Maurizio Turco

10-octubre-2003 · Imprimir este artículo

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Por Malena Zingoni y Javier Esteban

“La mayoría de los partidos e instituciones europeas son antidemocráticos”

Maurizio Turco, 43 años, Presidente de los Eurodiputados Radicales de la “Lista Emma Bonino”, destacado militante de la Liga Internacional Antiprohibicionista, ha sido miembro del gabinete de Emma Bonino en la Comisión Europea y de la Asociación Antiprohibicionista Italiana (CORA).
Los radicales son una excepción en la clase política europea. Su crítica a la partitocracia y su defensa combativa de los derechos humanos y libertades, les han convertido en un partido transnacional único. Generación XXI explora las ideas de un grupo que posiblemente se presentará a las elecciones europeas en España. Gentes como Fernando Savater y Rosa Montero son de ideas radicales.

Panella me contó cómo en los cincuenta, un grupo de estudiantes que no eran católicos ni comunistas, supuso el embrión del actual Partido Radical -que de “radical”, tal y como se entiende en España, tiene realmente muy poco-. ¿Cómo se define el Partido Radical?
El Partido Radical tiene como objetivo afrontar los grandes problemas de nuestro tiempo que no pueden ser resueltos a nivel nacional, por ejemplo, los problemas ambientales; o sobre los temas que nosotros solemos tratar como son las reconversiones de los gastos militares en gastos civiles, en gastos no-violentos, o la creación de la Organización Mundial de la Democracia que prevé un autocontrol para prevenir eventuales violaciones al Estado de Derecho.
Para identificar la naturaleza y los ideales del PR hemos elegido 17 adjetivos que están impresos en nuestro carné de miembro y son: noviolento-ghandiano, transpartido, transnacional, democrático, ambientalista, laico, federalista-democrático, liberal-demócrata, antipartitocrático, libertario, liberal-socialista, anticlerical, antiautoritario, ecologista, antiprohibicionista, antimilitarista y federalista-europeo.

Últimamente, habéis realizado una campaña contra las posiciones de quienes desde la Iglesia y otros estamentos, cuestionan la moralidad de los descubrimientos científicos y consideran indigno e inhumano la clonación. ¿Existen límites para estas investigaciones –bioética- o deben ser absolutamente libres?

La investigación científica por su naturaleza no tiene límites, aunque históricamente los límites han sido impuestos sobre bases moralistas y no sobre bases morales. La Iglesia Católica, en siglos pasados, ha logrado impedir las autopsias con fines científicos sacralizando de este modo la muerte. Hoy la doctrina católica sacraliza las células invisibles para el ojo humano, que pueden ser útiles para salvar miles de vidas.

Está claro que la investigación científica puede también ser utilizada para fines poco nobles, pero es un deber del Estado supervisar (a través de leyes civiles y no morales) para que ello no suceda.

Desde el punto de vista político, la Iglesia Católica tiene todo el derecho de profesar sus propias ideas y de pedir a sus fieles el respetarlas. Pero no podemos aceptar que las leyes del Estado se vicien de valoraciones que no tienen nada que ver con el interés del ciudadano ni con el deber del Estado.
A aquellos políticos católicos que no encuentran nada de extraño en el hecho de que el Papa les diga cómo comportarse en las aulas parlamentarias, debemos recordarles que hay que diferenciar la actuación como representante y la actuación como creyente. Un ejemplo paradigmático es el caso del arzobispo de Ottawa que amenazó al Primer Ministro canadiense diciéndole que no era un buen cristiano y que por firmar una ley que autorizara el uso de las células con fines científicos podría ir al infierno…

En el momento en que una autoridad eclesiástica amenaza de este modo nos encontramos frente a dos autoridades en conflicto. Las jerarquías de la Iglesia Católica se han puesto siempre como contrapoder frente al Estado secular, en cuanto portavoces de una visión alternativa a aquella del Estado Laico, con una visión antidemocrática y antiliberal.

Vuestra definición política, de acuerdo con lo que sostiene Marco Pannella, es liberal, libertaria y liberalista… ¿Se puede ser libertario y liberal en economía al mismo tiempo?

Si dejamos de lado por un instante la visión ideológica de los términos liberal, liberalista y libertario, en el fondo, queda la atención por el individuo. El liberalismo, en nuestra acepción, es consentir la libertad de empresa mientras el Estado debe escribir las reglas y hacerlas respetar para que no existan abusos.
Creo que los “no globales” han tenido el mérito de mostrar a la atención pública mundial la forma centralista, monopolista y antidemocrática de cómo se estaba globalizando el mundo. Pero creo que han errado en dar una respuesta en el sentido de que es necesario luchar –como hacemos nosotros- para que la globalización no sea solamente económica, sino también democrática. Que la globalización no esté en manos de los tecnócratas, sino que esté gobernada por los representantes de los ciudadanos.

