¿Fue Wittgenstein un liberal?

En Teorema, la revista de Filosofía analítica, ha publicado en su penúltimo número, volumen XXVII/2, un artículo de Vicente Sanfélix titulado “¿Fue Wittgenstein un liberal?”, en el que discute un tema, la filosofía política que se desprende de las creencias del filósofo vienés, que ha cobrado una relevancia especial en los últimos tiempos.

Wittgenstein no escribió nada que pudiese ser catalogado ni de lejos como “filosofía política”. Sí expresó repetidamente ciertas simpatías y opiniones políticas, como su admiración por el bolchevismo. Últimamente, sin embargo, se está intentando decantar a partir de sus escritos filosóficos ciertos principios de carácter social que podrían marcar un terreno político, principios independientes de la tendencia política del ciudadano Wittgenstein, quizás contradictorios los principios y las querencias.

La respuesta más obvia es que Wittgenstein no fue un liberal porque fue un conservador. Sui generis, pero conservador. Romántico anti-ilustrado, místico anti-optimista, aristócrata anti-burgués, intelectual anti-científico, occidental anti-occidental, Wittgenstein era más bien un conservador no convencional, alejado de los valores establecidos y las reconfortantes tradiciones en las que se apoyan los conservadores “respetables”. Wittgenstein se inclinó hacia el leninismo, como Heidegger por el nazismo, por una cuestión ético-estética. Allá donde Heidegger contemplaba embelesado las manos de Hitler, Wittgenstein admiraba los rasgos mongoles de Lenin. Este apunte puede parecer una frivolidad pero en este caso se ignora la relación expresiva que para los dos filósofos germánicos tenían tanto la ética como la estética.

Wittgenstein, como Heidegger, son dos objetores a la tradición occidental en cuanto que ésta encarna la “civilización”, es decir, el desenraizamento del ser humano de su sustrato cultural, su alejamiento de las fuerzas telúricas de la tierra y la vida por la inflación de la dimensión racionalista. Cada uno a su modo, Heidegger y Wittgenstein admiraban del nazismo y el bolchevismo su dimensión religiosa. Discrepaban sobre si el héroe trágico estaba mejor encarnado por Hitler o Lenin pero ambos estaban de acuerdo en que el “materialismo filisteo” de la civilización occidental, sobre todo en su dimensión liberal, constituían el paradigma del nihilismo autofagocitador.

En cualquier caso, ya fuera vía nacionalsocialista o a través de la revolución bolchevique, de lo que se trataría es superar la decadencia de la civilización occidental e instaurar el “paraíso” de una nueva cultura espiritual.

Entonces, ¿de dónde se extraen las lecturas en clave liberal de Wittgenstein? El punto de arranque para su adscripción a la familia liberal -una familia amplia, paradójica y a ratos no muy bien avenida- viene de su ética, estrictamente individual, y expresión de la idiosincrasia que sólo puede explicarse en primera persona. Ajeno a cualquier tipo de teorización, este individualismo irreductible constituye el núcleo básico del particular liberalismo a-la-wittgenstein.

Ahora bien, aunque se pueda considerar que el ámbito apropiado político ha de permitir la realización personal, este metaliberalismo es compatible con diversas opciones materialmente antiliberales. Un liberalismo formal podría contener un antiliberalismo de facto. Pero, además, la orientación anti-ilustrada de Wittgenstein, su dimensión romántica e irracionalista, lo hace un adversario de cualquier tipo de liberalismo. Éste, en la perspectiva de Berlin, se basa en la consideración de que los problemas políticos han de enfrentarse racionalmente. Sin embargo, para Wittgenstein lo ético, es decir lo individual, es algo que se experimenta vivencialmente, de forma inmediata y sentimental.
Este aristócrata perdido en el siglo XX, en la lucha entre los sistemas liberales, fascistas y socialistas que tanto despreciaba, ¿qué puede aportar desde el punto de vista político al sistema político liberal en su lucha constante contra el autoritarismo conservador y socialista?

Más allá de sus simpatías por el espejismo moral de los sistemas autoritarios o sus reflejos misóginos, la filosofía wittgensteniana tiene que ver con la expresión de una valoración más que como el ámbito para la argumentación racional. Y en cuanto que dicha expresión es una cuestión rabiosamente personal y sólo enunciable en primera persona, cualquier intento de colectivismo queda subordinado a lo individual y la política a la ética. Lo que supone uno de los rasgos más característicos del liberalismo en contraposición al carácter colectivista que tienen en común los sistemas de extrema derecha y de extrema izquierda.

El presupuesto individualista de la filosofía política no esbozada en Wittgenstein proyecta una suerte de metaliberalismo, con el que Wittgenstein defendería implícitamente la condición primigenia de la libertad individual para expresar las propias preferencias dentro del ámbito de lo político.
Obviamente este carácter metaliberal de la política sería compatible con un antiliberalismo de primer grado de carácter conservador, marxista o nacionalista, citando algunas opciones que expone Sanfélix, el cual piensa que hay dos opciones: o bien el metaliberalismo de Wittgenstein sería inconsistente o, siguiendo a Isaiah Berlin, sencillamente no sería un liberalismo en absoluto. El carácter romántico de la ética wittgensteniana, es decir, su negación de la importancia de la acción política basada en consideraciones racionales lo habría llevado a escindir al sujeto siguiendo una dualidad empírica y trascendental, asumiendo además que la idea de libertad positiva, propia del sujeto trascendental, pasa de considerarse un ideal estrictamente individual y pasa a concebirse como un ideal colectivo.

Pero ni inconsistente ni antiliberal. El esbozo, no expresamente construido, de la política en clave wittgensteniana no permite asociarle ninguna de las derivadas de su metaliberalismo que le harían ser inconsistente. Y en cuanto a que sea antiliberal, Wittgenstein no puede de ningún modo ser considerado un colectivista en ningún sentido, porque si con algo sería intransigente sería en el intento de extrapolar coercitivamente las preferencias de unos individuos a otros.

En definitiva, los reflejos aristocráticos de la formación de Wittgenstein lo empujaba, lo mismo que en sus preferencias musicales, hacia un “conservadurismo no respetable” de carácter moral pero no político, un conservadurismo resignado y estoico propio del que consideraba que después de Mahler todo era ruido. Sólo quedaba el escapismo místico, pero de nuevo, repitámoslo, como opción personal no extrapolable, mucho menos por la fuerza, al resto de las personas.

Comentarios

1 comentario en el artículo “¿Fue Wittgenstein un liberal?”

  1. Geógrafo Subjetivo en 25-julio-2008 4:17 pm

    Coincido contigo en todo lo que has dicho sobre Wittgenstein, pero en mi opinión queda algo que hubiera merecido algo de atención: el Catolicismo de Wittgenstein.

    Wittgenstein tenía una vertiente fideísta muy manifiesta a partir de que él, siendo profundamente creyente, negaba cualquier posibilidad de acceso racional y científico a lo religioso (“Lo místico” del punto 7 del Tractatus) para luego circunscribirlo a n mero juego de lenguaje.

    Buena parte del espíritu conservador, que no liberal, que acertadamente señalas en Wittgenstein, y buena parte de su rechazo por el Liberalismo político procede del Ultramontanismo católico, tan vigente en aquella época, en la que se condenó el “Modernismo”, que no era otra cosa que la versión católica de la llamada Teología Liberal protestante.

    De hecho las muestras de libertad y de irrespetabilidad del Conservadurismo de Wittgenstein las atribuyo más a la transgresión que a la convicción.

    Buen post. Enhorabuena.

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