La república en las aulas

30-octubre-2007 · Imprimir este artículo

Por

Lejanas quedan en el tiempo las charlas que el antiguo coordinador general de Izquierda Unida, Julio Anguita, se marcaba en universidades como la Carlos III en Getafe allá por los albores del nuevo siglo con el título de “Hacia la Tercera República”. Hoy, de hacer caso a ciertos medios de comunicación, los actos republicanos en las universidades españolas se limitan a la inevitable quema de fotografías del Rey y a actos de reivindicación del independentismo catalán o vasco. En la Universidad Autónoma de Barcelona, la incineración de un enorme retrato de Juan Carlos de Borbón ante una protesta de apenas trescientos estudiantes de entre los 30.000 matriculados del centro sirvieron a diarios como ABC −más monárquico que la Casa Real- para seguir azuzando contra los catalanes, en su gran mayoría ajenos a tales porfías. Además, la cuelga de peleles alegóricos a la figura del Rey no sólo se ha producido en Cataluña, sino que ha llegado a barrios tan españoles como Vallecas, en Madrid. Pero, lejos de situarnos de lado de un estado monárquico absurdamente represor o de unos nacionalistas con mechero que presumen de republicanos, la pregunta subyacente es: ¿qué queda del espíritu de la República en las aulas? Y, yendo aún más allá, ¿qué hace la universidad española en pro de la Tercera República?

Algunas personalidades políticas han abogado por suprimir las injurias a la Corona como delito, algo que ya ocurre en otros países europeos. Sería lo deseable para no dar una excesiva presencia mediática a quienes buscan notoriedad quemando símbolos y a quienes tratan de hacer su agosto político magnificando hechos tan insignificantes e incapaces de poner en cuestión ninguna institución del estado. Una vez ajustada la legislación, quizás pudiéramos centrarnos en el verdadero debate: hoy, el republicanismo y su corpus ideológico en España está tan fragmentado que es casi imposible su avance social. Lo demuestra claramente un rápido vistazo a la actividad política de los estudiantes en las universidades catalanas (lo que no difiere demasiado de las del resto del estado), donde las asociaciones políticas universitarias acostumbran a seguir el color de los principales partidos políticos: AEP (IC), FNEC (CiU), AJEC (PSC-PSOE), Alternativa Estel (independentismo radical), CEPC (ERC), etcétera. Las dos grandes excepciones, nada desdeñables, son el aún activo movimiento asambleario y el grupo políticofestivo Goliardos.

Como bien saben los dibujantes de El Jueves, todo este asunto de republicanismo de salón basado en la quema de imágenes regias sería para mondarse de risa si no fuera porque esconde una realidad muy triste para el auténtico republicano: la práctica ausencia en la universidad de un verdadero debate constituyente sobre una futura Tercera República que evite lo que hoy parece inevitable: la coronación, en pocos años, de Felipe de Borbón como nuevo monarca español. Faltan ideas, falta cultura republicana, brilla por su ausencia el ideal de justicia social que guió a nuestros abuelos a la consecución de aquella mítica aunque fallida Segunda República que tanto asusta, aún hoy, a la derecha española. En un mundo en que el discurso hegemónico del neoliberalismo económico ha triunfado por completo (ni siquiera los más republicanos e izquierdistas están siendo capaces hoy de proponer unas necesarias alternativas de organización social ante los desmadres que causa esta vida loca de consumo y mercado en la que estamos metidos hasta el cuello), sólo pequeños grupos aislados han tratado de plantear debates y encuentros definitorios de un programario de acción común hacia el ideal de la Tercera República. Pero las últimas convocatorias datan de años atrás. Sólo la Plataforma Estatal Ciudadanos por la República (www.ciudadanosporlarepublica.info), con algunos miembros activos entre profesores y alumnos de diversos centros universitarios, está siendo capaz de aglutinar a los pocos republicanos con proyecto ibérico y corazón tricolor que parecen subsistir en España. La Plataforma reúne a ocho colectivos estatales republicanos. Sus principales líneas de acción son la lucha por la memoria histórica (y, por supuesto, están en contra de una Ley que consideran tibia), el rechazo a celebraciones como el 12 de octubre, que consideran la conmemoración de un genocidio, la oposición a la Casa Real como heredera y continuadora del franquismo y la pervivencia del pensamiento republicano a través de foros y artículos de opinión sobre su ideario. Una de las características principales del movimiento republicano es que, a pesar de respetar el derecho de autodeterminación de los pueblos, mantiene un proyecto común para España, tal como catalanes, vascos, castellanos, gallegos, andaluces, trataron en los años treinta de articular en la península. Por entonces, ni siquiera el líder de Esquerra Republicana de Catalunya, Lluís Companys, era independentista. Su sueño era otro, sus ideales eran los de la integración de los pueblos de España en una República libre e igualitaria; quizás por ello da más grima todavía la actitud de los actuales dirigentes de un partido que hizo historia desde puntos de vista sobre la realidad que nada tienen que ver con su línea actual.

