Fernando Arrabal

Por Claudine Lagrive Traducción: Carlos del Moral


Los patrioteros crearon el mito del “manco de Lepanto”, pero Cervantes jamás combatió

Fernando Arrabal, además de ser el dramaturgo vivo más representado en el mundo y el único español de cultura universal, es poeta, cineasta, ensayista y sátrapa del Colegio de Patafísica; entre otros milagros. Pero, sobre todo, es un ejemplo luminoso (luciérnaga) de creación y ética. Además de todo eso, es santo protector de esta publicación, Generación XXI, desde que vimos la luz allá por 1996.
Con motivo de la aparición de su último libro, Carta a Stalin, en la editorial La Esfera de los Libros; una de sus colaboradoras artísticas, Claudine Lagrive, ha realizado esta entrevista panorámica del autor; entrevista llena de chispas luminosas y verdades molestas. Su participación en el último manifiesto contra el terror en el País Vasco, ha llenado de amenazas su e-mail.

Últimamente, ha escrito usted en Le Monde y en El País contra la venta André Breton. Para los lectores que no están al corriente de la vida y de la obra de Breton, ¿por qué no le parece indicado la dispersión de su colección?
Los energúmenos perjuros han pisoteado la voluntad de Breton. Habían sido nombrados ministros de la Cultura de las muñecas rusas: Giscard, Mitterrand y Chirac. Han enterrado la herencia surrealista en cajas fuertes para ricachos… y eso después del estúpido discurso sobre el imperialismo económico y la excepción cultural europea. El precio de la más inútil de sus bombas atómicas habría pagado la Casa del Pueblo Surrealista.

Hace unos cuantos años, usted envió una valiente carta a Fidel Castro. Si tuviera que añadir algo nuevo enviándole un telegrama, ¿qué le escribiría?
“Mussolini fue colgado por los pies y usted será arrojado por el pueblo a las letrinas de la Historia como Heligábalo. ¡Basta ya!”.

Su cuadro de 1984: Médico sudista al servicio del racismo castrista, pero amenazado por Popeye, ¿puede sugerir que tenemos necesidad de Popeye para librarnos de Castro por fin?
El hombre blanco Castro es el más infame negrero de hoy en día. Deshacerse de esa tiranía racista es una obligación moral del mundo inteligente. El órgano oficial castrista de los viejos sumisos, “Juventud Rebelde” (sic) es tan desternillante como las diatribas del portavoz Popeye de Sadam.

¿Qué diría usted a los músicos cubanos nonagenarios de la película Buena Vista Club Social?
Ese orfeón de fusileros, estos embute-urnas (al 99,97%), esos cómplices del fundamentalismo asesino y esos encadenadores de las razas oprimidas no merecen sino el desprecio. Todo lo contrario de sus colegas balseros que escogen la libertad nadando entre los tiburones con riesgo de sus vidas.

¿Qué diría usted al director de la película Buena Vista Club Social que parece profesar gran afecto al tirano barbudo?
Este alemán, que tiene el delirio nauseabundo de admirar al Hitler cubano, parece, ay, fascinado por mi obra. De mi resplandeciente Madrid- New Mexico ha hecho el opaco París-Texas. ¡Hölderlin, Kant, Günter Grass a mí!

En su notable libro, Un esclavo llamado Cervantes (1996 Plon, París; y Espasa Calpe, Madrid), explica que el escritor fue un esclavo homosexual y que no era manco como todo el mundo ha creído. ¿Estas peculiaridades le hacen aún más grande como escritor?
Los patrioteros crearon el mito del “manco de Lepanto”, pero él jamás combatió. Su amistad, siendo muy joven con un cardenal homosexual de 23 años, Acquaviva, y durante sus años de esclavitud en Argel sus relaciones afectivas con el Bey gay son reconocidas por sus biógrafos. Su talento y su energía frente a la Inquisición están a la altura de su obra.

En el periódico Le Monde, en 1975, a la muerte de Franco, usted escribió un artículo, “No celebraré esta muerte”. ¿Nos podría explicar por qué no festejar la muerte de un dictador?
A pesar de que toda mi obra fue prohibida por el dictador (y que mi padre fue condenado a muerte por su “tribunal sumarísimo”) me niego a gritar el lema de sus legionarios: ¡Viva la muerte! Ellos añadían además: ¡Abajo la inteligencia! Sólo un comunista hispano es más gilipollas que un fascista español.

