Entrevista a Cristina Rota

14-noviembre-2003 · Imprimir este artículo

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Por Teresa Juan López

“El talento es un invento reaccionario”

Acaba de presentar su última película, Los abajo firmantes, en la que ha colaborado en la producción junto a Joaquín Oristell. De su libro publicado por Martínez Roca, Los primeros pasos del actor, dice que es sólo un índice que hace falta desarrollar y ya tiene en mente dirigir una obra de teatro e ir armando el próximo largometraje. Cristina Rota, directora de la Escuela de Formación y Entrenamiento para Actores que lleva su nombre y del Centro de Nuevos Creadores, parece cansada de la lucha pero sigue en la brecha.

¿Los primeros pasos del actor son siempre torpes o puede adivinarse el talento desde un principio?
El talento es un invento reaccionario porque nos quieren hacer creer que el hombre nace así. Lo que el actor no viva, nadie se lo puede dar. Yo sólo saco lo que lleva dentro. Creo que hay que estar comprometido con la vida.

Entonces, ¿las experiencias que un actor lleva consigo podrán volverse contra él en algún momento?

No se vuelven. Intentamos que el actor se conozca para conocer el mundo en el que vive, y al otro, y vincularse con la vida, y con el otro. Eso relaja.

Pero no siempre un actor está relajado en escena. ¿Puede combatirse el miedo?

Lo primero que trabajamos es el dominio sobre el cuerpo y la respiración, para desbloquear corazas musculares e ir quitando heridas. Normalmente son entre cuatro y siete años de intenso trabajo corporal. Después está la combinación con otras disciplinas como el taichi, el yoga o la danza contemporánea. Así te relajas, aunque no hay que confundir el saber que el miedo existe, con el relajarse.

En el libro Los primeros pasos del actor hablas del teatro como “una experiencia de sentidos”. ¿Qué sentidos cuesta más trabajo desarrollar?
Los sentidos primarios. El olfato es un sentido de mucho placer y cuesta descubrirlo, igual que el tacto. El ochenta por ciento de los jóvenes se tocan pero no se sienten. Todos los sentidos están interrelacionados. La sensualidad es lo máximo que un actor puede transmitir. Hay que aprender a tener los sentidos alerta. Más allá del texto.

¿El texto se convierte en un pretexto?
A primera vista, no lo definiría como pretexto. El actor tiene que ser fiel al contenido y forma de la obra. Si el actor está tenso o no es sensual, el texto queda muy por debajo y entonces sí se convierte en pretexto. Pero el autor no suele confiar en nosotros. Tiene miedo.

¿De ahí que no se represente a autores vivos?
Es complicado. Me entusiasma dirigir obras de autores vivos pero he vivido malas experiencias, traicionándome a mí misma y a los actores por conformar al autor. Si los autores no se fían de nosotros es porque no son suficientemente sólidos o no confían en su obra. Yo les respeto pero, si van a estar encima del actor con el punto y la coma… En Los abajo firmantes hemos trabajado juntos, durante seis semanas, en un puro acto creativo. Así me gusta trabajar. Nadie decía qué era de cada cual. Ha sido una labor intensa, gozosa. Estoy contenta.

Cuando ve triunfar a actores que ha preparado en su Escuela, ¿qué le produce mayor satisfacción, el propio éxito o el recuerdo de cómo se vivió el proceso de preparación?
(Hace una pausa). No lo he pensado. Y no hay ninguna tarea que pueda decir que doy por concluida. No miro eso. Me importa poco lo que la sociedad llama triunfo. Critico cuando quieren ir rápido y valoro si saben generar trabajo.

¿También están preparados para la crítica?
Los actores salen muy fortalecidos. Les ayudamos a que tengan un yo muy sólido. Desde el primer día, las clases tienen una dinámica de grupo. Aquí no hay verticalismo. La escuela les complica la vida porque les plantea ser co-pensadores. Desde el principio se practica la autocrítica.

En este momento, en el que resulta más rentable contratar personajes modelados por programas de televisión de calidad dudosa a actores con trayectoria, ¿se viven con miedo estos primeros pasos de un actor?

Creo que el mayor peligro es que el Gobierno proponga la privatización de los teatros. Van a crear un teatro chabacano que no dinamiza la cultura, supuestamente culto y comercial. Pero no hay que echar la culpa a los medios. La televisión es un excelente medio, mal utilizado, que va hacia un mensaje reaccionario. Pero el actor tiene que dignificar su tarea y apostar por planes culturales que vayan en contra de crear falsas ilusiones en el joven. Lo que vale no es ser famoso, tener dinero y salir en revistas. De ahí puede salir gente peligrosa, que lo será en la medida en que no haya verdaderos creadores que luchen por un lugar digno.

Sin duda, los premios son muy importantes para los que comienzan. ¿Qué opinión le merecen a usted, que ya cuenta con bastantes?
Un premio alienta, pero los actores tiemblan cuando les dan uno porque algunos no vuelven a trabajar. Lo temen porque es una superstición. Qué duda cabe de que un premio es un aliciente, aunque esté politizado o comercializado. Cuando el equipo recibe un premio lo considera un estímulo más, pero luego te levantas como todos los días y la vida sigue.