La lección del profesor Neira

9-octubre-2008 · Imprimir este artículo

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Ya hemos oído esta historia en alguna parte, pero seguimos sin entender su moraleja. Cuando nuestro amigo y colaborador, el profesor Jesús Neira evitó una brutal agresión a una mujer no podía sospechar con qué clase de gente había topado, ni podía entender las razones de esa costumbre tan frecuente y miserable de pegar mujeres. Aquello le pareció intolerable. Esta certeza y su determinación, le impidió esquivar un destino que le ha llevado a recibir una brutal paliza y a pasar sesenta días en coma, pendiente sólo de un hilo transparente que mantiene en vilo a sus seres queridos.

La belleza interior que alimenta el gesto de Jesús ha sido la constante de su vida. La dignidad frente a los abusos de poder viene acompañada, en el caso de Neira, con una brillante inteligencia y una pasión irrefrenable por la libertad política. El profesor Neira es de la rara e incómoda especie de los hombres libres. ¿Qué otro tipo de persona podía rebelarse con tal determinación contra aquella bestial y miserable violencia?

Jesús ha pagado un precio muy alto por su dignidad y por la libertad de los demás. En realidad, lo ha pagado toda su vida…

Y también, es hora de decirlo aunque sean hechos distintos, lo pagó en la Universidad. Y de qué manera. Algunos de los que ahora le ensalzan no movieron un dedo sino para defenestrarlo cuando, por cambios en los planes de estudio, desapareció la asignatura que Jesús impartía con brillantez. Entonces les inquietaba el preclaro e independiente profesor de Teoría del Estado, y nada les importó que tuviera premios extraordinarios, que fuera un demócrata radical, un profesor querido. Siempre resulta incómoda la voz que señala los abusos. Y qué cosas decía el profesor Neira, ¿verdad? Por eso, “ni los hunos ni los otros” consideraron que mereciera seguir siendo profesor de la Universidad Complutense, que no le reconoció -caso único en su historia- su estatus, y que le hurtó plazas secundarias en concursos humillantes y kafkianos. Un calvario de años que no le hizo bajar la cabeza, pero que sí le hizo sufrir mucho, a él y a los suyos. Jesús ha vivido durante demasiado tiempo un verdadero e injusto exilio interior.

Recuerdo que, en aquellos días, alguien que hoy ostenta todas las dignidades en otra universidad catalogó a Neira de “profesor conflictivo” para impedir que lo acogiera un Departamento. Qué buena vista tuvo su excelentísimo. Tenía toda la razón. De la misma manera, Neira podía haber mirado para otra parte cuando el destino le puso a prueba aquella fatídica mañana de la agresión. Que se lo digan a Alejandro, el hijo que le acompañaba y que está orgulloso de que su padre hiciera exactamente lo que hizo a pesar de la horrible paliza que recibió delante de sus impotentes ojos de niño.

La Vicepresidenta del Gobierno ha dicho de corazón que Neira ha arriesgado su vida por todos nosotros. Gracias señora: así es.

¿Tendrá ahora un gesto la Universidad Complutense para remediar la injusticia que se cometió con el profesor Neira?

La oferta cultural de la UEx

8-octubre-2008 · Imprimir este artículo

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La oferta cultural de la Universidad de Extremadura (UEx) para el primer cuatrimestre del curso contempla 52 actividades culturales. La programación comenzará el próximo día 13 de este mes y estará destinada no sólo a la comunidad universitaria, sino que será abierta para todas la sociedad extremeña con “atractivos” precios de matrícula.

En principio, las 52 actividades se distribuirán en torno a 40 cursos y talleres, junto a los cinco conciertos y las distintas exposiciones y encuentros que se mantendrán con escritores y artistas.

Así, hasta el 22 de enero los cuatro campus albergarán una programación que ha experimentado en los últimos años un notable incremento tanto en el número de alumnos como de eventos, según informó la UEx en nota de prensa.

Durante el pasado curso, se registraron casi 150 actividades con más de 900 personas matriculadas, sin contabilizar aquellas que asistieron a los conciertos, muestras de teatro y exposiciones. Estas cifras indican que se ha cuadriplicado el nivel de participación desde el curso 2003/2004 en el que tan sólo se inscribieron 200 alumnos repartidos en 50 actividades.

Para la vicerrectora de Extensión Universitaria, Pilar Mogollón, este aumento cualitativo y cuantitativo se debe a la regularidad con la que se ponen en marcha las programaciones. El día de comienzo del curso los alumnos y personal de la UEx ya disponen del tríptico donde se incluye toda la información; y en la web del Vicerrectorado también se encuentra toda la información referente a nuestras propuestas culturales”. Mogollón añadió que se ha sumado y modificado actividades atendiendo a la demanda y gustos de la gente.

AULAS

El grueso de la oferta cultural se distribuye en siete aulas permanentes: Arte, Cine y Vídeo, Danza, Fotografía, Literatura, Música y Teatro.

En esta ocasión, el aula de Cine y Vídeo contará con un taller de guión de cine impartido por la guionista y directora de cine Irene Cardona, que obtuvo en 2007 el premio Biznaga de Plata a la Mejor Película por ‘Un novio para Yasmina’, y el Premio del Público y a la Mejor Actriz en el Festival de Cine Español de Málaga.

