Monarquía y nacionalidades

25-noviembre-2007 · Imprimir este artículo

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La legislatura agoniza como ha vivido, bajo presión constante de los partidos nacionalistas sobre el Gobierno que se apoya en ellos. La debilidad del Ejecutivo es extraordinaria ante nacionalistas que no engañan sobre sus intenciones. Ejercen el método del “consenso” de Gramsci consistente en “sustituir una palabra por otra que dé menos miedo”. Juego de apariencias para una sociedad infantil. Se sustituye “autodeterminación” por “derecho a decidir”. La finalidad permanece y las tácticas se adaptan ante un gobierno en el alambre.

Restan cinco meses hasta los idus de marzo, si se mantiene el empate entre PSOE y PP quien gane se verá sometido al “aro” de los partidos nacionalistas para repetir una historia de presiones y chantajes con precio al alza. La legislatura moribunda ilustra la trayectoria de un Gobierno que ha exhibido y mantiene las grandes estrellas de su acción política. La primera, a lomos del falso “derecho a decidir” en el Estatuto de Autonomía de Cataluña. La segunda ha sido el mal llamado “proceso de paz”, sobre otras cuestiones de menor calado.

Con “derecho a decidir” en el Estatuto de Cataluña quedó patente la voluntad de quebrar la Constitución. Los nacionalistas son tan conscientes de su inconstitucionalidad que han pedido al PP que retire su recurso ante el TC. La directriz es inequívoca: “Cataluña es una nación”, cosa que no se atrevieron a introducir en el texto de la propia Constitución en la que participaron los nacionalistas sin convocar al poder constituyente. Han usado la peor técnica de reforma de una constitución, la mutación constitucional en materia tan grave como la forma de Estado. Desde una ley orgánica cambiar una norma de rango superior. La finalidad la han señalado Maragall al decir que “Cataluña será una nación reconocida en la Constitución de su Estado”, y Pujol al afirmar que “la Constitución ha de adaptarse a Cataluña y respetarla”. Queda patente la formidable barbaridad. Parece ser que Cataluña es la nación y el Estado, los demás tienen que plegarse a su antojo.

Los nacionalistas no solo han ejercido el “chantaje” con los recursos financieros del Estado y las Comunidades Autónomas, también apuntan al Poder Judicial, al blindaje de competencias y otras importantes cuestiones. No les importa que el Estatuto surge de la Constitución, que el “derecho a decidir” es propio del poder soberano y que éste es el pueblo español en su conjunto, no una parte insignificante (10%), como es el cómputo nacionalista global. La parte –y minúscula- no decide por la Nación. Guste o no.

El Gobierno es dócil instrumento de intereses y objetivos nacionalistas, con saldo en fracaso absoluto: el Estatuto de Cataluña en el Tribunal Constitucional, al que ha puesto en trance. El llamado “proceso de paz” con la T-4, los atentados, extorsiones, amenazas etc. Basta una imagen de la legislatura de ZP –léase el Zote del Proceso- con de Juana Chaos paseando con escolta de dos policías. Resultado, un presidente del gobierno en lo peor que se puede decir de un gobernante, en la alta traición a su pueblo. Negociando en secreto y sin enseñar lo que negoció con ETA a la espera de retomar el proceso si pasa los Idus de marzo.

En quiebra flagrante de la legalidad se queman fotografías del Rey. Acto simbólico, sí, pero violencia simbólica de quienes rechazan a España. El Rey ha tenido un aviso de su desnudez política. Zapatero no fue al Congreso a presentar la respuesta del Gobierno por esos actos vandálicos, como hubiese ocurrido en una monarquía parlamentaria como la inglesa. Recuérdese que Major tuvo que defender a la Corona en los Comunes, igual que tuvo que hacer Blair. Aquí, copiadores malos de una pésima forma de gobierno, el presidente del Gobierno sólo terció con unas palabras desde su estancia en la ONU (fuera del territorio nacional) y algunas palabras en el Senado. Ha recibido el Rey una lección de lo que puede esperar.

