Entrevista a Leopoldo Alas

17-febrero-2002 · Imprimir este artículo

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“SI LOS AMIGOS FOLLARAN, CAMBIARÍA EL MUNDO”

“Quizá el secreto de la liberación del eros esté en no desear en vano, en convertir el deseo no en una búsqueda frustrante, sino en una celebración de la vida”

Aprovechando la aparición de su nuevo libro, Ojo de loca no se equivoca, hablamos con Leopoldo Alas, escritor en todas las formas posibles. Desde el columnismo, desde la poesía, el teatro o el ensayo, Leopoldo es una de las voces de nuestra generación. Ha conseguido en esta obra un equilibrio excepcional, donde reflexiona su experiencia personal desvelando contradicciones y secretos del ambiente.

GENERACIÓN XXI.- Tu libro, Ojo de loca no se equivoca, parece una autocrítica hecha desde lo que yo llamaría conciencia lúcida del ambiente. Leyéndolo se tiene la impresión de pasar página y de que a la conquista de igualdad de derechos por parte de los gays hubiera sucedido una uniformización, un estancamiento marcado por el narcisismo, el mercado, la ortodoxia y lo que tu denominas “el fascismo del cuerpo”…

LEOPOLDO ALAS.- No puede haber conciencia sin crítica. Más que autocrítico mi libro es crítico desde dentro: con determinados aspectos de la visibilidad que resultan, cuanto menos, sospechosos. Intento llamar la atención sobre las consecuencias que tiene nombrar socialmente la homosexualidad, aunque sea con un nombre presentable y revestido de todos los honores y orgullos. Ojalá mi libro marcara un antes y un después. Ojalá esa uniformización sólo fuera un episodio en la conquista de una sociedad más libre.

GXXI.- ¿Hasta qué punto no estás proyectando en tu crítica un salto de generaciones, de modos de ver la vida entre distintas edades, desde tu propia experiencia hacia el embrutecimiento del mundo, y no sólo gay?

L. A.- Si fuera un problema únicamente homosexual mi libro no tendría más que un interés relativo. La falta de comunicación entre generaciones es un clásico. Se ha dado siempre. Lo que ocurre es que mi generación tuvo la suerte excepcional de comunicarse, y mucho, con la generación anterior. Y ahora siento que no se nos hace justicia, que los jóvenes no están para nosotros, que sólo están -y mal- para sí mismos.

GXXI.- ¿No has hecho de lo gay una filosofía de vida, una heterodoxia en donde lo gay es otra máscara de la existencia?

L. A.- Al contrario. He intentado vivir mi homosexualidad como si fuera la norma. De hecho, para mí lo ha sido. Sigo mirando a los heterosexuales como a seres extraños a los que intento esforzadamente comprender. A lo que me opongo precisamente es a las máscaras.

GXXI.- Tu anterior obra, De la acera de enfrente, fue muy criticada por los homófobos y por algunos sectores del poder gay, ¿Qué reacciones esperas a tu nuevo libro?

L. A.- Estoy recibiendo buenas impresiones de personas muy diferentes. Coinciden en que, ante todo, está bien escrito (y por tanto, bien pensado), en que es ameno y que a la vez tiene peso específico. En todo caso, espero más reacciones en contra dentro del mundo gay, como es lógico, ya que les incumbe directamente y por tanto tienen más motivos. Sin embargo, yo he querido hacer -y creo que lo he conseguido- un libro contradictorio, porque el mundo gay está lleno de contradicciones (ésa es su riqueza y su potencial). Me he movido entre el compromiso sincero y la ironía crítica. Quiero suscitar el debate pero no busco la discusión.

GXXI.- Los media, vienes a explicar, han contribuido a sacar a mucha gente del armario y, sin embargo, te muestras crítico con la presencia sistemática de gays ante las cámaras. Es como si aquella campaña casposa de “siente un pobre a su mesa” se hubiera transformado en “siente un gay en su plató”, por el hecho de serlo y hacer gracia…
¿Cuál es en tu opinión sobre estos programas?

L. A.- Antes no se mostraba la homosexualidad más que bajo formas injuriantes o burlescas y, de pronto, se pone de moda por el simple hecho de que empieza a mostrarse con amabilidad y simpatía. Lo gay en los medios ha cumplido una función renovadora: era una máscara inédita para el viejo rostro de siempre. El problema es que en la sociedad del espectáculo todo tenga que ser espectacular, incluidos los gays. A los que no dan la nota no les llevan a los platós.

GXXI.- Queda pendiente la equiparación de derechos de parejas, y todavía el más controvertido asunto de las adopciones. ¿No crees que, como sostienen amplios sectores de la población, los factores sociales podrían hacer infeliz a un niño/a adoptado por gays?

