Festival Metrorock

Cuándo: 20 de septiembre
Dónde: Complejo Deportivo Cantarranas (Universidad Complutense de Madrid)
(40€ en taquilla y 30€ o 25€ anticipada)

Aparte de la novedad del cambio de recinto del evento, este festival cuya peculiaridad es un descuentillo considerable presentando el abono transporte, el carné de la UCM o el carné joven, nos sorprenderán con la presencia de Andrés Calamaro, Melendi, Los Delinqüentes, Elbicho, Siniestro Total, EL tío calambres, Second, Ragdog, Felix Da Housecat, Stereo Mc´s, Alexander Kowalski, Dorian, The Whip y two pias dj´s.

Ciudad Rodrigo en Fernando Arrabal

16-septiembre-2008 · Imprimir este artículo

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“Las murallas de Villa Ramiro son altas. Abuela nos había prohibido bajar al foso o jugar en las troneras. Yo, con mis amigos, bajaba al foso y veía desde abajo el cielo; las troneras se recortaban en él. Los amigos querían que yo también subiera por la pared del pasadizo, y yo también subía, aprovechando los salientes de las piedras”—así comienza el capítulo octavo de la novela Baal Babilonia.

Esa “Villa Rodrigo” supone una radiografía de Ciudad Rodrigo, localidad amurallada, próxima a Portugal, “Villa Rodrigo” con calles empedradas, caserones y recovecos incendiados; Ciudad Rodrigo donde un sábado recalaba Fernando, ¿un sábado quizá como homenaje a la judería de la localidad arrebatada en otros tiempos a sus legítimos ocupantes?; en fin, digo, decía, que las autoridades y los árboles y las piedrecitas que tropezaban en los zapatos y la loza, y el paseo, junto a las murallas, nombrado como Fernando Arrabal con el busto del escritor y, en definitiva, todo lo silente aunque vivo, tanto como lo bullicioso con frescas carnes, o sea, como los más de diez amigos, escritores, actores y poetas que acompañábamos al autor en su homenaje; toda Ciudad Rodrigo, en verdad, exclamó que nombraba al melillense hijo predilecto mirobrigense; en el teatro, que lleva su nombre, el escritor recitó, y digo bien, recitó un discurso que “ dio a la caza alcance”; el poeta evocó a su familia, a Feliciano de Silva —autor de la buena Celestina— y a la Madre Mercedes, la monja que le enseñó a leer, a escribir, que tenía respuesta apropiada a las preguntas que, en sus palabras, “ a los demás niños les parecían difíciles, pero que a mí me resultaban evidentes”; la emoción rodaba por la voz del conferenciante mientras describía que encontró a su profesora transmutada en el carcelero que, años después, le animaba a comer, con tristes y pacientes cucharadas, bajo el sonsonete “esta por papá, esta por mamá”, para que no desfalleciera al día siguiente durante el juicio; también, según el poeta, la Madre Mercedes se encarnó en las palabras de los dramaturgos Bertolt Brecht y Pirandello; a éste último le visitaba todas las noches una dama vestida de negro, la Madre Mercedes, por supuesto, —replicó Arrabal—, a esta mujer Pirandello la llamó fantasía, pero Fernando Arrabal, gracias, de nuevo, a las enseñanzas de la Madre Mercedes, reconoció en esa visita nocturna a la imaginación, es decir, “al arte de combinar los recuerdos”, como ya definiera en su manifiesto Pánico en el año 1963, de nuevo inspirado ¿por la madre Mercedes?; como preludio a la descrita ceremonia oficial autoridades y amigos seguimos al autor, así como a su tan discreta como radiante esposa Luce, al colegio donde el homenajeado recibiera el magisterio de aquella monja “tan hermosa”, en palabras del alumno; en esa Ciudad Rodrigo, donde se refugió bajo el manto de sus abuelos un niño cuyo padre, por mantenerse fiel a la República, fue condenado a muerte, pena posteriormente conmutada por cadena perpetua; así, ese niño señalado por las graves acusaciones paternas de “santidad civil” encontró asiento en las altas murallas de “Villa Ramiro”, donde hoy ese niño no habla del perdón, sino de la compasión, que él sitúa junto a la generosidad…

De entre la abundante obra de Fernando Arrabal agrupo, según un criterio personal, una deliciosa trilogía formada por las novelas Baal Babilonia y Ceremonia por un teniente abandonado, seguidas por la pieza dramática (representada en España durante dos años de constante éxito) Carta de amor (Como un suplicio chino).