Nacionalidades y monarquía son dos pactos de la Transición. Cuando la forma de Estado se intenta cambiar sin el concurso del poder constituyente se le da una advertencia al Rey. Es una secuencia cómica porque quienes pretenden atacar al Rey quieren mantener la misma forma de gobierno que les ha permitido atentar contra la forma de Estado. Ya lo advirtieron los nacionalistas vascos en el Senado a comienzos de los años noventa cuando defendían una confederación de Estados, unidos por el hilo inane y suprimible de la Corona.

Es evidente que el régimen de la transición, del consenso, nos ha deparado este rumbo de las nacionalidades. Es hora de decir que la solución proviene del cambio de la forma de gobierno para pasar o bien a una monarquía donde se elija directamente al jefe de gobierno que represente al pueblo español por mayoría directa de sufragios e impida toda pretensión nacionalista de ejercer el chantaje o bien a una república presidencialista. El Rey en su papel constitucional “moderador” no ha moderado ni la corrupción, ni el crimen, ni el asalto al Estado por parte de los nacionalistas. Por tanto lo que hay que superar es un gobierno débil en su diseño constitucional que impida estos espectáculos. No se trata de quemar, sino de razonar y dar la solución superadora, con monarquía o sin ella, a un gobierno sólido, firme, fuerte y garantista de la independencia frente a los tortuosos y torticeros nacionalismos

Vía: Generación XXI

Entrevista a Claudio Naranjo

15-noviembre-2007 · Imprimir este artículo

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entrevista-a-claudio-naranjo“SE HACE UNA EDUCACIÓN FRAUDULENTA”

Por David Barba y Oscar Fontrodona

Tengo 20 años, he estado quince escolarizado. ¿Qué es lo que han hecho conmigo?

Te han robado quince años. La educación se presenta como algo bueno que te hace el Estado “por tu propio bien”. Pero lo que se aprende por obligación no sirve para responder a la curiosidad natural.

¿Cómo me libero? Estoy en la universidad, me quedan años…
La educación te llena la cabeza de cosas que te distraen, y te despista de otras que deberían estar presentes. Primero se necesita cierta dosis de ocio. Pero la educación no es el único factor que nos quita el ocio natural. Hay una industria de distracciones muy poderosa. El fraude de la educación es que te dice: “te enseñaré cosas muy interesantes: cuál es el secreto de la vida…” Y te enseñan hechos científicos, cuando lo que necesita la persona es conocerse a sí misma.

¿Cómo llegas a conocerte?
Hay esa sed metafísica que podemos denominar el llamado de la verdad. Es una sed de búsqueda, y los jóvenes están muy fuertes en la búsqueda. Lo importante es conectarse con el vacío, con el anhelo. Cuando uno despierta, como dice Dante, se encuentra en una selva oscura. El primer signo del despertar es el malestar de la oscuridad: sentir que a uno le falta luz. Pero si buscamos llenar ese vacío con lo primero que podamos pescar, mal asunto. El comienzo de la maduración es estar con ese vacío. Y para llenar el vacío hay que desarrollar el amor.

¿El amor?
El amor. El Dalai Lama dice que hay que tener buen corazón. Y que de eso depende que tengamos un mundo mejor… Pero los ideales del amor compasivo o cristiano no nos han llevado a un mundo menos violento. Porque está prohibido amarse a sí mismo; como si eso fuera egoísta. El amor a uno mismo es el amor por el niño interior, por esa parte natural de uno con la que nacemos antes de que nos metan la cultura en la cabeza. Es un deseo de felicidad instintivo. En la educación falta un principio dionisiaco, de libertad.

¿Qué quieres decir?
La educación no es que tenga que enseñar algo, sino que tiene que dar reconocimiento, darle la sensación al niño de ser visto, de ser considerado, y eso pasa por respetar sus deseos. Por eso es muy importante este aspecto de la educación activa: la consulta del deseo de los niños. En vez de ser un banco de datos, con uno que lo sabe todo ante unos ignorantes que no saben nada, la educación ha de tener un elemento de diálogo, en que el maestro respeta el ritmo de cada uno de sus alumnos, con maneras que permitan aprender de una forma alegre. Acompañados por un adulto no sabelotodo, sino por un modelo de no saber… que le haga sentir bien al niño o al joven. Alguien que acompañe en el descubrir. Un ser humano tiene una sabiduría orgánica. Así como las plantas buscan el sol, se orienta según un principio de placer: de lo que le da placer y lo que no.