En este aula también se incluye un taller de documentales en el marco del Festival Extrema’doc que impartirán profesores de la Asociación para la Promoción del Documental en Extremadura.

En el aula de Arte se incorporan como profesores los artistas plásticos que obtuvieron la beca de la Junta de Extremadura para su incorporación temporal en la UEx, Hilario Bravo y Jesús Pizarro. Lo mismo sucede con el aula de Literatura en el que habrá encuentros con los escritores becados José María Cumbreño España y Francisco Rodríguez Criado.

Dentro del aula de Arte cabe reseñar unas jornadas de Graffiti que se han organizado con la colaboración de la Consejería de Cultura y el curso de Iniciación al Cómic que comenzó el año pasado en Plasencia y disfrutó de una elevada demanda. Además, el cómic es una de las modalidades que se incluyen dentro del Certamen Crea Universidad que organiza el Vicerrectorado de Extensión Universitaria.

OTRAS ACTIVIDADES

Junto a las aulas permanentes, la UEx ha organizado para este primer cuatrimestre el ‘VII Danzamaratón 2008′, exposiciones de pintura y fotografía y cursos de títeres, yoga y flamenco.

El ciclo de conciertos programados dentro de esta oferta cultural se abrirá el 16 de octubre en Plasencia a cargo del Coro Universitario de la UEx.

Máster en Banca

8-octubre-2008 · Imprimir este artículo

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La Universidad de Cantabria retoma un año más el Máster en Banca y Mercados Financieros, en el marco de la colaboración con el Banco Santander, a través de su División Global Santander Universidades, mantiene con esta universidad. El Máster Universitario en Banca y Mercados Financieros ha recibido solicitudes de matrícula procedentes de España, y también de Chile, Brasil, Colombia y México.

El curso consta de 700 horas lectivas repartidas entre clases presenciales, conferencias, prácticas y seminarios. Su programa se organiza en bloques temáticos sobre Fundamentos de Economía, Negocio Bancario, Mercados Financieros, Contabilidad y Control, Fiscalidad y Legislación, además de una asignatura «Business Comunication» que se imparte íntegramente en inglés.

La Universidad de Cantabria y Banco Santander desarrollan conjuntamente esta maestría desde 1996. El objetivo es especializar cada año a un selecto grupo de universitarios en el conocimiento del negocio bancario, el funcionamiento de las entidades y en la operativa de los mercados financieros.

El curso se imparte en tres países: España (en la Universidad de Cantabria), en México D.F. (Universidad de Anáhuac desde 1999) y, a partir de este año, en Marruecos.

Más cadaver y más exquisito

8-octubre-2008 · Imprimir este artículo

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Su párpado temblaba rítmicamente, contrastando de manera ostensible con la quietud de su cuerpo. Su delgadez recordaba a los viejos esqueletos de las clases de anatomía, lo perseguía un denso olor a tabaco negro.

Las tres monedas estaban allí, en su bolsillo, de modo que no podía seguir aplazando la decisión: conocer el futuro o asegurar el presente. Si salían las tres caras, la mataba; si eran una caras y dos cruces, se casaba. Las otras combinaciones significaban decisiones no tan radicales, pero no menos terribles.

Lanzó la primera moneda y salió cara, repitió por segunda vez y resultó lo contrario. Decidido a resignarse a la probabilidad, probó suerte una vez más. La moneda brincó pronunciando varias sílabas metálicas. El resultado: ¡de nuevo, cara! ¿Por qué el azar le hablaba en un lenguaje tan oscuro? Su oráculo era tan incomprensible como el acento escocés. Casaría a su primera víctima, luego la mataría, pero ¿se mataría después a sí mismo? Lo decidiría mientras invertía esas tres monedas en un tentempié, un whisky, o una noche con una ramera. Casi todo se podía comprar; casi todo, salvo el propio destino.

EEES: Espejo y Rostro de Europa

La construcción del soñado Espacio Europeo de Educación Superior es en última instancia imposible, porque imposible es la idea meramente ilustrada de Europa que sigue siendo la matriz de la que el EEES se alimenta.

Con el diseño del llamado Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) trata Europa de ofrecer salida a la aporética situación económico política actual. Pero justamente la educación superior no puede considerarse un campo especial, disociable de concepciones y programas relativos a la idea de Europa que portan sus diseñadores. Es necesario rastrear las raíces del presente remontándonos a la estructura histórica latente bajo la coyuntura actual para estimar el valor de las respuestas que hoy se ofrecen, es urgente hacerlo en el caso del EEES.

La incorporación al proceso histórico de las tecnologías derivadas de las ciencias modernas, contribuyó a un cataclismo cuyo alcance, todavía hoy, estamos tratando de medir. Se trata de un peculiar estado del mundo, la modernidad, cuya peculiaridad no radica en resultar de una crisis, lo que es común a toda novedad histórica, sino en haber instituido la crisis como norma. El EEES es el último índice de esta paradoja.

