Entrevista a Alejandro Jodorowsky

Por Jesús Palacios

Componente del ya roto Grupo Pánico, guionista de cómic, director de películas de culto, gurú del Café Mystique de París, cabalista, y experto en tarot, Alejandro Jodorowsky, última encarnación conocida del judío errante, nos habla de su nueva novela, “El niño del jueves negro” (Siruela) y de sus nuevos proyectos psicomágicos.el retorno de Ahasver

Generación XXI: El niño del jueves negro es una novela claramente alquímica. El personaje del Rebe, ¿se corresponde con el rebis, el elemento químico previo a la consecución de la piedra filosofal?

Alejandro Jodorowsky: En efecto, es una especie de personificación del rebis o rebís. Toda la novela tiene una base alquímica. Entendida como alquimia espiritual, como la espiritualización de lo material y la materialización de lo espiritual. Se parte de un personaje, mi padre, totalmente materialista, comunista, ateo… para llegar a una sanación, una iluminación. De la misma forma que en alquimia partes del nigredo, de lo corrupto, para llegar a la piedra. O como en el budismo, donde el loto nace del pantano.

G. XXI : Ha dicho que es una novela psicomágica…

A.J.: En efecto. Mi anterior libro, que se puede leer independientemente aunque aparezcan los mismos personajes, utilizaba la psicogenealogía; aquí aplico la psicomagia. Es una técnica que combina literatura, psicoanálisis y magia. Lo que hago es referir hechos cotidianos, familiares, a su contenido mítico, un poco a la manera de Jung, que me ha influido mucho, al igual que Freud, Gurdjieff…

G. XXI : Entonces, ¿cómo definiría su literatura?

A.J.: Déjame que te lo diga con una cita de mi libro (lee): … no le temas a la poesía. Ella, que es sólo amor, transgrede las prohibiciones y se atreve a mirar de frente a lo invisible. El poeta, como Orfeo, desciende a los infiernos, al fondo del lenguaje, para recuperar su alma. Gracias al milagro de tu aparición –las Musas han querido que seas nuestro testigo-, quiero dejarte mi retrato, el de un poeta ajeno a las cualidades, la reputación, las leyes; sin nombre ni edad ni país ni raza ni historia, peregrino en el encanto abominable de las formas, mensajero de lo esencial, es decir de sí mismo, desdeñando los ensueños del pensar, haciendo de todos los caminos su camino. (cierra el libro). Para mí la literatura es sanación. Intento hacer una literatura que no sea solo de entretenimiento o de autoafirmación, sino que ayude a los demás. Iniciática.

G. XXI: ¿Y su obra como cineasta o guionista de cómic?

A.J.: En las cuatro películas que considero mías, Fando y Lis, El topo, La montaña sagrada y Santa Sangre, sí creo que he conseguido transmitir el mismo significado y mis ideas más profundas. En el cómic, aunque son historias de acción en universos de ciencia ficción, utilizo siempre elementos propios: utilicé la Cábala en Alef-Thau, ahora estoy haciendo una serie que se inspira en el bushido de los samurais…

G. XXI: ¿Cómo conoció a Moebius?

A.J.: Moebius es el más grande dibujante de la actualidad. Nos conocimos durante la preparación de Dune, la película que íbamos a hacer basada en el libro de Frank Herbert. Como el proyecto no salió adelante, decidimos crear juntos una serie de cómic en el mismo estilo. Así nació El Incal, que se convirtió en un éxito. Ha vendido millones de copias. De eso, no de la literatura o del cine, sí se puede vivir. No he parado de colaborar con dibujantes como Arno, Beltrán y otros. Lo que no me gusta del cómic es que hay pocas mujeres. Hay alguna muy buena, pero es como si les interesara menos.

