Entrevista a José Balza

Por Emilia Lanzas

“Cuando uno escribe también está lo que no se quiso decir”

José Balza, toda una institución en Venezuela, ha publicado en España una selección de sus cuentos, Caligrafías, en la editorial Páginas de Espuma. Desde 1965, año de Marzo anterior, su primera novela hasta esta última, Balza ha escrito más de cuarenta obras tanto de narrativa como ensayos sobre teoría literaria, arte y cine (La mujer de espaldas, Un Orinoco fantasma, Persecución…).
Galardonado con El Premio Nacional de Literatura en 1991, sus cuentos han sido traducidos en diversas antologías al inglés, francés, alemán, hebreo o italiano. Es autor de lectura obligada en varias Universidades norteamericanas, en la Universidad Hebrea y en la asignatura de Literatura Hispanoamericana de la Facultad de Filología de la UCM.

Tu último libro, Caligrafías, lo subtitulas: “Ejercicios narrativos”, ¿supone esto una actitud exploratoria, alejada del concepto de cuento como tal?

Cuando era muy joven leí a un escritor venezolano, Guillermo Meneses, y él tituló Ejercicio narrativo a uno de sus relatos. A mí me llamó la atención esa denominación porque sentía que lo que estaba haciendo no eran realmente cuentos. De los diecisiete a los veinticinco años, digamos que con la palabra “ejercicio” lo que intenté es imitar. Uno de los autores a los que traté de imitar fue a Ray Bradbury cuyos cuentos los considero muy vitales, están llenos de luz, de claridad, poseen acciones muy rápidas; hay en la ficción de Bradbury como una eterna primavera.

También había leído a Platón, e inicié con él ese proceso del diálogo platónico de discutir una idea, lo cual también imité e incorporé como una forma de discusión de ideas de mis personajes.

Por tanto, aquella ejercitación fue en un principio un proceso de imitación con el que yo pretendía encontrar una manera, una forma de composición, crear una estructura que pudiera ser más propia, más mía; es decir, lo que quería era descubrir una determinada técnica de escribir. De eso se trata: hay una eterna ejercitación en la forma del relato y de la novela, y en ese problema de mostrarle al lector la historia está uno de mis secretos literarios. Evidentemente, el lector no debe enterarse de que existe una determinada forma, pero el escritor sí debe ser muy consciente de ella.

En este momento, yo diría que son ejercicios porque intentan rodear, bordear a los personajes, a las historias. Yo no tengo mucha imaginación, y por eso trato de percibir los seres, explorarlos, captar el misterio de su conducta.

Hay un carácter marcadamente simbólico en tus cuentos -el caimito, la roca…-, que remiten a fatalismos.

Hay un verso de Baudelaire que dice: “Entre bosques de símbolos, va el hombre a la deriva”.

Los hechos y los objetos adquieren un carácter simbólico dependiendo de quién los perciba; pero te diría que en mis cuentos no hay un uso deliberado de lo simbólico sino que, tal vez, cuando uno toca experiencias de las personas con acierto, con sensibilidad, se termina dándoles un tinte simbólico.

Por ejemplo, el cuento que has citado. La mujer de la roca, te diré que yo no inventé esa historia -como he dicho antes, no tengo gran imaginación-, es real que una mujer arrastró una roca inmensa desde una distancia de veinte kilómetros y la llevó hasta su casa, para colocarla en su patio. Pero, ¿por qué una roca y no una flor? Ella no sabe el porqué y yo tampoco, pero intento contarlo en mi cuento. Sin duda, hay en este hecho un gesto simbólico profundísimo, que yo no alcanzo a comprender; pero cuando uno escribe también está lo que no se quiso decir.

También son numerosos los cuentos narrados por el adulto pero desde la perspectiva de un niño, ¿hay en ello la declaración de principios de uno de tus cuentos, La sombra del oro: “y que cuanto era entonces seguiría siéndolo para siempre”?

Ese cuento también está basado en una historia real. Cuando tenía ocho años encontré una paloma -un animal extraordinario en el Orinoco-; algunos me decían que le cortara las alas porque si no huiría. Pero yo no quise y la paloma vivió conmigo tres días, hasta que se escapó. Pienso que en la vida siempre estamos perdiendo algo, por eso, cuanto se posee y, sobre todo, si es algo especial hay que gozarlo profundamente, porque se puede ir.
Así he actuado siempre, disfrutando de lo que tengo pero sin cortarle las alas.

¿Por qué crees que la literatura venezolana tiene tan escasa divulgación en España?

En mi caso personal, es la segunda vez que publico aquí, la primera fue la novela Percusión en Seix Barral. Por eso, el hecho de que después de tantos años y a mi edad vuelva a España, y ahora con un libro de cuentos, representa para mí como un soplo de juventud.

