Entrevista a Céline Clémence Ndé

Por Emilia Lanzas

“Los cuentos ayudan a auto-realizarse”
Céline Clémence Magnéché Ndé (Camerún, 1967), profesora de Lengua y Literatura Española y Africana en la Universidad de Dschang, Licenciada en Lengua y Literatura y Doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Zaragoza, acaba de editar, ¿Verdad que esto ocurrió? Cuentos orales africanos, publicado en la editorial Páginas de Espuma.

Los cuentos pertenecen a la cultura de los bánsoa. ¿Quiénes son y por qué su literatura posee la suficiente importancia como para que se haya recopilado?

Es mi pueblo y los conozco muy bien, y pienso que siempre se ha de escribir sobre aquello que se domina. Me he centrado en ellos porque la literatura oral camerunesa es un campo excesivamente extenso.
Los bánsoas son una comunidad que pertenece al grupo bantú, originario del Sudán. Actualmente, la comunidad está formada por unas 35.000 personas que viven en la región de las altas mesetas del oeste de Camerún. Son agricultores y poseen fuertes tradiciones seculares en las que se apoyan. Entre estas tradiciones está su folclore literario.

¿Cuál ha sido el método para reunir y registrar los cuentos recogidos en el libro?

Este libro constituye lo esencial de mi tésis que leí en la Universidad de Zaragoza y, fundamentalmente, está basado en el trabajo de terreno, que entonces hice viviendo íntimamente con los bánsoas.
Me reunía en las cabañas con ellos y los grababa mientras contaban los cuentos; labor que realizan por las noches, que es cuando descansan y cuando, además, los muertos vuelven para compartir sus experiencias con los vivos.
He tratado de ser lo más fiel posible a las historias y a su forma de narrar. Sólo he quitado interjecciones o repeticiones, para que resultaran más literarios. Las ilustraciones que acompañan los cuentos han sido hechas por mis alumnos, que se inspiraron en las historias.

En la mayoría de estos cuentos, los personajes son animales y sus desenlaces conllevan una moraleja. En este sentido, ¿se encuentran asociados a las fábulas esópicas, en cuanto a su intención exhortativa?

La función principal de estos cuentos es la de divertir; pero también la de formar e informar. Lo cuentos transmiten valores y costumbres, lo que está permitido y lo que no, y la función específica de cada uno de los miembros de la comunidad.
En este sentido, sí tratan de persuadir para que no se realicen determinados actos inconvenientes como, por ejemplo, la vanidad excesiva, narrado en el cuento de la tortuga que quería ser más inteligente que Dios. O el egoísmo, que se condena enérgicamente en la mayoría de los relatos. Para los bánsoas, el grupo es muy importante, muy fuerte, todo depende de su cohesión y buen funcionamiento, de la unidad y la cooperación mutua, por lo que se denigra el egoísmo o cualquier tipo de acto individual en contra del grupo.
Pienso que conviene conservar lo positivo de la tradición, y eliminar lo que supone de antiprogreso. Los cuentos ayudan a los bánsoas a auto-realizarse.

Hay mucho de historia, de identidad tribal en estos cuentos. ¿Cuáles son los temas predominantes y por qué?

Los temas más repetidos son la defensa de la familia, la muerte, la boda (para los bánsoa una persona no posee la completa identidad hasta que no se casa y tiene un hijo). Y también el trabajo y la responsabilidad: hay que eliminar la idea predominante en las sociedades modernas de dejadez, de vagancia, de irresponsabilidad.
Como ya indiqué, aunque la función principal de estos cuentos es la de divertir; también sirven para formar, sobre todo a las nuevas generaciones y para establecer los límites y las reglas. Son cuentos morales, de transmisión de valores, como el trabajo y la perseverancia, de creencias, de representaciones…

Los cuentos, aunque de prosa clara y directa, utilizan también recursos estilísticos del cuento literario… Supongo que, al transmitirse oralmente, éstos cambiarán según las aptitudes y preferencias de quien los cuenta.

Las mujeres, que son las principales narradoras de estos cuentos, intentan ser muy fieles a las historias originales aunque, a veces, las adaptan a problemas concretos y actuales. Además, el público corrige constantemente porque recuerdan la historia tal y como es.
La repetición es el principal recurso utilizado, algo fundamental en un cuento narrado oralmente.

¿Cuál es la situación actual de Camerún?

La situación es de gran pobreza y atraso, especialmente en las zonas rurales.
Soy presidenta de la ONG ALFAMIR (Asociación para el bienestar de la Mujer y de las Familias Rurales). La mujer en Camerún no tiene ningún tipo de derecho, no puede decidir nada, la consideran un ser inferior, menor. ALFAMIR trata de capacitarla para ejercer una profesión y llevar una vida más digna.

Entrevista a Manuel Sánchez Montero

Por Emilia Lanzas

“Vivimos una nueva Guerra Fría”

Las fracturas del nuevo orden mundial (Editorial Cideal) es el libro que acaba de publicar Manuel Sánchez-Montero como reflejo y reflexión de su experiencia de doce años al frente de Acción contra el Hambre y como Coordinador de Médicos del Mundo en Bosnia-Herzegovina. Licenciado en Derecho, profesor de Cursos de postgrado sobre Cooperación Internacional en diferentes Universidades, coautor de los Informes Geopolítica del Hambre 2000 y 2003, Sánchez Montero, en un intento de poner orden en la actual hipertrofia informativa, realiza un exhaustivo análisis de los desequilibrios Norte-Sur, del contexto político y de los conflictos internacionales como forma de plantear no sólo el porqué del estado de las cosas, sino también la posibilidad de entrever una situación futura más justa.