Otro campo de acción republicano muy presente en la universidad catalana y que da una idea de lo poco serio del debate son las habituales convocatorias de butifarradas cada vez que se casa un Borbón o se procede a quemar un retrato del rey. Hay que aclarar para los “celtíberos extramuros de Cataluña” −como decía Manuel Vázquez Montalbán- que una butifarrada es un festejo alimentario que consiste en asar butifarras, comerlas con pan con tomate y all i oli y regarlas con vino tinto. “En Cataluña −escribía el creador de Pepe Carvalho-, una butifarra no sólo es un embutido fresco de magro de cerdo, panceta, sal y pimienta homologado por la Generalitat, sino también un corte de mangas”.

Sí, puede que quemar retratos del Rey sea un corte de mangas. Pero jamás de los jamases, al menos desde la Transición, he oído cantar el Himno de Riego en una universidad española, ni siquiera en su versión catalana (que también existe) o en su versión anticlerical (“Si los curas y monjas supieran…”). La gastronomía es, sin embargo, un aglutinador de protestas extraordinario. Tanto es así que cada partido político, cada línea ideológica, debería tener su propio alimento: si en Cataluña la butifarra es republicana por definición, me atrevo a sugerirle a la ultraderecha que le ponga arrestos a sus manifestaciones pro banderita y se atreva a cocinar criadillas de toro en sus próximas convocatorias. Así podrán decir que hacen falta dos cojones para quemar una foto de Carod Rovira. Dos o más: depende del hambre atrasada que traiga el manifestante.

Monarquía y nacionalidades

28-octubre-2007 · Imprimir este artículo

Por

Por Jesús Neira

La legislatura agoniza como ha vivido, bajo presión constante de los partidos nacionalistas sobre el Gobierno que se apoya en ellos. La debilidad del Ejecutivo es extraordinaria ante nacionalistas que no engañan sobre sus intenciones. Ejercen el método del “consenso” de Gramsci consistente en “sustituir una palabra por otra que dé menos miedo”. Juego de apariencias para una sociedad infantil. Se sustituye “autodeterminación” por “derecho a decidir”. La finalidad permanece y las tácticas se adaptan ante un gobierno en el alambre.

Restan cinco meses hasta los idus de marzo, si se mantiene el empate entre PSOE y PP quien gane se verá sometido al “aro” de los partidos nacionalistas para repetir una historia de presiones y chantajes con precio al alza. La legislatura moribunda ilustra la trayectoria de un Gobierno que ha exhibido y mantiene las grandes estrellas de su acción política. La primera, a lomos del falso “derecho a decidir” en el Estatuto de Autonomía de Cataluña. La segunda ha sido el mal llamado “proceso de paz”, sobre otras cuestiones de menor calado.

Con “derecho a decidir” en el Estatuto de Cataluña quedó patente la voluntad de quebrar la Constitución. Los nacionalistas son tan conscientes de su inconstitucionalidad que han pedido al PP que retire su recurso ante el TC. La directriz es inequívoca: “Cataluña es una nación”, cosa que no se atrevieron a introducir en el texto de la propia Constitución en la que participaron los nacionalistas sin convocar al poder constituyente. Han usado la peor técnica de reforma de una constitución, la mutación constitucional en materia tan grave como la forma de Estado. Desde una ley orgánica cambiar una norma de rango superior. La finalidad la han señalado Maragall al decir que “Cataluña será una nación reconocida en la Constitución de su Estado”, y Pujol al afirmar que “la Constitución ha de adaptarse a Cataluña y respetarla”. Queda patente la formidable barbaridad. Parece ser que Cataluña es la nación y el Estado, los demás tienen que plegarse a su antojo.

