Entrevista a José Soto Sorderita

17-noviembre-2001 · Imprimir este artículo

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Por Joaquín Albaicín

“HAY MUCHO INTRUSO EN EL ARTE”

En primera línea de la actualidad musical con su nuevo álbum Siete ríos celestes (Sony Music, 2001), sigue siendo una de las voces con más sello de la baraja. Profeta y arquitecto esencial del flamenco-fusión, José Soto -una carrera jalonada por tantos dulces como espinas- aún confía en que el triunfo rotundo le llegue antes de la canicie.

Generación XXI.- ¿De dónde, el título del disco?

J. S.- Por el nombre de mi hija. Además, el color me gusta mucho. Y, en fin, es el título del tema principal. Iba a titularlo La Montaña, pero me pareció más seco, y, bueno, figúrate si le pongo La Montaña, donde anda Bin Laden metido. Se iban a creer que estoy allí con él. Y no. Mejor, Siete ríos celestes.

GXXI.- En qué se distingue de tus álbumes previos?

J. S.- En los anteriores me produje yo, intervine más en todo el proceso, y en este he dejado colaborar a más gente, me he abierto a los criterios de otras personas. De hecho, sólo toco en un tema, el directo. A ver si se acierta, ¿no?, y nos enteramos de una vez si es uno el que está equivocado y, si no, que nos equivoquemos todos, no yo solo.

GXXI.- ¿Hay un Sonido Sorderita?

J. S.- Las bases del flamenco y del arte están ya ahí. El artista puede, a lo sumo, aportar la personalidad, y, en mi caso, creo que mis cosas suenan a mí. Por tiempo en esto, he dejado ya algo, lo que hice en su día creo que aún hoy repercute. Dentro de esta línea, no ha salido luego nada que te sorprenda un poquito más. Es una cadena, ¿no? Antes, por ejemplo, estuvieron Los Chorbos. Me empapé de verles, y, en su línea, lo que salió bueno fue Ketama de los comienzos. Si en este disco quitas mi voz, puede cantar cualquiera y sonar pop… A mil cosas.

GXXI.- ¿Cantaor?

J. S.- En el flamenco, la palabra cantautor se emplea muy rara vez para referirse a quienes componemos, pero quizá sea una de las posibles definiciones más acertadas para lo que hago, la de cantautor flamenco, un flamenco que compone o adapta un texto.

GXXI.- ¿Cómo está el flamenco tras el empuje de Camarón?

J. S.- Estancado. Y van a pasar muchos años antes de que se suba ese escalón más. Camarón y Paco hicieron una labor tan importante, pusieron tan alto el flamenco que, en mi opinión, ni en un siglo saldrá alguien que nos sorprenda y nos provoque curiosidad. Ya estamos viendo a las nuevas generaciones, muchos “camarones”, sólo que, claro, la copia no tendrá nunca la garra del original.

GXXI.- ¿Cómo encajó la acusación de destructor del flamenco quien, como tú, conoce tan bien sus palos?

J. S.- Lo sufrí desde el comienzo. Llevaba el disco a las radios y me decían: “Esto, ¿qué es?” Yo decía: “El flamenco que se va a escuchar dentro de una década”… Es una lucha por reivindicar el valor de lo que hago que, después de veinte años, sigo sosteniendo. Pero siempre desde el respeto total a la herencia del flamenco clásico. Hoy, creo que se empieza a construir la casa por el tejado. Hay mucha fragua sin candela. Da pena que a un cantaor no se le sienta nunca cantar por siguiriyas, o escuchar palos de los que no queda más que el ritmo. Yo sigo cantando por soleá, por alegrías… Pero, si el flamenco fusión tiene un futuro muy grande, el nuestro, el clásico, tiene muy poco. Antes me lo callaba, pero, aparte de que no me va a dar ni a quitar nada, creo que, por edad, ya me puedo permitir decirlo.

GXXI.- ¿Son las alegrías uno de los estilos en que más has aportado?

J. S.- Es uno de los palos en que me encuentro más a gusto y a los que creo que más partido saco de mi repertorio. Es importante que el cante huela a cante. La innovación hay que hacerla muy bien y con respeto, pero hoy todo el mundo “crea” e “innova”. Se “innova” mucho. Y eso, la verdad, es bastante difícil.

GXXI.- La casa de los Sordera.

J. S.- Somos una saga de cantaores, de hace mogollón, con un árbol genealógico de varios siglos. Mis hermanos mayores han partido del flamenco y nunca han pretendido ir más allí. Quien se ha salido un poco más del tiesto, por generación, he sido yo, pero siempre desde ese respeto. De hecho, si no me siento en una silla con un guitarrista es por pudor, porque creo que no he nacido para eso, que no tengo condiciones para eso. Me siento, pero con mi guitarra, como cantautor. Ya hay mucho intruso en el arte. Demasiados.

GXXI.- En pocos conciertos no te cambias de indumentaria a la mitad.

J. S.- Forma parte del arte, de la profesión. Cuando subes a un escenario, es para comunicar lo que sientes a quien ha pagado por verte. Subirte como llegas de la calle, es una falta de respeto. Eres artista, en mi caso obrero del arte, pero el obrero tiene un mono, ¿no? Es otra de las cosas fundamentales que se han perdido en el flamenco, esas camisas de chorreras, esa prestancia…

GXXI.- ¿Todo tiene un precio, como dice tu tema?

J. S.- Llevo veinte años cantando y tocando lo mismo, defendiendo lo mismo. Pero no se trata sólo de tocar y cantar, están las relaciones, por dónde estás dispuesto a pasar y por dónde no…Si me juntara con cuatro de los que están todo el día en la tele, seguramente mi música la escucharía mucha más gente. El precio que pagas por hacer aquello en lo que crees es la lucha, morir con las botas puestas. Es el mensaje principal de este disco.