Entrevista a David de Ugarte

30-octubre-2004 · Imprimir este artículo

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“ESPAÑA FUNCIONA POR CUADRILLAS”

David de Ugarte es la cabeza visible del Movimiento Ciberpunk. Escritor y economista, experto en Redes, y autor del libro 11 M, redes para ganar una guerra. También escribió una novela por entregas para móviles en donde predijo los horribles atentados de aquel día. Junto a él, trabajan una serie de jóvenes universitarios que forman parte de la nueva inteligencia. Generación XXI ha querido dar a conocer este fenómeno cultural que va mucho más allá de la Red… Con él hablamos de identidad, conflictos, libertarismo, estructuras sociales, viejos y nuevos mundos: Porvenir.

¿Qué es el Movimiento Ciberpunk y qué tiene que ver con el fenómeno literario de los años ochenta?

La literatura ciberpunk de los 80 prefiguró en buena medida el mundo en el que ahora vivimos y el que se está dibujando en el horizonte inmediato. También ciertas actitudes, ciertas críticas y, sobre todo, ciertas posibilidades de libertad que entonces no eran en absoluto evidentes y que tienen mucho que ver con las Redes y las tecnologías de Red.

El ciberpunk ideológico nace de ahí, como reflejo de ese universo que emerge a partir de 1989, de la caída del Muro de Berlín, la explosión de Internet y el nuevo desorden mundial. E igual que el movimiento literario -que nunca hemos abandonado- evoluciona y aprende con el tiempo, ganando temas y desarrollando nuevas posibilidades. Hoy por hoy, ciberpunk está ligado a temas como el software libre y la crítica de la llamada “propiedad intelectual”, la defensa del mestizaje y la polidentidad frente a multiculturalistas y nacionalistas o la experimentación de formas de trabajo y organización en Redes no jerárquicas. Pero en cualquier caso es algo muy vivo, no sometido a un corpus doctrinal o a un “comité central”. Ciberpunk es un proceso de aprendizaje y crítica de la realidad en Red.

¿Qué actividades realizáis, y cómo se puede acceder a ellas?

El movimiento Ciberpunk no es un grupo sino una Red en la que cada nodo, que puede ser un pequeño grupo, una persona, una asociación o incluso una pequeña empresa o una bitácora toman sus propias iniciativas y -si quieren- las proponen al conjunto… pero no en espera de aprobación. Cada cual propone y luego se suma el que quiere, de modo que las cosas no son “sí” o “no”, sino en mayor o menor medida.

Dentro de la galaxia Ciberpunk española hay algunos centros que intentan aglutinar o dar una idea de conjunto como Ciberpunk.net que es una especie de periódico online construido automáticamente por la agregación de bitácoras y sistemas de noticias de distintas personas y grupos. Otra es ciberpunk.org que es la asociación formada en cada momento por las personas más activas dentro del movimiento (los socios cambian cada seis meses) y cuya función es “cuidar” la Red, plasmar la evolución teórica en un documento (el actual está en http://www.ciberpunk.org/manifiestos/ciberpunk_2004.pdf )y apoyar las iniciativas de conjunto.

También hay asociaciones como la Biblioteca de las Indias Electrónicas (www.lasindias.org) que realizan actividades muy específicas. La BIE, por ejemplo, mantiene la primera biblioteca (física, con libros en papel, no sólo electrónicos) especializada en tecnología y redes sociales que ha surgido en España y organiza cursos y seminarios con gente del mundo académico y de las redes.

Entre vuestros cuadros e ideólogos hay varios jóvenes miembros de la comunidad universitaria. ¿Con qué Escuela de pensamiento os identificáis de un modo más claro?