El efecto inmediato de la dialéctica que gobierna la relación entre ciencias y tecnologías ha consistido en una metamorfosis de la escala productiva de nuestras sociedades. Fue entonces necesaria la ocupación de las instituciones educativas por los contenidos científicos y tecnológicos que posibilitaron esa transformación de la producción. Hasta aquí todo se limitaría a la simple bendición de la abundancia y el aludido cataclismo a una “crisis de crecimiento” que dejaría inalterada la estructura de las sociedades afectadas. No es éste el caso.

Este proceso económico se realiza bajo las coordenadas de un nuevo orden filosófico a través del cual la Europa moderna promovió la apoteosis de una Razón, definida en términos de las ciencias físico-matemáticas y erigida en clave de bóveda de su arquitectura ideológica. Luminosa – acaso cegadora – razón que niega todo lugar a la fe en su concepción del hombre y del mundo. Razón que, frente a la tradición y el dogma, brilla en la conciencia individual de un sujeto apto para la verdad al margen de toda revelación. Así, aunque la cosmología moderna diseñe un mundo que es “una (horrorosa) esfera infinita, cuyo centro está en todas partes y el perímetro en ninguna”, se encuentra entre sus contenidos una conciencia racional que, en el ejercicio de la ciencia, conoce la verdad que permite el dominio del mundo. En virtud de esa potencia racional, cognoscitiva y hegemónica, el hombre ocupa un lugar singular en el mundo; pero no escapa al inexorable proceso de su naturalización. En efecto, esta conciencia, en cuanto “cualidad emergente”, figurará como término de la scala naturae a modo de ápice de la misma. La Europa moderna intentó constituirse en torno a esta idea de Razón, avatar de la ciencia natural en curso.

Pero semejante constitución es imposible, y su ruina patente desde el final de la Gran Guerra. Vemos tres signos fundamentales de su hundimiento: 1. el fracaso final del proyecto positivista de la ciencia unificada, 2. la crisis ecológica asociada a la nueva productividad y 3. el despliegue de una nueva forma de consumo que involucra el desmoronamiento último de toda forma de vida comunitaria. Son tres dimensiones conjugadas del desorden europeo contemporáneo. El programado EEES se nos presenta como un momento de ese desorden, manifiesto en estos signos de nuestro tiempo. Los glosamos en orden inverso:

3. La nueva escala productiva, resultado de la moderna codeterminación de las ciencias y las tecnologías, ha supuesto no sólo un incremento del consumo capaz de absorber la escalada productiva, sino también su transformación esencial. La producción envuelve al consumo y mediante una compleja técnica de producción del consumidor, arroja una forma inédita de subjetividad: desligada, enfática y emotiva. Se trata del sujeto del consumo contemporáneo: individual, lúdico-libidinal y de masas. El riesgo que supone la implantación de esta forma de subjetividad en los ciudadanos-consumidores tienen un eco cierto en el proyectado EEES.

En efecto, asumida la enorme extensión de la educación superior, que ha pasado en España de unos cien mil estudiantes universitarios en los años treinta al millón y medio actual, es preciso acomodar estas multitudes universitarias al mercado de trabajo. El problema aparece cuando este mercado fluctúa sin dirección, tratando de orientarse por un principio delirante que exige multiplicar la producción, diversificando los productos en una vana multiplicación de lo mismo, que satisfaga la subjetividad caprichosa y anhelante de los nuevos consumidores. El mercado de trabajo se hace así errático e indefinidamente fluctuante; y ha de ser en función de este proteico panorama laboral como se diseñe la estructura de una formación que habrá de resultar crecientemente indeterminada, infinitamente expectante de una maduración sin horizonte que ahora se espera en el postgrado. De aquí el énfasis, propio del más vacuo “pedagogismo”, en la formación de indefinidas habilidades, capacidades y procedimientos que den lugar a un nuevo hombre extremadamente versátil y flexible en armonía con el mercado de trabajo al que se dirige. La corrosión del carácter (R. Sennett) que genera esta “forma de formación” – sin materia – coadyuva a la figura del imprescindible consumidor a quien la mención misma de la voz “disciplina” (forma y materia de la educación) pondrá en estado de alerta nerviosa. Pero este hombre nuevo, de suyo inviable, sólo puede subsistir sobre los restos heredados de estructuras comunitarias. El hundimiento de estos elementos comunitarios de la civilización no conlleva únicamente inconvenientes materiales, suplidos por sucedáneos “servicios sociales”, sino sobre todo “la desintegración tanto del antiguo código de valores como de las costumbres y usos que regían el comportamiento humano, una pérdida sensible, reflejada en el auge de lo que se ha dado en llamar (…)“políticas de identidad”, por lo general de tipo étnico/nacional o religioso, y de movimientos nostálgicos extremistas que desean recuperar un pasado hipotético sin problemas de orden ni de seguridad. Estos movimientos eran llamadas de auxilio más que portadores de programas: llamamientos en pro de una “comunidad” a la que pertenecer en un mundo anómico; de una familia a la que pertenecer en un mundo de aislamiento social; de un refugio en la selva” (Hobsbawm.2004. p. 343)