G. XXI: ¿Por qué no ha hecho ninguna película desde Santa Sangre?

A.J.: No encuentro financiación para mis proyectos. Tengo en cartera desde hace varios años filmar Viaje a Tulum, un cómic de Milo Manara con guión de Federico Fellini, en el que aparecía yo mismo como personaje. Pero no consigo el dinero. Ahora nadie quiere hacer cine de autor. Además es una historia con muchos efectos especiales…

G. XXI: ¿No podría hacerla usando las técnicas actuales de ordenador?

A.J.: Esa es la única posibilidad. De hecho, creo que finalmente la rodaré en digital, que será la tecnología del futuro, que lo es ya. Y además abarata muchísimo los costes.

G. XXI: ¿Qué recuerdos tiene de Topor?

A.J.: Era un genio. Un genio polivalente. Lo hacía todo: escribir, dibujar, cine… Nos seguimos reuniendo los tres, Arrabal, Topor y yo, en un restaurante de París, hasta el día antes de su muerte. Siempre nos hacía reír. Yo bebía té, Arrabal coca cola… y Topor vino. Se emborrachaba delante de nosotros sin parar de reír. El Grupo Pánico fue una gran broma, para reirnos sobre todo de la nueva filosofía francesa… tan seria.

G. XXI: Volviendo a la psicomagia… ¿Se considera un adepto?

A.J.: No exactamente. He investigado y leído de todo: Tarot, Cábala hebrea, religiosa y espiritual. Me gustó mucho Castañeda, le considero un gran innovador, pero no me gustan sus brujitas… Estuve de asistente de una bruja mexicana, a la que llamo Cachita en mis libros, que hacía cosas increí-bles: operaciones a corazón abierto, cambiar órganos de un cuerpo a otro… Me pagué una expedición al interior de Chile para conocer a las machis, las brujas mapuches. Tomé la ayahuasca. Son situaciones arriesgadas, porque estás en medios muy populares, donde te pueden robar y degollarte por nada… Pero siempre lo hice todo con cierto escepticismo, con una postura de interés, aprovechando los conocimientos, pero sin ser seguidor o adepto de nadie.

G. XXI: Y ahora, se ha convertido en Maestro…

A.J.: (Riendo sorprendido) ¡Así me consideran muchos! Viene a verme todo tipo de gente a mi Cabaret Mystique de París: budistas, cabalistas, gente de grupos surrealistas, psicoanalistas… Para hablar conmigo, intercambiar ideas y conocimientos.

S. XXI: ¿Cuándo nos desvelará todos los secretos de la Psicomagia?

A.J.: Muy pronto, muy pronto. Mi próximo libro, que lo va a publicar también Siruela, es, precisamente, Psicomagia. No es novela, sino un tratado, una especie de Biblia de la psicomagia. Tengo también en preparación una novelita fantástica, sobre una mujer-lobo… Sigo con mis series de cómic, con los Metabarones y una nueva serie dibujada maravillosamente por computadora por Beltrán…

G. XXI: Una última reflexión… ¿por qué cree que sistemas tan aparentemente distintos como el psicoanálisis, que es básicamente materialista, y el esoterismo, la alquimia, el chamanismo, acaban por coincidir en muchas cosas?

A.J.: Es el misterio del hombre. Por eso te llevan a lo mismo. Es el hombre: lo coges por el psiconálisis, por la magia, por la Cábala y siempre llegas al mismo punto: al hombre, a su misterio. Todavía nos queda mucho por conocer del propio hombre, sigue siendo un misterio y lo seguirá siendo, probablemente. Yo me interesé por todos estos conocimientos por culpa de mi padre… Era tan materialista que me llevó en sentido opuesto. Un día, cuando tenía menos de veinte años, de borrachera con mis amigos poetas chilenos, me di cuenta de que iba a morir. Fue como un rayo. Cuesta mucho aceptar la propia desaparición. Sales un poco a la cresta de la ola y luego, se acabó, vuelves al océano. Yo busqué aspirinas intelectuales. El budismo, Gurdjeff… La vida es un sueño, pero puede ser una pesadilla o un sueño agradable. Es nuestro trabajo conseguir que sea un buen sueño.