Los nacionalistas no solo han ejercido el “chantaje” con los recursos financieros del Estado y las Comunidades Autónomas, también apuntan al Poder Judicial, al blindaje de competencias y otras importantes cuestiones. No les importa que el Estatuto surge de la Constitución, que el “derecho a decidir” es propio del poder soberano y que éste es el pueblo español en su conjunto, no una parte insignificante (10%), como es el cómputo nacionalista global. La parte –y minúscula- no decide por la Nación. Guste o no.
El Gobierno es dócil instrumento de intereses y objetivos nacionalistas, con saldo en fracaso absoluto: el Estatuto de Cataluña en el Tribunal Constitucional, al que ha puesto en trance. El llamado “proceso de paz” con la T-4, los atentados, extorsiones, amenazas etc. Basta una imagen de la legislatura de ZP –léase el Zote del Proceso- con de Juana Chaos paseando con escolta de dos policías. Resultado, un presidente del gobierno en lo peor que se puede decir de un gobernante, en la alta traición a su pueblo. Negociando en secreto y sin enseñar lo que negoció con ETA a la espera de retomar el proceso si pasa los Idus de marzo.

En quiebra flagrante de la legalidad se queman fotografías del Rey. Acto simbólico, sí, pero violencia simbólica de quienes rechazan a España. El Rey ha tenido un aviso de su desnudez política. Zapatero no fue al Congreso a presentar la respuesta del Gobierno por esos actos vandálicos, como hubiese ocurrido en una monarquía parlamentaria como la inglesa. Recuérdese que Major tuvo que defender a la Corona en los Comunes, igual que tuvo que hacer Blair. Aquí, copiadores malos de una pésima forma de gobierno, el presidente del Gobierno sólo terció con unas palabras desde su estancia en la ONU (fuera del territorio nacional) y algunas palabras en el Senado. Ha recibido el Rey una lección de lo que puede esperar.

Nacionalidades y monarquía son dos pactos de la Transición. Cuando la forma de Estado se intenta cambiar sin el concurso del poder constituyente se le da una advertencia al Rey. Es una secuencia cómica porque quienes pretenden atacar al Rey quieren mantener la misma forma de gobierno que les ha permitido atentar contra la forma de Estado. Ya lo advirtieron los nacionalistas vascos en el Senado a comienzos de los años noventa cuando defendían una confederación de Estados, unidos por el hilo inane y suprimible de la Corona.
Es evidente que el régimen de la transición, del consenso, nos ha deparado este rumbo de las nacionalidades. Es hora de decir que la solución proviene del cambio de la forma de gobierno para pasar o bien a una monarquía donde se elija directamente al jefe de gobierno que represente al pueblo español por mayoría directa de sufragios e impida toda pretensión nacionalista de ejercer el chantaje o bien a una república presidencialista. El Rey en su papel constitucional “moderador” no ha moderado ni la corrupción, ni el crimen, ni el asalto al Estado por parte de los nacionalistas. Por tanto lo que hay que superar es un gobierno débil en su diseño constitucional que impida estos espectáculos. No se trata de quemar, sino de razonar y dar la solución superadora, con monarquía o sin ella, a un gobierno sólido, firme, fuerte y garantista de la independencia frente a los tortuosos y torticeros nacionalismos.

Animalismo, una causa humana.

5-octubre-2007 · Imprimir este artículo

Por

galgoPor Ruth Toledano
El animalismo es la defensa de los derechos de los animales no humanos, un movimiento social emergente en todo el mundo. Consiste en devolver a los animales lo que les pertenece desde su condición de seres sintientes: el derecho a la vida, a no ser secuestrados, torturados o utilizados como objetos. Parte de un sentimiento de compasión, del respeto a la alteridad y de una visión del mundo no especista, es decir, que no contempla la supremacía de la especie humana frente a otras especies. La misma visión que abomina de la supremacía de las razas, los géneros o las tendencias sexuales humanas, es decir, del racismo, del machismo o de la homofobia. Una sociedad éticamente avanzada debe concienciarse de la necesidad de liberar a esas criaturas de otras especies a las que la especie humana inflige terribles sufrimientos (un auténtico holocausto), así como de la oportunidad de acabar con estas injusticias que nos brinda el enorme potencial demostrado en el siglo XX por otros activismos.