L. A.- Es un hecho que hay muchos niños, hijos biológicos o adoptados por heterosexuales, que no son felices. Algunos incluso son muy desgraciados. Respecto a lo que ocurriría en el caso de la adopción por parejas de gays sólo se pueden hacer hipótesis, puesto que no está permitido. Me escandaliza que a algunos ciudadanos se les prohiba lo que a otros se les permite, basándose en hipótesis discutibles que sólo revelan prejuicios tan arraigados como ineficaces.

GXXI.- Houellebecq destruye la ficción del arquetipo del individuo moderno apuntando la insatisfacción que produce llenar el deseo, proyección y verdadero pozo sin fondo. Sus personajes, que no ligan nunca lo suficiente, son infelices por ello. ¿Cómo son los que tú conoces?

L. A.- Es probable que la insatisfacción esté en la naturaleza humana. Si a eso sumamos la ansiedad propia de nuestras sociedades, cuyo único fundamento es el consumo, te puedes imaginar cómo estamos todos, gays y heterosexuales. Quizá el secreto de la liberación del eros esté en no desear en vano, en convertir el deseo no en una búsqueda frustrante sino en una celebración de la vida.

GXXI.- Hay un momento de tu obra en que llegas a la conclusión de que, frente a clichés al uso, gays y no gays no son tan diferentes al fin. ¿Estás queriendo decir que la normalización pasa por dejarnos de diferencias? ¿Debemos hablar solamente de seres humanos?

L. A.- El sexo de los gays es muy parecido al de los heterosexuales, ¿por qué había de ser diferente? Sin embargo, a menudo lo superficial es lo que más conflictos provoca. Una vez que admitimos que la sexualidad es algo más que un impulso reproductor, no veo que exista una verdadera diferencia. Luego el conflicto está en las formas y en los estilos de vida.

GXXI.- En la contraportada de tu libro aparece la siguiente leyenda: NO TIENES TARJETA DE CRÉDITO. NO GANAS DINERO. NO VAS AL GIMNASIO. ¡ENTONCES QUÉ VAS A SER UN GAY!¡ TÚ ERES UN MARICÓN! ¿Esto lo dice un gay o un hetero?

L. A.- Es un chiste que se contaba, y que yo recojo en mi libro. Podría decirlo tanto un hetero como un gay al homosexual que no se ciñe a la norma, que ha generado la visibilidad incipiente (o sea, marcada), con lo cual éste sería doblemente discriminado. Decírselo a un hetero sería rocambolesco, salvo que éste sintiera que, para superar la crisis de identidad en que le ha sumido la imparable evolución social de la mujer, necesita ahora al gay para fabricarse una nueva identidad. Y no suena tan descabellado.

GXXI.- En tu obra, hablas de algo genial a lo que llamas “utopía del sexoamigismo” ¿En qué consiste? ¿En qué se diferenciaría del llamado amor libre?

L. A.- El amor libre implicaba amar libremente, pero no contemplaba en absoluto la posibilidad de que el objeto de ese amor fueran los amigos. El “sexoamiguismo” consistiría en introducir el sexo en una relación de amistad sin que esto alterara su naturaleza genuina. Los amigos no sacrifican sus respectivas individualidades, no alteran sus trayectorias vitales en función del otro, no se agobian, pueden dejar de verse sin sufrir. Si además follaran, tú me dirás si eso no sería una utopía. Cambiaría el mundo. Se acabarían las relaciones de dependencia, las esclavitudes emocionales y el terrorismo íntimo.

GXXI.- Citas a Oscar Guasch cuando dice que “el matrimonio y la pareja estable ya no son el espacio social normativo para la reproducción de la especie, ni para la expresión de la afectividad y el deseo (…), ya no persiguen fundar una familia como objetivo primordial “, que es lo que se constata por todas partes, pero ¿qué puede sustituirla?

L.A.- Eso me gustaría a mí saber. Pienso en la pareja y se me abren las carnes, porque la han convertido en una mera unidad de consumo, en una exigencia del sistema. La pareja ha sustituido incluso a la familia, es el nuevo núcleo social. Se hacen y se deshacen, pero se vuelven a hacer y a deshacer y nunca faltan parejas. Y entre tanto, aumenta el número de personas que viven solas. Cada vez hay más solteros, digamos, gays y heterosexuales. Quizá el futuro es suyo. Se puede amar y no vivir en pareja. Claro, que está la soledad. Por eso precisamente creo en el “sexoamiguismo”.

GXXI.- ¿No crees que mucha gente hace vida gay -y no sexo gay- por adaptación a los tiempos que corren?

