Entrevista a Cristóbal Jodorowsky

Por Iñaki López

“Nunca he trabajado sobre una enfermedad, yo trabajo sobre conflictos”
El apellido Jodorowsky resuena por todas partes. Cristóbal, hijo de Alejandro Jodorowsky, se encuentra en España dando una serie de seminarios sobre Psicochamanismo, Psicomagia y Psicogenealogía. Por si algún incauto aún no sabe qué demonios es esto, he aquí una pequeña aproximación a la psicología como arte (¿o al arte como psicología?).

Para empezar, ¿qué es la psicogenealogía?
A veces para explicar un gesto que hacemos, una actitud o un dolor, es necesario remontarse a casi cuatro generaciones. Hay elementos que vamos repitiendo. Somos portadores de los conflictos no solucionados de nuestro árbol y eso se manifiesta en nosotros como chivo expiatorio haciéndonos sufrir, impidiéndonos amar, tener relaciones sexuales, realizarnos… Ser felices, en definitiva. La memoria de nuestro árbol genealógico está siempre presente.

¿Y el psicochamanismo?
En el chamanismo se habla constantemente de los espíritus y de los muertos, de las generaciones pasadas y de los ancestros. En este sentido nuestro árbol genealógico, nuestro inconsciente, es como una tribu. Tiene instinto de conservación y un auténtico terror a la muerte. Miedo a que le traicionemos y nos diferenciemos de él. Muchas veces ocupamos un lugar que no nos corresponde: el lugar de la mamá, del tío, del abuelo… Pero cuando nace, el hijo es un ser individual y diferente que viene a aportar una nueva información a la mutación del árbol. El árbol está mutando todo el tiempo, las generaciones mutan. Cuando no te dejan mutar, el árbol está enfermo.
Si somos capaces de individualizarnos y de aceptar nuestras raíces, podemos pulir todo ese sufrimiento que arrastramos, todos esos odios y rencores, hasta convertirlo en un gran diamante. El árbol arrastra mucho sufrimiento, pero también trae consigo muchos dones.

Es ahí donde comienza la psicomagia…
Eso es, es decir, una vez que ya sabemos todo esto, ¿qué hacemos? Pues, por supuesto, ir al terapeuta. Aunque yo no creo que un solo acto de psicomagia pueda solucionar todo. Lo digo por experiencia propia. Soy una prueba viva de lo que es la psicomagia, porque la he aplicado a fondo sobre mí. Yo he hecho sesiones de hasta siete horas con mi padre. Todos mis traumas infantiles los he ido solucionando así, con actos metafóricos.

¿Y en qué consiste?
Nuestro cerebro no distingue entre lo que está aquí y lo que vive interiormente. Para él no hay diferencia. Si sabes hablar con su lenguaje, si le propones una realidad con actos y objetos, con personas o fotos, lo toma como una realidad.
El cerebro funciona mediante la metáfora: si en esa silla se sentó tu abuelo durante toda su vida y te pegaba todas las mañanas con una varilla, cuando ves esa silla o una similar te entra la rabia porque tu cerebro identifica inmediatamente la silla con tu abuelo: pero si agarro la silla y la destrozo con un bate de béisbol me voy a sentir bien porque para mi cerebro será como si se lo hiciera a mi abuelo.

¿Y esto se puede enseñar?
Si te soy sincero, no creo que la terapia se pueda enseñar. No es una ciencia, no se puede estructurar. Es un arte. Se pueden enseñar ciertas bases pero hay que tener un don. Es como en el arte: puedes darle a la gente ciertas nociones útiles, pero al final o eres artista o no lo eres. Hay algo que está más al nivel de la intuición.

Entonces, ¿todas estas cosas se van a quedar en una especie de patrimonio de la familia Jodorowsky?
No, para nada. Creo que hay gente que puede aprenderlo. Pero hay que tener mucho cuidado porque puedes causarle el efecto contrario a la persona, puedes meterle en un estado de angustia terrible. Todo tiene que ser perfecto. Hay que saber cómo empezar el acto, por qué lo estás haciendo, qué símbolos utilizas, qué estás tocando, cómo lo terminas…

¿Se puede vivir de la psicomagia o hay que hacerlo por amor al arte?