2. Otra dimensión del colapso señala a los efectos destructivos del medio asociados a la nueva productividad. El general reconocimiento del desastre deriva, a mi parecer, de la perspectiva naturalista propia del ecologismo y de su pretensión científica, que armoniza inmediatamente con el enfoque moderno. La modernidad incurre en una plena naturalización del hombre, de suerte que halla un problema ecológico donde hay un problema histórico-político. En efecto, las condiciones biológicas del planeta están integradas y refundidas en el mundo – categoría ontológica – de suerte que su recuperación sólo puede lograrse tratando del mundo a su propia escala. Pero el mundo es sólo un producto de las sociedades históricas de cuya crisis deriva la descomposición y negación del mundo mismo, nuestro actual in-mundo. Es fácil que este lenguaje resulte extraño al lector, que puede tildarlo de metafísico. Indudablemente lo es, pero también es meramente moderno el desprecio de los contenidos metafísicos de una existencia humana que el proyecto de la modernidad quiere estrictamente naturalizada: mera-física frente a metafísica. También esta dimensión del desorden europeo tiene su eco en el EEES, bajo la forma de una privación de contenidos metafísicos y un fuerte acento en la autosuficiencia de los estudios científicos y tecnológicos. Los estudios de Humanidades – definidos por sus contenidos metafísicos: destino del hombre, universalidad cósmica o teológica… – sólo se asumen bajo la consideración de ornamentos culturales o reliquias arqueológicas, inutilidades gratuitas que pueden permitirse sociedades ricas. Ahora bien, esos contenidos metafísicos, al parecer demolidos por la crítica razón moderna, reclaman su pertinencia. No sólo porque es a su escala como ha de afrontarse la cuestión ecológica (el problema del mundo), sino también porque esa es la escala que exige el problema del hombre: baste señalar el aumento del número de suicidios que acompaña al Progreso y contra el que ni el “Programa de la Felicidad” del gobierno chino, ni la plétora de libros de autoayuda… parecen eficaces.

Finalmente, 1. signo metafísico del desmoronamiento de la modernidad meramente ilustrada es el incontestable derrumbamiento del programa positivista de la Ciencia Unificada. La clave metafísica sobre la que descansara el edificio ideológico de la Europa del progreso y la ilustración puede darse por perdida. Esta Ciencia Unificada bajo la forma de una Ciencia de las ciencias (Moral positiva, biología evolutiva, epistemología genética…) ha resultado inviable y con ella se obscurece el horizonte programático de la razón universal, única bóveda metapolítica que podría haber trascendido la fractura de hecho de la Europa moderna en una pluralidad polémica de unidades políticas. La Verdad cede su puesto a una república ingobernable de ciencias plurales e inconmensurables, contradictorias y enfrentadas cuyo sistema sólo logra un estatuto filosófico, que ha de admitir junto a teoremas demostrativos saberes infectos, junto a ciencias estrictas saberes opinables, junto a una razón fracturada, creciendo en sus brechas y sosteniendo el sistema del mundo, un basamento de creencias conformadas. La actual tarea, sobrepujando el lastre de este anacrónico EEES, consistirá en construir esta nueva filosofía si no antimoderna, al menos ya no meramente moderna. Otra tarea no cabe.