¿Cómo definirías lo primordial del nuevo orden mundial, preconizado ya por George Bush padre, en 1991?

En principio, después de la caída del Muro, parecía que se iba a construir un mundo unipolar, en paz, bajo el imperio del Derecho; pero, en cambio, han aparecido numerosas fuerzas de índoles diferentes que no son estatales, pero que tienen una incidencia muy fuerte en las relaciones internacionales. En lugar de desaparecer los conflictos, éstos han tomado nuevas formas, diferentes a las tradicionales, como es el caso de la violencia económica. Pero, sobre todo, lo más alarmante es que el imperio del Derecho parece obsoleto. Y con él, los principios universales que hasta ahora remarcaban la civilización occidental, y que están siendo cuestionados.

Se pretende imponer la veracidad del definitivo triunfo del liberalismo, con tesis como las de Fukuyama o Huntington.

El fin de la historia o El choque de las civilizaciones junto con otras tesis economicistas reducen las relaciones internacionales a un diálogo de intereses económicos, sin tener en cuenta un montón de circunstancias que existen y que son derechos y recursos, necesidades públicas, como es el caso de la agricultura que deber ser gestionada de otra manera. Por ejemplo, reducir la explotación del agua potable como estrategia empresarial, algo que está pasando actualmente en Bolivia y en otros países, supone dejar sin acceso, en el primer caso, a la región del Alto; allí de 800.000 habitantes, sólo el 10% tiene acceso al agua, porque su gestión ha sido concedida a una empresa privada.

Respecto a la preconización del fin de la historia, yo defiendo que hay un reajuste del orden mundial en el que aparecen nuevos actores, que ya no son Estados; otros intereses, que ya no son políticos, nuevas ideas, ideologías y estructuras religiosas que ayudan a organizar determinadas poblaciones. Hay que hacer un hueco a todas estas nuevas fuerzas que están emergiendo.

En este sentido, no hay que satanizar la religión, porque en algunos países puede ser un elemento estructurador y vehiculador de intereses. La religión no debe ser tratada como si fuera algo pecaminoso, sino como un mecanismo válido, factible para ser incorporado al juego del poder. Por ejemplo, desechamos la idea de que el islamismo es una religión destructiva porque puede ser una buena forma de configurar sociedades frustradas que no tienen otra manera de salir adelante y de defender sus intereses. Debemos abandonar el discurso de que el islamismo es el gran enemigo de Occidente. Un caso muy claro es la Hermandad Musulmana de Egipto, partido político que intenta promoverse como alternativa al régimen autocrático de Hosni Mubarak, y que ha sido excluido de las Elecciones, entre otras cosas porque se pretende un Gobierno occidentalizado y laico. Incluso en Europa, la Democracia Cristiana está muy presente en muchos países, pero se ha querido eliminar cualquier tipo de ideología religiosa en la Constitución Europea , acabar con la cristiandad como uno de los valores de la Unión. Pero yo creo que la religión tiene un papel político hoy en día. Por ejemplo, en Guinea Konakri, el Islam es uno de los elementos más importantes para promover la integración social. Y en otros países la única representación es a través de grupos tribales y étnicos, como ocurre en el Líbano, con los grupos árabes-cristianomaronitas, árabes-chiítas, armenios, griegos ortodoxos… Es mejor tener las religiones dentro del juego político y no marginarlas y que se conviertan en un enemigo incontrolado. Sé que este tema es bastante controvertido, pero debería tenerse en cuenta.

Tras la caída del Bloque Soviético han surgido nuevos antagonismos y situaciones polarizantes entre países, como la rivalidad entre Estados Unidos y Europa. ¿Se puede decir que vivimos una nueva Guerra Fría?

Es uno de los términos que pretendo remarcar continuamente. Vivimos una nueva Guerra Fría, que es poliédrica: entre potencias del Primer Mundo; entre la tríada de centros de poder económico y político del sudeste asiático, Europa y Estados Unidos; entre lo ordenado y lo caótico; entre los ricos y los pobres; entre los que están dentro del orden jurídico establecido y los que se gobiernan por la violencia, el abuso de poder y la economía criminalizada.

De forma consciente estamos dejando que en determinadas zonas no se apliquen los derechos que deseamos para nosotros. En África occidental, por poner un ejemplo, se está llevando a cabo no sólo operaciones militares sino también acciones de tipo económico, abusivas y criminales, sin ningún tipo de control laboral ni derechos sociales.

Pero el concepto de Guerra Fría implica una amenaza. ¿Qué peligro real entrañan estos países?

