Entrevista a José Carlos Bouso

15-septiembre-2003 · Imprimir este artículo

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El éxtasis (MDMA) tiene un uso lúdico y otro terapeútico

José Carlos Bouso Saiz es psicólogo y psicoterapeuta. En 2000, tras cuatro años de preparación, el equipo de investigación en el que trabaja inició un ensayo clínico pionero en el mundo con MDMA (“éxtasis”), para evaluar su seguridad y su eficacia como coadyuvante de la psicoterapia en el tratamiento del Trastorno de Estrés Postraumático crónico, en pacientes que habían fracasado con los tratamientos farmacológicos y psicológicos estándar. Tras más de dos años de trabajo, su investigación fue fulminantemente interrumpida por la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid tras aparecer una noticia que informaba del desarrollo del estudio en algunos medios de comunicación y pese a tener todos los permisos oficiales necesarios en regla. En el mes de julio apareció su libro Qué son las drogas de síntesis, en RBA-Integral.

El éxtasis es una droga popular y aparentemente peligrosa que se utiliza para bailar durante horas en discotecas. ¿Cómo es que la usáis en psicoterapia?
El éxtasis, que es el nombre popular con el que se conoce a la sustancia química MDMA, se estuvo utilizando durante más de 15 años exclusivamente en contextos terapéuticos antes de que se popularizara como droga recreacional. Sus efectos psicoactivos se descubrieron a principios de los años 70, y fue utilizado por más de 4000 terapeutas para facilitar y acelerar el proceso de psicoterapia en pacientes con trastornos psicológicos. Se estima que desde 1972 hasta 1985, año en que se prohibió, se administraron medio millón de dosis en contextos terapéuticos. Teniendo en cuenta que la MDMA se administraba entre 1 y 4 veces en un tratamiento psicológico, se estima que fueron tratados unos 200.000 pacientes sin que aparecieran efectos secundarios graves y sin que se registrara ninguna muerte. Sin embargo, hacia 1981, empezó a popularizarse en contextos recreativos lo que motivó su prohibición en 1985. Desde entonces, la investigación terapéutica quedó interrumpida debido a los problemas burocráticos para investigar con drogas prohibidas hasta que, en el año 2000, nosotros la reanudamos.

¿Y cómo ayuda la MDMA a los pacientes?

La MDMA no es un fármaco sintomático, como los fármacos psiquiátricos habituales, sino que actúa permitiendo que las personas que se encuentran involucradas en un proceso terapéutico puedan acercarse a su experiencia subjetiva sin sentir miedo a experimentar emociones dolorosas. Se administra durante el proceso terapéutico, una vez que la alianza de trabajo entre paciente y terapeuta se ha establecido.
La MDMA actúa de manera muy específica sobre el estado emocional, induciendo sensaciones de autoaceptación y de sensible cercanía hacia los demás. Esto en psicoterapia tiene un valor único. Se sabe que para que un tratamiento psicológico funcione tienen que darse dos condiciones: 1) Que el paciente tenga cierta capacidad de introspección; y 2) que confíe en su terapeuta para que ambos trabajen por un objetivo común, que es la mejora del paciente. Se ha definido a la MDMA como un entactógeno y un empatógeno, es decir, que facilita el contacto con lo más íntimo de uno mismo a la vez que potencia la empatía, o la comunicación sincera con los demás. Uno de los problemas en terapia es que los pacientes, a veces, tienen miedo a ponerse en contacto con esa parte íntima problemática, ya que les produce mucho sufrimiento. La MDMA, al actuar de manera específica sobre las emociones induciendo sentimientos de autoaceptación, facilita a estas personas el proceso de introspección y les permite comunicar sus sentimientos al terapeuta. En este sentido, la MDMA facilita el proceso terapéutico, haciéndolo más eficiente.

Sin embargo, se han descrito muertes de jóvenes tras consumir éxtasis en discotecas y se habla de una posible inducción de neurotoxicidad. ¿No se exponen a un riesgo muy alto los pacientes a los que se administra MDMA?
Es cierto que se han producido algunas muertes asociadas al consumo recreativo de MDMA y que su uso continuado se asocia con ciertos riesgos neuropsicológicos. Como se sabe en farmacología, la toxicidad de una sustancia depende de la dosis, la vía de administración y la pauta de consumo, y esto tienen en común todas las sustancias, legales o ilegales. Sin embargo, cuando se ha administrado MDMA en un laboratorio a voluntarios para estudiar cómo actúa la sustancia en el organismo, ninguno de estos voluntarios ha sufrido reacciones adversas graves ni a corto ni a largo plazo, ni ningún trastorno neurocognitivo. Y se ha estudiado ya a más de 400 voluntarios en estudios realizados en distintos países. Por ello, se sabe con mucha certeza que una o más dosis de MDMA, administradas en un contexto clínico seguro -a los potenciales pacientes se les realiza un reconocimiento médico exhaustivo para descartar posibles trastornos que puedan incrementar los riesgos-, la MDMA se ha mostrado segura. Una vez que se sabe que en estos contextos la administración de MDMA no conlleva graves riesgos, nos da la seguridad para poder utilizarla en pacientes. Es importante saber distinguir el uso lúdico, en contextos que puedan potenciar los riesgos de la MDMA, del uso terapéutico, donde se controlan mucho la aparición de posibles riesgos. Insisto, ninguna sustancia legal o ilegal está exenta de riesgos y lo que hay que hacer es poner en la balanza los riesgos y beneficios y tomar una decisión en consecuencia.
Dada la experiencia clínica de más de 15 años con MDMA parece que los beneficios compensan con creces los posibles riesgos, que como digo, en un contexto controlado son mínimos.

¿Por qué cortaron vuestra investigación?
En realidad, no lo sabemos porque nunca nos han dado explicaciones basadas en un informe técnico que justificara la interrupción del estudio. Al día siguiente de aparecer la noticia en los medios, vino una inspección de la Consejería de Sanidad. Por ley tienen un mes de plazo para emitir un informe técnico con las posibles irregularidades, único motivo por el que pueden interrumpir una investigación. Sin embargo, ese informe nunca lo emitieron pero sí que nos comunicaron que debíamos interrumpir la investigación. Lo que hicieron fue dejar de cedernos las instalaciones del hospital donde realizábamos el estudio sin necesidad de justificar nada. Así que, aunque seguimos con los permisos en regla, no podemos continuar porque se nos deniega un hospital. Es evidente que las razones para interrumpir el estudio están motivadas por motivos políticos y no por motivos éticos o científicos. Sin embargo, tenemos la suerte de que estas investigaciones se reanudarán en unos meses en los EEUU y en Israel, donde los políticos sorprendentemente parece que tienen una mentalidad más abierta para diferenciar el uso recreativo del terapéutico.