¿Quién dijo decadencia?

El filósofo Santiago Alba Rico dice que no nos importará que llegue el apocalipsis si podemos verlo por la televisión…

En el prólogo de su interesante libro sobre el relato mítico en el primer cine americano, Clásico, manierista, postclásico, el profesor Jesús González Requena afirma que “todo parece indicar que el marasmo posmoderno se ha convertido ya en una crisis radical de nuestra civilización, como se manifiesta en un hecho de gravedad tan extrema que – quizás por esa misma gravedad- resulta invisible para nuestros contemporáneos. Nos referimos a la brutal caída de los índices de natalidad en Occidente – progresivamente disfrazados, para una sociedad que prefiere no verlos, por ese otro gran proceso histórico que constituye la emigración desde la periferia. No resulta difícil establecer la relación entre el proceso masivo de desmitologización de nuestra civilización y el, evidente simultáneo, cese de la procreación. Pues a fin de cuentas, como la antropología nos enseña, el corpus central de toda producción mitológica es el constituido por los relatos sobre los orígenes…”

Vivimos como romanos del siglo IV, en plena decadencia, esperando a que lleguen los bárbaros a lomos del apocalipsis y arrasen con todo interrumpiendo nuestra ilusoria orgía.

¿Sade vuelve a ser objeto de interés como ejemplo del goce elevado a la máxima expresión disolutoria? ¿Acaso no chapoteamos en una suerte de posmodernidad retromasoquista y decadente?

No emito juicios morales, sino observaciones del discurso imperante. Algo huele a fin del viejo mundo que hemos conocido. Tras América y la vieja Europa espera el sol de Oriente. La máquina china sabrá sin duda versionar a Sade, pero de momento, como por una intuición sistémica, prohíbe que sus niños vean Avatar.

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