Con ninguna, no hemos crecido bajo el paraguas de la Academia. No somos un árbol que hunde sus raíces en una única tradición. Hemos aprendido y crecido como una enredadera, buscando entender los problemas nuevos ad-hoc y después contextualizando las respuestas que más o menos funcionaban en la medida que era posible, sin negar la precariedad como sistema del pensamiento que iba surgiendo. Un pensamiento que de ninguna manera puede considerarse como un todo globalizador y con respuestas universales válidas. Cuando funcionas en Red cada uno aporta fuentes y tradiciones, y la mezcla heterogénea es un puré que no puede unirse a ninguna Escuela aunque todas encontrarán algún tema, alguna pregunta en común con nosotros.

¿Qué puntos de encuentro o separación tenéis con los partidos y la política?

Los partidos y los que piensan en la lógica de la representación y el Estado se mueven en un plano… y tienden a pensar que el plano y el espacio son la misma cosa. Nosotros estamos en otra. Nos movemos en otro mundo con más dimensiones, un mundo que a veces se cruza con la superficie de ellos, pero cuyo contacto nunca tiene una gran continuidad el contacto. Es meramente puntual. Y precisamente por eso no hay acercamiento posible con los partidos más allá de que en un momento determinado estemos de acuerdo con que hay que invertir en redes públicas municipales que aseguren el acceso a Internet para todos, nos enfrentemos a las barbaridades de la SGAE o nos opongamos a las políticas multiculturalistas por generar guetos y legitimar supuestas representaciones étnicas o religiosas que indefectiblemente tienden a crear un poder represivo al margen del control democrático. Pero en general nos interesan cosas distintas.

Nuestra diferencia esencial con los partidos y los grupos de presión es que nosotros no pensamos en el Estado como el centro a partir del cual las cosas tienen lugar, sino como un nodo más. Y normalmente ni siquiera el más interesante, ni siempre el más potente.

¿No creéis que estáis exagerando el papel de la Red en la sociedad actual? ¿No sois un poco tecno-utópicos?

La Sociedad Red es una realidad emergente desde hace mucho. España no es desde luego el sitio donde está más desarrollada, o al menos en sus aspectos más liberadores y positivos. Sin embargo, la Red y sus tecnologías han penetrado tanto nuestra vida que se nos han hecho invisibles por evidentes. Sólo salen a la luz en los momentos de quiebra. El 11-M, cuando la red de transportes fue crackeada y usada para destruir y matar. O el 13-M cuando las redes de afinidad que estaban implícitas en nuestras agendas saltaron de móvil a móvil. Pero más allá de eso, de un modo nada estridente, Redes como Internet son, en España e independientemente de su tratamiento mediático, un lugar de socialización más; no sólo de debate o reflexión, sino también de ocio, ligue y de trabajo.

En España hay una guerra de identidades con los nacionalismos y además una identidad nacional hecha a base de exclusiones…

Sí, los problemas del siglo XIX que no se resolvieron en el XX siguen definiendo la identidad hoy, cuando las categorías que los sustentaban como cuestiones políticas o sociales ya no tienen realidad. Y eso, es un drama porque nos define desde un mundo que no existe, alienándonos, esterilizándonos para actuar y crear en el mundo en que vivimos que ya es totalmente diferente, con nuevas oportunidades y también nuevos peligros.

Háblanos de la Identidad Red y la Cuadrilla, términos que manejas en tu libro…

La Cuadrilla es un grupo formado por criterios biográficos. Mi Cuadrilla son los amigos del cole, los del barrio, los de la Universidad. No se articula sobre afinidades ideológicas, sobre formas comunes de ver las cosas sino por lealtades vitales. Y eso no es que esté mal, pero como forma dominante de organización social tiene serias limitaciones. La cuadrilla impone una cierta homogeneidad, la de lo socialmente aceptable. Y a pesar de su poder represivo sobre los miembros del grupo, no tiene una identidad colectiva real: por un lado no tiene una ideología, unos gustos o unas referencias culturales o estéticas distintas de otros miles de grupos idénticos y, por otro, es internamente tan heterogénea que no genera medio.

