Polémica: Dragó vs. Alas


“A pesar de su dificultad, ser escritor es una buena opción”

Por su interés, traemos a estas páginas la reciente polémica entre dos buenos amigos de esta revista, recogida sólo en sus principios por parte del diario El Mundo (9 de Agosto de 2005).
Fernando Sánchez Dragó y Leopoldo Alas expresan sus diferentes puntos de vista sobre el paganismo y las cosas del mundo de la política, pero sobre todo acerca de las libertades y su relación con una manera de entender las religiones. Estamos entre paganos, así que os ofrecemos el cruce epistolar completo para que toméis partido por ambos, por uno o por ninguno de ellos.

Extracto de la entrevista de Joseph Piqué en El Mundo.

Saque de dudas si es que alguien las tiene: ¿derechas o izquierdas?

Sánchez Dragó.- Si tengo que elegir, prefiero la derecha, porque es más liberal, más culta, más pagana, más cristiana y menos dañina para la convivencia.

CARTA AL DIRECTOR (extracto)

Sánchez Dragó puntualiza
Sr. Director:

Excelente entrevista, ¡vive Dios!, la que ayer me dedicaba Pedro Simón en su Camisa de once varas, pero había en ella una errata que en nombre de la coherencia, y de mi honra, me gustaría enmendar. Prefiero la derecha a la izquierda por parecerme aquélla menos cristiana que ésta, entre otras cosas, y no más, como se leía en la entrevista. El socialismo es una secta o herejía del cristianismo, la mayor catástrofe de la Historia, mientras el liberalismo hunde sus raíces en la tradición pagana.

Las perlas

EL JUEGO DE LAS MARCAS
Leopoldo Alas

En una carta al director, Fernando Sánchez Dragó puntualizaba que no prefiere la derecha a la izquierda por parecerle aquella más cristiana que ésta, como se había publicado en la entrevista que le hizo Pedro Simón, sino todo lo contrario.
Según él, el socialismo es una secta o herejía del cristianismo mientras que el liberalismo hunde sus raíces en la tradición pagana. Y hacía constar su apoyo por otros motivos a la Iglesia en su actual pugna con el Gobierno.
No sé qué motivos tendrá pero me pregunto qué pensará sobre la manifestación del 18-J, en la que primeros espadas del PP, como Acebes y Zaplana, marcharon del bracillo de los obispos a clamar contra los derechos de una parte de la ciudadanía. ¿Qué más pruebas necesita el escritor del cristianismo de ese partido? No parece nuestra derecha (la suya) el mejor ejemplo de la tradición pagana que él invoca.
La situación es justo la inversa: el PSOE apoya una sociedad mayoritariamente laica, democrática y jurídica, y el PP, que sólo es liberal en lo económico, antepone a ella los dogmas de fe y la doctrina católica. Le doy un consejo a Fernando: que se replantee su postura, que vuelva a pensarla. Las generaciones pasan, los tiempos cambian y, en caso de que él siga siendo un heterodoxo, ¿de verdad cree que hoy la heterodoxia se encuentra ahí, en esa oposición empecinada y catolicona o en ese constreñido canal autonómico?

