Imprimir este artículo

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El 9 de junio el pato Donald cumplió 75 años. Y, en ese mismo día, me topé con dos lindes extremas del mundo editorial y de los libros.

A primera hora de la mañana un señor, que durante años se ha ocupado de la venta de vinos  o de cualquier otra cosa semejante, ahora metido a editor, me  subastaba un libro interesante que, por algún motivo del extraño destino, ha caído en sus manos para desgracia de la cultura y beneficio de su bolsillo. Está claro que el libro necesita de una industria y que los editores deben velar por el negocio del mismo, con el fin de seguir ejerciendo su función y ganarse la vida. Pero este “negocio” no puede medirse, o mejor dicho, no debe medirse  con los mismos patrones que las churrerías (y no sólo por el aceite y la freidora). Les mencionaré un ejemplo contundente: el mundo no será mejor si existe cierto modelo de coche, o de reproductor de vídeo o de música, o si  una plancha interpreta canción española mientras expulsa sus vapores, en cambio, el mundo y sus habitantes pueden empeorar si se les priva de la posibilidad de la lectura de ciertos libros imprescindibles, o del simple juicio crítico que la lectura despierta.

La decisión de arropar el futuro del libro bajo el palio de las ventas, o en los auspicios del interés personal de “unos elegidos intelectuales”,   resulta equiparable a permitir que otros decidan nuestras lecturas y, por extensión, una parte muy importante de lo que nos acredita como individuos. Si a esto unimos la pereza intelectual que la sociedad fomenta la cretinización resulta evidente. Para romper con esas “doloras” se precisa de editoriales pequeñas y editores que se atrevan a perder dinero, o incluso que se introduzcan en el mundo editorial con “vocación”, una palabra en desuso que tanto significa.

Quienes vociferan que la industria del libro, léase de la música o de cualquier otra forma de arte, debe considerarse como un “negocio más” añaden a nuestro mundo una letra en el fin de “interés general” de  completar la palabra “alienación” en los individuos. Tampoco las ayudas del estado conforman una solución a las posibles pérdidas de editores, puesto que la independencia de la cultura debe primar por encima de todo. La única manera de atajar el problema reside en la educación y en unos medios de comunicación que fomenten el juicio crítico. Probablemente entonces todo libro tenga su lector.

Ese mismo día, el del cumpleaños del pato Donald, tuve la suerte de encontrarme en la preparación de cierto acto con José Luis Orós. Durante nuestra conversación me regaló  un catálogo primorosamente editado y encuadernado. Y resulta que mi amigo lleva un tiempo metido a editor de libros artesanales y tiene , entre sus cometidos, la recuperación de grabados antiguos y de obras de bibliofilia desaparecidas. Los ejemplares los realiza ayudado por su esposa Nieves Francia; ellos encuadernan, preparan el papel, imprimen, se ocupan de tratar los grabados…. Según reza l a portada del catálogo: “Se hacen uno a uno… con ALMA”. Paso las hojas y me encuentro con el increíble libro Monstrorom, con una selección de marcas de impresor, con grabados de una edición de La Celestina…

En posturas como la de mi amigo Orós reside la posible salvación de nuestro mundo decadente.  Desde luego  mi amigo se encuentra en las antípodas de los editores que invierten en títulos como si lo hicieran en la bolsa. La voluntad de esa pequeña editorial “de libros imposibles” nos ennoblece a todos, tales esfuerzos asegura la continuidad de ciertos individuos dignos de serlo.

Todavía recuerdo durante un congreso a un pequeño editor sonriente que aseveraba: “No quiero que mi editorial sea como la de esos poetas que no venden ni un libro”. En ese momento supuse que se refería a Concha Méndez y Manuel Altolaguirre y a su editorial Héroe donde se publicaron buena parte de las obras de la generación del 27; o tal vez lo mencionaba veladamente el editor  a esas colecciones heroicas de la postguerra española donde comenzaron a publicar autores como Ángel Crespo, Gabriel Celaya, Gloria Fuertes, Juan Eduardo Cirlot, Francisco Nieva, Antonio Fernández Molina…, o a las editoras de la primera edición del Ulises de Joyce, o remontándonos algo más, quizá se refería a Juan Boscán que se empeñó en publicar, en una de esas arbitrariedades de poeta, los versos de su amigo Garcilaso de la Vega.

Pero mientras ese pequeño editor se vanagloriaba de su imperioso deseo de lucrarse a toda cosa y menospreciaba a los que con su esfuerzo han inseminado la cultura recordé un tiempo lejano. Un tiempo que rememoro con nostalgia, una época en la que los hombres no hacían ostentación de sus debilidades y, menos todavía, de su mezquindad.

 

Y todo esto sucedía y recordaba durante la onomástica del pato Donald…

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