L. A.- Al que hace vida gay sin serlo yo le bauticé, ya en mi anterior ensayo sobre el tema, como heterogay. Es el nuevo hombre. Aunque yo no creo que el mercado beneficie al que no se reproduce; simplemente, tiene menos gastos. Pero reproducirse no es obligatorio. El que quiera hacerlo que asuma las consecuencias. Otra cosa es que la vida esté muy cara y que el capitalismo cree desigualdades.

GXXI.- ¿Por qué los gays estáis a la vanguardia de tantas cosas como la moda, la poesía, el ocio o las formas de vida?

L. A.- El arte y la cultura han sido nuestro refugio y nuestra fuerza. Durante quince siglos de persecución e ignominia, la imaginación, la creación y el saber fueron nuestras aliadas. Quizá eso lo explique.

GXXI.- Uno de los capítulos de tu libro es un homenaje a la lucha de vuestro colectivo, otro es una historia de liberación a través del arte y de la cultura… Da la impresión de que echas de menos cierto militantismo heterodoxo que ya no se da en este ambiente aburguesado…

L. A.- Lo echo en falta, claro. No existe, lo cual no significa que no vaya a existir. Incluso que ya ha empezado a existir. Me pregunto cómo será la manifestación del Orgullo Gay de este año en Madrid, si la del pasado convocó a ciento cincuenta mil personas. Es urgente dar contenido político a ese movimiento cívico y, afortunadamente, hay personas que están en ello. En el año 1989, yo figuré en el tercer puesto de la lista Antiprohibicionista que presentó en Madrid el Partido Radical italiano defendiendo la legalización de las drogas. Fue la primera lista paritaria, y no sé si la única, que se ha presentado a una elecciones al Congreso de los Diputados en nuestro país. Y había otra para el Senado. Creo que el movimiento gay ya está maduro para una experiencia de esas características pero con un alcance mucho mayor. Llevo un tiempo diciendo que el movimiento gay se ha convertido en el motor de una nueva cultura política.

GXXI.- ¿Por qué te gusta tanto llamar a las cosas por su nombre?

L. A.- Es un juego literario para transmitir la diversidad de una realidad que generalmente se simplifica.

GXXI.- Si pudiera reencarnarse Leopolodo Alas ¿en qué lo haría?

L. A.- Gay o heterosexual, sería crítico. Y escribiría. Volvería a escribir.

Entrevista a Diego “El Cigala”

14-febrero-2002 · Imprimir este artículo

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“La música es poder emocionarte y poder llorar por ella”
Por Carlos Aguirre

Diego El Cigala está en el mejor momento de su carrera. Así lo acredita el éxito de su último CD “Corren tiempos de alegría”. Nos encontramos con él en su casa de la serranía madrileña, entre pinos, encinas y cerros. Éstas fueron sus palabras.

Generación XXI.-¿Quién ha sido tu maestro en esto del cante, quién ha influido más en tu arte?

Diego El Cigala.- Mi gran maestro ha sido Ramón el Portugués. A él le debo todo. Iba a su casa de pequeño y allí me enseñaba todos los ritmos y los cantes; por tarantos, por mineras, por cartageneras. No había nada que yo hiciera sobre lo que no le pidiera consejo. El tío Ramón ha sido muy grande en mi carrera, donde tenga que estar con ese gitano ahí estaré yo y esto es algo que llevo a gala. Mi escuela es la de mi madre y la de Ramón el Portugués. Otro de mis maestros, para la soleá, ha sido el Indio Gitano. Los grandes bailaores necesitaban de su presencia para bailar de verdad la soleá. El fue el padre de la soleá y de él aprendí todo lo que pude.

GXXI.- Tú eres un cantaor de pura raza flamenca, capaz de los palos más difíciles, tu metal y tu voz así te lo permiten. Esto no te ha impedido acercarte al latin-jazz de la mano de Bebo Valdés y Jerry González…

D. G.- El flamenco es tan rico que creo que el cantaor de flamenco es capaz de salir al encuentro de otras músicas. En ese encuentro se puede aprender mucho. En ésta, como en tantas otras cosas, Paco de Lucía ha sido un ejemplo para todos. Ha sabido como músico salir fuera del flamenco y tocar con los mejores del mundo. Ha abierto caminos para hacer evolucionar el cante. Como flamenco uno de mis grandes retos es grabar un disco con Paco de Lucía. Vivir estos acercamientos a otras músicas, estando seguro de tus raíces como flamenco, es un lujo y también una escuela. Aprendes melodías, notas, afinación, compás, ritmos… Todo esto te hace madurar mucho como músico. Bebo Valdés es un gran maestro y con él he aprendido muchísimo. El ha tocado con Louis Amstrong, Celia Cruz y con todos los grandes, y que haya tocado conmigo es algo grande para mí. De él y de Jerry no he parado de aprender como músico.