Palin

A Juan Manuel de Prada le gusta Sarah Palin, tal y como escribió en su columna para el ABC del pasado 6 de septiembre. No en su feminidad, entiéndase. Gustarle a alguien como mujer esa especie de eslabón perdido entre Esperanza Aguirre y Ana Obregón sería desde luego como para hacérselo mirar. No. A Juan Manuel de Prada le gusta por supuesto Sarah Palin como token creacionista y antiabortista. Como azote del progre, como le gusta escribir despectivamente. No tengo claro que Juan Manuel de Prada sepa alguno de los argumentos de los defensores del derecho al aborto. No tengo claro que, de entre los suyos propios, tenga ni siquiera claros cualesquiera argumentos que no vengan de una sesgada lectura de la Biblia. Pasa con Juan Manuel de Prada lo mismo que en realidad pasa con muchos otros escritores a lo ancho del espectro ideológico. Y es que, puedes ser un magnífico escritor, con un estilo impecable, e incluso un sentido del humor en ocasiones fino y atrevido, pero, por lo demás, sobre casi cualquier cosa sobre la que es posible tener una opinión, ser un completo ignorante. Nótese que escribo derecho al aborto y no simplemente aborto. Les sorprenda o no descubrirlo a los comentaristas conservadores, no existen como tal los defensores del aborto. Como acto quirúrjico, no hay más defensores del aborto que defensores de la lobotomía o defensores de quitarse el frenillo cuando la propia nariz no resulta atractiva. El defensor del derecho al aborto simplemente sugiere que, en efecto, cualquier cosa que una mujer decida hacer con su cuerpo es prerrogativa suya. Sugiere también que una operación que a lo largo de la historia ha venido llevándose a cabo en sucias cocinas o cuartos trasteros con instrumental que haría palidecer aterrorizado a cualquier cocinero de la escuela vasco-navarra; ha de llevarse a cabo en centros sanitarios con todas las garantías posibles. Por supuesto, de nuevo, sugiere que ninguna mujer debería ser interrogada por la Guardia Civil como parte de proceso judicial alguno por haber tenido que ser operada —«¿cuándo vio usted por última vez su frenillo?»— El defensor del derecho al aborto sabe perfectamente que discutir hasta dónde ha de llegar dicho derecho resulta un importante dilema ético que la sociedad debe discutir, escuchando a todos y tomando la decisión más favorable también para todos. A cualquier comentarista conservador puede sorprenderle esta última frase pero, ¡sí! ¡A los progres nos encantan los debates éticos! Lo único que pide cualquier humanista es que un debate ético sea tal, y no se vea contaminado por argumentos sacados de libros arcanos presuntamente redactados por el creador del universo —si el Antiguo Testamento ha sido en efecto escrito por Dios, sorprende desde luego que el propio Juan Manuel de Prada sea bastante mejor escritor—. Me considero un humanista, me considero un defensor del derecho al aborto, incluso me doy por aludido por la etiqueta de progre. Y aún así, la decisión de Palin de dar a luz a un hijo con síndrome de Down me parece encomiable. Desprovista de mérito, por supuesto, dado que para tener un hijo con síndrome de Down sólo son necesarias dos cosas; tener un hijo y que padezca la malformación. En comparación es mucho más meritorio acertar a partir de cuatro números en el sorteo de los EuroMillones. La decisión familiar de que la hija de diecisiete años embarazada tenga a su retoño también me parece encomiable. Y de nuevo, por supuesto, desprovista de mérito. Me permito no citar lo que es necesario para quedarse embarazada, dado que me gustaría que este artículo sobrepase cualesquiera filtros antispam que hubiese establecidos ahí fuera. Estar a favor del derecho al aborto no te convierte en un «raspavientres». En realidad, el veredicto más acertado sobre Sarah Palin ya hubo sido redactado por Sam Harris, el más deliciosamente macarra de los autores del nuevo humanismo: «¿Está Palin remotamente cualificada para ser presidente de los Estados Unidos? No (…) McCain ha dejado de lado cualquier preocupación sobre la cualificación de los miembros de su gobierno para satisfacer el voto femenino y el de los cristianos más conservadores (…) Los americanos suelen desear realmente que gente mediocre sea promocionada a puestos de gran autoridad. Nadie quiere que le opere un neurocirujano mediocre. Ni siquiera que un carpintero mediocre le arregle la casa. Pero cuando llega el momento de investir a un hombre o a una mujer con más poder y más responsabilidad que cualquier otra persona ha mantenido a lo largo de la historia humana, a los americanos les gusta que sea un tipo normal, alguien como ellos mismos (…) Es uno de los puntos en los que el narcisismo es indistinguible del masoquismo. Lo diré claramente; si quieres que alguien como tú sea presidente, o incluso vicepresidente, de los Estados Unidos, te mereces que el resultado sea la sociedad más disfuncional posible. Te mereces ser pobre, que el medio ambiente haya sido destruído, que tus niños reciban una educación de cuarto grado, y sufrir que tu país se implique y pierda todas las guerras, las necesarias y las innecesarias.» Y ahora, hablemos sobre ampliar el derecho al aborto. Mejorar los derechos es un deber de cualquier sociedad. También éste.

Walt Disney y los terroristas suicidas

Hay básicamente dos formas de reírse y dos fuentes distintas de comicidad. A la segunda la llamamos gag. El gag forma parte de la tradición humorística y teatral, especialmente circense, y define algo así como una unidad cerrada de hilaridad pura: tiene que ver con el gusto muy infantil y muy primitivo por la sorpresa desintegradora, por el desorden irrumpiente, con el placer muy instintivo de que las cosas se salgan de su sitio, caigan o se desplomen inesperadamente, descarrilen fuera de su curso natural liberando una cadena causal -las fichas de dominó derribadas en fila- a contrapelo de la estabilidad convencional. Más o menos simple o más o menos elaborado (la silla rota que desbarata la solemnidad del payaso “listo” o la traca de torpezas de Peter Sellers en El Guateque), el gag agota en sí mismo, y en su repetición ilimitada, toda su potencia expresiva. Nos toca y abrimos la boca; nos golpea y sonamos, como un tambor o una campanilla; y si no nos cansa nunca es precisamente porque lo hace todo él, sin necesidad de que nosotros pongamos otra cosa que nuestro cuerpo. Si el arte es la posibilidad -según Kant- de pensar al margen del concepto, el “gag” es la obligación de reírse sin mediación racional o narrativa: una especie de “universal” de las vísceras ante el que rendimos una y otra vez, con ruido de sonajero, todo lo que hemos aprendido y todo lo que hemos experimentado (…)