La cuadrilla es una forma primitiva de Red que es incapaz de ofrecer una mínima resistencia a la comunicación de masas. Pero que, por otro lado, tampoco sirve ni como medio de transmisión de nuevas ideas ni como caldo de cultivo de la innovación social. En una palabra: mientras España se organice en cuadrillas, el poder de los oligopolios mediáticos y el caciquismo político estará asegurado. Leídos en esta clave, los programas del nacionalismo y el regionalismo, los planteamientos de los oligopolios mediáticos, la tecnofobia latente, las reacciones contra la desprofesionalización de la comunicación social que propician Internet y las bitácoras, no serían sino apología del cuadrillismo, distintas caras de la defensa de los poderes fácticos establecidos.

La Identidad Red, por el contrario, no define al individuo de una forma exclusiva como “perteneciente a” tal cultura, grupo o cuadrilla, sino que invierte el signo de la pertenencia redefiniendo los espacios sobre afinidades, sobre identidades abiertas. Dejo de pertenecer al país, a la cultura o al idioma para pertenecerme ellos a mí como me pertenecen tantas cosas (a veces contradictorias entre sí) de forma no exclusiva.

En una novela hecha para teléfonos móviles te anticipaste al 11-M… ¿Era tan previsible?

Creo que la “previsión” se ha magnificado un poco por la triste coincidencia de haber presentado la novela una semana antes del 11-M. Sin embargo, en cierta forma genérica era relativamente previsible. En primer lugar es un acto terrorista pero no “clásico”, sino de guerra de Red, de netwar, algo que tarde o temprano íbamos a sufrir porque es una enfermedad que pertenece a nuestro tiempo y nace de sus formas. Por otro lado veníamos germinando en España grupos yihadistas o filoyihadistas desde hacía bastante y en el contexto internacional actual era cuestión de tiempo. Del discurso y los viajes de “estudio” a Afganistán, quisieran pasar a la acción. Y finalmente la estructura social y la legislación española habían generado espacios comunes entre las pequeñas mafias y los yihadistas que facilitaban su acceso a fuentes de financiación y armamento suficientes. La mezcla era especialmente peligrosa y venía cuajando como fenómeno social durante los últimos años.

Dices que el terrorismo islámico de ese día surge de entre nosotros, cuaja aquí. ¿Puedes explicarte?

El 11-M no es terrorismo de importación. Los terroristas de los trenes de la muerte no llegaron a España para poner bombas, ni siquiera siendo yihadistas. Se “convirtieron” aquí. Fue una unión especial de circunstancias la que facilitó el cambio, circunstancias que no surgen tampoco en un periodo corto y que tienen mucho que ver con nuestra dificultad para aceptar y asumir que en España había, hay y habrá un Islam español, practicado por “los nuestros” y no por extranjeros de paso. Dificultad del Estado (que había literalmente entregado el liderazgo de la comunidad islámica española ya en los 80 al wahabismo), dificultad de la sociedad e incluso de los laicistas para enterarse siquiera de lo que estaba pasando en nuestras mezquitas y dificultad de los sistemas de seguridad y los políticos para prever el horror, autocomplacidos en la idea de que tan sólo éramos un lugar de paso, un “santuario” para los yihadistas… Cuando ellos no realizan ese tipo de distinción propio no del terrorismo de Red, sino del “clásico”, del jerárquico y territorial al estilo de ETA.

En tu libro 11-M Redes para ganar un Guerra hablas de que estamos perdiendo la guerra por no estar organizado en Redes.

Desde el punto de vista de un entorno de red Al-Qaeda ya ha vencido: ha reorientado estratégicamente a su Red amplia (los grupos, militantes, simpatizantes y donantes del yihadismo) hacia una nueva identidad de acuerdo con sus postulados internacionalistas. Ha dinamizado la Red llevándola hasta un grado de conocimiento público en el mundo islámico impensable a finales de los noventa. Y sobre todo ha conseguido que el mundo occidental, con Estados Unidos a la cabeza, juegue su juego con las reglas que le son más propicias y en su terreno. Aunque Al-Qaeda fuera eliminada “quirúrgicamente” hoy mismo (EE UU asegura haber capturado o muerto a dos terceras partes de sus cuadros), el movimiento yihadista es más fuerte que nunca. No sólo militarmente, sino en el imaginario, en la identidad musulmana. Ese es el verdadero campo de batalla. Y la causa de que Al-Qaeda vaya, a día de hoy, ganando la guerra que emprendió hace ahora diez años.

