Entrevista a Fernando Arrabal

Mi pretendida excentricidad (¡La bien llamada!) me distancia del centro “correcto”

Después de una larga gira por el resto de España, llega finalmente El cementerio de automóviles a Madrid. Las termitas y la carcoma han impedido que se estrene en el Centro Dramático Nacional; por eso lo hará en el prestigioso Teatro Abadía -el estreno será el próximo 6 de abril-. Los teatros alternativos representan por doquier sus piezas dramáticas que siguen siendo cien por cien actuales; de hecho, Arrabal posee la siempre viva actualidad de los clásicos. Clásico, sí, pero al día: hace unos meses se editó en formato digital y en venta exclusiva en internet, su novela Paraísos artificiales.
Mientras florecen los almendros, se abre una primavera netamente arrabalesca.

Generación XXI.- ¿Qué sensación te produce esta primavera arrabalesca?
Fernando Arrabal.- El teatro primaveral provoca una vacilación ¡tan diferente a la que genera el teatro invernal! Mi bolsillo del pantalón hierve durante la representación. El teatro se alza en oráculo sacro como la última vértebra del lomo. Se ha visto siempre el Cementerio de automóviles que escribí en pleno invierno de 1957 a tiro de talibán y con montajes memorables… de los que ni yo mismo quiero acordarme. La versión primaveral de 1959, nunca representada, es una premonición ¿dónde se escondía mi yo?… ¡y mi futura circunstancia!
Concebí el primer Cementerio de automóviles en Madrid entre la Almudena y el Palacio de las Pipas en época de ‘pajilleras’. Lo alumbré en un sanatorio antituberculoso francés. La versión de 1959 verá la luz editada dentro de una semana por el Hospital de Incurables (alias ‘Innombrable’) de Zaragoza que dirige el poeta Raúl Herrero. Tras cuarenta y dos años de embarazo.


GXXI.-¿Tu trayectoria profesional rompe para siempre el dicho de que nadie es profeta en su tierra?

R. A.- Para mí el interés (o repulsión) que aquí (o más incomprensible: allá) despierta mi obra es un misterio ¡místico! Desde la Virgen Roja dirigida por Carlos Bolívar hasta Breviario de amor de un halterófilo dirigida por Aguinaga (ambas de inminente estreno en Madrid) todas mis piezas brotaron de forma semejante. El enamorado se acuesta con ella ¡para verla dormir! Pero el autor sólo sabe saltar al vacío desde su castillo en el aire. Cuando el dramaturgo se cansa de la locura entra en filosofía.
Me acaban de informar la “European Academy of Arts, Sciences and Humanities” y la Universidad de Milán de un acto suplementario de este incomprensible rechazo ¡profético! Pero la obra de un escritor no la escriben … los premios. No me acostumbro a vivir en la tierra donde aún se grita “¡desterrados go home!”

GXXI.- El movimiento patafísico va tomando -y violando- el cuerpo en la piel de toro y otras partes del Imperio. El nombramiento de CJC como Sátrapa – título que tú mismo ostentas, junto a lo mejor de la intelectualidad europea- es un acontecimiento genital. Una y mil veces, ¿puedes explicarnos qué es eso de la Patafísica?
F. A.- El Cuerpo de Sátrapas (de tan pocos miembros) se ha enriquecido en el siglo XX con los creadores más relevantes de la época, de Marcel Duchamp, Ionesco y Man Ray hasta Max Ernst. Acabamos de cooptar a los neo-transcendentes Camilo José Cela, Dario Fo. La esencia del Colegio es la “substancia” misma del mundo como centro de investigaciones sabias e inútiles: ausculta el ‘big-bang’ astrofísico, conoce la filosofía (¡en todas sus vías!), interroga la indeterminación cuántica, concibe los ‘motivos’ post-fractales y levita con el amor del amor. A partir de hoy el Cuerpo de Sátrapas se reunirá todos los años el día 8 de diciembre en mi domicilio de París bajo ‘Transcendencia’ de Topor: cuadro que acaba de ser apuñalado por un fanático errático de la exposición patafísica de Chartres. Se cooptará (por primera y única vez cada año) a un nuevo sátrapa. La reunión virtual (¡y virtuosa!) se abrirá y cerrará ese día a través de un forum electrónico o “fastuosamente” para los cybernófobos. Sólo participarán en cuerpo y alma los nostálgicos de Miguel Strogoff y los colegiales de pasaje y linaje.