Las amenazas están ahí. Y pondré varios ejemplos: Desde el año 2000, el SIDA está considerado como una de las tres principales amenazas a la seguridad nacional de los Estados Unidos; la pobreza es otro elemento amenazante porque produce violencia y desequilibra las zonas donde se encuentran los recursos energéticos esenciales para el mantenimiento del status quo en el Primer Mundo; la seguridad energética es otro de los elementos que la CIA incluye como uno de los ejes fundamentales de la seguridad norteamericana y esa energía se encuentra en estos países. Baste recordar las guerras de Irak y de Afganistán.

Por todo ello, existe, sin duda, la sensación de gran amenaza por parte del caos. Pero la línea que defiendo no es la de las intervenciones armadas ni mucho menos la explotación desmedida, sino que hay que integrar esos países, pensando en una rentabilidad a largo plazo, no a corto plazo. Por ejemplo, la tala de bosques en Brasil, que está depauperando la zona, proporciona beneficios a corto plazo pero en un futuro se creará otro país desesperado, con grandes masas de población en situación límite que también tendrán que emigrar, y que aumentará la tensión que ya se está viviendo en Europa.

Incides en la idea de que la degradación del concepto de Estado en numerosos países es una de las principales causas de inestabilidad y de conflicto.

El debilitamiento actual del Estado produce vacíos de poder que son aprovechados por actores potentísimos que no respetan fronteras, y que imponen su ley por encima del Derecho. No se puede admitir que las multinacionales, organizaciones no gubernamentales o grupos étnicos no tengan ni control ni responsabilidad pública ni ningún tipo de límite, como las actuaciones de la Shefl en Nigeria y Camerún.

En tu libro hablas de la inoperancia de la ONU y de los selectivos Tribunales Internacionales que, mientras se crearon para enjuiciar abusos en Yugoslavia, ignoraron otros casos similares como las intervenciones militares de Francia en Ruanda o la de Estados Unidos en Irak. Dado este ajuste del Derecho a los intereses de las potencias: ¿el internacionalismo carece ya de todo sentido?

Muy al contrario, cada vez es más necesario. Yo defiendo no sólo el internacionalismo sino, incluso, el universalismo. Necesitamos dotarnos de instrumentos globales, universales. Has citado los Tribunales que hasta ahora se han ido creando a conveniencia, pero pienso que se debería potenciar la Corte Penal Internacional de La Haya que, desde su creación, está siendo torpedeada para que sea inoperante, cuando sería un organismo que limitaría los abusos de las potencias. Voy más allá, sería fabuloso poner en práctica la doctrina de la Justicia Universal , del Juez Garzón. Así se acabaría, por ejemplo, con las Compañías como las de Panamá que realizan con total impunidad tráfico de esclavos en las aguas internacionales. Estos agujeros se taparían potenciando organismos universalistas.

Está claro que la ONU no funciona, está desposeída de su mandato político e ideológico. Por ejemplo, cuando ocurrió el tsunami, y estuve allí para comprobarlo, las Naciones Unidas no realizaron ninguna operación porque se lo impidieron las multinacionales movidas por intereses exclusivamente económicos para tomar posiciones de mercado. Ellas fueron las que coordinaron toda la Ayuda Humanitaria. Recuerdo que vi campos de desplazados bajo la bandera de Carrefour y portaaviones norteamericanos, cómodamente instalados a treinta millas, realizando el control de la distribución de material… No podemos admitir que todo se gobierne por la ley del más fuerte y por el neoliberalismo salvaje.

Actualmente, entre guerras y conflictos, hay unos cincuenta países que viven bajo situación de violencia. No hemos avanzado mucho.

No, al contrario, se va a peor. Por ejemplo, en América Latina se están agudizando los conflictos y la violencia es algo plenamente estructurado y, en muchos casos, es la única forma de dirimir problemas. Grupos de paramilitares, sicarios, mafias, las guerrillas urbanas… En Argentina, en Colombia, en Bolivia… Países que eran considerados como Primer Mundo, y que ahora están pasando al Tercero, como es el caso también de las Repúblicas de la antigua Unión Soviética que están regidas por los Señores de la Guerra. Yo he estado viviendo un año en el Cáucaso y las situaciones allí están dirigidas por los clanes, al Estado ni se le ocurre aparecer.

Porque el Estado es también corrupto y violento…

Sí, el pueblo no cree en él. Por ejemplo, en Rusia a nadie se le ocurre meterse en política si no está movido por el interés económico. Los nuevos políticos rusos son los magnates. Toda la antigua Unión Soviética está sustentada por señores feudales que compran voluntades. Por eso la población busca estrategias de subsistencia al margen del Gobierno y de las Instituciones. En Estados Unidos, aunque en otro sentido, la abstención también ha permitido que el espacio político quede desierto y que, de esta manera, se apruebe, por ejemplo, una Ley Patriótica que limita los derechos constitucionales del ciudadano.

Es lo que ha ocurrido también con la Unión Europea. Amparándose en la potencia del euro, han tratado de crear un sistema muy poco participativo en el que el ciudadano no está representado. Y, claro, en muchos países eso no cuela…

Criticas que los presupuestos que las potencias dedican a ayudas humanitarias a veces enmascaran otro tipo de intereses y que, incluso, intentan producir el efecto contrario al que supuestamente pretenden. ¿Incluyes aquí a las ONG’s y a las intervenciones pacificadoras de los Ejércitos?