En cuanto al hecho de que se publique muy poca literatura venezolana en España, pienso que sí hubo mayor divulgación en los años 50, por la sencilla razón de que los escritores venezolanos se exiliaron, como fue el caso de Uslar Pietri. Aunque parezca mentira, el exilio cuenta mucho para la difusión de las literaturas.

Después llegó la Democracia a Venezuela, aunque coja y defectuosa, y el negocio del petróleo que, si bien nunca tuvo una distribución justa, supuso un auge económico y el venezolano dejó de emigrar. Más tarde, apareció en Venezuela una editorial excelentísima, MonteÁvila Editores, que producía masivamente para toda América Latina. Todas estas razones hicieron que los autores venezolanos se quedasen tranquilamente en su tierra, ¿para qué te vas a mover si estás mejor en tu casa? Hemos sido poco viajeros en esos años.

¿Como escritor y como profesor universitario, cómo ves la situación, especialmente la cultural, en la Venezuela de Chávez?

Intentaré decirlo de la forma más benigna posible, la situación en la Venezuela de Chávez es una situación gelatinosa, una cosa indecisa… Queda una tradición fortísima de plástica, de cine, de literatura; pero lo nuevo que ha surgido es muy escaso, muy endeble. Pero puede mejorar, sí, sin duda mejorará…

En cuanto a la Universidad Central, siempre ha sido un organismo de oposición a cualquier Gobierno; antes, en la dictadura, era el centro de la guerrilla y hoy es el centro antichavista.

Aparte de esta lucha política, la Universidad tiene un excelente centro de ediciones, básicamente ensayo, aunque, y es una pena, no posee sistemas de distribución. Por ejemplo, existe una extraordinaria traducción, ejemplar, de los Diálogos de Platón, que mucha gente tiene que ir a buscarla allá, porque nadie la distribuye.

Sin caer en exotismos, ¿nacer en el Delta del Orinoco condiciona en exceso?

Sin duda, en el mundo de la robótica y de la globalización, haber nacido en un lugar puro, aislado; en un lugar lejano, remoto, tan sensual es simplemente una suerte. Y aunque viva en Caracas vuelvo muy a menudo allí.

Entrevista a Nikita Nipone

Por Ainhoa García Oyarzun

Aunque cueste un poco encontrar el mundo Nikita Nipone en el Mercado de Puerta de Toledo (Madrid), existe: bajando unas escaleras mecánicas (de frente a la derecha), se llega al local 2224 y entre nubes y reflejos de mil colores que cuelgan de las perchas con formas trapezoidales, circenses, japonesas o de cualquier otra clase de geometría onírica imaginable… ¡Allí está! Y justo y solamente allí.

“Quienes quieran dedicarse a este mundo, ¡qué hagan lo que les dé la gana!”

Tantos colores y formas, diseños tan llamativos, esto no parece típico de alguien que sigue las pautas de un “diseño de moda”… ¿De dónde vienes y cómo has acabado aquí?

Bueno, yo hice Bellas Artes y luego me puse a diseñar cosas: primero empecé a diseñar webs y después muñecos de plastilina, en fin, mogollón de cosas diferentes, un día fotos, otro día vídeo o lo que fuese, lo que pasa es que desde siempre he ido haciendo ropa, me daban rachas y hacía una colección y luego la vendía a amigas y luego dejaba de hacerlo y luego me ponía a hacer otra cosa… Pero de repente vi la oportunidad de meterme en la tienda y aquí estoy.
¿Arte en tela?

Son experimentos, pero la idea es que la gente se los pueda poner y sea factible, que sean reales. Yo experimento y cada prenda tiene un proceso creativo, no hay otra igual. No es una cadena de producción sino que está todo muy pensado, la mezcla de las telas, todo. Es un proceso muy parecido a cualquier otro proceso creativo, como pintar, por ejemplo.
¿Y qué tiene de atractivo crear y trabajar con tejidos?

A mí me gusta mucho vestir y me gusta mucho la ropa. Me parece muy interesante poderte poner cosas, llevar puesta una idea creativa. Y la gente se lo va a poner y lo va a lucir en la calle y va a llevar tus ideas, tus cosas. Es más práctico que una exposición que me parece algo muerto; lo otro es más dinámico para mí.
¿Por qué te llamas Nikita Nipone ?

La idea era crear una marca que fuese graciosa porque me apetecía que fuera algo español, pero que sonara japonés (como ahora la moda está en Japón…), pero también pensando en estos chistecillos de toda la vida tontos y salieron varios, había uno que era “Tokiskimesoba”, pero ¿cómo voy a decir “¡Hola! Soy tokiskimesoba”?, así que Nikita Nipone era el que menos implicaba y resulta gracioso, y suena japonés, que mis cortes son todos muy japoneses.
Y ahora que has llegado hasta aquí, ¿merece la pena todo esto?