Como dramaturgo más representado en el mundo conoció bien a otros dramaturgos como Beckett o Ionesco, ¿le dieron consejos útiles para la vida o el teatro?, ¿de cuál de los dos bebió más?
En el cuadro anexo están por fin reunidos ¡y entre ellos se hallan Kafka y Nabokov! Después de Godot no se vieron más, ¡era absurdo! Con ambos bebí de una forma diferente, pero abundantemente y he hablado mucho con ellos. Por ejemplo, de los departamentos de español de las universidades americanas y españolas.
Muchos de éstos (como aquel de graduados de N Y U ) han llegado a ser sucursales de las comisarías de la policía castrista. Están tan embrutecidos por su sumisión inquisitorial que han editado una antología poética teniendo como principal vate a Fidel Castro. Sus alumnos son obligados a ir de vacaciones a casa del tirano a lavarse el cerebro.

En 1980 usted hizo la película La odisea del Pacífico con Mickey Rooney, ¿cuáles son las mayores cualidades de este actor subestimado?
Apareció como un Kierkegaard de las relaciones amorosas, quizás gracias a sus doce matrimonios. En el plató provoca caprichos feladores, los más recónditos e inesperados a mis colaboradoras/es.

En su película de 1992, Adiós Babilonia había una escena de amor entre Spike Lee y su encantadora hija Lélia, ¿cómo encuentra a Spike Lee para que haga de actor?
Por casualidad.

Como gran amante del ajedrez, escribe un libro sobre Bobby Fischer, Fischer el rey maldito (Ed. la Rocher, 1988). ¿Hay otro ejemplo de un campeón que después se convirtió en un ser maldito gracias a sus propios esfuerzos por demonizarse?
Nunca hasta ese punto. Cuando ese judío genial desvarió proclamándose antisemita retiré al instante la venta del libro. Fischer y Unabomber nacieron en Chicago a principio de los años 40 y poseían el más alto C.I. de su época.
Los dos han sido educados por una familia estalinista, llegaron a ser anticomunistas viscerales y terminaron brincando de alegría con la destrucción de las Torres Gemelas. La verdadera explosión es el doble lenguaje de los filoterroristas. Por este cataclismo mental, la inteligencia llega a ser un arma cuando se desestructura.

Después de haber leído su libro sobre Cervantes, se puede imaginar que en su película de 1998, Jorge Luis Borges: una vita di poesía, habría que creer que hay también sorpresas en la vida de ese escritor argentino. Borges no está ciego y quizá ¿era una mujer travestida?
Yo no puedo juzgar la agudeza visual y sexual de Borges. Gustaba a todos, sólo sus mujeres le han detestado. ¿Ha dejado inexplorado su laberinto sensual para que sus lectores pudieran fantasear?

Ha conocido a Picasso y a Dalí, ¿cuál de los dos artistas adoraba más el dinero? A Dalí se le conocía como “avida dollars” y, sin embargo, Picasso ha sido el artista más rico de toda la historia de la pintura…
Picasso y Dalí son dos personajes fundamentales del cuadro adjunto. El genial Picasso, estalinista hasta su último suspiro, tiene el papel de Judas. Era tan necio y ávido de dinero que hoy sería pro Hezbollah. Sólo la mayor parte de los directores de museos americanos y españoles aborrecen la pintura tanto como Picasso.

En su libro apasionante sobre el Greco (El frenético del espasmo, ed. Flohic 1991), habla de actos sexuales literalmente pederastas en los lienzos del gran pintor. ¿Cómo puede ese cristiano tan digno crear obras eróticas?
Ha sido el primer pintor del “foot fucking”. Cocteau le detestaba: “No es un pintor sino un geómetra erótico”. Sus cuadros son macizos como grandes pollas en erección. El Greco le da la vuelta a todo, todo lo invierte: desde la mano del santo masturbador al paisaje de Toledo.

Uno de sus principales lienzos lleva por título: Todas las vírgenes del mundo son las madres de un emigrante, acrílico y collage en tela. ¿Puede explicarme este título?
A pesar de la indigencia mental y cultural de los estalino-fundamentalistas el renacimiento científico y filosófico que despunta será emigrante o no será.

Otro cuadro se llama Monos obscenos excitan a una inocente lectora (1984). ¿Es el fin de cada autor ser como un mono?

La inocencia y la lascivia estallan en la fascinación por los animales y los ángeles. ¡Qué época tan bella!

Su desgarradora obra de teatro Carta de amor; como un suplicio chino, da la idea de que el amor y la traición pueden coexistir, ¿está de acuerdo con esta idea?
Madrastra historia hace (como en la obra) cohabitar la tortura y la adoración.