Totalmente. La Ayuda Humanitaria debería ser independiente, y no lo es. Es una ayuda orientada política y económicamente por medio de empresas y entidades religiosas que se filtran en las ONG`s para conseguir otro tipo de fines. Eso es proselitismo, otra cosa. Empezando por el Reino Unido que es quien creó ese concepto hasta el Gobierno español que también ha usado la Ayuda Humanitaria para fines propios, políticos, como fue el caso del buque Galicia en Indonesia.

Hay ONG`s que también defienden causas políticas que las desautorizan. La Ayuda Humanitaria no debe tener otro tipo de fin ulterior que no sea ayudar a las víctimas.

En lo que denominas “el cada vez más exclusivo club del comercio mundial”, el 75% del intercambio de bienes y servicios está concentrado en veintidós países. ¿Es ésta la principal causa del desequilibrio Norte-Sur?

Es una de ellas, pero no la única. Es increíble que la propiedad de las patentes sobre semillas en el mundo la tengan dos multinacionales, una norteamericana y otra suiza, eso una fractura brutal, un colonialismo tremendo. O lo que ocurre con las vacunas sobre el SIDA, la mayor pandemia actual. Por ejemplo, si Malawi no tiene acceso a los antirretrovirales, será un país no viable dentro de quince o veinte años, porque la población, simplemente, desaparecerá. Las fracturas proceden de muchos lugares. El poder económico y tecnológico en pocas manos, es inadmisible.

Como Director de Operaciones de la Fundación Acción contra el Hambre, ¿crees que existe una apuesta seria de Occidente para acabar con ella?

Nosotros trabajamos fundamentalmente en tres sectores que son: seguridad alimentaria, agua y saneamientos y salud pública. Y siempre en zonas de crisis en donde la población no tiene acceso a estos tres sectores. Fundamentalmente en África donde la situación es cada vez peor, en América Latina, en donde no para de aumentar la pobreza: Bolivia, Paraguay, Ecuador… En Asia.

El hambre está producida, en el 95% de los casos, por la mano del hombre. Por ejemplo, las muertes por hambre que se producen ahora mismo en Bali y en Níger no están provocadas, como nos quieren hacer ver, por la sequía sino por la ineptitud de sus Gobiernos, por la falta de infraestructuras, etc. Pero sí, parece que hay una toma de conciencia por parte de numerosos países y, sobre todo, de la opinión pública para vencer el hambre. Y se puede acabar con el hambre, sólo hacen falta buenas intenciones. Las buenas intenciones que hasta ahora han quedado en malos sueños…

Entrevista a Avant Garde

Por Ainhoa García Oyarzún

“Queremos que nos escuchen con el corazón, no con la cabeza”

En apenas un año han editado su segundo disco: Read between the lines. El proyecto Avant garde es suyo, no sólo porque se lo han trabajado a conciencia, sino porque es una empresa de su exclusiva propiedad, así que están libres de toda sospecha de influencia ajena a su propio criterio artístico. Además, todos han pasado por la Universidad… ¿Alguien da más?

¿Por qué os llamáis Avant garde?
Aunque la palabra tenga connotaciones de vanguardia no lo hemos tomado por ese lado, no nos consideramos vanguardia ni nos consideramos precursores de nada, simplemente intentamos hacer canciones bonitas y ofrecer calidad y entretenimiento. Avant garde nos pareció atractivo desde la perspectiva militar, que son los que van por delante, en primera línea. Es un nombre meramente estético, suena bien.

¿Qué hay que leer entre líneas y qué es Súper L?

Read between the lines es lo que cada cual interprete, pero con letras muy sencillas, basadas en experiencias cotidianas. Y el primer disco lo titulamos Super L porque es la señal que se usa cuando aprendes a conducir.

Ahora que habéis llegado hasta aquí, ¿creéis que merece la pena?
De alguna manera somos unos privilegiados porque podemos hacer la música que queramos, la que nos gusta, no tenemos presión artística y tenemos una gran libertad creativa porque hemos creado nuestro propio sello. ¡Y la gente canta nuestras canciones!

¿Qué se siente al subir al escenario y oír un disco propio?

Lo primero, respeto. Respeto al público y respeto a la música. Quieres que todo vaya bien, tienes más miedo escénico pero después hay una especie de comunión con el público… y eso es gratificante.

¿Qué es lo mejor de la experiencia Avant garde?
Pues el grupo de personas que hay alrededor, porque Avant garde somos más que los músicos, desde la Distribuidora hasta la propia promoción, la editorial… Toda la gente que influye para que esto salga adelante hace que vayamos “todos a una”, aunque tengamos recursos limitados. La distribuidora V2, en management La Fábrica de Chocolate, Pablito Camuñas en promoción… Es como una gran familia, y todos tenemos muy claro qué es lo que tenemos que hacer.

¿Qué amigos o enemigos tiene esta profesión?
Enemigos, ni idea; sabemos quiénes son nuestros amigos… El sistema social español en el que prima cierta escena musical más relacionada con la “caspa” es el principal obstáculo, eso sí. Que haya ciertos artistas que sean “súperfamosos” con la canción del verano eso es un hecho cultural español y hay que aceptarlo, es el clima que vivimos, pero hay un público para todo el mundo. No somos tan importantes como para tener enemigos. En el mundo musical somos inofensivos.