GXXI.- Fórmulas matemáticas, ecuaciones cósmicas, llaves químicas del cuerpo y el cerebro. Pero, en realidad, poco se ha cambiado desde el siglo V a. De C. ¿No es esto titanismo científico, superstición tecnológica? ¿No has explicado que la Era de los titanes concluyó hace ya tiempo?
F. A.- Me interesa la ciencia que (lejos de dogmatismos titanescos y positivitas) proponga soluciones imaginarias La ciencia de lo particular, sin dejarse atropellar por la afirmación materialista de que sólo hay ciencia de lo general . En plena cordura ¡y locura! Deberíamos estudiar las leyes que rigen las excepciones e iluminar o explicar el universo suplementario. El filósofo Gilles Deleuze señaló que Heidegger: “tuvo un precursor (la ’Patafísica) sin que el mismo lo supiera… Esta ciencia es el adelantado de las escuelas filosóficas no dogmáticas de hoy”. Internet es, con el teatro de catacumbas ¿el último baluarte de la resistencia aunque no luchemos contra nadie? La oscuridad, como el cyberspace, es un escondite para que los que quieren que nadie les vea puedan guarecerse.

GXXI.- Houellebecq, Kundera, Arrabal… el grupo de París. Hou sostiene que pertenece a un grupo literario que da más importancia a lo que sucede, a explicar lo que está pasando, que a hacer estilo. ¿Estás de acuerdo?

F. A.- Siempre tendrá más sentido beber en la obra de los vencidos (Diógenes, San Agustín, Maimónides, Averroes, Dalí, Rimbaud, Hölderlin o mis amigos de París) que en las de los vencedores (Aristóteles o Santo Tomás): camaleones daltonianos con estilo depurado que terminaron por no ser ellos mismos..

GXXI.-¿Por qué es España se piensa que Arrabal es un escandaloso y no un intelectual?
F. A.- Mi pretendida excentricidad (¡la bien llamada!) me distancia del centro “correcto”. Pero es tan espontánea como la poesía. Igual a mí mismo: a nadie me parezco ‘¡hélas!’

GXXI.- Hace ya 10 años dedicaste diversas conferencias a Las vacas locas ¿Cómo ese augurio? ¿Te resulta una enfermedad familiar?
F. A.- En mis conferencias, la referencia a la ‘vaca loca’ desde hace diez años, siempre provocó tempestades de carcajadas. La simple mención del mal pareció a los entendidos una genialidad inventada como para descuajaringarse de risa y de cuajo. Era casi imposible romper la hilaridad general o mantenerla en risa retozona, cuando daba mi opinión sobre el origen de la vaca loca, sobre el tembleque de las ovejas merinos (emigrantes españolas del XVIII), sobre la indeterminación cuántica de la biología molecular de hoy (paralela a la ambigüedad cervantina o la confusión pánica) o sobre el “temblor del miedo” (el “kurú”) de los aborígenes caníbales. El único que hubiera podido tomar en serio mis propósitos (¡sin despropósito!) era el catedrático de la Universidad de Zaragoza, Juan José Badiola. Cuando, hace dos veranos, coincidimos en la Universidad del Escorial, me hizo una pregunta pertinente y documentada (que hubiera tentado a la risa al respetable) : “¿Es usted “Arrabal”, el padre de Samuel… el investigador de la transmisión del prión del animal al hombre? Toda referencia actual en mis charlas a los ‘sátrapas’ también provoca un estallido de risa. No digamos si les llamo por su nombre: “Transcendentes Sátrapas”, y peor aún si le doy el tratamiento completo: “Transcendentes Sátrapas del Colegio de ’Patafísica. Poco antes de morir Ionesco dijo: “Estoy cubierto de galardones pero el título que más me importa es el de Sátrapa: el Colegio de ’Patafísica corona todas las academias presentes, pasadas o por venir”.

GXXI.-¿A qué dioses está dedicado todo este sacrificio de ganado vacuno, caprino, porcino y humano?