Hoy se habla mucho de educación en valores, educación para la ciudadanía…
Sí. Se ha escrito sobre la pérdida de valores. Y ahora se trata de parchear eso. Pero si una persona no es libre, no puede pasarle a otro el valor de la libertad. Si una persona no es solidaria, por mucho que hable de solidaridad, no contribuirá a que sus alumnos lo sean: el niño aprende de lo que uno es, no de lo que uno dice. Por eso digo que los profesores deben recibir ayuda para la autorrealización; no cursos didácticos.

Entonces, ¿la educación no sirve para transmitir valores?
La religión del mercado es tan fanática como han sido otras. Crea la sensación de que para poder sobrevivir hay que ocuparse mucho del dinero, y eso empobrece los valores. La sola educación no puede reparar eso, pero sí puede hacer algo por la devoción: despertar al niño interior, ese músculo del corazón que es el amor admirativo, el amor a lo sublime.

¿Por qué es tan difícil cambiar la educación?
Es notable la inercia burocrática del sistema educativo. Pareciera que la burocracia ya no trabaja para educar, sino para sí misma, para mantenerse. El despotismo de mercado es maquiavélico: la situación de trabajo es tal que la gente se hace muy reemplazable: hay gente muy deseosa de tener tu puesto. Y los educadores se interesan mucho en la paga. La Academia los prostituye, les paga por hacer algo que no le interesa a nadie. Pobrecitos; no los quiere nadie: no los quieren los niños, no los quieren los padres. La sociedad no les venera como venerarían a un verdadero educador. No se les da la gratitud que se le daría a uno que realmente enseña a vivir. Sufren enfermedades psicosomáticas, están quemados, sufren una falta de sentido de sus vidas. Algunos han estado al servicio de la institución tanto tiempo que se han esclerotizado; son máquinas. Los nuevos: habría que acercarse a ellos.

¿Cómo andas de esperanza?
Yo decía con gran entusiasmo: ¡aquí tengo la llave maestra! El SAT es un instrumento que, si se le ofrece a los educadores, pueden crear una educación nueva. Hoy en día, tomando en cuenta la resistencia política y la transnacional del dinero, veo que la educación le da cada vez más prioridad a lo utilitario. El cambio en la educación y en la sociedad depende de una voluntad colectiva.

¿Cómo llegará, ante tanta resistencia?

Cuando estuve en el cumpleaños de Edgar Morin, el año pasado en París, le pregunté: “¿Crees tú que se puede salvar la humanidad?” Después de una pausa, dijo: “Hay un factor a favor, que es el gran peligro”. De aquí a poco desaparecen los Estados nacionales. Cuando no esté ese contrapeso, el libre mercado será más despótico que nunca y la bestia mostrará su cara. El calentamiento de la Tierra hace todo mucho más peligroso. Es el hundimiento de la sociedad tal y como la conocemos. Puede que haya una especie de muerte y resurrección colectiva. El peligro tiene que ayudar, así como hay gente que al borde de la muerte le cambia el sentido de la vida y despierta a un viaje de autorrealización. Puede que la humanidad despierte. Tiendo a ser optimista. Parece que los niños están un poco mejor pese a todo; como más despiertos. Es muy crítico que en la escuela no echen a perder a esta generación, donde empiezan a aparecer niños cristal y niños índigo; hay niños muy especiales en las últimas generaciones. La crisis de la educación obedece, en parte, a un saber profundo de los niños, que son todavía animales relativamente sanos, comparados con nosotros. Los niños saben que estamos al borde de un naufragio, y que por tanto es irrelevante buena parte de lo que se les dice. Saben que se hace mucho una educación de mentira, una educación fraudulenta. Es una total fraudulencia asegurar que esas cosas que se enseñan (esa interiorización de un saber normativo) son las que al niño o al joven le van a valer. Los educadores son los que menos lo saben porque están domesticados, programados para educar así. Pero los niños no compran eso, y rechazan la educación porque ven sus trampas. Están más adelantados.