¿Qué es ser músico?

Bueno, hay intérpretes, compositores, pero no todos los músicos son artistas ni todos los artistas son músicos. Puede quedarse en el mero entretenimiento o ser arte. El carisma o la “cara” del intérprete canta música, pero el compositor es el que crea.

¿Cómo definiríais el panorama musical español?
Hay que mejorar muchas cosas.

¿Qué expectativas ofrecéis a quién se compre vuestro disco?
Pues alguno se dará cuenta de que no somos genios, pero el consejo es que escuchen Avant garde con el corazón, no con la cabeza, es cerrar los ojos y sentir las canciones porque son canciones bonitas.

¿Os arrepentís de algo?

No. Esto es un camino y hay que asumir que todo lo que hemos hecho lo hemos elegido nosotros.

¿Qué proyectos tenéis?

Sobrevivir. Porque vivir de la música es complicado, ganar dinero con lo que te gusta hacer. Hicimos el primer disco hace un año y, bueno, son muchas horas, pero nos gusta.

¿Qué consejo darías a la gente que quiera dedicarse a esto?
Cuando empiezas no crees que sea tan duro como lo es al final. Te creas expectativas, te frustras. Si quieres dedicarte a esto ten mucho respeto a lo que has elegido. Desde fuera es bonito, igual de bonito que levantarse a las 3 de la mañana, ir a Barcelona, volver a las 12, hacer dos entrevistas, un acústico, hacer un aprueba de sonido, empezar a las 12 y acabar a las 3 y haber estado 24 horas sin dormir… Puede resultar atractivo, pero es duro el ritmo de vida, que es lo bonito, así que imagínate los sinsabores: no eres nadie, llamas a todos los sitios y nadie quiere que toques, las clases y los instrumentos son caros. Te sientes una gota en el océano.

Entonces el halo de glamour de los escenarios…
Eso aún no lo conocemos (risas), pero existe: chicas, fiestas… ¿no?

Si quieres saber más sobre Avant garde: www.avant-g.com

Entrevista a Sergio Cabrera

Por Valerio Veneras

“Tener sueños idealistas es fundamental para la salud del ser humano”

Sergio Cabrera acaba de estrenar su última película Perder es cuestión de método, un “thriller tropical”, como él mismo dice, que versa sobre el enmarañado mundo de la corrupción en Colombia. El autor de La estrategia del caracol regresa con una historia basada en la novela del mismo título que muestra la lucha entre idealistas y nihilistas, entre perdedores y perdidos. Con una biografía novelesca que pasa por China, la guerrilla colombiana, la Universidad de Filosofía hasta los días de cine en Londres, el cineasta colombiano nos muestra su mirada sincera y llena de romanticismo. De ese que le ayuda a vivir y contar historias. Porque Sergio, al igual que los protagonistas de sus películas, tiene sueños altos y poderosos. Sueños que le permiten no envejecer y seguir siendo un niño.

En tu última película Perder es cuestión de método, sigues con tus particulares “Quijotes” en un mundo de depredadores…

De hecho cuando leí la novela de Santiago Gamboa yo me imaginé visualmente a Don Quijote y Sancho Panza, a pesar de que no creo que fuese deliberado por el autor, y cuando empecé el “casting” busqué con esta imagen en la cabeza. Es una referencia aunque no quiero que sea muy evidente, pero sí me gusta que se sienta así porque cada personaje representa lo que creo que ha hecho al Quijote un libro tan universal. Y es que uno encarna el idealismo, el pensar que va a solucionar los problemas de un país y el otro la realidad, que es el que está con los pies en la tierra. Son pinceladas porque ni el autor ni yo quisimos representarlos literalmente, pero sí son imágenes quijotescas que en países como Colombia hacen falta sentir. Sentir que existe la ilusión de cambiar, de acabar con la corrupción aunque sea en casos puntuales. Algunas personas me han dicho que la película tiene un final derrotista pero yo no puedo solucionar en una película los problemas que no se han solucionado en la vida real, aunque puedo mostrar que sí hay con quién solucionarlos y esos son los personajes que siempre me han interesado a mí, los que se rigen por unos códigos propios que los llevan a ser idealistas.

La película tiene una fotografía muy bella. La selva rodeando a la ciudad de Bogotá ofrece una imagen poética, metafórica, como un laberinto rodeando a una colmena donde se cruzan las alegrías y la penas… Y ese laberinto visual curiosamente se parece al guión que se entrelaza y se complica como una madeja…

