Entrevista a Gonzalo Suárez

18-octubre-2001 · Imprimir este artículo

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Por Emilia Lanzas

“Ahora, incluso los jóvenes directores, optan por un cine conformista”

Bazin reivindicó el cine “impuro” como una manifestación inexcusable; esa armoniosa disolución de imagen y palabras. En este sentido, seguramente sea Gonzalo Suárez el director español que mejor define la grandiosidad de la fusión de estas dos expresiones convergentes. No podría ser de otra manera para un creador que alterna, con idéntico entusiasmo, literatura y cinematografía. Su última novela Ciudadano Sade ha sido un éxito de ventas; El Portero obtuvo el premio Sant Jordi a la mejor película española del año 2000. Todavía queda en el recuerdo su película Remando al Viento, por la que consiguió el premio Goya al mejor director o Epílogo, mención especial en Cannes. Ahora se encuentra entusiasmado como presidente honorífico de la nueva Escuela de Cine de Ponferrada y con la adaptación teatral de sus textos literarios recogidos bajo el título de Palabras en penumbra, que se representa en el Teatro de la Abadía.

Generación XXI.- Tu filmografía resulta bastante atípica dentro del panorama cinematográfico español, aun siendo así no parece que tengas muchos problemas para realizar las películas que deseas…

Gonzalo Suárez.- Sí, eso es algo que también yo a veces me he planteado. Creo que el secreto está en la convicción que tengo: las cosas que se sienten y se ven con verdadera intensidad, acaban haciéndose. También hay que tener en cuenta que nunca me han faltado productores que me apoyen. A lo largo de mi carrera, he conseguido realizar películas que podrían calificarse como imposibles, caso del Doctor Fausto o Aoom.

GXXI.- ¿Haces, entonces, el cine que deseas?

G. S.- Sí y no. Estoy bastante impaciente por realizar otro tipo de películas fuera de los raíles comerciales porque la demanda existente pretende satisfacer las grandes audiencias, que no buscan precisamente calidad. Mi aspiración sería realizar un cine en donde convergiesen las diferentes artes y, en consecuencia, tuviera un proceso de crecimiento. Ahora, incluso los jóvenes directores, optan por un cine conformista; su único objetivo es la taquilla.

GXXI.- Se ha perdido la búsqueda de nuevos lenguajes, la experimentación…

G. S.- Desde luego. Aunque eso no excluye el hecho de que se hagan películas magníficas. Cuando denostamos el cine americano en su conjunto, estamos simplificando, porque en algunos casos las temáticas de las películas americanas van mucho más lejos que las europeas.
Ha habido una regresión flagrante. Ya no hay Bergmans ni Orson Welles; ahora todos somos chicos buenos que deseamos hacer cine comercial, unas películas ligeras que se puedan ver en la pantalla y en la televisión; con el agravante de que el público tiene cada vez menor nivel.

GXXI.- Ostentas el cargo de presidente honorífico en la recientemente creada Licenciatura de Técnico en Cinematografía y Artes Visuales. ¿Qué se necesita saber para ser un buen director de cine?

G. S.- La condición que puse cuando me ofrecieron el cargo, es que hubiera suficientes medios técnicos para que los alumnos aprendiesen a rodar. En mi opinión, la práctica es fundamental. No creo demasiado en la pedagogía cinematográfica, en el cine existen muchas cosas que se aprenden pero que no se pueden enseñar. Lo que sí se puede enseñar es todo el componente técnico.

GXXI.- ¿Y cuáles son esas películas imprescindibles que tú aconsejarías como muestra y aprendizaje del cine en mayúsculas?

G. S.- Me resulta difícil dilucidar real y objetivamente qué películas se podrían considerar esenciales en la historia del cine. Aunque me vienen a la mente Campanadas a medianoche de Welles y La Fiera de mi niña de Howard Hawks… Pero también me parece conveniente una revisión profunda de Duelo en la alta sierra o Grupo Salvaje de Sam Peckinpah para estudiar la emoción en el montaje. En todas estas películas se da un sentimiento específicamente cinematográfico que proviene del montaje de los planos y del impulso de la música.

GXXI.- Por lo que dices, ¿es imprescindible conocer el cine clásico norteamericano aunque sólo sea para transgredirlo?

G. S.- Sí, porque es ahí donde hay mucho que aprender. En el cine europeo la técnica es más simple y, por lo tanto, más asimilable: planos más largos, planos sostenidos…

Evidentemente, una persona que se vaya a dedicar al cine no sólo debe visionar obras clásicas americanas, existen autores europeos totalmente imprescindibles como Dreyer, Pasolini o Renoir.