Para mí sí, aunque hay veces que “te cagas de miedo” y te dices “pero ¿cómo me meto yo en estos líos?” porque es mucho dinero y en ocasiones no hay ventas y cuesta, pero creo que compensa totalmente porque lo que a mí sí que no me compensa es estar dedicándome a un trabajo mogollón de horas al día y que me amargue la vida, prefiero tener un trabajo que me ocupa tantas horas para pagar facturas y con esto disfruto y vivo e intento tener una proyección de algo, si puedo lo consigo y si no para encontrar un trabajo de sueldito al mes siempre hay tiempo.
¿Qué amigos y qué enemigos tiene esta profesión?

Aunque se supone que es un mundo muy superficial y muy tonto, también depende de cómo tú te muevas. La gente que he conocido hasta ahora son gente muy maja y quien no va con esta tienda no entra, y el que entra es porque le gusta el ambiente y con la gente que conozco es lo mismo, con los que no hay feeling pues no hay feeling así que hasta ahora para mí todo es positivo, que no quita que no tenga mis momentos “rollo Conan” porque estoy en esto sola.
¿Cómo definirías tu estilo y tus influencias?

Es una mezcla de muchas culturas. Y una mezcla de flores, de lunares, de cuadros, de telas, de colores… es muy típico de Nikita que tenga colores muy fuertes, me gusta, y un colega me dijo un día que dependiendo de cómo diseñes se ve un poco cómo eres y a mí siempre me dicen que soy muy alegre porque me gusta la mezcla muy explosiva, no me corto un pelo, vamos…


¿A quién te gustaría hacerle así un diseño, en quiénes piensas cuando estás creando?

Lo tengo muy claro, para la gente de la calle, a mí es la peña lo que más me gusta. Me parece un reto mayor porque aunque dicen que los ricos tienen un gusto especial pues yo creo que la gente de la calle es quien tiene estilo. Yo me quedo con la boca abierta viendo a la gente cómo viste y son los que me impresionan y por eso tengo un rollo muy popular de precios. La gente rica y tal, ¡es que me la suda!
¿Y si viniera un día Beckham y te encargara un diseño?

Bueno, si se lo quiere poner yo encantada, me hace publicidad… (risas). Y puede que sí que haya gente interesante y rica pero… no es mi meta, ya te digo.
A partir de ahora, ¿qué tienes planeado hacer?

Ya he hecho hace poco la colección de verano 2005 ( Y yo kon estos pelos ) y quiero producirla y distribuirla por las tiendas y poco a poco ir mejorando en calidad y en todo, y aprendiendo.
¿Qué consejo le darías a quien se quiera dedicar a este mundo?

¡Qué hagan lo que les dé la gana!

Entrevista a Hans H Hoppe

Por Silvia Cabrera Ballester y Antonio Muñoz Ballesta

“El Estado interventor supone el dominio más peligroso para la libertad”

La localidad murciana de Puerto de Mazarrón fue el escenario elegido para la celebración de los IV Encuentros de Humanidades y Filosofía. Para el acto, se contó con la colaboración del filósofo y economista alemán Hans-Hermann Hoppe, autor de libros como El Mito de la Defensa Nacional y Socialismo y Capitalismo, entre otros. Su última obra, Monarquía, Democracia y Orden Natural, Una visión austriaca de la era americana (Ediciones Gondo. Madrid, abril 2004, Traducción y prólogo de Jerónimo Molina), en la que se centró la conferencia, propone una nueva forma de interpretación histórica de los Estados y de la sociedad, a través de la demolición de tres mitos: el primero es el mito de que el Estado ha sido la “causa” del progreso de la civilización; el segundo mito es el que sostiene, igualmente, que ha sido un avance la transición histórica de las monarquías absolutas a los Estados democráticos y, el tercer mito, es el pensar que no existe una alternativa a las democracias sociales occidentales según el modelo de los Estados Unidos.

En la actualidad, el profesor Hans Hermann Hoppe de la Universidad de Nevada-Las Vegas (USA), junto con Jesús Huerta de Soto, es el mayor representante de la Escuela Austriaca de Economía. Hoppe explicó magistralmente, ante una sala repleta de un interesado público, que según las tesis de la Economía de la Escuela Austriaca y según “principios evidentes”, los tres mitos mencionados deben ser erradicados de las mentes de los intelectuales y de la gente en general, ya que se trata de tres “creencias falsas”. La sociedad civilizada ha avanzado a pesar de los Estados y sus Guerras: “Las Guerras entre los Estados han causado, nada más que en el siglo XX, ciento setenta millones de muertos, y la mayoría de dichas personas eran civiles”, sentenció Hans H. Hoppe en un momento de la conferencia.

