Entrevista a Mario Camus

Por Emilia Lanzas

Camus es un director personal -cercano al cine de autor, pero distanciado por su versatilidad-, que lleva cinco décadas realizando películas. Sus inicios están conectados con el llamado Nuevo Cine Español, reacción creadora contra el cine conformista del franquismo. Oso de Oro en el Festival de Berlín por La Colmena y Premio al Mejor Guión por Adosados, en el Festival de Montreal; Mario Camus acaba de realizar La playa de los galgos, grandiosa exposición de personajes; película que posee una concentrada dimesión humana y poética.

Generación XXI.– La amplitud de tu obra es algo atípico dentro del cine español. ¿A qué crees que se debe?

Mario Camus.- Hay dos razones muy evidentes: que soy muy mayor y que tengo buena salud. Empecé muy joven, hice mi primera película, Los farsantes, en el año 63; desde entonces, no he parado.

GXXI.- Pero de cara a los productores, ¿crees que eres un director cómodo? Me refiero a bajos costes, a evitar problemas en el rodaje y, naturalmente, a lograr éxitos de taquilla.

M. C.- Mi continuidad en la carrera se debe, sobre todo, a que los productores consideran correctos mis trabajos. Cada productor tiene sus características, pero con todos ellos he pretendido resolver el trabajo de una manera profesional. Siempre lo he hecho lo mejor que sé. Salud, oportunidad, suerte, muchos años, buen hacer…

GXXI.- ¿Te definirías como un gran profesional/artesano o como un creador/autor?

M. C.- Soy contrario a las clasificaciones; esto no es el deporte. El mundo del cine es mucho más anárquico. Me gusta considerarme como un artesano, porque el artesano tiene la posibilidad de desarrollar su poética personal.

GXXI.- Como guionista, tienes películas tan significativas como Los golfos, de Saura o Werther, de Pilar Miró… ¿No resulta doloroso entregar un guión a otro?
M. C.- Nunca lo he pensado. Es una cuestión de humildad.

Yo jamás he cometido ese error, tan propio de los guionistas, que consiste en que cuando una película funciona reclaman su autoría y, en cambio, cuando fracasa, es el director el que no ha sabido llevar a cabo su propuesta.
Cuando elaboro un guión para otros, es como si me desdoblara, sé que no es mi película y por eso tengo en cuenta la personalidad del director para el que trabajo. No me planteo más.
Yo escribo un guión y me olvido de él. Una vez que se ha rodado, el guión debe acabar en la basura.

GXXI.- No lo ves entonces como una pieza literaria. Ahora es muy habitual publicar guiones que se leen como un género más de ficción.

M. C.- La gente busca en los guiones de las películas famosas, dónde está el secreto de su éxito. A mí me ocurrió con el de Los Santos Inocentes. Me lo quitaban de las manos pensando que contenía una fórmula secreta. Pero yo creo que el período de caducidad de los guiones es muy corto.

GXXI.- Estudiaste en la Escuela Oficial de Cinematografía. ¿Consideras necesaria una formación previa antes de ponerse ante una cámara?

M. C.- Cuando yo estudié, en el año 57, todavía se llamaba Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas. Entonces sí lo consideré necesario, porque mi generación era básicamente literaria. En cambio, los jóvenes cineastas de ahora se han educado en el lenguaje visual, ya saben desde pequeños lo que a nosotros nos costó tanto aprender. Yo diría que ahora hace falta formación, no para saber cómo hacer una película, sino para saber qué contar. Pienso que en el cine actual hay cierta trivialidad en la elección de los temas, lo que demuestra una gran pobreza de vivencias. También es necesaria mayor formación humanística, mayor cultura.