Sí. Con Jorge Goldenberg, el guionista que ha adaptado la novela, tengo mucha confianza y le expliqué que quería una película coral porque la tendencia de los guionistas generalmente es la de hacer historias de tres personajes y a mí me gustan las historias corales porque siento, como tú dices, que es una especie de colmena. Aunque en una historia puntual los protagonistas sean unos, la influencia de todos los demás en el desarrollo de la narración es muy importante. En literatura o cine mido el efecto de lo que leo por cómo tratan a los personajes secundarios tanto en su interpretación como en su personalidad. Si existe o no existe. Esa era una preocupación que llevaba también a lo arquitectónico porque las historias policiales, los “thrillers” generalmente necesitan espacios donde el investigador se vuelve muy pequeño. Los espacios tradicionales de este género en el cine de Hollywood son las grandes ciudades como Nueva York o Los Ángeles, generalmente con escenas rodadas desde helicópteros que muestran la inmensidad de la ciudad que vuelve insignificante al detective. Yo quería que fuera un “thriller” más tropical, respetando los códigos y claves de ese cine, mi primera película de género, pero también quería tener la libertad de mostrar la ciudad de una forma específica. Como en la imagen del principio, el empalado con la selva alrededor y la ciudad al fondo, quería visualizar el costo de la especulación inmobiliaria, de la corrupción…

Recuerdo que La estrategia del caracol me recordó al cine de Berlanga por ser una cinta coral con personajes que muestran sus alegrías, su patetismo… En una especie de torre de Babel. En alguna entrevista he leído que te gusta la humanidad y la honestidad de un pueblo que enseña sus heridas, que quiere mejorarse como es el colombiano. ¿Crees que hace falta ir a Sudamérica o los países con conflictos (como hace Kusturica con Yugoslavia) para encontrar esa humanidad?

En los países con graves conflictos las manifestaciones creativas se multiplican. Es la historia de la humanidad. Me imagino que no es una casualidad que el Renacimiento corresponda a una época de grandes conflictos o que la Revolución francesa o rusa produjera obras tan importantes, pintores como Kandinski o Chagall son fruto de momentos de efervescencia de la sociedad. Es casi paradójico que en un país como Colombia haya tantos creadores: pintores, escritores, músicos… Pero es una forma de exorcizar toda la violencia que hay, una manera de canalizarla. Creo que en España también los hay aunque las preocupaciones sean otras. Se ha llegado a un nivel de confort, de seguridad en general que hace que las preocupaciones de la gente sean más individuales, psicológicas, afectivas… Pero también siento que en películas como Mar adentro, Los lunes al sol o Solas hay esa misma actitud, con temas muy conmovedores de la sociedad española, y supongo que cuando los artistas españoles empiecen a escarbar sobre el problema de la inmigración no como un fenómeno curioso, sino como una fuente de conflictos auténticos y de gente que está aportando a España no solamente su trabajo, sino su creatividad harán cosas maravillosas. En Francia el cine alrededor de la inmigración ha sido importantísimo y de gran calidad. Creo que en un país siempre conviven esas miradas diferentes y que para España es una bendición que llegue sangre nueva porque sino se va viciando… La mirada curiosa que sólo se mira el ombligo termina por ser aburrida.

En Perder es cuestión de método, los personajes están implicados como en una espesa telaraña, como dice la canción de Aterciopelados con la que arranca el film: “Todos estamos untados… involucrados…”.

Naturalmente no es cierto que todos formemos parte del engranaje de la corrupción, pero sí es verdad que la gente tiende a cerrar los ojos cuando ve la corrupción cerca y siente que de alguna forma no le va a hacer mucho daño o que más bien puede incluso beneficiarlo. Hay tendencia a cerrar los ojos o a ser benévolo con los corruptos cuando debería ser al contrario. Es el caso típico de “mientras no me toque a mí…”. El interés mío a la hora de hacer películas no es solucionar problemas, creo en lo que dice Michel Foucoult de que los intelectuales han de ser cartógrafos por su capacidad para mirar con una perspectiva mejor que el resto y poder hacer el mapa del país. Siempre ha sido una virtud de los intelectuales, artistas y científicos ir delante de los políticos. Últimamente siento cada vez más que el papel que tengo como narrador de historias ha pasado a segundo plano y que de alguna forma busco que la gente cambie, para bien o para mal, pero que cambie. Ya no me interesa que la gente piense como yo pero sí que tenga herramientas para cambiar. Hay muchas películas que a mí me han cambiado el modo de ver las cosas.

En tus películas encuentro una mezcla de compromiso social junto a la búsqueda del individuo que acaba imponiendo su carisma y humanidad por encima de las circunstancias. De esta manera resultan emotivas, entretenidas… ¿Cuál crees que es la principal función del cine?

Creo que la principal función del cine es emocionar. Es como un gimnasio de emociones. Hay gente que, por la razón que sea, no tiene acceso a los niveles de cultura que tienen otros que utilizan la literatura, la pintura o el cine para tener emociones y esas emociones nutren el cuerpo y no haberlas sentido nunca puede ser catastrófico. No haber sentido piedad, tolerancia, odio o rencor te lleva a no saber medir tu capacidad de ser tolerante, odioso o rencoroso. El cine, el teatro, la literatura, la pintura… Te ayudan a tener un control sobre tus emociones que a la larga es fundamental. Para mí el cine es un vehículo para transformarme en una mejor persona. Siempre he tenido sueños de ser una buena persona y no es fácil en el mundo en que vivimos. Yo no creo en ningún dios ni en ninguna religión y he estudiado en profundidad algunas, pero me he dado cuenta de que mi religión es muy sencilla: quiero ser mejor persona. Creo que esa es la principal función del cine para el que lo hace y para el que lo ve. Es como si uno pudiera exorcizar sus demonios virtualmente sin necesidad de hacer daño a nadie.