El gag más reciente, el gag paradigmático al que tratan en vano de imitar todos los autores y todos los géneros -lo he dicho otras veces- es el de las Torres Gemelas de Nueva York: cayeron de un modo al mismo tiempo tan increíble y tan familiar que sus 2.500 muertos apenas mancillaron el espectáculo. Puede que algunos, en Palestina o en Pakistán, contemplaran la escena como la inversión vindicativa del relato imperialista y se alegraran del golpe con rabia de revancha, pero los demás reaccionamos, en Madrid e incluso en Washington, de un modo menos elaborado, por debajo de toda ideología y antes de toda reflexión: sencillamente disfrutamos muchísimo. Técnicamente fue un gag tan bueno que un placer superior sólo podrá ya proporcionárnoslo una explosión nuclear. Tan bueno fue, nos impuso un gozo tan elemental, tan puro, tan infantil, que implorábamos sin descanso, como hacen los niños con el tío que se saca un bombón de las orejas: “hazlo otra vez”, “que ocurra otra vez”. Y como reconstruir las torres, infiltrarse en EEUU, aprobar un curso de vuelo y secuestrar un avión hubiese exigido un esfuerzo (y enseguida un pensamiento), nos limitábamos a ver la repetición por televisión. Aún podemos verla una y otra vez, como el traspiés del payaso listo, y sentir la misma alegría inocente y primitiva y desear sin maldad que ocurra de nuevo, aunque sólo sea en nuestro vídeo. ¿Somos más humanos que en Pakistán? Alegrarse sin razón y sin relato, ¿nos hace más justos o más morales? Después del 11-S vino el gag de Afganistán y el de la destrucción de Bagdad y el de las torturas de Abu Gharaib, mezclados sin solución de continuidad con otros gags menos logrados: un accidente aéreo, unas Olimpiadas, el cabezazo de Zidane, la boda del príncipe, el terremoto del Perú, el mundial de Japón. Todos los gags nos alegraron por igual o al menos de la misma manera, sin residuos ni remordimientos (…) O como he escrito en otras ocasiones: no nos importará el apocalipsis, con tal de que podamos verlo por televisión.

Se ha hablado mucho del terror como instrumento de la política, pero no se ha hablado de la tranquilidad que nos inspira su presentación, de la doméstica trivialidad que nos transmite el formato bajo el que comparece (el terror) ante nuestras miradas. No se ha hablado de la falsa tranquilidad como instrumento de la política. El terror nos calma cada vez que aparece en televisión; el terror nos garantiza la supervivencia cada vez que en un periódico, al lado de la noticia del aumento del PIB o del fichaje de Ronaldinho, leemos este apetecible titular: “La tierra, en peligro de extinción”. Todo son buenas noticias a condición de que nos arranquen del mundo común. ¿16.5000 especies animales amenazadas de muerte? Es un buen gag. ¿El fin del petróleo? Qué emocionante. ¿El encarcelamiento de la Pantoja? Eso quizás nos concierna ya un poco más…

Es esta falsa tranquilidad la que denuncian y desnudan las viñetas que viene construyendo desde hace años Miguel Brieva. Hay una que me gusta especialmente porque constituye el esquema mismo de una corrupción radical que otros hemos tratado de explicar de un modo menos eficaz mediante esos largos rodeos que llamamos libros. En ella se ve a dos jóvenes muy alegres con sendos paquetes de explosivos atados a la cintura, a punto de accionar un detonador. No son palestinos desesperados ni salafitas fanáticos al asalto del paraíso; no han pensado mal y han llegado a conclusiones equivocadas; no quieren cambiar el mundo, ni siquiera para peor. Se trata en realidad de un spot publicitario, el “eidos” de todos los spots publicitarios, el paradigma oculto al que pueden reducirse todos los anuncios y todos los impulsos al consumo. “Y ahora… mátese”, se lee en la parte superior. “Nuevo”, “Adelgace más de 75 kilos en 3 segundos”, “y en su propia casa”, “¡mátese ahora y pague en 12 meses!”. El joven sonríe tentador tratando de vencer las últimas resistencias puritanas de la chica: “¡Ey! ¿Nos matamos? ¡Lo anuncian por televisión!”. Y ella, con esa audacia un poco mimética de las clases medias cuando cometen un exceso -cantar en el karaoke o jugar a las prendas- secunda femeninamente con entusiasmo: “¡Veeengaaaa!”.