Hay que hacerlo por puro amor al arte. Se trata de ayudar y eso es todo, el resto viene después. Si el universo te necesita, proveerá. Eso es algo muy importante que aprendí de mi padre.

¿Es posible alcanzar la felicidad?
No se puede alcanzar algo en lo que ya estás. La dificultad está en aceptar que la felicidad existe en uno, y que está ahí, a pasar de todo lo que sucede.

¿Qué papel le das a las drogas en la vida?
Determinadas sustancias, tomadas con la persona adecuada, pueden mostrarte cosas de ti mismo que no conoces y hacer que te sientas y te percibas de otra forma. Una vez has llegado a eso, tienes que volver a lograrlo sin la droga. Hay que saber elegir a la persona igual que hay que saber elegir al terapeuta.

Hay gente que os acusa de charlatanes, de vendedores de whisky del Far West…
Los charlatanes tienen más que ver con la brujería y el chamanismo. A veces te hacen operaciones en las que no te abren el cuerpo realmente. Utilizan esponjitas, salen chorritos, hígados de pollo…, pero el caso es que a veces te curas. Nosotros queríamos entender cómo funcionaban el chamanismo y la brujería mejicana. Los chamanes operan con tu cuerpo psíquico haciéndote entrar en otra realidad a través del miedo. Entonces te pasan el cuchillo de plástico por el cuerpo, te cambian el corazón, te quitan esto, te ponen lo otro… y gritas de dolor. Y en el fondo no importa que sea verdad o no, porque funciona. Esas experiencias me han ayudado a llegar a lo que hago actualmente, solo que yo no trabajo con la superstición, no soy un charlatán. Yo trabajo con el psiquismo. Además, no trabajo sobre la base de enfermedades. Nunca he trabajado sobre una enfermedad, yo trabajo sobre conflictos. Puedo quitarte una culpa que arrastres, agresiones, quitarte ideas de la cabeza.

¿Qué opinas de todo esto de la nueva era y de la autoayuda?
Me parece muy bien y estoy bastante a favor. No hay que criticarlo porque sí, como suele hacerse. La crítica destructiva es el veneno de nuestra sociedad. Hay que aprender a leer y seleccionar. Hasta de los chistes se puede aprender.

Entrevista a Fernando Sánchez Dragó

CREO QUE ME CONOZCO

Fernando Sánchez Dragó no necesita presentaciones. Sin duda es quien mejor se conoce. Le pongo a prueba con el cincel de mis preguntas, perfilando su autorretrato, utilizando un diminuto espejo que llevo escondido en la pupila para estas ocasiones.

Tus dos últimos éxitos, Carta de Jesús al Papa y El Sendero de la mano izquierda, vienen a romper con alguna línea anterior o, por lo menos, con la imagen que algunos tenían de ti.
Yo me encuentro, cuando escribo Gárgoris y Habidis, con los Evangelios gnósticos. Me encuentro con ese otro Jesús. Eso me conmueve los cimientos. Jesús forma parte de las raíces culturales, como de las de cualquier persona que haya nacido en España. A partir de ahí, me intereso muchísimo por el personaje. Y hay una primera aproximación que es La prueba del laberinto. Llevo veinte años acumulando información sobre Jesús, leyendo libros, recorriendo toda clase de países… Y entonces una segunda aproximación es esta Carta de Jesús al Papa, que es la parte ensayística de la novela que voy a publicar. Por otra parte, están mis investigaciones acerca de Jesús, que me han conducido a ser lapidado por los palestinos de la Palestina profunda, y al norte de la isla principal de Japón, donde hay un pueblo que está convencido de que Jesús fue crucificado y murió allí. Todo ese mundo riquísimo es un mundo que va a converger en la novela, y que yo he estado recorriendo desde 1978, que es cuando aparece Gárgoris y Habidis. Lo que pasa es que de vez en cuando este largo Guadiana de investigaciones bibliográficas, de investigaciones en mi conciencia y de viajes exteriores afloraba en un artículo: La prueba del laberinto y, ya de forma tumultuosa, en Carta de Jesús al Papa… Pero no daba lugar a un libro propiamente dicho. Así que lo que tú dices no sólo no contradice la línea de mi obra, sino que es absolutamente coherente con ella. Lo que pasa es que, efectivamente, a raíz sobre todo del Padre Nuestro, oración arquetípica que yo no rezo, marca un antes y un después en mi relación con los españoles. A partir de ese momento, empieza muchísima gente a creer que yo soy un converso; y a mí no hay nada que me horrorice más que las conversiones. [Risas]