¿POLÍTICA? NO. FILOSOFÍA.
Epístola moral a Leopoldo Alas

Respondo con estas líneas a lo que Leopoldo Alas decía sobre mí, hace cosa de una semana, en su columna “Las perlas”, sorprendido por lo que en una carta al director de este periódico había manifestado yo unos días atrás, a cuento de la derecha, de la izquierda y de la Iglesia. Vaya por delante, ante todo, mi orteguiana convicción de que tomar partido, en política, por lo diestro o por lo zurdo es una de las infinitas formas que el ser humano tiene a su alcance para convertirse en un estúpido. Y conste también que, siendo yo hombre de campo y no de polis, que es donde se fragua la política (soy de los que nunca habían oído hablar de María José San Segundo, Elena Espinosa y Magdalena Álvarez. ¿Es descortesía? Si lo es, lo siento), ésta –la política- no me importa ni me afecta. Sólo me aburre. La juzgo, además, innecesaria, pues apuesto por el autogobierno del individuo. Lo contrario me sucede con la filosofía, y es en su marco donde deben situarse mis palabras. Políticamente no soy de nadie, pero filosóficamente, lo admito, estoy mucho más cerca de lo que se entiende por derecha que de lo que se entiende por izquierda. No soy, vade retro, progresista, sino conservador, a mucha honra. Es decir: prefiero lo privado a lo público, el laissez faire al intervencionismo y el laissez passer al dirigismo, el Tao –fluye como el agua, que todo lo vence porque a todo se adapta, y no actúes- al providencialismo (que desemboca en el Estado, ese monstruo que no debería existir) y, frente a la constante incertidumbre y desasosiego producido por la falsa panacea del cambio, considerado como un fin en sí mismo, me inclino por la consoladora reciedumbre de la traditio (que en latín significa entrega), esto es, la tradición, y de la aurea catena que en ella se origina. Lo demás es plagio.

Lo de que el socialismo, en particular, y la izquierda, en general, proceden, como herejías o sectas, del judeocristianismo no es cosa, me parece, que quepa poner en duda. Toynbee y otros muchos pensadores e historiadores de similar calibre lo creen así. También mi maestro Nietzsche, en cuyo fértil hontanar abrevo. Ya sabes: la moral de los esclavos, el clan de la servidumbre, la cultura de la queja, la hermandad del Santo Reproche, la cofradía (Escohotado dixit) de la Santa Pobreza y, en definitiva, el miedo a la libertad. Todo eso es, para mí, la izquierda, y por ello dejé, filosóficamente, de militar en sus filas cuando en 1967 llegué por primera vez al Ganges. Ya ha llovido.

En cuanto a lo del paganismo de la derecha… ¿De qué derecha hablamos, Leopoldo? Y no me refería, únicamente, y dentro de ella, al liberalismo, que es la razón –no la fe- que profeso. Te lo aclaro porque en las agrupaciones de derechas, y el PP no es excepción a la regla, abundan hoy los socialdemócratas, y yo ese palo, el de la sopa boba, el dirigismo y la moralina barata, no lo toco. Fue Mussolini, un socialista, quien inventó la mandanga del Estado social. A mí, todo lo que no sea liberalismo, esté en la derecha o esté en la izquierda, me parece fascismo (lamento recurrir a esta palabra, convertida por el abuso que de ella se hace en insulto y flatus vocis).
Esa derecha, la liberal, sépalo o no, es mucho menos cristiana que pagana. Fue en Eleusis donde se puso en marcha el proceso de ilustración –ilustración, he dicho Leopoldo- que irguió al ser humano y que se vio bruscamente interrumpido por el triunfal advenimiento de los tres monoteísmos y, con ellos, de los Siglos Oscuros. Aún seguimos parcialmente sumergidos en esas tinieblas, aún seguimos guerreando en nombre de Yavé, de Cristo y de Alá.

Penúltima cuestión: la de por qué, pese a considerar el cristianismo una catástrofe y a la persecución de la que soy objeto, desde que publiqué mi Carta de Jesús al Papa, por parte de la Iglesia, apoyo a ésta en su actual pugna con el Gobierno (sic). No me duelen prendas. Prescindo de lo personal y me declaro hombre genéricamente religioso –budista, hinduista, taoísta, animista, sintoísta, gnóstico, que no agnóstico. Mi único dios es el anima mundi. Por eso soy también, a rajatabla, ambientalista -por considerar que sólo la religión (sin iglesias de ningún tipo) responde e intenta responder a las grandes preguntas –las únicas que de verdad me interesan- y por opinar que todos los valores éticos y también estéticos –el arte, si no busca lo sublime (vale decir: la Belleza, la Bondad y la Verdad, entendida ésta como tentativa de gnosis, de conocimiento), no es nada- proceden del ámbito e impulso religioso. De ahí que apoye la presencia, crucial, prioritaria, de la religión, como asignatura obligatoria, en los bancos y pupitres de la escuela. Inclusive si sólo es, por ley del embudo, la católica. Preferiría, claro, cualquier otra, politeísta, pagana y histérica (la del éxtasis místico, por ejemplo, o la de los enteógenos, vulgo alucinógenos, por ejemplo) y primaría, por supuesto, la enseñanza no confesional de la historia de las religiones, que es la de la cultura, así de fácil, pero del lobo, un pelo. En el catolicismo también hay, solapado, mucho helenismo y, naturalmente, altos valores espirituales: los que hoy, urbi et orbi, nos faltan. Y eso es lo que, en último término, me interesa y me mueve: el Espíritu, Leopoldo, el Espíritu…