Miguel Brieva dibuja y escribe una y otra vez contra el gag de los terroristas suicidas. Ese es casi su único tema, como el de Blake es la alegría sobrenatural, el de Proust la memoria y el de Goya la locura humana. Un terrorista suicida es un sujeto que incurre en la antinomia lógica de matarse matando. Están por todas partes. Están también dentro de nosotros. Matarse matando es lo que hacen, sí, algunos desesperados fanáticos, algunos desesperados, algunos fanáticos, en lugares donde se vive mal por nuestra culpa. Pero “matarse matando” es lo que hacemos también nosotros, sin ninguna desesperación ni fanatismo, en lugares donde se vive ciertamente mejor sin ningún mérito nuestro, y en los que el convencimiento mismo de nuestra superioridad, motor de un consumo -es decir, una destrucción- desenfrenada, instrumento de una producción -es decir, una destrucción- delirante e irracional, derrite muy deprisa los polos, seca los ríos, despeina los bosques, envenena el aire, vacía los pueblos y desnuda a los niños. ¿Cómo se convence a un hombre de que se mate matando? En Pakistán, en Afganistán, en Palestina, en Iraq, se les empuja mucho, se les da una bomba y se les promete el paraíso a cambio de su gesto. Pero, ¿cómo -cómo- se convence a las clases medias occidentales de que acometan el atentado suicida más grande de la historia? Se les persuade de que el gesto es el paraíso mismo. Para una empresa de persuasión tan descomunal hacen falta medios también descomunales: es lo que llamamos capitalismo. Hacer estallar una bomba exigiría más conciencia (aunque fuese negativa) y más valentía por nuestra parte: en su lugar, se nos dan lavadoras, hamburguesas, pantallas de plasma, coches, ordenadores, teléfonos móviles, billetes de avión, refrescos, lencería fina y chocolates belgas. Es ese gag material, placentero, cotidiano (derribo ininterrumpido de mil Torres Gemelas) llamado “mercancía”, que nos arranca del mundo común y que no exige de nosotros sino que pongamos infantilmente el cuerpo. Es el gag de los 300.000 niños esclavos que recogen cacao en Costa de Márfil; es el gag de los 4 millones de congoleños muertos extrayendo de las minas nuestro coltán; es el gag de los millones de campesinos que ayunan para alimentar nuestras vacas. “Un estadounidense bate el récord al engullir 66 perritos calientes en 12 minutos”, nos cuenta, no un chiste de Brieva, no, sino un periódico español que describe el entusiasmo de los 50.000 espectadores que aplaudieron y ovacionaron a Joey Chestnut, el joven terrorista suicida de California capaz de derrotar al seis veces campeón mundial, Takeru Kobayashi, que no pudo devorar más de 63 hot-dog.
Pero el gag de la mercancía no basta. Hace falta también una operación de propaganda sin precedentes históricos, eso que perversamente denominamos “publicidad” para describir y celebrar la invasión del espacio público por parte de los intereses privados.

No es extraño que Miguel Brieva utilice una y otra vez la publicidad para iluminar este dominio terrorista del gag. No es extraño que la publicidad -eso es lo que ven certeramente sus viñetas- concentre ahora toda la audacia estética, antipuritanismo moral y rupturismo revolucionario que hace cien años movilizó el arte de vanguardia para escandalizar al burgués y que hoy se inscribe en el corazón mismo de la mentalidad burguesa: es necesaria, sí, mucha audacia para persuadirnos de destruir alegremente el universo. El spot de Miguel Brieva citado más arriba, esquema categorial del género, no hace sino traducir la famosa síntesis capitalista excogitada por la casa Nike (“just do it”, “sólo hazlo”), eslogan donde convergen naturalmente Bin Laden y Joey Chestnut, Mohamet Atta y el Carrefour. Vemos al monstruo de Nueva York dirigiendo el avión de pasajeros contra la torre de Mahattan y a Dios detrás, tonante en su nubecilla, ordenándole: “Just do it”, “sólo hazlo” (…)

Para que una verdad de este tipo no resulte ni demagógica ni solemne, para que no se convierta a su vez en un gag hay que ser un genio y basta un vistazo a sus viñetas para darse cuenta de que Miguel Brieva lo es. Un genio es alguien capaz no sólo de crear ciertas criaturas -frases o figuras- sino de crear, al mismo tiempo, la única atmósfera en la que pueden desenvolverse. Esa atmósfera es tan potente, tan precisa, tan orgánicamente sostenible que acaba por invadir y contaminar la nuestra, de tal manera que, a fuerza de imponer su extrañeza, acaba por impugnar nuestra familiaridad.

Lo inquietante del universo de Brieva es que es el nuestro (como lo es el de los grabados luciferinos de Goya o el de las cabales metamorfosis de Kafka): es lo que Freud llamaba lo siniestro para describir un alejamiento repentino de la normalidad doméstica pero también un reconocimiento -una identificación súbita- de la irracionalidad integrada. Lo reprimido asalta de pronto nuestro horizonte visual corriendo o desplazando mínimamente la superficie consciente; basta un leve empellón al lenguaje en la misma dirección en la que habitualmente se expresa y basta amortiguar suavemente el color, tensar un poco las líneas de los rostros, aumentar artificialmente la alegría, vestir los cuerpos de otra manera -cosas que sólo puede hacer un gran artista-, para que todo lo que nos parece lleno aparezca horrendamente vacío. Basta seguir hasta el final el espíritu de Disney para que él mismo se voltee en el reverso de Disney, repentinamente amenazador, agresivo, un poco viscoso, un poco metafísico, inesperada cópula entre el capitalismo y el fascismo.

Nadie ha sabido entender como Brieva el terror salvaje que abriga Disneylandia, el desorden metafísico de Mickey Mouse. El más allá del mercado está precisamente acá, en lo más próximo, al lado de la cuna, en el sofá del salón, en el peluche hitleriano, en el Bambi matón, en todas esas criaturas encantadoras y saltarinas que nos hielan la sangre con su felicidad irresistible, con su marcial alegría obligatoria. Miguel Brieva no es sólo un gran viñetista político (como lo son Quino o El Roto) sino un gran artista político, un gran iluminador de civilizaciones cuya obra -este Dinero o su anterior Enciclopedia- pueden compararse quizás, por su refinamiento gráfico y por sus efectos, al inmenso Grandville y a su Otro Mundo (1844), ese inquietante visionario capaz de imaginar exactamente el capitalismo industrial, mientras sus contemporáneos se limitaban a vivirlo vagamente, como Brieva es capaz de imaginar con precisión el capitalismo financiero y consumista mientras nosotros nos limitamos a experimentarlo borrosamente. Como la realidad no es verdadera -digamos con Alfonso Sastre-, para que la verdad llegue a ser real hay que imaginarla intensamente y con todo detalle.