Entrevista a Carla Antonelli

12-noviembre-2007 · Imprimir este artículo

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“Es opción de cada uno a sentir lo que es y poder llegar a serlo”
Ya casi nadie discute que Carla Antonelli es una bella mujer. Ella lleva toda la vida luchando por poder ser quién es y que los demás lo reconozcamos. Su paso por la política ha hecho posible la aprobación de la Ley de Género. Ahora Carla vuelve al espectáculo con la serie de Antena 3 El síndrome de Ulises. Al preguntarla por su vida, Carla me confiesa que su lucha la ha hecho ser lo que es. Se acabaron las huelgas de hambre y la clandestinidad, la exclusión social y la estupidez de pensar que un ser humano responde a un estereotipo o está preso de una determinación biológica. El viaje de Carla es un viaje por la libertad. Y La libertad es precisamente lo único que nos hace humanos.

Carla, ¿desde cuándo te sientes mujer?
Yo nunca me he sentido hombre, incluso cuando no sabía lo que sentía estaba más o menos claro que yo no hacía lo que hacían otros chicos. Posteriormente empecé a tener una noción clara de la diferencia.
Esto no es una cosa de levantarte un día y decir que eres mujer. El sentimiento y la percepción siempre es la misma, cuando no sabes lo que te está sucediendo ya te percibes de una manera.