Quizá por las vivencias y dolores, por los ángeles combatidos y batidos en la imaginación de Arrabal, es decir, en la tela de la memoria, tal vez por el talento que tensa la escritura del “hijo predilecto”, tal vez por el tiempo o el dolor del padre perdido… el caso es que esa trilogía reúne algunas de las mejores páginas escritas sobre la guerra civil y la posguerra española …
Tal vez porque son páginas vividas y rumiadas, quizá porque la ingenuidad del niño de Baal Babilonia se descarna a paso lento hasta la tragedia adulta, ya sin consuelo ni excusas, de la magnífica Carta de amor

Los amigos celebramos ese día hasta tarde, hasta casi el solar domingo, a Fernando Arrabal. En uno de los altos muros de la hermosa ciudad, se lee con letras grandes: José Antonio Primo de Rivera, un golpe de pintura roja, bajo el nombre rotulado, se extiende con desiguales brazos, desgarra la piedra.

Libertad vigilada… Un atentado contra la sociedad

16-septiembre-2008 · Imprimir este artículo

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La libertad vigilada es una contradicción en los términos. Para que la libertad pueda serlo, es una condición esencial que el ciudadano sea dueño y responsable de sus actos. Si hay un ciudadano que no es dueño de sus actos, un tercero deberá serlo por él, como en el caso de los niños. Si por el contrario, el ciudadano que no es dueño de sus actos es un adulto, entonces el Estado se hace cargo de él, apartándolo del resto de la sociedad para que no ponga a los demás miembros en peligro.

Todo esto se rompe cuando un sistema penal, ajeno a la realidad y desfasado en sus presupuestos antropológico-rousseanianos, permite que un ciudadano no dueño de sus actos pueda salir a la calle y poner en peligro certero al resto de ciudadanos. La cuestión es: como el sistema penal comete una irresponsabilidad al permitir la libertad a quien no puede usar de ella sin atentar contra los demás (criminal sexual, pedófilo, violador…), el Estado, en lugar de cambiar el espíritu de un sistema penal estúpido, se echa encima la responsabilidad de hacerse cargo de los actos del criminal –pues que no le quepa duda a nadie: si mañana un criminal en libertad vigilada reincide, el responsable será el Estado, porque de suyo, el vigilado lo es porque se presupone en él incapacidad para ser dueño moral y psicológico de sus actos. El estado, al vigilar la libertad concedida a un criminal, se echa encima la responsabilidad de sus potenciales crímenes.

Asimismo, por la puerta de atrás de la libertad vigilada, se quiere vender, para proteger a los ciudadanos, una figura legal muy sospechosa, porque la libertad no puede ser vigilada; ser libre significa que eres dueño, libremente, de hacer lo que te plazca, porque se te presupone que eres capaz de respetar los límites legales, morales y de dignidad de tus conciudadanos. La condición para perder la libertad, así de simple, es que se pruebe judicialmente que has cercenado la libertad de los otros. Y si además, tu cuadro psíquico advierte de que el uso que harás de tu libertad en el futuro será inadecuado, porque emplearás tus decisiones en cometer crímenes contra otros ciudadanos, entonces la solución no es darte una falsa libertad (vigilada) poniendo en peligro a los demás; la solución (en determinados casos) es aplicarte una estupenda cadena perpetua revisable.

Por otro lado, esta patraña de la libertad vigilada no es más que una cortina de humo para tapar la irresponsabilidad del sistema, que sólo se ha preocupado de afinar los protocolos recaudatorios, pero no ha invertido un puto duro en modernizar y centralizar tecnológicamente la justicia. Ahora, en lugar de invertir racionalmente en esto, prefieren entretener a la opinión pública con una medida que nos miente a todos y, además de cercenar conceptualmente nuestro más querido derecho, la libertad, nos costará un pastón, porque alguien tendrá que vigilar al criminal que disfruta de su falsa libertad poniéndonos a los demás en peligro. Por otra parte, será perfectamente inútil, porque si no hay ni dinero ni medios para vigilar a un maltratador, que se sabe perfectamente a quién desea atacar, cómo va a ser posible vigilar durante veinte años a un depredador que puede poner su punto de mira en cualquier persona…

Si alguien no puede hacer uso de su libertad y necesita que un poder superior a él se responsabilice de sus actos, entonces, esa persona no debería disfrutar ni de un solo segundo de libertad, y su destino, mal que nos pese (ja) debería ser que terminara sus días entre rejas.

Dicho queda.