Otra cuestión aún. Respiras por la herida de la actitud de la Iglesia y de ciertos sectores del PP en lo concerniente a los derechos civiles de los homosexuales. No voy a embestir a ese trapo ni a mezclarme en esa querella. El paganismo era pansexual, y yo lo soy (o intento serlo). La ilustración, y digamos la iluminación, propone como meta la androginia. El Tantra, que tan caro me es, también. Tú sabes perfectamente hasta qué punto yo fui, entre los de mi gremio, adelantado de la homofilia –que no de la hemofilia, me pierdo por una broma- y escarnecedor de la homofobia. Otra cosa es que alimente reticencias filológicas –no hay filosofía sin filología. Estudié Románicas y he sido profesor de ella en diez universidades de siete países- respecto a si se debe utilizar o no la palabra matrimonio para designar con ella la unión conyugal entre personas del mismo sexo. Me inclino, lo confieso, por lo segundo, pero, desde luego, no entraré en ninguna batalla atizada por esa disputa nominalista. Haga cada quien de su capa un sayo y de su sexo un instrumento de libertad respetuosa para con la del prójimo

Y, ya puesto, otra confesión: tampoco entiendo ni apruebo que, en muchos casos, no sé cuántos: la larga lucha de los homosexuales por el reconocimiento de sus derechos civiles desemboque en la, para mí, asombrosa aspiración a disfrutar (dicho sea con ironía) de una ceremonia nupcial envuelta en confetis, granos de arroz, cencerros, bendiciones de cura laico y velos de tal ilusión. El matrimonio no es, a mi juicio, un sacramento (eso se lo sacó la Iglesia de la manga a pitón muy, pero que muy pasado. Fue en la Edad Media), sino una estupidez burocrática. Si de mí dependiese, lo suprimiría, y hale, a vivir en libertad. Pero tampoco por eso me metería en dibujos y mucho menos en disputas. Allá cada cual. Sabido es que para todo hay gente.

Sí, en cambio, me gustaría hablar a fondo un día sobre el puñetero problema de la adopción. Eso es mucho más complicado y delicado. Palabras mayores, Leopoldo. ¿Necesita el niño, para crecer en sabiduría vital y desarrollarse armónicamente, tener ante él, desplegados, amistosos, un modelo masculino y otro femenino? ¡Ay! Esquilo, Sófocles, Eurípides, Freud, Jung, Hallinger, Jodorowsky, el yin y el yang… No conocí a mi padre, como sabes, que fue inicuamente asesinado por los Hunos, pero también podrían haberlo matado los Hotros, al comienzo de la guerra civil, y lo pagué caro. Estoy ahora escribiendo –terminando, casi- un grueso libro (Españolito que vienes al mundo, se titula) para llenar ese hueco, para colmar ese vacío, para saldar esa deuda. A él, Leopoldo, me remito. Para febrero, Planeta mediante, estará en tus manos.