Ya te habían llamado converso cuando te fuiste del PCE…
Sí, claro. Al fin y al cabo, el PCE es algo que procede del cristianismo e imprime carácter, como un sacramento. Se cree en ellos, y cuando te vas, no es que hayas evolucionado ideológicamente, sino que te has convertido en un renegado. [Risas]. Lo que menos soy yo de todo lo que se puede ser, es cristiano.

Entonces, ¿cómo defines tus creencias?
Yo soy todo y no soy nada. De lo que más cerca estoy es del budismo y del taoísmo. Y si me pones una pistola y me preguntas: “¿Qué eres, Fernando, confiesa?”, diría: “soy taoísta y casi budista”. Y en lo que se refiere a las religiones del Libro, soy gnóstico en el cristianismo, como Teresa de Ávila, Juan de la Cruz y Miguel de Molinos, salvando todas las distancias que haya que salvar; soy sufí, como Ibn Arabi; y soy cabalista, como Moisés de León. Esa es mi vida, que es una vida científica de indagación en el laboratorio que es mi consciencia, induciendo estados modificados de ésta y llegando a conclusiones tan científicas como pueden ser las de un químico que estudia las evoluciones de las bacterias en la platina de su microscopio. Hay una unidad absoluta en las religiones: La mística musulmana, la mística hindú y la mística budista es exactamente la misma en todas partes, aunque con unas referencias propias.

Te he visto en la manifestación contra la guerra. ¿Cuál es tu relación con la política?

Mi relación con la política es, en primer lugar, de desprecio absoluto y, en segundo lugar, de desinterés absoluto. Es una relación de médico. Yo no soy médico, pero si a ti te da ahora un soponcio, buscaré una medicina… hasta que llegue una ambulancia. He intervenido en política sólo en momentos de emergencia nacional: bajo el franquismo y en la crisis del felipismo. Nunca más me he acercado a la política No quiero votar, y no quiero que nadie vote. Soy partidario de la municipalización de la vida pública, que es el único ámbito donde puede haber democracia. Soy partidario de los reinos de taifas, de las señorías italianas, de los cantones suizos… Y eso quiere decir que soy partidario de la inmediata fragmentación de España en mil reinos de taifas. Que le den la independencia a todo el mundo: al País Vasco, a Cataluña, a Galicia, y hasta a Castilfrío de la Sierra.

Fernando, ¿el mundo va tan mal como dices?
El mundo va fatal. [Risas] Yo siempre digo que el fin del mundo ha empezado y nadie se ha dado cuenta, porque la gente se cree que el fin del mundo es un telón que cae en una obra de teatro. No, el fin del mundo es un largo proceso, y en ese largo proceso estamos desde hace un montón de tiempo. Es horrible lo que está pasando.

Es curioso porque la gente con nivel de consciencia desarrollado suele ser optimista porque ve más allá de todo esto.

Sí, y yo veo más allá. El Apocalipsis significa “cambio de los tiempos”, es decir, cambio de las abscisas y ordenadas en las cuales nos movemos. Eso se está produciendo, lo que pasa es que trae consigo un desbarajuste generalizado en el cual va a haber hambre, va a haber enfermedades… Pero, evidentemente, yo creo que esto es el paso inevitable de crecimiento hacia un salto evolutivo que nos llevará hacia otro tipo de planteamiento completamente diferente. Es el kali yuga. Está escrito en los Vedas. La descripción que hacen los Vedas parece que la ha hecho un periodista esta misma mañana.