Una imagen no vale más que mil palabras, pero un concepto sí. Un concepto vale de hecho más que mil imágenes. Los conceptos, al contrario de lo que pretendía Spinoza, se pueden mirar, tienen color y a veces hasta nos ladran. Nos dan también miedo. Dan siempre que pensar. Por eso el concepto es lo contrario del gag. ¿Pero puede hacernos también reír? Esa es la primera fuente de risa -en orden ontológico y racional- a la que me refería al principio. Los conceptos imaginados de Miguel Brieva nos hacen reír exactamente al revés que la costalada del payaso listo o el derribo de las Torres Gemelas; no por algo que ocurre fuera y sin residuos, no por algo que les ocurre a otros y que al mismo tiempo los anula, sino por una caída aparatosa en nuestro interior de la que ya no podemos recuperarnos. Está la risa mediante la cual renunciamos a conocer -en la que sólo ponemos el cuerpo- y está la risa extraña, un poco angustiosa, de conocernos, la que acompaña al hecho de caer de pronto dentro de nuestra mente y tener luego que activarla para levantarnos y levantar con ella todo lo que el gran gag del terrorista suicida está a punto de derribar: “no lo hagas, piénsalo”. Hay risas que se agotan en sí mismas y risas que te dejan tan mal sabor de boca que uno no puede dejar de enjuagársela enseguida con una acción (o con una omisión decente). El arte genial de Miguel Brieva es de los que te hacen reír sólo a la mitad del camino y de los que te obligan después a recorrer, quieras o no, la otra mitad. Con esas dos mitades debemos intentar alejar el abismo*

La UJA y su plan estratégico

2-octubre-2008 · Imprimir este artículo

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El Consejo de Gobierno de la Universidad de Jaén (UJA) ha aprobado la actualización de su Plan Estratégico 2003-2010 realizada según los nuevos retos a los que se enfrenta el Sistema Universitario en la actualidad y las premisas establecidas por el nuevo modelo de financiación de las Universidades Andaluzas 2007.

En este sentido, según indicó la UJA en un comunicado, la adaptación del plan ha estado guiada por la necesidad de aprovechar desafíos tales como la adecuación de la oferta formativa de al Espacio Europeo de Educación Superior, la implantación de sistemas de innovación docente, la internacionalización de la actividad docente e investigadora, una mayor aproximación a la sociedad mediante la transferencia de conocimientos al tejido social y con una mayor presencia en la cooperación internacional al desarrollo.

Asimismo, la actualización observa la necesidad de incrementar el papel de las tecnologías de la información y la comunicación a los ámbitos de la docencia, la investigación y la gestión; la incorporación de la calidad como la variable de gestión clave en la UJA y el incremento de la capacidad de emprendimiento de profesores y estudiantes.

Para afrontar dichos desafíos se ha definido un nuevo objetivo estratégico y se han adaptado siete objetivos del Plan Estratégico en vigor. Asimismo, se han definido 13 nuevas líneas de actuación y se han adaptado 16 de las 92 líneas de actuación que contempla el Plan Estratégico actual.

Puesto que se trata de una actualización más que de un nuevo plan estratégico, se ha mantenido el armazón o estructura del actual, centrándose la adaptación fundamentalmente en la definición de nuevos proyectos/acciones que deberían ejecutarse para alcanzar los objetivos estratégicos.

ALTA PARTICIPACIÓN

El Plan Estratégico de la Universidad de Jaén fue elaborado con una amplia participación de la comunidad universitaria y aprobado por el Consejo de Gobierno el 5 de marzo de 2003 bajo el lema ‘Calidad e Innovación para el desarrollo de la sociedad’.

La UJA se convertía así en una de las universidades españolas pioneras en implantar sistemas de dirección estratégica, suponiendo dicho plan un cambio cultural en la forma de funcionar, en la forma de gestionar los recursos y un cambio de planteamiento centrado en las amenazas y oportunidades de la Universidad y en función de éstas justificar la necesidad de recursos.

El año 2003 sirvió para lanzar y difundir el Plan Estratégico y el año 2004 fue el de su desarrollo como marco de actuación y el de diseño de un modelo de Dirección Estratégica en la Universidad de Jaén. En los años siguientes, el plan se ha consolidado como un referente fundamental en las actuaciones de la institución produciéndose un avance importante en su nivel de ejecución y desarrollo.

De este modo, en el año 2007 se encontraban en marcha el 97,70 por ciento de los proyectos contemplados en el plan (214 proyectos) y el nivel de ejecución global del plan se sitúa en un 70,20 por ciento.