Como fundador del Movimiento Pánico con Topor y Jodorowsky, no le parece que hoy en el mundo en el que vivimos después del 11 de Septiembre, el pánico ¿está más vigente que nunca?
El dios Pan desde siempre ha hecho reír antes de aterrorizar.
Cada día nuestras premoniciones, ay, se cumplen.

¿Cuál sería su proyecto para la zona cero del World Trade Center?
La torre de Babel de mi cuadro adjunto. Rebosara de cosas y objetos absurdos que he coleccionado a lo largo de mi vida sin tirar nada. Y de cosas y objetos de personas para quienes la aventura no ha hecho más que empezar.

En 1966, Yukio Mishima le invitó a Japón para asistir a su obra contra Hitler, titulada Hitler was right. Se dice que Mishima era un individuo muy gracioso, pero muy serio en lo concerniente a la moda y los vestidos. ¿Qué le pareció?

Tal y como lo muestro en mi cuadro, al lado de Wittgenstein y detrás de Kundera. Hice actuar en Tokio (teatro Parco) a su tan amado travestí Miwa, como la resurrección de la ambigüedad del no, vista desde Melilla.

Cuando viajó a México en 1968 con Jim Morrison, ¿le habló de Rimbaud, su autor fetiche?
Estuvimos demasiado abrumados por las cargas de la policía del partido “revolucionario”. Su cadáver exquisito es destrozado sistemáticamente por los neoestalinistas del puritanismo hard.

¿No le ofendió el comunismo de un amigo de esos años, Pier Paolo Pasolini?

Solo hablé con él de sexo y de cine. “… Pero de nosotros dos no quedará más que nuestra poesía. Nuestras películas (los internegativos) se autodestruirán un día”. Él no fue profeta y tenía un encanto canalla y conmovedor.

Se dice que John Lennon admiraba mucho su película Viva la muerte y que él mismo silbaba la música de la banda sonora. ¿Explica eso que la película le haya gustado tanto?
Me miraba con una miopía protectora desde lo alto de su talla… ¡humana!

Justo después de la muerte de Franco, le prohíben visitar España colocándole entre otros cuatro famosos y asimismo prohibidos: Líster, el Campesino, Carrillo y La Pasionaria.

Aquello en vez de ser un timbre de gloria fue un sainete grotesco, De manera infame me incluyeron en el último corro de verdugos estalinistas. Entre ellos, además, se llevaban a palos. ¡Yo nunca milité en semejante banda de criminales!

¿Conoció a La Pasionaria?, una persona no muy simpática imagino.
Fue una militante tan tarada como sus camaradas. Y con las manos más ensangrentadas que las de Caridad, la mamá del asesino de Trotski.

En Cuaderno de silencio: Arrabal , París 1977, su mujer Luce profesora de conferencias en La Sorbona, ha escrito un ensayo sobre el papel de las secreciones y excerciones en su teatro, ¿cómo se diferencia este papel, es distinto en la vida y en la obra de Arrabal?

Ella muestra que no hay necesidad de escribir mi biografía: no hay más que publicar cronológicamente mis obras de teatro. Y mejor aún, con algunas notas sobre mis lágrimas, mi sudor, mi sangre…

¿Por qué ha publicado Carta a Stalin (La esfera de los libros Madrid, mayo 2003) justo ahora?
Pese a ser renegado por sus herederos, Stalin triunfa por el renacimiento de sus ideas, de su maquiavelismo, de servilismo voluntario, del terror de los crímenes ciegos y de masas. Ciertos artistas de ayer y de hoy se han metido hasta el tuétano en la sumisión inquisitorial. El pensamiento Virulento de Stalin impone hoy más que nunca el terror en el mundo entero y no sólo… en el sur del Sudán, en Bali, en Bobiato (el gulag castrista), con ETA, con Hezbollah…

Entrevista a Medardo Fraile

Por Ángel Zapata

El cuento como rebeldía.

Cuentista por vocación, escritor de culto, Medardo Fraile supo resistir al “realismo socialista” predominante en su generación, los sarampiones experimentalistas de los 60/70, y hasta las obras y las pompas con que el Mercado tienta a los autores en la Era de la Banalidad. Ha escrito alguno de los mejores cuentos en castellano del siglo XX. Y por eso, contra viento y marea, su nombre y su influencia se agrandan, con el auge del relato breve que está viviendo nuestra literatura.

Monterroso dijo que una novela es una buena preparación para escribir un cuento. ¿Estaría de acuerdo?