En este clima de Nueva Era, ¿crees que mutamos hacia un espiritualismo, como explicaba Teilhard de Chardin?
Sí, probablemente. Algo hay de eso. Lo que pasa es que esto no afecta a todos los seres humanos. Fundamentalmente de lo que yo soy enemigo es del igualitarismo, de aglutinarnos a todos como si fuéramos lo mismo. Yo no tengo nada que ver con Bush. Yo no tengo nada que ver con tantísima gente, y no quiero tener nada que ver. Es decir, creo que a los seres humanos cuando nacemos se nos da la oportunidad de fabricarnos un alma. Si aprovechas tu vida, te has construido un alma y ya eres inmortal: has alcanzado la vida eterna, y cuando te mueres, no te extingues. Ahora, el 99% de las personas no consiguen fabricarse un alma: son marmolillos. Los que se mueven en el mundo de la política, los que se mueven en el mundo de las religiones exotéricas… no pertenecen a mi género. Quienes están evolucionando hacia lo que decía Teilhard de Chardin, el gran salto cósmico, son las personas que se han construido un alma, los aurigas de Gurdjieff. Los que saben canalizar al mismo tiempo la fuerza de su músculo, la fuerza de su corazón, la fuerza de su sexo y la fuerza de su cabeza llegan al hombre integral. Quien no hace eso, ha pasado como una mota de polvo por la historia del cosmos.

¿Para qué estamos aquí? ¿Qué sentido tiene la vida?
Yo no sé muy bien qué sentido tiene. Lo que sí sé es que todo tiene sentido. Todo está hilvanado en el universo, y cuando se te despierta la consciencia y abres los ojos, te das cuenta de que estamos en una trama en la cual ni una hoja se mueve sin que eso tenga un porqué, no venga de algo y no vaya hacia algo. Lo que yo tiendo a pensar, es que lo único que existe es la energía: el chi del taoísmo. Esa energía es la que crea al universo. Ese universo se echa a andar por la energía y tiende hacia formas cada vez más complejas en todos sus ámbitos, que permite la aparición del ser humano, que es ya un organismo tan cerebralmente sofisticado que permite la aparición del espíritu. Yo no creo que un Neanderthal tuviese espíritu.

De todas tus experiencias, ¿cuál ha sido la que ha cambiado más tu estado de consciencia?

Hay varios momentos estelares de mi vida que te tendría que decir. Primero: cuando estuve a punto de morir a los catorce años. Estoy absolutamente convencido de que en la crisis nocturna que condujo a mi curación, cuando yo estaba prácticamente despachado, se me apareció la Santa Compaña. Tuve una serie de experiencias que también están contadas en Gárgoris y Habidis. Segundo momento estelar de mi existencia: cuando llego a Benarés en marzo de 1967 e Isis rasga su velo. Tercera experiencia determinante: la primera vez que tomo LSD. Cuarto momento estelar de mi vida: el momento en el que tomo ayahuasca en Mojaca (Almería) y me asomo acojonado al tubo de mi consciencia. Me voy a la nada, me caigo en un agujero del campo, que es una experiencia bastante común en los que han tomado ayahuasca. Durante media hora estuve en la nada, no estuve en ninguna parte. Con lo cual, perdí el miedo a la desaparición, perdí el miedo a la nada. Yo tengo ahora setenta y seis años menos media hora. Sé que esto es inefable y que la única forma de entenderlo es vivirlo, pero fue extraordinariamente dichosa la experiencia. Cuando te digo “no sé a dónde me conduce la evolución del espíritu”, te lo digo sin miedo.

¿Es posible conocerse a sí mismo o es una broma cósmica?

Es difícil conocerse a sí mismo, aunque es posible. Yo creo que eso es lo que marca toda la sabiduría perenne. Yo a estas alturas, creo que me conozco. Y eso es la felicidad. Cuando te digo que soy feliz, es verdad.

Entonces, confiesa: ¿Quién eres?
Soy el que soy. No cabe más respuesta posible. No puedo comunicarte quién soy, pero yo sé quién soy.