Tu biografía es digna de una novela de Joseph Conrad. Naces en Medellín, a los 10 años viajas a Pekín para vivir allí con tu familia, a los 18 años vuelves a Colombia para luchar en la guerrilla, cuatro años más tarde regresas a China donde estudias Filosofía hasta que dos años más tarde viajas a Londres a estudiar cine… Con toda la experiencia que te ha dado la vida y observando tus películas: ¿Crees en el individuo por encima de consignas, dogmas o creencias?

Los protagonistas de mis películas son siempre personas a las que admiro. No son ejemplares, a veces son delincuentes como Maqroll en Ilona llega con la lluvia, pero hasta ahora no he querido hacer una película en la que no se sienta esa recuperación de la dignidad individual. Vivimos en un mundo dominado por el corporativismo, a uno de pequeño le enseñan que eso pertenece al mundo feudal, a los gremios, pero incluso en España la democracia no responde al individuo como debería ser sino a las corporaciones que lo representan: religiosas, políticas, deportivas. El Estado responde primero a éstas, que son las que lo alimentan antes que al individuo. La palabra “individuo” es hasta peyorativa en la sociedad. Ser individualista está mal visto. La recuperación del espíritu romántico que para mí es esencial en la construcción de mundos mejores, pasa por la recuperación del individuo en detrimento de las corporaciones que no tienen alma y que no les importa que la sociedad sea mejor o peor porque viven de unos gráficos que no tienen nada que ver con las personas y deshumanizan la sociedad. La recuperación del individuo es fundamental y es una preocupación real y auténtica que tengo en el cine y en la vida cotidiana. En cómo escojo a mis amigos, educo a mis hijos, en las películas que me gustan, en lo que leo… Es una lástima que el mundo haya perdido ese espíritu romántico que se cultivó tanto en el siglo XVIII y XIX para caer en el nihilismo más absoluto en donde nada importa y todo es mercancía. La gente que tiene como meta la adquisición de algunos bienes materiales y mide el éxito de su vida por el coche, la casa, la casa de campo, las acciones, no son personas a las que envidie, envidio mucho más a la gente que mide su vida en sueños. Y de alguna manera intento que mis películas sean vehículos de sueños.

Perder es cuestión de método se estrena el día 3 de junio en toda España.

Entrevista a Pilar Adón

Por Emilia Lanzas

“A pesar de su dificultad, ser escritor es una buena opción”
Pilar Adón (Madrid, 1971), Licenciada en Derecho por la Universidad Complutense, es poeta, narradora y ensayista. Con diecisiete años ganó su primer premio literario en el Concurso de Relato Breve de Radio Nacional de España-R3.
Con Donde acaba la creencia, obtuvo el Premio Regenta de Ensayo. También ganó el I Premio Nuevos Narradores Ópera Prima, en 1999, con El hombre de Espaldas. En 1998, participó en la Primera Exhibición Internacional de Poetas Contemporáneos de la Universidad St. Thomas de Fredericton, Canadá. En la actualidad, ejerce la crítica literaria en el suplemento Caballo Verde, del periódico La Razón. Otras obras suyas son: Todavía la luz (ganadora del Premio Ategua de Novela Breve, 1997) y Las Hijas de Sara (2003), y los libros de poesía Sesión de tarde y Poems Nipples. Acaba de publicar la colección de cuentos Viajes Inocentes, en la editorial Páginas de Espuma.

Los cuentos que conforman Viajes Inocentes parecen unificarse, más que por el hecho de que los personajes estén en tránsito, por la atmósfera asfixiante y onírica que los configura.

Para mí los ambientes son muy importantes, y no sólo en narrativa sino también en poesía. Los ambientes son una forma de captar al lector, por medio de ellos se ubica la historia, se sitúa en un espacio y en un momento determinado a partir del cual, logrado ese punto, todo lo que le cuentes al lector se lo va a creer porque ya está introducido en el texto y es, en alguna medida, partícipe de él. Por eso los ambientes son fundamentales y, cuando has leído un libro y pasa el tiempo, en lugar del título de la obra o de determinados personajes, te sueles acordar de todo aquello que envuelve el texto y que provoca que puedas trasladarte de nuevo a él.
Los personajes de Viajes Inocentes van de una situación no aceptada a otra que supone una esperanza. Ese momento de tránsito, ese estado mental, no es fácil. Dejas una rama de la que cuelgas y te agarras a otra. Se pierde el control. Se abandona la rutina diaria, la planificación. Ese momento de tránsito lo reflejo con los ambientes opresivos, asfixiantes…

Los personajes de estos cuentos se caracterizan, además de por anhelar un cambio y por su condición desamparada, por mentir a menudo.

Los personajes son conscientes de su situación de frustración y así mismos intentan no mentirse; pero otra cosa es cómo sigan actuando…

Cuando no se viaja, ¿se enferma de excesiva cordura?

Sin duda. Y ese mensaje está presente en mi libro. En este sentido, me ocurre que cuando termino una obra es cuando descubro el leit motiv que la ha propiciado. Cuando acabé Viajes Inocentes me di cuenta de que el miedo mueve a los personajes, no el dinero ni el amor. Ese es el principal leit motiv; otro podría ser la cordura. En el día a día mantenemos el control y por eso nuestra apariencia es la de saber lo que estamos haciendo. En cambio, cuando viajas (aunque como decía Paul Bowles ya no existen viajeros, sólo turistas) abandonas el orden y aparece la locura, en mayor o menor medida.