GXXI.- El haber dirigido películas “alimenticias”, como las que hiciste con Raphael (Digan lo que digan, Cuando tú no estás). ¿Cómo lo ves pasado el tiempo?
M. C.- Continúo viéndolo como una buena experiencia. Mi quinta película, que hice en 1965, fue Con el viento solano, y aunque para mí supuso algo muy importante porque dispuse de un gran equipo; la película funcionó muy mal. En ese momento me llamaron para hacer la primera película con Raphael. En ningún momento me engañaron, debía ser una historia romántica, leve, con un número determinado de canciones para lanzar al éxito a aquel cantante que empezaba. También trabajé con Sara Montiel, y fue igual de gratificante.

GXXI.-La Colmena o Los santos inocentes, son las dos películas tuyas más conocidas. Ambas son adaptaciones de novelas famosas. Gimferrer ha subrayado “el difícil maridaje entre palabra e imagen”. ¿Crees que el cine es suficientemente capaz de mostrar lo que expresa la buena literatura?

M. C.- Sin duda, incluso en algunos aspectos, el cine es más sugerente. Aunque, claro, generalizar siempre resulta delicado. Existen novelas que han ganado en una pantalla y otras que han perdido. En el cine hay que hacer representación de lo contenido en un texto; todo eso supone un trabajo en donde un director puede engrandecer la obra previa. Supone llevar una historia del papel a otro medio expresivo que no tiene nada que ver. Además, está la fusión posterior. La novela de Delibes, Los santos inocentes, no se puede ya separar de las imágenes de mi película.

GXXI.- En cuanto a tu última película, La playa de los galgos, reflejas el carácter destructor de la violencia, unido al impulso del amor. Amor por una idea, por una persona, por un deseo… Es una historia dura.

M. C.- Sí, tu interpretación me parece muy válida. Evidentemente, esta película no es un pasatiempo divertido. Mi película está llena de tramas y subtramas, en este sentido, es muy barroca. Trato la violencia como elemento enajenante. Borges dijo que él elaboraba en sus cuentos “los enigmas de la condición humana”. Yo pretendo lo mismo.

GXXI.- Sobre todo, creo que en La playa… hay una gran riqueza de personajes, ninguno es plano; tanto los principales como los secundarios son complejos, evolucionan, están increíblemente vivos. La cuestión social también está muy presente.

M. C.- La playa de los galgos es una historia muy dramática. Los personajes se debaten. Es una película con la que yo pretendo que el espectador salga del cine con la sensación de saber un poco más. Además, siempre han estado presentes en mi obra los problemas sociales. Me resulta muy difícil huir de lo que pasa a mi alrededor.

GXXI.- También es una película muy visceral, un tanto exacerbada.

M. C.- Sí, tal vez deje traslucir una especie de cabreo. Estoy harto de algunas películas, españolas y americanas, que se hacen ahora. Te cuentan historias vacías, en lugares extraños y con personajes simples. Cuando, como espectador veo eso, yo que provengo de una generación realista, me sublevo. Mi materia de trabajo siempre han sido los personajes inteligentes, capaces de actuar en un conflicto; ellos forman parte de la lógica interna de una película. Estoy harto de ver personajes estúpidos que hacen cosas sin sentido.

GXXI.- ¿Por qué el final abierto? ¿Dada la complejidad de la historia, considerabas inmoral hacer un final explícito?

M.C.- Un final coherente con la historia, tiene que ser triste. Soy muy pesimista. La muerte está simbolizada en la imagen de Carmelo Gómez, solo, en la playa, con el último galgo que queda vivo.

Entrevista a Tierra Santa

Por Cristina MartínTierra

Santa es una de las bandas de heavy metal españolas más internacionales. Van de festival en festival y, entre tanto, sacan discos al mercado. El último se llama Sangre de reyes y contiene muchas leyendas acompañadas con rápidos ataques de guitarras.


En febrero estuvieron tocando con Rosendo, Mägo de Oz, Prímal Fear y The Bon Scott Band en un fantástico festival celebrado en el Palacio Vistalegre de Madrid, con motivo del 25¼ aniversario del programa de radio de Mariano García, Disco-Cross.


Son fieles a su estilo musical claramente influenciado por el mejor heavy de los 80 y los 90, aunque sin olvidar el que se hace hoy. Pasado y presente. Dos tiempos que se compaginan perfectamente formando una explosiva amalgama que se llama Tierra Santa. Mitos del pasado y preocupaciones del presente.