Supongo que ser transexual no ocurre del día a la mañana…
Yo no me hago transexual, yo soy una mujer, lo que pasa es que mi cuerpo es percibido por los demás como el de un hombre, pero mi sentimiento y mi percepción es de mujer y lo que he intentado es adecuar mi físico a lo que mi mente da por cierto. El proceso de cambio físico lo comencé a los 17 años, mediante tratamiento hormonal…
Entonces supondría un gran escándalo…
Era otra época, no se sabía de la transexualidad. No había Internet. Yo sentía una gran confusión… hasta que encontré a gente que había transformado su cuerpo, y me di cuenta de que ese era el proceso que yo tenía que seguir a sabiendas del rechazo social, discriminaciones y exclusiones en el acceso al trabajo. En aquella época, por el mero hecho de ser transexual ibas a la cárcel y mucha gente te rechazaba.
Mucha gente no distingue todavía entre un transexual y un travesti…
Un (o una) transexual es una persona que necesita adecuar su físico a cómo se percibe, el travesti, nunca mejor dicho, se traviste mediante disfraces y ropas del sexo opuesto, sin continuidad y sin modificación de su cuerpo por otros motivos, a veces de puro fetichismo y no tiene que ver con la orientación sexual… Hay travestis perfectamente heterosexuales.
Se ha discutido mucho sobre si el carácter sexual es genético o se forma a través de experiencias…
Yo creo que la transexualidad se determina desde la gestación, luego existen unos roles y unos comportamientos de género que dicen cómo se tiene que comportar un niño o una niña, pero no confundamos, porque los roles sociales son comportamentales pero no indican la pertenencia a un sexo u otro. Sabemos que el feto es en principio hembra y que con el paso de las semanas se define como chico o chica, pero a veces el sentido de pertenencia se cruza, y no corresponde con tu físico.
El sentido de pertenencia a un sexo u otro es un hecho demostrado. Hay una parte del cerebro que llamamos el núcleo sexual bimórfico y ahí radica la percepción de cómo uno se sienta, hombre o mujer. Se han hecho experimentos de comportamiento con ratones a los que inyectaban testosterona y las ratoncitas se comportaban de una manera masculina y montaban a otras ratoncitas. También se han realizado diversos cortes cerebrales con ratones y luego humanos y se han encontrado partes diferenciativas en un núcleo que está a la altura del cerebelo y que en el caso de los hombres es una ramificación nerviosa dos veces superior a la de la mujer. Hacia los años 90, se hicieron estos cortes a mujeres transexuales, y vieron que eran iguales a una mujer biológica. Sea como fuere, todavía no tenemos certeza de por qué se produce la transexualidad, pero en cualquier caso es una opción de la libertad de cada uno a sentir lo que es y poder llegar a serlo. El origen de la transexualidad es independiente del derecho que tiene cada uno a optar.
¿El comportamiento social no influye en el “imprinting” sexual?
En los años setenta las teorías que relacionaban la transexualidad por el entorno quedaron desfasadas.
Hubo un doctor llamado Money que aseguraba que si operáramos los genitales de un niño y los convirtiéramos en los de una niña, crecería pensando que era una niña. Se hizo en un chico accidentado y pusieron en práctica esa teoría. A mediados de los noventa se hizo público que ese niño rechazó el rol de niña y comenzó a orinar de pie, se negó a vestirse como un chica y cuando se enteró de lo que habían hecho con él se comportó como lo que sentía que era.
Después de la Ley de identidad de género que tanto has impulsado… la situación parece normalizada, y se ha conseguido la igualdad ante la Ley…
Se ha avanzado mucho, con la nueva Ley cualquier transexual español puede cambiar su documento, se haya operado o no de genitales, y eso es lo importante. No requiere una cirugía genital. Es una realidad social y hay que darle cobertura legal. Antes se producía discriminación en trabajos y en muchas situaciones cotidianas. Hemos avanzado pero queda la pedagogía social y la sensibilización, lo que nos llevará a normalizar esta realidad.
En la cuestión sanitaria, deben cubrirse estas necesidades, igual que cotizamos. No es ningún capricho. Nuestro dinero es bueno para el resto de la población y lo contrario debe ocurrir también.
Supongo que te refieres a la sentencia del supremo que dice que el Estado no tiene la obligación de pagar esas operaciones…
Yo ya hice un comunicado al respecto. Desde el año pasado el gobierno quitó la exclusión que existía para la cirugía de las personas transexuales; lo que es alucinante es que los jueces del Supremo no conozcan las leyes de este país y se amparen en leyes derogadas… Esa sentencia se apoya en una Ley inexistente. Es nula.
Después de haber conseguido esta Ley parece que la política ha dejado de interesarte…
He vuelto a mi carrera de actriz, que es lo que soy, pero yo creo que es necesario hacer política a través de los partidos y del parlamento. Está muy bien luchar, pero sin perder de vista que nuestros avances han salido del Congreso de los Diputados. Yo vengo del espectáculo.
¿Es verdad que cuando dejaste tu puesto en el PSOE el PP te ofreció el ingreso?
Sí, fue Javier Gómez. Yo deje claro que me iba por motivos de trabajo, para hacer la serie de Antena 3, El Síndrome de Ulises…
Yo había dejado el cargo pero no había perdido el juicio. Soy una persona de izquierdas y socialista. Este presidente tendrá mi voto mientras se presente, por agradecimiento.
www.carlantonelli.com se ha convertido en un lugar de referencia en la red…
Nadie me lo hubiera dicho. Hace diez años era una página totalmente personal, fue creciendo como lugar de noticias y debate, ahora es útil y sirve, y la gente no se siente sola, y eso es algo muy importante. La cuido mucho. Tiene casi 170.000 visitas mensuales de todo el mundo. Es para todos y yo difundo lo que considero, aunque a veces algunos no estén de acuerdo en que hablen otros.
¿Qué reto profesional ha supuesto para ti la serie El Síndrome de Ulises?
Pues el trabajo bien hecho, con cariño e ilusión. Lo primero era que no chirriara mi personaje. Es digno Y sobre todo dije que sí, porque mi papel de Gloria, que es una mujer transexual y que tiene una niña en adopción es totalmente normalizador y rompe los estereotipos marginales. Yo creo que el personaje de Gloria, puede ser un referente positivo.
Somos seres humanos, todos distintos y diferentes. ¿Por qué un transexual va a ser un calco de otro?
¿Esta serie está por delante de la realidad social?
No. Y el error fue pensar que la Ley iba a provocar una contestación como la del matrimonio gay. No hubo nada. Lo que la gente no entiende es que uno sea mujer u hombre y su DNI diga otra cosa. No hubo, contra la Ley, cientos de miles de personas en al calle y la iglesia no se pronunció oficialmente en contra. Incluso, cuando hice la huelga de hambre, el obispo de Sevilla habló a favor de que se legislaran estos asuntos… Lo que se ve en la serie es totalmente normal.