F. A.- Soy un agnóstico creyente o un místico positivista que sueña con ser santo. Y que repite tórridamente como San Agustín, los pánicos y los surrealistas: “ama y haz lo que quieras”. Únicamente la ostra que se encierra dentro de una perla no celebra la ceremonia de la confusión.

GXXI.-.-Clonación sí, clonación no. Si el alma no se puede clonar , ¿cuál es entonces el problema?
F. A.- He sido clonado tres veces. Con tres rupturas físicas, igualmente dolorosas y determinantes en mi vida de escritor. Las tres respetan sistemáticamente el ciclo de los 23 años. Fueron tres clonaciones (cual tres renacimientos) entre sangre, sudor y lágrimas. A los 23 años un joven aprendiz de médico y experto nacional-sindicalista intentó matarme en plena calle madrileña por convicciones políticas. Acto seguido me fui de España sin poder respirar física y espiritualmente. Mis pulmones estaban encharcados por los bacilos tuberculosos. Y parecía que se iba a celebrar mi corrida y muerte en un sanatorio francés. Se me operó, con la barbarie habitual en estos casos. Y renací clonado.
23 años después, cuando tenía 46, se me abrió la puerta grande. Iba a volver a España y a estrenar de la mano de los tres mayores directores teatrales del momento: Grüber, Victor García y Fernández; con los más prestigiosos actores españoles y en teatros multitudinarios. Otra dolorosa clonación física precedió de unos días al rechazo clamoroso, en mi propio país, de mi obra literaria y de mi moral de desterrado.
23 años después (¡hoy!) vivo la tercera clonación. La muerte de mi madre va a acarrearme las perturbaciones físicas y espirituales probablemente mayores de mi vida. Manos anónimas la acaparan en Madrid impidiéndome incluso que pueda despedirme de ella y besarla. Paralelamente se celebran dos misterios: mi obra –inmutable desde el primer sainete– se enriquece con matices inesperados y en mi propio país también parece enriquecerse esa minoría que (al margen del poder cultural) me ha hecho siempre el honor inmerecido de respetarme.
Despojo de futuro todo lo que confieso a todos. Felizmente no ocupo el lugar que según los que me quieren debería corresponderme.

GXXI.- ¿Dónde se traviste hoy la vanguardia?
F. A.- Hemos tratado siempre de eliminar la palabra belicista “vanguardia”. Y no nos gustó el término “el teatro” para designar la zona de combate durante la guerra fría.

GXXI. ¿Es verdad que Arrabal tiene su cerebro dentro de su inseparable Dulcinea, la catedrática Luce Arrabal?

F. A.- Un día Lis (la Julieta de Fando) escribirá, pieza a pieza, las estaciones de mi via-crucis bio-bibliográfico. ¡Tanto monta, monta tanto…! A Shakespeare no le dieron Oscar alguno ni sus manos dejaron huellas en la acera de ningún hotel.

GXXI.- ¿Sigues creyendo en los milagros? ¿Cuáles?
F. A.- El antirracionalismo me sirve para jugar al ajedrez, las matemáticas para meditar y los arrebatos sensuales me conducen a Dios.

GXXI.-¿Te gustaría tener piezas de recambio en un laboratorio? ¿Cambiarías tu fama por la inmortalidad física? ¿Prefieres la resurrección de los muertos?
F. A.- Quise ser una paloma real y no un cocodrilo. Un ave con una mancha amarilla en el arranque del pico y que anda a pasitos casi desequilibrada por sus enormes alas de ángel. Para no sufrir me empezaron muy pronto a salir arrugas. Eran los pliegues y las rugosidades de mi alma. Este plisado lo creaban los liliputienses talibanes estirando la piel de mi cara durante mi sueño. Cuando me despertaba la soltaban , formaban así esos surcos tan significativos… que por nada del mundo aceptaría que los cambiara una clonación.