GXXI.- El cine es un lenguaje y aprender su especificidad, el porqué de un primer plano o de un contrapicado es fundamental. ¿Esto se aprende directamente mediante el visionado de una buena película?

G. S.- Eso es justamente lo que yo propongo porque me parece el método más idóneo, mucho mejor que las clases magistrales. Desglosar una película, fragmentándola, supone un buen ejercicio de aprendizaje. Hay que tratar de entender en qué radica el estilo de cada autor; ese algo intangible que sirve para expresarse de forma diferente; indagar esa particularidad es lo que te hace aprender.

GXXI.- ¿Aparte del estudio de la imagen, el conocer cómo se escribe un buen guión es también importante para el futuro cineasta?

G. S.- Sin duda. El estudiar bien una película supone abarcar todos sus aspectos. Por esta razón, quiero llevar a la Universidad escritores que no sean estrictamente guionistas. El guión se puede estudiar desglosando una novela, cualquier libro es susceptible de convertirse en guión.

GXXI.- ¿Qué piensas sobre el calificativo de director “artístico” o “literario”?

G. S.- Muchas veces se me ha calificado de esa manera, aunque yo me considero uno de los directores menos literarios. Para mí ser literario supone fotografiar a personas hablando. Tarantino, por ejemplo, pone a los actores a hablar por los codos, con la cámara quieta. Esto es algo que ocurre con muchos directores actuales que se olvidan de la emoción que proviene de la concatenación de las imágenes, de la confluencia de la música y de la cultura pictórica. En general, se tiene un prejuicio con la belleza, con lo estético en general, considerándolo como algo falso. ¿Por qué? Porque ven la vida así, en blanco y negro; no ven la luz, el relieve, el color; filman como si hicieran un documental; pero eso, para mí, no es cine, es otra cosa, algo vacío, sin sensaciones. Tal vez sea porque no conocen la pintura…

GXXI.- Entonces, ¿el cine está muy atrás de la pintura?

G. S.- Sí, porque en la pintura se produjo una revolución en un momento determinado, que fue el impresionismo y, en cambio, el cine se ha quedado atrás, más o menos en la época de Delacroix.

La nouvelle vague o el cinéma-verité sólo supuso acercar el cine a la televisión, fue la premonición de El Gran Hermano. Pero, esa revolución pictórica que proporciona la emoción en la misma pincelada, Van Gogh, por ejemplo, no se ha dado todavía en el cine.

GXXI.- Hay dos notas que creo significativas en el panorama español actual: el arrase de taquilla de Torrente 2 y la imposibilidad de Víctor Erice para realizar una película. ¿Qué opinión te merecen estos dos hechos?

G. S.- Sólo puedo decir que son dos hechos irreversibles. El mercado y el dinero suponen ahora las dos únicas ideologías.

GXXI.- ¿Tienes alguna película en proyecto?

G. S.- Tengo entre manos un guión, con el que llevo un año. La película se llamará El Candidato. En esta nueva obra utilizó la política metafóricamente, es un mero trasfondo, como ocurría con el fútbol en El Portero. Y he de apuntar algo inusual en mi carrera: se trata de una comedia.

Fernando Sánchez Dragó entrevista a Jesucristo

4-octubre-2001 · Imprimir este artículo

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(Éste es el fragmento de una conversación que nunca podrá emitirse por carecer de nihil obstat)

“El judeocristianismo es la mayor catástrofe de la historia universal”

Sánchez Dragó.- ¿Quién fue el Jesús histórico?

Jesucristo.- Un predicador y sanador galileo de escasa importancia que no consiguió ser profeta en su tierra. Había muchos por aquel entonces en lo que ahora se llama, según se mire, Palestina o Israel.

S. D.- ¿Quién fue el Jesús del Dogma y de la Iglesia?

J.- Un ente de ficción inventado a posteriori por los filósofos gnósticos sobre la falsilla de lo que el mitólogo Joseph Campbell ha bautizado con el remoquete de héroe de las mil caras y posteriormente descodificado y reconstruido por los cristianos literalistas para arramblar con el santo y la limosna de las religiones mistéricas del Imperio Romano, por una parte y -por otra- para engañar, controlar y explotar a las pobres gentes del Mediterráneo.

