Entrevista a Manuel Almendro

25-septiembre-2004 · Imprimir este artículo

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Por Carlos Aguirre
“El inconsciente está emergiendo continuamente”

Manuel Almendro es una de las más importantes figuras dentro de la Psicología Transpersonal, configurando su obra una de la claves de esta rama de la Psicología. Sus trabajos con el Premio Nobel, Ylia Prygogine, dan buena muestra de la altura y del rigor de sus investigaciones y aportaciones teóricas. Al tiempo, una aquilatada trayectoria clínica, acompaña y sirve de base a todo ese esfuerzo teórico. Su último libro, Psicología del caos, es novedad fundamental en nuestro panorama editorial.

¿Qué es la Psicología Transpersonal?

La PT no cesa de definirse ya que responde a un proceso de integración donde convergen el Conductismo, el Psicoanálisis y la Psicología Humanista. Por eso se dice que hay diversas PT. Su orientación es ayudar al ser humano a alcanzar las más altas potencialidades de su ser. Un campo privilegiado para la PT es el de la consciencia. Se trata de llegar a trabajar en la consciencia, sobre sus diagramas. La PT no reduce su experiencia a lo que sería tener “consciencia de”, que es un concepto fenomenológico, sino que pretende alcanzar la experiencia de la consciencia unitaria. La irrupción de esta consciencia unitaria en el individuo es una irrupción de la totalidad en la parte, lo que trae como consecuencia un estado no ordinario de consciencia que le hace permeable a la totalidad.
Hablamos de transpersonalidad en la medida en que transcender esa dimensión de parte nos transciende como personas. Percepción y consciencia son fundamentales en todo este proceso. En los estados superiores de consciencia se refina la capacidad perceptiva. Esto altera completamente la vida del individuo e incluso habrá quien lo malinterprete como una patología. La psicología no puede encerrar al individuo en un modelo mecánico o productivo. El ser humano tiene una pregunta en su interior. El espíritu irrumpe ineludiblemente a través de la búsqueda del sentido de la vida y de una sed de totalidad.

¿Qué relación tiene la PT con las cuestiones del espíritu?

Muchos maestros orientales y occidentales coinciden en que un trabajo psicológico previo pudiera ser la mejor preparación para el descenso del espíritu. Con todo, no hay que confundir ambos ámbitos. La mística española y San Juan de la Cruz manejan conceptos psicológicos que son de rigurosa actualidad. Un verdadero proceso transpersonal tiene que iniciarse en una vía purgativa, continuar en una iluminativa y culminar en una unitiva. La vía purgativa es propiamente una psicoterapia personal. La iluminativa aparece encuadrada dentro del campo de la Psicología Transpersonal. Sin embargo, la unitiva es transpsicológica. Ésta sería la frontera entre los psicólogos transpersonales y los maestros espirituales.

Parece que en los ambientes de la PT, se olvida con gran facilidad a autores tan importantes como Carl Gustav Jung o Karlfried Graf Durckheim…

Esto se lo debemos al mundo norteamericano y en especial al californiano. Hay que admitir a los norteamericanos ser lo suficientemente abiertos para reconocer los mundos orientales y mesoamericanos. El academicismo europeo, desde su racionalismo, tiende sin embargo a mirarlos por encima del hombro. Con todo, la profundidad del pensamiento europeo no la tiene el americano. En esto coincido con Prygogine. Para la PT encontrarse con la profundidad y el rigor del pensamiento europeo es de vital importancia. En ese sentido, Durckheim es una referencia fundamental que además trabaja desde la psicología clínica. Lo mismo cabe decir de Jung. Y también de Roberto Assaglioli que es quien establece el mejor modelo transpersonal que tenemos hasta ahora, reconociendo la existencia de una supraconsciencia en el hombre y la posibilidad de acceso a la misma. Sin este encuentro con el pensamiento europeo, la PT arrastrará un grave problema de falta de rigor. Por ejemplo, la psicología de Ken Wilber tiene fallos muy evidentes con comprobaciones muy poco fundamentadas y manejando citas de una manera muy sui generis. Wilber intenta dar por sentado demasiadas cosas que los demás debemos creer sólo porque él las dice. Washburn es impresionante lo poco que conoce a los modelos transpersonales europeos como los de Durckheim y Assaglioli. Piensa que la PT se agota con él, con Wilber y en general con los autores norteamericanos.

Siempre das mucha importancia a la práctica clínica. ¿Cuál sería tu propuesta?