GXXI.- Con perdón, ¿De qué se sorprende Arrabal?
F. A.- Me sorprenden los saqueadores talibanes: en vez de repartirse los bienes se pudren con ellos. Una nonagenaria y sus tres biznietos fueron expoliados sigilosamente por la misma razón: ella ya no tenía toda su cabeza y ellos, menores, aun no la habían alcanzado. Verse morir despojada de su fortuna y cubierta de deudas ¿le permitió alcanzar la santidad? ¡Bienaventurados los pobres….! Ella también hubiera podido recibir la calificación (o el sambenito) de “pobre de solemnidad” que le dieron los vencedores a mi padre (en verdad ¡aprendiz de santo!) en el pasillo de la muerte del penal del Hacho. Mi padre santo, rojo y condenado a muerte mientras yo escribía guíaba mi vida. Y me dictaba las palabras del Cementerio. Jugamos a ser dioses y a veces lo conseguimos. Al suicida sui-generis el suicidio no le sorprende: le sabe a poco.

GXXI. – ¿Cuál ha sido tu último sueño

F. A.- A menudo mis sueños son escatológicos y pornográficos. Pero en una de mis frecuentes pesadillas …todo se llena de sangre en el catre de espinas con el corazón en la mano. Y veo a mi padre agonizar ante la presencia de los verdugos con mi madre … Cuando en verdad aunque condenado a muerte, se escapó para nunca más volver. Lo que veo y vi siempre, es un sueño despierto. Pero ¿vivo más tarde que la eternidad y sin despertador?

Entrevista a José Menese

“Cuando no se es coherente y honrado con uno mismo, lo que se hace no puede ser bueno”


José Menese es un cantaor puro. El primero y el último que actúo en el Olympia de París. Con diecinueve años vino a Madrid, abandonando Puebla de Cazalla y un trabajo impuesto de zapatero. A sus actuales cincuenta y ocho años, continúa cantando como le enseñaron, “como me parió mi madre”, como él piensa que se debe hacer. Su ortodoxia no admite fisuras. Tampoco su militancia política que considera parte indispensable de toda persona que se precie. Fuertemente unido a los artistas de su época: Rosales, García Nieto, Quiñones, Saura, Viola… Menese es, ante todo, un hombre bueno. Sencillo, sentimental; la misma piel, el grito limpio. Y así lo refleja en su último disco, “A Francisco”, homenaje al que fue su letrista y mentor, Francisco Moreno Galván, y que Menese, con tres by-pass en su interior, lo siente como si fuese su obra póstuma.

Generación XXI..- ¿Qué es el cante por derecho?

José Menese.- Hacer el cante puro, musicalmente hablando; sin más aditivos.

GXII.- Partiendo de esa afirmación, ¿qué opinión te merece las fusiones del flamenco con otros ritmos?

J. M.- Yo soy una persona formada en una época en la que el cante era todo pureza y dignidad. Siempre he dicho que eso de la fusión y el mestizaje en el flamenco son meros productos comerciales. Todavía no he oído algo que merezca la pena, pero si alguna vez ocurre, me quitaré el sombrero.

GXXI.- Falta corazón…

J. M.- Sí, la palabra “corazón” me parece muy acertada. Y también que cuando no se es coherente y honrado con uno mismo, lo que se hace no puede ser bueno. Ahora lo único imperante es la fiebre económica; los chavales jóvenes sólo piensan en ganar dinero; aunque eso sí lo entiendo, dada la sociedad en la que vivimos, en donde impera el “marica el último”. Además, las multinacionales sólo quieren productos comerciales, con lo que se junta el hambre con las ganas de comer.

GXXI.- ¿Entonces lo que han hecho cantaores como El Lebrijano, Morente, José Mercé…?

J.M.- Ellos están en su sitio y yo estoy en el mío. En mi opinión, no es un cante en serio; pero les está dando dinero. No entiendo como, por ejemplo, Chano Lobato, a sus 72 años es figura; eso da la medida de cómo están las cosas. El flamenco está muy mal, hay que renovarlo, airearlo.

GXXI.- Entonces, ¿cómo ves el futuro del cante?

J.M.- Soy bastante pesimista. No vislumbro buenos augurios al flamenco puro; el panorama no es, desde luego, de buenos cantaores.

GXXI.- ¿Qué opinión te merece la concesión de la Llave de Oro del Cante a Camarón?

J.M.- Cuando me lo dijeron, sinceramente, me sentó como una patá. No entiendo que se le dé a un muerto, cuando la Llave estaba muy bien donde estaba: en las manos de Antonio Mairena, que fue el más grande cantaor que ha existido nunca.