S. D.- ¿Sólo del Mediterráneo? ¿No es o pretende ser la Iglesia una institución ecuménica?

J.- Eso vino luego. Las multinacionales terminan siempre en proliferación cancerosa y la avaricia, como es sabido, no admite límites que impidan que se rompa el saco.

S. D.- ¿Quiénes eran los “héroes de las mil caras”?

J.- Osiris, Diónisos, Baco, Attis, Mitra, Marduk, Adonis, Buda, Krishna, Quetzalcoatl… Una historia que se repite siempre, en todas partes y en los mismos términos, y que da pie a los cultos mistéricos de aquí, de allá y de acullá. Los pormenores (y los portentos) de ese relato tienen que interpretarse en clave simbólica, nunca literal.

S. D.- ¿A qué portentos te refieres?

J.- A los milagros, a la virginidad de mi madre, a su inmaculada concepción, a los revoloteos del Espíritu Santo, a la Resurrección, a la Ascensión, a la Asunción… O sea: a todo, absolutamente todo, lo que hay de sobrenatural en las Sagradas Escrituras.

S. D.- ¿Por dónde anduviste y qué hiciste en los largos años de tu vida oculta?

J.- Viajé por Egipto y allí fui iniciado en los misterios de Osiris. Viajé a la India, estuve en Benarés, en Puri, en lo que hoy es Ladakh, y allí fui iniciado en los misterios del shivaísmo, del tantrismo y del budismo.

S. D.- ¿Qué sucedió luego?

J.- Regresé a Galilea, intenté transmitir a sus gentes lo que a lo largo de mis viajes había aprendido, no se me entendió, fracasé, soporté vejaciones y persecuciones de toda índole, salí de ellas con vida y, al cabo, decidí regresar a la India y pasé allí el resto de mis días.

S. D.- ¿Qué son el Antiguo y el Nuevo Testamento?

J.- El fruto de una impostura.

S. D.- ¿Quién la perpetró?

J.- El miedo a la libertad que anida en el corazón del hombre. Pero son los sacerdotes de las diferentes Iglesias quienes se encargan de canalizar ese miedo, de organizar las liturgias que le rinden culto, de propagarlo y de manipularlo en beneficio de sus turbios fines.

S. D.- ¿Qué hay de cierto en los Evangelios?

J.- Nada.

S. D.- ¿Nada?

J.- Nada. Ni una sola línea, ni un solo hecho, ni un solo dato. Lo que en ellos se cuenta es, a veces, y en el mejor de los casos, puramente simbólico, no histórico.

S. D.- ¿Podrías demostrar científicamente lo que acabas de decir?

J.- Sí. Ya lo he hecho en la “Carta de Jesús al Papa” que tú mismo te has encargado de transcribir.

S. D.- ¿Existe un dios creador del mundo y separado de él?

J.- No. Existe la ley natural, la Fuerza, la Energía, lo que en Oriente se llama “ki” y en Occidente “anima mundi”, la evolución del universo hacia formas de vida cada vez más complejas. El alma sería una de ellas.

S. D.- ¿Es inmortal el hombre?

J.- Puede serlo. Depende de lo que haga a lo largo de su vida con los talentos de que dispone en el momento de encarnarse y de reencarnarse.

S. D.- ¿”Reencarnarse” has dicho?

J.- Sí. El “karma” es la ley general del universo. Una sola vida no basta para aprender todo lo que la experiencia del mundo denso puede enseñarnos.

S. D.- ¿Qué es la Iglesia?

J.- Ya lo he dicho: una multinacional… Pero una multinacional que juega a la Bolsa y que, por lo tanto, antes o después perderá su patrimonio.

S. D.- ¿Cuándo sucederá eso?

J.- Está sucediendo ya. La gente se despierta. El Vaticano tiene los días contados, aunque su cadáver, por voluminoso, será difícil de enterrar.

S. D.- ¿Quién es Wojtyla?

J.- Un sacerdote más que está en el secreto de la antigua farsa y que hace todo lo posible para evitar que la techumbre del templo se desplome sobre su cabeza.

S. D.- ¿Qué es el judeocristianismo?

J.- La mayor catástrofe de la historia universal.

S. D.- ¿Por qué me escogiste como escriba de tu carta?

J.- Porque sé que no sueles mentir, porque llevas muchos años buscándome e imitándome, porque careces de religión y de ideología, porque tienes conocimiento de los asuntos que en mi epístola se tratan, porque no crees en nada que no pueda y deba ser personalmente verificado, y porque eres lo suficientemente impávido como para no arredrarte ante lo que se te viene encima.