Entrevista a “El Dioni”

24-Febrero-2001 · Imprimir este artículo

Por generacion.net

“El dinero da la felicidad, incluso la más sutil”

Por Emilia Lanzas

Se dice que España es país de picaresca. Sus ojos estrábicos parecen mirar a todos los sitios a la vez: nada se le escapa. Es parte de su apostura. “El puto Dioni” –como él se denomina, riéndose de sí mismo-, Dionisio Rodríguez Martín, decidió un buen día dejar de poner límites a su vida de asalariado. Hace ya de esto once años. Dioni continúa pensando que hizo lo que debió hacer, y que por ello ya ha pagado lo suficiente (tres años de cárcel por una apropiación indebida; salió absuelto por la Audiencia Nacional). “Tengo boca para hablar y costillas para aguantar”. Se ha ganado la vida con un mesón en el pueblo del Molar y un bar en Barajas, también como cantante –ahora saldrá su nuevo disco: “Todo sobre mi furgón”, parafraseando la película de Almodóvar- y, jugándose ya el todo por el todo, ha decidido estrenarse como escritor para relatar su propia hazaña; “Palabra de ladrón”, es el título del libro. Jovial y buen conversador, salvo contar dónde se encuentran los trescientos millones –descontados múltiples gastos- está dispuesto a hablar sin fin, a arremeter contra todo y contra todos.

¿Quién eras antes de cometer el robo?
Yo era una persona normal. De niño estudié en el Colegio del Pilar, comencé a trabajar a los catorce años y siempre he sido un buen trabajador. Hasta los cuarenta años, cuando me llevé el furgón, fui una persona honesta, creyente en Dios, respetuoso con la sociedad.

¿Por qué un día decidiste robar?
Lo que ocurrió fue que en un momento determinado me desplazaron de mi puesto de guardaespaldas, una categoría que conseguí con gran esfuerzo. Yo fui guardaespaldas, entre otros, de Miguel Durán, Director General de la ONCE; de Alfonso Escamez, Presidente del Banco Central; Eugenio Marín, director General de CEPSA… Por esos golfos yo me jugué mi vida y, en vez de agradecérmelo, me degradan laboralmente. El jefe de personal de la Compañía de Seguridad Candi en la que trabajaba decide -”porque le sale de los cojones”, según palabras textuales- ponerme de conductor. Al pensar que yo me había inmolado por todos esos personajes para que después me dejaran tirado, me entró el cabreo, el trauma, la enajenación mental. Como guardaespaldas vivía bien, tenía lo suficiente como para llevar una vida digna; pero todo cambió con el sueldo de conductor. Esa fue la razón; así que pasé de ser una persona honesta a decidir robar el furgón del banco.
Fue sencillo, una mañana me levanté y lo decidí. Llamé a unos amigos para contárselo, pero no se lo creyeron. Pero me presenté ante ellos con el furgón cargado con trescientos millos.”Jóder, dijeron, ha sido capaz”.

¿Por qué el mito Dioni?
Hay varias razones por las que yo me hice popular. La primera fue que, en aquellos meses de Julio y Agosto, los medios de comunicación no tenían de qué hablar, así que decidieron hacerlo de mí. La segunda, porque me he llevado dinero de los más grandes ladrones de este país, que son los banqueros; todos son unos golfos; todos sin excepción; unos declarados como Mario Conde, otros ocultos. Los dueños de los bancos están robando el dinero a la gente trabajadora.
Ellos son tan ladrones como yo, pero yo he pagado. He estado en cárceles de máxima seguridad como en Herrera y Alcalá-Meco; he compartido celda con terroristas, asesinos y violadores. He pagado con creces.

¿Tú crees que dentro de toda persona habita un ladrón?
Sin duda, sólo se tienen que dar las circunstancias propicias. Hay personas que se la dan de dignas, pero me gustaría verlas con un furgón con trescientos millones. Como dijo el otro: “que me pongan donde haya…”.

¿Qué opina de esta sociedad?

Aquí existe un terrorismo empresarial o laboral que ahora se muestra plenamente con el tema de los emigrantes; gente pobre con ganas de trabajar que se encuentra con la explotación de los grandes. Pero nadie hace nada para remediarlo.
Y a mí, en cambio, continúan tratando de implicarme en un montón de actos delictivo, porque estuve con un traficante de drogas me inculparon, ahora me presento un día sí otro no a firmar a los Juzgados de la Plaza Castilla, y no puedo salir de España; en cambio Oubilla está en la calle. Como caigo bien a la gente trabajadora, los poderosos de este país están en contra mí. Tienen miedo de que salgan otros dionis.

¿El dinero da la felicidad?
Sí, sin duda alguna. El dinero da la felicidad, incluso la más sutil. De ser un don nadie que viaja en metro, pasé a tener una avioneta y una limusina, vivir en los mejores hoteles, estar con mujeres de todos los colores. Pero eso se acabó, del paraíso he bajado al infierno.