No se puede negar que Camarón tuvo una inteligencia natural para el cante, y siempre le consideré un buen amigo mío; pero eso no quita la verdad; no llegaba, ni mucho menos, al nivel de Mairena. Un cantaor debe dominar la soleá, la seguirilla y el cante por tonás, o no es un gran cantaor.

Mairena, aparte de su voz, su calidad y su duende, fue un arqueólogo del cante, su trayectoria como investigador fue enorme, monstruosa.

Lo de Camarón, sin negarle su importancia, fue y es un fenómeno político, comercial.

GXXI.- Te afiliaste al Partido Comunista en el año 68. Hace unos días, fuiste a cantar ante los trabajadores en huelga de Sintel; asimismo, las letras de tus canciones poseen un gran peso reivindicativo. ¿Por qué crees necesario el activismo político?

J.M.-¿Por qué es necesario respirar? Aun cuando estoy bastante desengañado, creo que toda persona que piensa debe comprometerse políticamente. Ahora, todo el mundo es extremadamente cómodo, ¿tú has visto alguna vez más fútbol que ahora? Nada importa, si hay millones de personas que se mueren de hambre, pues vale…

GXXI.- Tienes una larga trayectoria de actuaciones en los Colegios Mayores Universitarios en donde, en época franquista, tus conciertos constituían auténticos actos revolucionarios.

J.M.- De los años 60 a los 80, el mundo universitario estaba vivo, apoyaba toda lucha política y, también, la defensa del flamenco en sí. Todos los Colegios Mayores se abarrotaban con actuaciones de ese tipo. Ahora sólo actúo, a veces, en el San Juan Evangelista. Pero en aquellos momentos, en pleno régimen dictatorial, era todo un espectáculo, cargas policiales incluidas. Yo hacía manifestaciones muy fuertes y el público tenía conciencia, te secundaba. Las llamadas letras contestatarias tuvieron una gran importancia a la hora de la lucha política en aquellos jóvenes.

GXXI.- ¿Y dónde están ahora aquellos jóvenes?

J.M.- Eso digo yo… Ahora todo el mundo tiene los brazos cruzados, nadie quiere pensar.

GXXI.- ¿Dónde está el punto, la diferencia esencial, entre un cantaor gitano y un payo?

J.M.- Yo siempre he sido un defensor a ultranza de los gitanos, por mi talante, por mi forma de ser, de pensar y de cantar. Cantaores buenos payos sólo ha habido cinco o, como mucho, seis; en cambio gitanos se cuentan a miles; y eso es muy significativo. Yo creo que los gitanos tienen lo que se dice “pellizco”; lo que Mairena tenía hasta comiendo. Eso es algo con lo que se nace.

Entrevista a Sergi López

Fotos: Macarena Olivares

Fotos: Macarena Olivares

Por Gema Eizaguirre

“En cuanto a infraestructura y cultura cinematográfica, desgraciadamente, Francia está muy por delante del España”

Sergi López ha sido el gran descubrimiento del cine europeo por su papel de psicópata en Harry, un amigo que os quiere, con el que logró los premios de mejor actor de cine europeo, a finales del año pasado, y el cotizado César (el Oscar francés), en febrero. Pero a este actor catalán no se le ha subido el éxito a la cabeza y se encuentra rodando en Madrid Sólo mía, una película dura y realista sobre los malos tratos a la mujer, que protagoniza junto a Paz Vega.

La historia de este actor de 35 años es la lucha por alcanzar una meta que le taladraba la cabeza desde los 16 años: ser actor. A los 25 años, después de abandonar los estudios y participar en espectáculos callejeros y en alguna que otra compañía circense alternativa, se marcha a París para estudiar teatro en la escuela de Jacques Le Cock. El cine llamó a su puerta, “por casualidad”, dice él, en 1992 cuando interpreta su primer papel cinematográfico en La petit amier d’Antonio. Ahora es uno de los actores más cotizados del cine europeo y se lo rifan también en España.