Un manifiesto por el cambio global de la educación.

6-noviembre-2007 · Imprimir este artículo

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Por Claudio Naranjo

Estoy convencido de que la educación sea nuestra mejor esperanza, pero de ninguna manera la educación que tenemos. Tenemos una educación para que nuestra próxima generación se nos parezca, pero nos urge tener una educación que nos ayude a evolucionar –personal y socialmente- para que podamos así dejar atrás nuestras plagas. Más específicamente, necesitamos una educación para trascender la mentalidad patriarcal, raíz de casi todos nuestros problemas colectivos y meollo de nuestra siempre más grave problemática: una educación que nos inste a dejar atrás modos de pensar y vivir peligrosamente obsoletos.
Cada vez se nos hace más evidente que nuestra vida civilizada surgió como respuesta al reto de un hecho cataclísmico en la historia de la Tierra: el calentamiento y desertificación que sucedieron al fin de los glaciares y de las inundaciones de su deshielo durante nuestra tardía prehistoria. Los territorios del actual Sahara, el cercano Oriente y las estepas rusas fueron un día un oasis verde que constituyó algo así como un jardín del Edén para nuestros antepasados, hacia el fin de nuestro último periodo glacial. Se piensa hoy que con el calentamiento y menor rendimiento agrícola de estas tierras, la adaptación de sus habitantes a la vida sedentaria dejó ya de servirles, y éstos, para poder sobrevivir, no sólo debieron volverse nuevamente nómadas, sino nómadas depredadores, violentos e insensibles. De tales nómadas somos nosotros los descendientes, pues tales “bárbaros” fueron aquellos que conquistaron, invadieron, “civilizaron” o reemplazaron a las poblaciones antiguas de Europa, India y el lejano Oriente.
Decía Gurdjieff que los problemas de la humanidad derivan de que los seres humanos, siendo tricerebrados, no consiguen conciliar sus tres cerebros; y ha descubierto la neurofisiología un cuarto cerebro —la corteza prefrontal— que por su función integrativa respecto al intelecto, la emoción y la instintividad pudiera decirse el asiento de la humanidad propiamente tal.
Decía Tótila Albert que los problemas del mundo derivan de la desarmonía entre nuestras tres personas interiores. Gran parte de mi trabajo ha sido inspirado por las ideas de Gurdjieff y de Tótila Albert, quien, yendo un poco mas allá de Bachofen (historiador suizo que descubrió el matriarcado a fines del siglo XIX), planteaba que nuestra historia ha atravesado por una etapa de nomadismo original “filiarcal” (en que dominaron los valores de la juventud y la instintividad animal), luego la etapa “matriarcal” del temprano Neolítico y finalmente la era patriarcal, iniciada hace unos seis mil años. Planteaba también que estas tres formas de vida fueron la respuesta a las situaciones traumáticas del momento, y que ya es hora de que nos tornemos en hombres completos, en cuya vida familiar, valores culturales y sobre todo, mundo interno, se establezca un “abrazo a tres” entre Padre, Madre e Hijo. Entreveía una era “de los tres”, más allá de la sociedad patriarcal. Pero pensaba que sólo podría ser alcanzada tal sociedad sana a través de la realización de la plenitud “trinitaria” en el corazón de muchos; lo que entrañaría algo así como un cruce colectivo de un “mar Rojo” de la conciencia: un proceso de búsqueda, sanación e iluminación colectivas del que dependerá que dejemos atrás nuestra condición crítica.
Tótila Albert hablaba de una integración entre padre, madre e hijo en nuestra “familia interior”. Pero yo he traducido su lenguaje de las tres “personas interiores” a uno que contempla tres amores: el eros o amor-goce, que se expresa en el amor a sí mismo y ejerce la libertad en la búsqueda de la felicidad; el ágape, benévolo y materno, que subyace al amor al prójimo; y el amor-respeto o philia, que deriva del amor del niño hacia el padre.