Peletería: su piel les pertenece y sólo es bella sobre su cuerpo
Miles de crías de foca son asesinadas a palos cada año en Canadá para que alguien como Jennifer López luzca un abrigo confeccionado con su espantoso dolor: tras atontarlas a golpes, la piel se considerará de mejor acabado si es arrancada cuando el bebé aún está vivo. Cientos de miles de otros animales, millones, viven encerrados en jaulas minúsculas en granjas de la industria peletera hasta que alcanzan el tamaño considerado adecuado. Su existencia es espantosa y su muerte, brutal.
Los visones, cuyo hábitat natural es la orilla de arroyos y ríos, permanecen en cautividad en jaulas en las que apenas pueden darse la vuelta; el estrés les enloquece y tienden a la automutilación. Se les mata retorciéndoles el cuello manualmente, encerrándolos en cajas con monóxido de carbono donde tardan más de 30 minutos en morir por asfixia o se les inyecta un narcótico en el corazón, aunque difícilmente se atina a la primera. Los zorros viven en condiciones semejantes. Para no dañar su piel, los cuelgan vivos del cuello con un gancho, les introducen un electrodo en la boca y
otro en el ano con una barra metálica que suele atravesar las paredes del intestino y los electrocutan. Si aún es necesario, se recurre a la lenta agonía del monóxido de carbono. Con el terrible sufrimiento de visones y zorros, alguien como John Galliano o Elena Benarroch confecciona preciadas estolas. Para un abrigo de visón son necesarios entre 60 y 80 ejemplares; para uno de zorro o nutria, 15; para uno de marta, 55. El astrakán procede de las crías de ovejas de Afganistán. Se necesitan 35 ejemplares para hacer un abrigo, por lo que mueren más de 30 millones de crías al año. Cuando aún están vivas, se les arranca la piel empezando por una pata trasera, donde se introduce una caña de bambú por la que se sopla para que se despegue mejor. El animal aún se mueve mientras es desollado.
Para aumentar las camadas, y por tanto la producción peletera, en las granjas se recurre a una manipulación hormonal que provoca en los animales desequilibrio y descalcificación y los convierte en máquinas reproductoras. El negocio peletero también recurre a la caza con trampas y cepos, de los que los animales intentan inútilmente escapar desagarrando sus miembros y donde acaban muriendo con indecible angustia y dolor. Sólo en EEUU, 2,7 millones de animales mueren en las granjas peleteras y 3,5 millones de animales destinados a la peletería mueren a manos de los tramperos. En España se crían 400.000 visones en cautividad, el 80% en Galicia. En China matan cada año 2 millones de perros y gatos cuyas pieles son exportadas a EEUU y Europa. Mueren ahorcados y apaleados y su piel se destina a la elaboración de muñecos, llaveros, guantes o juguetes.

Alimentación: “Me niego a ingerir agonías”, Marguerite Yourcenar
El foie gras (literalmente, “hígado gordo”) es el hígado enfermo de una oca o un pato que ha sido obligado a ingerir comida varias veces al día, tragando gran cantidad en pocos segundos a través de un tubo metálico que va de su garganta a su estómago. El ave enferma de esteatosis hepática: mientras que un hígado sano pesa 50 gramos, para que un hígado alcance la denominación de origen de foie gras la industria alimenticia exige un peso mínimo de 300 gramos. El ave lucha por liberarse cuando se le introduce el tubo por la garganta, sufre vómitos y diarrea y el crecimiento del hígado le impide respirar y le produce dolores extremos. Para facilitar la manipulación, a muchas aves se les corta el pico con unas tenazas, sin anestesia. Ya de camino al matadero, y tras una vida en cajones donde apenas pueden moverse, la mayoría sufre fracturas de huesos. Mueren 30 millones al año. Esta vida de esclavitud, angustia y dolor es la que da prestigio a ciertas mesas, carentes de la más mínima consideración ética.
En las granjas avícolas, las gallinas ponedoras criadas en batería viven en un hacinamiento extremo, no disponiendo del espacio mínimo necesario para moverse, anidar o asearse. Muchas mueren de asfixia. Forzadas a mantenerse en pie sobre los finos alambres de las jaulas, sus patas sufren deformaciones, heridas y fracturas. Sometidas a un agudo estrés, se automutilan o se atacan unas a otras, lo que se evita cortándoles en vivo un trozo del pico, por lo que, incapaces de comer a causa del dolor, muchas mueren deshidratadas. Aparte de una razón ética, los huevos de estas gallinas concentran una enorme carga de sufrimiento que al ser ingerido formará parte de nosotros si no estamos atentos a consumir huevos identificados como de producción ecológica o camperos.