El anti-prohibicionismo y la lucha por al igualdad de todas la minorías han sido causas tradicionales del P. R. a lo largo de treinta años… Podría decirse que vuestro partido es el partido de las libertades individuales y de los derechos de las personas…
Es así, pero no sólo por una conclusión lógica, sino por una elección que hemos hecho manifiesta y que tratamos de tener siempre presente en las luchas que decidimos iniciar. Y es justamente esta característica la que hace único en el panorama internacional al Partido Radical.
Vemos necesaria y urgente la reforma de la política y de las instituciones para que tengan en el centro al individuo y a sus derechos. Y muchos están convencidos de ello. Aquellos que no lo reconocen son los regímenes totalitarios y los partidos -de derechas y de izquierdas- que aspiran a instaurarlos.

En política internacional sois firmes partidarios de Chechenia, por ejemplo, pero no de la causa Palestina, y rara vez estáis en contra de la política de los Estados Unidos, cuya bandera, junto a la del TÍbet, preside -con escándalo de muchos- el despacho de Pannella en el Parlamento Europeo.
Israel no es el Estado perfecto, ni mucho menos, pero es necesario decir que con todos sus límites y defectos es la única democracia de Medio Oriente.
No hay duda que somos partidarios de un Estado Palestino autónomo, con la única condición de que sea democrático. No queremos que el modelo democrático de Medio Oriente representado ahora únicamente por Israel se ponga en peligro.
Esto no quiero decir que todo aquello que hace Israel es plausible, pero no es justo no ver la diferencia entre los dos modelos; el actual modelo Palestino permite que las familias de los camicaces explotados gocen de una pensión vitalicia…
Diferente es el caso de Chechenia donde un gobierno legítimo electo democráticamente ha sido ilegítimamente desplazado, teniendo en cuenta siempre nuestra clara posición contra el terrorismo.
En lo que se refiere a EEUU no hay duda que nosotros vemos en el modelo americano, el mejor entre los modelos institucionales conocidos. Vale la pena recordar que la democracia americana, a diferencia de otras (entre ellas, las europeas), ha logrado ser inmune al asalto de dictaduras y dictadores.

Vuestro modelo político son los Estados Unidos, pero vuestro partido tiene arraigo en Italia, aunque también en otros lugares. ¿Sois un partido mundialista? ¿Estáis a favor de un solo estado o poder mundial?
Nosotros estamos por una Organización Mundial de las Democracias que tenga como prioridad la “tutela” de la democracia. Una organización que se dote de instrumentos de autocontrol para que las emergencias, como por ejemplo la del terrorismo, no pongan en discusión el modelo democráticamente adquirido. A diferencia de la ONU, en esta organización podrían participar solamente países que respeten la democracia, no como la enferma Comisión de Derechos Humanos de la ONU que actualmente preside la Libia de Gadafi…
No somos un partido mundialista, sino transnacional. Precisamente por las razones que mencionaba al inicio.

¿Pensáis presentaros a las próximas elecciones europeas en España?
Creo que en España es necesaria una agregación electoral que obligue a los mayores partidos políticos españoles a confrontarse sobre propuestas políticas alternativas. En efecto, hoy asistimos a una competición entre dos sujetos que se diferencian sobre todo por el nombre.
Desde las políticas sobre la inmigración hasta aquellas sobre terrorismo nacional, populares y socialistas no pueden subsistir el uno sin el otro.
En las cuestiones sobre las cuales se diferencian son, o bien marginales o bien ideológicas, es muy raro que haya un conflicto político, se trata más que nada de una conflicto de Poder entre dos “familias”. Son organizaciones muy similares donde no existe un debate interno sino unanimismo conformista, según el modelo del “partido-estado”. Tanto uno como otro, no admiten que dentro de su partido haya individualidades, que haya un verdadero debate, que haya libertad de pensamiento de palabra y de acción.
Los populares y los socialistas, que juntos “representan” electoralmente a la gran mayoría de los españoles, poco entienden de la sociedad española, que llegan a controlar gracias al hecho de que no hay un verdadero debate político y que han secuestrado la información.
En lo que respecta a las elecciones europeas, creo que España junto a Italia, son los países donde la alternativa radical tiene más posibilidad de ser comprendida y reconocida por parte de los ciudadanos, por razones históricas pero también por la invasión y prepotencia de la partitocracia.
Dentro de la partitocracia, hay que meter también al “Partido Eclesiástico”, aquel de las jerarquías católicas que -tanto en España como en Italia- hace todo para poseer, ante la complacencia de los dos grandes partidos que cuando están en el Poder compiten por dar concesiones y nunca por defender el Estado laico, democrático y liberal.
Las elecciones europeas no son una ocasión para las fuerzas nacionales, sino una oportunidad para tener en Europa diputados que continúen la acción que hemos emprendido todos estos años.
Si estuviésemos en campaña electoral preguntaría a los populares y a los socialistas, por ejemplo, por qué no han reaccionado en contra de la financiación por parte de la U.E. a las dictaduras y dictadores de todo el mundo con el dinero de los contribuyentes europeos. Por qué se continúa violando la directiva comunitaria del IVA para favorecer a la Iglesia Católica y por qué se callan frente al hecho de que en el corazón de Europa haya un Banco, el Banco IOR del Vaticano, que es el único en el mundo que no es sometido a ningún control contra el lavado de dinero.
Por qué no quieren que las instituciones europeas sean instituciones democráticas y dejan todo en manos de los gobiernos.