Mi encuentro con el latín -jazz no es una mera fusión musical. Mis raíces son las del flamenco. Lo que he hecho con Bebo o con Jerry no es una mezcla entre músicas para ver si se vende. Nos lo planteamos como un diálogo entre músicas distintas. En ese diálogo lo importante es eso que llama Bebo los sonidos negros, esos sonidos que te tocan el alma… Se trata de un diálogo entre músicas que te rompen por dentro, que te hacen sentir. Músicas de raíces muy profundas. No hay fusión alguna, sino un diálogo entre estos sonidos que salen del alma del que canta y llegan al alma del que escucha… Lo importante es que la música esté viva y que el corazón se te llene de ella. Para mí la música es la expresión de un sentimiento. La música es poder emocionarte y poder llorar por ella. Esto es lo que yo llamo música, sonidos del más allá, del interior de uno que se rompe y se conmueve. Por eso me he encontrado tan bien con Jerry y con Bebo. Los sonidos negros hacían que nos entendiéramos muy bien. Hemos conectado desde la música y he estado con ellos tan a gusto como si cantara flamenco. La música, esos sonidos negros, son mi razón de vivir.

GXXI.- Se dice que la soleá es la que consagra al verdadero cantaor…

D. C.-Las bulerías son un palo alegre y festero, mas fácil, pero cantar por siguiriya o soleá es lo más difícil. Tienes que meterte hasta lo más hondo del cante, tienes que pelearte con él y con un sentimiento que te mueve hasta lo más recóndito de tu alma. Son cantes trágicos que te llegan muy profundo y te exigen mucha concentración. Tras cantar bien una soleá o una siguiriya la recompensa y la tranquilidad de alma es enorme. Se desfoga uno de todo. Parece como si se soltara algo. Hay que estar muy concienciado para poder tocar estos palos. La voz tiene que estar muy afinada y templada y poder jugar igual con altos y bajos que con graves o medios. En la soleá y la siguiriya tiene que sonarte todo a la perfección por que es un cante libre y la responsabilidad no es de la guitarra sino tuya por que dejas muchas notas en el vacío. No puede haber ningún error de afinación ni de entonación. La siguiriya y la soleá lo son todo en el cante. Necesitan el máximo de inspiración. El espíritu debe de estar preparado para estos cantes. No son cantes para cualquier momento.

GXXI: Dicen que el flamenco está de moda y que va cada vez más para adelante…

D. C.-Después de la muerte de Franco al flamenco se le asoció con la dictadura y tuvo un bajón muy fuerte. Lo mismo le pasó a los toros. Franco se cebo con todo esto y lo manipulo en su favor. Es increíble, pero durante muchos años ha sido mayor la producción discográfica de flamenco realizada en Francia que en España. Los flamencos españoles iban a allí a grabar, y allí producían sus discos. En Francia se está muy al tanto de lo que sucede en el mundo del flamenco. Fíjate, hace poco me dijeron que en Lyon una peña flamenca llevaba mi nombre. De todas maneras el flamenco no puede ser una moda y ya está. El arte del flamenco está en el epicentro de la música y quien quiera descubrirlo debe de saber escarbar.

GXXI.- Hablábamos antes de tu acercamiento al latin-jazz. Tu próximo trabajo, que sale dentro de unos meses, es el de Los Piratas del flamenco con Jerry González.

D. C.- Como te puedes imaginar después de lo dicho, no ha sido difícil trabajar con Jerry y adaptar el latin-jazz al flamenco. Su música es antigua, como el flamenco es antiguo. Jerry tiene esa escuela antigua y eso hace fácil las cosas. A él no le va que le des una base con claquetas por que dice que la música no está viva, no puedes ni entrar ni salir siguiendo tu inspiración. Jerry pudo llevar adelante sus ideas a través del flamenco y todo fue así surgiendo. Fernando Trueba ha sido alguien muy importante para este disco. El nos presentó a Jerry y está muy ilusionado con todo esto. La experiencia con Jerry ha sido muy buena. Además de ser de los mejores en el latin-jazz es un hombre que cuando habla siempre dice lo que siente.

Además tengo otro proyecto más a largo plazo con Josele y Javier Limón. Un álbum doble antológico de flamenco recordando a todos los maestros del cante, Juan Talega, Manuel Torres, Tomás Pavón, Niño Gloria, La Perla de Cádiz, Antonio Chacón, Enrique el Mellizo, Pastora Imperio, La Niña los Peines, Manolo Caracol. Recordar a cada uno en un palo del cante más puro y traerlo a esto tiempos. Se trata de rescatar la raíz de donde viene el flamenco. No va a ser un trabajo fácil y queremos grabarlo como se grababa antes, en directo, como debe ser en una antología. No vamos a usar ninguno de los métodos modernos de grabación. Queremos hacer algo muy puro y verdadero con mi voz y la guitarra.