Vivisección: cruel y obsoleta experimentación con animales
Es la disección, amputación y/o mutilación en vivo, con frecuente resultado de muerte, que se practica sobre un animal sano para hacer estudios o pruebas experimentales de productos destinados al consumo humano en el sector de la medicina, alimentación, cosmética, colorantes, higiene, limpieza, tejidos, alimentación de mascotas, ingeniería genética, armamento convencional, nuclear, biológico y bacteriológico. Vivisección significa literalmente “cortar”, pero se ha convertido en un término genérico para designar todos los experimentos con animales aunque no supongan intervención quirúrgica, como los test de toxicidad. Alrededor de 8 millones de animales mueren al año en los laboratorios europeos destinados a estos fines. Más de 100 millones son utilizados al año en laboratorios de todo el mundo (unos 11 millones en EEUU).
Para la experimentación se utiliza una amplia gama de especies. Las ratas y ratones, porque son fáciles de manejar y baratos de mantener, ocupan poco espacio y tienen muchas crías, a las que espera el mismo destino. Los conejos se utilizan para pruebas de ojos por su fácil manejo y su dificultad para expulsar sustancias de los ojos. Las cobayas van mejor para pruebas de piel. Los perros (principalmente de raza beagle, por su buen carácter y su tamaño manejable) y los primates (chimpancés, babuinos, macacos y titís) son utilizados para pruebas de toxicidad, investigaciones cerebrales y prácticas odontológicas y de cirugía. Antes de proseguir, recordemos una vez más que todas estas pruebas se realizan en vivo. También se utilizan gatos, aves, cerdos, caballos, peces ovejas, hamsters y otros.
Todos los experimentos causan dolor y sufrimiento y casi todos los productos que los humanos usamos y consumimos a diario en todo el mundo han sido testados en animales en algún punto del proceso. En un laboratorio, un animal puede ser envenenado; privado de comida, agua o sueño; recibir productos irritantes para los ojos o la piel; lo pueden dejar paralítico; mutilarlo quirúrgicamente; aplicarle radiaciones; quemarlo; gasearlo; darle alimentación de manera forzada; electrocutarlo. Cuando nos ponemos un producto cosmético testado en animales nos embadurnamos de semejante sufrimiento. Los experimentos militares prueban en animales los efectos de gases venenosos, de la descompresión, daños por armas explosivas, quemaduras y radiaciones, así como el umbral del dolor en ciertas técnicas.
Aparte de las razones éticas, la extrapolación de resultados entre especies completamente distintas biológica y psicológicamente no es un hecho fiable. Los experimentos realizados en animales dan información sobre animales, no sobre humanos: la aspirina es mortal para los gatos; los antibióticos matan a las cobayas; la insulina, imprescindible para humanos diabéticos, provoca terribles deformaciones en ratones, conejos y pollos. Una sustancia nunca es segura hasta que no se han hecho ensayos clínicos en humanos. Sólo en EEUU mueren cada año alrededor de 100.000 personas por reacciones adversas a alguna medicina previamente testada en animales.
Actualmente existen técnicas de investigación que no requieren la utilización de animales, como cultivos celulares, modelos de ordenador o sistemas artificiales. Existen compañías, como la británica Pharmagene Laboratories, que sólo recurren a datos humanos, tejidos y ordenadores, y que crean medicinas seguras. Muchas empresas de productos cosméticos o de limpieza (de la calidad y el prestigio de Chanel, Clinique, Estée Lauder o Revlon) realizan sus productos sin experimentar con animales.