GENERACIÓN XXI.- ¿Qué significado tiene el nombre de Tierra Santa?

TIERRA SANTA.- El que resume los contenidos de nuestras letras, la mayoría repletas de pasajes de la historia. Tenía que ser un nombre lo más relacionado posible con los temas que tocamos. Además, es una de las zonas donde más acontecimientos históricos pasan.

GXXI.- ¿Cuándo empezasteis en el mundo del heavy?

T. S.- Hace muchos años, antes del primer disco. Incluso teníamos otro nombre, Privacy. En realidad, llevamos tocando desde el 91; fue después cuando decidimos llamarnos Tierra Santa. La primera maqueta la grabamos en el 93.
Nuestros inicios en La Rioja fueron difíciles. No hay salas y nadie ayuda a los grupos, si encima tocas rock, pasas desapercibido. Había que buscar fuera lo que no encontrábamos en casa. La verdad es que hemos tenido buena suerte y mucho curre. Nuestro primer gran concierto fue en Barcelona con Avalanch, allí vimos que la gente nos conocía.

GXXI.- Vuestras letras tratan temas históricos, ¿os sirven para hablar de la actualidad?

T. S.- Sí, nos gusta tratar temas históricos antiguos que tienen un reflejo en la vida de hoy. Por ejemplo, Juana de Arco del CD, Sangre de Reyes, es la lucha de la mujer en un mundo de hombres. Igual ocurre con David y el gigante, una canción centrada en la historia de David y Goliat que realmente habla de que, al tener un problema, te enfrentas a él superando primero el miedo que tienes para hacerle frente. Todos los temas son leyendas históricas que tienen su conexión con la realidad, excepto Sangre de reyes que es literatura sobre La Odisea de Homero y El amor de mi vida una canción dedicada a Iris, la hija de Ángel, el cantante y letrista del grupo.

GXXI.- ¿Cómo componéis las canciones?

T. S.- Ángel escribe las letras usando cierta documentación, sin embargo, lo importante es saberla enfocar adecuadamente. Después, todos trabajamos en la música. No paramos, grabamos un disco y ya pensamos en el siguiente.

GXXI.- Los temas religiosos fluyen por todos vuestros discos, ¿qué opináis de la religión precisamente ahora que estamos inmersos en una guerra bautizada por muchos como guerra santa?

T. S.- Algunos somos medio ateos. No obstante, hablar de temas religiosos es algo muy normal cuando te centras en la historia. La religión mandaba, todas las cruzadas que tuvieron lugar en Tierra Santa fueron por culpa del Papa que había entonces. Y además, todo por el dinero. La Iglesia tenía muchísimo poder.

GXXI. ¿Tenéis pensado hacer algún disco conceptual?

T. S.- En principio, no. Hacer un disco conceptual es aburrido, en una canción se puede explicar perfectamente un tema. Quizás solo la historia de Jesucristo podría abarcar un disco entero.

GXXI.- En vuestro CD Sangre de reyes habéis incluido coristas femeninas, ¿por qué?

T. S.- Porque nosotros no estamos capacitados para hacer este tipo de coros. Antes los hacíamos nosotros pero creemos que ahora, después de los discos Medieval, Legendario y Tierras de Leyenda, era el momento de hacer algo más completo. La textura de voz de una mujer no la puede igualar un hombre. Sin embargo, no nos acompañarán en los directos. Arturo, guitarra y coros, buscará tonos medios. Somos un grupo heavy, y no nos vemos con dos coristas en los conciertos.

GXXI.- Se os compara con Iron Maiden, ¿cómo os sentís?

T. S.- Nos halaga, somos fanáticos de ellos. Pero tenemos técnicas diferentes, por ejemplo el típico “caballo” de guitarra no suena igual; nosotros presionamos las cuerdas y el resultado es otro. Nos encantaría hacer una gira con los Maiden

GXXI.- ¿Cómo veis la escena heavy-metal española?