En La civilización, un mal remediable, expliqué la “mente patriarcal” como un desequilibrio en el cual se ve exaltado el amor-respeto (que mira hacia los padres, las autoridades y los ideales), se ha eclipsado y falsificado el amor materno, e inconscientemente criminalizado el eros. Por ello, vengo proponiendo una “educación trifocal” dirigida a las partes “padre”, “madre” e “hijo” de nuestras mentes. He sugerido, también, que a la actual educación eminentemente intelectual que ofrecen hoy en día nuestras escuelas se incluya una “educación del corazón”, y que no se olviden el aspecto emancipatorio de la educación o su relevancia a la felicidad (inseparable de la salud y de la virtud). También me parece evidente que la educación (más relevante ahora a pasar exámenes que a comprender el mundo y la vida) deba ayudar también a la gente a conocer su mundo interno y no solo su mundo exterior, y que con ello deba dejar de lado su orientación excesivamente tecnológica.
Pero para que la educación llegue a ser así, es evidente que necesitaremos formadores especialmente preparados. Y será vital para la transformación de la educación, así, la transformación de los educadores a través de un proceso educativo mucho más amplio y profundo que el proporcionado por las actuales escuelas de pedagogía. Además, para que pueda haber tal formación de formadores que se ocupe de proporcionar aquellas competencias que Salamanca non presta, será necesario un método de educación transformador, eficiente y rápido. Y es este, diría yo, mi más significativo aporte a la posible transformación de la educación.
Años atrás me sentía como un campesino de cuento de hadas que, después de mucho tiempo de cultivar los frutos de su tierra experimentando con toda clase de híbridos, se encuentra con algo así como un tesoro: una planta cuyo jugo pudiera matar al dragón que está asolando la comarca.
De pronto me vi habiendo inventado (casi sin quererlo) lo que hacía falta para una transformación rápida y masiva de la educación en el mundo occidental. Sin ignorar el hecho de que la educación ha sido una de las más retrógradas de nuestras instituciones, albergaba la loca esperanza de que pudiera hacerse el milagro. Pues parecía hacerse obvio que nuestra salvación depende de un cambio de conciencia y que solo la educación podría permitirnos inducir masivamente tal cambio evolutivo en el mundo.
Proponía que está en nuestras manos llegar a educar seres más sabios, benévolos y libres de lo que nosotros hemos sido y dejarles la Tierra por herencia a nuestros hijos a través de un acto que nos haría salvadores de nuestra especie. Hablaba para todos porque la comprensión compartida por todos tendría un poder determinante para cómo se desarrollasen las cosas.
Pero ya no me siento como uno que puede decir que es posible transformar la mente patriarcal por medio de la educación. Me parece que, más bien, tal transformación “podría ser posible”.
Pues hay resistencias, ¡y qué resistencias! Ni son muchos quienes quieren el cambio de la educación entre los profesores, cansados, desmotivados, decepcionados e insuficientemente dispuestos a arriesgar sus puestos; ni parecen quererla los ministerios, según ha estado siempre a la vista a pesar de innumerables comités para la Reforma. No la esperan ya los estudiantes, no interesa a los que dictan políticas educativas y menos aún parece quererla el espíritu del imperio comercial global, que solo parece querer que se pueda seguir repitiendo business as usual. Así, digo ahora más bien que tenemos la visión, la metodología y hasta la estrategia, pero no podemos decir que la educación pueda cambiar; sólo que podría cambiar si llega a haber suficiente voluntad política a través de la maduración de la conciencia de los poderosos; o si llega a haber suficiente claridad y consenso en la opinión pública, de cuya legitimación —más tarde que temprano— todo depende.
Les hablo a las autoridades, que tal vez algo pueden hacer en vez de rendirse al imperio comercial pseudodemocrático de Mamón. Les hablo a los profesores, instándoles a que dejen atrás su resignación depresiva y se hagan agentes de un gran sueño. Les hablo muy especialmente a los potentados anodinos, cuyo despotismo oligárquico se oculta tras la máscara de un supuestamente benigno y democrático despotismo del mercado. Y les hablo muy especialmente a los funcionarios de los grandes organismos del comercio global, con la esperanza de comprender colectivamente cómo no solo nos convendría a todos, sino a ellos mismos, cumplir con la responsabilidad que nos cabe de velar por el rumbo de nuestra nave espacial Tierra.