Tauromaquia y fiestas populares: vergüenza nacional
Miles de toros mueren cada año en España secuestrados, acosados, martirizados y asesinados en el ruedo, un espectáculo sanguinario regulado por la Administración Pública. La llamada “fiesta nacional” es el paradigma de la crueldad institucionalizada: antes de ser obligado a saltar a la arena, y para provocar al toro de manera que se defienda envistiendo, se le somete a golpes en riñones y testículos, y se le clava en la espalda un arpón con los colores de la divisa. Una vez en la plaza, la puya y las banderillas le desgarrarán tejidos internos, por lo que quedará debilitado e incapaz de levantar la cabeza, y la espada de hasta un metro de largo le destrozará pulmones, hígado, diafragma o corazón. Si la espada no es suficiente se le clavará el “descabello” y probablemente también la “puntilla”, armas que penetran entre las cervicales e intentan seccionar la médula espinal y dejar al toro incapaz de mover ningún músculo, siendo común que llegue aún vivo al matadero.
Pero su calvario no se produce sólo en la plaza. Cientos de pueblos españoles celebran sus fiestas populares y patronales maltratando animales, principalmente toros y vaquillas. Los más célebres, el “Toro de la Vega”, en Tordesillas (Valladolid), donde es perseguido por jinetes que alancean todo su cuerpo hasta la muerte; el “Toro de San Juan”, en Coria (Cáceres), donde se le lanzan dardos hasta ocupar todo su cuerpo, clavados incluso en los ojos y en las fosas nasales, por lo que es conocido también como “toro del acerico”, en alusión a las almohadillas donde los sastres clavan sus alfileres; el “Toro Jubilo”, en Medinaceli (Soria), donde se le colocan en los cuernos unas bolas con material inflamable que al encenderse le envuelven en fuego y de las que chorrea material inflamable que le abrasa los ojos y la piel. Toros embolados, toros ensogados, toros al agua, toros del aguardiente, encierros, capeas, cortes, recortes… Es ensordecedor el largo etcétera de sus lamentos.
Sólo Canarias prohíbe los espectáculos taurinos sin excepción, a través de su ley autonómica de protección animal, pero ya Barcelona, a la que han seguido decenas de localidades, se ha declarado ciudad antitaurina y se ha fundado el PACMA (Partido Antitaurino Contra el Maltrato Animal), que supone un paso cualitativo en la apreciación política del movimiento. La ministra Narbona está dando los primeros y valientes pasos (la alusión) para acabar, a través de la Ley, con esta ignominia que nos avergüenza frente a Europa y el mundo, pero, en un país donde son abandonados al año más de 300.000 perros, se encuentra con importantes obstáculos: una idea de la tradición que identifica tortura con cultura (las tauromaquias de Picasso no pueden justificar el crimen, como el canibalismo alegórico en el arte latinoamericano no justifica la antropofagia ni los fusilamientos de Goya han de suponer una apología de la guerra; tradicional es, en ciertos lugares, la ablación del clítoris, indefendible mutilación genital femenina); los enormes beneficios económicos generados por el negocio ganadero; y el apoyo a estas salvajadas de la iglesia católica y de las instituciones públicas, empezando por el Rey.

Caza: el placer de disparar

Llaman deporte a disparar por diversión contra animales de otras especies, acción que ejercida contra individuos de la especie humana está considerada, naturalmente, un crimen. A quienes practican tal entretenimiento no les tiembla el pulso apretando el gatillo para matar corzos, jabalíes, zorros o conejos, en sanguinarias batidas que mueven ingentes cantidades de dinero, que rompen el equilibrio ecológico (las rapaces, el lince ibérico o el lobo se alimentan en su entorno natural de las especies de caza deportiva) y provocan la extinción de ciertas especies. Actualmente, algunos cazadores justifican sus agresivas prácticas autodenominándose ecologistas. Son quienes provocan, por ejemplo, el plumbismo, envenenamiento del campo y de los animales que lo habitan por el plomo que desperdigan los millones de cartuchos y perdigones empleados para la caza.
Además de la muerte, éticamente injusta y violenta por definición, de miles de animales, la caza conlleva una extrema crueldad, dado que muchos de ellos no mueren en el acto, al ser heridos pero no rematados, o agonizan durante días atrapados en cepos, redes o lazos. La caza con liga, aplicada principalmente contra pájaros, supone que queden apresados en un producto, pegajoso en extremo, que les impedirá batir sus alas y les causará una muerte segura pero angustiosamente lenta. El “tiro de pichón” consiste en disparar a una cría de ave que es lanzada a presión desde una caja metálica. Una vez abatidos a perdigonazos, los pichones se tiran a la basura, algunos aún moribundos. En España existe la “Copa del Rey de tiro de pichón”, aunque en algunas zonas del territorio nacional, como Cataluña, esta práctica está prohibida por ley.
Durante la caza, muchos otros animales son destrozados por las destelladas de unos perros hambrientos y azuzados que, a su vez, suelen vivir hacinados y maltratados, y ser abandonados por sus explotadores cuando son viejos o no les sirven para seguir cazando. Es tristemente célebre el destino de miles de galgos, ahorcados por los cazadores al final de la temporada. Lo llaman “ponerlos a tocar el piano”. Este salvaje sistema consiste en dejar a los perros atados, de pie, con una soga corrediza al cuello, abandonados sin alimento ni comida; cuando no resisten más el agotamiento y la inanición, ellos mismos se ahorcan al sentarse. Mientras caen rendidos y agonizantes sobre sus cuartos traseros, intentan apoyarse de nuevo en sus patas delanteras, realizando con ellas unos movimientos desesperados e inútiles que a sus desalmados verdugos les recuerdan el noble e incomparable gesto de unas manos sobre el teclado.
Para satisfacer los patológicos placeres que provoca la práctica de este autodenominado deporte no sólo se persigue, acosa y abate a animales salvajes, sino que determinadas especies son criadas en granjas de forma masiva con el único fin de servir en su momento de víctimas de los escopeteros. Por otra parte, ciertos cazadores con dinero matan en otros países (generalmente pobres o sin ley) especies que no pueden abatir en nuestro país. El monarca español, por ejemplo, participa en cacerías de osos o bisontes (protegidos en la Unión Europea y en peligro de extinción) en lugares como Rumanía, Polonia o Rusia.