S. T.- El público es genial, cada vez hay más festivales, como el del mes pasado en Vistalegre, más conciertos… pero lo mejor de todo es que se ve mucha gente joven, que seguirán ahí cuando sean mayores. Son los que más vallas tiran. Además, parece que los organizadores se empiezan a “mojar” de verdad. En otros países es normal hacer conciertos entre semana, en España es imposible. Afortunadamente, los promotores y las radios empiezan a ver que el rock tiene muchos seguidores.

GXXI.- ¿Qué tal la acogida del publico en vuestra gira por Europa al ser un grupo heavy cantando en castellano?

T. S.- Muy buena. Cuando tocamos en el festival alemán Bang Your Head, nos respetaron tanto como a Judas Priest, que eran cabeza de cartel. El idioma no nos ha impedido llegar a otros países.

GXXI.- Tras acabar la gira por Europa, ¿pensáis cruzar el Atlántico?

T. S.- Sí, aunque aún no sabemos cuándo. Los que sí han llegado ya a América son nuestros discos.

GXXI.- ¿Cuál es vuestro sueño en este momento?

T. S.- Tener un disco de oro.
Un ambicioso sueño que muchas bandas ansían. Nosotros estamos seguros de que muy pronto lo cumplirán porque su heavy está arrasando en toda Europa.

Entrevista a Nacho García Vega

Por Diana Ruiz

Yo tengo la boca muy grande y soy capaz de comerme un escenario muy grande también”

“Lo que nos queda de todo el pasado es que Nacha Pop es un mito, marcó una época”Nacho García Vega regresó con uno de esos LP’s mezcla de pasado y con una mirada resuelta a lo actual. Lo más marchoso de Nacha Pop y Rico se combinaron en “Salto al vacío”, con la fuerza propicia para hacer disfrutar a todos los amantes del pop español, nostálgicos de algo que se echaba en falta en la última década. Nacho nos recibe en las oficinas del que es su “último refugio”, un portal de música independiente. Nos abre la puerta un pedazo vivo de la historia del pop
español.

Generación XXI.- ¿Cómo definirías el disco?

Nacho García Vega.- Es un disco atrevido, muy vitalista, optimista, positivo, muy eléctrico, bastante marchoso y desde luego atípico, completamente extraño respecto a cómo se hacen los discos ahora o como se producen o como se mezclan, porque para empezar no es fácil encontrar un disco en el que solamente suenen dos guitarras, bajo y batería; exceptuando en “Subidón” que hay un solo de saxo, el resto es muy básico, un universo sonoro muy pequeñito que es lo que justamente yo había pretendido después de grabar 13 discos. He querido dejar las canciones lo más desnudas posibles, es mucho más directo.

Todos los primeros discos son más difíciles de entender, porque al ser el primero con un sello artístico hay un poco de todo, es una especie de explosión de lo que es una persona, un grupo, un artista en ese momento, mientras que en el segundo disco es donde empiezan todas las piezas a caer en su sitio y a colocarse de forma natural. Yo siento que las canciones que más tienen que ver conmigo a lo largo de toda mi carrera son las del segundo; canciones como “Vamos a casa”. Respecto a este último disco, es bastante rockero, yo lo considero pop-rock, más rock que pop. Quizás mi próximo disco no lo sea tanto, sea más conceptual, a lo mejor tengo un universo sonoro más grande, con más influencias, pero en éste yo quería que me definiera como persona y como músico. Es Nacho García Vega puro, cien por cien, en estado bruto, muy bruto.

GXXI.- Con todo ello, es de suponer que es un disco preparado para los conciertos.

N. G. V.- Este disco en directo debe ser rompedor, es muy marchoso y está muy concentrado en su intención en lo que hacen dos guitarras (Goar Iñurrieta y yo), bajo y batería. En directo tiene un potencial tremendo. Las canciones salen por sí solas porque no hay forma de estorbarlas, de esconderlas.

