Entrevista a Thomas Disch

4-Noviembre-2004 · Imprimir este artículo

Por generacion.net

Por Arturo Villarrubia

“EL FUNDAMENTALISMO SIEMPRE HA SIDO EL ARMA FAVORITA DE LOS PALETOS”

Elogiado por Harold Bloom y Stepehen King, censurado por la Iglesia Católica y adaptado por Walt Disney; poeta, pionero de los videojuegos, novelista, ensayista y autor de libretos de opera, Thomas M. Disch (Des Moines, 1940) fue galardonado en 1999 con el premio Michael Braude por la Academia de las Artes y las Letras Norteamericana. Es una figura fundamental del actual panorama cultural de los Estados Unidos.

. Tu novela En alas de la canción (1979. Nominada al American Book Award, incluida por Bloom en El canon occidental) advierte sobre la inminente llegada al poder de la ultra-derecha religiosa. ¿Qué se siente viendo convertida en realidad una profecía tan siniestra?

Bueno, más que una visión del futuro de América era una visión de mi propio pasado. Existía en Minesota durante mi juventud, pero nadie le hacia demasiado caso. Era como la música country o las polkas, estaba allí para los paletos y los pringados. Sigue estando. El fundamentalismo siempre ha sido el arma favorita de los paletos más agresivos. La idea es que si llamas la atención y eres agresivo y estúpido al mismo tiempo, es una buena forma de asustar a tus enemigos. Es una estrategia que les funciona a todos los fundamentalistas de cualquier fe o nacionalidad.

En cualquier caso, mi idea con En alas de la canción era escribir una autobiografía ficticia, como hicieron James Joyce o Samuel Butler, ambientada en un futuro de ciencia-ficción en vez de en un tiempo pasado.

Viviste en España durante la década de los sesenta. ¿Sigues en contacto con la cultura española contemporánea?

Debo confesar que la última vez que me entusiasmé con la cultura española fue con Goya y el Greco cuando escribía critica de arte para el New York Sun, un periódico de Nueva York. Soy igualmente ignorante de lo que se publica hoy en día en Francia, Alemania e Italia. Mis hábitos de lectura me conducen la mayoría de las veces a los clásicos o a los libros de historia.

¿Te han sorprendido alguna vez tus propios libros?

Hasta cierto punto, el trabajo de escribir un libro es sorprenderse a uno mismo. Si no lo haces, no sorprenderás a nadie más.

Tu estudio sobre la poesía americana contemporánea The castle of indolence (1995) fue finalista en el Premio del Círculo Nacional de la Crítica en la categoría de ensayo. ¿Qué buscas en un poema?

Busco que me sorprenda una idea que nunca antes he tenido o, lo que es más probable, compartir por unos instantes la sensibilidad de otra persona.

Desde trabajar como extra en El lago de los cisnes, en 1951, hasta escribir los libretos de The Fall of the House of Usher (1979) y Frankenstein (1982), junto al músico Greg Sandow, has estado largamente vinculado con la opera. ¿Qué puede aportar la opera al mundo contemporáneo?

Es la forma suprema del arte. Aporta Gesamptkunst, es decir, la integración de todas las demás artes para obtener el mayor impacto posible tanto artístico como emotivo. Escuchar opera es como cenar en un restaurante de cinco estrellas, en contraste con la música pop que es como comerse una hamburguesa. Lo que no significa que una hamburguesa no esté rica.
Al igual que una catedral gótica puede decirse que es un logro tanto artístico como económico. Es una de las razones por las que vale la pena molestarse en conservar la civilización occidental, esa espléndida pero amenazada entidad.

Tu monólogo dramático The cardinal detones (1990) fue apartado de los escenarios por los abogados de la Iglesia Católica e incluido en The best american poetry, por Harold Bloom. ¿Puede hacerse desaparecer una obra con valor artístico?

Por supuesto. Ya de paso puedes asesinar al autor que es una forma de censura muy eficaz. Pero si algo llega a imprimirse y se distribuye tiene muchas posibilidades de sobrevivir, haga lo que haga el Gran Inquisidor. Para presumir un poco, creo que mi obrita es el mejor “J’accuse!” que se ha escrito durante la actual crisis de la Iglesia Católica.

Tu libro infantil The brave little toaster (1987) y su continuación The brave little toaster goes to Mars (1988) fueron llevados al cine por Disney. ¿Cómo surgió la adaptación?

Disney compró los derechos de los dos libros. Así de fácil. Sus abogados estuvieron más espabilados que los míos y me la metieron doblada. Pero eso no es ninguna novedad. Eso es lo que Disney le ha hecho a tribus enteras de escritores*. ¿Volvería a coger ese cebo dorado? Al instante.

(*Disch se refiere a que Disney se hizo con el copyright de sus creaciones y puede crear todas las continuaciones que desee sin autorización)

En 1986 diseñaste el juego de ordenador Amnesia. Una novela interactiva (Electronic Arts). ¿Cómo te interesastes por estos juegos?

En teoría, parecía que allí había algo pero, hoy por hoy, siguen siendo cosas de niños. Me arrepiento de haberles dedicado tanto tiempo y esfuerzo.

¿Puedes hablarnos de tu próximo libro?

¿Mi próximo libro? No estoy seguro de que exista. Los editores me han echado abajo varias iniciativas y ahora tengo 64 años, artritis, mal genio y no me quedan muchas esperanzas. Si de lo que se trata es de entretenerme, prefiero pintar a escribir.

¿Quieres decirle algo más a tus lectores españoles?

Buenos días, lectores españoles.. A menudo me gustaría estar en España porque me lo pasé muy bien. Lo que es más, escribí cosas buenas estando allí. En la Costa del Sol contraje hepatitis por culpa del marisco y tuve que abstenerme de los tintos locales. Pero vi una estupenda corrida en Marbella. No hablé con nadie más que para preguntar lo que costaba la comida. Me costó mi hígado. ¡Ay de mí!*
(* Esto último lo dice en español).