Entrevista a Lorenzo Abadía

20-septiembre-2005 · Imprimir este artículo

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“Hemos entregado viviendas por 28.000 €”

Lorenzo Abadía es presidente de la Fundación Vivienda y Valor, dedicada a la construcción de viviendas sociales sin ánimo de lucro. Además es profesor asociado al Departamento de Sociología de la Universidad de Zaragoza, Secretario de Comunicación del PP en esta provincia y un empresario emprendedor que mira más allá de la cuenta de resultados de sus empresas. La solidaridad, la política, la opinión y, en definitiva, el pensamiento, son los compañeros de viaje de este personaje liberal de planteamientos universales y heterodoxos que llaman la atención.

La Fundación que presides está demostrando mediante la construcción de viviendas sumamente baratas que la repercusión del suelo es un factor fundamental en el encarecimiento del precio de la vivienda.

Evidentemente, hay muchas ciudades en donde el valor del suelo supone el 60% del precio total de la vivienda. Quiere esto decir que de cada 100,000 € que una persona paga por su vivienda, 60,000 € están destinados a pagar el suelo donde está ubicada; y no me refiero a la vivienda unifamiliar, al chalet, pues en estos casos, en entornos muy próximos al centro de las ciudades, la proporción es mayor. El coste de la ejecución material, los ladrillos y la mano de obra, se ha adaptado rápidamente al coste europeo debido al boom inmobiliario, que provocó escasez de mano de obra cualificada, pero a pesar de todo, no ha experimentado un incremento tan espectacular y bochornoso desde el punto de vista social.

Según un estudio realizado por el Consejo de la Juventud de España (CJE), los jóvenes deben dedicar el 50,8% de sus ingresos para comprar un piso. ¿Deberían impulsarse políticas de vivienda específicas para la juventud?

Yo, en principio estoy con Rousseau y el carácter general de las leyes. No sé qué es más triste, que una pareja de jóvenes no pueda emanciparse o que un anciano no pueda vivir con dignidad sus últimos días. Hay que hacer lo posible por solventar este problema a todas las personas.

¿Podría decirse que el auténtico agujero negro de nuestro balance social es el encarecimiento de la vivienda?

Sí, en muy buena medida, aunque en este país hagan falta muchas otras cosas para que llegue a funcionar bien, para que cree más y mejor empleo y para que sea productivo y competitivo. Pero el problema de la vivienda ahora es prioritario. Una familia española tiene que dedicar mucha más parte de su renta a comprar una casa que cualquier familia europea, lo que redunda en perjuicio de la calidad de vida. Estoy convencido de que, pese a lo que hemos adelantado en términos absolutos, España tiene peor calidad de vida que hace 8 años debido a este problema.

Y además ha cambiado la fisonomía del urbanismo. En Europa prima la privacidad, la vivienda unifamiliar. Aquí vivimos apiñados en enormes condominios antiestéticos y antinaturales porque hay que obtener el mayor partido al poco suelo susceptible de ser edificado.
Y no porque no haya suelo físico. Un estudio muy reciente del Consejo Económico y Social sobre población evidencia cómo incluso en las zonas que se ha perdido población el precio de la vivienda se ha multiplicado. Es una auténtica locura y se acabará pagando muy caro si no se pone solución. Otro informe actual del Instituto de Estudios Turísticos advierte que en 2005 ha habido más afluencia de turistas, pero éstos han cambiado sus hábitos. El hábito que más cambiará será el de comprar una vivienda en España, pues cuesta tres veces más que ha 8 años. ¡tres veces más! España no podrá competir con otros países de la cuenca mediterránea e incluso con Sudamérica y el Caribe, y los europeos acabarán disfrutando de su jubilación en territorio no español. El conflicto Occidente-Islam y la inestabilidad balcánica han frenado el impacto, que habría sido tremendo.
La única solución es liberalizar el suelo.

¿Qué impide una liberalización del suelo?

La regulación, las ganas de controlar todo el proceso de creación de tejido urbano y el presupuesto de las instituciones públicas, que se nutre de ello. Los ayuntamientos se quejan de no tener presupuesto y se financian con el suelo. Si se les pide que gasten menos, responden diciendo que tienen muchas competencias asumidas de facto. Al final es un problema del título octavo de la CE, donde la carrera sin fin de los gobiernos autonómicos por tener el máximo número de competencias aunque no dispongan del presupuesto adecuado, ha hecho que hayamos llegado hasta aquí.

¿Intuyo que serás un liberal convencido?

Convencido y convincente, pues sólo hace falta hacer números para darse cuenta de dónde está el problema y cuál es la solución. Como siempre, cerca de la libertad.

¿Cuáles son los próximos proyectos de la Fundación?

Tenemos suelo para hacer unas 400 viviendas sociales, entre 2005 y 2007 en España, especialmente en Aragón y existen conversaciones con gobiernos locales de terceros países para intentar construir también allí. Regreso ahora de Brasil lleno de proyectos. En España no es fácil, pues aunque nos prestemos a realizar todas las gestiones que implica el proceso constructivo, con la responsabilidad moral y legal que supone, exigimos que se nos facilite el suelo a bajo coste y eso al final, es tarea de titanes. Muchas veces nos damos cuenta de cuáles son los verdaderos propósitos de tantos y tantos alcaldes, con honrosísimas excepciones, claro. Así, cuando nos han dejado, hemos entregado viviendas por 28.000 €.