-Generación XXI: ¿Cómo encaja ser más conocido en Francia que en su propio país?
-Sergi López: Bien, porque la popularidad nunca ha sido un objetivo, es sólo una circunstancia. Llevo bien el hecho de estar haciendo cine y que me salga trabajo por un tubo en Francia y también en España.

-Gen. XXI: ¿La gran popularidad alcanzada se debe, fundamentalmente, a que ha hecho mejores películas en Francia?

-S.L: Simplemente, allí he hecho tres películas que han sido un gran éxito y en España esto aún no ha sucedido.

-Gen. XXI: ¿En España no se le ha valorado lo suficiente?

-S.L: Hasta Wester (1997), que tuvo mucho éxito en el Festival de Cannes, no había hecho nada en España pero no porque aquí sean jilipollas, sino porque ni yo mismo buscaba ser actor ni nadie sabía que podía serlo.

-Gen. XXI: ¿Y cómo has llegado hasta aquí?
-S.L: Mi historia en el cine ha sido por casualidad o quizá haya habido algo de destino, no lo sé. Me fui a Francia a estudiar teatro, hice un casting con un director y me cogió para una película. Luego empalmé cinco películas seguidas con el mismo director y eso me permitió meterme en el oficio de actor de cine.

-Gen. XXI: ¿En algún momento pensó que podría convertirse en una gran estrella del cine francés?

-S.L: No. Nunca soñé con ser actor de cine.

-Gen. XXI: ¿Qué diferencias básicas ve entre el cine francés y el español?
-S.L: En cuanto a infraestructuras y cultura cinematográfica, desgraciadamente, Francia está muy por delante de España.

-Gen. XXI: ¿Cómo se lanzó después del César a trabajar con un director novel en Sólo mía?
-S.L: Muchas veces he trabajado con noveles. El hecho de que sea novel no significa que sea mejor ni peor que otros directores consagrados. Javier Balaguer me enseñó un guión que me gustó mucho, y no lo dudé.

-Gen. XXI: Ya han rodado las escenas que están cargadas de bastante violencia llamada “doméstica”. ¿Le ha resultado duro?

-S.L: Sí; la primera fue la más dura porque era una paliza explícita que requirió una especialista. Me daba miedo, porque veía que resultaba difícil darle credibilidad.

-Gen. XXI: En su papel de maltratador, ¿ha llegado a comprender el comportamiento de este tipo de hombres?
-S.L: Es fácil comprender a alguien que pega porque tiene un motivo y ese motivo es un problema consigo mismo. No se trata de gente que pega porque sí.

-Gen. XXI: ¿Le parecen mas interesantes los papeles de malo?

-S.L: No hay papeles de malos ni de buenos. Hay papeles de seres humanos a los que les ocurren cosas.

-Gen. XXI: Después de Sólo mía, ¿tiene más proyectos en España?

-S.L: Tengo un proyecto inmediato en Francia y en septiembre rodaré aquí con otro director nuevo, Vicente Mora, una película cuyo título es: El día que murió Judy Garland.

-Gen. XXI: Tras el César, ¿le han solicitado más los directores españoles?

-S.L: Desde hace dos años recibo más ofertas de las que físicamente puedo hacer, por lo cual tampoco he notado mucho el César. Aunque supongo que a la larga llegarán más proyectos, porque me he dado cuenta de la repercusión que ha tenido este premio en los medios.

-Gen. XXI: ¿Conoce a Javier Bardem?

-S.L: Sí, y curiosamente porque conozco a poca gente; trabajamos juntos en una película. Antes de los Oscar le dejé un mensaje en el contestador para felicitarle por la nominación.

-Gen. XXI: ¿Qué le parece como actor?
-S.L: La película por la que ha sido nomidado, todavía no la he visto, pero es un tío que me gusta mucho cómo se toma las cosas como actor, y además es buena gente.

-Gen. XXI: Con tanto trabajo en Francia, ¿se siente todavía español?
-S.L: Me siento catalán.

-Gen. XXI: ¿Y sigue haciendo su vida normal?
-S.L: Sigo viviendo en Vilanova y la Geltrú, a 45 kilómetros al sur de Barcelona, con mi novia y mis dos hijos, de 3 y 5 años. Aunque estoy de camino entre Francia y España ya se van acostumbrando a que papá este fuera muchas veces.