GXXI.- ¿Es ésta tu primera experiencia –aunque compartida con Goar Iñurrieta– como productor?

N. G. V.- No, ya había producido un par de discos de Nacha Pop, el primero de Rico y el de NGV. Todos los fallos y todos los aciertos son culpa mía; yo no es que tenga unas especiales ganas de producirlo, pero a veces es lo más práctico. Pero me encanta trabajar con productores que me aporten cosas que yo no puedo aportar. En este caso, la producción estaba basada en ensayar con un grupo unas canciones y hacerlas tal y como son, sin muchos alardes de producción. Además, también me estrenaba con la casa de discos, Rompeolas, que está haciendo un gran esfuerzo. Se entusiasmaron con el disco y así es más sencillo todo, porque lo defienden con más armas.

GXXI.- ¿Por qué seis años de parón entre “NGV” y “Salto al vacío”? ¿A qué te has dedicado?

N. G. V.- El motivo principal por el que he dejado pasar tanto tiempo es porque yo no me he dado cuenta que pasaba a esa velocidad, ha sido sólo cuando he hecho la resta: “del 2001 al 95…”. He estado haciendo muchas cosas que tienen que ver con la música: produciendo, componiendo para mucha gente, hice hace 3 ó 4 años un programa de TV, estoy colaborando en un portal de música independiente, me gusta todo lo que tiene que ver con la música. También durante estos años he vivido, que parece una tontería pero realmente llevaba toda mi vida haciendo un disco al año, con la presión que eso supone en todos los sentidos y de pronto me deshice un poco de ese lastre, de esa presión, me lo he tomado todo con mucha más calma. En los dos últimos años he estado componiendo el repertorio de este disco, que son las once canciones que hay más otras tantas que no han ido al final. Siempre dedicándome a la música, pero por momentos con un poquito más de serenidad, más tranquilidad, tocando varios palos de la industria, haciendo varias cosas.

GXXI.- Nacho, en un momento como el que disfrutábais, de auténtico éxito, ¿por qué llega el final de Nacha Pop?

N. G. V.- “80-88″ era un disco de despedida, ya habíamos avisado un año antes que el grupo se disolvería en ese momento. Siempre dijimos que no cerrábamos las puertas a una posible reunión años más tarde, puertas que siguen abiertas. La relación entre los componentes es buenísima, siempre fue muy buena, incluida el momento en que nos separamos. Antonio (Vega) y yo siempre hemos tenido una relación exquisita, y Carlos Durkin y yo nos vemos casi todas las semanas. A Fernando Illán me gusta tenerle cerca porque me encanta cómo interpreta al bajo las composiciones de una forma única. En “Molan las gotas” se nota ese espíritu.

Los motivos de separación fueron por una cuestión artística. No es que Nacha Pop estuviese agotado musicalmente, sino que había ganas, espíritu y energía para hacer cosas distintas que de hecho hemos hecho con el tiempo, sin la exigencia de un público que ya sabes lo que espera de ti. Eso es un poco duro cuando tienes, como tengo yo, una energía tremenda para no estancarme, no detenerme. A veces tienes el peso de tener que demostrarle a tu público que sigues siendo tú con tu mismo sonido. Rico era una especie de evasión de eso, de huída hacia delante.
Tiene mucho que ver con el riesgo, un riesgo que me sigue acompañando hoy. Es una de las características que tiene mi carrera musical. Lo que nos queda de todo el pasado es que Nacha Pop es un mito del pop español, marcó una época. Son leyendas que corresponden a épocas. Antonio es una persona que nunca ha terminado de ser conocido, a mí me pasa algo parecido. Somos las personas famosas menos conocidas de este país, o las personas no conocidas más famosas de este país. El mito de Antonio tiene que ver con ese aura de melancolía y nostalgia que no va unido siempre al super éxito. Y lo mío tiene mucho de atrevimiento que tampoco va unido a eso. Nosotros no hemos explotado nuestra imagen hasta la saciedad y eso nos permite que podamos volver con Nacha Pop, porque sólo entraríamos cuando artísticamente tuviésemos mucho que decir y vamos por el buen camino para que suceda eso.

