125 aniversario del fallecimiento de Luis II de Baviera

El trece de junio se cumplían ciento veinticinco años del fallecimiento de Luis II de Baviera, monarca conocido sobre todo por sus castillos y el generoso mecenazgo sin el que la obra de Richard Wagner no sería probablemente ni la mitad de lo que finalmente fue, aunque no faltan otros hechos y polémicas que configuran la figura públicamente reconocida.

En Munich han preparando exposiciones y actos, aparecen nuevas biografías y reediciones de las antiguas e incluso traducciones al inglés para los numerosos turistas no germano-parlantes que visitan y visitarán la ciudad y todo el sur alemán durante este 2011 y el venidero 2012.

Sin embargo no conozco editorial o institución española que haya tenido a bien publicar ningún libro sobre este rey peculiar, muy amado de su pueblo incluso a día de hoy -en su tumba no faltan nunca flores, por lo visto-, ni siquiera teniendo en cuenta su pasión por la tecnología (creía firmemente que el hombre podría volar y en las construcciones de sus palacios siempre se contó con los últimos adelantos), o su discutida sexualidad (con la de juego que da en un país que vive cada día más para el morbo… aunque en sus aspectos más bajos y mediocres, esto también es cierto).

Entre nuestros literatos Luis Antonio de Villena le dedicó una biografía novelada de gran belleza (Oro y locura sobre Baviera) y en cine es famosa la detallista y descriptiva película de Visconti sobre el rey, aunque le preceden cintas tan antiguas como Das Schwigen am Starnbergesee de 1920 y Ludwig der Zweite de 1930.

No contrajo matrimonio y sobre todo al final de su vida se rodeó de artistas, mujeres mayores o que lo fascinaron, y de hombres hermosos y fieles. Se aisló de un gobierno marioneta frente a la unificación alemana y fue prefiriendo los sueños y la poesía sobre la triste realidad, la vulgar y decepcionante realidad.

La “locura” por la que lo declararon incapaz para gobernar sigue siendo motivo de debate entre médicos en nuestros días, y sus palacios son visitados por cientos de miles de personas que, violando su deseo de exclusividad, tienen acceso por unos instantes a “otro mundo” de belleza y poesía.

Proclamado rey muy joven, tras la inesperada muerte de su padre, asumió el poder con gran entusiasmo y energía, aunque su primera acción fuera de la mandar buscar a Wagner. Intentó dirigir su país con sensatez y buen criterio… hasta que Bismark y los acontecimientos austro-prusianos y germano-franceses lo convirtieron en una especie de rey “títere” pues Baviera ya no era independiente sino parte del imperio alemán. Fue entonces cuando comenzó su “declive”, su rampa hacia proyectos cada vez más costosos y su generosidad exagerada hacia artistas y criados. Prefirió el sueño del lirismo frente a la vigilia de la mediocridad.

Con el silencio en las letras españolas de 2011 se lo pagamos.

Comentarios

¿Quieres dejar un comentario?