Por otro lado, nuestra estructura social, económica y política sigue estando muy concentrada, dependiendo de grandes conectores para todo. Y el estado es sólo uno de ellos. Estos grandes conectores representan la acumulación de poder en las Redes, son un peligro para la propia Red en caso de ataque o fallo. Su poder deriva de la dependencia que de ellos tiene la estructura para mantenerse globalmente conectada. Tienen, poder de negociación: si se van, la Red se desestructura. Son los nuevos señores feudales: grandes medios de comunicación, generadores de opinión, cuasimonopolios de servicios básicos, nodos de interconexión… Todos ellos un flanco fácil para quien quiera atacar la Red.

En este mundo el poder de los conectores no es sino el simétrico del poder de los antagonistas, sean sobrecargas eléctricas o terrorismo de red, puesto que el poder de estos viene dado por el daño que pueden causar atacando un único nodo. ¿Queremos fortalecernos frente a un eventual ataque a nuestra red civil? Redistribuyamos el poder, nuestra vulnerabilidad deriva de su concentración en pocas manos.

¿Qué puede hacerse para ganar la guerra contra el fundamentalismo?

Abrir nuestras sociedades. Redistribuir el poder usando las Redes para cohesionar la sociedad. Abrirla a la diversidad aquí y abrir las fronteras europeas -eliminando la política agraria comunitaria- para permitir el desarrollo económico de lo que queda al otro lado de Calamocarro. Debemos apostar por más libertad y más libertades, más Red y más Redes, sin olvidar que los musulmanes no son el enemigo sino el campo de batalla y que las políticas de control y censura, del tipo de la Patriot Act americana no nos fortalecen sino que nos debilitan. Y, sobre todo, no caer en la tentación neoconservadora, no pensar que de un sólo y decidido golpe el mundo puede arreglarse de una vez y para siempre. Vivimos en conflicto y no nos cabe más que encauzarlo y paliar sus consecuencias, no negarlo esperando un utópico fin de la Historia.

¿Quiénes son los enemigos a batir por el hombre libre hoy en día?

Los enemigos hoy son viejos conocidos: las identidades unidimensionales, la tecnofobia, la concentración de poder, las barreras económicas y comerciales, el humanitarismo como excusa, el placer de prohibir y la tentación de pensar que lo que se prohíbe deja de existir, el miedo al cambio, a la diversidad, a la diferencia, a ser muchos. El enemigo está en ponderar los abstractos sobre las personas y las organizaciones sobre las libertades.

Los ciberpunks, ¿tenéis épica o estética?

Definitivamente épica. La épica del hacker que es la de ese niño que rompe el juguete para reconstruirlo luego, dándole usos inimaginados por su diseñador. La épica del que consigue exponer su opinión, abrir un debate y mover el mundo con palabras escritas para la Red. La épica del desarrollador de software libre que convierte su conocimiento en capital social. La épica del que no se conforma en “ser como se ha de ser” en su pueblo o en su entorno, y que en el Cibercafé busca, encuentra y habla con sus iguales. La épica del músico que rompe el bloqueo de las radios distribuyendo su música en la web para conseguir conciertos, la del teki que hace una microempresa con un amigo para no depender de un salario y un jefe. La épica, al fin, del que encuentra en la Red la independencia respecto a los poderes, instituciones e identidades en los que, desde que nos concibieron, quisieron encastrarnos.
¡Ah!, también tenemos algo de estética… Nos gustan los neologismos, escribir negro sobre verde y la tecnología que no se ve.