La implantación de una mayor intervención estatal ha significado, según Hoppe, “el triunfo del monopolio” y “el dominio de lo más peligroso para la libertad”, entre otras cosas, “porque, contrariamente a lo que se suele pensar, la democracia no ha supuesto un avance económico y moral”. Hoppe expresó la posibilidad del colapso de la economía occidental “más tarde o más temprano, tal como sucedió con la URSS hace trece años, porque la Teoría económica (de la Escuela Austriaca) demuestra que el sistema económico del Estado del bienestar no es, en modo alguno, un sistema estable. Subrayó, asimismo, tanto en la entrevista como en la conferencia que es necesaria una “mayor entrada libre de las empresas privadas en todos los sectores de la producción y comunicación”, y la implantación generalizada de lo que denomina un orden natural, en el que “en vez de un Orden Mundial, inevitablemente controlado por los Estados Unidos, tendríamos un mundo basado en decenas de miles de diversos países, regiones o cantones y cientos de miles de ciudades libres independientes como las hoy pintorescas Mónaco, Andorra, San Marino, Liechtenstein, Hong- Kong, Singapur, Bermuda, etc.”… Para llegar, por fin, a un orden en el que “toda la tierra y demás bienes y factores de producción sean de propiedad privada”.

Durante el coloquio, Hoppe expuso la destrucción a la que está sometida la sociedad civilizada a través de los monopolios y los representantes democráticos, pues no se preocupan por respetar “el capital” de las propiedades privadas de sus ciudadanos, y fomentan, en cambio, las guerras, los delitos, y la “vida al corto plazo”. Solamente podría paliarse la situación actual, así descrita por el profesor Hoppe, mediante la creación de agencias de seguros privadas (en competencia mutua por la defensa de sus clientes) que actúen en pro de un pluralismo en la actividad productiva y donde los clientes, esto es, las personas privadas “en su responsabilidad”, podrían ir provistos de armas de fuego con el fin de aumentar su seguridad, haciendo cada vez menos necesarios el monopolio estatal en la defensa nacional. El nuevo modelo de sociedad (el “orden natural”) que, en definitiva, planteó Hoppe, durante la celebración, estaría regido, en un primer momento, por pequeños gobiernos liberales y económicamente integrados. Si el objetivo se consigue obtendremos una sociedad más libre, justa y equitativa. Al finalizar la conferencia y el coloquio, el profesor Hans H. Hoppe, muy amablemente, contestó a unas breves preguntas:

¿Cuáles son las principales diferencias entre los liberales de la Escuela Austriaca y los de la Escuela de Chicago?

La Escuela de Chicago desacredita el pago de los impuestos en Estados Unidos. Los “americanos” pagan sus impuestos en doce cantidades iguales a lo largo del año en lugar de pagarlo todo en una sola vez. Esto incrementa los ingresos y los impuestos del Estado. Sin embargo la Escuela austriaca niega como fuente de ingresos obligatorios los impuestos. Los “austriacos” ( Von Mises…) creen en el pago de los impuestos por un mínimo de servicios tales como la defensa del país, la justicia y la policía para la seguridad personal. Estos dos últimos, en mi opinión, podrían ser privatizados.

Hoy en día, a usted se le considera el máximo representante de la Escuela Austriaca, pero también se le acusa de utópico al preconizar la desaparición del Estado. ¿Qué tiene que decir ante este reproche?

No es valido. La raza humana nunca cambia su naturaleza, siempre habrá malas personas que roben, maten, violen…. Si tú encargas a un gobierno la seguridad mediante la vía policial, estos trabajadores funcionarios podrán o no hacer un buen trabajo. En este sistema de impuestos se paga a la policía ya sea esta buena o mala, no se puede cambiar esto, ya que pagamos impuestos. Sin embargo, los “austriacos” creen en la conveniencia de pagar a un sector privado por cada servicio. Eso significa que podemos cambiar de “empresa de seguridad” si los servicios no son buenos, es decir, los ciudadanos podremos no pagar por malos servicios. En el sistema de impuestos actual, por el contrario, se producen servicios muy pobres, gente inefectiva y perezosa que de cualquier manera que realice su trabajo siempre será abastecida por el gobierno.

En su teoría se le da mucha relevancia a la labor de las compañías de seguros pero, ¿cómo se podría evitar el acuerdo entre las compañías de seguros para convertirse en nuevos estados?

Es muy difícil que esa competencia entre las Compañías de seguros (dedicadas a la defensa privada) se limite, porque lo que las compañías de seguros intentan siempre es obtener una ventaja competitiva sobre las otras y conseguir así la mayor cantidad de clientes. Pero en cualquier caso y aunque es muy complicado que esto se produzca, también hay que ser consciente de que existe el riesgo, y se cree un monopolio, y cuando éste se produzca se deben crear nuevas compañías que intenten romperlo y volver a competir, ya que los monopolios siempre producen peores servicios y más caros.