En tu blog www.lorenzoabadia.net eres muy duro con el Presidente del Gobierno. ¿Cómo ves la situación política española?

Bueno, es que, excepto en las libertades de conciencia, que lo han hecho relativamente bien, la cosa está chunga. Mira, este país dejará de serlo si no se pone fin a la ambición nacionalista, que es siempre la independencia, nos digan lo que nos digan. Y en economía pagaremos caro nuestro “tremendo prestigio internacional” y el no incidir en las ideas liberales de poco gasto y mucho apoyo a la creatividad, a la iniciativa privada, a la investigación y al libre mercado. Somos un país cada vez más caro, con dificultades para vender los que producimos, mientras que nos resulta más barato comprar fuera cada vez más mercancías y servicios, lo que nos dirige hacia un deterioro del sector exterior que seguirá creciendo. En todo esto, el presidente por accidente suspende estrepitosamente. Pero como hombre de talante dialogante y de “buen rollito” posmoderno, estoy dispuesto a hablar con todo el mundo y a que me convenza quien tenga argumentos.

En tu blog, también, sorprende ver el logo del PP, partido del que eres secretario de comunicación en Zaragoza, junto al del Partido Radical Transnacional de Emma Bonino y Marco Pannella.

A los radicales seguro que no les sorprende. Para ellos el concepto de transversalidad es un valor en sí mismo. Yo he de reconocer que tengo una gran simpatía por muchos de los postulados del Partido Radical Transnacional. Más allá de las circunstancias concretas de la política italiana, los radicales han demostrado ser la organización internacional más activa en defensa de la Democracia y los Derechos Humanos de todo el planeta. Buena prueba de ello son los constantes intentos de los países dictatoriales por retirarles su estatuto de ONG que asesora a la ONU. Organización que por cierto los radicales quieren reformar impulsando una Organización Mundial de las Democracias. Fíjate que la última visita de Emma Bonino a Madrid fue precisamente para defender la democracia en Cuba. En aquel acto no había otra representación política española que la del PP representado por Ana Botella y algunos jóvenes liberales cercanos a los radicales. Sintomático.

Eres profesor universitario y tu paso por la universidad como estudiante es relativamente reciente. ¿Cómo ves el presente y futuro de la universidad española?

En la época de la globalización, perder el espíritu original, el de la universalidad, es preocupante porque no se puede llegar a comprender el fenómeno sin una perspectiva general, universal. Eso está ocurriendo, no sólo en la universidad, sino en todo el sistema educativo español. Además hacen falta pasos determinantes a favor de la sociedad de la información. La universidad española debería ser la vanguardia de nuestra sociedad, el laboratorio y la incubadora de la verdadera creatividad. Me temo que eso no sucede así.

¿Crees que vivimos en un país moderno?

Moderno sí, pues hemos tenido revolución industrial y burguesa, pero vanguardista no. Hoy la vanguardia pasa por la sociedad de la información, por la sociedad red y por su ubicación en entornos sostenibles desde el punto de vista medioambiental. Proyectos como tener cobertura WIFI en toda una ciudad y WIMAX en su área metropolitana, están perfectamente implantados en Europa y especialmente en E.E.U.U., mientras que aquí, o bien no forman parte de las promesas políticas, o bien algo mucho peor, han servido de mercancía electoral para engañar a la gente, sumar votos y ser escondidos en un cajón para dormir el sueño de los justos. Por otra parte, todo ello ha de contextualizarse en ambientes verdaderamente habitables. La gente acude a aquellos lugares que les resultan agradables desde el punto de vista estético. He viajado a más de 40 países y te puedo asegurar que aquellas ciudades que fomentan la belleza de su entorno ecológico, creando parques y jardines allá donde no existían, generando zonas verdes como máxima en su urbanismo, acaban siendo las grandes receptoras de la gente creativa. Es el “abc” del urbanismo.

¿Y qué decir del software libre? Si realmente se puede democratizar la sociedad de la información es a través del software libre, que proporciona una igualdad de oportunidades sin precedentes. Toda administración debería estar dando a conocer su existencia y extendiendo su uso. No conozco ninguna que haya hecho una apuesta sobre el software libre a la altura de su importancia.

Si bien la tolerancia es fundamental para fomentar la creatividad y el progreso, ésta no sólo se consigue con las libertades de conciencia. Es necesario expandir la libertad a otros ámbitos para que la creatividad se dé vida a sí misma. Para mí, el urbanismo tiene una importancia capital, es un gran agente creador de espiritualidad o de estrés y contribuye tremendamente a crear ambientes totalmente distintos en función de los criterios que se aplican. Con los nuestros, puedes imaginarte el resultado: endogamia, falta libertad de movimiento y represión psicológica.