¿Qué función tienen los poemas que separan los cuentos de Viajes Inocentes?

Cuando terminas un relato y pasas inmediatamente a otro, se produce una ruptura excesivamente brusca. Una historia se acaba y pasas a otra totalmente distinta. Para dulcificar ese tránsito decidí introducir los poemas que aluden y recrean características del relato anterior. Con esa imagen de tránsito es más fácil pasar al cuento siguiente.
A mí me ocurre que cuando leo un libro de relatos, cuando acabo uno de los cuentos y abandono su universo para pasar al siguiente, me asalta una especie de nostalgia, siento como si hubiese cometido una traición que yo como lectora cometo con la historia que acabo de leer.

Aunque te iniciaste escribiendo cuentos, has cultivado también poesía y novela. Independientemente de sus diferencias formales, ¿cómo te condiciona un género u otro?

Para mí, el género más complicado es el relato. El relato exige del escritor un autodominio brutal, incluso más que la poesía. Por ejemplo, el escritor de cuentos tiene que tener una capacidad increíble para elegir correctamente cada una de las palabras que va a utilizar. Igualmente, a la hora de narrar una historia, aunque el escritor sólo lo perciba de manera intuitiva, tienen que coexistir dos historias, por lo menos, a la vez. La obvia, la que lleva al lector de la mano, la aparente, y la subterránea, que es lo que fija la universalidad del relato. Y todo esto en un espacio muy limitado.
Del mismo modo, los cuentos tienen que tener algo del ritmo de la poesía. James Joyce decía que si una frase no te convence, si tienes alguna duda sobre ella, léela en voz alta; óyela, entonces decide. Escribir cuentos es, sin duda, una tarea laboriosa.

En España no ha habido nunca una auténtica tradición cuentística, pero parece que es ahora cuando el género está repuntando. ¿Le auguras un buen futuro?

Es cierto que España está a gran distancia del mundo anglosajón en donde el cuento se encuentra al mismo nivel que la novela. Aquí se está empezando, gracias a determinadas editoriales, como es el caso de Páginas de Espuma, que están asumiendo riesgos. También hay cada vez más lectores de relatos lo que debemos en parte a la fuerza de la literatura latinoamericana, en donde también el cuento tiene preponderancia.

Pero cuando en España se produjo el llamado “Boom”, y se publicaron masivamente cuentos de Cortázar, Borges… Eso no estuvo asociado a una mayor producción autóctona del cuento.

Sí, a pesar de la categoría de estos autores, el relato continuaba considerándose un género menor; pero esa es una tendencia que se está corrigiendo y, estoy segura, cambiará en un futuro. El cuento acabará teniendo el lugar que le corresponde.

Se sigue pensando que la novela -por mediocre que sea- comporta un mayor prestigio. Además tiene el apoyo de las grandes editoriales…

La novela se asocia con los cuantiosos premios literarios en donde los escritores reciben millones y millones, y una gran difusión mediática. También, por razones diversas que no siempre son literarias, la novela es más fácil de vender y encabeza las listas de los bestsellers.

¿Cómo marca publicar tan joven? ¿Has conseguido vivir de la literatura?

No, no he conseguido vivir de la literatura. No sé cómo se logra eso, aunque te aseguro que me encantaría vivir de ella. Pero, a pesar de todo, a pesar de su dificultad, pienso que ser escritor es una buena opción. La primera novela que publiqué fue gracias a un premio literario. De todas formas publicar no siempre es lo más importante. Escribir es lo fundamental porque forma parte de mí. Intento cada día hacerlo lo mejor posible, lo mejor que yo puedo hacerlo. No se debería publicar nada de lo que no se estuviera absolutamente seguro. En realidad, aunque siga publicando, mi vida no ha variado significativamente y, repito, lo importante es hacerlo bien, honestamente. Evolucionar, aprender…

Reseñas libros en el suplemento literario de La Razón, ¿es más complicado e incluso tiene sus contrapartida ejercer la critica literaria cuando uno mismo escribe?

Lo es, pero tampoco lo es. Primero se es lector y, después, escritor. Se escribe porque se lee. Aunque resulte cursi empecé a escribir porque quería transmitir lo mismo que los escritores que yo había leído. Después vas controlando las técnicas. Todo ello te va dando la suficiente capacidad para valorar lo que han hecho otros. Juzgar la obra de los demás es de una gran responsabilidad. Menos mal que no realizo la crítica de obras españolas, sólo de otros países. Es una suerte…

¿Y cuál es el panorama de la literatura europea?

Como pasa en todas partes, hay novedades excelentes y muchas obras totalmente prescindibles que no aportan absolutamente nada a esto que llamamos literatura. Pero, muy de vez en cuando, te llega una joya; una obra elaborada con paciencia, con trabajo, con control…
Pienso que es en Inglaterra en donde se está ahora mismo publicando lo mejor de la literatura europea, con autores como Martin Amis, Julian Barnes…