Bueno, Monterroso era el escritor antitópico más inspirado de los últimos tiempos. Él, como todos los que sabemos lo que escribir un buen cuento supone, habría oído mil veces lo contrario: que el cuento es una antesala de aprendizaje para escribir novelas. La afirmación de Monterroso es, por supuesto, una burla, una ironía, una broma más del entrañable escritor guatemalteco. La novela no es una buena preparación para escribir un cuento. En la novela hay demasiada manga ancha para aprender a escribir un buen cuento, que sólo puede escribirlo un asceta de la literatura, un hombre que no está dispuesto a hacer trampas ni consigo mismo ni con el lector. Mientras uno escribe un solo cuento, pueden hacerse cuatro o cinco capítulos de una novela.


¿Por qué, precisamente, el cuento?

Porque es lo más difícil y no hay por qué dedicarse a lo más fácil, a no ser que a uno le interese la fama y el dinero, vengan de donde vengan. Es difícil porque el cuento -como en la mejor poesía o en el teatro de Chéjov, por ejemplo-, es tan importante lo que se dice como lo que se calla, es decir, uno escribe también los silencios. Un escritor norteamericano que no quiero nombrar para que no me tomen por devoto de él, que no lo soy, escribió que lo que da fuerza a un relato son las cosas importantes que sabes y no cuentas. Yo he hecho -y nadie me ha dicho que lo hiciera mal- poesía teatro, crítica, periodismo, una novela, ensayo y, todo eso, incluso estando bien hecho, no me ha parecido tan satisfactorio como un buen cuento, dicho sea, desde luego, con los debidos respetos a los cultivadores de esos géneros e, incluso, admiración, si viene al caso.

¿Tiene algo de Quijote un cuentista puro? ¿A qué renuncia un escritor de cuentos? ¿Qué le parece que obtiene a cambio?

Sí. Ir a contracorriente es quijotesco. Pocos entienden a un escritor de cuentos. Es como un señor que, nadie sabe por qué, se pone todos los días una americana estrecha en vez de meterse cómodamente en un macferlán. Para empezar, la gente cree que el cuento sólo tiene que ver con la infancia y le anima a uno a escribir novelas. Equiparar la literatura a la novela es pura ignorancia o estupidez. El escritor de relatos suele ser menos famoso y ganar menos dinero que otros literatos -aunque literato es una palabra que aborrezco- y, si escribe mejor que ellos, eso pasa también desapercibido. Quizás a cambio obtenga prestigio, satisfacción personal y el gusto de estar en rebeldía con su verdad a cuestas.

“El cuento guarda siempre algo de risa” ha escrito usted. ¿Qué papel tiene el humor en su escritura?

El humor es importantísimo para no asustar a nadie con la barba. Eso de la risa lo escribí en el prólogo de mi primer libro de relatos; ahora creo que preferiría escribir sonrisa, que es más eficaz, más inquietante y misteriosa que la risa. En mi escritura, el humor suele servir de freno al drama, a la emoción, a la verdad, y los buenos lectores lo han agradecido siempre.

Tengo una curiosidad: ¿qué tiene usted en contra de los guisantes?

Mi odio nauseabundo a los guisantes, que hoy no perdura, tuvo que ver con los guisos de mi madrina y prima hermana que me atendió, a los cinco años, cuando murió mi madre. Solía darme carne con patatas y guisantes inmersos en una salsa espesa que, generalmente, no sé bien la causa, estaba fría. Los guisantes parecían burbujas de gas verde en lava volcánica. Ahora sí me gustan y más aún si se cogen y comen en la huerta por la mañana temprano, frescos del rocío de la noche, antes de que caliente el sol

Pertenece usted a una generación (la de Matute, Aldecoa, Ferlosio o Martín Gaite) que hubo de escribir en el ambiente enrarecido y férreo de una dictadura. ¿Qué molino de viento embestiría, con perdón, hoy mismo?

Embestiría una y otra vez contra el analfabeto número uno que padecemos. No me refiero a George Bush, sino al marketing, aunque tengan puntos de contacto.

Con una antología de reciente aparición, Pequeñas resistencias, ha salido a la luz una nueva generación de cuentistas. ¿Cómo valora este “Nuevo cuento” que se escribe hoy en España?

En esta antología, que me parece buena y era necesaria, he encontrado nombres valiosos que ya conocía: el tuyo, el de Eloy Tizón y el de Hipólito G. Navarro, y otros también que me han gustado mucho y desconocía: Carmela Greciet, Neuman, Carlos Castán, Pisón y Félix J. Palma. No sé, y lo lamentaría de veras, si ahora se me olvida alguno.