¿Guerra civil? ¿Derechas? ¿Izquierdas? ¿Iglesias? ¿Nacionalismos? ¿Terrorismos? Trifulcas maniqueas, Leopoldo. O, diciéndolo con más precisión y extensión, dualismo judeocristiano y musulmán. Volvemos, pues, al territorio de la filosofía, quod erat demonstrandum. Yo, como casi todo el mundo en Oriente, y como casi nadie en Occidente, soy monista. Eleusis, a un lado; al otro, Egipto; y a mi frente, Bemarés y Kioto. Ahí tienes mi respuesta, ahí tienes mi cartografía y, por lo tanto, mi posición, ahí tienes mi programa, ahí tienes el sentido de mi voto. ¿Adivinas por quién, in dubbio, lo hago?
La política es anecdótica; la filosofía, categórica. Allá muevan feroz guerra los partidos, que es mi dios la libertad… Sentémonos, alegres, en la popa, sin diez cañones por banda, y filosofemos, Leopoldo, filosofemos antes de que el tiempo fallezca en nuestras narices.
Un saludo reaccionario, un abrazo pirata.

Fernando Sánchez Dragó

DE MIL AMORES
Leopoldo Alas

Me siento halagado por la epístola moral que me dedica Dragó, a quien admiro, aprecio y quiero. Lo primero que llama mi atención es su “orteguiana convicción de que tomar partido, en política, por lo diestro o por lo zurdo es una de las infinitas formas que el ser humano tiene a su alcance para convertirse en un estúpido”. Tan firme convicción no impide sin embargo que él lo haga, sin titubeos, por la derecha y que se defina a sí mismo, “a mucha honra”, como un conservador. Esto me recuerda lo que decía Pasolini: Mi contradico. Te contradices, Fernando. No niego que haya existido, exista o pueda seguir existiendo una derecha pagana y liberal pero es evidente que no es precisamente esa hipotética derecha la que conforma la ideología dominante del PP, cuyas posiciones en materia de derechos civiles son abiertamente reaccionarias. ¿O debo volver a recordarte que se manifestaron con los obispos católicos contra la reforma legal que ha igualado a los homosexuales con los heterosexuales en materia de matrimonio? Comparto tu desprecio por esta institución pero lo que buscaba y ha encontrado la ley era superar una discriminación social que ningún liberal sincero debería aplaudir. Y dejémonos de disputas nominalistas que son puro artificio, meras excusas para seguir discriminando. Si el término matrimonio sólo fuera heterosexual, ¿por qué entonces las mujeres pueden tener patrimonio? Además, Fernando, no se puede despreciar el matrimonio y a la vez tenerlo por sagrado. Y tampoco parece muy convincente proclamar la pansexualidad y hasta tal vez la androginia mientras se defiende la necesidad de un modelo masculino y otro femenino para la buena crianza y educación de un niño. Pamplinas. Tengo amigos heterosexuales que antes dejarían a sus hijos al cuidado de una pareja de osos gays que en manos de cualquiera de los inquisidores de ese terrible Foro de la Familia que considera a los homosexuales enfermos. En cuanto a tu predilección por la filosofía, querido Fernando, debo recordarte que, por mucho que simpatices con el orientalismo, eres un occidental puro. Aunque no quieras, estás inmerso en el dualismo, en la dialéctica y en la contradicción. Pero cuánto más me gustaría que tus contradicciones no se resolvieran en esa simpatía que manifiestas por una derecha que, a la vista está, se proclama enemiga de la pluralidad y que sólo admite y pretende imponer un único modelo religioso, ideológico y familiar. El espíritu, por supuesto. Pero no la religión, Fernando, y menos esa religión castrante. No discuto que el socialismo tenga una raíz cristiana pero basta con observar la realidad presente para saber dónde está cada uno. A día de hoy, el PSOE defiende el laicismo del Estado, que es la mejor herencia de la ilustración. Tú te remontas a Eleusis y yo a la Revolución Francesa. Cuando escribí aquellas líneas en mi columna estival pensaba ingenuamente que abrirías los ojos al presente y tomarías partido de una vez por la luz pagana de esta izquierda de hoy y no por la oscuridad eclesiástica de esa derecha que se proclama eterna. Pero, como también decía Pasolini, ho sbagliato tutto. Me he equivocado en todo. Aunque me sentaría de mil amores en la popa de ese barco pirata a filosofar contigo. Lo uno no quita lo otro. Yo también te envío un abrazo.

Leopoldo Alas