No he buscado ser millonario, sí la felicidad y por momentos la consigo.

GXXI.-¿Cambiarías algo de tu pasado musical?

N. G. V.- No. Soy bastante poco exigente en ese sentido, no me arrepiento de casi nada de lo que he hecho. Yo siempre miro al presente, me gusta sentir y vivir el presente de forma intensa.
Siempre puedes coger una canción concreta y decir “esto ahora me gusta menos, hubiera hecho…”. Tampoco tiene mucho sentido gastar tu energía en retocar lo que hiciste en un día. Ya decía Miles Davis que “un disco nunca se termina, sólo se abandona”. Si tuvieses toda la vida para grabar un disco lo estarías cambiando constantemente. Sería imposible quedarme con una sola canción, me quedaría con muchas. Del último disco me gustan “Salto al vacío”, “Subidón” me encanta, es una canción que es bastante pegadiza pero tiene bastante calidad. Es el prototipo de canción que tiene todas las posibilidades, incluida la de no cansarte de ella. Me gustan los mensajes de las canciones, que aparentemente pueden parecer banales o superficiales, que no lo son en absoluto. Me centro bastante en las relaciones humanas, cosa que no todo el mundo tiene ganas de hacer y por ejemplo, en “Subidón” describo una sensación de excitación que me produce el intentar conquistar algo que no tengo. En “Molan las gotas” es todo lo contrario, la sensación positiva que produce algo que tuviste y que has perdido.
Ninguna de mis baladas termina siéndolo. Hay bastante intensidad en este disco y termina influyendo en lo que puede parecer una balada, un medio tiempo, al final coge mucha energía.

GXXI.- Hablas de riesgo y el título del disco “Salto al vacío” expresa precisamente eso.

N. G. V.- Es un reto. Disparas y luego miras a ver dónde ha dado la bala.
Cuando estábamos juntos en Nacha Pop era una complementación el lado más intimista de Antonio y mi lado, el contrario. Era una fórmula química muy sólida, pero en cuanto nos separamos es más obvia la distancia entre uno y otro componiendo. Son dos formas de componer que entran perfectamente en un mismo grupo, pero que también tienen sentido por separado.

GXXI.- ¿Te apetecía volver a escena?

N. G. V.- Me apetecía muchísimo aunque reconozco que al principio le tenía un poco de respeto al escenario. Pero se lo perdí completamente con las primeras dos o tres actuaciones, lo cual creo que es importante. No tener respeto al escenario, sino tener ganas de comértelo. Yo tengo la boca muy grande y soy capaz de comerme un escenario muy grande también.

GXXI.- Y esa gente que hay debajo, ese público ¿ha cambiado?

N. G. V.- Hay de todo. Hay gente que por edad o por generación ya eran fans míos hace muchos años, pero también veo gente que por edad es imposible que lo fueran porque no habían nacido. Encuentro un poquito de todo. Yo creo que en la variedad del público está también la riqueza del público. Siempre quieres que el público sea muy numeroso y eso es importante, pero la calidad de un público es importantísimo.

GXXI.- Crees que alguna vez podría volver a rememorarse una época de oro del pop español como aquélla que se vivió?

N. G. V.- Es difícil porque las circunstancias de la vida son distintas, las políticas, económicas y de todo tipo, ahora la gente está bastante más aburguesada, estancada, es más conformista y todo eso son desventajas a la hora de hacer música. Sin embargo, ahora la gente está más preparada, hay una infraestructura, no en Madrid en cuanto a salas de conciertos, que es patético, pero sí en cuanto a la gente, que está más formada.

GXXI.- Para terminar Nacho, ¿por qué esos cuernos en la portada del disco?

N. G. V.- Me hicieron unas fotos un día en una fiesta con los cuernos de diablillo y pensé que me quedaban bien. Me siento cómodo con los cuernos, incluso cuando me voy a la cama a dormir.