Fuente principal: Fundación Altarriba (www.altarriba.org)
Otras fuentes: Liberación animal, Peter Singer, Ed. Trotta; www.animanaturalis.org; www.equanimal.org; www.bienestar-animal.org

Sharon Núñez (Igualdad Animal)

1-octubre-2007 · Imprimir este artículo

Por

Por Jaime Escógar

Es necesario que nos pongamos en el lugar de esos animales, quienes, al igual que nosotros, quieren disfrutar de su vida y no sufrir.
Sharon Núñez es la portavoz de Igualdad Animal, una organización que reclama el fin de la esclavitud animal, y que destaca especialmente por su continuo activismo, con decenas de actos cada mes en varios países, así como por defender una estrategia abolicionista en la línea de autores como Gary Francione y Joan Dunayer.

¿Que defiende Igualdad Animal?
Igualdad Animal es una organización internacional dedicada a cuestionar el especismo y a acabar con la esclavitud animal, por medio de la educación y la concienciación social de manera pacífica. El especismo es la discriminación por especie, prejuicio similar al racismo y al sexismo, por el que millones de animales sufren y mueren a diario de las maneras más terribles por el hecho de no pertenecer a la especie humana. Somos una organización abolicionista, y no trabajamos por cambios en la forma en que son explotados los animales. Buscamos la abolición de la explotación animal, y promovemos el fin del uso de animales para conseguirla

¿Cuáles son las actividades que lleva a cabo?
Estamos presentes en varias ciudades españolas (Barcelona, Madrid, Sevilla, Huelva, Málaga), además de en Venezuela, Perú y próximamente México. Hemos distribuido cientos de miles de folletos, miles de DVD’s, libros de recetas vegetarianas… Realizamos semanalmente actos en la calle con el objetivo de que la sociedad reflexione sobre el sufrimiento y muerte de animales, y para defender una alimentación 100% vegetariana, no vestirnos con animales, no asistir a espectáculos donde se les utilice, y cómo rechazar la vivisección. Recientemente hemos organizado un rescate abierto, rescatando a cara descubierta a seis cerdos bebés cuyo trágico destino era una vida de penurias, hasta morir asesinados en el matadero. Les llevamos a un lugar seguro, lejos de la esclavitud y el sufrimiento que les esperaba.

¿Qué puede hacer alguien para ayudar a los animales?
Como solución animamos a la gente a seguir un estilo de vida ético en su relación con los demás animales, no participando en su opresión. Si millones de animales pasan su vida encerrados en zoos, laboratorios, granjas, acuarios, si sus pieles son arrancadas, y si viven en un auténtico infierno hasta que se les mata, es porque contribuimos a que sea así con nuestros hábitos de consumo. Es necesario que nos pongamos en el lugar de esos animales, quienes, al igual que nosotros, quieren disfrutar de su vida y no sufrir. Sólo depende de cada uno de nosotros y nosotras acabar con esta injusticia.
Invitamos a la gente a visitar nuestras páginas web:

www.igualdadanimal.org
www.granjasdeesclavos.com
www.rescateabierto.org