El primer paso es una terapia sobre lo personal, pero con la ventana abierta a lo transpersonal. Trabajar una alienación o sintonía entre cuerpo, mente y emociones es el eje de poder acceder a la consciencia. No se puede entrar en lo transpersonal si se piensa de una manera, se siente de otra y se actúa de otra. Si una persona llega a conocer las estructuras que ha heredado a partir de la transformación de las mismas puede entrar en el campo de la transpersonalidad y los estados superiores de consciencia. La psicología del caos es para mí el verdadero territorio clínico de la Psicología Transpersonal. Prygogine, a partir de su teoría de las estructuras disipativas, es quien ha formulado que la entropía que expresa la segunda ley de la termodinámica es el final de un proceso que no implica la muerte térmica sino el caos como fuente de orden y de nuevos procesos. Es este el sentido en que la patología se revela como una fuente de orden en tanto crisis emergente, es decir, en tanto cambio por el que surge algo diferente que aporta un nuevo orden. Entiendo lo emergente en un sentido zubiriano. Zubiri se refiere a lo emergente como a una elevación en la cualidad del espíritu…

¿Qué tiene que ver el inconsciente con todo esto?

El inconsciente está emergiendo continuamente. Ésta es la gran aportación del Psicoanálisis. El hombre no es una tabula rasa cuando nace. Se nace en un hueco genealógico determinado con una estructura dada. Este hueco nos proporcionará unas determinadas coordenadas para poder vivir. El problema es que dichas coordenadas en la evolución del individuo pasarán a convertirse en un corsé. En este sentido los trabajos de las constelaciones familiares de Hellinger, de los que por cierto se está abusando, son tremendamente interesantes. El proceso psicoterapéutico resulta una auténtica investigación. Esa investigación tiene un perfil integrativo y en la misma el conocimiento de la estructura inconsciente con la que hemos nacido. En este sentido, la aportación de Stanislav Grof y de sus matrices perinatales creo que es algo muy importante. La infancia es fundamental y todo lo pasado está en la memoria, aunque ésta sea inconsciente. La herencia genealógica es muy importante ya que determinados sucesos repercuten a lo largo del árbol genealógico y nosotros llevamos todo lo que nuestro linaje nos transmite.

Todo ser humano tiene una forma de ser que se puede explicar desde las rutas disipativas de la teoría del caos. Hay tres o cuatro rutas disipativas a través de las cuales se expresa todo lo que es ese ser humano, lo que ha sido su familia, sus traumas y heridas. Hasta que el individuo no es capaz de disipar esa estructura no podrá encontrar el verdadero sentido de su vida ni acceder a los verdaderos mundos de la consciencia. Por eso la patología es expresión de todo ese proceso evolutivo.

Se observa un creciente interés en el estudio de la modificación de conciencia al que no le son ajenos los usos de ciertas sustancias.

El interés por la modificación de conciencia es imparable y de ahí que a los jóvenes les atraiga tanto el consumo de ciertas drogas. Con todo, hay quienes creen ver en las sustancias la gran panacea y esto es un peligro. Estoy recibiendo en mi consulta casos de psicosis tóxicas por toma de sustancias. Los pacientes critican amargamente a esas gentes que, desde ciertas filosofías, se refieren a las sustancias como si fueran un café con leche. En realidad esto sólo expresa la soberbia del hombre occidental. Todas esas gentes, que incluso hacen sus Congresos, y que entienden las sustancias como meros artículos de consumo son tremendamente irresponsables. Yo he conocido el mundo de las sustancias de una manera silvestre, como estos filósofos proponen. En cierto momento hice un viaje a México y conocí a indígenas mazatecos y me di cuenta de que ellos estaban en la Universidad respecto de los usos de las sustancias y yo, sin embargo, estaba en el parvulario. Esta soberbia occidental de parvulario además de denigrar el mundo indígena denigra también estas experiencias al considerarlas, en el mejor de los casos, meras búsquedas psíquicas. Quien habla de sustancias y critica el chamanismo es un completo ignorante. Con todo, no es fácil encontrar un chamán a la altura. Esto es el origen de experiencias y situaciones bastante peligrosas ya que hay quien piensa que se va a llegar al Amazonas y que se va a encontrar con Carlos Castaneda esperándolo con el peyote en la mano. La experiencia chamánica no es simplemente tomar una sustancia sino que hace falta que el chamán te abra la puerta y que además te la abra el propio espíritu. Es una experiencia transpersonal y transpicológica. La vía chamánica está a la altura de las otras vías espirituales como la del Zen o el Sufismo. Todas las vías espirituales conducen al mismo centro.